Las Junteras - Aristophanes - E-Book

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- Aristophanes

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Beschreibung

En un giro audaz para la democracia clásica, las mujeres deciden tomar el control del gobierno disfrazándose de hombres para infiltrarse en la asamblea nacional. Su propuesta de una sociedad comunista radical y la abolición de la propiedad privada sirve como un espejo satírico de las tensiones sociales y los experimentos políticos de la Grecia antigua.

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Veröffentlichungsjahr: 2026

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LAS JUNTERAS.

NOTICIA PRELIMINAR.

Protágoras, y después Platón, en sus tratados de República, habían sentado teorías peligrosas que el mágico estilo del segundo hacía más de temer. Aparte de mil innovaciones en lo relativo al gobierno y administración de los estados, las ideas más repugnantes a la naturaleza humana, que descuellan en la república del fundador de la Academia, son las relativas a la comunidad de bienes, y sobre todo a la de hijos y mujeres, reglamentada con detalles dignos de una ley para el fomento de la cría caballar.[407] Aristófanes, que ya había combatido enérgicamente a los filósofos en Las Nubes, vuelve a la carga contra ellos en Las Junteras,[408] cubriendo de ridículo sus hipótesis y quimeras sobre los dos puntos principales que acabamos de indicar; y mostrando con una serie de cuadros y de escenas, llenas de colorido y de verdad, los extremos a que conduciría el planteamiento de un comunismo absurdo.

El poeta se vale en Las Junteras como en La Lisístrata del sexo femenino para lograr su objeto, presentándonos una nueva conspiración mujeril. Las atenienses, capitaneadas por Praxágora, resuelven introducir cambios fundamentales en la constitución de la república. Disfrazadas de hombres, armadas de bastones lacedemonios, envueltas en los mantos de sus maridos, y oculto el rostro en sendas barbas postizas, invaden el Pnix antes de amanecer, no sin haber tenido un ensayo de oratoria. Aprovechándose de la pereza de los ciudadanos y de lo que les retrasa el no hallar sus vestidos, hacen aprobar una ley estableciendo la comunidad más completa en los bienes y en los goces del amor. Síguese una admirable escena del mismo corte de la del Justo y el Injusto en Las Nubes, en la cual Aristófanes pinta de mano maestra esos dos eternos tipos del bueno y del mal ciudadano, del hombre amante de la justicia y del que solo atiende a su particular interés. Vienen después otras en que varias viejas y una muchacha se disputan, con arreglo a las disposiciones recientes, el amor de un hermoso joven, descendiendo en ellas la Musa aristofánica, como lo resbaladizo del asunto hace suponer, a su acostumbrada licencia y obscenidad.

En esta comedia no hay que buscar el desarrollo de la acción, nudo, intriga ni desenlace, pues no es, como casi todas las de Aristófanes, especialmente Las Ranas y La Paz, más que una serie de cuadros y animadas pinturas llenas de alegría, de chistes, de sales cómicas y de verdad. Entre los especiales méritos de Las Junteras, es de notar la elevación y gracia de su estilo, que en casi todas sus escenas tiene, al decir de Brumoy,[409] un aire trágico, parodia del de La Melanipe de Eurípides, en que este delineaba el tipo de la mujer-filósofo, y que en las arengas preparatorias presenta burlescas imitaciones de los discursos que solían pronunciarse en el Pnix.

Las Junteras, según el dato nada más que probable que su verso 194 nos proporciona, debieron representarse el año 393 antes de Jesucristo, pues la alianza de que dicho pasaje hace mención se cree fuera la de los atenienses con los de Corinto, Beocia y Argólida en contra de Esparta, la cual se pactó en el referido año.

En esta comedia falta la parábasis, sin duda porque, después de la toma de Atenas por Lisandro, el gobierno de los Treinta prohibió a los poetas cómicos hacer alusiones personales y atacar la política, reduciéndoles a los límites de la sátira general.

PERSONAJES.

Praxágora.

Varias Mujeres.

Coro de Mujeres.

Blépiro.

Un Hombre.

Cremes.

Ciudadano 1.º, que aporta sus bienes al común.

Ciudadano 2.º, que no los aporta.

Un Heraldo.

Varias Viejas.

Una Joven.

Un Joven.

Una Criada.

El dueño.

La acción pasa en la plaza pública de Atenas.

 

LAS JUNTERAS.

PRAXÁGORA. (Adelantándose con una lámpara en la mano.)

¡Brillante resplandor de mi lámpara de arcilla,[410] que desde esta altura atraes todas las miradas; tú, cuyo nacimiento y aventuras quiero celebrar, hija de la rápida rueda del alfarero, émula del sol por el fulgor radiante de tu pábilo, haz con los movimientos de tu llama la convenida señal! Tú eres la única confidente de nuestros secretos, y lo eres con motivo, pues cuando en nuestros dormitorios ensayamos las diferentes posiciones del amor, sola nos asistes, y nadie te rechaza por testigo de sus voluptuosos movimientos. Tú sola, al abrasar su vegetación feraz, iluminas nuestros recónditos encantos.[411] Tú sola nos acompañas cuando furtivamente penetramos en las despensas llenas de báquicos néctares y sazonadas frutas; y, aunque cómplice de nuestras fechorías, jamás se las revelas a la vecindad. Justo es, por tanto, que sepas también los actuales proyectos aprobados por las mujeres mis amigas en las fiestas de los Esciros.[412] Pero ninguna de las que deben acudir se presenta, y empieza ya a clarear el día y de un momento a otro dará principio la asamblea. Es necesario apoderarnos de nuestros puestos, que, como yo recordaréis, dijo el otro día Firómaco,[413] deben ser los otros,[414] y una vez sentadas, mantenernos ocultas. ¿Qué les ocurrirá? ¿Quizá no habrán podido ponerse las barbas postizas como quedó acordado? ¿Les será difícil apoderarse de los trajes de sus maridos? — ¡Ah!, allí veo una luz que se aproxima. Voy a retirarme un poco, no sea un hombre.

MUJER PRIMERA.

Ya es hora de marchar: cuando salíamos de casa, el heraldo ha cantado por segunda vez.[415]

PRAXÁGORA.

Yo he pasado toda la noche en vela esperándoos. Aguardad, voy a llamar a esta vecina arañando suavemente su puerta; porque es preciso que su marido nada note.