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Esta novela introduce al lector en un mundo fantástico donde todo es posible, sin límites: con una combinación de amor, traición, aventura y muchas disyuntivas para descubrir. Cuenta una historia mágica llena de maravillas y misterios, donde dos personas de la Tierra viajarán a otro planeta paralelo llamado UIBRUS. Se encuentra en un plano diferente, parecen antagonistas, sin embargo, nadie sabe que son hermanos, de hecho, comparten la leyenda de Los descendientes del eclipse. La leyenda comenzará cuando un humo negro aparezca abruptamente en algunos de estos planetas, este acontecimiento anunciará la llegada de los hijos del Sol y la Luna. Para tener éxito en esta aventura inquietante y apasionada, tendrán que superar diferentes encrucijadas, acertijos, duelos y mucho más... ¿Estarán preparados para su nuevo propósito?
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Seitenzahl: 305
Veröffentlichungsjahr: 2024
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Jorge Sánchez López
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de cubierta: Rubén García y Bernardo Riveira
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-929-9
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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Capítulo 1 LA LLAMADA A LOS ELEGIDOS
Era un tiempo donde la Tierra se regía por enormes ciudades llenas de codicia, pues se veían atrocidades entre seres vivos, las leyes de la democracia envueltas en corrupción, los intereses de los ciudadanos brillaban por su ausencia y estaban engañados por el gobierno de turno, prometiendo soluciones bajo sus palabras disfrazadas y estériles. Tampoco protegían las metrópolis lo suficiente; en consecuencia, se multiplicaba cada día más la maldad humana, crímenes sin escrúpulos, ni en sus propias casas se sentían seguros. Entre todo ese apocalipsis nadie conocía una de las leyendas más arcaicas, donde se explicaba que la Luna y el Sol elegirán dos seres para reconstruir todo lo destruido en la Tierra y en Uibrus, un planeta paralelo, porque a través del ensamblaje y la unión de ambos, producirá un cambio jamás imaginado entre estos mundos. Las personas elegidas serán señaladas por una marca en la piel junto a su corazón, una mancha que los acompañará para siempre, llamados los Descendientes del Eclipse. La solución para evitar la desaparición de la Tierra y Uibrus es la definitiva fusión de ambos en un solo planeta. Esto implicará un cambio drástico y la llegada de todo tipo de criaturas. Los elegidos podrán cambiar el rumbo de la vieja Tierra, mirarán y se enfrentarán al mismo miedo, terror y oscuridad, como también pueden hallar la luz que ilumina el propio ser, ahuyentando las sombras enemigas. No estarán solos, irán acompañados por diferentes seres de la naturaleza muy dispares.
Nació en abril un bebé llamado Aitor Almarza Deblas. Abril está unido al despertar de la naturaleza, al nacimiento fulguroso y fastuoso de la vida, tras el largo sueño invernal, simboliza el fuego original que se manifiesta a la entrada de la primavera. El surgimiento de las fuerzas de la vida, el deseo ansiado de alcanzar las metas por ellos fijadas por su gran vitalidad. Exaltación del Sol. Si el obstáculo es demasiado arduo, será superado por el influjo del Sol y Marte.
Cuando empezó a crecer, Aitor era un trasto, no conocía la vergüenza, a sus tres años protagonizaba auténticas anécdotas. Sus padres solían veranear en el norte de España. Allí tenían unos amigos, se llamaban Adela y Gerardo, sus dos hijas y un hijo. Ellas se llevaban al niño para ligar en cualquier momento en la playa, por ejemplo, buscaban algunos chicos que les resultaran atractivos. De inmediato, le mandaban a echar arena en sus toallas y el nene iba sin pensárselo, después llegaba la excusa perfecta para entablar una conversación con ellos, pidiendo disculpas por la faena del travieso chiquillo. ¡Ojo!, qué morro le echaban a todo esto.
Otro día, en el mismo lugar, Aitor dijo a Sonia, una de las hijas del matrimonio, que tenía que ir al servicio porque era muy urgente. Inmediatamente le cogió en brazos y corriendo por toda la playa, pisando toallas, dando un espectáculo, se dirigió hacia un hotel que se encontraba a orilla del paseo marítimo. Cuando por fin llegaron al servicio saltó: «Pues ahora no tengo ganas de hacer caca, pero me apetece un pincho de tortilla»; imagínate la cara de la joven y él tan campante lo soltó, tenía su picardía y así se vengaba de las travesuras que le enseñaban las hermanas.
Otra anécdota, y la última, porque si no tendría que escribir un libro entero. Todas las mañanas con su madre iba a un bar con terraza, donde desayunaban unas tostadas que le gustaban mucho, el nombre del bar: La Dársena. Una de esas mañanas llevaba su mami una bolsa de basura. El pequeño, sorprendiéndola, le cogió la bolsa diciéndole que quería ayudarla, cariñosamente le agradeció el gesto mientras andaban. Al llegar, le dio por dar vueltas sobre sí mismo y de repente, ¡¡¡zaaaaash!!!, soltó la basura y fue a parar justo encima de una sombrilla. Su madre pálida y con la boca abierta no reaccionaba, y para colmo tuvo que aguantar una charla de mucho cuidado por el dueño. ¡Es increíble lo travieso que podía llegar a ser!
