4,99 €
Se puede decir que Los nuevos líderes, de Paolo Ruggeri, es un compendio fundamental de máximas imprescindibles de gestión, recogidas a lo largo de largos y arduos años de práctica e investigación, y enfocadas al desarrollo de los recursos humanos de la empresa.
Ruggeri explica magistralmente, y de manera práctica, la importancia que tiene el hacer una imagen mental detallada de las metas, la forma en que los empresarios y ejecutivos pueden visualizarlas en la etapa de planificación y comunicarlas a su personal para implementarlas y alcanzarlas.
La clave del éxito yace en la motivación del personal, puesto que Ruggeri reconoce que las grandes obras humanas no pueden ser sino un esfuerzo colectivo, nunca el producto de un alma solitaria. La motivación estriba en la capacidad de empresarios y ejecutivos de comunicar ideas, conceptos innovadores y capacitar al personal en los principios fundamentales de la empresa y la gestión. Para Ruggeri, el ser humano tiene una habilidad infinita para aprender y cambiarse desde dentro. La mente humana es plástica, moldeable. Lo difícil es tener las ideas adecuadas o correctas.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Veröffentlichungsjahr: 2016
Paolo A. Ruggeri
LOS NUEVOS LÍDERES
UN MANUAL DE LIDERAZGO PARA LOS EMPRESARIOS Y EJECUTIVOS DEL TERCER MILENIO
EDICIÓN EXCLUSIVA DE PRELANZAMIENTO
Copyright © 2002 ENGAGE EDITORE
ALL RIGHTS RESERVED
Copyright © 2012 PAOLO RUGGERI SAS
ALL RIGHTS RESERVED
ISBN: 978-88-89380-16-1
www.paoloruggeri.net
“
Este libro está dedicado a nuestros clientes, cuyos fervientes deseos de obtener resultados nos animaron a crecer, a asumir el desafío, y luego a investigar y desarrollar unknow-howfenomenal.
”
Todas las épocas históricas se han caracterizado por la presencia de grandes líderes. Individuos extraordinarios, de carisma irresistible, con el poder para reavivar los sueños abandonados y dirigir a las grandes multitudes hacia la consecución de nuevas visiones que la mayoría de la gente no podía ni siquiera imaginar.
Ser un líder era sinónimo de ser una persona de grandes virtudes, alguien con la capacidad de entender las necesidades y esperanzas de todo un pueblo. Eran personas que destacaban por su integridad moral y fuerza interior. Tenían un objetivo importante que conquistar y una determinación incontenible para conseguirlo.
De igual modo, algunas épocas se han caracterizado por la presencia de grandes mistificadores: líderes negativos que usaron su influencia instrumentalmente, para servir a sus propios intereses y no para el bien común.1
No es necesario ser un historiador erudito para afirmar que en cada período histórico, a raíz de la aparición de uno o más líderes negativos, hay cierta resistencia justificada hacia el liderazgo. Durante esas épocas parece que nadie está realmente preparado para asumir la responsabilidad (o está por la labor) de liderar a los demás.
Bueno, nos guste o no, estamos viviendo una de esas épocas.
Los grandes dictadores del siglo pasado impulsaron el fanatismo y, durante las dos guerras mundiales, muchos seguidores se inmolaron por devoción a ellos
Los recientes actos de terrorismo revelan una vez más las terribles secuelas que provocan aquellos individuos que hábilmente promueven peligrosos fundamentalismos religiosos con el único fin de incrementar su propio poder.
Queda claro, sin embargo, que estas acciones no son demostraciones reales de liderazgo.
Dondequiera que busquemos, resulta difícil encontrar individuos de auténtico calibre carismático. Y la gente advierte la total falta de ideales e interés real por parte de aquellos que, en teoría, deberían ser quienes los gobiernan. La triste consecuencia es que, a falta de algo mejor, la gente termina por convertir a sus cantantes o deportistas favoritos en leyendas.
Todos podemos percibir esta sensación de vacío, que ya ni siquiera las religiones, nuevas o tradicionales, son capaces de llenar porque están lejos de las cada vez más complejas necesidades de una humanidad que evoluciona sin una meta u objetivo común.
Vivimos un difícil período histórico en el que resulta imposible encontrar algún soberano verdadero que ocupe este trono vacante, un soberano que esté dispuesto —o sea capaz— de asumir la responsabilidad de mejorar realmente la existencia humana.
