Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Este poema dramático (o monólogo poético) que ahora editamos, y que aún no ha sido llevado a escena en esta versión definitiva, está libremente inspirado en la vida y la obra de Leonora Carrington (Lancashire, Inglaterra, 1917 - Ciudad de México, 2011), prestando especial atención a los años europeos y a su estancia en España. Alberto Conejero —uno de los más destacados dramaturgos españoles contemporáneos— ha dado forma a una pieza de una belleza deslumbrante y afilada. Leonora, además de ser un magnífico acercamiento al universo de la célebre pintora surrealista, es un poema en el que se abordan, entre otros, temas como la fragua de la vocación artística, la imaginación como potencia salvífica o la relación entre creación y herida.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 52
Veröffentlichungsjahr: 2024
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
ALBERTO CONEJERO LÓPEZ (Vilches, Jaén, 1978) es dramaturgo y poeta. Licenciado en Dirección de Escena y Dramaturgia por la Real Escuela Superior de Arte Dramático y doctor por la Universidad Complutense de Madrid.
De su obra teatral —muy reconocida y premiada— destacan: En mitad de tanto fuego (2024); El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca (2022); La geometría del trigo (2019); Los días de la nieve (2017); Todas las noches de un día (2018); La piedra oscura (2015); Ushuaia (2013-2022); y Cliff (acantilado), de la que hay una nueva versión con el título: ¿Cómo puedo no ser Montgomery Clift?
Ha sido también responsable de diversas dramaturgias y reescrituras: Medea (Teatre Lliure), Electra (Ballet Nacional de España y Teatro de la Zarzuela, 2017), Fuenteovejuna (Compañía Nacional de Teatro Clásico, 2017), Troyanas (Festival de Teatro Clásico de Mérida, 2017), entre otras.
En febrero de 2020 publicó En esta casa, su segundo poemario tras Si descubres un incendio (2017).
Pepitas de calabaza s. l.
Apartado de correos n.0 40
26080 Logroño (La Rioja, Spain)
www.pepitas.net
© Alberto Conejero
© De la presente edición, Pepitas ed.
Cubierta: Fotografía anónima de Leonora Carrington en su casa de Saint-Martin-d’Ardèche (1938)
ISBN: 978-84-10476-01-1
Primera edición, septiembre de 2024
ALBERTO CONEJERO
Estoy fuera con linternas,buscándome a mí misma.
EMILY DICKINSON
¿Para qué inventar?Lo cierto es más raro.
SILVINA OCAMPO
Ahora hagola lucha de vivir conmigomisma, que no es muy fácil.
LEONORA CARRINGTON
Este texto está inspirado libremente en la obra y en algunos episodios de la vida de la creadora Leonora Carrington.
Si llegara a un escenario podría ser interpretado por una o por varias actrices, quizá acompañadas de cinco hombres, cinco caballos y cinco violines.
Quiero dar las gracias a Luz Arcas, Clara Peya, Juan Carrillo, Gabriela Flores, Luis Herrero, Zaira Montes, José Troncoso, Eva Rufo, Xavier Bobés y Machús Osinaga por su compañía y su mirada generosa durante el proceso de escritura. También agradezco a la Universidad Nacional Autónoma de México el apoyo que me ofreció para una primera aproximación al universo de la creadora.
Este texto no hubiera sido posible sin la lectura del diario de Leonora Carrington Memorias de abajo, publicado por Alpha Decay en traducción de Francisco Torres Oliver; aparecen también citados algunos versos de Christine Lavant y de Odiseas Elitis.
Mi gratitud y mi devoción por Leonora.
En el inicio puede que todo el escenario esté a oscuras. Quizá el texto que sigue se proyecte o susurre sin que veamos aún el cuerpo de la intérprete. Si el texto permaneciera en el folio, divisaríamos estas primeras letras empujando desde el corazón del blanco:
Si este escenario no fuera un escenario,
sería un lienzo.
Aparece LEONORA. ¿De dónde surgió?¿De entre la luz, del fondo del folio o del lienzo?
LEONORA.–
Hasta que he aparecido,
el lienzo estaba en blanco.
El cuerpo es siempre la primera pincelada.
La pintura que os voy a entregar
cuando abandone este escenario
no tendrá asunto ni argumento;
tampoco la pobreza de la comprensión
a la que llamamos «tema».
Nada de eso.
Mi dolor y mi alegría,
mis vivos y mis muertos,
es lo que voy a hacer visible
en la pintura.
En un margen, al terminar, escribiré mi nombre:
Mary Leonora…
El apellido queda detenido en la boca.
Si este escenario fuera un lienzo, yo aquí vendría a pintar mi autorretrato, pero yo soy multitudes, así que mi autorretrato es siempre colectivo. ¿Cuántas Leonoras han muerto y cuántas han nacido? ¿Cuántas me esperan al otro lado del mar y cuántas están aquí, conmigo?
Porque
lo desconozco,
me adentro
en la pintura.
Lo primero que perfilo es esta escena: la del puerto de Lisboa, una mañana de julio de 1941.
En el puerto, una figura de mujer.
La mujer, sentada sobre una maleta o de pie, da igual, soy yo, Leonora Carrington, y estoy en el puerto de Lisboa esperando para subir a un barco. El barco —lo veo allí: metálico, gigante, helado— se llama SS Exeter y su destino es Nueva York. La maleta en la que espero sentada o que sujeto con la mano izquierda tiene mi nombre cosido y una plaquita de latón incrustada con una palabra escrita: REVELACIÓN.
En ese momento de mi vida tengo veinticuatro años, pero mi voz puede estar en un cuerpo de diez o de cincuenta o de cien. Porque en el escenario, como en el lienzo, conviven el pasado, el presente y el futuro.
Si este escenario —os digo— fuera un lienzo, fuera un cuerpo, fuera un puerto, fuera un cielo, yo habría llegado hasta aquí huyendo de los deseos de mi padre, que quiere enviarme a un sanatorio mental, ¡uno más!, esta vez en Sudáfrica, porque yo, su hija —la rara, la perdida, la pintora, la descarriada, la echada a perder, la echada a llorar, la echada a temblar, la echada al mundo—, necesito vigilancia. Y yo, papá, yo lo único que necesito es OLVIDARTE.
Para hacerlo he de arrancar la parte podrida de mis raíces.
Remonto mi vida. Subo por los años como una alpinista. Escalo, escalo y escalo, siempre a punto de resbalar y de desaparecer en el vacío.
Tengo veinticuatro años.
Tengo veinte años.
Tengo quince años.
Tengo diez años.
Tengo cinco años.
En las últimas líneas ha empezado a sonar un rumor de voces en distintos idiomas y un relincho de caballo.
La luz ha cambiado. Quizá ha proseguido el relincho de caballo, y puede que se le hayan sumado un espigueo de agujas de reloj, el balido lejano de ovejas encerradas en los vagones de un tren, la sirena de un barco y el estruendo de puertas metálicas al cerrarse… Quizá algo sutil también ha cambiado en la voz de LEONORA, algo que tiene que ver con la infancia.
LEONORA.–
Siempre salí borrosa en los retratos de familia.
O de espaldas. O con un gesto inconveniente.
—Leonora, ¿no te puedes quedar quieta?
—Leonora, nos arruinas la fotografía.
—Leonora, ¿te tendremos que atar las manos?