Cumplidos cinco años, en una noche primaveral observando la luna llena desde la ventana de su cuarto, veía cómo sus rayos descendían sinuosamente hacia él. Fascinado por ella, le envolvió en una calma plena por tanta belleza, poco a poco parecían dirigirse sobre su pequeño pecho. Al acariciar su delicada piel, sintió una pureza sobrenatural, una calidez acogedora, como el abrazo de una mamá; amoroso y protector. En ese momento, una mancha diminuta brotó sobre su corazón inocente.
Era pequeño y no entendía lo sucedido en esa noche mágica. Pensó que algún día, al crecer, investigaría sobre la Luna. El tiempo transcurría y seguía cumpliendo años, según se hacía mayor notaba un fuerte instinto por ayudar a la gente débil. No comprendía cómo este mundo actual parecía favorecer a las personas malvadas. Sin embargo, él admiraba a otras que tenían gestos honestos y sinceros con el prójimo sin pedir nada a cambio. Pensaba que era una pena, ya que todo el mundo tiene el poder de sanar a cualquier ser vivo que lo necesite. Es un don con el que nacemos, pero la gente no es consciente de todo el bien que puede ofrecer si todos colaborásemos por una causa en común.
Cuando los días despertaban con el sol radiante, Aitor se notaba muy animado y con gran vitalidad, los rayos penetraban sobre él, perfilando un vínculo entre ellos. Empezó a investigar sobre el Sol y la Luna. Cuando su conocimiento comenzaba a avivar sobre los dos astros se sentía muy próximo, como si de ambos hubiera nacido. En la mayoría de las culturas veneraban al Sol como a un Dios, entendían que representaba el verdadero enemigo de la tenebrosidad, el supremo ser de la vida, imprescindible en la Tierra. Hace muchos años se creía que sus rayos curaban, purificaban y su poder era tan grande que llenaba toda la Tierra de luz, dador del día, compartiendo con todo ser vivo su aura para mantener las sombras alejadas.
La Luna a todos los animales y personas les afecta de algún modo, aunque no nos demos cuenta; varias tribus ya desaparecidas, entendían que era como una especie de ser que te guiaba y protegía de la temida oscuridad, de seres maléficos que vagaban por el mundo, realizaban fiestas en su nombre y tenían su propia danza.
La leyenda del Sol y la Luna
Cuenta una leyenda que hace muchísimos años, solamente el Sol reinaba en el cielo. De día todo era alegría, pero durante la noche un gran temor se apoderaba de las aldeas. Cierta vez, un puma sanguinario se ensañó con un pequeño poblado, entonces, una joven valiente y generosa llamada Quilla, decidió poner fin a esta amenaza.
Una noche, en lugar de refugiarse junto a su pueblo, se quedó sola en un espacio abierto. Al acercarse el puma, ella comenzó a correr muy velozmente. El animal la siguió. Quilla conocía perfectamente la región y sabía dónde ocultarse, así, durante cuatro días, fue alejando a la fiera de su pueblo.
Pero finalmente, en la quinta noche, el puma la acorraló. La joven se dio cuenta de que estaba perdida. Sin embargo, se sentía contenta porque había logrado apartar a la bestia de su gente, se dispuso a morir.
En ese momento ocurrió algo asombroso: la figura de la muchacha comenzó a ascender por el aire, hasta convertirse en un astro redondo y luminoso que quedó prendido en el cielo. Los amigos de Quilla, que la buscaron intensamente, vieron la transformación y comprendieron lo sucedido. A partir de esa circunstancia, nunca los abandonó, los acompañó todas las noches con su luz.
Cuando el Sol y la Luna se encontraron por primera vez, se apasionaron perdidamente y a partir de ahí comenzaron a vivir un gran amor. Sucedía que el mundo aún no existía en su plenitud, y el día que Dios decidió crearlo, les dio entonces un toque final: ¡el brillo! Quedó decidido también que el Sol iluminaría el día y la Luna brillaría en la noche; siendo de esta manera, estarían obligados a vivir separados.
Los invadió una gran tristeza y cuando se dieron cuenta de que nunca se encontrarían, la Luna fue quedándose cada vez más angustiada. A pesar del brillo dado por Dios, fue tornándose solitaria. El Sol, a su vez, había conseguido un título de nobleza «Astro Rey», pero eso tampoco le hizo feliz.
Dios, viendo esto, los llamó y les explicó:
DIOS: No debéis estar tristes, ambos ahora poseéis un brillo propio. Tú, Luna, iluminarás las noches frías y cálidas, encandilarás a los enamorados y serás frecuentemente protagonista de hermosas poesías. En cuanto a ti, Sol, sustentarás ese título porque serás el más importante de los astros, darás a la Tierra energía durante el día, proporcionarás calor al ser humano y tu simple presencia hará a las personas más dichosas.
