Los derechos bajo ataque - Gráinne de Búrca - E-Book

Los derechos bajo ataque E-Book

Gráinne de Búrca

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Beschreibung

Propagación de gobiernos autoritarios y antiliberales, guerras y amenaza nuclear, cambio climático, economías desiguales y cuestionamientos a la democracia: en este contexto de turbulencias, ¿a quién le interesan los derechos humanos? ¿Las viejas estrategias de lucha siguen siendo efectivas para defenderlos en las calles y en los tribunales? En este libro original, que refleja décadas de experiencia en la discusión conceptual, el análisis de casos y la voluntad de intervención política, Gráinne de Búrca parte de una constatación desafiante: en nuestros días, el movimiento de derechos humanos –en el sentido amplio de los derechos vinculados con el género, la infancia, la salud reproductiva, la discapacidad y las diversidades– se ve jaqueado en dos frentes. Por un lado, dirigentes políticos antiliberales, apoyados por el ascenso de la extrema derecha, impugnan y desestiman su misma existencia y fomentan prácticas represivas contra sectores vulnerables y activistas. Por el otro, voces de intelectuales y académicos se alzan desilusionadas para cuestionar la eficacia de sus propios movimientos. Sin embargo, este activismo por los derechos se mantiene vivo y alerta, y continúa siendo clave en la búsqueda de justicia social, económica, ambiental y de género en todo el planeta. ¿Son los restos de un movimiento que se acerca a su fase final? De ningún modo, sostiene la autora, quien propone la necesidad de actualizar las formas del activismo y fortalecer sus redes transnacionales de apoyo para enfrentar las desigualdades fuera de control, el impacto nocivo de la tecnología y la cuestión ambiental como grandes ejes problemáticos del siglo XXI. Abandonar (en vez de reformar y renovar) la movilización por los derechos humanos significaría dejar a nuestras democracias más indefensas de lo que hoy en día están, y menos preparadas para desafiar a la injusticia en todas sus formas.

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Seitenzahl: 638

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Índice

Cubierta

Índice

Portada

Copyright

Dedicatoria

Agradecimientos

Introducción

1. La eficacia de los derechos humanos

Teorías sobre la eficacia de los derechos humanos

Tres estudios de caso

Los movimientos sociales y la sociedad civil como actores clave en el “experimentalismo de los derechos humanos”

Una teoría experimentalista transnacional del derecho y la defensa de los derechos humanos

2. Movilización por la igualdad de género en Pakistán y el papel de los derechos humanos internacionales

Pakistán y el derecho internacional de los derechos humanos

El activismo de las mujeres y la sociedad civil en Pakistán

El lugar controvertido de los derechos humanos en Pakistán

La relación de Pakistán con la Cedaw

La respuesta de Pakistán a los procesos de monitoreo de los derechos humanos

Los límites de la reforma legal sin aplicación

Conclusión

3. La activación de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en la Argentina

La sociedad civil y el surgimiento de un movimiento de derechos humanos en la argentina

La interacción entre la sociedad civil nacional y las normas e instituciones internacionales de derechos humanos

El surgimiento del activismo por los derechos de las personas con discapacidad en la Argentina

El estatus legal de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en la Argentina

Educación inclusiva: la activación de la CDPD por parte de la sociedad civil para catalizar la reforma de los derechos de las personas con discapacidad

Conclusión

4. El uso del derecho internacional de los derechos humanos para movilizarse por los derechos de la infancia y los derechos reproductivos en Irlanda

Irlanda y el derecho internacional de los derechos humanos

Estudio de caso 1: la reforma de los derechos de la infancia

Estudio de caso 2: la reforma de los derechos reproductivos en Irlanda

Conclusiones

5. El pasado y el futuro de los derechos humanos

Reflexiones acerca de la defensa de los derechos humanos en el pasado

Los desafíos contemporáneos para los derechos humanos

¿Pueden los derechos humanos estar a la altura del desafío?

El futuro de los derechos humanos

Gráinne de Búrca

Los derechos bajo ataque

Replantear el activismo en un mundo autoritario

Edición al cuidado de Paola BergalloTraducción de Sebastián Villamizar Santamaría

de Búrca, Gráinne

Los derechos bajo ataque / Gráinne de Búrca.- 1ª ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2024.

Libro digital, EPUB.- (Derecho y Política / dirigida por Roberto Gargarella y Paola Bergallo)

Archivo Digital: descarga y online

Traducción: Sebastián Villamizar Santamaría

ISBN 978-987-801-367-1

1. Derecho. 2. Derechos Humanos. 3. Derechos Civiles. I. Villamizar Santamaría, Sebastián, trad. II. Título.

CDD 361.614

Título original: Reframing Human Rights in a Turbulent Era

Esta colección comparte con IGUALITARIA el objetivo de difundir y promover estudios críticos sobre las relaciones entre política, el derecho y los tribunales.

<www.igualitaria.org>

© 2021, Oxford University Press

© 2024, Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A.

<www.sigloxxieditores.com.ar>

La presente edición se publica mediante acuerdo con Oxford University Press

Diseño de portada: Pablo Font

Digitalización: Departamento de Producción Editorial de Siglo XXI Editores Argentina

Primera edición en formato digital: julio de 2024

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

ISBN edición digital (ePub): 978-987-801-367-1

A Bernie

Agradecimientos

Estoy muy agradecida con las muchas personas que me ayudaron, de distintas maneras, a escribir este libro.

Durante muchos años, el trabajo de Charles Sabel sobre el experimentalismo ha sido una gran influencia en lo que pienso acerca de la gobernanza transnacional y los derechos humanos. La colaboración que hemos hecho con él y con Robert Keohane en la última década ha sido una fuente de intercambios académicos bastante gratificante. Les agradezco mucho a ambos por su apoyo, sus críticas, su ánimo y, sobre todo, su amistad a lo largo del camino, así como por los importantes consejos y aportes que me dieron durante la redacción de este libro. Chuck también me ayudó en particular dándome ánimo cuando varios capítulos tardaban más de lo esperado en materializarse. El trabajo de César Rodríguez Garavito también ha sido de gran influencia en el libro. Sus comentarios y consejos han resultado invaluables, y sus trabajos reflexivos –así como la forma en que combina su compromiso con el pensamiento crítico y con la promoción de los derechos humanos en la práctica–, una inspiración para algunas de las ideas desarrolladas aquí. El trabajo perspicaz y pionero de Sally Engle Merry acerca de los derechos humanos y la vernacularización también fue fundamental en el desarrollo de mi pensamiento, y aprecié mucho su interés y apoyo durante la redacción del libro. Ella falleció en septiembre de 2020 y extrañaré su cálida y generosa amistad, así como su creatividad y brillantez académica.

Presenté por primera vez el material que constituyó la semilla de una idea para este libro en un taller del Instituto Watson de la Universidad de Brown en 2013, organizado junto con Chuck Sabel, Bob Keohane y Rick Locke. Desde entonces, he presentado partes del manuscrito en varios talleres y reuniones, y estoy en deuda con todas las personas que me invitaron, así como con quienes hicieron comentarios sobre los borradores que presenté. Entre ellos, los participantes en los talleres del Instituto Watson en 2013 y 2015, en la conferencia Max Weber del Instituto Universitario Europeo en 2015, en el taller de derecho internacional de la Universidad de Tel Aviv en 2018, en el taller de Justicia Global de la Universidad de Aix-Marsella en 2018, en los cursos de la Academia de Derecho Europeo del Instituto Universitario Europeo sobre derechos humanos en 2017 y 2019 y, por último, en el taller sobre el manuscrito del libro organizado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York en diciembre de 2019. Los comentarios enormemente útiles y las críticas agudas que recibí en todos estos eventos fueron vitales para la redacción y reescritura del libro.

