Lo que todavía vive - Luis Ruiz del Árbol - E-Book

Lo que todavía vive E-Book

Luis Ruiz del Árbol

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«Estoy convencido de que el presente es el único lugar donde se puede producir el milagro de la regeneración del yo y de la cultura, y que debemos educar nuestra mirada en detectar cualquier atisbo de valor en todas las cosas». Luis Ruiz del Árbol condensa en esta cita la idea de fondo de este libro íntimo y original: que hay un mundo que está desapareciendo y, a la vez, hay otro nuevo que surge desde las ruinas de aquel que vale la pena detectar y cuidar. Lo que todavía vive se abre frente al lector como una conversación abierta con todos los autores y obras citadas, en su más amplia expresión de multidisciplinariedad: música, cine, series, religión, política, arte, historia. El autor ha confeccionado un cajón de sastre con pensamientos, posts, tuits, citas, dibujos y textos misceláneos que hacen de este libro una verdadera rara avis. En su superficie, el encanto, humor y frescura son irresistibles. En su fondo, una letanía sobre nuestra tarea en este momento histórico insiste en la certeza de que se puede salvar lo que todavía vive.

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Seitenzahl: 214

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Luis Ruiz del Árbol

Lo que todavía vive

Una conversación abierta

© El autor y Ediciones Encuentro S.A., Madrid 2023

Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de la propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y ss. del Código Penal). El Centro Español de Derechos Reprográficos (www.cedro.org) vela por el respeto de los citados derechos.

Fotocomposición: Encuentro-Madrid

ISBN: 978-84-1339-155-7

ISBN EPUB: 978-84-1339-488-6

Depósito Legal: M-16988-2023

Printed in Spain

Para cualquier información sobre las obras publicadas o en programa y para propuestas de nuevas publicaciones, dirigirse a:

Redacción de Ediciones Encuentro

Conde de Aranda 20, Bajo B - 28001 Madrid - Tel. 915322607

www.edicionesencuentro.com

A Alicia, corazón de mi mundo.

A Miki Naranja, cuya huella es primicia del mundo por venir.

«…aunque sentimos que ya es tarde, nos llamas a salvar lo que todavía vive».

Francisco, Querida Amazonia

Introito

«I’ll play it first, and tell you what it is later»

Miles Davis

Los tiempos están cambiando, ya cantaba Dylan en 1964. La globalización, el cambio climático, las migraciones masivas, el desarrollo de la inteligencia artificial, la precarización del empleo y la pérdida de poder adquisitivo de las clases medias, la soledad no deseada, la plaga de las enfermedades mentales, la disolución de las identidades nacionales o sexuales tradicionales… todos estos procesos están generando una transformación radical del mundo que conocimos nosotros y nuestros padres, y provocan en el ciudadano medio una sensación de vértigo y perplejidad, como de pérdida de suelo firme, ante la cual el establishment solo acierta a conjurar invitándonos a la reinvención permanente, a salir de nuestra zona de confort o a practicar distintas formas de neo-ataraxia, desde el mindfulness hasta las más irritantes arengas de pensamiento positivo.

Este estrés inducido, que desemboca en no pocos casos en cuadros de ansiedad o resentimiento, no es el punto de partida más favorable para poder afrontar libre y cabalmente las ocupaciones y preocupaciones del día a día. Así, de una forma u otra, todos estamos afectados por la misma dolencia: vivimos el presente como un lugar lleno de obstáculos y amenazas, y nuestra visión de lo que nos puede deparar el futuro es claramente negativa. Creo no exagerar si afirmo que, para la mayoría de nosotros, las cosas, tal y como están, no permitirían desarrollar una vida verdaderamente humana; o bien estarían en un momento límite, traspasado el cual ya no habría vuelta atrás para la humanidad. No es extraño que tanto la distopía como el revival sean las dos categorías de consumo cultural más exitosas desde al menos la década de 1970.

Ante una amenaza, real o ficticia, la reacción natural es el repliegue o la fuga: bien poner la esperanza en la vuelta a un pasado en donde la vida era más pura, auténtica y libre, bien en la generación de espacios seguros que nos protejan de un ambiente social cada vez más degradado, inmoral o violento; o bien en la revuelta indignada frente a unas élites que supuestamente detentan el poder y sus privilegios a costa de una mayoría social que habría sido expropiada de la soberanía. En no pocas ocasiones, como la más reciente historia política demuestra, estas soluciones se presentan entremezcladas. Lo común de todas ellas es la identificación de unos «otros» responsables de los males, y la negación de que la realidad, tal y como es, sea redimible, que pueda ser salvada sin ser previamente subvertida de arriba a abajo.

