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En marzo de 2020, la OMS declaró pandemia la emergencia sanitaria por Covid-19, tomando al mundo por sorpresa. En seguida, los distintos gobiernos emprendieron medidas encaminadas a salvaguardar la salud de su población. En este contexto, el libro presenta una lectura preliminar del impacto económico, social y emocional que se vislumbraba, como consecuencia de las medidas adoptadas para enfrentar a la pandemia. Se analizan las implicaciones en el ámbito laboral, la respuesta mediante el uso de las tecnologías de información, los riesgos y retos para mantener las cadenas de valor agroalimentarias, así como las consecuencias en el ambiente social, en el ánimo general: incertidumbre, desconfianza, ansiedad, soledad e impotencia. Se visibiliza la vulnerabilidad de la sociedad ante la magnitud de la emergencia, las dificultades de algunos sectores de la población para acatar de manera estricta las medidas para preservar la salud, en donde los recursos económicos y sociales fueron determinantes; las dificultades ante el aislamiento social, así como las nuevas imágenes y prácticas ante el encierro. Se evidencian diversos frentes en los que se consideraba importante avanzar, y se presentan algunas recomendaciones encaminadas a fortalecer la situación económica, social y tecnológica, con alcances a la actividad agroalimentaria, para robustecer a la sociedad hacia el futuro. Esta obra presenta un conjunto de análisis surgidos desde el distanciamiento social. Se deriva de evaluaciones críticas, y en algunos casos catárticas, del efecto de esta nueva situación porque, sin lugar a duda, modificó el contexto de los sujetos de estudio. Aquí se presentan los resultados de once investigaciones que rápidamente incorporaron a su campo de análisis los efectos en distintos ámbitos de la pandemia que nos tocó vivir.
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Seitenzahl: 576
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Los efectos de una pandemia
Miguel Armando López Leyva Yvon Angulo Reyes
Compiladores
Universidad Nacional Autónoma de MéxicoCoordinación de Humanidades Dirección General de Divulgación de las Ciencias y las Humanidades Instituto de Investigaciones Sociales Ciudad de México, 2023
Cartas desde una pandemia
Consejo Editorial
Guadalupe Valencia García Ángel Figueroa Perea Luisa Puig Llano Pedro Stepanenko Gutiérrez Alicia Márquez Murrieta Hugo José Suárez Suárez Gabriela Ríos Granados Albert Weber FonsecaSecretario
Comité Editorial de Libros del iisunam
Miguel Armando López Leyva • iisunamPresidente
Fiorella Mancini • iisunamSecretaria
Virginia Careaga Covarrubias • iisunam Marcos Agustín Cueva Perus • iisunam Matilde Luna Ledesma • iisunam Karolina Monika Gilas • iisunam Adriana Murguía Lores • fcpys, unam Eduardo Nivón Bolán • uam-i Adriana Olvera Hernández • iisunam Catherine Vézina • cide
Catalogación en la publicación UNAM. Dirección General de Bibliotecas y Servicios Digitales de Información
Nombres: López Leyva, Miguel Armando, editor. | Angulo, Yvon, editor.
Título: Los efectos de una pandemia / Miguel Armando López Leyva e Yvon Angulo Reyes, compiladores.
Descripción: Primera edición. | Ciudad de México : Universidad Nacional Autónoma de México, Coordinación de Humanidades, Dirección General de Divulgación de las Humanidades : Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Sociales, 2023. | Serie: Cartas desde una pandemia ; 4.
Identificadores: LIBRUNAM 2218360 (libro electrónico) | ISBN 9786073080583 (libro electrónico).
Temas: Abastecimiento de alimentos -- Política gubernamental -- América Latina. | Pandemia de COVID-19, 2020- -- Política gubernamental -- América Latina. | Pandemia de COVID-19, 2020- --Aspectos sociales -- América Latina. | Pandemia de COVID-19, 2020- -- Aspectos económicos --América Latina. | Pandemia de COVID-19, 2020- -- Aspectos psicológicos -- América Latina.
Clasificación: LCC HD9014.A52 (libro electrónico) | DDC 382.41098—dc23
Este libro fue sometido a un proceso de dictaminación por académicos externos al Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, de acuerdo con las normas establecidas por el Comité Editorial de Libros del Instituto de Investigaciones Sociales, el cual aprobó su publicación en formato electrónico e-pub.
Los derechos exclusivos de la edición quedan reservados para todos los países de habla hispana. Prohibida la reproducción parcial o total, por cualquier medio, sin el consentimiento por escrito del legítimo titular de los derechos.
Primera edición electrónica en e-pub: 2023.
D.R. © 2023, Universidad Nacional Autónoma de México
Coordinación de Humanidades Instituto de Investigaciones Sociales Ciudad Universitaria, C.P. 04510
Dirección General de Divulgación de las Humanidades Presidente Carranza 162, Villa Coyoacán, 04000, Ciudad de México
Libro electrónico editado por el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, se terminó de producir en septiembre de 2023. La edición electrónica en formato e-pub estuvo a cargo de Oscar Quintana Ángeles. Participaron: Virginia Careaga Covarrubias (edición del proyecto), Pablo Labastida (diseño de portada) y Cynthia Berenice Salazar Nieves (cuidado de la edición).
ISBN: 978-607-30-8058-3
En marzo de 2020, la oms declaró pandemia la emergencia sanitaria por Covid-19, tomando al mundo por sorpresa. En seguida, los distintos gobiernos emprendieron medidas encaminadas a salvaguardar la salud de su población. En este contexto, el libro presenta una lectura preliminar del impacto económico, social y emocional que se vislumbraba, como consecuencia de las medidas adoptadas para enfrentar a la pandemia.
Se analizan las implicaciones en el ámbito laboral, la respuesta mediante el uso de las tecnologías de información, los riesgos y retos para mantener las cadenas de valor agroalimentarias, así como las consecuencias en el ambiente social, en el ánimo general: incertidumbre, desconfianza, ansiedad, soledad e impotencia. Se visibiliza la vulnerabilidad de la sociedad ante la magnitud de la emergencia, las dificultades de algunos sectores de la población para acatar de manera estricta las medidas para preservar la salud, en donde los recursos económicos y sociales fueron determinantes; las dificultades ante el aislamiento social, así como las nuevas imágenes y prácticas ante el encierro. Se evidencian diversos frentes en los que se consideraba importante avanzar, y se presentan algunas recomendaciones encaminadas a fortalecer la situación económica, social y tecnológica, con alcances a la actividad agroalimentaria, para robustecer a la sociedad hacia el futuro.
Esta obra presenta un conjunto de análisis surgidos desde el distanciamiento social. Se deriva de evaluaciones críticas, y en algunos casos catárticas, del efecto de esta nueva situación porque, sin lugar a duda, modificó el contexto de los sujetos de estudio. Aquí se presentan los resultados de once investigaciones que rápidamente incorporaron a su campo de análisis los efectos en distintos ámbitos de la pandemia que nos tocó vivir.
