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David Asensio asienta, en 'Liderazgo Canalla', las bases de un nuevo estilo de liderazgo personal y empresarial basado en la disrupción, la autenticidad, la responsabilidad, la creatividad y los valores, y que cuestiona el actual status quo imperante en la sociedad y el mundo del management actuales. Para ello se sirve de su propia experiencia personal y profesional, y de las más de 250 entrevistas que ha realizado a personalidades nacionales e internacionales que han triunfado en su ámbito de actividad, desde Jordan Belfort, pasando por Mario Alonso Puig, Pilar Jericó, los cocineros David Muñoz o Ferrán Adrià, entre otros. En ellas, los entrevistados nos muestran el lado "menos bonito" del éxito y de qué manera llegaron a él, sus comienzos, los miedos y retos que han tenido que superar en el camino y sus experiencias más inspiradoras. Gracias a este estudio en profundidad, David Asensio, se dio cuenta de que las personas que conseguían eso que todos buscamos como locos, que se llama felicidad y éxito, tenían características en común. Características que ha ido desgranando a lo largo del libro para que podamos aprender y aplicarnos a nosotros mismos en nuestro día a día. Si quieres conectar con el líder que hay dentro de ti, este es sin duda tu libro.
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Veröffentlichungsjahr: 2017
David Asensio
Liderazgo
Canalla
Libera tu lado más rebelde
Primera edición: Barcelona, enero 2017
© David Asensio
© Editorial Versos y Reversos
Manuel de Falla, 26, planta 5 puerta 3
08034 Barcelona
www.versosyreversos.com
Contacto comercial:
Ester Ramos
ISBN: 978-84-946039-4-5
Depósito Legal: B 2940-2017
Diseño gráfico:
La Gràfica 210 www.lagrafica210.com
Impresión y encuadernación:
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31620 Huarte (Navarra)
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Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, cualquiera que sea su medio (mecánico, electrónico, por fotocopia, etc) sin la autorización expesa de los titulares del copyright.
Gracias por enseñarme que quizás el truco sea entregarse como si nunca fuera a doler. A la vida, al amor, al sexo, a los sueños, incluso entregarse a uno mismo. Como si fueran a prohibirlo todo mañana. Gracias, siempre te querré.
Agradecimientos
Siempre a aquél 2 de diciembre de 2010. Fue el principio del comienzo.
Gracias a mis padres por darme unos valores que nunca olvidaré.
Gracias a mis hermanas Laura y Bea por serlo.
A mis cuñados Julio y Luis, por vuestra complicidad y apoyo en todo momento.
A mis sobrinos Nicolás, Gabriel y Martina. Vosotros me habéis sacado una sonrisa en todo momento. Ser Canallas siempre.
A mis mentores: Ecequiel, mira lo que tienes entre manos, tú eres un buen culpable de ello. Eres luz, eres dios, eres grande. A ti, Paco, tener la oportunidad de aprender de ti en todo momento, es el mejor de los Másters que un ser humano puede realizar. Lotfi, gracias siempre por tus consejos, por meterme el «dedo en el ojo» dónde y cuándo había que meterlo. Santiago Álvarez de Mon, que me consideres tu colega, que me digas que aprendes de mí, para mí no hay palabras para expresar mi emoción y mi gratitud. Mario Alonso, gracias a tus libros, nunca olvido que AHORA YO.
A ti Raquel. Gracias por llevarme al precipicio y mostrarme las escaleras hacia otro nivel, cada hora contigo son segundos de felicidad, aprendizaje y superación. Eres una maestra para muchos.
A Gema, por estar desde el principio del comienzo. El rubio siempre estará a tu lado.
A cada uno de los 250 entrevistados que se encuentran en el blog. Todos tienen una cosa en común, llevan una vida canalla. La vida que todos deseamos.
A Eva, mi entrenadora, la que me ha escuchado en muchos momentos, la que me ha abrazado cuando no tenía esos abrazos que tanto deseaba, la que se alegra por mis éxitos, alegrías y retos. Pero también la que se alegra viéndome sufrir, sudando.
A mi petarda favorita, Begoña. Gracias siempre por meterme la mecha cuando lo necesitaba.
A mis tíos Javi y Charo, gracias por ser increíbles.
A todos y cada uno de los lectores del blog. Todo esto no sería nada sin vosotros. Gracias.
No sé si me habré olvidado de alguien, si es así, Perdón y Gracias.
Empieza la revolución en tu vida, empieza la revolución canalla.
¿Estás preparado?