¿Qué es lo que vas a encontrar, lector, en este libro? Desde luego, nada de conformismo o intimismo, ni tampoco soflamas optimistas sobre el tiempo presente. Hay muchísimas cosas que van mal, y que pueden ir a peor, y numerosas estructuras económicas y sociales que son radicalmente injustas. El dolor y el sufrimiento de tantos inocentes, y la impudicia con la que los poderosos hacen gala de sus privilegios, deben ser objeto de crítica y denuncia. Los que me conocen saben de sobra que abomino del voluntarismo con todas mis fuerzas. Es una obligación moral reconocer y hacerse cargo del deseo de todos de construir un mundo más humano, y comprometerse existencialmente (y política y culturalmente) en su logro.

La tesis central de este libro es que, si bien es cierto que hay un mundo que está desapareciendo, y que esa desaparición es dolorosa, a la vez está surgiendo otro nuevo desde las cenizas y ruinas de aquel; y que, aunque la forma final no la podemos prefigurar, no obstante, hay indicios y señales de vida que, si no los detectamos y cuidamos, pueden echarse fatalmente a perder. Sería una pena que, por estar demasiado apegados a las formas en las que nacimos y crecimos, asfixiáramos o dejáramos secar una infinitud de nuevas posibilidades que, al igual que la imagen evangélica del trigo y la cizaña, están tratando de abrirse paso ante nuestros ojos.

Creo que nuestra misión histórica es salvar lo que todavía vive; no para guardarlo en un cofre hermético y custodiarlo en un museo, sino, siguiendo la genial imagen de Guardini, para construir con nuestros coetáneos un nuevo barco con los restos del naufragio. Estoy convencido de que el presente es el único lugar donde se puede producir el milagro de la regeneración del yo y de la cultura, que debemos educar nuestra mirada en detectar cualquier atisbo de valor en todas las cosas, y cultivar una disciplinada ascesis del desprendimiento, dejando que nuestras obras tomen libremente un vuelo cuyo trayecto nadie conoce de antemano. Como indicaba Miles Davis, primero hemos de ponernos a tocar, ya veremos después qué es lo que hemos tocado juntos.

En este sentido, este libro desarrolla una miscelánea de comentarios que he ido publicando en redes sociales —y algunas entrevistas y artículos—, a libros, películas, series de televisión, canciones, cómics, noticias, ensayos, etc., con los que me he confrontado durante los últimos años, y en los que he encontrado pistas de salida y potenciales procesos de transformación en relación con los diversos problemas que afronto: la soledad, la búsqueda de la identidad, el dolor por la injusticia sufrida, el perdón como categoría política, la vida en común, la ciudad, el trabajo y la experiencia de la alienación…

Todos estos textos, a veces bajo la forma de aforismos, no son elucubraciones elaboradas en solitario, sino juicios, intuiciones y reflexiones nacidos de una conversación continua con muchos interlocutores: amigos, seguidores, desconocidos, curiosos, trolls, haters y paseantes digitales de todo pelaje; impresiones y reacciones que luego he dejado madurar en mi conciencia, volviendo a someterlas a discusión con tantos buenos amigos, midiéndolas con los grandes autores cuyos pasos sigo, especialmente Guardini, Ganne y Von Balthasar, en un proceso de decantación y destilado cuyo resultado, provisional y precario, ha desembocado en este libro.

He querido subrayar el carácter aparentemente fragmentario de los textos, que puede parecer incluso algo disperso, en un ejercicio consciente de pensamiento abierto y polar, por lo que no esperes hallar, querido lector, respuestas exhaustivas y sistemáticas a todos los problemas que se me han planteado y aquí expongo, desordenada y desbordadamente, tal y como me llegaron; solo encontrarás rastros, indicios, pistas, que apuntan siempre a nuevos miradores y perspectivas. Porque, con el paso de los años, he aprendido que el mundo no es un enigma a resolver, sino un misterio gozoso que contemplar.

Modo de empleo

Este libro lo puedes leer del tirón, o ir picoteando libremente de un párrafo a otro.