IntroducciónMiguel Armando López Leyva e Yvon Angulo Reyes
Primera sección En el ámbito económico
El impacto de Covid-19 en la población y la respuesta del Estado mexicanoFrancisco Javier Aguilar García, Flaherthy Maximiliano Cota Badillo y Julio César Hernández Medina
Estrategias de política pública en las cadenas de valor agroalimentarias en América Latina. Aproximaciones desde un análisis comparado en el marco de la emergencia sanitariaLaura Elena Martínez Salvador y Alejandra Reyes Jaime
Segunda secciónEn los sectores vulnerables
“Y en casa, ¿cómo me va a llegar el sustento?”. La crisis del Coronavirus y los trabajadores del comercio popularVicente Moctezuma Mendoza
Acercamiento a las estrategias de los pueblos indígenas en Oaxaca frente a Covid-19Elena Nava Morales
Impacto diferencial de Covid-19 en los trabajadores agrícolas: los africanos en movilidad y su paso por Ribera del Duero, EspañaMartha Judith Sánchez Gómez
Tercera sección En las sensibilidades y emociones
El papel de las emociones en las diferentes respuestas a la crisis por Covid-19Alice Poma
El amigo, el enemigo y el extraño. Narrativas conspirativas y contra conspirativas frente a la pandemiaLaura Beatriz Montes de Oca Barrera
Recomposición de las sensibilidades del (des)encuentro durante la pandemia. Experiencias para la mejora de la vida y la convivenciaMargarita Camarena Luhrs
Cuarta sección Respuestas sociales ante el riesgo
Usos sociales de la tecnología en el contexto de la Covid-19 en México, entre el riesgo y la incertidumbre: vigilancia de la movilidad y uso de aplicaciones de monitoreoMarcela Amaro Rosales y Lucía Carmina Jasso López
Capital Social en Yucatán. La reacción frente a CovidSara Gordon (†)
55 días de encierro en MontmartreHugo José Suárez
Sobre las autoras y los autores
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El 27 de febrero de 2020 se registró el primer caso detectado y reconocido por las autoridades mexicanas de contagio por Covid-19. El 11 de marzo de ese año, la Organización Mundial de la Salud (oms) declaró como pandemia la fase de dispersión del virus. El día 30 de ese mes, el Consejo de Salubridad Nacional de México declaró a la pandemia como emergencia sanitaria. Con la experiencia de una década previa, cuando hubo una declaración similar por la influenza, nadie advertiría las diferencias sino hasta el transcurrir de los meses. En ese entonces, México fue el centro de atención de todo el mundo, al igual que lo ha sido China en esta ocasión, particularmente Wuhan. Esta pandemia no se parecería a las anteriores en su intensidad, magnitud, incluso dramatismo y, desde luego, en las consecuencias en los distintos ámbitos de la vida pública, en México y en el mundo.[1]
Después de un año de la declaratoria de la oms, el impacto de la pandemia pudo valorarse apenas por las cifras, impresionantes por sí mismas: casi 118 millones de personas infectadas a nivel mundial y más de dos millones y medio de personas fallecidas. En México, las cifras arrojaron un escenario no menos impactante: más de dos millones de contagiados y poco más de 190,000 personas fallecidas (Reforma, 11 de marzo de 2021), ubicándolo entre los veinte países con las mayores tasas de letalidad en el mundo,[2] y el país con el mayor número de defunciones acumuladas por esta enfermedad en trabajadores de la salud en América.[3] Desde diciembre de 2020, las campañas de vacunación comenzaron en todos los países del mundo, aunque a ritmos desiguales, desesperantes en algunos casos, dependiendo de los recursos y gestiones realizadas por cada uno de ellos.
No obstante, la pandemia no ha terminado. La inmunidad por la aplicación de la vacuna tardará en generalizarse y en surtir el efecto deseado a nivel colectivo (“inmunidad de rebaño” o colectiva),[4] por lo cual seguirán vigentes, durante un tiempo más, las medidas adoptadas para prevenir los contagios y que se han convertido en parte de nuestras rutinas diarias: uso de cubrebocas, lavado de manos, distanciamiento social, confinamiento en casa de las personas contagiadas, entre las más importantes. Más allá de registrar estos cambios en las prácticas cotidianas, de suyo relevantes, importa detenerse en lo que la pandemia ha generado en la sociedad, en especial en las dinámicas sociales y comunicativas, en la manera como ha reaccionado desde diferentes frentes, y en la evolución de las condiciones productivas y de vida de los distintos sectores, grupos o actores. La enfermedad ha afectado de maneras desiguales a las personas, en buena medida por las diferencias preexistentes a su surgimiento.[5] Nos interesa, por tanto, dar cuenta de ello.
Lo anterior cobra sentido si pensamos la pandemia y la manera de enfrentarla como una “situación de desastre”, como lo ha argumentado Cadena-Roa (2021), situación que se complica por los costos económicos, sociales y de salud mental que le acompañan. Según este autor, las características de los desastres casan bien con lo ocurrido en la pandemia en el país: “(…) fue un evento súbito que ha tenido graves efectos en la salud pública, ha contagiado a centenas de miles y cobrado la vida de decenas de miles de personas en México, ha puesto al límite o rebasado las capacidades instaladas de atención a la salud, de velatorios, crematorios y cementerios” (Cadena-Roa, 2021:331). El funcionamiento habitual del país se ha trastornado, dice el autor, pero un elemento ha hecho de éste un desastre peor que otros: la solidaridad se ha visto limitada o impedida por el riesgo de contagio, por lo que se genera un sentimiento de “frustración por no poder ayudar a nuestros seres queridos y vecinos”.
Motivados por lo hasta aquí escrito, que se puede resumir en evaluar cuáles son los efectos que esta pandemia ha generado en distintos ámbitos de la vida económica y social, nos dimos a la tarea de convocar a colegas del Instituto para que, desde sus preocupaciones temáticas y líneas de investigación, abordasen algunos de ellos. Sus abordajes responden a la variedad de disciplinas que convergen en el Instituto. Además, dado el carácter sorpresivo e imprevisible de la pandemia, por su duración y alcance, cuya consecuencia para el conocimiento que producimos ha sido modificar las agendas de investigación y reorientarlas significativamente, los textos que aquí se compilan contienen varias pretensiones: hay análisis preliminares, ensayos exploratorios, ejercicios reflexivos e, incluso, observaciones puntuales a manera de diario (con apuntes sociológicos interesantes). No son textos que cierran el tema o pretenden ser definitivos, sino que abren preguntas, expresan inquietudes, esbozan hipótesis y plantean vetas de estudio. Es así que se presenta en la obra una visión temática y vistazos más allá de sus límites, mostrando las particularidades, diferencias y similitudes de la vivencia de la pandemia durante el inicio del periodo de confinamiento, con una mirada en México y en otras partes del mundo.
La pandemia no sólo cambió los derroteros de la investigación en todas las áreas del conocimiento, sino que ya es una agenda en sí misma que requiere atención y seguimiento en los próximos años. Este libro quiere contribuir al delineamiento de una ruta dentro de esa nueva agenda, desde las ciencias sociales, que nos conduzca hacia la valoración del impacto que ha tenido: qué sectores han sido más afectados y en qué aspectos, qué prácticas sociales se han implementado o transformado, qué respuestas estatales se han articulado y cuáles han sido sus alcances. Desde luego, hablar de “impacto” no presupone per se una valoración negativa; si bien se observa un conjunto de efectos de ese orden, la pandemia ha posibilitado estrategias de convivencia y colaboración notables, y de eso también dan cuenta estas páginas.
Es importante destacar que la presente obra no es una iniciativa aislada, sino que forma parte de una preocupación general por entender el fenómeno en el mayor número de aristas posibles y aportar explicaciones que coadyuven a atender los problemas que ha provocado.[6] Desde luego, no pretendemos ser exhaustivos en abordar todos los ángulos factibles de análisis, pues ello requeriría un proyecto con una visión o pretensión omnicomprensiva. Además, tenemos registro de publicaciones que han hecho primeras aproximaciones a las consecuencias de la pandemia en el bienestar de las personas, por ejemplo, en la salud mental o en el rendimiento escolar de estudiantes de educación básica y superior (v. gr. Institute for Global Sciences Health, 2021).
Esta obra contiene once textos divididos en cuatro secciones. La primera sección tiene el propósito de evaluar los efectos de dicho fenómeno en aspectos relevantes del ámbito económico. El primer texto, de Francisco Javier Aguilar García, Flaherthy Maximiliano Cota Badillo y Julio César Hernández Medina, intitulado “El impacto de Covid-19 en la población y la respuesta del Estado mexicano”, tiene como objetivo observar el impacto que tuvo entre los trabajadores el llamado a “quedarse en casa” y el cierre de los negocios “no esenciales”, así como la respuesta estatal para salvaguardar la salud del sector productivo. Uno de los aspectos clave que los autores señalan es que las afectaciones a la población trabajadora están relacionadas directamente con la duración del confinamiento, además de que la modificación de dinámicas laborales tuvo efectos diferenciados según el sector productivo (adicional es el impacto en las actividades de autoempleo o informales). A partir de este diagnóstico, los autores evalúan si las medidas tomadas por el Estado —los programas— tuvieron impacto en el mundo del trabajo para salvaguardar el empleo y las fuentes de ingreso de los mexicanos y las mexicanas.
