Leer la mente - Henry Wellman - E-Book

Leer la mente E-Book

Henry Wellman

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Beschreibung

La necesidad de comprender la vida social de los seres humanos es la base de nuestra naturaleza y parte de una búsqueda de por vida que comenzamos en la primera infancia. La clave de esta búsqueda es tratar de entender nuestros estados mentales internos: nuestras esperanzas, planes, deseos, pensamientos y emociones. Los científicos la consideran una "teoría de la mente". En Leer la mente, Henry Wellman cuenta la historia de nuestro viaje en el desarrollo de esa habilidad. La comprensión cotidiana de las personas y las mentes no se consigue fácil ni se puede enseñar. Todos creamos paso a paso una amplia teoría de la mente y la utilizamos para comprender cómo funcionan los demás. Un niño y, en última instancia, un adulto que no cumpla estos hitos tendrá problemas en áreas tan diversas como la interacción social, la creación de una historia de vida coherente, el goce del teatro o del cine y la capacidad de vivir por cuenta propia. Avanzar en estos pasos nos permite apreciar la naturaleza de la humanidad, comprender a nuestros hijos y a nosotros mismos cuando éramos niños, enseñar y aprender de los otros, navegar mejor en nuestro mundo social y dotarlo de sentido. La teoría de la mente es necesaria para entender por qué algunos se convierten en creyentes religiosos y otros en ateos, por qué solo algunos se convierten en novelistas, aunque todos amamos las historias, por qué algunos aman las películas de terror y otros las odian. Leer la mente explica cómo desarrollamos esta teoría de la mente desde la infancia, cómo nos define como individuos y, a fin de cuentas, como humanos.

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Seitenzahl: 374

Veröffentlichungsjahr: 2022

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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural

Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile

[email protected]

www.ediciones.uc.cl

Leer la mente

CÓMO LA INFANCIA NOS ENSEÑA A ENTENDER A LAS PERSONAS

Henry M. Wellman

© Copyright Henry Wellman, 2020

Inscripción Nº 2022-A-4315

Derechos reservados

Mayo 2022

ISBN Nº 978-956-14-2961-1

ISBN digital Nº 978-956-14-2962-8

Traducción: English UC Language Center

Diseño: Francisca Galilea R.

CIP-Pontificia Universidad Católica de Chile

Wellman, Henry M., autor

Leer la mente: cómo la infancia nos enseña a entender a las personas/ Henry M. Wellman. – Incluye notas bibliográficas

1. Cognición en niños

2. Teoría de la mente

3. Tít.

I. Lind, Karen, autor

2022 155.413 + DDC23 RDA

Diagramación digital: ebooks [email protected]

Contenidos

Lista de recuadros

Presentación

Prólogo

1.Introducción a la lectura de mentes I

Cómo comenzamos

Leer la mente de los demás

Los errores son parte del camino

La vida sin leer la mente: autismo y ceguera mental

¿Qué viene ahora?

2.Lectura de mentes, chismes y mentiras

Chismes: ¿puedes culpar a tu ADN de primate?

Introducción a la lectura de mentes II

No solo para expertos: psicología cotidiana

Malditas mentiras y engaños

Cómo detectar a los mentirosos

Nuestro cerebro social

3.Amigos, secretos y mentiras

Los niños dominan las falsas creencias

De vuelta a África

Mentiras y engaños

Ocultación y secretos

Persuasión

Ruby Bridges y la falta de amigos

4.Imaginación y realidad

Real o imaginario: ¿saben los niños la diferencia?

Jean Piaget

Amigos imaginarios

Todos mezclamos la mente con la realidad

En resumen

5.Poner la teoría en la teoría de la mente

Temple Grandin: pensar en imágenes

Teorías cotidianas

Construcción de teorías

¿Teoría? ¿O no?

6.Bloque por bloque

Construir la teoría de la mente

Avanzar en los peldaños

Niños sordos con padres sordos

El surgimiento de una lengua de señas

Mejorar la teoría de la mente

¿Pueden diferir las secuencias?

Las teorías engendran teorías

Construcción con bloques

7.El talento de los bebés. Donde comienza la lectura de mentes

La comprensión social de los niños

Cómo funciona

Preferencias

Cómo los niños entienden a las personas

Otras interrogantes

¿Egocentrismo primario?

¿Falsas creencias?

Aprendizaje humano: el talento de los bebés

8.Superpoderes, Dios, omnisciencia y vida después de la muerte

Superhéroes

Cómo se vinculan los niños con Dios

¿Omnisciencia?

¿Ayuda la religión?

A los adultos también les pasa

Los muertos vivientes

Vida después de la muerte

¿Es tu mente invisible? ¿Lo es tu cerebro?

El cerebro invisible

El alma

Trascender lo ordinario

9.Mundos posibles, mentes posibles

Cuando a la gente no le importa

Cuando Dios responde

La mente supera la realidad

La gente en todas partes es diferente, la gente en todas partes es igual

La enseñanza y el tiempo

Desarrollo de la banda elástica

Contradicciones y progreso

10.Los chimpancés, los perros y nosotros. La evolución de la lectura de mentes

¿Qué tan humanos son?

¿Evidencia contundente o discutible?

La otra cara

Evidencia más decisiva

Limitaciones de los chimpancés

Humano contra chimpancé: compartir, ayudar y adquirir

Compartir y cooperar

Información útil

Actos de ayuda

Mi perro puede leer mi mente

El carácter de los humanos

La inteligencia social

11.El cerebro social

¿Células que leen la mente?

Cómo funciona

Los bostezos se contagian

La Red de Teoría de la Mente

Cerebros infantiles

La plasticidad de los cerebros

12.Hola, robot

El valle inquietante

El miedo se apodera de ti

Aprendizaje con robots

Testimonio de confianza

Desarrollando ideas sobre los robots

Cómo aprenden los niños más pequeños con los robots

Niños pequeños vs. niños mayores y robots

Sentimientos hacia los robots

¿Moralidad en robots?