Sin embargo, si observamos el mundo actual con mirada pragmática,, veremos claramente a las personas que podrían desempeñar el verdadero, pero ahora olvidado, papel de líder.
Estos individuos son los nuevos líderes de la era moderna, los únicos que por sus decisiones y acciones tienen el poder de mejorar la calidad de vida de millones de personas.
Estos individuos son los empresarios y dueños de negocios que se encuentran por todo el mundo.
Somos conscientes de que este tipo de afirmación puede parecer exagerada o incluso provocativa. Sin embargo, tras una cuidadosa reflexión, nos resultará evidente lo que un empresario puede hacer por todos los que deben pasar la mayor parte del día en un ambiente de trabajo.
La compañía se ha convertido hoy en día en el lugar donde se ensanchan cada día más las brechas entre los ámbitos escolares, familiares y la sociedad en general. Pero también es el lugar donde esas brechas pueden y deben salvarse.
La decisión de asumir esta responsabilidad y convertirse en un verdadero líder de cara al personal de la compañía y a la sociedad en general, podría constituir una verdadera transformación histórica, libre de ideologías políticas o religiosas.
Significaría la satisfacción de una necesidad natural, puesto que tener un líder siempre ha proporcionado a los grupos humanos una sensación de seguridad y los ha fortalecido, creando así las condiciones necesarias para la evolución de la especie.
Provocaría un cambio radical en nuestra vida cotidiana, dado que estamos desilusionados con los falsos líderes, personas tan poderosas como alejadas de las necesidades reales de la gente.
Podría significar el regreso del líder, en el auténtico sentido de la palabra: una persona capaz de lograr mejoras tangibles en la vida de las personas. Constituiría una verdadera ayuda a todos aquellos que dedican su vida a su familia y a su empleo y no obtienen a cambio nada más que frustración e insatisfacción.
Un líder puro, que genere actitudes positivas, que sepa cómo convertir en ganadores a quienes le rodean, y que pueda abanderar una meta grande y digna ante todos los que desean desarrollarse y prosperar a lo largo de sus vidas.
Se trata, de hecho, de un nuevo líder, tal como se describe de manera sencilla y esclarecedora en este libro, el cuál está dedicado a desmantelar el estereotipo actual del empresario. La presente obra lo considera no solo como el creador de la riqueza material, sino también —y por encima de todo—, como el descubridor y desarrollador del potencial interior.
Este libro es el fruto de diez años de investigación sobre la motivación del personal.
El know-how que contiene no es el resultado de un análisis de laboratorio llevado a cabo en ausencia de seres humanos o de los extensos estudios realizados por otros autores que han escrito sobre el liderazgo. Proviene, por el contrario, de años de duro trabajo y experiencia en este campo, lo cual nos ha convertido en una de las empresas más innovadoras y pioneras del sector.
Está dirigido a empresarios y ejecutivos, más que a académicos, por lo que el texto está escrito en un lenguaje sencillo y directo, y es de
carácter practico.
El libro fue concebido originalmente como un regalo para nuestros numerosos clientes. Durante nuestros cursos y congresos, a menudo nos pedían consejo sobre qué textos debían leer para obtener más ideas sobre la gestión de los recursos humanos. Con el paso de los años, la bibliografía que teníamos que proporcionar se hacía más y más larga y no alcanzaba a recoger todos los datos provenientes de la extensa investigación que habíamos realizado ni los casos prácticos que habíamos resuelto.
Por lo tanto, tratamos de elaborar un texto que incluyera las ideas exitosas, las actitudes y acciones de los ejecutivos que consiguen de su personal los mejores resultados. La lectura de este libro es un viaje intenso a nuestras ideas autolimitantes, descubriremos las causas y los secretos que se esconden detrás de la productividad individual o la falta de ella. Contiene una explicación detallada de las características que un grupo o un ejecutivo debe tener para que la productividad de su personal se incremente.
El texto presenta un conjunto estructurado de ideas, sugerencias y procedimientos que todos los administradores pueden aplicar fácilmente para mejorar la motivación y productividad del personal a su cargo. Ofrece una serie de actividades que se pueden poner en práctica directamente y con un coste mínimo. Gracias al fuerte sesgo práctico del libro, incluso aplicando parcialmente la información contenida en CUALQUIERA de sus partes, los ejecutivos verán inmediatamente a las personas de su entorno cada vez más motivadas y comprometidas.