La Luna se entristeció mucho más con su terrible destino, lloró amargamente y el Sol, al verla sufrir tanto, decidió no dejarla en ese estado, ya que tendría que darle fuerzas y ayudarla a aceptar lo que Dios había decidido.
Aun así, su preocupación era tan grande que se atrevió a solicitar una petición especial al Señor:
SOL: ¡Por favor, ayuda a la Luna! Es más frágil que yo, y no soportará la soledad.
Y Dios, en su inmensa bondad, creó las estrellas para hacerle compañía, así que, siempre que está triste recurre a ellas, y hacen todo lo posible para consolarla, pero casi nunca lo consiguen.
Hoy ambos viven de este modo, separados. El Sol finge que es feliz y la Luna no consigue disimular su tristeza. El astro arde de pasión por ella, pero ella vive en las tinieblas por su causa, dicen que la orden de Dios era que la Luna debería de estar siempre llena y luminosa, pero no lo consigue, porque es mujer, y una mujer tiene diferentes fases. Cuando es feliz consigue ser llena, pero cuando es infeliz es menguante y cuando es menguante, ni siquiera es posible apreciar su brillo.
Luna y Sol siguen su destino. Él, solitario pero fuerte; ella, acompañada de estrellas pero débil. Los hombres intentan constantemente conquistarla como si eso fuese posible; dicen que algunos han ido incluso hasta ella, pero han vuelto siempre solos, nadie jamás consiguió traerla hasta la Tierra; nadie realmente consiguió conquistarla, por más que lo intentaran.
Sin embargo, Dios decidió que ningún amor en este mundo fuese del todo imposible, ni siquiera el de ellos; fue entonces cuando creó el eclipse. Hoy Sol y Luna viven esperando ese instante, esos momentos raros que les fueron concedidos y que tan difícil resulta que sucedan.
Cuando mires al cielo a partir de ahora y veas que el Sol cubre a la Luna, es porque se acuesta sobre ella y comienzan a amarse. Es este acto de amor en el que se le dio el nombre del eclipse. Es importante recordar que el brillo de su éxtasis es tan grande que se aconseja no mirar al cielo en ese momento, pues tus ojos pueden cegarse al contemplar tanto amor.
Sabían que en la Tierra existe el Sol y la Luna, también, cómo no, el eclipse, pero esta es la parte de la historia que los Descendientes del Eclipse y sus amigos no conocían.
Volviendo con Aitor…
En un atardecer ya con dieciocho años, se encontraba haciendo un trabajo de la universidad. De repente, recibió un mismo mensaje por e-mail y a la misma vez por el móvil, cosa que le pareció muy raro, pues decía:
«Por favor, Aitor Almarza Deblas, nacido en abril. Debes ir a la calle Estela de Estrella número 9, en la cual encontrarás una tienda de antigüedades. Pregunta por el señor David Aldiva, te atenderá con mucho gusto. Según lo veas pregúntale por la Caja Indor, inmediatamente te hará preguntas para asegurarse de quién eres, porque tiene que cerciorarse que eres tú. Debes ser honesto, te explicará este mensaje y te entregará algo.
Por favor, es muy importante que vayas, entenderás el porqué.
Firmado: anónimo».
El muchacho se acercó hacia la ventana, tiene como costumbre asomarse a ella para pensar una solución sobre sus problemas cotidianos, incluidas sus preocupaciones, busca siempre hallar respuestas, y ahora intentaba buscar el sentido sobre ese mensaje misterioso. En su cabeza pensaba que era una broma de mal gusto. Cuando miró al cielo, observó como brillaba la luna llena con más intensidad que otras veces, sus ojos sorprendidos por tanta belleza, le impulsaron a abrir las ventanas. Embriagado por su magnificencia, se dio cuenta como un rayo descendió hasta su pecho acariciándole. Inmediatamente, recordó esa singular noche en la que a sus cinco años, un rayo le produjo la señal en su piel, un vibrar en el flujo de su sangre brotaba. Se miró la mancha e inexplicablemente apareció luz en ella, entonces su cuerpo estaba inquieto y su mente preocupada, ya no pensaba que se trataba de una broma, sino que parecía algo más serio y real.
A la mañana siguiente, el sol resplandecía. Aitor, impregnado de curiosidad por el riesgo y su instinto de hallar respuestas, le condujo a la tienda de antigüedades. Al entrar su metabolismo se aceleró, sentía la presencia de algo que le llamaba sin motivo aparente, fue al mostrador y dijo:
AITOR: Hola… ¿David Aldiva?
DAV: El mismo que viste y calza.
AIT: Preguntaba por la Caja Indor.
DAV: ¿Cómo te llamas?
AIT: Aitor Almarza Deblas.
DAV: Por favor, su DNI.
Se lo enseñó.
DAV: ¡Asombroso!, no pensé verte tan pronto, acompáñame a mi despacho.
Puso el cartel de cerrado.
AIT: Me llegó un anónimo por correo electrónico y por el móvil, ¿quién es?