La idea compositiva del libro se basa en el prisma y la circularidad: para poder comprender un particular es necesario tener en cuenta todos los puntos de vista y las aristas que presenta; y es también preciso volver una y otra vez sobre él, en un acercamiento circular, o más bien elíptico, siempre más aproximativo que directo, que no trate de agotar nunca las innumerables lecturas que puede ofrecer.

En suma, sea a través de una lectura sistemática de principio a fin, o a través de una consulta puntual de párrafos aislados, mi intención es que, de una forma u otra, termines afrontando los mismos problemas que, sintéticamente, he expuesto en el Introito.

Por último, al final encontrarás una Adenda donde amplío las referencias artísticas, históricas o culturales que dieron lugar a alguna de las entradas que forman parte de este ensayo.

Ahora, solo espero que este libro propicie nuevos encuentros y diálogos que me permitan seguir madurando, profundizando o corrigiendo las intuiciones y reflexiones que han quedado aquí, por el momento, registradas.

I

1. ¿Para qué queremos la gracia si nos basta el poder?

La gran lección del Gólgota, que nadie parece haber aprendido, es que el mal siempre vence al bien.

2. El poder puede hacer al pueblo de derechas; pero es incapaz de volverlo virtuoso.

3. La única forma de que el ejercicio del poder sea efectivo es siendo humilde. La grandilocuencia no cambia nada; todo lo más, destruye.

Grandilocuencia no es grandeza. La grandilocuencia es la afección de las almas dominadas por el miedo; la grandeza, la de las almas heridas por el amor.

4. Los maximalismos no ayudan en nada a las causas a las que pretenden servir; en el fondo, no son más que reducciones al absurdo a la inversa.

Fomentar los maximalismos es el medio más eficaz para asegurar que las cosas no cambien nunca. Los maximalismos sólo conducen a dos sitios: a la locura, o a la apatía.

La dicotomía no está entre hacer mucho o hacer poco; sino entre hacer poco, o no hacer nada.

Humildad no es conformismo.

Las falsas dicotomías, i.e., paz-guerra en términos absolutos, ni explican ni aportan nada. A la larga, de facto consagran un conformismo muy al gusto de los más poderosos o los más violentos.

El victimismo es la sublimación estética definitiva del conformismo.

5. Una de mis escenas favoritas de The Wire (David Simon para HBO, 2002-2008) es cuando el viejo expolítico demócrata le cuenta al joven recién electo alcalde de Baltimore en qué consiste el día a día de un cargo público: beber tazones de mierda uno tras otro.

Se puede leer esta escena como un ejercicio de escepticismo, o, por el contrario, como una lección sobre los límites del poder y el aprendizaje de toda persona en su madurar, sea o no político, a aceptar con humildad su impotencia para implementar los cambios a la velocidad o profundidad que uno considera justos, y los dolorosos compromisos y concesiones que se deben hacer para avanzar aunque sea un solo milímetro.

6. Es curioso ver cómo muchos de los que más hacen gala en España de la pureza de sus ideales y su irredentismo anticonsensos y anticomponendas sean los mismos que reivindican la familia como célula política orgánica básica. ¡La familia! Justo el ámbito donde más negociaciones y cesiones hay. Ser padre o madre implica estar todo el día negociando, cediendo, transigiendo, mirando para el otro lado, obviando, perdonando, exigiendo y reculando sin solución de continuidad; en suma, aceptando la imperfección propia y ajena y subrayando el valor superior de la vida en común.

7. Hoy, todo aquel que cree que los problemas que afronta el hombre, radicalmente, no se solucionan mediante la fuerza o el poder, es tachado de ingenuo.

8. La parada de los monstruos (Tod Browning, 1932). Con qué delicadeza e inteligencia se muestra cómo la maldad deforma el alma y el cuerpo, y cómo estamos ligados por la misma condición de fondo: todos somos freaks, miserables y necesitados.

Roualt: el circo como imagen especular del mundo, en el que solo caben dos formas de relación: o el poder, lleno de abusos, mentiras y violencias, o el amor, que cuida y acoge.

9. King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933/Peter Jackson, 2005): la presunción del hombre moderno, engreído y ensoberbecido por su dominio sobre la técnica, y su altivo desprecio al misterio de la creación y la correlativa mercantilización y banalización de todo; cómo ha domesticado el mundo hasta convertir en una caricatura, explotable y exhibible hasta el hartazgo, cualquier rastro de belleza primordial que pueda permanecer inédita.