En estos tres primeros capítulos se analizan los factores y causas que hacen disminuir la eficacia del ejecutivo. No es que nos creamos tan brillantes como para tener algo que enseñar a los empresarios y ejecutivos de gran éxito, sino que con frecuencia hemos comprobado que aquello que subyace a las dificultades que tienen los administradores para motivar a los demás de manera efectiva son una serie de ideas o comportamientos autolimitantes que a la larga hacen que sufran y se sientan hastiados de su empresa y de sus empleados, en lugar de interactuar con éxito con ellos. Si su empresa ya tiene mucho éxito, en esta primera parte encontrará la confirmación sustancial de la idoneidad de su enfoque, así como varias sugerencias útiles sobre cómo fortalecer y mejorar su eficacia.
Al seguir leyendo, se dará cuenta de que poniendo en práctica las sugerencias del libro, no solo las personas que le rodean cambiarán, sino que usted mismo comenzará a sentirse (o a sentir de nuevo) el entusiasmo saludable que todos los líderes experimentan durante los mejores días de la creación de su grupo.
Hace más de 2000 años, Aristóteles afirmó que todo efecto, sin importar lo bueno o malo que pueda ser, se debe a una causa. Esta ley ha estado en la raíz de cada avance científico. Se puede seguir la pista del éxito o fracaso en la motivación del personal y la gestión hasta dar con algunas causas muy específicas; es decir, leyes naturales que cuando se violan, conducen inexorablemente a una menor productividad, falta de motivación, un rendimiento por debajo de la excelencia y, en casos extremos, una fuerza de trabajo con un fuerte activismo sindical y actitudes hostiles.
Cuando los ejecutivos entienden y siguen las leyes naturales y principios básicos que sustentan la gestión de los recursos humanos, no solo obtienen un mejor rendimiento de sus empleados y empresa, sino que ellos mismos sienten que renacen, porque ser capaz de desarrollar y utilizar el potencial de su personal abre el camino a las grandes oportunidades de expansión.
Como solía decir Walt Disney, el genio de la imaginación:
Puedes soñar, crear, diseñar y construir el mejor lugar del mundo. Pero se necesita gente para hacer el sueño realidad.
Con mis mejores deseos:
Paolo Ruggeri
¿Qué es exactamente lo que hace despertar nuestra vitalidad? ¿Lo que nos hace sentir más alertas, motivados y entusiasmados? La respuesta es: ¡una meta!
Se han escrito cientos de libros acerca de las metas, pero, personalmente, todavía me siento sorprendido y fascinado por un hecho tan simple como es el poder que estas tienen para acercarnos cada vez más al éxito.
Ahora siéntese tranquilamente en el salón o la oficina sin que nadie le moleste e imagínese que está experimentando la siguiente situación:
Acaba de ganar 50 millones de dólares en la lotería nacional. En efecto, usted es realmente el o la ganadora. La diosa Fortuna acaba de abrazarle. Después de las celebraciones de rigor, ahora es el momento en el que realmente tiene los 50 millones en su cuenta bancaria. ¿De qué manera este hecho cambia su vida?
Me gustaría que analizara esta situación conmigo por un minuto (por favor, haga realmente este ejercicio mental): ¿En qué tipo de casa le gustaría vivir? Trate de describirla: ¿Es una mansión? ¿Tiene una piscina? ¿Cómo le gustaría que estuviera amueblada? ¿Qué tal una casa de vacaciones en una isla exclusiva de la Polinesia o el Caribe?
¿Qué tipo de automóvil le gustaría conducir? ¿Mantendría el mismo automóvil que tiene en la actualidad?
¡Imagine que hoy mismo tiene los 50 millones de dólares en su cuenta bancaria! ¿Qué tipo de automóvil compraría? ¿El último modelo de Mercedes? ¿Un Lamborghini? ¿Un Ferrari, acaso?
¿A qué actividad se dedicaría? ¿Iría usted de viaje alrededor del mundo? ¿Qué lugares querría visitar si no tuviera problemas financieros? ¿Tiene algún hobby al cual le gustaría dedicarse?