Laura Elena Martínez Salvador y Alejandra Reyes Jaime abordan las estrategias que adoptaron y coordinaron las instituciones internacionales y regionales rectoras de las políticas públicas agroalimentarias (ppa) en América Latina ante el escenario de la pandemia, a fin de dinamizar las cadenas de valor agroalimentarias y mantenerlas en un estado de funcionalidad. En “Estrategias de política pública en las cadenas de valor agroalimentarias en América Latina. Aproximaciones desde un análisis comparado en el marco de la emergencia sanitaria”, las autoras realizan un análisis comparado de las ppa que, derivadas de la emergencia sanitaria, se implementaron durante 2020 en México, Colombia y Costa Rica, con el objetivo de retomar las buenas prácticas y proponer recomendaciones para fortalecer las acciones de respuesta ante la emergencia sanitaria. El escenario desde el que plantean su análisis es el de un pronóstico de aumento de pobreza, con impactos considerables en la seguridad alimentaria, lo que puede conducir a que los grupos vulnerables tengan más dificultades para adquirir alimentos de calidad nutricional (incremento en los niveles de hambre y malnutrición). Es un ejercicio de revisión crítica que pretende identificar fortalezas y debilidades de dichas políticas, en términos de diseño e implementación, en un marco comparativo.
En la segunda sección, tres capítulos se concentran en analizar los efectos de la pandemia en sectores vulnerables en México y en España. Vicente Moctezuma Mendoza hace un análisis de la afectación del cierre obligado de negocios en las condiciones de vida de comerciantes informales y las estrategias que utilizaron para subsistir. En “‘Y en casa, ¿cómo me va a llegar el sustento?’ La crisis del Coronavirus y los trabajadores del comercio popular”, se plantea el dilema de salir y no contagiarse o confinarse, pero no tener ingresos para el sustento diario. Así, ante la necesidad de confinarse durante semanas, lo cual aislaba a estas personas y las protegía del virus, recurrieron a dos tipos de fuentes de recursos: las del ámbito social (familia y amigos, principalmente) y a los apoyos provistos por el Estado. Sin embargo, lo que este capítulo muestra con crudeza es que ambos recursos apenas son suficientes para la subsistencia diaria de estos sectores, y que cualquier estrategia de confinamiento tiene como límite irrecusable las condiciones de pobreza o vulnerabilidad que padecen.
Elena Nava Morales escribe un ensayo en el cual explora los efectos de la pandemia en algunas comunidades indígenas de México. En “Acercamiento a las estrategias de los pueblos indígenas en Oaxaca frente a Covid-19”, la autora ofrece una visión de las maneras en que algunos pueblos indígenas en ese estado de la República Mexicana actuaron frente a la difusión del virus, en términos de las estrategias implementadas para protegerse y resistir en sus territorios. El capítulo establece las particularidades de dichas comunidades para hacer frente a esta enfermedad, los modos en que se articulan las preocupaciones colectivas con las decisiones de las autoridades y las formas para hacer efectivas esas decisiones. Es útil para pensar, por contraste, cómo se vive la pandemia en contextos marcados por distintas desigualdades sociales.
“Impacto diferencial de Covid-19 en los trabajadores agrícolas: los africanos en movilidad y su paso por Ribera del Duero, España” es el último capítulo de esta sección, escrito por Martha Judith Sánchez Gómez. En él, la autora analiza las condiciones de trabajo, movilidad y alojamiento de trabajadores agrícolas en los viñedos de la Ribera del Duero, donde confluyen personas de distintas nacionalidades, principalmente de origen africano. Por contraste, nos ofrece un panorama del impacto que ha tenido Covid-19 en dichos trabajadores: primero, nos reseña las dinámicas de asentamiento y movilidad que se generan en torno a la actividad vitícola y los antecedentes y cambios en las formas de acceso a la mano de obra, para después explicarnos en qué medida eso cambió con la pandemia, en especial en la agudización de las condiciones de vida “infrahumana” que padecen. Un texto que, en línea con los anteriores, nos ofrece una pincelada del conjunto de desigualdades que se generan en sectores en desventaja social, migrantes en busca de trabajo afectados, además, por diferenciaciones raciales y de clase.
La tercera sección se ocupa de valorar los efectos de la pandemia en las sensibilidades y las emociones. Alice Poma desarrolla un ejercicio que trata de caracterizar las distintas respuestas sociales a la pandemia a partir de la comprensión de las emociones. En “El papel de las emociones en las diferentes respuestas a la crisis por Covid-19”, la autora se propone destacar algunos elementos que caracterizan las diferentes respuestas a la crisis sanitaria que emergieron a partir de marzo de 2020 (de líderes políticos y de opinión, así como de lo que se refleja en las redes sociodigitales) y que se pueden observar en diferentes países. A partir de ello, pone en evidencia cómo esas respuestas están vinculadas con diferentes valores, prácticas y emociones, lo que se revela clave para comprender el proceso de polarización social que la pandemia ha exacerbado. De esta interesante investigación exploratoria, Poma trata de señalar ciertos patrones comunes: algunos responden a dinámicas globales, otros son resultado de rasgos más locales, correspondientes a prácticas culturales (o subculturas) de cada país.
Laura Beatriz Montes de Oca Barrera parte de la idea de que la crisis sanitaria que vivimos generó afectaciones a la vida de todos, lo cual se ve reflejado en experiencias de ansiedad, soledad, impotencia y miedo. Estos sentimientos son terreno propicio para la proliferación de relatos que permiten manejar la situación, en donde entran en juego narrativas conspirativas, es decir, aquellas que dan explicaciones asequibles, sencillas y atractivas sobre la vida. Esas narrativas le sirven al individuo común para sobrellevar la crisis y, a la par, les sirven a los líderes políticos para justificar actos y omisiones frente a ella. En “El amigo, el enemigo y el extraño. Narrativas conspirativas y contra conspirativas frente a la pandemia”, la autora hace una reconstrucción sugerente de las narrativas señaladas como resultado de la pandemia de Covid-19, con la mira puesta en comprender sus fundamentaciones, dado que son producidas y reproducidas por sujetos sociales que intentan darle respuesta a una situación que se presenta completamente incomprensible.
En “Recomposición de las sensibilidades del (des)encuentro durante la pandemia. Experiencias para la mejora de la vida y la convivencia”, Margarita Camarena Luhrs escribe un ensayo reflexivo acerca del impacto de la enfermedad en la construcción de sensibilidades. En el texto se enfatiza en cómo el encierro, para prevenir el contagio, deriva en el aislamiento, lo que produce cambios en las relaciones sociales. El confinamiento y las restricciones para el contacto son, además de un límite externo impuesto como parte de las medidas de seguridad sanitaria, un límite propio que sugiere posibilidades de descomposición social (“pautas de exclusión y clasificación”), pero también de recomposición que pueden producir nuevas formas de “encuentro y convivencia”. El “encuentro con el otro”, uno de los pilares básicos de cualquier sociedad, encuentra aquí motivo de indagación; resalta por el contexto que ha alterado de manera significativa cómo experimentamos la vida en común y cómo ponemos en práctica ejercicios alternativos de convivencia.
Finalmente, la cuarta sección se concentra en las respuestas sociales, dicho grosso modo. Marcela Amaro Rosales y Lucía Carmina Jasso López abren con “Usos sociales de la tecnología en el contexto de Covid-19 en México, entre el riesgo y la incertidumbre: vigilancia de la movilidad y uso de aplicaciones de monitoreo”. En él se proponen analizar los usos sociales de algunas tecnologías de la información (tic) y los problemas que generan cuando se enfrenta el dilema entre salvaguardar la salud pública y garantizar derechos ciudadanos, en particular, la privacidad de las personas. La reflexión sobre usos tales como el procesamiento de grandes datos para vigilar y monitorear frecuencia y movilidad de usuarios a través de dispositivos móviles, como los teléfonos celulares, así como el desarrollo y uso de aplicaciones (apps) para identificar personas contagiadas y posibles riesgos de exposición en el contexto de Covid-19, conduce a las autoras a la reflexión en torno a la percepción social del riesgo y el manejo de la incertidumbre.