Jackson hace de Denham el verdadero malo de la película; el loco idealista de la primera versión de 1933 es ahora, creo que acertadamente, un psicópata vendedor de humo.

En un mundo que ha convertido todo lo digno de admirar en espectáculo, solo Kong entiende la tristeza inmensa de la chica, que los demás pasan por alto. Son dos almas gemelas que la sociedad, frívola y materialista, desprecia.

Tras haber desencadenado la violencia de Kong por su presuntuosa inconsciencia, el hombre se apresura a matar a la bestia, sin detenerse un solo momento a mirar qué está pasando, qué podría evitar el dramático final. Con la muerte de Kong, queda la satisfacción idiota y el scoop; únicamente la chica percibe en toda su hondura la miseria moral y la ceguera de todos.

Solo quien se deja tocar por la belleza, por el amor, ve. Ubi amor, ibi oculus. Donde hay amor, hay visión.

10. Durante la fase más dura de la pandemia del COVID-19, era común oír comentarios acerca de cómo la naturaleza, ante la retirada del hombre en sus casas, estaba recuperando su espacio, de lo que se deduciría, entre otras cosas, el carácter intrínsecamente destructivo de la presencia humana en la Tierra y, en paralelo, la bondad de lo natural en cuanto tal. En suma, que el verdadero virus vendría a ser el hombre.

Yo, por mi parte, no puedo estar más de acuerdo con la afirmación que Peter Weiss pone en boca del Marqués de Sade en su pieza teatral Marat-Sade: «Toda muerte, hasta la más cruel / se hunde en la indiferencia total de la Naturaleza. / Sólo nosotros damos a nuestra vida algún valor, / la Naturaleza contemplaría en silencio / el exterminio de nuestra raza entera».

Esto enlaza con la escena de Bichos (John Lasseter, 1998), genial versión de Pixar de Los 7 samuráis (Akira Kurosawa, 1954), en la que el líder de la banda de saltamontes que está extorsionando a la colonia de hormigas, para justificar su posición de dominio, le dice a la hormiga reina: «No te enfades, esto es la ley de la naturaleza, el fuerte se come al débil».

Una de las veces que estaba viéndola con mis hijos, uno de ellos, que tenía entonces seis años, tras esa escena, se giró repentinamente hacia mí y me preguntó: «Papá, ¿por qué si tú eres más fuerte que yo, no me tratas así de mal?». Pues por una razón, hijo, le dije, porque entre los hombres hay una ley que es más fuerte que la ley del más fuerte: la del amor. Los seres humanos no estamos predestinados a tratarnos conforme a la lógica del poder o de la fuerza; somos capaces de trascenderla. Por eso, la cultura no es el hueco que ocupamos los humanos arrebatándoselo a la naturaleza, es la naturaleza transformada, transfigurada por el amor. El mundo es la Tierra de los Hombres. Virus será —el hombre—, mas virus enamorado.

11. La eternidad y un día (Theo Angelopoulos, 1998).

Grecia, y por extensión Europa/Occidente, se presentan como la proyección del alma cansada y derrotada del protagonista; el cual, viendo próximo su final —la trama transcurre durante su último día antes de ingresar en una unidad de paliativos—, repasa sus muchos éxitos profesionales y el gran fracaso de su vida. Persiguiendo sin tregua un ideal, ha echado a perder lo que más amaba, su mujer, su hija, sus amigos, sintiendo ahora de forma lacerante el vacío de una vida desprovista de un verdadero compromiso existencial.

Al igual que le sucede al protagonista de Vivir (Akira Kurosawa, 1952), la vida le regala una última oportunidad de hacer algo, aparentemente insignificante, imprevisto, y de introducir en su trayectoria un gesto significativo: acoger y acompañar a un mena albanés. La salvación de Grecia, de Europa, de Occidente, del mismo protagonista, pasa por abrirse al dolor que llama a sus puertas, por escuchar el grito de los sin voz.

Lo que llena la vida de sentido no es la conquista o defensa de una supuesta identidad esencial, sino el desarmarse al amor que siempre, en cada recodo del camino, nos sale al encuentro.