Muchos colegas y amigos leyeron y comentaron partes del manuscrito o me dieron su opinión sobre algunas presentaciones parciales en distintas etapas. Entre ellos están José Álvarez, Nehal Bhuta, Dennis Davis, Rosalind Dixon, Suzanne Egan, Veronika Fikfak, Angelina Fisher, Ryan Goodman, Aeyal Gross, Ludovic Hennebel, Claire Kilpatrick, Benedict Kingsbury, Sarah Knuckey, Eliav Lieblich, Doreen Lustig, Tamar Megiddo, Sally Engle Merry, Ziba Mir-Hosseini, Gerard Quinn, Joanne Scott, Thomas Streinz, Julie Suk, Christiaan Van Veen, Neil Walker y Paula Wulff Fernandez.

También me he beneficiado en gran medida de la dedicación de varios asistentes de investigación excelentes que trabajaron en los estudios de caso, en particular Lauren Flanagan, Hilary Hogan, Nahuel Maisley, Sheherezade Malik y Sakeena Moeen. Agradezco además la ayuda y los aportes en distintas fases a Victoria Adelmant, Judith Bauder y Molly Whelan.

Joyce Davies, del Instituto Universitario Europeo en Florencia, fue una gran guía durante los procesos de corrección de estilo y diseño de la cubierta de la edición inglesa, y sirvió de enlace con Oxford University Press. Muchas gracias también a Kathryn Plunkett y Joe Matthews de OUP por su trabajo durante el proceso de producción.

Dos personas fueron fundamentales para la redacción de este libro, en una combinación de apoyo moral, asistencia práctica y crítica incisiva. Deirdre de Búrca me alentó, animó e instó de manera continua a avanzar, sobre todo en los momentos en que me faltaba energía. Me proporcionó una gran cantidad de material interesante y relevante sobre el activismo de la sociedad civil y me hizo sugerencias útiles y comentarios perspicaces sobre varios capítulos. El apoyo de Philip Alston fue enorme tanto en su compromiso inquebrantable de realizar una parte equitativa de las tareas domésticas y la crianza de los hijos como en su asesoramiento académico, su ánimo y su aporte sustantivo en cada etapa. Debo añadir que, si bien mis hijos adolescentes, Seán y Ross, no tuvieron la intención deliberada de ponerme en evidencia, me ayudaron a terminar el manuscrito por la genuina incredulidad con la que preguntaban: “¿De verdad sigues escribiendo el mismo libro desde hace tres años?”.

El libro trata en gran medida de la forma en que los defensores y activistas, incluidos aquellos cuyas vidas se ven más afectadas por la negación de los derechos humanos, se movilizan e interpelan a las instituciones y leyes nacionales e internacionales para exigir sus derechos y hacerlos valer. En muchas partes del mundo, los activistas que lo hacen se ponen en peligro y son acosados, marginados, amenazados e incluso asesinados. Mi profunda admiración por su valor y su compromiso con la justicia y con el cambio progresista ha sido una fuente de inspiración constante para este trabajo.

Por último, quiero recordar a mi madre, Bernadette de Búrca, que murió en enero de 2020. Al enviudar pronto y quedarse con cuatro hijos que criar, nos animó constantemente a tomarnos en serio nuestra educación, a trabajar duro y a hacer algo útil con nuestras vidas. No sé si ella consideraría este libro útil o no, pero está dedicado con amor y gratitud a su memoria.

Introducción

Vivimos en una época de turbulencias globales. Desde el cambio de orden geopolítico que señala el fin de la dominación unipolar y la propagación global del antiliberalismo político hasta la abrumadora amenaza planetaria que supone el cambio climático y el estallido de una pandemia que trastornó las economías y la política en todo el mundo, la época actual es de tumultos y cambios constantes. El nacionalismo va en aumento, el multilateralismo está en decadencia y los movimientos de protesta han estallado en países de Asia, el norte de África, América Latina, América del Norte y Europa. La pandemia de covid-19 trajo la introducción generalizada de facultades de emergencia, el gobierno por decreto, el aumento de la vigilancia, la suspensión de las salvaguardias democráticas, el elogio del control autoritario y las derogaciones estatales de los compromisos internacionales en materia de derechos humanos.

Este libro aborda el papel y la relevancia de los derechos humanos internacionales en nuestra época turbulenta, en un momento en el que estos han sido objeto de ataques tanto políticos como intelectuales. El creciente antiliberalismo político, el autoritarismo envalentonado y la represión de la sociedad civil parecen sugerir que, justo cuando son objeto de represión, los movimientos de derechos humanos son aún más importantes y urgentes. Sin embargo, aunque se podría haber supuesto que los intelectuales saldrían en defensa de los derechos humanos en estas circunstancias geopolíticas, la realidad ha sido bastante diferente, ya que algunos de los académicos e intelectuales más notorios y difundidos han expresado un escepticismo cada vez mayor acerca de la eficacia, la importancia y la conveniencia normativa de los derechos humanos internacionales. Si la corriente política parece, por ahora, volverse definitivamente en contra de estos derechos en tantos países, y si el apoyo intelectual se está desmoronando, ¿qué debemos hacer con el futuro, por no hablar del pasado, del movimiento internacional?

En cuanto a la tendencia política, un conjunto creciente de líderes autoritarios populistas y antiliberales de todo el mundo, apoyados por el continuo ascenso de la extrema derecha y alentados por las oportunidades que brindó la pandemia, han impugnado, distorsionado y desestimado de manera abierta la idea de los derechos humanos. En el ámbito nacional, promueven y fomentan políticas y prácticas cada vez más represivas contra sectores vulnerables de la población y contra los defensores de los derechos humanos, además de que capturan y controlan las instituciones independientes. A nivel internacional, tratan de socavar y debilitar las instituciones y los procesos relacionados con este movimiento. Y aunque, ante el ascenso del antiliberalismo, muchos estudiosos del tema han optado por mantener el mismo enfoque, algunas de las voces intelectuales más fuertes, tanto de sectores progresistas como conservadores, han expresado un profundo desencanto con esta cuestión. Destacados académicos e intelectuales han tachado el lenguaje, los ideales, las prácticas, los logros jurídicos y la defensa de los derechos humanos de defectuosos, inadecuados, hegemónicos, limitados, exagerados, apolíticos, periféricos o inútiles. Los enfoques de los derechos humanos han sido acusados de ser herramientas del imperialismo occidental,[1] un paradigma jurídico elitista y burocrático,[2] un discurso experto limitante que desplaza las alternativas políticas emancipadoras,[3] que limita sus ambiciones y oculta su propia “gubernamentalidad”,[4] una cultura “autista” en lo intelectual,[5] una antipolítica[6] y una alianza del neoliberalismo.[7]

Aun así, al mismo tiempo que los académicos, sobre todo en el Norte Global, se han superado unos a otros con críticas cada vez más mordaces y despectivas, los movimientos, protestas y prácticas de derechos humanos se han multiplicado y extendido. Puede haber turbulencias debido al aumento de la represión política y el antiliberalismo, y a la elección de líderes agresivos y deshonestos que han tomado el control de las instituciones del Estado, han reprimido a sus oponentes y se han aprovechado de la pandemia; pero también ha habido turbulencias en los últimos años en relación con las protestas por la justicia social y las movilizaciones de base generalizadas. Muchos de los grupos y movimientos que se han movilizado por el cambio social en distintas partes del mundo han invocado el discurso o activado las herramientas de los derechos humanos en sus campañas. Durante 2019 y 2020, antes de las medidas de aislamiento por el covid-19, hubo multitudes que se concentraron y manifestaron alrededor del mundo, en países como Chile, Ecuador, los Estados Unidos, Hong Kong, Indonesia, Líbano y –como se describe en este libro– la Argentina, Irlanda y Pakistán, entre otros, para hacer valer sus demandas, a menudo por medio del lenguaje de los derechos. Las protestas de Black Lives Matter, las masivas marchas de mujeres, las manifestaciones contra las violaciones y las huelgas y concentraciones por el clima en todo el mundo en los últimos años han invocado de manera regular los derechos humanos, además de que Greta Thunberg y un grupo de niños presentaron una denuncia por la falta de acción climática ante el Comité de los Derechos del Niño de la ONU.[8] El discurso de los derechos humanos sigue siendo utilizado por muchos movimientos y campañas progresistas de carácter social, ambiental, indígena, laboral y de otro tipo en favor de la justicia, incluso a pesar de que los académicos críticos y escépticos siguen desafiando e intentando desacreditarlo, y los gobiernos tratan de socavarlo y distorsionarlo.