Prólogo
Conocí a David Asensio en una de mis visitas a Zaragoza. Haciendo honor a su noble tierra, la conversación con él fluyó de manera espontánea, franca, sincera. Tipo campechano y sencillo charlar con él nunca te deja indiferente. Posteriormente, también en su ciudad natal, me entrevistó para su popular blog. Ahí, en un encuentro inolvidable, por el aire de sus preguntas incisivas, por la profundidad de su escucha atenta y empática, por su facilidad para crear un ambiente distendido y grato, se fue mostrando el rostro de un ciudadano inquieto por la suerte de la sociedad, fue aflorando un estudioso inquieto y paciente del escurridizo fenómeno del liderazgo.
A diferencia de tantas personas atascadas en prejuicios ideológicos — buscan la información, su base empírica de trabajo, desde su interesada opinión — David se plantea honestamente una serie de interrogantes claves para entender la calidad de nuestras relaciones, de nuestra convivencia, y a partir de ellas intenta seguir las huellas de un liderazgo moral renovado, asentado sobre valores y principios que nos definen y dignifican.
Si por liderazgo entiendo el arte de influir en el comportamiento y estado de ánimo del otro, quienquiera que éste sea, la capacidad de comunicación se revela un rasgo esencial y distintivo. Entre las diferentes notas de una comunicación que propicia el encuentro de dos mentes, de dos corazones— al fin y al cabo comunicar es compartir— la autenticidad cobra una dimensión crucial. En la era del marketing, de las marcas — también personales–, de la imagen, donde todo ocurre muy deprisa y fugazmente, leer a un autor genuino, valiente, heterodoxo, libre, independiente, es un regalo que el lector agradece. Y ciertamente David lo es. Escribe como piensa, siente y actúa. Leerle es como tenerle en frente enfrascado en un diálogo fresco, honesto e imprevisible.
Su personalidad y forma de ser se derrama en todas y cada una de las páginas de Liderazgo canalla. A partir de algunas convicciones irrenunciables, si no, se traicionaría a sí mismo, bombardea a su interlocutor con interrogantes y dudas que van directamente al mentón del fenómeno analizado.
Esa es, en mi opinión, la mayor virtud del libro que sostiene en sus manos, estimado lector. En una era problemática y controvertida donde el protagonismo se desplaza hacia la multitud, hacia los colectivos, el autor de Liderazgo canalla invita a mirar dentro de la persona, reivindica el original que todo estamos llamados a ser, en lugar de prostituirnos en fotocopias estandarizadas.
Ya lo decía Don Miguel de Unamuno en un ensayo hermoso, Adentro. «¿Que no te entienden? Pues que te estudien o que te dejen, que nos ha de rebajar tu alma a sus entendederas.» A David Asensio se le acepta como es, o se le deja, porque él no está dispuesto a perderse en el pelotón de los mediocres. Le dejo en su estimulante y divertida compañía. Solo me resta agradecer al autor el privilegio de escribir este prólogo, tarea que realizo feliz después de haberme paseado por las ideas, propuestas e inquietudes de David.
Con seguridad estamos ante el primer libro de otros muchos que vendrán posteriormente. Enhorabuena, «canalla», a ver cuántos lectores tienen el coraje y lucidez de ser ellos mimos. Sería el mejor reconocimiento a la obra del autor.
Santiago Álvarez de Mon Noviembre de 2016
Partner in crime
Hablemos de algo en lo que todos coincidimos. Y es que en el mundo en el que vivimos está fallando algo. Si bien nuestra sociedad está muy avanzada en algunos aspectos, si bien gozamos de cotas de bienestar material que muchos años atrás eran inimaginables, todavía queda mucho margen de crecimiento y aprendizaje en muchos otros aspectos. Si deseamos pasar a un nuevo estadio evolutivo debemos hacer hincapié en el desarrollo de valores humanos que nos permitan progresar hacia un modelo de sociedad más equitativo donde no estén presentes las muchas desigualdades que todavía existen entre los ciudadanos y que contribuyan, de este modo, a hacer más satisfactorio nuestro paso por esta vida.
Pero, ¿podemos progresar de verdad si desde la responsabilidad de cada uno de los integrantes de nuestra sociedad no volvemos la mirada hacia nuestro interior y hacemos una revisión de los valores y creencias que nos han llevado hasta dónde estamos? Creo interesante, en este punto, hablar de empatía, de ética, de responsabilidad, de mirar al otro como igual e identificarnos también con su dolor, con sus retos y aspiraciones, con sus necesidades emocionales y afectivas. Existen consignas básicas que deberían estar al orden del día, como el respeto al otro, como no infligir dolor físico ni psicológico a los demás, pero a día de hoy y con demasiada frecuencia continúan existiendo estas actitudes. Es una lástima.
¿Cómo podemos realizar un cambio verdadero como seres humanos y como sociedad?
