Las Ranas - Aristophanes - E-Book

Las Ranas E-Book

- Aristophanes

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Beschreibung

Dioniso emprende un peligroso descenso al inframundo con el fin de rescatar al mejor dramaturgo trágico para salvar a una Atenas en decadencia cultural. El viaje se convierte en un duelo intelectual brillante y disparatado entre las sombras, donde el arte se erige como la única herramienta capaz de rescatar a una sociedad al borde del abismo.

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Veröffentlichungsjahr: 2026

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LAS RANAS.

NOTICIA PRELIMINAR.

Baco, en cuyo honor se celebraban los certámenes trágicos y cómicos por haber tenido origen en sus fiestas, cansado de las malísimas tragedias que se representaban después de la muerte de Sófocles y Eurípides, se decide a descender al infierno en busca de un buen poeta. Para conseguir su objeto, y recordando que Hércules había ya realizado empresa tan peligrosa, llama al templo de este héroe, y después de adquirir las noticias necesarias para el viaje, parte acompañado de su esclavo Jantias y disfrazado con la piel de león y la clava de Alcides.

Al llegar a la laguna Estigia, Caronte le admite en su barca, y durante el trayecto óyese el canto de las ranas, que graznan a su sabor, insultando con su estrepitosa alegría las molestias que el dios experimenta. Este episodio completamente desligado de la comedia es, sin embargo, el que le da título.

Después de varias peripecias que ponen de manifiesto la cobardía de Baco, y de sufrir este los insultos y malos tratamientos de dos taberneras y Éaco, que le confunden con Hércules, penetra en el palacio de Plutón, precisamente cuando todo el infierno se halla conmovido por una terrible disputa entre Esquilo y Eurípides, a causa de pretender este ocupar el trono de la tragedia. Baco es elegido juez, y ambos rivales, en una larga escena interesantísima bajo el punto de vista de crítica literaria, se echan en cara todos los vicios y defectos de sus obras. Cansado Esquilo de las sutilezas y argucias de su adversario, propone la prueba decisiva de pesar los versos de uno y otro en una balanza, y consigue un triunfo completo. En vista de lo cual, Baco se lo lleva a la tierra, desentendiéndose del compromiso contraído con Eurípides; y Esquilo, al partir, entrega el cetro trágico a Sófocles, que ha presenciado la discusión con un silencio lleno de modestia.

El objeto principal de Las Ranas, como de la breve exposición de su argumento se deduce, es atacar el sistema dramático de Eurípides, en el cual veía Aristófanes iniciarse la decadencia de la tragedia. Los más perspicaces críticos modernos no han podido menos de reconocer lo justificado de sus censuras, que en esta comedia rara vez se apartan de aquella decencia y miramiento poco frecuentes en otras del mismo autor. Fuera, en efecto, de alguna que otra maligna alusión al oficio de la madre de Eurípides y a las relaciones de Cefisofonte con su esposa, y de cierta violencia en la censura, natural en boca de Esquilo, a quien se pinta terriblemente irritado, cuanto se dice respecto al rebajamiento de los caracteres, del estilo y de los asuntos, a la inmoralidad de muchas de las fábulas y sentencias, al alambicamiento y sutileza de los pensamientos, a las sofísticas y antitrágicas discusiones y a la poca habilidad y verosimilitud en la exposición y desarrollo de la acción, es indudablemente cierto, y como tal ha sido reconocido por los más entusiastas admiradores de Eurípides.

Otra de las cosas que llaman la atención en Las Ranas de Aristófanes es la burla que en ella se hace de varias divinidades del Olimpo, y muy especialmente de Baco, cuya fiesta se solemnizaba con la representación de esta comedia. El dios tutelar del arte dramático aparece cobarde y fanfarrón, y sujeto a las contingencias del más débil de los mortales; y su hermano, el esforzado Alcides, da muestras de aquella glotonería, por la cual ya le vimos caracterizado en Las Aves.

A pesar de que el objeto de Aristófanes bien claro está, como queda dicho, que no es otro que satirizar a dioses y poetas, algunos han querido encontrar una intención política más profunda y trascendental en Las Ranas, creyendo que su fin era censurar al gobierno ateniense porque abría demasiado la mano en la cuestión de admitir en su seno esclavos y extranjeros. Mas aunque es cierto que el poeta toca repetidas veces este punto en su comedia, no lo es menos que lo hace solo de pasada, sin manifestar que su intención principal sea esa.