¿Querría cualquier otro «aparato» con el cual divertirse? ¿Un yate, tal vez? ¿La SUV con la que siempre ha soñado, o una moto elegante?
Ahora echemos un vistazo a su vida profesional, es decir, si todavía le importa tener una profesión. ¿Qué tipo de negocio le gustaría emprender, o mantener, que le pudiera dar mucha satisfacción?
Si ha decidido permanecer en su trabajo actual, ¿qué clase de cambios haría?
¿Qué tipo de inversiones haría?
Y ahora pasemos revista a aquellas personas menos afortunadas que usted. Seguramente usted tiene un corazón de oro y habrá alguien a quien quiera ayudar. ¿Ayudaría a sus amigos o familiares? ¿Sería usted caritativo con los más necesitados?
Bueno. Gracias por colaborar pintando el cuadro de sus deseos. Manténgalo fijo en su mente.
Ahora tengo malas noticias para usted: usted no ha ganado los 50 millones de dólares. Pero me gustaría analizar por tan solo un minuto la imagen que acaba de pintar y ver cómo su vida podría cambiar después de esta mala noticia:
¿La mansión sigue ahí? ¿Qué pasa con esa casa hermosamente amueblada? ¿Y la casa de vacaciones en el Caribe? ¿Qué es lo que queda de la imagen de su nueva vida?
¿Y el último modelo de Mercedes, o su Lamborghini o Ferrari, están todavía allí?
¿Todavía tiene programados viajes alrededor del mundo o ha hecho recortes para ajustarse a la nueva realidad? ¿Qué pasa con los lugares que le hubiera gustado visitar? ¿Todavía tiene interés en las aficiones a las que quería dedicarse?
¿Y el yate? ¿Y la SUV?
¿Qué es lo que queda de la actividad profesional que había decidido comenzar?
¿Continúa donando la misma cantidad de dinero a obras de caridad?
Si usted es como el 90 por ciento de las personas de nuestra sociedad, la imagen de su vida ha cambiado drásticamente. Bueno, en este caso tengo que decirle que tiene usted ¡graves problemas de imaginación! Pero no deje que eso le preocupe. Vamos a ver por qué le digo esto.
Mire usted, todo en este mundo se crea dos veces: la primera vez se crea en nuestra mente, y solo después de que se ha creado con bastante claridad en nuestra mente se puede crear en la realidad.
Todo lo que ve a su alrededor ha sido creado de esa manera. Trate de imaginar que usted va a construir una casa. Antes de empezar a construirla, ha de asegurarse de tener muy claro lo que quiere construir: la longitud de las paredes, el tamaño de las habitaciones, el número de pisos, y así sucesivamente. Imagínese el caos que resultaría si comenzara el trabajo sin tener ningún tipo de plan. ¡Cuánto tiempo y energía se desperdiciaría y qué cantidad de cosas habría que cambiar después de hechas!
Lo mismo se aplica a la vida. Antes de lanzarse en cuerpo y alma a la construcción de su futuro, es imprescindible tener un plan. A menudo se puede iniciar un negocio sin un plan, o con uno muy vago, al igual que usted podría comenzar a poner los cimientos de su casa sin tener las ideas totalmente claras al respecto. Pero incluso si usted hace eso, si no tiene un plan, MUY PRONTO todo se volverá confuso.
Mire por la ventana. Mire las casas o edificios que le rodean. Esas casas o edificios están hoy ahí porque alguien los creó dos veces. La primera vez, los creó en su mente. Esa persona tenía la idea de crear una casa o un edificio en ese lugar. Y una vez que tuvo la idea, pasó a la segunda etapa y las adversidades del universo material (el entorno) se encargaron de torpedearla.
Esta persona probablemente tenía la idea de un edificio y luego tuvo que perseverar pese a las circunstancias adversas. Tal vez se dio cuenta de que carecía de los recursos económicos para comprar el terreno o para iniciar los trabajos de construcción. O tal vez se dio cuenta de que en ese momento no tenía el permiso de obras para la zona en la que quería construir. Pero usted ya ve, en esta etapa, cuando las primeras circunstancias adversas comenzaron a surgir, esta persona mostró una gran calidad humana: ¡NO PERMITIÓ que las circunstancias adversas del mundo material ANULARAN SU IDEA DEL EDIFICIO!