Pues comenzando ese cambio que queremos ver fuera en nosotros mismos. Todos los que deseamos profundamente que esta realidad cambie deberíamos comenzar por aprender a ser más empáticos y comenzar a dejar de lado juicios, prejuicios, odios, rencores y centrarnos en la mejora de nosotros mismos para luego mejorar nuestro entorno. Solamente en la medida en que nos redescubrimos a nosotros mismos, sabiendo cómo somos realmente, conociendo nuestros miedos, debilidades y puntos fuertes, podemos por ende conectar más humanamente con todo lo que nos rodea. En este sentido, quiero destacar el papel de los mentores, como David Asensio, que nos ayudan a iniciar ese camino de autodescubrimiento, de mejora personal y que nos muestran diferentes caminos para intentar ser la mejor versión de nosotros mismos. Si nosotros cambiamos ese pequeño mundo que nos rodea se transformará inevitablemente. Pero, sobre todo, nunca encerrándonos en la idea de que ya hemos alcanzado la propia sabiduría, sino trabajando con humildad cada día sabiendo que la vida es un proceso de aprendizaje permanente.
¿Pero cómo podemos ser personas más empáticas, más conectadas íntimamente a los demás?
No es tarea fácil, pero para desarrollar la empatía debemos estar dispuestos a ponernos en la piel de los demás, ser el otro por unos instantes y sentir lo que ellos sienten. Por lo común, las personas más empáticas suelen ser las que de algún modo se han visto envueltas en situaciones muy complicadas de gestionar, con una implicación emocional muy aguda y que han tenido que experimentar las dificultades en primera persona. Precisamente esa empatía, ese ponerse en el lugar del otro es lo que contribuye a crear un vínculo más íntimo con los demás porque somos capaces de comprender su sufrimiento, sus inquietudes y anhelos.
Otro aspecto importante es el de la propia gestión emocional. Sin advertirlo, irrumpen en nosotros emociones como la ira, como el odio, cuando se presentan diferentes situaciones o cuando entramos en conflicto con otras personas. Pero esas emociones que nos llenan de negatividad son nuestras, no tienen en realidad relación con las circunstancias externas u otras personas, sino que tienen que ver con aspectos de nosotros mismos que tenemos que resolver. Lo externo, sencillamente, es un espejo en el que vernos en los aspectos que debemos mejorar. Y esa responsabilidad es de la que habla David Asensio en este libro, lo que transmite en sus conferencias y en el día a día de nuestra labor al frente de Chocolate Rojo. Si no nos hacemos cargo de nuestras emociones, si no nos conocemos a nosotros mismos, siempre daremos la culpa de nuestros problemas y dificultades a los demás, a las circunstancias, a la vida, y nos negaremos a nosotros mismos la posibilidad de cambiar y de desarrollarnos.
No debemos olvidarnos tampoco de la comunicación, una parte esencial del propio desarrollo y de la buena sinergia que se puede crear entre un grupo de personas, como puede ser por ejemplo un equipo de trabajo en una empresa. En un mundo idílico, todos utilizaríamos los mismos códigos de comunicación, todos tendríamos las mismas referencias y la comprensión sería inmediata. Sin embargo, todos tenemos unas creencias, unos condicionantes, un mundo emocional y eso torna la comunicación compleja. Existen también diferentes tipos de comunicación: la verbal, a través de la palabra, pero también la no verbal, la que tiene que ver con los movimientos de nuestro cuerpo, que se da de una manera inconsciente y que nos revela mucha información, sobre todo aquello que tal vez a nivel verbal no expresamos. Eso significa que hay que hacer un esfuerzo por desarrollar una buena comunicación, preguntar, asentir, escuchar, empatizar, son ingredientes necesarios para entendernos todos mucho mejor, uno de los aspectos que más inciden en la buena salud de las relaciones, pero también en ámbitos como la empresa. Eso es lo que promovemos desde la consultora Chocolate Rojo y David como mipartner in crimey alma en la misma.
Tienes por delante, lector/a un amplio campo para crecer y desarrollarte. El proceso comenzará cuando empieces a cuestionar absolutamente todo lo aprendido. Tus prejuicios, las ideas preconcebidas que ahora tienes, empezarán a irse poco a poco a medida que te adentres en este camino de autoconocimiento. Tendrás miedo, puede que incluso te plantees si de verdad tu propia existencia tiene sentido tal como está discurriendo o ha discurrido hasta estos momentos. A medida que te vayas transformando y vayan cristalizando cambios en ti, tal vez perderás a algunos amigos de siempre que no acabarán de entender esos cambios, pero sin duda vendrán a ti otros nuevos que te acompañarán y te apoyarán en tu proceso.
No te asustes, sé valiente y siempre enfréntate a todo lo que te dé miedo con humildad. Extrae de la vida todo aquello que puedas aprender, pues toda experiencia va a enseñarte algo. Todos tenemos algo que nos hace especiales, algo que nos hace «canallas», descúbrelo con la lectura de este libro.