¿Qué es lo que explica estos dos conjuntos de acontecimientos opuestos? ¿La aparente vitalidad del movimiento de derechos humanos y la convicción de los distintos actores de todo el mundo que los invocan en una búsqueda de justicia social, económica, ambiental y de otro tipo no son más que los restos de un movimiento que se acerca a su fase final, destinado a agotarse ante las fuerzas combinadas de la represión política generalizada y la desilusión intelectual, por no mencionar otros grandes retos contemporáneos, como el impacto de las nuevas tecnologías, las pandemias, las desigualdades fuera de control y el cambio climático? ¿O acaso los diagnósticos pesimistas y a menudo mordaces de los escépticos de los derechos humanos no dan el debido crédito a los impulsores de dichos movimientos, las razones por las cuales siguen surgiendo, creciendo y floreciendo, y a las condiciones en las que lo hacen?

Este libro sostiene que el movimiento de los derechos humanos sigue siendo atractivo e interesante de manera intrínseca, debido a los valores universales en los que se basa, a su continua vitalidad como uno de los diversos lenguajes y herramientas para desafiar la injusticia, y a la capacidad de adaptación y el potencial creativo de las ideas, las legislaciones y la defensa de los derechos humanos para generar legitimidad y ayudar a promover cambios positivos y reformas, incluso en condiciones nacionales y mundiales turbulentas y en constante cambio. Sin dejar de reconocer las numerosas deficiencias y carencias de la legislación y la práctica de los derechos humanos –como ocurre con cualquier práctica humana–, presento un desarrollo del movimiento internacional de los derechos humanos, movimiento que sigue siendo poderoso y atractivo, y que tiene una amplia tracción en muchas partes del mundo. Este desarrollo se basa en la práctica de los derechos humanos por parte de activistas y defensores, y sostiene que, lejos de ser ineficaz o marginal en su impacto, ha desempeñado un papel importante en muchos movimientos por la justicia social, política, racial, económica y ambiental en todo el mundo. Además, a diferencia de los relatos que presentan este movimiento como elitista, apolítico, verticalista o burocrático, el relato experimentalista del derecho internacional en materia de derechos humanos y la defensa que se presenta en este libro entienden, en cambio, los derechos humanos como el producto de una interacción y una disputa continuas entre una serie de actores, instituciones y normas: entre las reivindicaciones y las demandas de las personas afectadas e interesadas, las normas e instituciones internacionales que elaboran y supervisan su aplicación, y las instituciones y los actores nacionales que refuerzan y apoyan esas reivindicaciones.

La potencia y la legitimidad del proyecto de los derechos humanos se basan en tres fundamentos principales. En primer lugar, el proyecto se apoya profundamente en un discurso moral arraigado y atractivo en el que se integran al menos tres valores centrales: la dignidad humana, el bienestar humano y la libertad humana. En segundo lugar, estos valores y su elaboración más detallada en diversos instrumentos jurídicos internacionales han obtenido un acuerdo generalizado (aunque escaso y desigual) entre los Estados de todo el mundo. En tercer lugar, el proyecto de los derechos humanos es un proyecto dinámico, que se activa, se moldea y adquiere su significado e impacto a través de la movilización continua de las poblaciones, grupos e individuos afectados, y a través de su compromiso iterativo con una serie de instituciones y procesos nacionales e internacionales a lo largo del tiempo.

Muchas de las críticas que se han articulado se han dirigido a aspectos específicos de la legislación o la práctica de los derechos humanos. Los académicos escépticos de la izquierda, como Martti Koskenniemi y David Kennedy, se enfocan en lo que perciben como el elitismo gerencialista y especializado de las formas institucionalizadas de la práctica de los derechos humanos;[9] filósofos como John Tasioulas abordan lo que consideran una extralimitación del derecho de los derechos humanos;[10] académicos del Sur Global, como Makau Mutua, critican su imperialismo cultural;[11] estudiosos del derecho y la economía, como Eric Posner, se enfocan en la aparente falta de aplicabilidad o eficacia de la legislación sobre derechos humanos, así como en su supuesta naturaleza verticalista;[12] e historiadores, como Samuel Moyn, en la percepción de lo inadecuados que son para abordar la desigualdad económica.[13] Aunque, hasta cierto punto, estas y otras críticas están bien enfocadas y señalan problemas reales que afectan aspectos del derecho y la práctica de los derechos humanos, muchas otras son caricaturescas, exageradas o pasan por alto dimensiones importantes del movimiento de los derechos humanos.

Además, incluso en la medida en que estén bien dirigidas, el bombardeo de críticas intelectuales no señala la muerte o la decadencia del movimiento de los derechos humanos, ni la conveniencia de la muerte o la decadencia de ese movimiento; del mismo modo, las críticas bien dirigidas a los sistemas democráticos y sus disfunciones actuales tampoco señalan por sí mismas el fin de la democracia o la conveniencia del fin de la democracia. Por el contrario, las críticas más convincentes pueden ayudar a señalar el camino hacia la reforma y la renovación –y, de hecho, como han argumentado algunos de los académicos de los derechos humanos más persuasivos y más conocedores del tema, hacia la alteración creativa–[14] de las prácticas, las instituciones y las leyes de derechos humanos, con el fin de cumplir mejor las aspiraciones y la promesa de los ideales subyacentes del movimiento y fortalecer su capacidad futura para promover la justicia.

Este libro no se une al coro académico de escépticos y críticos de los derechos humanos no porque no haya críticas válidas e importantes que hacer, sino porque después de años de supremacía de críticas cada vez más expansivas, prefiero unirme a escritores como César Rodríguez-Garavito,[15] Kathryn Sikkink[16] y Philip Alston[17] en la opinión de que se necesita una reflexión académica constructiva sobre la tarea de los derechos humanos por parte de los interesados en la justicia social y otras formas de justicia. En vez de comprometerse con los escépticos que piden a quienes se preocupan por la injusticia que abandonen el movimiento de derechos humanos y busquen otros caminos emancipatorios (que, por lo general, no especifican), creo que la tarea más urgente para los activistas e intelectuales de derechos humanos preocupados por la justicia socioeconómica, política, ambiental y de otros tipos es reflexionar acerca de las críticas más convincentes y constructivas. Esto, con el fin de aportar ideas y estímulos que permitan fortalecer y renovar un movimiento que ha logrado mucho en el pasado, para así poder afrontar mejor los retos que se avecinan.[18] En el último capítulo considero los desafíos contemporáneos del antiliberalismo, el cambio climático y la digitalización, en el contexto de un mundo con una alta desigualdad que lucha con las secuelas de una pandemia, y las capacidades, herramientas y estrategias del movimiento de derechos humanos para abordar estos desafíos.