12. La preciosa escena de Gattaca (Andrew Niccol, 1997), en la que Irene (Uma Thurman) le quiere dar uno de sus cabellos a Vincent (Ethan Hawke), para que este pueda comprobar por sí mismo la calidad de su ADN, en un mundo donde el pedigrí genético, al modo de Un mundo feliz, determina tu posición en la escala social. El gesto de Vincent, dejando que una leve ráfaga de aire se lleve el pelo, rompe la lógica impuesta por el poder, subvierte desde la raíz el orden establecido, introduciendo la posibilidad de una forma de relacionarse completamente nueva e inaudita.

II

13. La familia puede ser un lugar de realización y de liberación, donde experimentar un conocimiento del yo más verdadero y profundo. O puede ser un lugar opresivo y asfixiante, donde sufrir una violencia y un chantaje afectivo terribles.

Atribuir mecánicamente propiedades salvíficas a algo, prescindiendo de la libertad, la gracia y el tiempo que nos ha tocado vivir, es un engaño.

14. La añoranza de un tiempo pasado más auténtico o feliz, normalmente situado en la primera juventud o la infancia, que es un leitmotiv de la cultura popular contemporánea, está empezando a fraguar en una nueva conciencia política. Se ha producido una curiosa mutación: el recuerdo del pasado ya no es la espoleta del deseo de un cambio en el presente, sino de una fuga mental de la circunstancia, cuya posibilidad de redención en el ahora es completamente cancelada.

La nostalgia vicaria, o «La vida (pasada) de los otros»: la añoranza del tiempo pasado vivido por otros, como los padres o los abuelos.

Eloi Leclerc. Hemos perdido la ingenuidad que tenían nuestros padres; pero la solución al desarraigo, la soledad y el malestar que nos afectan no pasa por recuperar la vida de nuestros padres, sino el «espíritu de infancia».

15. El presente, imperfecto y lleno de límites, no puede nunca competir contra el pasado. Luchar contra un fantasma es una batalla perdida de antemano: el fantasma siempre se va a sacar un as de la manga. Eso lo saben bien los que han empezado una relación de pareja tras otra de larga o intensa duración. Si entras en el juego de las comparaciones, saldrás siempre escaldado. Y eso se vive, y con razón, como una tremenda injusticia. Por eso la idealización del pasado es una de las estrategias más ruines y desleales que hay en política. Porque tu infancia, tu adolescencia y el pasado en general, salvo excepciones, son imbatibles, insuperables.

16. Recalcati meetsMan alive, de Chesterton. Para volver a casa es preciso dar una vuelta completa al mundo. Pertenencia y errancia.

17. «Conviene que muera uno solo por el pueblo, y no perezca toda la nación».

The Dark Knight (Christopher Nolan, 2008): el héroe que ofrece en holocausto su vida para salvar a la comunidad. Es esa lógica la que viene a superar, no a abolir, la Encarnación.

18. «Les quitaré el corazón de piedra y les daré un corazón de carne».

«Look at this stone. It has been lying in the water for a very long time, but the water has not penetrated. Look. Perfectly dry. The same thing has happened to men in Europe. For centuries they have been surrounded by Christianity, but Christ has not penetrated... Christ doesn’t breathe within them». El diálogo-confesión entre el cardenal Lamberto y Michael Corleone en El Padrino III es inagotable.

19. Pierre Ganne (El pobre y el profeta): la transformación del mundo coincide con la conversión personal; sucede a través de ella.

El contenido nuclear de la crítica política que nace de la experiencia evangélica es el rechazo de la sacralización del poder, el desenmascaramiento de esta «comedia siniestra». Este punto de (auto)crítica radical es esencial: nuestros juicios sobre la política y la cultura, ¿de dónde nacen? ¿No serán en el fondo sino sublimaciones de nuestros miedos, ídolos enmascarados con los que tratamos salvarnos del abismo?

Ganne meets Teilhard de Chardin: «Los hombres sólo pueden comulgar en lo profundo, lo superficial divide». Por eso, toda revuelta «será estéril si no se compromete (…) con esas opciones profundas en las que los hombres pueden encontrarse». Síntoma de la ausencia de esto es el sectarismo, que juzga todo desde el eje amigo-enemigo.

20. Cuánta razón tenían Solzhenitsyn o Havel cuando sostenían que la verdadera batalla entre el bien y el mal se juega dentro del corazón de cada persona. Quienes han sufrido a fondo los totalitarismos saben de lo que hablan.

«El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo». El mundo, o es humano, o no es. Y su fisonomía es la de cada uno de los hombres que lo habitan.