Raquel Guallart García Directora Operaciones Chocolate Rojo Zaragoza, Noviembre de 2016
1. Marco conceptual
Durante 30 años, siempre había seguido la doctrina que la sociedad me había inculcado.
«Sé buen hijo, sé buen estudiante, apruébalo todo en verano o déjate las menos posibles, sé buen hermano, ten un grupo de amigos y, nada más acabar la carrera universitaria, ten un puesto de trabajo lo antes posible…» Muchas de esas cosas las conseguí a los treinta años con esfuerzo y tesón, todo para sentirme parte de ese rebaño llamado «sociedad».
Creemos que nos sentiremos realizados cuando alcancemos todas las «normas» que nos «recomiendan» que implementemos en nuestra vida. Pero lo que están haciendo es aleccionarnos, guiarnos como el perro guía en el monte a las ovejas para que entren en la granja. Y llegó el día en el que me di cuenta que quería ser como esa oveja que lideraba al rebaño en Rebelión en la granja. Ese día, sentado en el suelo de mi cocina, fui consciente de que estaba haciendo lo que los demás querían y esperaban de mí; que durante tantos años había estado siguiendo sus doctrinas, ocultando lo que yo sentía, lo que yo quería de verdad.
Todos hemos pasado en nuestra vida por algún momento parecido. Nos paramos y nos damos cuenta de que lo que nos rodea no está en concordancia con esos sueños que teníamos de niñez, con lo que nos dicta nuestro corazón cuando le escuchamos. Y ese día nació mi blog «El principio de un comienzo». A través de él, con cada línea que escribía, me iba descubriendo más y más. Me iba desprendiendo de las capas de cebolla con las que nos cubrimos: miedo, vergüenza, mentiras, hipocresía… todo lo que pensamos que nos hace sobrevivir sin que nos hagan daño a lo largo de la vida.
¡Qué confundidos estamos! Somos más ricos de lo que nos imaginamos. Pensamos que con el dinero compraremos felicidad y que, a partir de entonces, sí podremos gritar que somos realmente felices. Pero ya somos ricos, porque todos los seres humanos tenemos el poder de decidir qué queremos hacer, quiénes queremos ser. Eso es la mayor fortuna de que podemos disfrutar, y la tenemos en nuestras manos. Y eso es lo que hacen los CANALLAS, lo que todos hemos querido para nosotros alguna vez: poner dicha fortuna a trabajar para ellos.
Oímos la palabra «canalla» y pensamos en personas con una forma de actuar deshonesta, rebeldes, con un aspecto fuera de lo establecido, que no respetan las normas… Pero todos idolatramos a algún canalla, desde la envidia. Sí. David Muñoz, Ferran Adrià, Fernando Romay, Risto Mejide, Elon Musk o Jordan Belfort, entre otros, son personas a las que seguimos: sus avances, sus éxitos y sus lanzamientos. ¿Y cómo empezaron? ROMPIENDO LAS NORMAS DE LA SOCIEDAD y las ideas preconcebidas de aquellas personas que pensaban que no lo iban a conseguir, escuchando su corazón; y, sobre todo, siendo ellos mismos en todo momento. Lo empecé a descubrir con el paso de cada uno de los entrevistados de la sección «Conversaciones Con…». Si todos queremos que se nos conozca por nosotros mismos, ¿por qué no damos el paso? ¿Por qué no aprendemos de aquellas personas a quienes nos gustaría parecernos? ¿Por qué tenemos miedo a destapar cómo somos y lo que queremos? Éstas eran algunas de las preguntas que me surgían con cada una de las entrevistas.
Fue la necesidad de saber cómo habían conseguido esas personas que idolatramos eso que pensamos que nosotros jamás conseguiríamos lo que me hizo empezar a investigar a los canallas. Y así ha nacido este libro, de la necesidad de descubrir, conocer y saber cómo piensan y actúan esas personas, conocidas o no, que consideramos canallas.
El libro tiene dos objetivos principales:
Que escuches a tu corazón y des el paso hacia lo que te propone, como ellos han hecho, llegando hasta donde están en estos momentos.Que en su próxima edición la R.A.L.E. admita una acepción de la palabra «canalla» que diga: «Persona que actúa como le dictaminan sus valores. Su lema es la coherencia y sus límites… no los conoce.»¿Quieres ser un Canalla? Pues adelante. Estás invitado.