Para Sara Gordon,[7] la respuesta de diversos actores de la sociedad civil y del gobierno en Mérida y Yucatán ante la pandemia de Covid-19 puso de manifiesto la importancia del capital social para atender una emergencia y atenuar sus efectos negativos. En “Capital Social en Yucatán. La reacción frente a Covid”, propone que los valores culturales y las instituciones sociales que se han construido desde hace varias décadas generaron un entorno propicio para la confianza y cooperación entre actores sociales y económicos; este capital social también facilitó la colaboración efectiva con el gobierno. El análisis de las acciones colectivas realizadas durante las sucesivas etapas de la pandemia en esta entidad, así como su contexto histórico, permiten explicar los alcances y los límites del capital social ante los problemas sociales y económicos derivados de esta crisis de salud pública.
Esta sección (y el libro) cierra con el texto de Hugo José Suárez, “55 días de encierro en Montmartre”. Se trata de un registro fotográfico, de carácter personal, de la cotidianidad en pandemia que experimentó el autor en el tiempo que vivió en París para hacer trabajo de investigación. Mediante textos que interpretan imágenes (“ensayo escrito-visual”), y muy cercano a un breve diario, narra la percepción de un sociólogo sobre esos casi dos meses de encierro. Es un texto que ofrece pistas estimulantes para la comprensión acerca de cómo “lo vivido” en el ámbito más próximo —lo familiar, lo barrial— se transforma bajo el influjo de una enfermedad inesperada: cómo se experimentó el encierro, qué tipo de dinámicas nuevas surgieron, qué imágenes, qué prácticas y qué mensajes emergieron en ese contexto extraordinario. Como afirma el autor: “(…) algo que se movió en este tiempo fue la socialidad (…), todo lo que estamos viviendo nos llevó a modificar profundamente nuestra subjetividad, la relación con el otro, el sentido del espacio, del tiempo, de lo correcto, de lo pertinente, del futuro”. En línea con la pretensión general de esta obra, el texto de Suárez busca trazar rutas, desde la lente sociológica, para comprender las dimensiones y la magnitud del cambio que hoy seguramente nos conducirá hacia una nueva perspectiva de la vida social.
Miguel Armando López Leyva Yvon Angulo Reyes
Cadena-Roa, Jorge (2021). “Ciencias sociales, coronavirus y desastres”. En Las ciencias sociales y el coronavirus, coordinado por Jorge Cadena-Roa, 313-345. México: Consejo Mexicano de Ciencias Sociales/Universidad Nacional Autónoma de México- Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades.
Fernández Poncela, Anna María (2012). “Psicología de masas, identidad social, epidemias y rumores: la influenza en México”. Sociológica, 27(76): 189-230.
Institute for Global Sciences Health (2021). “La respuesta de México al Covid-19: estudio de caso”. University of California, San Francisco. Disponible en <https://globalhealthsciences.ucsf.edu/sites/ globalhealthsciences.ucsf.edu/files/la_respuesta_de_mexico_al_covid_esp.pdf>.
Ramírez Rancaño, Mario (2021). “Entre dos pandemias: la influenza española y Covid-19”. Revista Mexicana de Sociología 83 (1): 215-237.
Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la salud (2021). “Actualización epidemiológica: Enfermedad del Coronavirus (Covid-19)”. 11 de marzo. Disponible en <https://sostelemedicina.ucv.ve/covid19/manuales/ Actualizacion%20Epidemiologica%20 Enfermedad%20por%20coronavirus%20covid-19_11-03-2021_ops_oms.pdf>.
[Notas]
[1] Puede ser de utilidad, sólo para apreciar diferencias, ver los artículos de Fernández Poncela (2012) y Ramírez Rancaño (2021).
[2] De acuerdo con la información de la Universidad Johns Hopkins, con las reservas que el cálculo amerita por la subestimación del número de contagios debido a la falta de pruebas, durante el primer trimestre de 2021, México alcanzó una tasa de letalidad de 8.7 por 100 personas contagiadas. Puede consultarse en: <https://coronavirus.jhu.edu/data/mortality>.
[3] Entre enero de 2020 y marzo de 2021, México acumuló un total de 3,534 defunciones confirmadas por Covid-19 entre trabajadores de la salud (ops/oms, 2021).
[4] Según estimaciones de diversos científicos, entre los que se encuentra el Dr. Anthony Fauci, director del National Institute of Allergy and Infectious Diseases, es necesario que entre el 85% y 90% de la población sea inmunizada ante el virus para alcanzar la inmunidad colectiva.
[5] Ejemplo de lo anterior es el promedio de años de vida perdidos entre la población de adultos de sesenta años y más, estimado en 16 años en una muestra de 81 países; el incremento en el riesgo de muerte fetal en mujeres con Covid-19; la falta de estrategias de mitigación dirigidas a la población indígena, etcétera (ops/oms, 2021).
[6] Dos iniciativas se orientan en la misma dirección: el ciclo de conferencias “Los efectos de una pandemia”, celebrado entre agosto y noviembre de 2020, y dos números especiales de la Revista Mexicana de Sociología, “Efectos sociales por la pandemia de Covid-19” (año 83, marzo 2021), “Los impactos de la pandemia” (año 83, septiembre 2021) y “Desigualdad y pobreza en el contexto de la pandemia” (año 85, enero 2023). El ciclo lleva el mismo título de la presente propuesta editorial, pero no es una derivación directa de él.
[7] Este texto se publica de manera póstuma. La versión que se presenta en esta obra contó con la revisión final de Cristina Puga Espinosa, a quien agradecemos su colaboración.
Francisco Javier Aguilar García Flaherthy Maximiliano Cota Badillo Julio César Hernández Medina
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El 2020, sin duda alguna, se convertirá en un año histórico marcado por la emergencia sanitaria generada por el nuevo coronavirus y la enfermedad Covid-19. Desde principios de ese año comenzaron a surgir noticias desde China sobre el brote de esta enfermedad, principalmente en la ciudad de Wuhan. Los espectadores a nivel mundial comenzaron a presenciar cómo se expandía el virus, dejando más interrogantes que respuestas mientras más se iba conociendo la enfermedad. Las medidas tomadas por el gobierno chino incluyeron una cuarentena rigurosa donde se exigía a la población permanecer en sus casas. Dicha situación propició condiciones bastante complicadas para los trabajadores, puesto que inmediatamente sus ingresos se vieron duramente afectados.
En muy poco tiempo comenzaron a brotar casos en otras regiones del mundo. Europa se convirtió en la siguiente región epicentro de la pandemia. En dicho continente, los casos se dispararon de manera vertiginosa, países como España e Italia reportaban diariamente miles de víctimas mortales del virus. Muchos países del continente europeo vieron superados sus sistemas de salud y sometieron a sus sistemas de bienestar social a una dura prueba.
La crisis de Covid-19 se caracterizó por su vertiginosidad en Europa, pero el panorama en otras regiones del mundo, y en América Latina en particular, fue bastante diferente. La región fue testigo constante de la crisis europea, puesto que los números comparados de ambos continentes para los meses de febrero y marzo se mostraban bastante favorables hacia los países americanos. Sin embargo, mientras la pandemia parecía ir cediendo en Europa desde mayo, lo que significaba el inicio del desconfinamiento, en América se mostraba un panorama donde se indicaba que la pandemia se extendería temporalmente, convirtiendo esa confianza inicial en incertidumbre. A la fecha de redacción de este capítulo (agosto de 2020), Estados Unidos, Brasil y México han superado con creces los fallecidos en los países europeos más industrializados.[1]
Un desarrollo más lento de la pandemia en América, y en México en particular, ha creado condiciones que han perjudicado de diversas maneras a la población mexicana y específicamente a los trabajadores. En particular, el gobierno mexicano inició en marzo la Jornada Nacional de Sana Distancia, que consistió en un programa de prevención del contagio del virus; las medidas incluían el cierre obligatorio de comercios considerados no esenciales y el confinamiento de la población. Esta situación llevó a muchos mexicanos a modificar su dinámica laboral y ver afectados sus ingresos; gran parte de la población vio cómo la emergencia sanitaria se tradujo en la pérdida de empleo y en la necesidad de buscar otras vías para percibir ingresos.
