Libro del maestro Han Fei - Han Fei - E-Book

Libro del maestro Han Fei E-Book

Han Fei

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Beschreibung

Los ensayos del filósofo Han Fei Zi sobre el gobierno autocrático impresionaron al emperador Qin Shi Huang, que adoptó sus principios después de tomar el poder en el año 221 a. C.2 Este libro, que comprende una síntesis de teorías legales hasta su época, resalta el papel de tres grandes instrumentos básicos en la gestión del poder: la autoridad, el método y manejo de los hombres, y la ley. Han Fei Zi fue un gran sintetizador de ideas y sus posibilidades interpretativas pueden ser de gran utilidad para entender el papel de la política y para comprender el papel de la ley en la gestión del poder.

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Seitenzahl: 348

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Han Fei韩非

Libro del maestro Han Fei

El arte de la política

Estudio introductorio, traducción y notas deGABRIEL GARCÍA-NOBLEJAS SÁNCHEZ-CENDAL

ÍNDICE

AGRADECIMIENTOS

NOTA A LA PRESENTE EDICIÓN

DINASTÍAS RELEVANTES

ESTUDIO INTRODUCTORIO

1. Han Fei

2. El contexto

3. El nacimiento de la ley escrita

4. Shang Yang, Han Fei y el «Código del Estado de Qin»

TEXTOS DE HAN FEI

CAPÍTULO 1. EL PRIMER ENCUENTRO CON EL MONARCA DE QIN (PRIMEROS PÁRRAFOS)

CAPÍTULO 5. EL TAO DEL MONARCA

CAPÍTULO 6. EL SISTEMA LEGAL

CAPÍTULO 7. LAS DOS RIENDAS

CAPÍTULO 11. DESDE LA SOLEDAD Y LA IRA

CAPÍTULO 13. UN HOMBRE LLAMADO HE

CAPÍTULO 16. LOS TRES PRINCIPIOS

CAPÍTULO 17. LOS PELIGROS DE DENTRO

CAPÍTULO 18. DESDE EL TRONO

CAPÍTULO 20. INTERPRETACIÓN DE LAO TSE

CAPÍTULO 23. UN BOSQUE DE HISTORIAS (2.ª PARTE)

CAPÍTULO 28. EL PREDICAMENTO DE LOS MONARCAS

CAPÍTULO 43. LA IMPLANTACIÓN DEL SISTEMA LEGAL

CAPÍTULO 48. LOS OCHO PRINCIPIOS

CAPÍTULO 49. LOS CINCO PARÁSITOS

CAPÍTULO 50. LAS ESCUELAS MÁS FAMOSAS

CAPÍTULO 54. LOS HOMBRES Y LA LEY

BIBLIOGRAFÍA

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

CRÉDITOS

AGRADECIMIENTOS

Dedicamos el presente trabajo a dos personas. Primero, a mi hermana Lourdes, sin cuya ayuda en Madrid habría sido complicadísimo hacer la primera edición de 1998, cuando estaba yo en Pekín y no existía Internet: a ella vuelve hoy, pues, el libro en cuya gestación ayudó tanto. Segundo, al primer coautor del libro que hoy actualizamos, a Pedro San Ginés Aguilar, por dicha coautoría, por su generosa y duradera labor fundadora e impulsora de todos los estudios de Asia Oriental en la Universidad de Granada, pionera en España en dicho terreno, y, sobre todo, por su amistad.

Agradecemos al director de la Biblioteca de nuestra Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada —José María Fernández Fernández— y a su excelente equipo, su insustituible colaboración para obtener libros y artículos que hemos necesitado para hacer el presente trabajo.

Y, en fin, a Carmen Torres Marín sus correcciones al Estudio Introductorio.

NOTA A LA PRESENTE EDICIÓN

El original de la siguiente traducción es 韩非子校注, 浙江人民出版社, 浙江, 1982, con notas al cargo del Departamento de Traducción de la Universidad de Nanjin.

Hicimos la traducción en Pekín en 1997 y fue publicada el año siguiente. Hubo una segunda tirada. Ahora, la editorial nos invita amablemente a retocarla y a escribir un nuevo Estudio Introductorio, lo que hacemos con gusto y agradecimiento.

El lector quizá eche en falta que hagamos un análisis y una exposición al uso de las ideas principales del maestro chino en el nuevo Estudio Introductorio. No. Nuestro deber es limitarnos a contextualizar, a mostrar cómo y por qué nacen las ideas y cómo se interconectan. Qué dice nuestro pensador es algo que el lector debe aprender por sí mismo, cumpliendo a solas con Han Fei su muy noble tarea de leerle.

Aportamos solamente bibliografía en lenguas europeas.

DINASTÍAS RELEVANTES1

Dinastía Shang 商

1750-1080 a.C.

Dinastía Zhou 周

a) Zhou Occidental西周

b) Zhou Oriental东周

– Época de Primavera y Otoño

– Época de «Reinos Combatientes»

1080-221 a.C.

1080-771 a.C.

771-221 a.C.

771-481 a.C.

481-221 a.C.

Dinastía Qin 秦

221-206 a.C.

Dinastía Han 汉

– Han anterior

– Han posterior

206 a.C.-220 d.C.

206 a.C.-9 d.C.