21. En la Capilla Sixtina hay un fresco de Boticelli que muestra el pasaje de las tentaciones a Cristo. Me maravilla cómo pinta al diablo, que, como maestro de la ocultación, se presenta a Jesús disfrazado de monje, rosario en la mano incluido. Cuánta inteligencia la de Boticelli, que discierne con mucha finura cómo el engaño más sutil, el más difícil de captar, es el que adopta los ropajes de la virtud. El demonio usa lo más elevado, la fe, el sentimiento religioso, para engatusar al hombre con una salvación secular.

Midnight Mass (Mike Flanagan para Netflix, 2021): el Evangelio nos advierte de este peligro, que aparece bajo nuevas formas y ropajes a lo largo de los siglos, y nos da una regla de discernimiento: todo lo que en nombre de la fe prometa el éxito mundano, viene del mal.

Criterio de juicio: el milagro, como la virtud, solo sirve al hombre cuando realiza una apertura.

22. Si se niega a Cristo el poder de multiplicar los panes y los peces, la solución pasa necesariamente por más mercado o más Estado, o por más familia o más intelectuales cristianos. Tertium non datur.

III

23. Jugar es la forma más intensa de vivir. Leí una vez una frase de Schiller, con la que no puedo estar más de acuerdo: «El hombre es humano únicamente cuando juega».

El juego como modo privilegiado para dilatar y hacer denso el presente.

Parafraseando el consejo de Vito Corleone a su hijo Michael, en El Padrino I, «el que no se tome el juego en serio, ese es el traidor».

24. La plaga de los juegos educativos: la pretensión del sistema de educar a los ciudadanos en la moral capitalista desde su más tierna infancia. El único tiempo con sentido es el tiempo productivo, o el dedicado a la adquisición de habilidades para la futura incorporación al mercado de trabajo.

La eternidad y un día:

—Alexander, ¿qué es el tiempo?

—El abuelo decía que el tiempo es un niño jugando a las canicas.

El tiempo es un niño jugando a las canicas, o a los bolos, o al fútbol, o al escondite, o al parchís. El tiempo es un niño jugando. Porque en el acto de jugar, despreocupadamente, como un niño, se une misteriosamente la eternidad y el instante; todo se unifica, la conciencia se ancla al presente.

Michael Ende («Pero el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón») meets Jacques Tati. Un mundo vaciado de misterio, que ya no es gustoso habitar, porque todo el tiempo está ordenado a la productividad. Beppo, el amigo de Momo, y el barrendero de Mon oncle: ambos dejan siempre su trabajo a medio terminar con la excusa de pegar la hebra con el primero que pasa.

(Creo que el infierno debe de ser algo parecido a una oficina llena de mandos intermedios, abrumados por el temor al despido, encargando a todas horas a los condenados una sucesión eterna de plazos internos que son «para ayer».)

En Mon oncle, al igual que en la infravalorada Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964), el happy end es el redescubrimiento del padre de su niño interior, que le posibilita el reencuentro con su hijo.

25. Ir al parque, a la salida de clase, con tus hijos a jugar al fútbol; poner dos jerséis del colegio como postes de una improvisada portería y ver, de repente, cómo aparecen de la nada otros 20 niños que te piden permiso para unirse al juego. Fútbol pravda.

Siempre animo a mis hijos a jugar al fútbol con niños que no conocen de nada, que venzan la pereza que les da ponerse en acción con ellos: medirte con quien no se sabe tus cuatro trucos es la mejor forma de mejorar, tratando de encontrar soluciones nuevas a problemas nuevos.

26. La problematicidad nace de la vida. La vida por esencia es problemática. Una persona verdaderamente grande no es quien no tiene problemas, sino quien se mide y confronta con grandes problemas.

La inmigración es fuente de problematicidad; como el matrimonio, los hijos, la familia política y las comunidades de propietarios. Abrirse a la vida es abrirse a nuevos problemas.

27. True love will find you in the end. Daniel Johnston meets François Truffaut. Antoine Doinel al final de Los 400 golpes (1959) corriendo hacia el mar por la playa desierta; nuestros ojos siguiéndole en un travelling que representa la vida de todos. Él, que «soñaba cada día poder alcanzar la playa», al llegar a la orilla, su ansiada meta, se detiene: no sabe ahora adónde ir ni qué hacer.