En el futuro

13.La teoría de la mente en acción

La teoría de la mente en el sistema legal

La mente se manifiesta

Los misterios de la mente

La teoría de la mente y su conexión con el adulto infantil

Cuando la teoría de la mente juega en nuestra contra

Predicción de los sentimientos

Sorpresa, no es el pensamiento lo que cuenta

El conocimiento fácil te hace mal

Cómo ser más inteligente

Siempre trabajando

14.Historias, teorías y mentes

Las historias que nos guían

Autoengaños y errores

Comprensión y malinterpretación de las emociones

Es magia

No sabemos lo que no sabemos

Leer la mente

AGRADECIMIENTOS

NOTAS

Lista de recuadros

2.1. Buscando mentiras en los lugares equivocados

3.1. Más información sobre las falsas creencias

3.2. De la correlación a la causalidad

6.1. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

8.1. Mente, cuerpo e identidad

10.1. Otros conocimientos de los primates

11.1. Breve descripción de los métodos neurocientíficos cognitivos no invasivos

13.1. Inspirar una mentalidad de crecimiento

Presentación

Cada vez que menciono el concepto teoría de la mente a mis estudiantes universitarios, descubro en ellos y ellas una mirada de desconcierto. ¿Qué significa este concepto? ¿Podemos, realmente, leer la mente de otros? La respuesta es sí. Esta habilidad es parte de nuestra vida cotidiana y se desarrolla desde la infancia. Gracias a la teoría de la mente podemos saber que la mente de otros es distinta a la nuestra. Comprender los estados mentales de los demás nos permite interpretar deseos, creencias, intenciones e incluso emociones. Es una habilidad tan fundamental que, sin ella, nos costaría mucho guardar un secreto, jugar a las escondidas o llorar mientras vemos una película.

Por años, la mente humana en toda su grandeza y sus misterios ha sido un campo de estudio que interesa profundamente a la psicología, la filosofía, las neurociencias y la pedagogía. Los estudios de la teoría de la mente, en particular, han sido liderados indiscutiblemente por el reconocido académico e investigador de la Universidad de Michigan, Henry M. Wellman, a quien tuve el privilegio de conocer y tener como profesor. A él le debemos los conocimientos de frontera de las últimas décadas sobre la comprensión de los estados mentales internos, su desarrollo e implicancias, además de la formación de reconocidos investigadores en el área.

En sus diversas publicaciones, Wellman se dedica con maestría a expandir los conocimientos sobre la teoría de la mente para diversos círculos académicos. En esta oportunidad, en Leer la mente, el autor nos ofrece un acercamiento amigable a la cognición humana y a la comprensión de los estados mentales. En este libro, la teoría de la mente se convierte en un concepto accesible, que se desarrolla gracias a las experiencias y aprendizajes con otros. Para quienes nos fascinamos con el aprendizaje y el desarrollo infantil temprano y posterior, este trabajo es la respuesta que combina de forma grácil y a la vez rigurosa la evidencia científica con las experiencias y anécdotas cotidianas que remiten a la teoría de la mente.

Leer la mente expone debates y perspectivas recientes en continua evolución, que desafían nuestras ideas de los bebés, niños e incluso adultos. Es por esto que constituye una lectura obligatoria para todos quienes nos interesamos por comprender el desarrollo. Leer a otros es una habilidad que impregna todos los aspectos de nuestras vidas. Somos humanos, somos intrínsecamente seres sociales y este libro es una invitación abierta y amena a explorar descubrimientos asombrosos de nuestra propia humanidad.

María Inés Susperreguy

Académica Facultad de Educación UC

Directora Núcleo Milenio MEMAT

Prólogo

El 5 de marzo de 2007, NBCNews.com publicó un artículo titulado “Científicos que leen la mente predicen el comportamiento”¹. La nota comenzaba así: “En un laboratorio de Alemania, los voluntarios realizan tareas sencillas, como decidir si sumar o restar dos números, dentro de una máquina de resonancia magnética con forma de donut”. Mientras tanto, en la sala contigua, los científicos intentaban leer la mente de los voluntarios para determinar lo que pensaban antes de actuar. Para esto, examinaron los escáneres cerebrales de la resonancia magnética. Liderados por el Dr. Haynes en Berlín, los investigadores tuvieron bastante éxito al lograr determinar las decisiones que tomarían los sujetos, en este caso sumar o restar, con una frecuencia mayor que el azar.

Se les pidió a los participantes que decidieran unos segundos antes de que aparecieran dos números en la pantalla si los sumarían o restarían. Durante esos segundos, el escáner produjo imágenes mejoradas por computador de la actividad cerebral de los sujetos. Los investigadores utilizaron dichas imágenes para predecir la decisión del sujeto, donde un patrón cerebral sugería la intención de sumar y otro la de restar. Como indicaba el artículo, “la investigación, que comenzó en julio de 2005, ha tenido un alcance limitado: hasta ahora solo 21 personas han participado en el estudio. Y la tasa de precisión de 71% es solo un 20% más exitosa que la selección aleatoria”.

Aun así, hubo varias reacciones fuertes:

“El hecho de que podamos determinar qué intención tiene una persona en su mente lleva nuestra comprensión del pensamiento subjetivo a un nivel completamente nuevo”, indicó el Dr. Paul Wolpe, profesor de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania.

Tanja Steinbach, una de las participantes adultas, señaló: “Si bien es extraño, sé que solo pueden hacerlo si tienen ciertas máquinas, por lo que no me preocupa que todo el mundo en la calle pueda leer mi mente”.

Algunas personas se mostraron alarmadas por las implicaciones que tendría el poder leer mentes: “Los científicos están progresando lo suficiente como para poner nerviosos a los expertos en ética”.

Leer la mente parece algo increíble, pero los niños de dos y tres años lo hacen todo el tiempo, incluso los bebés pueden darse cuenta de las intenciones de alguien, como ya veremos. Es más, los niños pequeños no necesitan máquinas sofisticadas. En su lugar, utilizan sus capacidades cognitivas aún en desarrollo para detectar e inferir los estados mentales de las personas: sus estados de ánimo. De hecho, todos somos capaces de leer mentes de manera cotidiana, pero no por ello deja de ser sorprendente.