Las Ranas se representaron, según indican sus prologuistas griegos y se desprende de diferentes pasajes[169] de la misma, el año 406 antes de Jesucristo, correspondiente al vigesimosexto de la guerra. Agradó tanto a los espectadores, que, no contentos con darle la preferencia sobre otras dos de Platón y Frínico, le concedieron el honor raro y singular de pedir una segunda representación.

PERSONAJES.

Jantias.

Baco.

Hércules.

Un Muerto.

Caronte.

Coro de Ranas.

Coro de Iniciados.

Éaco.

Una Criada de Proserpina.

Dos Taberneras.

Eurípides.

Esquilo.

Plutón.

La escena pasa al principio en el camino de Atenas a los Infiernos; después en los Infiernos mismos.

 

LAS RANAS

JANTIAS.

¿Diré, dueño mío, alguno de esos chistes de cajón que siempre hacen reír a los espectadores?

BACO.

Di lo que se te antoje, excepto el consabido: «No puedo más.»[170] Pues estoy harto de oírlo.

JANTIAS.

¿Y algún otro más gracioso?

BACO.

Con tal que no sea el «estoy hecho pedazos.»

JANTIAS.

¿Entonces no he de decir ninguna agudeza?

BACO.

Sí, por cierto, y sin ningún temor. Solo te prohíbo...

JANTIAS.

¿Qué?

BACO.

Decir, al cambiar el hato de hombro, que no puedes aguantar cierta necesidad.[171]

JANTIAS.

¿Tampoco que si alguno no me alivia de este enorme peso, tendré que dar suelta a algún gas?[172]

BACO.

Nada de eso, te lo suplico: a no ser cuando tenga que vomitar.

JANTIAS.

No sé entonces qué necesidad había de echarme al hombro esta carga, para no poder hacer ninguna de aquellas cosas tan frecuentes en Frínico,[173] Licis[174] y Amipsias,[175] que siempre introducen en sus comedias mozos de cordel.

BACO.

No hagas tal; porque cuando yo me siento entre los espectadores y miro invenciones tan vulgares, envejezco más de un año.

JANTIAS.

¡Desdichado hombro mío! Sufres y no se te permite hacer reír.

BACO.

¿No es esto el colmo de la insolencia y de la flojedad? Yo, Baco, hijo del ánfora,[176] voy a pie y me fatigo, mientras le cedo a ese sibarita mi asno para que vaya a su gusto y no tenga nada que llevar.

JANTIAS.

Pues qué, ¿no llevo yo nada?

BACO.

¿Cómo has de llevar si eres llevado?

JANTIAS.

Sí, con este equipaje encima.

BACO.

¿Cómo?

JANTIAS.

Que pesa mucho.

BACO.

¿Pero dejará de llevar el asno lo que tú llevas?

JANTIAS.

Por Júpiter, lo que yo llevo no lo lleva él.

BACO.

Pero ¿cómo puedes llevar nada, siendo llevado por otro?

JANTIAS.

No lo sé; pero lo cierto es que mi hombro no puede resistir más.

BACO.

Pues aseguras que el asno no te sirve de nada, cárgate el asno y llévalo a tu vez.

JANTIAS.

¡Triste de mí! ¿Por qué no estuve en la última batalla naval?[177] Ya me hubieras pagado esa bromita.

BACO.

Apéate, bribón; voy a llamar a esta puerta, donde tengo que hacer mi primera parada. ¡Esclavo! ¡Eh! ¡Esclavo![178]

HÉRCULES.

¿Quieres derribar la puerta? Quienquiera que sea, llama como un centauro.[179] Vamos, ¿qué ocurre?

BACO.

¡Jantias!

JANTIAS.

¿Qué?

BACO.

¿No has advertido?

JANTIAS.

¿El qué?

BACO.

El miedo que le he dado.

JANTIAS.

¡Bah! Tú estás loco.

HÉRCULES.

Por Ceres, no puedo contener la risa; por más que me muerdo los labios, sin embargo me río.

BACO.

Acércate, amigo mío; te necesito.

HÉRCULES.

¡Oh! Me es imposible no soltar la carcajada, al ver una piel de león debajo de una túnica amarilla.[180] ¿Qué intentas? ¿Qué tienen que ver la maza y los coturnos? ¿Por qué país has viajado?