Precisamente, el objetivo de este texto es responder a las siguientes preguntas: ¿cuál ha sido el impacto de la emergencia sanitaria de Covid-19 en la población mexicana y trabajadora? y ¿cuál ha sido la respuesta del Estado mexicano para salvaguardar la salud de la población? Conociendo esto, se podrá establecer si dichas medidas tuvieron un fuerte impacto en el mundo del trabajo, lo cual lleva a la siguiente pregunta: ¿cuáles fueron las medidas del Estado mexicano para salvaguardar el empleo y fuentes de ingreso de los mexicanos? La emergencia aún no ha terminado y todavía no hay una perspectiva temporal que pueda ayudarnos a definir si las políticas aplicadas fueron exitosas o no, pero sí podemos ir perfilando las políticas públicas aplicadas y analizar las primeras notas informativas que exponen los organismos oficiales respecto al impacto de Covid-19 en México.
En primer lugar, es necesario establecer el panorama mundial de la emergencia sanitaria, puesto que, al conocer los principales datos sobre la aplicación de la cuarentena en diversos países, se podrán puntualizar características que condicionaron el bienestar de los trabajadores mexicanos. Posteriormente, se hará un análisis sobre la situación laboral mexicana a inicios de 2020, el cual será complementado por un pronóstico sobre las afectaciones que tendría la emergencia sanitaria en la economía y el mercado laboral basado en una metodología propuesta por la Organización Internacional del Trabajo (oit). Las estadísticas principales que se utilizaron fueron aquellas que presentó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) el 23 de julio de 2020 y que comprenden cuestionarios sobre el Impacto Económico generado en las Empresas y la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo del Inegi (etoe). Dichas encuestas fueron levantadas de abril a junio de 2020. Finalmente, es necesario mencionar que el artículo está dividido en tres apartados: La emergencia de Covid-19, Impacto de Covid-19 en la Población Económicamente Activa (pea) mexicana y Respuesta del Estado mexicano para salvaguardar la salud y el empleo. Enseguida plantearemos algunas conclusiones.
La emergencia de Covid-19
A inicios de 2020 las noticias mundiales se concentraban principalmente en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y en el posible conflicto militar entre Estados Unidos e Irán. Sin embargo, para el mes de enero, los medios de comunicación comenzaron a darle mayor atención al brote de una enfermedad generada por un coronavirus en la ciudad de Wuhan, en China.
Según los reportes de la Organización Mundial de la Salud (oms), desde el 31 de diciembre de 2019, el gobierno chino reportó los primeros casos de esta nueva enfermedad; para el 7 de enero de 2020, las autoridades médicas chinas informaban que, después de analizar a los primeros contagiados, se determinó que la enfermedad era transmitida por un nuevo coronavirus. La situación comenzó a tornarse alarmante cuando el 11 de enero de 2020 se reportó en Wuhan la primera víctima mortal de la enfermedad. Para la segunda mitad de enero de 2020, se comenzaron a reportar casos en otros países, principalmente de chinos que habían tenido algún contacto con la ciudad de Wuhan. Ante el aumento de casos en diversos países, la oms declaró la emergencia internacional de salud pública el 30 de enero de 2020; ante tal llamado a la emergencia, muchos países comenzaron a aplicar medidas de restricción para el ingreso de ciudadanos chinos o para cualquier persona que hubiera viajado a China. El 2 de febrero de 2020 se presentó la primera muerte de un ciudadano chino fuera de su país, la cual ocurrió en Filipinas; mientras tanto, el 8 de febrero del mismo año se reportó el primer deceso oficial de un extranjero, pues falleció un estadounidense en la embajada de Estados Unidos en China.
Los especialistas de varios países continuaron analizando las características de la enfermedad y, para mayor precisión, el 11 de febrero de 2020 la oms comenzó a nombrarla “Covid-19”, que es un acrónimo de Corona Virus Disease 2019.
Para el 18 de febrero de 2020 se contabilizaban más de dos mil muertes a nivel mundial y el epicentro de la pandemia se había trasladado a Europa, principalmente a Italia y España. Las declaratorias de emergencia por parte del gobierno italiano, el 9 de marzo, impactaron al mundo entero, puesto que se vio cómo el país europeo comenzó a aplicar medidas tales como el aislamiento en los hogares, el cierre de negocios considerados no indispensables, la prohibición de eventos masivos y el control de la movilidad de la población con el uso de las fuerzas del orden. El evidente crecimiento del número de casos a nivel mundial y, con ello, de muertes, llevó a la oms a declarar, el 11 de marzo de 2020, como una pandemia a Covid-19. Para ese momento, se contabilizaban 124,101 casos y 4,566 fallecidos, teniendo en América Latina y el Caribe 148 contagios y dos muertes (La Jornada, 2020).
Prácticamente, todos los países aplicaron la estrategia del distanciamiento social como la principal estrategia para frenar el número de contagios; por lo tanto, se debió de aplicar el cierre riguroso de comercios y establecimientos que no fueran considerados como indispensables, al igual que prohibir eventos masivos. Las diferencias entre países radicaron en su capacidad para aplicar dichas medidas, lo cual implica tener en consideración la eficacia de los aparatos del Estado para lograr establecer una cuarentena eficiente, al igual que considerar el compromiso de la población con las medidas adoptadas, lo cual dependió, en gran medida, del fuerte respaldo del sistema económico en el que se desarrollaban.
La aplicación de la estrategia del distanciamiento social ha tenido diferentes extensiones temporales según la región y el país. Al analizar la extensión temporal que abarcó la cuarentena con características más restrictivas en conjunto con el número de casos, se podrá observar que el impacto de la pandemia ha tenido un desarrollo bastante diferente en las diversas regiones, lo cual implica que las afectaciones económicas de la población se presenten de manera contrapuestas.