El autor del artículo periodístico menciona el entusiasmo o la preocupación de las personas que opinaron al respecto. Una amiga mira el cielo nocturno despejado y estrellado, y vemos su asombro. En el avión, el pasajero sentado a nuestro lado se levanta en pleno vuelo y se esfuerza por abrir el compartimento superior; sabemos que pretende sacar algo. Cuando saca su computador portátil, entendemos que “eso es lo que quería”. Que todos hagamos esto todos los días, que incluso los niños puedan hacerlo, no niega el poder y la magia de esta habilidad de poder leer mentes. En efecto, somos bastante buenos leyendo mentes y podemos hacerlo mejor que esos científicos, ya que no necesitamos usar máquinas costosas. No somos infalibles, pero quizás hayamos acertado al menos un 70% de las veces en cosas sencillas como deducir intenciones en situaciones específicas y utilizarlas para predecir elecciones. De hecho, leemos la mente en situaciones mucho más complicadas.

¿Cómo lo hacemos? ¿Por qué y cuándo lo aprendemos? ¿Cómo repercute esto en nuestras vidas, en nuestro sentido del yo, en nuestras acciones e interacciones con los demás? ¿Qué ocurre si alguien no puede hacerlo? ¿Qué ocurre cuando nos equivocamos? Todas estas interrogantes las respondo a lo largo del libro, pero la respuesta corta es que leer mentes es el pilar de nuestras vidas.

Hace treinta años que me interesan estas preguntas y sus respuestas. Algo que también comparten conmigo varios otros científicos, a quienes les debo mucho. Los nombres de algunos de ellos aparecen en el libro, pero sin citas, ya que estas aparecen en las notas de cada capítulo al final del libro. Cuando cito escritos o relatos ajenos, evito los puntos suspensivos y los paréntesis en aras de la legibilidad, pero intento asegurarme de que las omisiones o abreviaturas no cambien el sentido de lo que dijo el autor. En las notas aparecen las citas originales sin abreviar.

Tengo una deuda muy grande con estos científicos, y también con los desconocidos, los padres y los niños que han participado en nuestro trabajo.

Leer la mente

1

Introducción a la lectura de mentes I

En 2010, treinta y tres mineros chilenos fueron hallados con vida diecisiete días después de quedar atrapados a más de 700 metros de roca y tierra. Por medio de una sonda, los mineros podían enviar mensajes a la superficie. El primer mensaje que envió uno de ellos a su esposa leía:

Pensábamos que nos íbamos a morir de hambre aquí abajo. No te imaginas lo que me dolía el alma por querer hacerte saber que estábamos vivos y no poder hacerlo¹ [énfasis añadido].

El mensaje de este hombre irradia uno de los aspectos más fundamentales de la vida humana: pensamos constantemente en los demás y en nosotros mismos en términos de nuestra vida mental interna. En esta angustiosa situación, había mucho en juego, y el mensaje del minero no decía mucho más. El minero pensaba que podía morir de hambre. Le dolía no poder comunicarse con su esposa. Le angustiaba que ella no supiera que estaba vivo.

Y casi con toda seguridad, con tu propia capacidad bien desarrollada de leer e interpretar estados mentales, leíste entre las líneas de su mensaje y añadiste más. Percibiste en sus palabras cosas como miedo, determinación, esperanza y cansancio. No conoces con certeza el estado mental del minero, pero tienes claro que lleva diecisiete días bajo tierra, sabes que por fin lo encontraron y que ya comenzaron las operaciones de rescate. De sus palabras y de ese conocimiento, bien puedes desprender su alivio y agotamiento físico y emocional.

Que puedas hacer esto es un aspecto crucial del ser humano. Todo el día, todos los días, intentamos adentrarnos en la mente de otras personas. Observamos sus palabras y acciones para determinar sus pensamientos, sentimientos, esperanzas e intenciones. Y, sorprendentemente, podemos hacerlo. Somos capaces de penetrar en los estados mentales internos de otras personas y podemos leer, interpretar y comunicar nuestros propios estados mentales, para explicarnos frente a los demás y aclarar nuestros pensamientos.

Esta capacidad de leer mentes es algo que empezamos a aprender en la infancia, y en la adultez lo hacemos sin cesar. Sin pensar en ello, en innumerables decisiones instantáneas o en juicios muy meditados, todos estamos leyendo mentes de manera constante. No podemos evitarlo, y tampoco queremos hacerlo.

Leer la mente es una habilidad humana vital porque el ser humano es intrínsecamente social: incluso el más solitario de nosotros vive en sociedad. Somos criados por nuestros padres, en familias y comunidades, interactuando constantemente con otras personas, cuidándolas y trabajando con ellas. No es de extrañar que queramos dar sentido a este mundo social para entendernos a nosotros mismos y a los demás. Esto aporta orden y previsibilidad a las interacciones humanas que, de otro modo, podrían parecer aterradoras y dolorosamente aleatorias.

Solamente los humanos desarrollan de manera tan amplia esta capacidad de leer la mente. Los antropólogos consideran que fue crucial para nuestra evolución como Homo sapiens². De hecho, esta habilidad es tan fundamental para la supervivencia humana que los investigadores han encontrado indicios en bebés de solo diez o doce meses. A partir de ese momento, nos volvemos cada vez más hábiles y dependemos cada vez más de la comprensión de nuestra propia mente y de la de los demás.

Leer la mente es una parte tan arraigada de nuestras vidas que podemos dejar de notar la frecuencia con la que lo hacemos. Una familia se sienta a la mesa un viernes por la noche. Las primeras percepciones que llegan a nuestros ojos sin la ayuda de la lectura mental son:

Bolsas de piel embutidas en trozos de tela y colocadas sobre sillas que se mueven de forma imprevisible, con pequeños e inquietos puntos negros que se mueven en la parte superior de las bolsas y un agujero debajo que hace ruidos de forma irregular³.