DAV: Hijo mío, es tu protector y guía, alguien que te enseñará todo lo que vas a aprender, lo conocerás a su debido tiempo.
AIT: ¿Cómo habéis dado con mi correo? Me parece muy extraño.
DAV: Lo sé, pero déjame que te explique algo:
Suena increíble, pero no te imaginas qué afortunado eres, pues aprenderás mucho de la Tierra y Uibrus. Eres una semilla estelar y tu conciencia eligió este momento para descender a la Tierra. Uibrus es el otro planeta paralelo donde viven criaturas fantásticas, verás la realidad verdadera; te lo mostrará tu maestro.
En este instante se encuentra en peligro por una maldad silenciosa, no podemos permitir su extensión, ya que indirecta e inevitablemente padeceríamos aquí también en la Tierra. Esta es tu misión: serás acompañado por unos personajes singulares. Por otro lado, lo que sí te puedo asegurar es que otro descendiente de la Tierra ha de compartir responsabilidad contigo como también tu misión, seréis muy poderosos uniendo vuestras fuerzas y adquiriendo conocimiento de todo Uibrus. ¡Ojo!, también he de decirte que desarrollarás grandes habilidades. Tu maestro te entrenará en dicho planeta y por supuesto tendrás infinidad de momentos de alegría.
Es una aventura plagada de diferentes escenarios buenos y no tan buenos; pero si te empoderas conociendo tu yo soy, es decir, confiando en tus corazonadas, superarás los problemas y te apropiarás de la experiencia de ellos. Comprenderéis cuál es la verdadera realidad del universo. Solo quiero decirte que hasta que no se fusionen ambos planetas ninguno tendrá la fuerza total.
AIT: No comprendo nada; pero ¿por qué voy a querer sumarme a esa aventura rarísima y cómo puedo fiarme de ti?, no te conozco y pareces muy misterioso y fantasioso.
DAV: Te entiendo; pero tú mismo lo vas a querer elegir, piénsalo.
AIT: Vale, pero ¿puedo seguir preguntándote?, la curiosidad me llama…
DAV: Esa es la respuesta que quería escuchar, ahora sé que no das por válido cualquier cosa que te cuenten, perfecto. Por supuesto, dime.
AIT: ¿Por qué yo soy el elegido? y ¿cómo sabes que al final aceptaré?
DAV: Porque tu corazón es bondadoso y querrás salvar a la humanidad, aunque sabes que puedes perder la vida. Otra cosita que te va a despejar las dudas sobre mi persona: hace mucho, a tus cinco años, unos rayos preciosos de una maravillosa luna llena marcaron sutilmente una mancha al lado de tu corazón, ¿verdad?
AIT: Sí —su rostro intentaba esconder la ilusión que le inundaba—, ¿cómo lo sabes?
DAV: Soy tu guía en la Tierra, me lo ha contado tu maestro de Uibrus. Fui temporalmente allí.
AIT: Interesante, continúa.
En su cabeza se iba despertando el gusanillo de la curiosidad.
DAV: Uibrus es un mundo en el que todo ser puede vivir, tanto de energía positiva como negativa. En él se encuentran elfos, gnomos, hadas. Tenéis que elegir bien quién os acompañará; eso sí, tu maestro es el primer compañero que irá contigo; por consiguiente, no estarás solo.
AIT: He leído unos cuantos libros de fantasía porque siempre me han fascinado sus personajes y sus historias. ¿Pero de verdad existen? Sería alucinante verlos e interactuar con ellos.
DAV: Pues ya sabes, enrólate en la aventura y verás que todo lo que estoy diciendo es tan real como la naturaleza que nace de la tierra, igual como si tiras una piedra a un lago y sus ondas se expanden sobre el agua. Cuánta belleza tenemos y qué poca gente es consciente de la magnificencia de la madre Tierra.
Se habla de una leyenda que en otros países suena como profecía, dice así:
Una gran maldad acechará sobre dos mundos paralelos, el comienzo llegará, cuando un humo desconocido, silencioso e invisible, intente destruir y teñir todo a su alcance, para poder gobernar los dos planetas.
Tras el estallido, aparecerá la luz a través de los Descendientes del Eclipse. La clave estará entre ellos, porque tendrán que cambiar el curso sobre la acción oscura. Pues confrontarán un pulso poderoso contra este enemigo tenebroso.
Continuaron hablando sobre Uibrus hasta considerarse como amigos.
AIT: ¡Madre mía!, no puedo creer todo lo que me has narrado. Mi pasión por ayudar a las personas puede conmigo, me resuena profundamente. Acepto la misión; como has dicho, ¿siempre puedo acudir a ti para mis preguntas y dudas?
DAV: Por supuesto, y llámame por teléfono las veces que necesites. Vamos al siguiente paso, te sigo explicando. Ahora te voy a entregar la Caja Indor. ¿Estás preparado?
AIT: Estoy nervioso, pero… adelante.
Sus ojos confiados e inquietos asentían con rotundidad.