Un argumento que suelen esgrimir los comentaristas escépticos –en lugar de los meros críticos– con el proyecto de los derechos humanos es que las energías progresistas estarían mejor orientadas si apuntaran a otros medios para combatir la injusticia, que los enfoques de los derechos humanos desplazan u opacan.[19] Hasta ahora la tesis del desplazamiento no se ha probado,[20] pero, lo que es aún más importante, los escépticos rara vez proponen, si es que lo hacen, alternativas específicas, y suelen limitarse a señalar la política y la acción política como la vía emancipadora adecuada. En ocasiones se insinúa de qué naturaleza podría ser esta política –un socialismo indefinido o quizás una revolución–, pero rara vez se elabora una argumentación más detallada que la afirmación, al final de una larga crítica, de que el camino a seguir es la “política” y no los “derechos”.[21] Sin embargo, en el desarrollo de los derechos humanos que se presenta en este libro –un relato del movimiento enfocado en el activismo que, en mi opinión, es más preciso en su descripción y más persuasivo en lo normativo que el de los escépticos–, la práctica de los derechos humanos no es un reemplazo ni un sustituto de la política ni de la redistribución. Por el contrario, y aunque las estrategias legales han sido y probablemente sigan siendo instrumentos importantes para los defensores de los derechos humanos, el derecho y la defensa de estos derechos es algo inevitablemente político.[22]

Es cierto –y no sorprende– que las burocracias internacionales que gestionan partes del sistema internacional de derechos humanos a menudo operan de manera formalista o rígida. También es cierto que varias ONG norteamericanas destacadas se esforzaron durante años por presentar su trabajo como apolítico. Pero la realidad de la práctica de los derechos humanos para la mayoría de quienes participan en su defensa y ejercicio –las legiones de activistas, movimientos de base y organizaciones de todo el mundo– siempre ha sido política, en el sentido de que está dirigida a provocar un cambio político y social, por lo general a través de la disputa y la lucha. Y si bien es cierto que el derecho y la práctica de los derechos humanos están animados por valores, en lo esencial, universales, que no son ni partidistas ni particulares, como el respeto por la dignidad humana, el bienestar humano y la libertad humana, no cabe duda de que la práctica de los derechos humanos pretende reforzar, reorientar y desafiar otras formas de acción política y económica. También, actuar como catalizador o corrector de las disfunciones de los sistemas políticos existentes y ayudar a presionar para que se lleven a cabo proyectos de reforma social, económica, política y ambiental.

Mientras que algunos críticos han argumentado que los derechos humanos “no son suficientes”, la premisa de este libro es que la política sin derechos humanos no es suficiente. Sugiero que un sistema político –ya sea capitalista, socialista o cualquier otro– sin el tipo de apoyo moral e institucional que proporciona un marco de derechos humanos, con su conjunto explícito de compromisos con la dignidad, la libertad y el bienestar humanos, tiene menos probabilidades de promover una sociedad justa. Todos los sistemas políticos, tanto los democráticos como los autoritarios, tanto los capitalistas como los socialistas, descuidan, marginan y reprimen a una parte de su población en distintos momentos y grados. En el mejor de los casos, lo que brinda el proyecto de derechos humanos, en la medida en que mantiene la presión sobre los sistemas políticos y las sociedades para que se muevan en dirección a la justicia, es un amplio conjunto de valores subyacentes con un atractivo universal, un conjunto de leyes acordadas en el ámbito internacional, así como instituciones nacionales e internacionales para ayudar a desarrollar y promover esos valores, y la libertad y los recursos para que los movimientos sociales y sus defensores activen, exijan y configuren la garantía de los derechos en la práctica a través de la defensa y la acción política, legal y de otros tipos.

El libro busca presentar un relato descriptivo-teórico de la práctica de los derechos humanos –que elaboro con más detalle en el siguiente capítulo como un desarrollo experimental– a partir de ejemplos de campañas para promover los derechos de las personas en situación de discapacidad, los derechos de los niños, la justicia de género y los derechos reproductivos en distintas partes del mundo. Se podrían haber elegido muchos otros ejemplos y campañas importantes, como los derechos de los pueblos indígenas, las campañas por la justicia racial o los movimientos por los derechos de las personas migrantes, pero los estudios seleccionados pretenden ser, sobre todo, ejemplos de cómo ha funcionado la movilización por los derechos humanos en diferentes contextos. El objetivo es brindar una mirada más cercana a los modos en que la defensa de los derechos humanos contribuyó en el pasado a promover un cambio positivo y, al hacerlo, presentar un relato alternativo y, espero, más persuasivo del movimiento internacional de derechos humanos que aquel en que se lo describe como ineficaz, elitista, verticalista, burocrático o apolítico. El motivo de este desarrollo experimentalista de los derechos humanos internacionales no es sugerir que todas las acciones llevadas a cabo en nombre de los derechos humanos han sido positivas o benignas, ni negar que, como en todos los sistemas humanos, hay aspectos escleróticos, imperialistas y disfuncionales en el complejo del régimen internacional de derechos humanos en general. Por el contrario, el objetivo es presentar una imagen más completa e incluyente del movimiento internacional de derechos humanos y replantear cómo se percibe el funcionamiento del derecho y la defensa de los derechos humanos y qué elementos se incluyen y priorizan en nuestra comprensión. El relato experimentalista pone en primer plano, y en el centro del marco, lo que considero son los elementos fundamentales que animan y dan forma al movimiento de los derechos humanos, y que, en muchos casos, lo han convertido en un movimiento importante para quienes buscan la justicia en todo el mundo: el compromiso y la interacción constantes entre las reivindicaciones y demandas de los activistas y defensores nacionales; los ideales universales que sustentan el movimiento y la amplia gama de instrumentos internacionales de derechos humanos acordados por los Estados, y el conjunto de instituciones internacionales y nacionales que los elaboran, supervisan y apoyan.

Sin embargo, aunque un desarrollo experimentalista del movimiento internacional de derechos humanos hasta la fecha parece plausible, cabe preguntarse si una teoría o un enfoque basado en los éxitos del pasado son adecuados para afrontar los retos de la época actual. Aun cuando muchas de las campañas de derechos humanos en el pasado surgieron y florecieron durante épocas turbulentas y en períodos de represión política, es posible que la naturaleza de los problemas a los que se enfrenta actualmente el movimiento sea diferente en cuanto a su tipo y magnitud. Aparte de la rápida propagación del antiliberalismo político y del cambiante orden geopolítico, la naturaleza transformadora de las nuevas tecnologías, la conmoción de la pandemia de 2020, las desigualdades cada vez mayores y la rápida aparición del cambio climático también plantean retos nuevos e importantes que quizás exijan a los defensores de los derechos humanos una reflexión urgente acerca de la reforma y la renovación de sus planteamientos tradicionales, así como a los Estados y organizaciones que se preocupan por estos retos que apoyen y refuercen esas iniciativas. Pero aun así, y a pesar de los crecientes desafíos, la renovada protesta cívica y la adaptación creativa del activismo cívico que se ha puesto de manifiesto en muchas partes del mundo ha sido una fuente de esperanza y un motivo de optimismo en esta época de turbulencia global, dado que es la energía y el compromiso de los movimientos sociales lo que tan a menudo suministra el motor crucial para la defensa y las reformas más eficaces de los derechos humanos. En el último capítulo de este libro, se considera si un enfoque experimentalista de los derechos humanos podría facilitar y promover el tipo de reforma o cambio que el propio movimiento está considerando en la actualidad, y de qué manera.

Para concluir, este libro brinda un relato de las muchas y variadas formas en que un movimiento de derechos humanos rico y diverso ha contribuido a combatir la injusticia y a promover el cambio progresista en el pasado. El objetivo es también replantear la presentación académica más típica de un movimiento monolítico. La principal lección que se desprende de los análisis de los capítulos siguientes es que los enormes desafíos de la turbulenta época actual brindan razones poderosas para reformar, innovar y fortalecer las herramientas y prácticas del movimiento de derechos humanos para el futuro, en lugar de abandonarlo, animar a otros a abandonarlo o anunciar su desaparición.