En primer lugar, el 23 de enero de 2020 China inició una cuarentena en la provincia de Hubei y aisló a su ciudad capital, Wuhan. Pronto, la medida se extendió a otras provincias del país; estas medidas fueron aplicadas cuando se tenía un total de 571 infectados y 17 muertos (La Jornada, 2020b). Según la información de las autoridades chinas, los contagios locales en Wuhan fueron disminuyendo hasta que no se registró alguno el 19 de marzo 2020; dicha información llevó al gobierno chino a declarar que la pandemia ya se encontraba contralada y, por lo tanto, se puso fin al confinamiento el día 8 de abril de 2020, cuando se contabilizaron un total de 81,802 infectados y 3,333 muertes (Milenio, 2020).[2]
Después del brote en China, el siguiente epicentro de la pandemia fue Europa, principalmente Italia y España. Italia declaró el inicio de la cuarentena el 8 de marzo de 2020 en la región norte del país; sin embargo, ante el aumento de casos, el 10 de marzo de 2020 decidió aplicarla en todo el territorio, cuando había un total de 9,172 contagiados y se contabilizaban 463 fallecidos. Las medidas de confinamiento severo duraron más de dos meses, periodo donde el número de contagios y fallecimientos llegó a multiplicarse rápidamente a tal grado de reportar, el 27 de marzo de 2020, un total de 919 decesos. La pandemia creció abruptamente en Italia; llegó a acumular 31,908 muertes y 224,760 contagios al momento en que el primer ministro, Giuseppe Conte, declaró el fin de la cuarentena el 18 de mayo de 2020; ese día se registraron 675 nuevos contagios y 145 decesos (Tal cual, 2020).[3]
A su vez, España declaró el inicio de la cuarentena el 15 de marzo de 2020, cuando había 7,753 contagiados y 228 fallecidos. De manera similar a Italia, los casos en España se multiplicaron de manera abrupta, pues se pasó de 228 defunciones, contadas el 15 de marzo de 2020, a diez mil el 2 de abril de ese año, y a veinte mil el día 18 del mismo mes. El 28 de abril de 2020, el gobierno español anunció su plan de desconfinamiento con el que se disminuían las medidas restrictivas de circulación por medio de tres etapas que culminaron el 21 de junio de 2020, con el inicio de la “nueva normalidad”. Ese día se reportó un total de 245,938 infectados y 28,325 fallecimientos. Aunque España parecía haber controlado la pandemia, se reportó un rebrote que llevó al gobierno a retomar medidas de confinamiento, pero no al mismo grado que en los meses anteriores.[4]
El desarrollo de la pandemia en América ha sido bastante diferente al de Europa. En Estados Unidos existieron casos de contagio y defunciones desde el inicio de la pandemia; sin embargo, la gran mayoría de los estados implementaron la cuarentena desde el 25 de marzo de 2020; para esa fecha se contabilizaban 64,775 contagios.[5] La pandemia en Estados Unidos ha tenido una evolución bastante compleja, varios son los condicionantes que han convertido a dicho país en el epicentro de la enfermedad; aunque supera por mucho en contagios y defunciones a otros países, no aplicó una estrategia nacional y las medidas que se implementaron a nivel federal fueron duramente criticadas por los gobiernos estatales. Mucho de esta falta de coordinación puede deberse al factor presidencial, puesto que Donald Trump no era respetado por muchos gobiernos locales; de igual manera, el hecho de ser el país con la economía más importante del mundo impulsó a que se decidiera regresar a la normalidad de manera prematura, ya que los contagios y las defunciones no mostraron una disminución. Algunos estados comenzaron a levantar la cuarentena desde el 3 de mayo de 2020 (Vázquez, 2020), cuando el país reportaba 1,093,880 contagios y 62,406 decesos (who, 2020). Sin embargo, los estados que más casos reportaban no levantaron la cuarentena en esa fecha; Nueva York, el epicentro de la pandemia en Estados Unidos, comenzó la cuarentena el 20 de marzo de 2020 e inició el proceso de desconfinamiento el 8 de junio de ese año; ese día se reportaron más de 1,900,000 contagios y más de 110,000 fallecimientos (El Universal, 2020b). Poco a poco, Estados Unidos fue aplicando el desconfinamiento, sin embargo, las cifras de contagios continuaban al alza, reportando el 1 de agosto de 2020 un total de 4,456,389 infectados y 151,265 decesos (who, 2020).
El desarrollo en América Latina ha sido complejo y ha abarcado una temporalidad más extensa que en otras regiones del mundo.[6] Como se mencionó anteriormente, cuando se declaró la pandemia el 11 de marzo, América Latina contaba con 148 casos de contagio y sólo se reportaban dos fallecimientos. Según los reportes de la oms, la mayoría de los países indicaban que los infectados eran importados; para ese momento, Brasil reportaba 34 casos; Chile, 17, y Argentina, 17 contagios con un deceso. Ese mismo día, México indicó que tenía siete contagiados. A lo largo del mes de marzo se podía considerar que los casos en América Latina avanzaban a un ritmo lento, a diferencia del vertiginoso aumento de contagios y decesos en Europa. Para disminuir el riesgo de contagio, los países latinoamericanos aplicaron la estrategia del distanciamiento social por medio de cuarentenas. Chile inició el 18 de marzo; Argentina, el día 20, y México comenzó la Jornada Nacional de Sana Distancia el 23 de marzo de 2020.
El caso de Brasil tiene algunas similitudes con el norteamericano, pues no existió una estrategia unificada y se presentaron tensiones entre los gobernadores estatales y el entonces presidente Jair Bolsonaro porque criticaba las medidas de distanciamiento social e, incluso, minimizaba los impactos que podía tener Covid-19 en Brasil. A pesar de ello, algunos estados, como Sao Paulo, iniciaron la cuarentena el 21 de marzo. Esta estrategia errática ha sido determinante para que Brasil se convierta en el segundo país con más contagios y muertes, pues el 1 de agosto de 2020 se contabilizaron 2,610,602 casos de contagio y 91,263 defunciones (who, 2020).
A pesar de que varios países de América Latina iniciaron cuarentenas una o dos semanas después que los europeos, el desarrollo lento de la pandemia hizo que no se pudieran determinar las condiciones propicias para iniciar un proceso de reapertura y, por lo tanto, se extendieron por mucho más tiempo en comparación con Europa y Asia. Son muchas las circunstancias que determinaron la evolución de la pandemia en esta región, las cuales requieren un estudio más amplio y supera el propósito de este artículo. Sin embargo, es determinante entender que las afectaciones en la población trabajadora están ligadas a la larga duración que tuvo el confinamiento. Pese a que los números de casos siguieron aumentando y no se percibía una tendencia a la baja, las autoridades tuvieron que implementar medidas de desconfinamiento, más por motivos económicos que por una verdadera mejoría en la pandemia.
México declaró concluida la Jornada Nacional de Sana Distancia el 30 de mayo de 2020; Chile presentó su programa de desconfinamiento, Paso a Paso, el 19 de julio del mismo año; mientras que Argentina y Perú comenzaron lo propio el 21 de julio de 2020. La situación era preocupante, pues en julio se presentaron los índices más altos de contagios, fechas que corresponden con la disminución de las medidas de distanciamiento social. En México, el 23 de julio de 2020 se registraron 8,438 nuevos casos; en Brasil, el 29 de julio, 60,074 contagios; en Perú, el 27 de julio, 13,756 casos registrados, y Colombia contabilizó más de 16,300 casos el 27 de julio (cnnEspañol, 2020). Chile y Argentina difirieron un poco de la tendencia, puesto que el día con más casos registrados en Chile fue el 14 de junio con 6,938 contagios (who, 2020), mientras que los primeros días de agosto se convirtieron en Argentina, en un franco rebrote, reportando un total de 7,513 nuevos casos (El Observador, 2020).
Como se puede observar con las fechas y cifras mostradas, las cuarentenas aplicadas en China y Europa tuvieron una duración de poco más de dos meses; pasado ese tiempo, se iniciaron los procesos de desconfinamiento cuando se registraban las menores cifras de contagios diarios y muertes. En el caso de América, las cuarentenas se aplicaron desde mediados o finales de marzo, pero los contagios y muertes no disminuyeron, por lo que tuvieron que extender el periodo de confinamiento; por presiones más económicas y políticas, los gobiernos fueron presentando proyectos de desconfinamiento, los cuales, de cierta manera, representaban una extensión de la cuarentena, puesto que realmente no existían las condiciones necesarias de reapertura. De tal manera, las cuarentenas en América se aplicaron por alrededor de cuatro meses y los proyectos de desconfinamiento no tenían fecha definida de término. Lo anterior se comprueba con el hecho de que los países más afectados por la pandemia presentaron cifras récord de contagios en fechas posteriores al inicio del proceso de desconfinamiento; dicha situación provocó confusión en la población y representó un riesgo mayor que hacía impredecible el fin de la emergencia sanitaria.
Algunas de las principales medidas en materia de política sanitaria de aislamiento que adoptaron los países latinoamericanos fueron las siguientes:
Cuadro 1 Políticas sanitarias exteriores de aislamiento en países de América Latina
Fuente: Observatorio Electoral de América Latina (2020: 5).
Como es de esperarse, el impacto negativo en la población trabajadora en los países latinoamericanos ha sido significativo, ya que tuvieron que sobrellevar una cuarentena de al menos cuatro meses y en el proceso de desconfinamiento se enfrentaron a un panorama adverso, puesto que aún no se encontraban las condiciones suficientes para desarrollarse laboralmente sin riesgos de infectarse. Las condiciones laborales de América Latina, y específicamente en México, han exigido del gobierno una mayor participación en la salvaguarda del empleo y la salud de la población.