David sacó de una cámara acorazada la Caja Indor. Tenía varios dibujos en sus caras exteriores, un espacio con planetas y constelaciones muy bonitas de varios colores y el fondo negro. Abrió la tapa con lentitud, sus pupilas encantadas se transformaron al ver lo que contenía: era un colgante. Su composición era de plata, cuatro lunas crecientes: una abajo, otra arriba, una a la izquierda y a la derecha, formando entre todas un círculo común protegido.
La luna de abajo abrazaba a todas las de arriba, incluidas las de los laterales, y estas, al centro, una inscripción se encontraba allí cuyo lenguaje no conocía, solo se leía: «ys eqcreos». La parte central del colgante tenía forma de una estrella dorada de ocho puntas, el objeto era ligero, llevaba un broche irrompible, explicaba David:
DAV: El poseedor del colgante combatirá sobre el mal y la oscuridad, la persona portadora tendrá que hallar la forma de dominarlo. Una vez conseguido descubrirá unas cualidades y características únicas, mágicas, majestuosas y secretas. El Sol y la Luna marcarán la fuerza vital, sus poderes se expandirán y el alma se iluminará; bajo el corazón describirá su destino. Os conocerán como los Descendientes del Eclipse o los hijos del Sol y la Luna.
Aquí empiezan tus primeras respuestas, no te quites el colgante salvo en muy limitadas ocasiones que irás descubriendo más adelante. Siempre que tengas dudas de algo acude a mí, no sé todo, pero sí te puedo ayudar. Estaré aquí. ¡Ah!, una cosa más, y muy importante, en la próxima luna llena, cuarto menguante, luna nueva o cuarto creciente, es decir, el ciclo lunar, en esas noches especiales se abrirá un vórtice para viajar hacia Uibrus. Es la única forma que tienes para poder transportarte y viajar al otro mundo. Con la experiencia podrás acceder en cualquier noche, en cuanto domines el colgante.
Se hace de este modo: agárralo y pronuncia en tus pensamientos la siguiente palabra: «Vaomaad» (viaja al otro mundo Aitor Almarza Deblas). Nunca lo olvides, tampoco le cuentes a nadie lo hablado hoy. Cuando llegues a Uibrus, tu maestro te encontrará. Estúdiale y obsérvale, sabrás por instinto quién es el verdadero. No te preocupes, te conocerá inmediatamente. Entablará una conversación contigo y antes de que tú le digas tu nombre, él lo dirá por ti. Ahí le reconocerás, ¿de acuerdo?, mi misión es guiarte en lo que pueda en la Tierra.
Un mar de preguntas le cubría.
AIT: ¿Cómo sabré si soy el descendiente del Sol y la Luna? ¿Por qué he sido yo el elegido? ¿Cómo ha parado este colgante aquí? Me siento aturdido, a la vez deseo saber más de la aventura.
DAV: Tranquilo; todas esas preguntas son normales. Date un poquito de tiempo para asimilar todo esto, ¿vale? Te voy a entregar una bolsa.
AIT: ¿Qué es?
DAV: Ábrela en casa, lo sabrás enseguida. Las respuestas te llegarán más adelante.
AIT: ¡Aaaaa vale!
DAV: Seguro que te gustará. Mi intención es ayudarte. Sabrás muy pronto de lo que te hablo, es muy normal que te encuentres así; cálmate por favor, vuelve cuando lo hallas asimilado.
AIT: Muchas gracias por todo.
Dándose la mano y con un abrazo se despidieron.
Capítulo 2 toma de contacto con uibrus
Al salir de allí fue a su casa y abrió la bolsa. Eran monedas de plata. Estuvo toda la tarde mirando el colgante, pero no entendía bien por qué había llegado a sus manos. Debía esperar la noche del cuarto creciente para poder viajar, tendrían que pasar catorce días para alcanzar esa fase lunar, y pensar en ello le producía nerviosismo y preocupación por su futuro. Necesitaba tiempo para asimilar todo lo que había aprendido con David. Su mente flotaba a través de una sensación agridulce y más cuando se acordaba de una de las frases que le calaron: «El poseedor del colgante combatirá sobre el mal y la oscuridad».
Le daba mucho respeto y aquellas palabras escuchadas claramente le decían a su entender que combatiría con algo desconocido y oscuro. Eso le producía escalofríos que le envolvían por segundos, pasaban por su cabeza aquellos libros de fantasía de elfos y demás, donde todos los finales terminaban comiendo perdices. Ese final deseaba para la aventura contada por David y en la que se veía involucrado en primera persona. Quería ser positivo, como casi siempre intentaba animarse él mismo. ¿Por qué no iba a ver cosas buenas en Uibrus?, se preguntaba, le esperaba sabiduría, aprendizaje y obtener conocimiento, todo un mundo paralelo para inspeccionar, que descubriría con vehemente ilusión, sin olvidar el aditivo de la curiosidad.
Él no era consciente de la ayuda que le iba a ofrecer su personalidad, siendo un talismán de fuego reforzado a través de su propia luz. Pero pronto la luna creciente le haría acariciar el colgante pendular y podría quitarse el nudo oprimido que le abatía hasta la esperada noche mágica.