25-220

Tres Reinos 三国

– Dinastía Wei

220-265

220-265

Dinastía Jin Occidental 西晋

265-316

Dinastía Jin Oriental 东晋

317-420

Dinastías del Norte y del Sur 南北朝

420-589

Dinastía Sui 隋

581-618

Dinastía Tang 唐

618-907

Dinastía Song del Norte 北宋

960-1127

Dinastía Song del Sur 南宋

1127-1279

Dinastía Yuan 元

1279-1368

Dinastía Ming 明

1368-1644

Dinastía Qing 清

1644-1911

1 Autor: Julio López Saco, tomado y modificado levemente de G. García-Noblejas (ed.), China. Pasado y presente de una gran civilización, Alianza Editorial, Madrid, 2012, pp. 29-30.

ESTUDIO INTRODUCTORIO

1. HAN FEI

Sima Qian (c. 135 a.C.–c. 86 a.C.) trazó en su Historia general la semblanza biográfica más extensa y seguramente más fiable de Han Fei con que contamos. Dicha semblanza no data ni su nacimiento, que se sitúa tentativamente hacia el año 281 a.C., ni su probable suicidio forzoso, que debió suceder en 233 a.C., pero sí nos da muy reveladores detalles tanto de su postura intelectual como de los tiempos que le tocó vivir. Como verá el lector, la biografía esboza cuáles eran sus fundamentos intelectuales; dónde nació, vivió y murió; bajo qué maestro estudió; por qué escribió tanto; en qué radicaba el gran desacuerdo que tenía con el gobierno de su rey; por qué consideraba perniciosos a los seguidores de Confucio y a los caballeros andantes; cómo dejó su propio reino atrás y fue a otro, al reino de Qin, para convencer al monarca de que adoptara sus ideas de gobierno; y, en fin, cómo terminó sus días en tierra extranjera. Escribe el historiador:

Han Fei descendía de nobles del reino de Han. Le gustaban las teorías sobre «los nombres y las formas1», sobre «la ley y el método para bien servirse de los hombres». Pero su pensamiento hundía sus raíces en el taoísmo Huang-Lao.

Era tartamudo, incapaz de exponer ideas verbalmente; de ahí que prefiriera escribir. Estudió bajo el maestro Xun Qing2 y tuvo de compañero a Li Si3, quien se consideraba inferior a él.

Han Fei, viendo que su reino, Han, se iba debilitando y disminuyendo de tamaño, escribió una gran cantidad de sugerencias a su rey, pero este no las aplicaba. Con ira contempló cómo se gobernaba sin volcarse en mejorar el sistema legal y en poner claras las leyes; sin emplear con firmeza la autoridad para mandar correctamente sobre los ministros, consejeros y demás subordinados; sin conseguir que el reino fuera próspero y el ejército poderoso; sin seleccionar a las personas por sus capacidades y por sus méritos personales, antes bien, veía que se elegía a gente disoluta y variable, a parásitos, muy por delante de aquellos que de verdad valían y eran buenos servidores.

Consideraba que los letrados, por un lado, con sus textos, causaban el caos en la legislación, y, por otro, que los caballeros andantes, con sus armas, se saltaban toda prohibición. Que, en tiempos de prosperidad, se enaltecía y favorecía a los hombres de mejor fama y reputación, mientras que, cuando llegaban tiempos de peligro, se recurría a los caballeros contratados armados. Que, en aquellos días, se cuidaba mucho a los que no eran realmente útiles y que no eran bien cuidados ni empleados aquellos que sí lo eran. Sufría al ver que los hombres rectos y valiosos no pudieran abrirse paso entre los ministros depravados y malvados. Analizó profundamente la Historia y sus vaivenes, las victorias y las derrotas de unos y de otros, y entonces escribió Desde la soledad y la ira, Los cinco parásitos, Los peligros de dentro, Un bosque de historias, Las dificultades de ser consejero, más de diez mil ideogramas. […]4

Han Fei conoció ciertamente bien las dificultades de ser consejero, pues no solo las describió perfectamente en su texto así titulado, sino también las sufrió: murió en el reino de Qin5.

Alguien llevó al rey de Qin sus escritos. Cuando este leyó «Desde la soledad y la ira» y «Los cinco parásitos», exclamó:

—¡Qué lástima no haber podido conocerlo en vida! Me habría gustado tener trato frecuente con él. Uno podría morir tranquilo de haberle conocido.

—Majestad, el autor de los textos se llama Han Fei —dijo el ministro Li Si.

He ahí la razón de que, muy poco después, el reino de Qin atacara al reino de Han.

Han Fei fue primero ignorado por su rey, pero después, cuando este vio que se le venía encima una crisis, le envió de emisario al reino de Qin. Al rey de Qin le gustó mucho Han Fei. Cuando dos de sus mayores ministros lo vieron, de nombres Li Si y Yao Jia, y aunque Han Fei aún no había sido formalmente empleado al servicio del rey, tramaron eliminarlo y lanzaron infamias contra él ante el rey, diciendo:

—Han Fei es una persona que pertenece a otra familia real. Su Majestad está planeando invadir todos los reinos. Así que lo natural en Han Fei será que vaya a favor de su propio reino y no del vuestro. Si su Majestad lo tiene aquí un tiempo y luego lo envía de regreso al reino de Han, estará lanzando piedras contra su propio tejado. Mejor sería acusarlo de alguna infracción de la ley y castigarlo.

El rey de Qin siguió aquel consejo y nombró personal para juzgar a Han Fei. Li Si envió un emisario para que llevara veneno a Han Fei y le empujara al suicidio. Han Fei expresó su deseo de defenderse personalmente, pero no obtuvo audiencia.

El rey de Qin se arrepintió y envió un emisario con un indulto, pero, cuando llegó, Han Fei ya estaba muerto6.

