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• Descubrir a los principales personajes que intervienen en el proceso, tanto a los acusados como a los jueces, y las principales revelaciones y acusaciones
• Analizar el impacto de los juicios a nivel mundial y cómo se creó la noción de crímenes contra la paz, contra la humanidad y de genocidio
SOBRE en50MINUTOS.ES | Historia
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Seitenzahl: 42
Veröffentlichungsjahr: 2016
Mientras que la Segunda Guerra Mundial todavía causa estragos, las naciones víctimas de los actos de Adolf Hitler (1889-1945), que hacen frente al horror, desean que se reconozcan y se juzguen los crímenes perpetrados. Por primera vez en la historia, se crea un tribunal militar internacional. El proceso que se llevará a cabo en Núremberg se entabla contra 24 dirigentes nazis y 8 organizaciones, todos acusados de complots, de crímenes contra la paz, de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad. Entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946, se llevan a cabo 401 audiencias, durante las que se escuchan 94 testimonios y se analizan miles de pruebas escritas, y que desvelan los abusos nazis, permitiendo que los cuatro jueces titulares, representantes de las naciones aliadas (Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y la URSS), emitan un veredicto imparcial.
Sin embargo, los Juicios de Núremberg se enmarcan también en un contexto más amplio, el de la jurisdicción penal internacional. Constituye su primera aplicación práctica y aporta una nueva reflexión sobre la forma de pronunciarse después de una guerra, abriendo la puerta a la creación de otros tribunales internacionales. El veredicto, asimismo, permite definir jurídicamente las nociones de crímenes contra la paz, de crímenes contra la humanidad y de crímenes de genocidio. La mediatización de estos debates y la esperanza de los pueblos oprimidos por la Alemania nazi convierten al proceso en un momento crucial para la historia jurídica del siglo XX.
Desde la segunda mitad del siglo XIX, el armamento cada vez se perfecciona más y el ejército profesional convive progresivamente con el de reclutamiento, por lo que cada vez es más difícil hacer la distinción entre los combatientes y los civiles. Con tal de reglamentar mejor la guerra y de limitar los abusos, el derecho internacional intenta legislar mediante tratados que marcan el ritmo de la historia penal de esta época. La Declaración de París de 1856, que regula el combate y el derecho marítimo, así como la Convención de Ginebra de 1864, que pretende mejorar el destino de los heridos en los campos de batalla, van en esta dirección. A estas se les añaden dos textos fundamentales: las convenciones de la Haya de 1899 y de 1907, que definen los derechos y las costumbres de la guerra terrestre, insistiendo en el desarme y en la prevención del conflicto.
Sin embargo, la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y el uso de gases asfixiantes, la deportación de la población civil y la guerra submarina hacen añicos todos estos reglamentos. Aunque al final del conflicto no se celebra ningún juicio, surge una reflexión para determinar las responsabilidades de cada nación. El Tratado de Versalles de 1919 señala a Guillermo II (rey de Prusia y emperador de Alemania, 1859-1941) como el responsable del comienzo de las hostilidades tras la violación de la neutralidad de Bélgica y Luxemburgo. Incluso el primer ministro inglés, David Lloyd George (1863-1945), pedirá que se ahorque al soberano germánico. Entonces se dirige una solicitud de extradición a Holanda para que esta entregue al emperador, con el objetivo de juzgarlo. Asimismo, un artículo del Tratado de Versalles obliga al gobierno alemán a entregar a las potencias aliadas a los individuos acusados de haber incumplido las normas de la guerra. Sin embargo, Holanda se niega, y la petición del Tratado de Versalles no sigue adelante. No obstante, el Tribunal del Reich, la más alta instancia jurídica del Imperio alemán, recibe la autorización de juzgar a los criminales de guerra. Entonces comienzan los Juicios de Leipzig, que transcurren en el tribunal de 1921 a 1922. Se llevan a cabo 16 acusaciones, pero solamente una termina en condena: la del teniente Ludwig Dithmar, responsable del torpedeo de un buque hospitalario inglés, que es condenado a cuatro años de cárcel. Sin embargo, frente a los horrores cometidos durante el conflicto, las naciones aliadas consideran que los juicios son una farsa monumental.
Durante el periodo de entreguerras se aprueban distintos tratados sobre este tema, entre los que se encuentra la idea de castigar no solamente a los Estados, sino también a las personas físicas que actúan en el seno de estos Estados. Por consiguiente, los Juicios de Núremberg representan el primer intento de dar una respuesta internacional a los crímenes perpetrados por los altos dirigentes nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