Al dormirse tuvo un sueño donde se encontraba en medio de un lugar desconocido. Andaba sobre un pueblo, su gente vestía como en la Edad Media, intentaba comunicarse con ellos pero nadie le oía, como si fuera un espíritu. Las calles estaban empedradas y los caminos eran de zahorra. Se veían caminando pacíficos aldeanos y caballeros sosteniendo en sus manos largas lanzas, vigilando que hubiera orden allí. De repente, empezaron a correr todos salvo los caballeros. Se aproximaba algo mientras anochecía por el horizonte, acercándose un humo negro a gran velocidad que terminó acorralando a Aitor y ¡booom! Se cayó de la cama dándose un considerable golpe en los glúteos, pero él ni caso al dolor, centrado nada más que en el sueño produciéndole escalofríos de pensar en eso. Pasaron los días y siguió con su rutina, intentando averiguar algo sobre aquella leyenda sin conseguir información sobre ella.
Iba también a visitar a David para extraer conocimiento sobre Uibrus, explicándole cada vez un poco más. Los días parecían infinitos sabiendo que solo podía viajar en la luna creciente. Amanecía un nuevo día. Lo primero que hizo fue mirar el colgante, dándose cuenta que se iluminaba levemente el centro. Notaba unas vibraciones en su interior subiéndole hasta la cabeza. El collar quería transmitirle algo. Pensó en varias respuestas, pero de entre todas se acordó de que esa noche era luna creciente y al segundo dejó de iluminarse recordándole que llegaba el momento esperado. Un regusto amargo sentía y una emoción a lo desconocido le envalentonaba.
AIT: ¿Tendrá que ver la iluminación del centro para recordarme que es la noche?, ¿el sueño que tuve era premonitorio o intentaba avisarme de qué iba a ocurrir? Ese humo del cual los aldeanos huían, ¿qué podría ser?
Todas esas preguntas recorrían su pensamiento, su curiosidad se disparaba por aquello. Desde luego podía hacer poco hasta que anocheciera, cuando llegara el momento lo vería. Quiso aprovechar para disfrutar ese día tan especial con sus amigos de la infancia. Ellos le ayudarían a entretenerse y no pensar en su aventura, pero en el fondo buscaba un refugio para esconder cualquier debilidad que le salpicase pensamientos negativos.
Quedaron para ir al centro comercial; normalmente se divertía con ellos, pero en su cabeza solo le cabía una idea: la de la noche descubridora de Uibrus. Horas le faltaban y muy largas parecían. Anochecía cuando llegó a su casa. Su madre exclamó: «¡Qué colgante más lindo! ¿Dónde te lo has comprado?».
AIT: En una tienda de antigüedades.
MADRE: ¿Te ha costado mucho?
AIT: No, a un precio normalito.
MAD: Parece plata.
AIT: Sí, eso es.
MAD: Recuerdo cuando mi abuela me contaba que nuestros familiares vendían y compraban en una tienda de antigüedades del centro, en ella encontraban cosas impresionantes y únicas, pues no había nada igual en ninguna otra tienda de Madrid. A tus tías y a mí nos gustaba escuchar historias de nuestra familia por los objetos que compraban en ese lugar. Creo que la calle se llamaba Estela de Estrella.
AIT: ¡No te lo vas a creer!, pero en esa tienda lo he comprado.
MAD: ¿¡Ah, sí!?, ¡qué casualidad!, pues seguro que entonces es un colgante único y un verdadero tesoro. ¿Cómo has dado con ella? Pensé que la habían cerrado después de tanto tiempo sin ir. Me has despertado el gusanillo al hablar de ella, me gustaría de nuevo visitarla.
AIT: Cuando quieras vamos.
MAM: ¡¡¡Eso está hecho!!!
Llegó la noche, y al terminar de cenar, su rostro mostraba inquietud y miedo, pero su positividad le aliviaba de sus preocupaciones. Reposó la cena como pudo, regresó a su habitación y el colgante comenzó a brillar. A la vez se iluminaba la mancha de su pecho. Llegaba el momento de hacer su cometido, sentía el cuerpo nervioso y su espíritu intrigado. Lo empuñó fuertemente, una ansiedad le invadió en su ser.
Pronunció en sus adentros «Vaomaad». Inmediatamente una luz intensa nació del colgante. El cuarto brillaba como si estuviera el sol presente, deslumbrándole por unos instantes. Seguidamente unas vibraciones recorrían todo su cuerpo. Pasado un minuto la luz se desvaneció y los ojos abrió. Tenía las pupilas dilatadas como le sucede a un gato en la noche y una sensación de poder despertaba sus sentidos. Se miró de arriba abajo, llevaba una vestimenta antigua, camisa blanca, un jubón sin anillas al cuello de color oro, una faja que combinaba con sus calzas cervantinas negras, polainas preciosas que homogeneizaban con el jubón, zapatos negros y, por último, una capa sobre su espalda que le llegaba hasta el suelo de color oro como el sol, mezclando elegancia y armonía.