Hay más capítulos de Historia general que vuelven sobre la vida de Han Fei. Aunque son menciones mucho más breves, ofrecen información nueva y dan una interpretación diferente de los sucesos. Así, el capítulo 6 relata que Han Fei fue enviado por su propio rey al reino enemigo de Qin, porque temía una invasión por parte de este y con una intención secreta: averiguar y «planear cómo debilitar al reino de Qin (谋弱秦7)». La «visita» y presencia en la corte de Qin de nuestro filósofo habría estado envuelta, por lo tanto, en una estrategia político-militar: aparentar servir para aprender cómo eliminar. El objetivo de Han Fei habría sido, en otras palabras, el de espiar. En el mismo capítulo leemos que, quizá por haber desenmascarado el plan de espionaje o quizá por temer simplemente que un pensador tan brillante pudiera ponerse al servicio de algún reino enemigo, el ministro Li Si aconsejó a su rey llevar a cabo otro plan: retenerlo y ejecutarlo. El texto histórico dice así escuetamente: «mantuvo consigo a Han Fei, quien murió en Yunyang».

¿A qué fue de verdad Han Fei al reino de Qin? ¿Fue buscando un monarca que le hiciera caso (como era costumbre entonces), porque estaba hastiado de ser desatendido y de ver cómo su propio reino se dirigía a la perdición? ¿Deseaba simplemente un puesto y un sueldo en una corte que a todas luces se iba fortaleciendo y engrandeciendo mientras que su reino se empequeñecía y debilitaba? ¿O fue, por el contrario, con una misión secreta muy distinta: descubrir los puntos flacos del mayor enemigo de su reino para poder eliminarlo?

Las últimas líneas de otro capítulo de Historia general arrojan una nueva pista sobre el asunto; dicen así: «en el quinto año de Wangan, el reino de Qin atacó al reino de Han, cuyo monarca, inquieto, envió a Han Fei al reino de Qin. El monarca de Qin mantuvo consigo a Han Fei, luego le dio muerte»8. En otras palabras: ante la crítica situación de un ataque de Qin, el monarca de Han habría enviado a Han Fei al enemigo con la auténtica intención de salvar el reino. ¿Fue así? Si conectamos lo recién leído con lo que Han Fei aconsejó al monarca de Qin en su primera audiencia9, seguramente asistiremos a un aumento de verosimilitud de la tesis del filósofo-espía que solo buscaba salvar su propio reino10. La situación pudo ser la siguiente: el rey de Qin estaba planeando atacar a todos los reinos y derrotarlos militarmente. Han Fei, sabiéndolo, le propuso en la susodicha audiencia (p. XXVI infra) que comenzara por atacar otros reinos antes que el suyo, de suerte que, merced a su plan, iría salvando a su país de la invasión inmediata, iría, al menos, ganando tiempo. ¿Fue descubierta su estrategia? ¿Fue lo que le acarreó la muerte? Lo ignoramos. Lo que sabemos es que, si el rey de Qin hubiera seguido sus consejos, Han Fei habría conseguido salvar de la invasión a su propio país, pero no fue así: tres años después de la muerte del pensador, en 230 a.C., su rey sería capturado por el ejército de Qin y su reino, invadido y transformado en una nueva comandancia, que recibió el nombre de Yinzhou.

Nuestro filósofo murió sin haber tenido contacto personal con ninguno de los otros grandes pensadores que la historiografía china posterior agrupó en torno al concepto de ley: Shen Buhai (420-337 a.C.), Shen Dao (c. 350-275 a.C.) y, sobre todo, Shang Yang († 338 a.C.). Todos ellos y muchos más, defensores de ideologías distintas entre sí y a menudo opuestas, formaban parte de un nuevo grupo social que se fue constituyendo y definiendo durante el período llamado «Reinos Combatientes»; período que abarcó desde 481 a.C. hasta 221 a.C., año en el que, tras siglos de guerras intestinas entre diversos reinos, quedó reunificado el territorio bajo un solo mando político, religioso y militar: el mando del Primer Emperador de la —recién fundada— dinastía Qin, que subió al trono en el año 221 a.C. y a quien, antes de ser el Emperador de todos, Han Fei dirigió en persona numerosos textos y peticiones, como ya hemos visto. Así, pues, en 221 a.C., el territorio que había sido uno bajo los reyes de la casa de Zhou muchos siglos atrás y que había atravesado un terrible proceso de progresiva subdivisión en ciudades y reinos independientes en guerra desde 771 a.C., volvía a quedar reunificado bajo un solo poder ahora en 221 a.C. Tal vaivén entre unidad y desunión es uno de los pocos rasgos que definen la civilización china a lo largo de toda su historia. Desde la primera dinastía hasta el día de hoy ha sido así.

Regresemos al pasado. Han Fei pertenecía a aquel nuevo grupo social que nació para cubrir una determinada necesidad sociopolítica que se fue configurando durante los dos siglos y medio que acabamos de describir muy someramente (volvemos sobre ello más abajo, p. XXIII infra). Dicho grupo recibe el nombre de shi (士). Los shi, como apunta Cho-yun Hsu, «eran una clase de hombres semejante a la de los samuráis del Japón medieval. Sirviendo en principio como soldados, a menudo itinerantes, hacia finales de Primavera y Otoño se transformaron en una élite cultural y social distinta»11. Así, en tiempos de Han Fei, los shi eran un grupo constituido por los aristócratas menores de las grandes familias; su surgimiento y evolución puede resumirse como sigue.