La Jornada Nacional de Sana Distancia se aplicó desde el 23 de marzo de 2020 y constó de cuatro puntos: 1) medidas básicas de prevención, 2) suspensión temporal de actividades no esenciales, 3) reprogramación de eventos de concentración masiva y 4) protección y cuidado de las personas adultas mayores (Gobierno de México, Secretaría de Salud, 2020). Dentro del segundo punto, se consideró que:
Actividad no esencial es aquella que no afecta la actividad sustantiva de una organización pública, social o privada, o los derechos de sus usuarios. Se suspenden las actividades no esenciales que involucren la congregación o movilidad de personas, en particular de diversas regiones geográficas y sustituirlas por actividades que favorezcan la sana distancia (Gobierno de México, Secretaría de Salud, 2020).
Dicho programa estaba inicialmente planeado para durar hasta el 30 de abril, sin embargo, se extendió hasta el 30 de mayo de 2020. Posterior a esa fecha, se comenzó a aplicar un sistema de semáforos que llevaría a la nueva normalidad; semanalmente se definiría, por entidad, si se cambiaba el color del semáforo, lo cual liberaría ciertas actividades. Si bien la Jornada Nacional de Sana Distancia culminó el 30 de mayo 2020, muchos estados continuaron en semáforo rojo durante varios meses más, lo que implicó una extensión de las medidas más rigurosas del confinamiento y, con ello, continuar con las graves afectaciones a los trabajadores.[7]
La larga duración de la cuarentena significó que muchas personas modificaran sus dinámicas laborales; algunos lograron mantener sus puestos de trabajo mediante home office, otros más se vieron afectados con la disminución de la jornada laboral y otros tantos dejaron de trabajar. Existieron afectaciones a los ingresos, puesto que la gran mayoría vio reducido su salario y muchos otros perdieron sus ingresos al ser retirados de sus puestos de trabajo. En algunos casos, el empleador no rompió la relación laboral con el trabajador y prometió reanudar labores cuando se permitiera dicha actividad. En el peor de los casos, los trabajadores perdieron su empleo y, debido a la contingencia, conseguir uno nuevo resultaba bastante complicado. Las pequeñas y medianas empresas también se vieron afectadas de diversas maneras; muchas de ellas no soportaron los cierres y obligaron a sus dueños a cambiar de giro.
Todo esto sucedió en la economía formal, pero recordemos que en México existe una economía informal donde 30.9 millones de personas dependen exclusivamente de sus actividades en las calles, en los mercados denominados “tianguis”, en las carreteras, etcétera, frente a un total de 23.98 millones de personas registradas en la economía formal.[8]
Para poder dimensionar las afectaciones que tuvieron los trabajadores y las empresas, es necesario conocer el panorama laboral previo al inicio de la pandemia en México. Según los datos, a inicios de 2020, México tenía una población de 126,782,872 personas, de las cuales 56.95 millones pertenecían a la pea, es decir, aquellos mayores de 15 años que están en posibilidad de trabajar. La pea mexicana se divide en 54.93 millones de personas ocupadas (que cuentan con un empleo) y 2.01 millones de personas desocupadas (aquellos que no cuentan con un empleo). De las personas ocupadas, 23.98 millones cuentan con un trabajo formal y 30.94 pertenecen a la informalidad.
Esquema 1 Composición de la población en México en materia laboral, inicios de 2020
Fuente: elaboración propia con datos obtenidos del Perfil Nacional Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (stps).
Por otra parte, el Primer Informe de Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador indicó que la tasa de desempleo era del 3.6%, una cifra menor en comparación con la media en América Latina que, en 2019, se ubicó en el 8.1%. Según algunas estimaciones, se esperaba que, con la llegada de Covid-19, la cifra de población desempleada en América Latina se colocaría en el 11.5% y, en el caso particular de México, estaría entre el 4 y 7%, lo que representaría tener entre 2.85 y 3.8 millones de nuevos desempleados (Cepal, 2020: 14).
Cuadro 2 México: principales indicadores laborales, 2019
Fuente: Aguilar y Zepeda (2015); Inegi (2019).
México es uno de los países con mayor índice de informalidad. Alrededor de 54.7% de la población trabajadora pertenece a este sector; en números absolutos son 30.94 millones de personas, siendo el segundo país con mayor población informal en América Latina, sólo después de Bolivia, que es el país más informal del mundo. Más de la mitad de los trabajadores mexicanos están empleados en actividades no reguladas, o bien en empleos que no generan prestaciones, apoyos económicos, ni otro incentivo marcado en la ley; lo que preocupa en el sector de la informalidad no es únicamente el hecho de que son personas sin ninguna protección social, sino que, además, es el sector con más afectados por la pandemia de Covid-19, pues posee las cantidades más sustanciosas en pérdidas de empleos y de ingresos.[9]
La proporción de las actividades de la economía informal se dan de la siguiente forma: en primer lugar, se encuentra el comercio con el 38.3% de trabajadores del sector; seguido por la construcción con el 27.8%; la industria manufacturera con el 13.2%; transporte, correos, almacenamiento y otros con el 17.1%, y los servicios de alojamiento y preparación de alimentos y bebidas con el 4.3%. A partir de la metodología presentada por la Organización Internacional del Trabajo (oit, 2020) para medir los impactos de Covid-19 en los mercados de trabajo, se elaboró el cuadro 3 donde resalta que 17.26 millones de personas presentaron alto riesgo de pérdida de empleos, principalmente en el comercio, la industria manufacturera, el alojamiento y en la preparación de alimentos y bebidas, lo que representa el 55.8% del total de la población informal. Por otro lado, un 17.1% de los empleos presentaron un nivel medio-alto, es decir, 5.29 millones de trabajadores estaban en riesgo de perder su empleo. Por último, el sector de la construcción posiblemente tendría menor afectación, debido a que el riesgo se colocó en medio; este sector es de los que más personas emplea, 8.38 millones de personas, un 27.1% del total de la población informal.
Cuadro 3 Economía informal: riesgo de pérdida de empleos por sector económico en la economía informal debido a la emergencia sanitaria, 2020
Fuente: elaboración propia con datos del Inegi (2019). Para la estimación de riesgos de trabajo, se retomó la metodología de la oit para medir los impactos de Covid-19 en los mercados de trabajo (oit, 2020).
Es preocupante el hecho de que la gran mayoría de las actividades en las que se autoemplea y emplea la población informal tenga tan altos riegos de dejar de ser fuentes de trabajo e, incluso, puedan desaparecer. Es necesario mencionar que muchos de estos trabajos son de tipo familiar y de subsistencia, lo que quiere decir que en ocasiones es la única fuente de ingresos de un núcleo familiar y en tiempos de confinamiento no tienen manera de generar otros recursos. Además, en México esto tendrá graves consecuencias en los estados que presentan la mayor carga de informalidad, ubicados principalmente en la zona sur del país: Oaxaca, Tabasco, Guerrero, Tlaxcala, Hidalgo, Puebla y Michoacán (Infobae, 2020).
Pasando ahora al ámbito del empleo formal, se anticipó una crisis sin precedentes donde las empresas más vulnerables serían las micros, pequeñas y medianas (Mipymes).[10] Se estima que en México existen más de 4.5 millones de empresas de este tipo, las cuales generan el 78% de los empleos formales en el país.
En este sentido, podemos observar en el cuadro 4 cómo están distribuidas la Mipymes con base en el total de empresas consideradas en la Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Enaproce) 2015. Según dicha encuesta, 97.6% son microempresas y concentran el 75.4% del personal ocupado total. Le siguen las empresas pequeñas, que son un 2% y tienen el 13.5% del personal ocupado. Las medianas representan 0.4% de las unidades económicas y tienen poco más del 11% de los ocupados (Bancomext, 2016).
Cuadro 4 Número de empresas por tamaño y personal ocupado
Fuente: Bancomext (2016).
En el cuadro 5 podemos observar la distribución de empleos según el tipo de la unidad económica, que va del ámbito agropecuario a las Mipymes, hasta las grandes empresas; además, podemos advertir que la gran mayoría de los empleos son generados por las unidades de Mipymes, siendo responsables de millones de empleos en riesgo de desaparecer ante la pandemia del Coronavirus.