[1] M. Mutua, Human Rights. A Political and Cultural Critique (2002).

[2] M. Koskenniemi, The Politics of International Law (2011), cap. 6.

[3] D. Kennedy, “The International Human Rights Movement: Part of the Problem?”, Harvard Human Rights Journal, 15 (2002), p. 101.

[4] W. Brown, “‘The Most We Can Hope For’: Human Rights and the Politics of Fatalism”, South Atlantic Quarterly, 103 (2004), p. 451.

[5] M.Koskenniemi, “Rocking the Human Rights Boat: Reflections by a Fellow Passenger”, en N. Bhuta y otros (eds.), The Struggle por Human Rights (2021).

[6] S. Marks, “Four Human Rights Myths”, en D. Kinley, W. Sadurski y K. Walton, Human Rights: Old Problems, New Possibilities (2013), p. 217.

[7] S. Moyn, “A Powerless Companion: Human Rights in an Age of Neoliberalism”, Law and Contemporary Problems, 77 (2015), p. 147.

[8]Sacchi y otros c. Argentina y otros, Comunicación presentada en virtud del art. 5 del Tercer Protocolo Facultativo de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, 23 de septiembre de 2019, disponible en <earthjustice.org/sites/default/files/files/CRC-communication-Sacchi-et-al-v.-Argentina-et-al.pdf>.

[9] Véanse, por ejemplo, M. Koskenniemi, “The Effect of Rights on Political Culture”, en The Politics of International Law (2010), cap. 5, y “Human Rights Mainstreaming as a Strategy for Institutional Power”, Humanity (2010), p. 47; y véase D. Kennedy, “The International Human Rights Movement: Part of the Problem?”, Harvard Human Rights Journal, 15 (2002), p. 101, y “The International Human Rights Regime: Still Part of the Problem?”, en R. Dickinson y otros (eds.), Examining Critical Perspectives on Human Rights (2013), p. 19.

[10] J. Tasioulas, “Saving Human Rights From Human Rights Law”, Vanderbilt Journal of Transnational Law, 52 (2019), p. 1167, y “Are Human Rights Taking Over the Space Once Occupied by Politics?”, New Statesman, 26 de agosto de 2019. Para otros que hacen un argumento similar, véanse S. Kaplan, “When Everything Is A Human Right, Nothing Is”, Foreign Policy, 6 de septiembre de 2019, y H. Hannum, Rescuing Human Rights: A Radically Moderate Approach (2019).

[11] M. Mutua, Human Rights (2002).

[12] E. Posner, The Twilight of Human Rights (2014), caps. 4 y 5.

[13] S. Moyn, Not Enough: Human Rights in an Unequal World (2018).

[14] C. Rodríguez-Garavito, “The Future of Human Rights: From Gatekeeping to Symbiosis’, SUR: International Journal on Human Rights (2014), disponible en <sur.conectas.org/en/the-future-of-human-rights-from-gatekeeping-to-symbiosis>, y “Towards a Human Rights Ecosystem”, en D. Lettinga y L. van Troost, Debating the Endtimes of Human Rights: Activism and Institutions in a Neo-Westphalian World (2014).

[15] C. Rodríguez-Garavito y K. Gomez (eds.), Encarar el desafío populista. Un nuevo manual de estrategias para actors de derechos humanos (2019).

[16] K. Sikkink, Razones para la esperanza (2018), y The Hidden Face of Rights: Towards a Politics of Responsibilities (2020).

[17] P. Alston, “The Populist Challenge to Human Rights”, Journal of Human Rights Practice, 9 (2017), p. 1. Véase también N. Dudai, “Human Rights in the Populist Era: Mourn then (Re)Organize”, Journal of Human Rights Practice, 9 (2017), p. 16.

[18] Para un argumento en contra de los derechos humanos como vía emancipadora y a favor de alejarse de la libertad liberal, véase R. Kapur, Gender, Alterity and Human Rights (2020).

[19] Para una articulación de la tesis del desplazamiento, véase S. Moyn, “Human Rights and the Crisis of Liberalism”, en S. Hopgood, J. Snyder y L. Vinjamuri, Human Rights Futures (2017), p. 261.

[20] Para una crítica a la tesis del desplazamiento, véase J. Song, “Human Rights and Inequality”, Philosophy and Public Affairs, 47(4) (2019), p. 347. Véase también B. A. Simmons y D. Strezhnev, “Human Rights and Human Welfare: Looking for a ‘Dark Side’ to International Human Rights Law”, en S. Hopgood, J. Snyder, y L. Vinjamuri (eds.), Human Rights Futures (2017), p. 60.

[21] Para una refrescante excepción en el trabajo de un académico que busca combinar la teoría crítica con la práctica crítica y que propone un papel para los derechos humanos en los movimientos políticos emancipatorios, véase C. M. O’Connell, “On the Human Rights Question”, Human Rights Quarterly, 40 (2018), p. 962.

[22] Para un interesante relato de cómo las estrategias de defensa de los derechos humanos de las ONG en India, incluidos los litigios, no están despolitizadas ni son antipolíticas, véase B. Bornstein y A. Sharma, “The Righteous and the Rightful: The Techno-Moral Politics of NGOs, Social Movements, and the State in India”, American Ethnologist, 43 (2016), p. 76.

1. La eficacia de los derechos humanos

El proyecto de los derechos humanos internacionales parece encontrarse en una coyuntura crítica que lo hace muy vulnerable. Por un lado, en una época en la que el antiliberalismo político y social se extiende con rapidez y se envalentona el autoritarismo en muchas partes del mundo, se cuestionan cada vez más las normas internacionales de derechos humanos y se descartan como intervenciones ilegítimas en la soberanía de los Estados. El nacionalismo ha crecido, exacerbado por la reciente pandemia. Se han tomado medidas políticas para debilitar y socavar las instituciones internacionales de derechos humanos mediante la desfinanciación y la retirada de los Estados, y se han seguido una serie de estrategias para limitar, marginar y silenciar a los defensores de los derechos humanos y a los actores de la sociedad civil. Por otro lado, desde lo que, por lo general, se considera el lado opuesto del espectro político, se critica con fuerza el proyecto de los derechos humanos, en particular, de parte de académicos que denuncian sus supuestos sesgos y su imperialismo normativo, o que cuestionan su adecuación y eficacia para promover la justicia y el cambio social positivo. Y atrapados en la mitad quedan muchos actores, defensores y activistas de los derechos humanos que llevan a cabo su labor, al tiempo que lidian con el miedo a la represión, el trauma causado por la naturaleza del trabajo que muchos realizan y la desilusión ante el creciente número de obstáculos y contratiempos.