Se encontraba en una sala con el suelo de madera roble precioso y anaranjado, acompañando las paredes de un tono crema resaltando sus inmensas cortinas cerezo, embellecidas con grandes borlas plateadas. El techo salmón contrastando con una escayola tallada, trazando líneas rectas que morían en las esquinas.
Se oían voces en la planta de abajo. Miró en su bolsillo y apareció aquella bolsa que David le entregó con las monedas de plata. Bajó por unas escaleras en forma de caracola y se encontró con una taberna. Anonadado, miró a su alrededor. Vio a unos hombres bebiendo en una especie de vasos de madera vieja, el mostrador era de algún tipo de metal y la parte superior de roble. La mayoría de la gente eran aldeanos, también caballeros y había personas extravagantes con diversas vestimentas.
Acercándose a la barra, se percató de que el lenguaje de allí lo entendía salvo alguna palabra que sonaba rara. Con el corazón ya calmado, su atención se desviaba hacia un lado. Observó cómo un lugareño pedía algo para beber; copiando sus palabras levantó el dedo para tomar lo mismo. Le miró el posadero unos segundos, pero al final le dio un vaso de madera lleno de una bebida amarilla con tonalidad rojiza. Antes de beber se preguntó qué diantres era. La llamaban cérvira, su olor no era malo. Al dar el primer sorbo…
AIT: ¡Buagh!, esto sabe a rayos, parece una mezcla de cerveza con un toque afrutado y amargo.
Al bajar por la garganta sintió un ardor sin ser excesivo, aguantándolo bien, un sabor bueno en el paladar le quedó. Observó cómo un señor de aspecto burgués entraba en la taberna. Sus pasos se aproximaban adonde estaba él poniéndose a su lado. Le miraba de reojo por su buen vestir. Le llamó la atención la túnica roja carmesí que en el centro del pecho adornaba con un símbolo de forma idéntica al sollun, de un color oro puro, combinando con la capa del señor del mismo color, botas negras haciendo juego con el cinturón que portaba, su edad en torno a los cuarenta.
Inició la conversación:
JESÚS: Me llamo Jesús de las Cortes.
AIT: Yo soy…
JES: Aitor Almarza Deblas, ¿verdad?
AIT: ¿Cómo lo sabes?
JES: Conoces a un señor llamado David que vive en tu mundo, ¿a que sí?, también recibiste una nota de un anónimo, ¿vas reconociéndome? o sigo…
AIT: Ya voy cayendo, pero dime más.
Una frecuencia perfecta resonaba intuyendo a la persona.
JES: También tienes una mancha en el pecho que te lo hizo la luna.
Hablaba con un tono muy suave.
AIT: Eres mi maestro, pero me gustaría seguir hablando en un sitio un poco más seguro.
JES: Así es, déjame continuar unos segundos. No quiero que te quede la menor duda sobre mí. Te llegó hace quince días un mensaje diciéndote que visitaras una tienda de antigüedades para recoger un objeto en la calle Estela de Estrella, número 9, ¿verdad?
AIT: Sí, todo es correcto.
JES: Naciste en abril, y a los cinco años la luna te marcó al lado de tu corazón.
AIT: Vale, vale; confío en ti porque las palabras de David se han cumplido. Necesito saber muchas cosas más y creo que este no es un buen lugar para hablar de ello.
JES: Ven conmigo.
La molesta inquietud de Aitor se transformaba en un prolongado alivio por haber hallado tan pronto a su maestro, quitándose un peso enorme al verse acompañado. Le invitó a que le siguiera. Una vez afuera de la taberna se dio cuenta que era el pueblo de su sueño. Un gesto de extrañeza en su rostro ceñía, ¿cómo era posible que se pareciera tanto?, pensaba. Había un caballo blanco y marrón precioso.
Jesús le dijo que montara, dirigiéndose a la cabaña, no perdía detalle observando el lugar; y según lo recorría no dudó en donde se encontraba. Cuando llegaron contempló un precioso jardín dándole la bienvenida. Vio un establo grande con otro caballo de color blanco y marrón divino de ver. Dentro de la parcela había unos muros de madera altos que rodeaban el terreno.
JES: Ya hemos llegado; el pueblo del cual venimos se llama Villa del Aldeano. Es muy grande; la mayoría de la población es de aldeanos, como su nombre indica, pero si te has fijado también hay bastantes caballeros por las calles. Hay varias razones, una de ellas es por seguridad, está en una ubicación centrada, el clima es templado y a diez minutos existe una mina de oro donde siempre hay guardias vigilando.
Un gran número de soldados están a la orden del rey Ezequiel, que vive en el castillo Merienal. Su carácter es bondadoso, honrado y gentil, yo trabajo para él. Su ejército es muy eficaz y poderoso, especializado en la lucha cuerpo a cuerpo, su trabajo consiste en inspeccionar la seguridad de los territorios que se encuentran en su reino. Vamos, que se puede decir que este pueblo es uno de los más seguros. Hay diferentes razas que conviven aquí, suelen ser de naturaleza neutral o positiva; más adelante entraremos en detalles de las características y cualidades de la tierra mágica de Uibrus. Una vez por semana se instala un gran mercadillo, también hay un pequeño puerto, por el que vienen mercaderes para importar productos de otras partes.