2. El liderazgo que nos ha llevado hasta aquí
«Un líder sabe qué se debe hacer. Un gerente solo sabe cómo hacerlo.» — Ken Adelman
INTRODUCCIÓN
Vamos andando por la calle, cuando nos reunimos con los amigos o nuestra pareja, y solamente oímos una frase: «Es que mi jefe me lleva por la calle de la amargura», «es que mi pareja no me entiende y así la relación no va a ningún lado», «es que la profesora no entiende qué quiero hacer», «es que las empresas hablan de innovación, creación y demás cosas, y la verdad es que no soportan que nos podamos confundir», «es que el gobierno dice mucho de iniciativa, pero no da facilidades para hacer lo que dicen»…
Si analizamos todas estas situaciones, veremos que tienen dos puntos en común:
La culpa de nuestros problemas siempre la tienen los demás.Un mal liderazgo nos lleva a malos resultadosRespecto al primer punto, es uno de los grandes males de esta sociedad: siempre la culpa la tienen otros. Eso de que nosotros tengamos algo de responsabilidad, como que no va con nosotros.
Y sobre el segundo punto, se deduce que han sido otras personas, a través de su liderazgo en puestos de responsabilidad tanto en Empresas como en Administraciones públicas, las que nos han llevado a la situación que vivimos personal y profesionalmente en estos momentos.
Curiosamente, en las librerías de cualquier ciudad, los libros más vendidos suelen estar relacionados con el Liderazgo. Un canalla siempre se pregunta: «pero el liderazgo, ¿no lo hacen las personas? ¿Por qué no hacer un libro sobre liderarse a sí mismo para luego saber liderar la vida de los demás?»
Señores, dejemos de parapetarnos en dichos libros, cursos y escuelas de negocios que promueven como vendedores de humos que, a través de cursos de liderazgo, todo —toda la vida, toda la empresa…— irá como el AVE, a gran velocidad. Un canalla empieza a liderarse a sí mismo, a conocerse, a enfrentarse al diablo que lleva dentro de sí, para luego «liderar» con confianza a personas o su propia vida.
A través de este capítulo, veremos cómo podemos pasar de ser una sociedad basada en la resolución de errores a una sociedad basada en el pensamiento en grande, para ser lo que hemos venido a ser: unos verdaderos canallas. Y veremos también que tanto nosotros mismos como los líderes que tenemos actualmente son personas que no han sabido liderarse a sí mismos antes de empezar a liderar sus proyectos profesionales.
¡Basta ya de una sociedad basada en el NO ERROR! ¡Forjemos una sociedad que SIENTE QUE LOS ÚNICOS LÍMITES ESTÁN EN NUESTRA MENTE!
HAS NACIDO CANALLA, PERO ¿QUÉ HA PASADO?
Que no vivimos en la libertad que todos deseamos, eso ha pasado. Por «libertad» no entiendo que tengamos que hacer lo que nos dé la gana cuando vamos por la calle o en la empresa, aunque a todos nos hubiera gustado hacer uso de ella en alguno de esos momentos de la vida. El ser humano y la libertad son conceptos que durante toda la humanidad han ido y seguirán unidos. Los pequeños diablos de la casa son las personas más libres que conocemos. No tienen prejuicios ni miedo. Solo viven la vida y solo son ellos mismos. Si ahora repasáramos todas las aventuras que hemos vivido de pequeños, pensaríamos que estábamos locos, y nos preguntaríamos cómo no nos rompimos más huesos haciendo lo que hacíamos. No teníamos miedo a nada. Si hubiéramos pensado qué leches nos íbamos a dar cuando empezábamos a caminar, o a andar en bicicleta, todavía estaríamos yendo a gatas por la calle. No calibrábamos las consecuencias de meternos dentro de un túnel en el que no veíamos ni la salida ni cómo estaría por dentro. No sentíamos miedo yéndonos al pueblo de al lado de noche y sin ninguna luz que nos alumbrara. No pensábamos qué podríamos sentir al caer al río cuando pasábamos por un tronco que lo cruzaba en no muy buenas condiciones. No teníamos miedo, no lo sentíamos. No nos preocupábamos por nada, ni nos atenazaba ninguna sensación que nos limitara. Al revés: todo era emoción, ilusión, coraje y valentía.
¿Y qué es de nosotros ahora mismo? Nos hemos convertido en personas envidiosas, miedosas, que nos dejamos llevar por lo que los demás digan; personas que hacemos más caso a quienes no conocemos que a nuestro corazón, que lleva con nosotros desde que el ginecólogo de nuestra madre nos dio la palmada en el culo para ver si llorábamos o no. Llegó un momento en el que nuestros padres, nuestros amigos o profesores, nos dijeron la frase maldita: «Mira, déjate de soñar tan en grande, porque la vida no es tan bonita como tú crees o te venden en las películas. Olvídate de eso.» ¡A la mierda la ilusión, el coraje y nuestros sueños! En vez de seguir siendo guiados por la motivación, por la elección de hacer de nuestra vida algo grande, hacemos caso a nuestros padres porque pensamos que saben más que nosotros. Y nos entra el miedo, ese compañero del cual hablaré mucho a lo largo del libro, detonante de que nuestra vida deje huella cuando nos vayamos al otro barrio o seamos considerados, simplemente, uno más entre tantos millones de vecinos que somos en este mundo. Así es como nos entra el miedo y decidimos que esas ilusiones tendremos que dejarlas para otro momento, porque si nuestros padres nos han dicho que es lo mejor, pues lo asumimos y nos olvidamos. Punto.