Los sombríos pronunciamientos de los principales comentaristas especializados que anuncian las derrotas y la inminente desaparición del proyecto internacional de derechos humanos son por demás llamativos. Los títulos de sus libros recientes lo dicen todo: The Endtimes of Human Rights (“El fin de los tiempos de los derechos humanos”), de Stephen Hopgood;[1]The Twilight of Human Rights Law (“El ocaso del derecho de los derechos humanos”), deEric Posner,[2] y Not Enough (“Insuficientes”), de Samuel Moyn.[3] Hopgood nos dice que un contexto geopolítico cambiante desde el exterior, así como las disputas en el interior del movimiento de los derechos humanos, significan que se acerca el fin de los tiempos para los derechos humanos como normas globales efectivas.[4] Posner afirma que los derechos humanos nunca fueron realmente universales, que el derecho al que estos apuntan no ha logrado sus objetivos y que hay pocas pruebas de que haya mejorado el bienestar de las personas[5]. Moyn sostiene que los derechos humanos se convirtieron en el lenguaje para indicar un discurso que expresa que nuestra solidaridad con nuestros semejantes puede seguir siendo débil y barata, y que los derechos humanos alojaron al neoliberalismo y lo humanizaron.[6]

¿Qué tipo de futuro puede tener el proyecto internacional de derechos humanos a la luz de estas evaluaciones que critican con profundidad la eficacia pasada del proyecto y, al mismo tiempo, son demasiado pesimistas en cuanto a su futuro? Existe una amplia división en la bibliografía crítica entre quienes consideran que el movimiento de derechos humanos ha sido poderoso pero pernicioso[7] y quienes, como los autores citados, sostienen que ha sido ineficaz o marginal y que está destinado a una mayor marginalidad. Por su parte, este libro se dirige sobre todo a la crítica de la eficacia. Sostiene que la defensa de los derechos humanos ha sido una herramienta eficaz de la justicia social en muchas partes del mundo y brinda una teoría basada en el poder de los movimientos sociales y los actores de la sociedad civil que apelan a las normas e instituciones internacionales y nacionales de derechos humanos. Aunque no abordo de manera directa los argumentos de los críticos que consideran que el movimiento internacional de derechos humanos es poderoso y pernicioso, el relato de la defensa de los derechos humanos que se presenta en este libro cuestiona varios aspectos de la descripción de esos derechos como burocráticos, elitistas, verticalistas e imperialistas.

El libro aborda tanto las críticas a la eficacia en el pasado como el pronóstico pesimista en el futuro. Aunque reconozco que el activismo de derechos humanos no es el único medio, ni siquiera el principal, de buscar la justicia social, y a pesar de los grandes retos a los que se enfrentan los defensores de los derechos humanos en la actualidad, sostengo que este movimiento contribuyó a promover cambios sociales y políticos importantes en muchas partes del mundo de cara a la represión y el abandono. Hacia el futuro, afirmo que debería seguir siendo una fuerza importante para el cambio progresista, tanto a pesar como a causa del auge del antiliberalismo autoritario, el impacto de la pandemia, la abrumadora amenaza del cambio climático, el impacto transformador de la tecnología y la propagación de la desigualdad extrema.

En contraste con los relatos profundamente pesimistas antes mencionados, este capítulo resalta un conjunto creciente de estudios con base empírica que se enfoca con cada vez más sofisticación y matices en las formas en que el derecho y la práctica en materia de derechos humanos han promovido un cambio social positivo; los capítulos siguientes utilizan una serie de estudios de caso para ilustrar con más detalle el modo en que lo han hecho. Con base en esta literatura y en estos ejemplos, el libro propone una teoría experimentalista de la eficacia del derecho internacional de los derechos humanos y de su defensa, que es interactiva (basada en el trabajo de los movimientos sociales, de los actores de la sociedad civil y de las normas e instituciones internacionales), iterativa (dependiente de la acción continua) y a largo plazo (que persigue los tipos de cambios sociales fundamentales que rara vez se logran con rapidez). Este relato experimentalista de la defensa de los derechos humanos pone en tela de juicio una de las dicotomías u oposiciones persistentes en gran parte de la bibliografía académica, que presenta conjuntos de afirmaciones opuestas sobre si la reforma de los derechos humanos es (y debería ser) el resultado de instituciones e intervenciones “desde arriba” aseguradas mediante la socialización y el cumplimiento por parte de las élites, o si es (y debería ser) principalmente un proceso “desde abajo” mejor entendido como movilización interna. El relato experimentalista, en cambio, se basa en las sugerencias de algunos de los estudios recientes más interesantes sobre cómo la interacción entre actores e instituciones locales y globales puede servir para promover la reforma de los derechos humanos y el cambio social progresivo, y brinda una descripción más detallada de este proceso.

Los análisis académicos de los derechos humanos internacionales enfocados en el aspecto legal tendieron a adoptar una perspectiva desde arriba, al enfatizar la importancia de las leyes e instituciones internacionales y su impacto en las élites gubernamentales, judiciales y burocráticas nacionales para garantizar la reforma de los derechos humanos.[8] Sin embargo, algunos relatos recientes de gran influencia acerca del impacto del derecho internacional de los derechos humanos comenzaron a orientarse hacia las teorías de causalidad desde abajo o de base, quizás en parte como reacción a las críticas emergentes sobre su naturaleza supuestamente elitista y vertical. Beth Simmons, en un libro importante acerca de la repercusión de los tratados de derechos humanos, compara el relato de la movilización nacional “desde abajo” con las teorías “enfocadas en la élite” de otros estudiosos.[9] Stephen Hopgood yuxtapone lo que considera un sistema internacional de derechos humanos elitista y disfuncional (en mayúsculas), compuesto por una serie de normas e instituciones jurídicas mundiales, con una acción de derechos humanos de base más prometedora (en minúsculas).[10] Michael Ignatieff, en una línea algo diferente, presenta el “discurso de la élite de los derechos humanos” como algo distinto y separado de las virtudes ordinarias y los sistemas operativos morales de la mayoría de la gente, y sugiere que son las virtudes ordinarias, más que las nociones de derechos humanos, los verdaderos motores de la solidaridad.[11] Estos y otros relatos presentan las preocupaciones de las bases y la movilización interna como la verdadera fuente de energía y progreso social, y consideran que el sistema internacional de derechos humanos y sus leyes, instituciones y élites son inadecuados y disfuncionales o periféricos para lograr el cambio.

Esta yuxtaposición entre las élites y las bases, y el énfasis reciente en los relatos desde abajo acerca del progreso de los derechos humanos en particular son en muchos sentidos atractivos y, a primera vista, persuasivos. Las instituciones internacionales y sus redes parecen remotas, burocráticas y ajenas a las preocupaciones de las comunidades y las poblaciones, además de estar centradas en sus propios intereses y agendas institucionales. En cambio, las élites gubernamentales y judiciales, aunque sin duda son importantes para el cambio de las políticas públicas nacionales, rara vez tienen los incentivos o experimentan el sentido de urgencia que sienten las personas afectadas de manera más directa. Es en el ámbito de la comunidad, en el cual se produce la movilización de las bases, donde suele encontrarse la pasión y la energía para el cambio, y el nivel en el que suelen situarse tanto la experiencia de la privación o la represión como el ímpetu, las ideas y la acción para la reforma.

Sin embargo, este libro cuestiona el atractivo inicial del enfoque dicotómico. Sostengo que los movimientos que minimizan o descartan el papel del derecho y las instituciones internacionales de los derechos humanos (el sistema de derechos humanos “en mayúscula”) y que sitúan la eficacia real de la reforma de los derechos humanos en la acción y el activismo nacionales pasan por alto la importante dinámica interactiva e iterativa del cambio impulsado por los derechos humanos.[12] El relato de la legislación y la defensa de los derechos humanos que se refleja en los estudios de caso no sitúa el motor del cambio ni en el derecho y las instituciones internacionales ni en el activismo nacional, sino en el compromiso continuo a lo largo del tiempo entre una serie de actores, instituciones y normas internas y externas. Los ejemplos descriptos en el libro señalan el efecto productivo de la interacción de ida y vuelta entre los actores e instituciones locales, nacionales, externos y globales en el avance del cambio social y jurídico, y sugieren una teoría iterativa, de múltiples actores y direcciones de la reforma efectiva de los derechos humanos. Con base en estos ejemplos, el libro propone una teoría experimentalista del derecho internacional de los derechos humanos y de la defensa de estos, en la que argumenta que la defensa de los derechos humanos proporciona una poderosa manera de combatir la injusticia y catalizar la reforma social, política y legal. La atención se centra en el cambio social progresivo provocado por la defensa de los derechos humanos, no solo en los cambios doctrinales o en la articulación jurídica de los derechos, sino también en la promulgación de leyes, políticas y prácticas que fomentan el cumplimiento de los derechos en la práctica.