En Primavera y Otoño, cada pequeño principado o reino, y había cientos12 (que a su vez habían sido «miles» antes, según C. K. Chang13), estaba gobernado por los aristócratas que habían recibido, años y siglos atrás, la propiedad del reino de manos del rey y que habían transmitido el poder por línea familiar, de generación en generación. Aquellos aristócratas habían organizado la sucesión política por medio de un sistema patrilineal hereditario, que se denomina en chino zongfa (宗法). El primer pictograma representaba en los textos de la dinastía Zhou (también de la Shang14), un edificio techado en cuyo interior lo único que hay es un altar, el altar donde se hacían las ofrendas a los dioses y a los ancestros divinizados. El segundo ideograma significa «sistema, norma, método, ley». Globalmente, el concepto significaba «sistema de linaje hereditario» y se refería al sistema que se basaba en la línea de descendencia familiar para decidir quién debía ocupar el más alto cargo político y religioso y, también, los cargos siguientes en importancia y poder. Los nobles regían las esferas política, económica, militar y cultural de cada territorio. Pero —como veremos con detalle más abajo— aquellos linajes aristocráticos fueron desapareciendo.

Las dos causas principales que explican dicha desaparición son las sangrientas luchas y batallas internas que constantemente surgían entre ellos y los diezmaban15, por una parte, y la aparición de nuevas necesidades administrativas en los nuevos reinos, por otra. En Primavera y Otoño, los reinos, que eran muchos y pequeños, se fueron reduciendo en cantidad y aumentando en tamaño a medida que los unos se apoderaban de los otros, de suerte que a comienzos de Reinos Combatientes ya apenas existían una docena de reinos cuya extensión territorial y cuya cantidad de población eran notablemente grandes. Para administrarlos, para que las órdenes del monarca en cuestión fueran correctamente cumplidas en cada zona y cada aldea, en cada rincón y cada valle, hubo que recurrir a contratar a personas capacitadas para ello: a los shi.

De modo que el nuevo grupo social al que perteneció Han Fei vino a cubrir el vacío que nació cuando los reinos no solo crecieron en tamaño y población sino también dejaron de ser gobernados estrictamente por una aristocracia hereditaria. Los shi, que eran normalmente miembros de las zonas menos nobles de las familias aristocráticas (recuérdese que Han Fei descendía de nobles del reino en que nació), habían tenido acceso a la educación y, en consecuencia, estaban en disposición de ofrecer sus servicios de dos maneras: en calidad de consejeros intelectuales y en calidad de grandes gestores de los reinos, gestores con ideas propias. Por lo tanto, aunaban la formación teórica y la práctica. Eran intelectuales y administradores. Eran pensadores, pero también políticos16. Eran filósofos-políticos.

No en todos ellos ambas facetas presentaban la misma importancia. En unos, como Confucio, destacó el lado intelectual, pues si bien aportó un caudal de valía inestimable en lo intelectual (cuya influencia dura hasta hoy y se expandió por numerosos territorios de Asia Oriental), en lo político nunca tuvo ninguna relevancia directa y personal, pues nunca ocupó ningún cargo de poder importante o duradero. En otros, como Ximen Bao (magistrado en el reino de Wei hacia 430 a.C.), destacó su lado político y gestor; prueba de ello son lo efectivo de sus enormes proyectos de construcción de canales para regadío17. En otros, finalmente, como Li Kui (fue ministro en el reino de Wei hacia 445 a.C.), se amalgaman tanto las dotes de pensador como las de gestor. Li Kui no solo escribió el Libro de las leyes (法经), del que nos han llegado fragmentos citados en obras muy posteriores, sino también llevó a cabo una crucial reforma agraria que reorganizó totalmente la sociedad del reino de Wei: convirtió a la familia en la unidad social de producción fundamental, le adjudicó una finca y le ofreció guía y consejo para que sacara el máximo partido a su trabajo, beneficiando así al máximo también las arcas del Estado sin deteriorar las condiciones de vida del campesinado. Su exitosa política de economía agraria se extendió y convirtió, según M. E. Lewis, en «el fundamento económico de la política durante todo el período de los Reinos Combatientes»18.

A los tres filósofos-políticos recién mencionados debemos añadir otros nombres por su gran importancia en la Historia universal del pensamiento. Debemos recordar a Mencio19, el primer gran discípulo de Confucio; al maestro Mo, fundador del moísmo20; al (o los) autores de El arte de la guerra21; a los maestros fundacionales del taoísmo, Lao Tse y Chuang Tse22 y, por no extender la lista infinitamente, a Yang Zhu23.

Dicho grupo de hombres se caracterizó también por haber nacido en estratos sociales muy diversos, por haberse hecho a sí mismos con su propio trabajo y esfuerzo y, en fin, por una gran libertad de movimientos entre reino y reino; lo cual estaba prohibido a otras capas sociales. Dicha libertad de movimientos les permitía ofrecer sus servicios a diversos reyes, según ellos mismos decidieran. No estaban controlados por los Estados, como le ocurría al campesinado. Y se presentaban ante cada rey como los posesores del modo de vencer a los demás reinos, de solucionar los graves problemas que sumían a aquella China en el baño de sangre más largo y fratricida de toda su larga Historia. Originaron en cierto modo la diplomacia en China, pues a veces acudían a un Estado en nombre del monarca de otro. Eran, en suma, personas que se mostraban y se consideraban «superiores» en cuanto a sus capacidades intelectuales, políticas y, a veces, también en cuanto a sus virtudes morales; todo lo cual los convertía en hombres valiosos para los monarcas de los reinos, siempre deseosos de saber cómo conquistar a los demás. Pero, al mismo tiempo, al no estar sujetos a ningún señor, al ir y venir cuando lo deseaban y donde querían, al actuar al servicio de un rey ahora y de otro después, resultaban igualmente peligrosos, pues si hoy estaban a favor, mañana podían estar en contra. Eran útiles, pero escurridizos. Y, además, tenían una clara y fuerte conciencia de su independencia, de su fuerza y de su pertenencia a un grupo cohesionado y distinto a los demás grupos sociales. Eran, sí, una suerte de élite hecha por sí misma, independiente e inteligente.