¿Por qué dejamos de lado nuestros anhelos? Por dos motivos principalmente:
Miedo a la pérdidaMiedo a la consecuciónTenemos miedo a la pérdida, porque pensamos que si seguimos nuestros instintos perderemos el cariño de nuestros padres, amigos o profesores. Como bien dice el refrán, «más vale malo conocido que bueno por conocer». Y así es como hemos llegado hasta el día de hoy, dejando de lado nuestros sueños. Todos y cada uno de nosotros —tú mismo, que estás leyendo este libro— tenemos un talento. Tú has venido a esta vida con un propósito. Y me juego veinte euros en cada una de las presentaciones del libro que haga y conferencias que imparta a que no encontraré a nadie que no se lo haya preguntado alguna vez en su vida, y si es así muy gustosamente se los pagaré —y si es una mujer, la invitaré a cenar—. Lo prometo.
Todos nos lo hemos preguntado alguna vez. Todos en alguna ocasión hemos mirado por la ventana y nos hemos dicho a nosotros mismos, especialmente en los momentos críticos de nuestra vida: «¿Por qué hemos venido aquí? ¿Para qué sirvo?» Y lo peor de todo es que en muchos casos sabemos o sentimos la respuesta, pero nos dejamos llevar por las opiniones de los demás, que tienen «más experiencia», y seguimos vagando por este lugar llamado «vida». Tememos perder el apoyo de la gente que nos quiere y sentirnos solos. No queremos imaginarnos señalados y no recibir ese abrazo cuando lo necesitemos por habernos salido del «rebaño» y haber sido felices a nuestra manera. Así que mejor tragarnos nuestros sueños e ilusiones y decidir seguir las «recomendaciones» de la gente con «experiencia».
Pero antes de seguir adelante, déjame que te plantee otra cosa:
¿TE GUSTARÍA PREGUNTARTE DURANTE TODA TU VIDA QUÉ HUBIERA PASADO SI LO HUBIERAS INTENTADO?
Fue una de las preguntas que me hizo uno de mis mentores antes de darle la mano por primera vez. No sabía qué responder, ni entendía por qué me había preguntado eso, pero provocó en mí tal sensación de desesperación por haber dejado de lado mis sueños que solo podía llorar. Sentía que no quería la vida que estaba teniendo en esos momentos, y que quería sentir lo que era o, al menos, quedarme con la sensación de haber dado un paso para sentir eso que llamamos «felicidad».
A lo largo de las entrevistas que he ido realizando a cada uno de los canallas, todos han coincidido en lo mismo: «La peor sensación que puede tener un ser humano es tener delante de él la oportunidad soñada y mirar hacia otro lado por miedo al qué dirán. En esos momentos podrás pensar que es lo mejor, pero a la larga es lo peor que has podido hacer. Solo tenemos una vida» (Alex González Pozo, director del Hotel Hesperia de Madrid)
Y otra sensación que solemos experimentar, al otro extremo, es el miedo a conseguir lo que ansiamos. Es extraño, cuando lo que precisamente queremos es el éxito, pero a menudo es la pura realidad. Tenemos miedo a conseguirlo. Tenemos miedo a estar con esa persona que tanto hemos deseado, miedo a conseguir el cuerpo que sentimos que tenemos que tener, miedo a conseguir el puesto por el que siempre hemos estado luchado… Miedo y más miedo inunda nuestras vidas.
¿Por qué? Porque no confiamos en nosotros mismos. Desde pequeños hemos sido educados en un sistema de repetición como loros, y de exámenes en los que por debajo del 5 ya éramos considerados «tontos». Nos dividían en destacados por notas, pero tras ese examen ya habíamos olvidado lo que habíamos estudiado (¿o acaso recuerdas aún cómo sacar la raíz cuadrada de varios números? Pues yo no, y eso decidía si éramos tontos o no. Si ya desde pequeños juzgaban si teníamos o no talento en función de unos exámenes «objetivos» que luego no servirían en la mayoría de los casos para la vida, ¿cómo podremos luego confiar en nosotros para alcanzar algo que queremos de verdad? «Si de pequeño era un torpe, ¿por qué iba a conseguir un sueño más grande que superar un examen de matemáticas?»