El argumento esgrimido no es que la invocación de los derechos humanos internacionales por parte de los movimientos sociales o grupos de defensa nacionales conduzca de manera inevitable a una reforma de los derechos humanos de este tipo, ni que las reformas promovidas por dichos grupos sean siempre indiscutibles o no controvertidas, o tengan un impacto totalmente exitoso y positivo. Algunas reformas, incluso cuando se introducen, no tendrán el impacto social previsto, o serán resistidas o revertidas después. Muchos factores pueden impedir el cambio progresivo, y la reforma de los derechos humanos dista mucho de ser una historia de progreso unidireccional. La trayectoria del cambio es casi siempre desigual, controvertida y de múltiples pasos, más que un camino lineal de progreso. Además, como ilustran los diversos estudios de caso, existe una compleja relación entre el cambio legal, político y social. El cambio legal a menudo es solo formal y no se aplica en ausencia de un apoyo o demanda social subyacente. A veces, el cambio jurídico es consecuencia del cambio social precedente y se basa en él, mientras que otras veces las reformas jurídicas previas ayudan a impulsar el cambio social y político posterior.[13] La movilización social en favor de los derechos humanos suele ser desordenada e imprevisible, y siempre se produce una controversia ya sea al interior de los movimientos sociales o entre ellos y diferentes partes de la sociedad civil, relacionada con lo que exigen los derechos humanos y el tipo de reformas que se creen necesarias o deseables.

Este libro no pretende hacer ninguna afirmación causal sólida de que la incidencia internacional de los derechos humanos condujo de manera directa a cambios sustantivos en el derecho y la política. En la mayoría de los casos, pero no en todos, sería imposible sostener una afirmación como esta con una metodología sólida y un análisis convincente. La realidad es más desordenada y complicada. Aunque las campañas para el cambio descriptas en los estudios de caso tuvieron a menudo éxito y, por lo general, se enmarcaron en el lenguaje de los derechos humanos, ocurrieron en el contexto de los acontecimientos sociales, políticos y económicos particulares que se desarrollaron en los países correspondientes. Precisamente porque entraron en juego muchos factores distintos, cualquier intento de aislar y definir la contribución precisa de la defensa de los derechos humanos en términos de resultados tiene altas probabilidades de fracasar. No obstante, los estudios de caso proporcionan una amplia base para sugerir que el compromiso continuo a lo largo del tiempo entre los movimientos sociales y los activistas nacionales, las normas, instituciones y redes internacionales de derechos humanos, y las instituciones y funcionarios a nivel nacional ayudaron a desarrollar resultados en materia de derechos humanos en diferentes países y regiones del mundo.

Puede que el movimiento internacional de derechos humanos (al igual que todos los demás movimientos hasta la fecha) no haya conseguido derribar las estructuras de injusticia económica arraigadas, pero un mundo sin compromisos, instituciones y actores internacionales de derechos humanos sería más sombrío en lo que respecta al bienestar y la libertad de las personas. La defensa de los derechos humanos ha contribuido a promover reformas, a empoderar a los grupos subordinados y a desarticular prácticas injustas u opresivas en muchos lugares. Además, a pesar de la reciente propagación mundial del nacionalismo antiliberal, los derechos humanos parecen seguir siendo valores compartidos con amplitud, arraigados en el respeto a la dignidad, el bienestar y las libertades humanas, que hacen eco en las personas en todo el mundo, aunque se garanticen de formas distintas en distintos lugares.[14] Por paradójico que parezca, el hecho de que los gobiernos autoritarios o antiliberales llegaran al poder y lo afianzaran en varias jurisdicciones no parece significar que los derechos humanos hayan perdido el apoyo popular allí.[15]

Sin embargo, a pesar de la naturaleza política de gran parte de la práctica y la defensa de los derechos humanos, las campañas de derechos humanos no son un sustituto de la política. Más bien, como parte de un movimiento basado en valores compartidos de manera amplia e intuiciones morales acerca de la dignidad, el bienestar, la libertad y la justicia, el marco de los derechos humanos proporciona un conjunto de enfoques, instituciones y herramientas para influir en la acción social, política y económica, y combatirla, y puede funcionar como un importante correctivo a las disfunciones y distorsiones de los sistemas políticos existentes. Como sugieren los estudios de caso que se describen en los capítulos siguientes, el derecho y la defensa de los derechos humanos pueden desempeñar un papel importante a la hora de presionar para que se produzcan distintos tipos de cambio dentro de los sistemas políticos –democráticos o de otro tipo–, aunque su necesidad se haga sentir con mayor intensidad ante la represión antiliberal de las libertades humanas o la desatención plutocrática del bienestar humano.

Por último, aunque el movimiento de derechos humanos contribuyó en el pasado a promover un cambio positivo, está claro que para estar a la altura de la enorme variedad de desafíos contemporáneos –el cambio climático, la digitalización, el autoritarismo, las pandemias, la desigualdad, entre otros–, el movimiento y sus partidarios deben adaptarse e idear nuevas estrategias y enfoques que puedan hacer frente de manera adecuada a esos desafíos. Ya se inició una intensa reflexión acerca de cómo responder a las numerosas amenazas y críticas existentes, dentro de varias comunidades, a la práctica de los derechos humanos, que resaltan qué tipo de reforma –ya sea gradual, transformadora o disruptiva– es necesaria en lo que respecta a sus supuestos, objetivos, prácticas y estrategias futuras.[16] En el último capítulo del libro, se reflexiona acerca del futuro del movimiento de derechos humanos frente a varios de estos grandes retos contemporáneos y sobre la necesidad de cambio.

Teorías sobre la eficacia de los derechos humanos

El debate empírico

En el pasado, los abogados y los académicos jurídicos tendieron a asumir la importancia del derecho internacional de los derechos humanos para lograr el cambio. A diferencia del trabajo de los científicos sociales, la investigación académica jurídica se enfoca a menudo en describir la creación y el funcionamiento de las instituciones internacionales de derechos humanos, la redacción y el contenido de los tratados internacionales de derechos humanos y los debates que los rodean, y la interpretación de las disposiciones de estos tratados, ya sea por parte de las cortes y organismos internacionales o de las cortes nacionales.[17] En general, no se enfoca en las formas en las que la interpretación o los pronunciamientos acerca de las disposiciones de los tratados de derechos humanos han superado los límites de la doctrina jurídica para promover los derechos humanos en la práctica. En este sentido, la doctrina jurídica tradicional asume, en gran medida, la importancia y la centralidad de los tratados internacionales de derechos humanos, las cortes y los órganos creados en virtud de tratados para la promoción de los derechos humanos, sin ampliar la investigación a los mecanismos y procesos por los que surten efecto en la práctica.