Es espeluznante y desconocido. Pero si agregamos un poco de comprensión social básica, las bolsas de piel se transforman en humanos, los ruidos se convierten en: “Pásame las papas” o “¿Qué hay de postre?” Sumémosle la capacidad de leer la mente, y entendemos que el padre quiere papas. La niña prefiere el postre en vez de las verduras. El niño está inquieto, y casi podemos oírle pensar: “¿Todavía no terminamos?”. Esta poderosa y cotidiana lectura mental la realizamos constantemente cuando intentamos averiguar los pensamientos de los demás. Los psicólogos la llaman teoría de la mente.

La teoría de la mente nos distingue como humanos; define la forma en que pensamos en nosotros mismos y en los demás. Somos la única especie que se pregunta y se preocupa incesantemente por lo que otros piensan, quieren y se preocupan.

Sorprendentemente, no hay alguien que nos enseñe o nos dé un guion que podamos aprender de memoria para tener esta enorme y variada comprensión. Cada uno de nosotros crea una amplia teoría de la mente que empleamos para entender el funcionamiento social de todas las personas. Utilizamos esta teoría a lo largo de nuestra vida para leer la mente y dar sentido a nuestro mundo social. Este libro se enfoca es cómo desarrollamos esta teoría de la mente cuando somos niños y cómo eso nos define como individuos y nos determina como humanos.

CÓMO COMENZAMOS

Cuando mi hijo Trey1 acababa de cumplir cuatro años me dijo una vez: “Cierra los ojos”.

“¿Por qué?”, le pregunté.

“Voy a hacer algo que no te gusta”.

Trey estaba empezando a leer la mente, pero como era tan joven, solo llegó a la mitad. Sabía que si yo no lo veía él podía conseguir lo que quería: que yo no me opusiera, porque no sabría. Lo que él no sabía era que yo debía permanecer ignorante para que su estrategia funcionara.

Podemos observar estos ajustes de desarrollo en cualquier niño. Los padres vemos a los niños aprender a gatear, caminar y luego correr. Los vemos hablar, y luego leer y escribir. Del mismo modo, los investigadores observan cómo los niños aprenden a leer la mente. Los niños de un año muestran conocimientos de la teoría de la mente que se desarrollan y despliegan a lo largo de su infancia, al igual que las habilidades físicas o lingüísticas.

Cuando Trey tenía casi tres años fuimos a un zoológico y al final de la visita pasamos a la tienda de regalos. Quedó fascinado con una exhibición de marionetas: pingüinos, leones bebés, serpientes peludas y jirafas.

“Quiero uno”, dijo.

“Puede que recibas uno para tu cumpleaños que ya está cerca”, le dijimos.

El día de su cumpleaños abrió su regalo: un peluche de cachorro de león y se puso a llorar. Ya calmado nos señaló: “Es que yo quería el que era verde y peludo”.

Volvimos a la tienda, donde apuntó a un caimán verde. Ese peluche, al que pronto bautizamos como “Boufie”, y sus sucesores (Boufie 2, Boufie 3 y Boufie 4) se convirtieron en miembros de nuestra familia. Al igual que los deseos de Boufie, expresados por Trey en nombre del peluche.

Comprender los deseos e insistir en ellos es uno de los primeros pasos en nuestro camino de la teoría de la mente. Casi todos los padres recuerdan los terribles dos años. Es la etapa en la que los niños se dan cuenta por primera vez de que sus deseos son diferentes a los de sus padres y empiezan a insistir, feroz y vocalmente, en los suyos. Así fue como Boufie entró en nuestras vidas. Si Trey hubiera tenido doce meses, no habría entendido que podía tener y expresar deseos diferentes a los nuestros.

Leer la mente de los demás

Después de que los niños conocen sus propios deseos y los de los demás, llega la etapa en que pueden predecir lo que pensará el resto. En el caso de Trey, cuando me dijo que me tapara los ojos, su pensamiento fue algo así como: “Si mi papá me ve, sabrá que estoy haciendo algo prohibido”. En mi laboratorio infantil en la Universidad de Michigan le hicimos a Trey una prueba clásica que revela esta habilidad. Primero, le mostramos dos cajas. Una era una caja de dulces; la otra era simplemente blanca. Cuando le pregunté qué había en la caja de dulces, dijo: “¡Dulces!”. Pero cuando abrió la caja, se dio cuenta que estaba vacía. En cambio, la caja blanca estaba llena de dulces.

Volví a cerrar las cajas mientras entraba Glenda, mi ayudante de investigación. “A Glenda le encantan los dulces”, le dije. Glenda asintió con entusiasmo. “¿En qué caja buscará Glenda los dulces?”.

Trey intentó esta tarea por primera vez a los tres años y medio, y luego cuando acababa de cumplir cinco. El cambio en su capacidad durante ese periodo fue espectacular. A los tres años y medio, Trey, junto con casi todos los niños de esa edad, dijo que Glenda buscaría los dulces en la caja blanca porque sabía que ahí estaban.

A esta edad, si bien los niños entienden que las personas pueden tener deseos diferentes, de ahí los terribles dos años, suelen creer que todas las personas tienen los mismos pensamientos. Como ellos saben dónde están los dulces, entonces Glenda también debe saber. No es de extrañar que a esta edad los niños esperen que sus padres sepan dónde dejaron los zapatos, qué pasó en la sala cuna y si se lavaron las manos, aunque sus padres no estuvieran cuando sucedieron estas cosas.

¿Pero los niños de cinco años? El 80% de ellos dice que Glenda mirará en la caja de dulces, como hizo Trey en su segunda visita. Con un año y medio de desarrollo adicional, los niños ya pueden separar el pensamiento de Glenda del suyo propio. Entienden que si Glenda quiere un dulce, ella buscará donde cree que puede haber, en una caja de dulces. Sus acciones están motivadas por sus creencias erróneas, no por el lugar en el que realmente están los dulces. Glenda tiene una falsa creencia sobre dónde están los dulces, y los niños de cinco años pueden seguir los procesos mentales de ella para predecirlo.