Seguramente para contrarrestar de algún modo el peligro del grupo al que él mismo pertenecía, Han Fei propuso por primera vez que la educación y la formación del pueblo dejaran de ser privadas y pasaran a ser controladas por el Estado. En el capítulo «Los cinco parásitos», defenderá que «los únicos maestros» sean «los oficiales de la ley» (p. 139 infra). Han Fei intuyó el riesgo que corría la estabilidad de cualquier reino en el que no se controlara estatalmente la formación del grupo social e intelectual al que él pertenecía y, también, del funcionariado y del pueblo en general.

¿Qué formación recibió o se procuró a sí mismo Han Fei? La biografía con que abrimos el presente epígrafe nos informa de que estudió con el maestro confuciano Xun, lo que no asegura de ninguna manera que fuera influenciado por este y sus ideas24. Sima Qian detalla que Han Fei gustó de estudiar varias disciplinas o, más exactamente, lo que podríamos llamar temas de debate o corrientes de discusión y pensamiento propias de la dinastía Zhou. Nos habla de un primer grupo cuyo estudio o teorías complacían a Han Fei, por un lado, y, por otro, de la corriente en la que realmente Han Fei hundía su pensamiento.

En el primer grupo, Sima Qian nombra el de «los nombres y las cosas», la ley y las maneras para que los monarcas se sirvan bien de sus subordinados en tareas administrativas y políticas. El tema de «los nombres y las cosas» se refiere a una discusión intelectual de aquellos tiempos que planteaba la cuestión de si existía correspondencia o no entre las palabras y las cosas por ellas designadas, entre los nombres y las realidades a las que los nombres se referían. En el ruedo político, tal cuestión se planteaba, por ejemplo, en los siguientes términos: ¿merecía llamarse rey al rey de los Zhou cuando ya no ejercía en absoluto de tal, cuando ya no era respetada su dignidad, cuando no gobernaba? He ahí la dimensión real de la disquisición filosófica sobre nombres y realidades, palabras y cosas25. El lector comprobará que Han Fei se servirá de esta teoría para descubrir falacias en las palabras de los que rodearan a los monarcas, especialmente para descubrir desajustes entre lo que los ministros prometían cumplir y luego cumplían de verdad, o no.

Sima Qian menciona otros dos temas cuyo estudio gustaba a nuestro pensador, la ley y las técnicas de gobierno. Nada nuevo podemos añadir que no vaya a exponer el propio Han Fei al respecto. Sí conviene que expliquemos algo sobre aquella corriente en la que la de Han Fei se fundaba más que en ninguna, siendo la auténtica raíz y fundamento de su pensamiento. Sima Qian la llama «el taoísmo Huang-Lao», que era la forma que había adquirido el taoísmo —una religión que, como muchas, tenía un importante aspecto filosófico— en una de sus fases de crecimiento, expansión y diversificación de escuelas, típica de finales de Reinos Combatientes y de la dinastía Han anterior.

No es este el lugar para extenderse sobre las particularidades de dicha rama del taoísmo26. Seguramente su mayor novedad consiste en haber planteado con profundidad la cuestión de cómo es posible un gobierno del mundo que tenga en cuenta la realidad del Tao. Dicha rama del taoísmo resultaba muy cercana a las preocupaciones de Han Fei, quien hizo con el taoísmo Huang-Lao lo mismo que con otras ideas que recibía de otros: la adaptó a su marco conceptual según le conviniera.

Varias cosas tomó Han Fei del taoísmo. La primera y principal es seguramente la teoría del hacer no haciendo (wu-wei), que propuso como fundamento de la actitud que debía tener el monarca ante cualquier decisión de gobierno que hubiera de tomar (cap. 5 infra). El monarca, dirá Han Fei, debe obrar no obrando a la hora de escuchar las propuestas políticas de sus consejeros y ministros, de tal modo que no deberá actuar proponiendo él planes de gobierno, sino que deberá esperar, quieto y callado, sin obrar, a que los ministros los propongan y, una vez oídos estos, deberá, según lo estipulado en la Ley, premiarles si lograron lo que prometieron en sus planes y castigarles en caso contrario.

En segundo lugar, Han Fei hace suya la aplicación de la máxima del «obrar no obrando» cuando pide al monarca que, desde la quietud del hacer no haciendo, analice más allá de lo visible y comprenda con profundidad psicológica las causas profundas que cada consejero tiene para proponer tal o cual política y, así, con tal inteligencia de un nivel superior, saber si el consejero busca el bien del rey y del reino o el suyo propio.

En un nivel más profundo, en fin, también sigue Han Fei la idea de que la Ley ha de ser al mundo político humano lo que es el Tao al universo, es decir, el origen del orden. La Ley no sería sino una extensión del Tao primigenio en el sentido de que es un mecanismo que mantiene el orden cósmico que instaura el propio Tao. Así como el Tao es el orden de Todo, la ley es el orden del reino.