Los politólogos y científicos sociales, por su parte, han debatido de manera amplia el grado de repercusión del derecho internacional de los derechos humanos, aunque hasta hace poco la mayor parte de la bibliografía se enfocó más en tratar de demostrar o negar sus impactos que en los mecanismos y procesos por los cuales podría tenerlos. Una línea de crítica persistente en los estudios es que los tratados internacionales de derechos humanos, en particular, no son eficaces, y en las últimas dos décadas se han presentado una serie de estudios empíricos con el fin de demostrar o cuestionar esta proposición. Varios académicos señalan que la adopción de los tratados de derechos humanos no ha mejorado las prácticas gubernamentales ni el bienestar de las personas, e incluso que la situación en determinados países ha empeorado tras la firma y ratificación de los tratados de derechos humanos.[18] Sin embargo, un grupo cada vez más numeroso de académicos está cuestionando algunos aspectos de las metodologías en las que se basan estos estudios más pesimistas,[19] y varios han argumentado, por el contrario, que la ratificación de determinados tratados de derechos humanos en determinadas condiciones está claramente correlacionada con la mejora de los resultados en materia de derechos humanos.[20] Aunque al menos una persona expresó la opinión de que ninguna de las reformas propuestas en relación con la aplicación de los tratados de derechos humanos supone mucho más que un “retoque” mientras exista la desigualdad económica,[21] la opinión más común es que todos los tipos de derechos humanos y los avances en materia de estos derechos son importantes, incluidos los relacionados con la desigualdad económica, pero sin limitarse a ellos. En los últimos años, el debate creció tanto en tamaño como en sofisticación, ya que los estudios se han multiplicado y matizado.[22]

¿Qué lecciones se pueden extraer, entonces, acerca de los éxitos pasados de la defensa internacional de los derechos humanos, teniendo en cuenta el continuo debate sobre el alcance de la eficacia del derecho internacional de los derechos humanos? Este libro no añade ni critica los estudios empíricos, sino que se basa en el consenso existente dentro de esa literatura en torno a una propuesta concreta. Dicha propuesta es que, en circunstancias en las que existe un cierto grado de liberalización política y, por tanto, al menos cierto espacio para la sociedad civil nacional y para la movilización social, la presencia de tratados internacionales de derechos humanos ratificados por un Estado se correlaciona con una mejora medible de los resultados en materia de derechos humanos.[23] De hecho, un número cada vez mayor de académicos han argumentado que, incluso en los sistemas políticos más antiliberales y represivos, siempre hay cierto grado de espacio cívico para la acción y que, en estos contextos, se pueden producir movilizaciones de derechos humanos de distintos tipos.[24] El trabajo de Lynette Chua, en particular, pone en tela de juicio la definición puramente política de “autoritarismo”, al argumentar que el autoritarismo social es omnipresente y que tanto el poder social como el público pueden impedir la movilización legal o de otro tipo.[25] Desde luego, dadas la fragilidad y la volatilidad de los sistemas políticos democráticos en los últimos años, incluso de los que son supuestamente estables, y el cambio hacia regímenes autoritarios, así como las llamadas “democracias antiliberales”,[26] en especial durante una pandemia, es necesario estudiar con más detenimiento el potencial de movilización de los derechos humanos dentro de los distintos tipos de sistemas antiliberales.[27]

Como se explicará a continuación, este libro presenta y utiliza tres estudios de caso cualitativos detallados de diferentes tipos de sistemas políticos democráticos en distintas partes del mundo para examinar más de cerca algunas de las formas en que la interacción entre los movimientos de defensa nacionales y el derecho y las instituciones internacionales de los derechos humanos ha ayudado a promover una reforma progresiva de los derechos humanos en el pasado. También, para considerar lo que se podría aprender de ellos en términos de los desafíos actuales y futuros que enfrenta el proyecto de derechos humanos.

Explicaciones de la eficacia del derecho y la defensa de los derechos humanos

Aunque gran parte de los estudios en ciencias sociales acerca del impacto del derecho internacional de los derechos humanos ha sido, como indiqué antes, de naturaleza empírica y cuantitativa, al enfocarse en la cuestión de si se puede demostrar una relación o correlación causal en lugar de tratar de explicar los mecanismos del cambio, también se han propuesto varias teorías explicativas influyentes acerca del cambio. Entre las dos más desarrolladas e influyentes se encuentran la tesis del búmeran de Kathryn Sikkink y Margaret Keck (que se enfoca no tanto en el derecho, sino en las normas de derechos humanos en general), y la tesis de la movilización nacional de Beth Simmons (centrada principalmente en los tratados de derechos humanos). Al proponer su tesis original del búmeran, Sikkink y Keck afirmaron que los grupos nacionales –en particular, dentro de los Estados que no responden a las normas y reivindicaciones de derechos humanos– buscan fomentar y aprovechar las conexiones internacionales y las redes transnacionales para imponer presión desde arriba y desde fuera al Estado.[28] Keck y Sikkink describen estas redes internacionales y transnacionales como mecanismos que proporcionan fuentes alternativas de información y llaman la atención acerca de los problemas dirigiéndose a otros Estados, organizaciones internacionales, instituciones financieras y empresas con el fin de movilizar y avergonzar o presionar a los Estados para que cumplan con los compromisos de derechos humanos que han contraído. Según la teoría del búmeran, los actores externos y las redes transnacionales tienen una importancia y un protagonismo especiales ante la resistencia o inacción del Estado frente a la defensa y la presión internas. Esta dimensión internacional y externa se presenta en la teoría del búmeran como crucial para generar y asegurar el tipo de presión necesaria para hacer que los Estados recalcitrantes cumplan con sus compromisos en materia de derechos humanos.[29]

Una segunda teoría influyente acerca de la eficacia de los derechos humanos internacionales, que sigue siendo la más desarrollada hasta la fecha y que se enfoca sobre todo en la eficacia de los tratados de derechos humanos, es la tesis de la movilización nacional presentada por Simmons. En un libro importante de 2009 y en su trabajo posterior, Simmons propuso esta teoría para explicar cómo los compromisos de los tratados internacionales de derechos humanos suscriptos por los Estados se terminan traduciendo en mejores resultados en materia de derechos humanos.[30] Al resaltar que el acto de un gobierno cuando firma tratados internacionales no logra en sí mismo mucho más que señalar el compromiso, Simmons llamó la atención acerca del conjunto de respuestas nacionales que suelen seguir a la ratificación de los tratados de derechos humanos, incluidos los cambios legislativos nacionales, el inicio de litigios civiles y la potenciación de otros tipos de movilización política. La teoría de la movilización nacional se enfoca en lo que ocurre dentro del país en cuestión tras la firma y ratificación de un tratado, y Simmons argumentó que la respuesta de los grupos de interés nacionales proporciona el ingrediente crucial que permite que el derecho internacional de los derechos humanos funcione para producir un cambio positivo. Sin actores nacionales motivados, empoderados y equipados para persuadir y desafiar el comportamiento de los actores estatales y otros para cambiar las leyes y prácticas existentes que impiden o dificultan la garantía de los derechos, la ratificación de los tratados no serviría para mucho. Simmons presenta su teoría como un relato explícito “desde abajo” de los efectos de los tratados de derechos humanos, que contrasta con lo que ella describe como teorías centradas en las élites, que enfatizan el papel de las organizaciones internacionales y las élites transnacionales a la hora de influir en las élites nacionales para que respeten los derechos humanos.[31]

Tanto la teoría de la movilización nacional como la del búmeran le dan importancia al papel de los actores nacionales en el cumplimiento del potencial de los derechos humanos internacionales. Sin embargo, la teoría de Simmons se enfoca mucho en los tratados y da bastante más peso a las acciones de los propios actores nacionales, mientras que Sikkink y Keck destacan la importancia de los actores externos e internacionales, de otros Estados y de las redes transnacionales a la hora de ejercer presión desde el exterior para que se cumplan las normas de derechos humanos. Y aunque puede parecer que el relato de Sikkink y Keck se basa en gran medida en los mecanismos de presión o coerción desde arriba (inducción), y el de Simmons, en el cambio ideológico (persuasión) desde abajo, en realidad los elementos de ambos mecanismos parecen estar presentes en cada uno de sus relatos, ya que podría decirse que existen –junto con otros mecanismos causales como la socialización y la aculturación–[32] en muchas campañas para la reforma de los derechos humanos.

Entre los relatos más generales de la serie de pasos por los que se condujo de manera gradual a los gobiernos que en un comienzo fueron represivos a respetar el derecho y las normas de derechos humanos, e incorporando elementos tanto de la tesis del búmeran como de la movilización interna, se encuentra el “modelo en espiral” del progreso de los derechos humanos desarrollado por Risse y otros.[33] El modelo en espiral, tanto en su versión original como en la actualizada,[34]