¿Inteligentes, no? Sin lugar a dudas. Pero es una inteligencia que desarrollan prácticamente todos los niños de todas las sociedades de nuestro planeta. Es juego de niños, no requiere mayor esfuerzo. Y por muy sencillos que consideren los niños estos pasos, son la base de nuestra singular capacidad humana de leer la mente. La formación de una teoría de la mente no es un esfuerzo sin obstáculos, pero su compleja estructura nos muestra cómo llegamos a comprender el funcionamiento de la mente social humana. Es, de hecho, la historia de cómo nos convertimos en humanos.

Sin una teoría de la mente no podríamos cooperar o competir con los demás, entendernos a nosotros mismos, hacer amigos, aprender a mentir, engañar y fingir, interactuar con robots y teléfonos inteligentes, y convertirnos casi universalmente en chismosos. Es básico para saber por qué algunos nos convertimos en creyentes religiosos y otros en ateos, por qué algunos nos volvemos novelistas y todos amamos las historias, por qué algunos aman las películas de miedo y otros las odian.

Los errores son parte del camino

Lo básico para entender la teoría de la mente es comprender que se trata de una teoría, no de un hecho. Es una habilidad que te permite interpretar lo que ocurre después de filtrar toda la información a través de la lente de tu teoría actual. Sin embargo, la lente a veces se distorsiona y se obtiene una respuesta equivocada, ya sea para uno mismo o para los demás. Un buen ejemplo de esto es Adam, un niño de cuatro años que come pegamento⁴:

ADAM: “No me gusta”.

SU MADRE: “¿Entonces por qué te lo metes en la boca?”

ADAM: “Pensé que era bueno”.

Adam pensaba que comer pegamento sabría como una deliciosa golosina. Pero descubre que está equivocado; tenía una falsa creencia. Ahora piensa: si quieres una golosina, no vayas al frasco de pegamento.

Gran parte de nuestros primeros años de vida están impulsados por nuestros esfuerzos por aprender lo que queremos y lo que no y por aprender cuándo nuestros pensamientos son correctos y cuándo son falsos. Al mismo tiempo, aprendemos cosas similares sobre los demás. Este es un aprendizaje que continúa durante toda la vida adulta.

Por ejemplo, el chal de lana azul y suave que le regalaste a la tía Lib. Elegiste el chal porque pensaste que le gustaría. Pero por su cara, cuando abrió el regalo, quedó claro que el regalo no le había gustado, por mucho que intentara disimularlo. En este punto, tu teoría de la mente probablemente se activó de nuevo. ¿Por qué no le gustó? ¿Odia el azul? ¿Es alérgica a la lana? ¿Creerá que los chales son solo para mujeres mayores y ella no quiere ser una de ellas? Buscaste más información que se desprende de la teoría de la mente para entender mejor a la tía Lib.

Si bien es desafortunado que la tía Lib recibiera un regalo decepcionante, que Glenda no encontrara los dulces y que Adam comiera pegamento, la falibilidad de la teoría de la mente puede ser la columna vertebral de la tragedia.

Un buen ejemplo de esto es Romeo y Julieta, una historia que ha perdurado durante siglos. Su final parte de una falsa creencia fatal.

Como sus familias son enemigas mortales, Romeo y Julieta se casan en secreto y luego deben escapar de la ciudad y de sus parientes enfrentados. Romeo tiene que huir inmediatamente, pero volverá para ayudar a Julieta a escapar. En su ausencia, Julieta desarrolla un plan. Toma una poderosa droga que la hace parecer muerta durante unos días. Se despertará después de ser enterrada en la cripta familiar, Romeo se reunirá con ella ahí, y entonces podrán escapar juntos. Pero Romeo no se entera de que Julieta ha tomado la droga y la encuentra en la cripta, aparentemente muerta. Desesperado, al no querer vivir sin ella, se envenena y muere. Cuando Julieta despierta y encuentra a Romeo muerto, se suicida.

Su desgarradora tragedia surge de la falsa creencia de Romeo, un error que ha angustiado a los espectadores adultos durante siglos. Pero, curiosamente, cuando se desvelan algunas de las complejidades de la obra, los niños de tan solo cinco años pueden entender que Romeo actúa sobre la base de un pensamiento que es falso. Es un paso que han dado hacia el desarrollo de su propia teoría de la mente adulta, bien organizada y utilizada constantemente.

No obstante, algunas personas nunca desarrollan esta teoría de la mente, y nos enseñan tanto como los niños y Shakespeare.

LA VIDA SIN LEER LA MENTE: AUTISMO Y CEGUERA MENTAL

Temple Grandin es quizás la autista más famosa y más funcional del mundo. A pesar de su inteligencia y sus logros (es profesora de ciencia animal en la Universidad Estatal de Colorado), Grandin, al igual que las personas con autismo en general, no tiene nuestra teoría de la mente. Lejos de ser capaz de leer la mente, la han acusado de tener ceguera mental⁵.

Grandin, y otras personas con autismo, nos dan una idea de lo que puede ser vivir sin teoría de la mente y sin la capacidad de leer mentes. En sus propias palabras, Grandin dice que no “entiende” la socialización e interacción humanas. Ha tenido que intentar aprenderlas, pieza a pieza, desde afuera. “La mayor parte del tiempo”, le dijo a Oliver Sacks en una entrevista de 1993, “me siento como una antropóloga en Marte”⁶.

En sus conversaciones con Sacks, Grandin le contó sobre sus primeros trabajos para diseñar e implementar su primer matadero de ganado con enfoque en el bienestar animal. Cuando la planta se puso en marcha por primera vez, tuvo interminables fracasos a pesar de su cuidadosa investigación y planificación. ¿Por qué?