Al no confiar en nosotros mismos, al cavar la tumba de nuestros grandes sueños, dejamos que los demás nos guíen en lo que ellos piensan, que no es otra cosa que una vida con un único fin: el de «no salirse del rebaño». Así llegamos a esta sociedad, a un país sin corazón, sin ilusión, sin ganas de nada; una sociedad en la que nos dejamos guiar por personas que, si «rascáramos» un poco en ellas, veríamos que están guiadas por su propio miedo. ¡Basta YA! Los canallas están alrededor de tu vida y los sigues, pero te da miedo llegar a ser como ellos. No hablo de aquellos que hemos seguido alguna vez porque han escrito un libro, o han dado una conferencia, o salen en televisión. Precisamente a muchos de éstos los he entrevistado pensando que eran unos verdaderos canallas y, la verdad… pura fachada todo. Todo por el éxito y la fama, y todo por aparentar.
¿Y dónde está la esencia del ser humano, su propósito? En esta sociedad de consumismo y de poner zancadillas a los demás no está de moda. No creía que este mundo estuviese liderado por gente que hacía las cosas por el dinero, y no por el amor y la elección. Y estos últimos, guiados por el amor y la elección, son cada uno de los canallas que he ido descubriendo por el camino, a través de «El principio de un comienzo», así como cada una de las experiencias profesionales que he tenido. Los canallas son la nueva generación, las personas que están consiguiendo que este maremoto llamado «crisis» sea una avalancha hacia un liderazgo personal basado en el coraje, en la escucha del corazón y en la empatía entre otras muchas cualidades.
Y tú eres un canalla. Aquí se podría acabar el libro y decirte «gracias por haberlo leído». Eres un canalla que ha venido a transformar el mundo con sus manos, a desafiar muchas leyes y a dar tu talento a los demás. Un canalla es aquel que se acuerda de lo que quería ser de mayor cuando aún iba al colegio y que sabía que iba a conseguirlo. Tú tienes un propósito y lo sabes. Tú tienes una ilusión y quieres conseguirla. Y ahora tengo el honor de nombrarte miembro ya del Club de los Canallas, porque has dado el paso adelante, sabiendo que es hora de hacer realidad tus sueños, de vivir la vida, de aprender y no dejarte llevar por los demás.
Es hora de ser tú, de ser el canalla que hay dentro de ti.
¿LLEGA LA MADUREZ O LA INMADUREZ?
Reconozco que, como muchos de vosotros, tenía una gran ilusión por cumplir los dieciocho. Me sacaría el carnet de conducir y me sentiría libre. Votaría al partido político que sintiera que me pudiera dar esa libertad que estaba esperando con la edad adulta. Sentiría que podría hacer lo que me diera realmente la gana. ¿Por qué? Porque ya teníamos dieciocho años y ya éramos mayores de edad. Ya no aguantaríamos más las irreverencias de nuestros padres o abuelos diciéndonos qué podíamos hacer o qué no. Aunque siempre habíamos hecho oídos sordos, ahora con el «carnet» de madurez, más qué más. Craso error.
Durante nuestra niñez, sentíamos que éramos capaces de todo; que los sueños eran fáciles que se hicieran realidad solamente con nuestra actitud y acción. Nos sentíamos los reyes del mambo, ¡y más que lo íbamos a ser con eso de «la madurez»! Pensábamos que nadie podría detenernos. Nos íbamos a dormir todos los días cansados, pero con una sonrisa. Habíamos disfrutado de todo lo que la vida nos había dado durante todo el día. Aunque hubiera habido un problema con nuestra familia, no nos importaba, porque sabíamos de lo que éramos capaces y lo que habíamos conseguido hasta entonces. Estábamos ilusionados porque, con la madurez, esa libertad que estábamos viviendo se iba a multiplicar por 100. ¡¡Error!!
Uno de los canallas que he entrevistado me dijo: «Mira, cuando cumplí los 18 años, mi padre me obsequió con una charla de tres horas. Era su regalo de entrada en mi madurez, porque sabía que quería comerme el mundo. Y lo que consiguió ese envenenado regalo es que me diera cuenta de que me enfrentaba a unos troles tipo Shrek, y que eso de vivir la vida con intensidad se había terminado». ¿Por qué nos inducen a que pensemos así?