Como muchos otros filósofos-políticos, Han Fei escribió una notable cantidad de textos. Largos unos y breves otros, quedaron recopilados en una obra titulada Libro del maestro Han Fei (Han feizi, 韩非子). La mayoría de dichos textos se debe a su puño y letra, quizá todos. Su lectura completa arroja la idea de haber sido escritos por una mente excepcional. Primero, por su extensísimo y profundo conocimiento de la Historia política de la China anterior y coetánea a él. Segundo, por su honda y fina penetración en la psicología humana en tanto en cuanto planifica su arte de la política en función de la psicología profunda de los hombres (sus deseos y aborrecimientos profundos, de sus pulsiones internas). Tercero, por el certero análisis que realizó de la auténtica, profunda e invisible (para muchos) raíz del mal y origen del caos sociopolítico que le tocó vivir. Cuarto y último, por su gran determinación para salvar a su patria de la autodestrucción y para lograr la paz y la estabilidad para un pueblo al que, según dejó dicho, amaba. Para conseguirlo, dedicó casi todos sus textos —si no todos— a aconsejar a los monarcas cómo ser buenos monarcas, es decir, cómo mandar sobre Todo y todos y cómo traer la paz y la estabilidad al pueblo, al reino, al mundo.

2. El contexto

Han Fei vivió en los últimos años de la larga dinastía Zhou (1080-221 a.C.). La época concreta que le tocó en suerte recibió el revelador y terrible nombre de Reinos Combatientes y abarcó doscientos sesenta años (481-221 a.C.), los años más largamente fratricidas de la Historia de China, pues enfrentaron a guerra sin cuartel a una población que había pertenecido mayoritariamente —y aún pertenecía— a un mismo reino y a un mismo rey durante casi tres siglos. La dinastía había sido fundada por el rey Wu cuando ascendió al trono tras haber vencido en la batalla de Muye al ejército de la casa de Shang y cuando se apoderó de su capital. Aquella victoria, narrada en mitos y cantada en poemas27, ocurrió en 1080 a.C., año que la historiografía ha fijado para marcar el inicio del reinado de los reyes de la dinastía Zhou.

Los muchos siglos de dicho reinado atravesaron tantos cambios y tan profundos que quedaron divididos en dos períodos muy diferentes. El primero recibe el nombre de «Zhou Occidentales»28, pues la capital del reino —llamada Feng-Hao— se ubicaba al Occidente del territorio dominado por los Zhou. El segundo se llama «Zhou Orientales» por un motivo semejante: se trasladó la capital más al Oriente por motivos estratégicos y se ubicó en Luoyi en 770. Comprender cómo era el mundo durante la primera parte de la dinastía es utilísimo para comprender a Han Fei.

La guerra que partió en dos la dinastía fue lanzada desde dentro del reino, pero contó también con la ayuda de fuerzas militares externas: fue desatada contra el rey You (reinado 781-771 a.C.) por parte de las fuerzas conjuntas de varios Estados que pertenecían al territorio del rey y de tribus, llamadas quan rong29, cuyas tierras se situaban fuera del control de los Zhou. Aquel territorio unido que había vivido en paz interna y estaba compuesto por cientos de ciudades y ciudadelas dejaba de estarlo. La estructura caracterizada por una total simbiosis entre el poder político y la autoridad religiosa de todos, se venía abajo. Los sucesivos reyes que habían servido de cabeza y conferido unidad a la familia real en sus ya numerosas ramificaciones, que había servido de columna vertebral para la unidad política del reino y que había servido de principal representante del pueblo todo y de primer celebrante de los importantes rituales religiosos que protegían a toda la población conjuntamente, dejaban de serlo30. Los más importantes poderes, es decir, el político, el militar y el religioso-ritual, dejaban de estar en manos del rey, único y soberano. El rey ya no era rey. Había dejado de serlo de todos. Un gran rey dejó paso a muchos monarcas pequeños.

Los Estados se fueron independizando progresivamente. Cada uno comenzó a tener su príncipe, su monarca, su señor. El nombre importa poco. Importa más el saber que todos iban dejando de tener lazos de sangre y obediencia a la Casa real. El sistema que había regido el mundo y mantenido la unidad era el ya explicado sistema de linaje hereditario. En dicho sistema, el señor supremo del reino no era otro que el rey, quien había recibido del Cielo el llamado «mandato del Cielo» de reinar y gobernar, y que, por tanto, estaba investido no solo de poder político sino también divino, religioso. Entre las tareas de gobierno más importantes destacaban las de orden religioso y ritual, con las que el rey —y solo él— canalizaba la ayuda de los dioses a favor del bienestar del pueblo entero (y sus familiares a la cabeza de cada territorio menor hacían otro tanto en representación del rey)31. La institución de la Corona se transmitía y gobernaba hereditariamente. A su vez, los reyes fueron entregando a algunos familiares determinadas ciudades o ciudadelas, sobre todo, aquellas que se localizaban en las fronteras con pueblos no Zhou con una intención estratégica. Se trataba de poner en manos de confianza las fronteras del reino, para que estuviera siempre bien protegido32. Pero el sistema se terminó por derrumbar cuando esas mismas ciudades y ciudadelas se independizaron tras la guerra en el año 770 a.C. a la que nos hemos referido. El rey fue recluido entonces en un pequeño territorio y despojado de su poder fáctico. La capital, en otro lugar, era ahora Luoyi. Nació un mundo nuevo.