Grandin rastreó todos los factores físicos posibles para descubrir la causa, los eliminó uno a otro hasta que se dio cuenta de que la única constante era un trabajador, John. Fue entonces cuando se dio cuenta de que el mundo del manejo del ganado en aquella época era cosa de hombres. Como mujer, y al ser socialmente extraña, atrajo la envidia y la desconfianza, lo que llevó a la maldad humana, una causa que ella nunca había considerado: “Tuve que aprender a desconfiar”.

Como escribió Sacks, “Debido a su ingenuidad y credulidad, Temple fue blanco de todo tipo de trucos y abusos al principio. Tenía una inocencia que se derivaba de su incapacidad para entender que la gente engaña y finge”. Debido a su autismo, no se le ocurría investigar las motivaciones de las otras personas ni sospechar que dichas motivaciones pudieran tener la intención de perjudicarla. También ha dicho que Romeo y Julieta la confunden. Le dijo a Oliver Sacks: “Nunca supe qué pretendían”.

No hay dos personas con autismo que sean iguales, ni en personalidad, ni en historia vital, ni en competencia. Debido a la amplia gama de síntomas y déficits, los expertos afirman que estos individuos se sitúan en un espectro autista. Los individuos autistas de alto funcionamiento pueden alcanzar niveles normales o incluso superiores en cuanto a lenguaje y coeficiente intelectual general. Las personas con autismo se desarrollan, pero su desarrollo es desordenado.

Esto es exactamente lo que le ocurrió a Temple Grandin. A los tres años no tenía ningún tipo de lenguaje, lo que suele ser un indicador de graves limitaciones en el desarrollo futuro. Le diagnosticaron daño cerebral en sus años preescolares y la quisieron internar en una institución mental, pero su madre se negó a aceptarlo y contrató terapia de lenguaje privada y experiencias escolares especiales e intensivas para Temple. Poco a poco Grandin “emergió”. Su autobiografía de 1986 se titula Emergencia: Etiquetado autista: “El lenguaje fue llegando poco a poco, una o dos palabras cada vez. Antes de eso, solo gritaba. No podía hablar”. Ahora es una famosa diseñadora de instalaciones para el manejo de ganado2.

El nivel de logros y éxitos de Grandin es inusual entre las personas con autismo, pero eso no ha mitigado sus graves y continuos problemas de comprensión e interacción con los demás. El mundo social de las personas sigue dejándola perpleja. Solo con el paso de los años Grandin ha aprendido, por la fuerza bruta, algunas de las características del mundo que las personas con un desarrollo típico entienden sin esfuerzo. Ha desarrollado algunos métodos para compensar sus déficits de teoría de la mente.

Uta Frith, experta en autismo que trabaja en Inglaterra, escribió: “El autismo no desaparece. Los autistas pueden, y a menudo logran, compensar su discapacidad de manera extraordinaria. Sin embargo, sigue habiendo un déficit persistente, algo que no puede corregirse ni sustituirse”. No hay cura y no se puede “superar”⁷.

Grandin ha dicho: “Si pudiera chasquear los dedos y no ser autista, no lo haría, porque entonces no sería yo”. Pero también ha escrito de forma conmovedora sobre lo que le falta:

No encajo en la vida social de mi ciudad ni de la universidad. Casi todos mis contactos sociales son con ganaderos o personas interesadas en el autismo. La mayor parte de mis viernes y sábados por la noche los paso escribiendo artículos. Mis intereses son fácticos y mi lectura recreativa consiste sobre todo en publicaciones científicas y ganaderas. Me interesan poco las novelas sobre relaciones interpersonales.

Y concluye: “Mi vida sería horrible si no tuviera mi desafiante carrera”.

Como demuestra Grandin, vivir sin una teoría de la mente es posible. Pero demuestra lo que ocurre cuando una persona no desarrolla la lectura de mente que utilizamos todos los días, cuando deducimos lo que los demás piensan, quieren y sienten.

¿QUÉ VIENE AHORA?

La teoría de la mente impregna todo el desarrollo infantil. Es algo más que la forma en que los niños (y los bebés, los simios y los adultos) realizan una u otra prueba de laboratorio, e indudablemente mucho más intrigante. La adquisición de la teoría de la mente es uno de los logros intelectuales más impresionantes de nuestra especie: una hazaña fundamental. Resulta incluso impresionante cuando vemos que los primeros conocimientos se convierten en competencias o puntos ciegos en la edad adulta.

Este libro muestra cómo los niños aprenden a leer mentes siguiendo una serie de pasos ordenados, predecibles y fascinantes. No aprender estos pasos paraliza al niño y, en última instancia, a un adulto, en áreas tan diversas como lograr la competencia social, crear una historia de vida coherente, disfrutar del teatro y las películas y vivir solo. La comprensión de estos pasos nos permite ver la naturaleza de nuestra humanidad compartida, entender a nuestros hijos y a nuestro yo infantil, enseñar y aprender de los demás, y navegar mejor por nuestros mundos sociales.

En el libro trazo la conexión entre las percepciones iniciales de un niño de tres años sobre la simulación y cómo los novelistas crean realidades al inventar cosas. Muestro cómo la comprensión de los superhéroes de un niño de seis años conduce a la concepción y la relación de un teólogo con Dios y el más allá. Y muestro cómo la creciente conciencia de los sentimientos y pensamientos internos de los niños está vinculada no solo a los terribles dos años, sino también a su solidaridad espontánea con quienes experimentan alguna aflicción, lo que a su vez conduce a nuestro razonamiento moral y legal.

De este modo, Leer la mente presenta a mentirosos, científicos, niños lindos, diferentes culturas, mentes ordinarias y extraordinarias, y el funcionamiento de bebés, cerebros, chimpancés y perros. Muestra cómo los niños se basan en su teoría de la mente en constante expansión para convertirse en políticos, científicos, compañeros de equipo y estafadores.

El libro aborda cuestiones sobre nuestro mundo social cuyas respuestas surgen de nuestra capacidad de leer mentes en la infancia. ¿Por qué nos fascinan los chismes? ¿Por qué hablamos entre nosotros, e incluso con nuestras mascotas y electrodomésticos? ¿Por qué nuestros medios de comunicación, libros infantiles y autocomprensión están tan saturados de historias? ¿Qué hay de la vida después de la muerte, los compañeros imaginarios, la fe en las deidades, la identidad personal o la omnisciencia?