La madurez es la etapa de la vida en la que te das cuenta de que los sueños no se hacen realidad; de que encima de ti hay gente que hace imposible que los consigas; y que lo único que tiene que correr por tus venas es sangre, no motivación.La madurez es laetapa de las máscaras, porque si te quejas de algo que está pasando en tu vida, te señalarán. Y sentirte señalado no es nada bueno, así que ponte una máscara que diga que todo va bien y sigue tu camino. No quieras destacar ni por alto ni por bajo.La madurez es la etapa de la rutina. Sí: olvídate de hacer cosas diferentes, majete. Debes cumplir con tu trabajo de ocho horas y tener pareja antes de los treinta y —si puedes— casarte. Y no te quejes de tu trabajo porque, mientras tú estás trabajando, otros están en la lista del Paro. Así que esa tiene que ser tu vida, y de eso de los sueños grandilocuentes ves olvidándote.La madurez, es aquella época en la que tienes que ser uno más. Papá Noel y los Reyes Magos ya han muerto para ti, y los sueños los tienes que dejar para la cama. ¿Destacar? ¿Dejar un legado? Nada de eso. Lo único que tienes que hacer es ser uno más. ¡Fuera tonterías!La madurez es la muerte en vida. Nos olvidamos de quiénes somos, y de quiénes quisimos ser. Tenemos que hacernos una lobotomía y evitar que te señalen por dar ese salto adelante o que tu familia sienta rechazo por ti por hacer algo que no está estipulado como «normal».¿Es ésta la madurez que todos deseamos? No… pero es la que vivimos.
Sin embargo, existe otra madurez: la madurez canalla. Es aquella época de la vida en la que no hace falta tener dieciocho años para vivirla y en la que decides ser tú mismo a pesar de las circunstancias. Sabes que eres así, que esto es lo que hay y, como suele decirse, «a quien le guste bien, y a quien no también». Tenemos una vida y hemos venido a vivirla, a ser nosotros mismos, a exprimirla, y a disfrutarla hasta cuando nos caemos, porque seguro que algo aprendemos del incidente. Y es que la madurez es ese momento en el que el canalla vive su pasión, su ilusión, y focaliza su motivación en un propósito que sabe que es a lo que ha venido en esta vida, para darle forma y compartirlo con los demás. Eso es la madurez canalla: hacer oídos sordos a las «recomendaciones» de la sociedad en pos de una madurez «normal» y vivir una madurez «canalla» sin dejar de ser nunca uno mismo.
INDIANA JONES EN BUSCA DE LA FELICIDAD PERDIDA. ¿EN QUÉ SOCIEDAD VIVIMOS?
Estoy cansado. Hace unos días estuve con un editor muy importante de nuestro país, y me decía que la palabra «felicidad», al igual que otras muchas como «coach», «liderazgo» y demás, se han devaluado. Opino lo mismo. Ahora, con la «madurez» en mis venas, hay una frase que toda madre dice (la mía también) y no soporto: «Yo solo quiero que mis hijos sean felices; que hagan lo que tienen que hacer, pero que sean felices». Mamá, te quiero… pero no puedo con esa frase. Como diría una televisiva presentadora: «¿pero qué me estás contando? ¿Qué invento es ese?». Y es que todos sabemos que no es así, que lo decimos con la boca pequeña, porque lo que precisamente no queremos es que nuestros hijos sean señalados por ser diferentes y que sufran la ira y la envidia de los demás.
Entre otras falsedades que nos imprimen en la niñez, nos dicen que tenemos que ser siempre felices. ¿Y lo somos ahora, a pesar de tener una generación preparada y con constantes avances tecnológicos? Pues parece ser que NO, porque en la lista de los libros más vendidos de España siempre sale algún libro que habla de la Felicidad. ¿Por qué han prostituido a la palabra «Felicidad»? Porque la sociedad consumista la ha infectado.
Me gustaría seguir hablando de cuando éramos niños. No me cansaré de repetirlo: observo cada vez más similitud entre los canallas de treinta años para arriba y los niños de tres y cuatro años. De niños no éramos felices. Esa es la verdad. Simplemente vivíamos y disfrutábamos de algo que todos tenemos, durante todos los días, y a lo que no hacemos caso: EL PRESENTE. Pensábamos en el «ahora», en lo que estábamos viviendo en esos instantes. Solo pensábamos en esos micro–momentos que la vida nos estaba ofreciendo. Nuestro primer concierto, nuestro primer amor, el primer beso, nuestras aventuras por el bosque con los amigos, nuestra peña en las fiestas del pueblo… No pensábamos en nada más. Vivíamos el instante. «¿Eso es lo que la vida nos da? Pues vivámoslo». Y si eran momentos malos, los vivíamos con plena intensidad, porque era lo único que teníamos. NO pensábamos en el futuro, en las acciones de nuestro banco o en cómo el Gobierno iba a sacar la enésima ley de la educación. Éramos nosotros mismos, viviendo lo que la vida nos ofrecía en ese momento. No importaba que solamente tuviéramos una cuerda para jugar. La convertíamos en la peor de las serpientes, o en el látigo que mataría a las momias del faraón de Egipto. Daba igual la hora que fuera y que no hubiéramos cenado. Nos pasábamos las horas mirando las estrellas y soñando qué seríamos de mayores. Si quieres llamarlo «felicidad», perfecto… pero estábamos simplemente disfrutando del presente.