Entre los empleos con bajo riesgo de pérdida, destacan los puestos de trabajo en gobierno, que emplean a 2.4 millones de personas. Cabe mencionar que la mayoría de estos puestos de trabajo cuentan con la protección de los sindicatos, o bien son trabajadores de grandes establecimientos, quienes tienen la capacidad de soportar los gastos operativos sin percibir ingresos. Entre ambas categorías, suman 7.4 millones de empleos.
También se muestran los empleos del ámbito agropecuario, los cuales no presentaron un riesgo tan alto de pérdida de empleos. Asimismo, se muestran las unidades económicas con un riesgo alto de pérdida de empleos, las cuales generan 36.1 millones de empleos en unidades Mipymes. Con este nivel de riesgo, será complicado que se recuperen en el corto plazo de los estragos de la pandemia.
Aunado a la duración de la cuarentena, las unidades económicas Mipymes dedicadas al comercio, las actividades manufactureras y los servicios de alimentos y bebidas tendrán aún más dificultades para paliar la crisis, puesto que el retorno a las actividades ha estado condicionado a acatar ciertas medidas, como la reducción del número de clientes a atender, la necesidad de adecuar las instalaciones para mantener un mínimo de distanciamiento entre las personas y, finalmente, la necesidad de reducir el personal.
Cuadro 5 Población ocupada por ámbito y tamaño de la unidad económica, 2019
Fuente: Inegi (2019); oit (2020).
Según el informe de la oit (2020) sobre Covid-19 y el impacto en el empleo, los riesgos de pérdidas de empleo se ubicaban principalmente en los sectores de la industria manufacturera, el comercio y restaurantes y servicios de alojamiento, poniendo en riesgo a más de 25 millones de empleos, es decir, casi el 45% del total de empleos en México.
En el siguiente cuadro se encuentran desglosados los sectores de la actividad económica en México y se indica el pronóstico de afectación a causa de la pandemia por Covid-19. Se pueden observar los empleos con un riesgo medio-alto de sufrir pérdidas ubicados en sectores como transportes, comunicaciones, correo, almacenamiento y demás servicios. De igual modo, se señalan los sectores con un menor riesgo de pérdida de empleos, como la agricultura, la ganadería, la caza, la pesca, los servicios sociales, los gobiernos e instituciones internacionales.
En general, podemos comentar que es el sector primario, donde se ubican las actividades agrícolas, ganaderas y de pesca, el que presentó una mayor posibilidad de recuperación en el corto plazo. Posiblemente, estas actividades presenten una baja menor de puestos laborales en comparación con otras actividades; esto se debe, principalmente, a que la actividad del sector primario es esencial.
El sector secundario, en lo general, presentó posibilidad media de pérdidas de empleo. El riesgo es menor en actividades relacionadas con la industria extractiva, eléctrica y de la construcción. Cabe mencionar que en estas actividades existen grandes sindicatos que podrían abogar por la protección de los puestos de trabajo, además de que este sector es considerado estratégico para el funcionamiento regular del país y uno de los pilares de la política de la actual administración. En comparación, la industria manufacturera presentó un mayor riesgo de pérdida de empleos ante la pandemia, debido a que se prevé que se presente una baja en la demanda mundial, además de la posibilidad de que muchos de los capitales manufactureros de origen extranjero salgan del país.
El riesgo se dispara en el sector terciario de la economía mexicana, que es donde se concentra la mayor cantidad de puestos de trabajo con 34.67 millones de personas empleadas. Llama la atención que es uno de los sectores que mayor cantidad de mujeres emplea, pues existe paridad de género aproximada del 50%. La situación se vuelve más compleja en el área de servicios de alimentos y bebidas, donde las mujeres ocupan más del 60% de los empleos.
Cuadro 6 México: población ocupada por sector de la actividad económica, 2019
Fuente: Inegi (2019).
Podemos dimensionar los resultados que han arrojado las encuestas realizadas por el Inegi sobre los efectos de la emergencia sanitaria en el mercado laboral tomando en cuenta el panorama a inicios de 2020 y los pronósticos de riesgo ante una política de confinamiento que se extendía por más de cuatro meses.
La Encuesta Telefónica sobre Covid-19 y Mercado Laboral (Ecovid-ML) fue levantada con el propósito de complementar a la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (etoe). Se realizó en abril, mes en el que mayor impacto tuvo la cuarentena en la economía nacional, y se entrevistó a la población mayor de 18 años usuaria de teléfono (68,200,000 personas). De los consultados, 69.1% eran hombres y 36.4% mujeres.
De la muestra, se calculó que 35 millones (51.3%) pertenecían a la pea, mientras que 33.2 millones (48.7%) era Población No Económicamente Activa (pnea). De la pea, 32.9 millones estaban ocupados y 2.1 millones (5.9%) estaban desocupados. De esta población, 23.5% declaró que trabajó desde casa en el mes de abril, mientras que el 30.3% no trabajó las horas habituales; 46.1% disminuyó su ingresó y 21.8% estuvo ausente o con suspensión laboral, pero mantenían el vínculo laboral; de esta última condición, el 92.9% indicó que la razón de su ausencia o suspensión laboral se debió a la pandemia de Covid-19.
De la pnea, 13.6 millones se declararon en disponibilidad y 11.9 millones (87.1%) declararon verse condicionados por Covid-19, puesto que se ausentaron de su trabajo por la pandemia y, aunque tuvieran deseos de trabajar (34.3% de los 11.9 millones), no salían a buscar empleo por temor al contagio, por lo que iban a esperar a que terminara la emergencia sanitaria, ya fuera para recuperar su empleo o conseguir uno nuevo. Se consideró que, de los 32.9 millones de personas ocupadas, 7.2 millones (21.8%) fueron ocupados ausentes o con suspensión temporal en el mes de abril.
El 30% de los hogares consultados indicaron que algún integrante perdió su trabajo debido a la cuarentena; mientras tanto, el 65.1% indicaron que se redujeron los ingresos. Desgraciadamente, debido a las condiciones económicas adversas, el 37.4% de los hogares vendieron algún bien, pidieron dinero prestado o hicieron uso de sus ahorros.
Como se mencionó anteriormente, de los 32.9 millones de personas ocupadas, el 23% trabajó desde casa, el 42% disminuyó su jornada de trabajo y 46% disminuyó sus ingresos. De la población afectada económicamente por la pandemia, el 90% no recibió ningún tipo de apoyo, mientras que solamente el 5% recibió una parte mínima proveniente del gobierno.
De las 32.9 millones de personas ocupadas, 24.2 millones eran trabajadores subordinados y remunerados. De esta población, 6.1 millones fueron suspendidos de su trabajo. De los suspendidos, el 38.5% recibió su salario completo, el 44.2% lo recibió parcialmente y el 17.3% no lo recibió. La población trabajadora independiente fue de 8.4 millones de personas; de ellas, el 41.2% reportó afectaciones por Covid-19; asimismo, el 32.7% indicó que faltaban clientes y el 19.9% no reportó problema.
De la población consultada por el Inegi, se calculó una pérdida temporal de cinco millones de trabajos, de los cuales 46% fueron subordinados y remunerados y 53% eran trabajadores independientes; 67% laboraban en negocios de hasta cinco trabajadores y 53% en negocios que no contaban con local. De los trabajadores que perdieron su empleo, 92% no tenía acceso a servicios de salud y el 22% indicó haber recibido apoyo familiar para solventar sus necesidades básicas, incluyendo consultas médicas. Finalmente, se reporta que, de los cinco millones de empleos temporalmente perdidos, 44% corresponden a servicios y gobierno, 27.1% a comercio, 23.8% a actividades secundarias y 4.5% a actividades primarias. Lo anterior indica que el sector terciario fue el más afectado con una pérdida del 71.1% de los empleos.
La encuesta abarcó poco más de la mitad de la población del país y ha servido de muestra para dimensionar el impacto de la emergencia sanitaria de Covid-19 en la pea mexicana. Como se observa en los datos recabados por el Inegi, hay correspondencia con la metodología presentada por la oit