Nunca he conocido a una persona que no sienta curiosidad por la gente. Este libro ayuda a satisfacer esa curiosidad.

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Lectura de mentes, chismes y mentiras

A los adultos, en todas las sociedades y culturas, les encanta chismosear. Los chismes ocupan alrededor del 65% de nuestro tiempo de conversación, según los investigadores que han escuchado conversaciones en centros comerciales, vagones de metro y salas de aeropuertos¹. Y esto es así sin importar la edad o el sexo del interlocutor.

Hay excepciones, por supuesto. Temple Grandin ha escrito que la cháchara social la aburre. Cuando era adolescente, las interacciones de sus compañeras le parecían inútiles; las chicas hablaban de ropa, de novios y de lo que X le decía a Y. “No podía entender por qué mis compañeras se pasaban horas hablando de temas sin importancia real”².

Para el resto de nosotros, los chismes son infinitamente fascinantes, hasta el punto de que los científicos se han preguntado por qué.

CHISMES: ¿PUEDES CULPAR A TU ADN DE PRIMATE?

En su libro Grooming, Gossip, and the Evolution of Language, el antropólogo comparativo Robin Dunbar argumentó que el chismosear tiene sus raíces en nuestra herencia de primates y que los humanos son el primate que más sobresale en ello.

Por lo general, se suele descartar la veracidad de los chismes. Se dice que no tienen fundamento, que son palabrerías. Pero el chismoseo, en esencia, es cualquier relato revelador sobre otra persona, bueno o malo, verdadero o falso. Y los chismes nos atraen en parte porque nos ofrecen un enorme escenario para conocer el funcionamiento interno de muchas más personas de las que podríamos conocer individualmente.

Estados Unidos tiene una larga historia de publicación de chismes en la prensa. Louella Parsons y Hedda Hopper publicaron columnas en periódicos sindicados a nivel nacional que hablaban sobre la intimidad de las estrellas de Hollywood en las décadas de 1930, 1940 y 1950. Las columnas de consejos, como las escritas por Ann Landers, Carolyn Hax y Abigail Van Buren, incluyen chismes sobre gente común y corriente. Las leemos porque, incluso cuando los consejos no se aplican a nosotros, disfrutamos saber sobre las vidas y los dilemas del resto.

La revista People, que es casi exclusivamente de chismes, surgió de estos antecesores. People es una de las revistas más populares de Estados Unidos. En 2017, ocupó el noveno lugar en circulación. En tanto, AARP salió número uno y Sports Illustrated se posicionó en el duodécimo lugar.

Además de artículos cortos como “3 verdades y 1 mentira”, People escribe artículos más largos sobre individuos que vienen repletos de citas. Parte de una reciente entrevista de People con Eva Longoria incluía la siguiente cita:

Tuve la suerte de aprender la palabra ‘voluntariado’ a una edad temprana. Estaba integrada en nuestra familia. Con la Fundación Eva Longoria supe que quería centrarme en la educación. Investigué para ver quiénes tenían las mayores disparidades educativas en Estados Unidos, y resultó que eran las latinas. Pensé, soy latina y esta comunidad necesita ayuda³.

People no estaba informando, sino que chismoseaba sobre Eva, Donald y Melania Trump o las Kardashian. La revista nos proporciona vistazos (o quizás solo especulaciones) sobre sus mentes, pensamientos, esperanzas, decepciones y sueños.

Aunque los lectores de People son principalmente mujeres, no son solo ellas las que escuchan y transmiten los chismes. Yo estoy suscrito a Sports Illustrated, una revista de chismes para aficionados al deporte y (en gran medida) para hombres.

En los reportajes de Sports Illustrated, rara vez la historia se trata únicamente sobre el partido, la temporada o el récord logrado. Tampoco se trata del marcador ni de llevar la cuenta de quién está en la lista de lesionados. En cambio, se centra en cómo los atletas, los directivos, los entrenadores y los equipos afrontan esas victorias, derrotas y lesiones. Los eventos proporcionan un trampolín para saltar a sus vidas, mentes y carreras.

Nada lo dejaba más claro que los artículos sobre el Super Bowl 50. ¿Ganarían los Broncos de Denver en la que probablemente sería la última oportunidad de Peyton Manning? Cuando ganaron, ¿validaron su carrera? ¿Fue un capítulo final adecuado para una temporada dramática o para una carrera en el salón de la fama?

Las historias trazaron una saga de Manning rehaciéndose a sí mismo a los treinta y nueve años como un mariscal de campo en un sistema ofensivo muy diferente. Los relatos incluían detalles sobre su terrible comienzo de temporada (diecisiete intercepciones y solo nueve touchdowns en nueve partidos); su paso por el banquillo (el primero en su carrera profesional); su lesión (la última de una larga y cada vez más frecuente lista); su regreso; y la última racha de victorias del equipo, que culminó con la victoria en el Super Bowl.

Luego, ¿qué hay de la validación para el gerente general de los Broncos, John Elway, al contratar a Manning? Y no hay que olvidar la historia de fondo de la relación especial que se forjó entre Manning y Elway. Esto es chismoseo en un formato más amplio, y a veces en su mejor forma.

El chismosear sobre las personas solo es posible gracias a nuestras teorías de la mente. No se trata solo de una actividad social, pues hablamos con otros, sino que es socialmente cognitiva. A través de los chismes nos enteramos de las intenciones, las manías, los gustos, las creencias, las acciones y las fechorías de la gente. Ya sea directamente en la conversación o indirectamente a través de los medios de comunicación, los chismes reflejan nuestra propensión a pensar en las acciones, las vidas y las mentes de las personas. Y aclaran cómo funciona nuestra teoría de la mente. Los chismes son impulsados por nuestra comprensión acerca de los pensamientos y los deseos.

INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE MENTES II

Desde nuestros primeros años, intentamos descubrir por qué las personas son quienes son y hacen lo que hacen. Esto lo hacemos teniendo en cuenta sus pensamientos, deseos, intenciones y sentimientos. Organizamos esta información en una teoría de la mente, un marco que nos ayuda a dar sentido a todas las piezas.

Nuestra comprensión cotidiana de las personas se organiza en torno a tres grandes categorías: sus pensamientos, sus deseos y sus acciones. Creemos que los pensamientos y los deseos de las personas impulsan sus acciones. Esto se puede ver en la cita de Eva Longoria: “Quería centrarme en la educación. Pensé, soy latina y esta comunidad necesita ayuda”. Basándose en sus pensamientos y deseos, actuó para crear la Fundación Eva Longoria y “ayudar a las mujeres latinas a mejorar sus vidas a través de la educación”.

Del mismo modo, John Elway pensó que Manning, aun acercándose a los cuarenta años, podía ganar otro Super Bowl. Elway quería esa victoria para Denver, los Broncos y el propio Manning. ¿Su acción? Llevó a Peyton Manning a los Broncos de Denver.

No solo para expertos: psicología cotidiana

Nuestra teoría básica y cotidiana sobre el comportamiento de las personas se desarrolla a partir de nuestras interacciones sociales y de cosas como los chismes. No la aprendemos a través de la educación formal, por lo que no tiene que ver con egos ni identidades, terapias ni enfermedades mentales, cerebros ni hormonas. Es común y corriente, por lo que también se llama psicología cotidiana o psicología intuitiva.

En nuestra psicología cotidiana, los pensamientos y los deseos son categorías básicas que incluyen subtipos y sutilezas.

Los pensamientos pueden incluir

Los deseos pueden incluir

Ideas

Preferencias

Conocimientos

Esperanzas

Convicciones

Motivos

Suposiciones

Inclinaciones

Creencias

Deseos

Inquietudes

Obligaciones

Por tu propia experiencia, sabes que los pensamientos, los deseos y las acciones, incluso en sus versiones ampliadas, no abarcan todo lo que ocurre. Las emociones, los impulsos y las percepciones preceden a nuestros pensamientos y deseos, y las reacciones siguen a nuestras acciones. A partir de estas muchas partes creamos nuestra teoría de la mente, nuestra propia explicación personal sobre el funcionamiento del mundo social (figura 2.1).

TEORÍA DE LA MENTE

Figura 2.1 Los conceptos y las conexiones que utilizamos para entender las acciones y motivaciones humanas.

ROMEO

Figura 2.2 El cuadro general de acciones y estados mostrado en la figura 2.1, aplicado a Romeo.

La figura 2.2 nos muestra cómo se vería esto en el caso de Romeo. Como Romeo ama a Julieta, quiere estar con ella. Como ha visto el conflicto de su clan con los Capuleto, sabe que su familia se opondrá violentamente. Así que se casa con Julieta en secreto. Cuando puede estar con ella, está extasiado. Cuando se ven obligados a estar separados, Romeo se siente triste.

Este marco también nos permite explicar y predecir el comportamiento. Puedes moverte de derecha a izquierda para explicar los acontecimientos o de izquierda a derecha para predecirlos. Explicación: ¿por qué Romeo quiere estar con Julieta? Porque la ama. ¿Por qué se casa con ella en secreto? Porque ha visto el conflicto de su clan con los Capuleto y sabe que su familia se opondrá violentamente.

Predicción: ¿qué esperamos que sienta Romeo cuando se case con Julieta? Estará feliz, incluso extasiado. ¿Qué esperamos que sienta Romeo cuando tenga que separarse de Julieta? Se sentirá triste.

Las emociones y los estados fisiológicos alimentan nuestros deseos. Las percepciones y las experiencias fundamentan nuestros pensamientos. Las acciones dan lugar a resultados que provocan reacciones adicionales. Así es como pensamos que funciona la gente, y esa es la base del marco inmensamente poderoso que nos ayuda a dar sentido a nuestro mundo social. Lo utilizamos repetidamente, y a menudo de forma inconsciente, cuando nos abrimos paso en nuestra vida social. Porque entendemos este proceso, comprendemos a Romeo y Julieta, los chismes, las intenciones, las acciones, las emociones, los pensamientos y los deseos. Nos permite leer la mente.

Formamos muchas predicciones y explicaciones precisas utilizando nuestra teoría de la mente. Pero a veces nos equivocamos, al igual que Romeo cuando pensó que Julieta estaba muerta. Por supuesto, es bonito pensar que nuestras explicaciones son siempre correctas y nuestras predicciones totalmente exactas. Nos da una sensación de seguridad y comprensión, razones por las que formamos una teoría de la mente en primer lugar.

Pero los científicos han descubierto áreas en las que nuestras explicaciones y predicciones son especialmente débiles. Un ejemplo notable e inesperado es un área en la que nos gustaría ser precisos y en la que nos sentimos seguros de serlo. Las investigaciones demuestran que todos, en general y sin excepción, somos terribles para detectar a los mentirosos. A veces la teoría de la mente nos muestra su poder ayudándonos a generar predicciones y explicaciones convincentes; otras veces nos muestra su poder llevándonos por el camino equivocado.

MALDITAS MENTIRAS Y ENGAÑOS

El 5 de febrero de 2003, Colin Powell se presentó ante una sesión plenaria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para argumentar a favor de la acción militar de Estados Unidos contra Saddam Hussein e Irak⁴. “No hay ninguna duda de que Saddam Hussein tiene armas biológicas y de que puede producir rápidamente más, muchas más”, declaró Powell.

Además, dijo que no tenía “ninguna duda” de que Saddam estaba trabajando para adquirir armas nucleares. Que Saddam estaba solicitando a Níger grandes cantidades de “torta amarilla”, un tipo de óxido de uranio utilizado para producir armas nucleares. Es más, Powell indicó que Irak ya tenía y estaba empeñado en adquirir aún más “armas de destrucción masiva” (ADM).