A partir de entonces, comenzó el período de Zhou Orientales. Se dio un proceso que tendía a la disminución de la cantidad de Estados y al aumento consiguiente del tamaño, de modo que hacia el año 707 a.C. destacaban quince Estados más grandes y poderosos que los demás. A finales de Primavera y Otoño (476 a.C.), aunque los reinos rondaban los cien, solo había unos catorce Estados realmente grandes y fuertes33. Y, más adelante, los verdaderamente poderosos ya eran solamente cuatro: los reinos de Jin, Chu, Qi y Qin. Nació entonces un sistema de equilibrio entre estos y los demás, entre todos ellos, que reemplazó al sistema real precedente (al sistema de linaje hereditario), un sistema que en chino recibió el nombre de ba (霸). El término en sí significaba «la persona más adulta de todas en un grupo determinado». En contextos políticos, se refería a alguien que ostentaba los máximos poderes, a un césar, a un caudillo; por extensión, dio nombre a un sistema particular de relaciones políticas interestatales de liderato que se definía por tres rasgos fundamentales: ser temporal, no hereditario y transferible. Tal sistema pareció apropiado a aquellos Estados que deseaban, por una parte, mantener la propia independencia ante los demás, pero, por otra, anhelaban también que uno de ellos desempeñara las funciones que el rey ya no desempeñaba, es decir, que actuara a modo de único jefe y dirigente, salvaguardando la civilización, propiciando el equilibrio y la concordia comunes y asegurando también la defensa frente a etnias y reinos colindantes que no habían pertenecido nunca a la dinastía Zhou, como el poderoso y vasto reino de Chu, o los menos grandes de Yu o Yue, todos ellos situados en la frontera sur.

El sistema de liderato temporal creó, de facto, una confederación política de Estados independientes dentro de una monarquía en la que el rey solo reinaba el minúsculo territorio al que se le había recluido. Dicho sistema instauró una coalición entre reinos fuertemente ligados por la historia, la cultura, la política y la religión que deseaban encontrar el equilibrio entre la independencia individual y el apoyo mutuo. El primer Estado cuyo monarca ocupó el liderato fue el Estado de Zheng en 707 a.C.; luego lo ocupó el Estado de Qi cuando su rey Huan logró el liderato, aunque durante muy poco tiempo. Luego sería el muy fuerte y poderoso Estado de Jin quien dirigiera la coalición a partir de 636 a.C. con un liderato que duró tres generaciones de reyes. Conviene recordar que los períodos de liderato no se sucedieron con total continuidad, antes bien, entre liderato y liderato reconocido hubo décadas sin jefe de la coalición, décadas en las que algunos Estados se ocuparon en guerrear entre sí y en organizar la defensa ante los agresivos y constantes, aunque intermitentes, ataques de potentes reinos exteriores, como el de Chu, cuya guerra comenzó hacia 633 a.C. y duraría hasta 574 a.C. con lapsos de paz.

Pero, al igual que el sistema de sucesión familiar se había derrumbado, se derrumbó ahora el de liderato temporal; lo cual sucedió, ya de manera irreversible, en 481 a.C. Una de las consecuencias del fracaso de dicho sistema de liderato temporal fue el resquebrajamiento del más poderoso de los reinos de entonces: el reino de Jin se subdividió en tres reinos enfrentados y se desató la guerra sin cuartel de todos contra todos, que comenzó en 453 a.C. Con el desmembramiento del reino de Jin se perdió por completo la posibilidad de que el reino recuperara la armonía, la paz y la unidad en todo el territorio. Cada reino quiso apoderarse de los demás para ocupar el trono a solas. Abandonado el sistema de liderato temporal, el nuevo sistema consistía en organizarse para vencer militarmente a todos los demás y coronarse monarca único y supremo de todo. El nuevo orden era la guerra.

Así comenzó el período de Reinos Combatientes, el período en que vivió Han Fei, el período en el que nos detendremos en las líneas siguientes, porque fue la hiriente realidad cuya salvación procuraron los grandes pensadores, los políticos y los militares con sus teorías, divergentes unas veces y convergentes otras. Han Fei no fue ninguna excepción. Sabía que el mundo se había venido abajo y el viejo orden había sucumbido. Sabía que debía idear nuevos mecanismos. Propuso por ello nuevas ideas y reformuló ideas anteriores con la intención de solucionar el caos que lo inundaba todo. Aunque fuera luego tachada por muchos de cruel, de totalitaria y de inhumana, su propuesta de gobierno fue hecha «no por odio, sino por amor» al pueblo, con la única intención de restaurar la paz en el mundo, como él mismo dejó escrito (p. 177 infra)34. Muchos otros pensadores hicieron lo mismo, esto es, proponer modos y maneras, a cada cual más original y diversa, de salvar el mundo, de salir de aquel baño de sangre y guerra sin cuartel en que hubieron de vivir. Estamos en el período más original e influyente del pensamiento chino de toda su Historia. Son los siglos en los que nace Confucio y su corriente, el taoísmo, el moísmo, la Escuela de los Nombres, la Escuela de la Agricultura, Yang Zhu, los cosmólogos del Yin y el Yang, los militaristas del Arte de la guerra y, por supuesto, los legistas, cuya mentalidad halló la más clara, ordenada y original expresión en los textos de Han Fei. Karl Jaspers, como es bien sabido, llamó «Era axial» a aquellos tiempos.