AIT: Si trabajas para el rey Ezequiel, ¿por qué vistes diferente a los soldados que he visto? ¿Cuál es tu misión?
JES: Soy su hombre de confianza. Mi trabajo es verificar pueblo por pueblo la armonía y el bienestar en todos ellos y que no haya enemigos que puedan dañar a este reino.
¿Conoces la leyenda de los Descendientes del Eclipse? Dice así:
Una gran maldad acechará sobre dos mundos paralelos, el comienzo llegará, cuando un humo desconocido, silencioso e invisible, intente destruir y teñir todo a su alcance, para poder gobernar Uibrus y la Tierra...
Afirmó con la cabeza y siguió hablando el maestro.
Debemos dirigirnos hacia el castillo para conocer al rey, eso sí, cuando estés preparado, debe transcurrir un espacio de tiempo. Será el primer viaje; más adelante te contaré la historia de allí, ahora no es el momento.
En este mundo viven muchas especies y razas diferentes, los elfos en su Ciudad Manantial, enanos en la Ciudad Rojiza, las hadas y ninfas en su Bosque de Vida, los duendes en la Selva Apiedrada, las personas en sus pueblos, los reyes en sus castillos, hay un sinfín de seres mitológicos y animales por todos estos lugares.
Tendré que enseñarte el arte de la magia básica y el de la espada. Este último debes dominarlo hasta llegar al punto de convertirte en el mejor de Uibrus. Yo te ayudaré, no te preocupes. El viaje lo iniciaremos juntos y a lo largo del camino encontraremos aliados que nos acompañarán; así que no todo en la misión es malo. Al contrario, debes tranquilizarte, no estarás solo. En este mundo no existen armas de fuego, ni nada parecido. Es prioritario que domines el colgante porque multiplicará tus habilidades.
Insisto, debes ser el mejor caballero que bate la espada, además de un buen mago y conocer todas sus funciones. Estos aspectos deben preponderar sobre ti.
Tiempos difíciles empezarán con tu llegada. En consecuencia, perfeccionar tu aprendizaje es prioridad absoluta. Tu colgante es tu guardián y tú el de él. Las lunas del colgante protegen el centro. El poder del sol florecerá al dominarlo y trasformará el cuerpo y alma de tu ser, para saber quién eres realmente. Pueden cambiar de posición las lunas según adquieras conocimientos. Debes descubrir la frase del centro, porque nadie sabe su significado, en momentos determinados se comunicará contigo por varios motivos. Puede ocurrir por diferentes acontecimientos buenos o malos; cuando lo controles serás a la perfección tu verdadero ser, sabrás descifrar cualquier situación a través de la fusión de ambos.
AIT: ¿Por dónde vamos a empezar a investigar? Estoy bastante saturado con tanta información.
JES: No te preocupes, yo te guiaré. Los primeros días entrenaremos con la espada y según transcurran proseguiremos avanzando según tu aprendizaje, pero no te agobies.
AIT: ¿Qué quiere decir los Descendientes del Eclipse?
JES: Significa ser uno de los seres más importantes para desvanecer la oscuridad, establecer la luz y aprender a trascender de vuestros avatares limitados a una consciencia infinita. Al mundo le enseñaréis la verdad a través de vuestro ejemplo. Destacaréis en toda la comarca. Los peligros afrontaréis con coraje, seréis los mejores con vuestras habilidades. Todo eso aprenderéis y una vez aprendido tendréis que completar la misión, estaréis impregnados con la verdadera libertad de la realidad.
AIT: ¡Vaya!, qué responsabilidad —los ojos le brillaban escuchando las sabias palabras—. ¿Cómo sabré en quién puedo confiar y en quién no?
JES: Por sabiduría y experiencia, yo te daré consejos; según la raza que encontremos, te enseñaré su cualidad, carácter, debilidad…
Mientras pasaban los días, Aitor adquiría conocimientos. Todas las noches hablaban de los seres de Uibrus. Al pasar una semana:
JES: Volverás dentro de poco a la Tierra. Cuando asimiles todo esto, no te preocupes. El tiempo corre más deprisa aquí. Sin embargo, esto es temporal por la magia y nuestra ley. Tendrás unas horas para comunicar a tus padres el nuevo rol que vas a desempeñar. Te ayudará David a informarles de tu nueva situación. Suelen venir personas de la Tierra a Uibrus en ocasiones extraordinarias, como es tu caso. La ley da a los viajeros un tiempo relativamente corto, para que una vez regresen no lo noten en su vida cotidiana.
Se quedó pensando lo ilógico que era lo del tiempo en ambos planetas, pero lo aceptó.
AIT: ¿Qué tiempo pasará hasta la llegada del otro descendiente?
JES: A su debido tiempo aparecerá.
Siguieron conversando y contestando a todas sus preguntas.