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Como acabamos de ver, las teorías de Han Fei, de sus maestros y de otros pensadores y políticos no fueron sino la reacción del estamento social de los filósofos-políticos al caos imperante, una reacción que se transmitió a modo de propuestas de tipo intelectual, pero no solo: los filósofos-políticos también impulsaron políticas realistas, aplicables, efectivas. De ahí que en Reinos Combatientes no solo nacieran y se afianzaran ideologías, sino también muchas de las instituciones, de las estructuras que constituyeron luego el fundamento del imperio chino durante más de dos mil años35. Las reformas que condujeron a la creación de nuevas instituciones, a la aplicación de políticas nunca vistas que describiremos a continuación, fueron apareciendo espontáneamente en unos reinos primero, en otros después, en unos con mayor importancia y en otros con ninguna. Cada reino evolucionó a su ritmo y lo que era verdad para uno podía no serlo para todos los demás en el mismo momento. Las políticas surgían en un reino simplemente porque un hombre las impulsaba; se aplicaban en él y, quizá, años después, comenzaban a aplicarse en otro distinto cuando en el primero ya se habían superado y se aplicaban otras o había desaparecido, el reino entero, invadido por otro reino. A pesar de tamaña falta de simultaneidad y de coordinado y común impulso, Reinos Combatientes es un período en el que no falta una tendencia general y común: la tendencia y el deseo de reunificación; la cual se conseguiría cuando el reino de Qin acabó por vencer y conquistar a todos los demás; llegó, igualmente, cuando su rey impuso a todo el territorio ya bajo su mando su sistema político. Llegó, en fin, cuando uniformó todo lo que pudo y cuanto se pudo en su territorio: lengua, pesos, medidas, moneda, pensamiento36. La clave de la victoria —una de ellas, quizá la principal— del reino de Qin se halló en que había estado aplicando una política de mentalidad legista durante más de cien años, desde las primeras reformas de Shang Yang hasta las últimas de Han Fei y del primer ministro de la recién fundada dinastía Qin que fue Li Si37.

La creación de nuevas instituciones comportó novedades en el ámbito económico muy diversas. La principal fue sin duda la importancia crucial que adquirió la agricultura para la estructura económica de cada Estado. En la raíz de tal novedad se encuentra el hierro38. En efecto, se desarrolló y perfeccionó tanto su producción como su trabajado (que ya habían comenzado siglos atrás), lo que permitió descubrir nuevas aplicaciones de dicho metal, que, a su vez, revolucionaron la fabricación del armamento de guerra y de las herramientas para la agricultura. Dichos avances se sumaron a las notables innovaciones en materia de obras públicas agrarias, como la construcción de grandes regadíos. Así, la agricultura se convirtió en la clave económica de los reinos y, con ella, el campesinado; ambos pasaron a ser la columna vertebral productiva de todo reino. El eje de toda economía.

En el ámbito social, la primera novedad radicó en el nacimiento de nuevos grupos sociales que influyeron notablemente en el ruedo político. Uno de ellos, como veíamos anteriormente, fue el de los políticos-letrados, al que pertenecía Han Fei. Otros dos grupos destacables son el de los caballeros andantes y el de los comerciantes y manufactureros. Como señala Léon Vandermeersch, los «caballeros andantes» (xia, 侠, también llamados por Han Fei «guerreros independientes», wu, 武) eran hombres armados que defendían la antigua moral de la primera parte de la dinastía Zhou39 y que no se sometían a ninguna ley ni normativa de ningún reino. Al carecer de residencia fija, resultaban incontrolables. Tenían una idiosincrasia tan marcada y unitaria, tan distintos eran de todo grupo social, que el gran historiador Sima Qian les dedicó un capítulo entero en Historia general, el 124, donde repasa sus figuras más egregias, sus particularidades más notables y sus hazañas más memorables. Incontrolables, armados e irreverentes con la autoridad, Han Fei los consideraba enemigos del orden, nocivos para el Estado y la sociedad. Hombres de armas eran, pero de armas no puestas al servicio del ejército del monarca sino al servicio de sí mismos, de sus ideales e intereses. Nada bueno aportaban al Estado. De ahí que Han Fei tuviera tan mala opinión de ellos, como verá el lector en el capítulo titulado «Los cinco parásitos» (p. 139 infra) y en otras muchas partes de sus escritos.

Decíamos que surgió también el grupo social de los artesanos y, con ellos, se desarrolló en todos los reinos su actividad principal: el comercio. La actividad comercial estuvo ligada a la también novedosa producción de objetos lujosos. La mayoría consistían en objetos de bronce o jade, pero también objetos lacados y decorados milimétrica y primorosamente, como preciosas cajitas de laca o fundas de espada. Conviene destacar también el notable desarrollo de la cerámica, con la que se pasó a comerciar en grandes cantidades y a fabricarse ya vidriada. Finalmente, nuevo objeto de producción y comercio también lo fueron las telas finas y delicadas con tinturas de plantas. El artesano se diferenciaba totalmente del campesino tanto en lo social como en lo económico. Frente a este, era un grupo que, como el de los caballeros andantes, escapaba a la tutela y el control del Estado, pues vivía del viaje de lugar a lugar, de reino a reino. Como mostró L. Vandermeersch40, el artesanado engendró el comercio y un nuevo mercado que estaba compuesto por las manufacturas que el propio artesanado hacía y que atrajeron poderosamente la atención y el dinero de la aristocracia política y militar de cada ciudad y de cada reino.

Pero el comercio engendró algo más. Quizá lo más importante para el presente Estudio radique en un factor psicológico, en cómo la mentalidad de los comerciantes modificó la psicología política. Como muestra el recién citado sinólogo, los comerciantes eran gente arriesgada que viajaba con sus mercancías por una China en constantes e imprevistas guerras. La audacia los llevaba a desear el poder y el dinero y a tratar siempre de «reconciliar a los grandes señores» (Vandermeersch) para obtener beneficios económicos. Todo lo cual los llevó a intervenir progresivamente en política en busca de una paz que les permitiera la venta y la ganancia. A título de ejemplo, conviene recordar que una de las intervenciones más llamativas fue aquella en la que grandes comerciantes consiguieron detener una invasión que había ya iniciado el reino de Qin contra el de Zheng41.