Casi con toda seguridad esta persona cambió su idea adaptándola a las circunstancias, pero si ese edificio está hoy ahí, significa sin duda alguna que no dejó que el bombardeo NEGATIVO DEL MEDIO AMBIENTE ANULARA SU IDEA.
Ahora pensemos en una empresa, una empresa cualquiera. La razón por la que existe en la actualidad y porqué es tan fuerte, tan sólida, tan imponente, es que su fundador un día la creó en su propia mente y siguió creyendo en esta idea a pesar de las adversidades, a pesar de las noticias aparentemente negativas del universo material. Se aferró a ella a pesar de expresiones tales como «esto no se puede hacer». A menudo, la idea del líder —la persona con una idea que cambia el mundo— encuentra resistencia, se la combate y se la pone en ridículo. Pero al final, si su creador sigue creyendo en ella, siempre se materializa.
Analicemos ahora a Henry Ford, el fundador de la famosa compañía fabricante de vehículos y el primer hombre que comenzó a producir automóviles a escala industrial. ¿Cuál era su sueño? Producir un automóvil para cada uno de los estadounidenses. Una vez leí en un libro una cita de principios de la década 1900 en que un banquero, en respuesta a la solicitud de Ford para la financiación de su idea, dijo, «Sr. Ford, dudo mucho que el automóvil pueda reemplazar al caballo en la vida del estadounidense medio…»
No importa cuán absurda pueda sonar esa respuesta hoy, solo intente ponerse en los zapatos de Ford por un momento en aquella época. Usted tiene una idea innovadora, algo que podría cambiar el mundo, pero necesita financiación para poder llevarla a cabo.
Los banqueros le dicen que su idea nunca tendrá éxito.
¿Qué hace? Bueno, Henry Ford siguió creyendo en su idea.
O concentrémonos en la persona que inventó la fotocopiadora. La primera empresa a la que se acercó con su patente fue IBM, que lo rechazaron porque no la consideraron interesante. Así que se fue a otra gran empresa, que también rechazó el proyecto. La moraleja de la historia: tuvo que ir a treinta y dos empresas diferentes antes de encontrar una que creyera en su diseño y estuviera dispuesta a invertir en ella. Hoy esa empresa es Rank Xerox. ¿Cuánta adversidad, cuánta oposición que podría haberlo llevado a cambiar de idea tuvo que enfrentar esa persona? Pero él, como Ford, y al igual que la persona que tuvo la idea de construir el edificio que se puede ver desde su ventana, mostró el más formidable de los dones humanos: la capacidad para seguir creyendo en la idea propia, en su propio sueño, a pesar de las circunstancias adversas.
Los ejemplos anteriores nos llevan a concluir, sin temor a equivocarnos, lo siguiente: todas las cosas se crean dos veces. La primera vez, se crean en el interior de nuestra cabeza. Luego, una vez que las hemos creado, surgirán circunstancias adversas que tienen el potencial para inducirnos a renunciar a nuestra idea. Pero todo lo que necesitamos hacer es seguir creyendo y mantenernos centrados en nuestros objetivos. Entonces, casi por arte de magia, nuestra idea se materializará. Podrá tomar algún tiempo, pero, usted y yo, mi estimado amigo, si estamos leyendo este libro y queremos llegar a ser fuertes en la gestión y motivación de nuestro personal, hemos decidido que disponemos de un poco de tiempo para invertir precisamente en esto.
La vida se puede comparar con un gran océano mecido por todo tipo de corrientes. Si usted tiene una meta, si usted tiene una idea que desea materializar, tiene el ingrediente más importante y necesario para tomar el control de lo que le está sucediendo: usted tiene el plan, usted tiene la hoja de ruta. Aunque las corrientes y las tormentas puedan a veces empujarle lejos de lo que le gustaría lograr, usted sabe lo que quiere y siempre será capaz de fijar un nuevo rumbo hacia su objetivo.
Por el contrario, si usted no tiene una meta en la vida, un sueño guía, entonces va a estar a merced de las corrientes, a la deriva, sin rumbo en el océano de la vida, sujeto a eventos aleatorios que determinarán a dónde irá. A veces las corrientes pueden empujarle hacia una hermosa isla donde será feliz; pero si usted no tiene un plan, si usted desconoce el tipo de casa que desea construir, a menudo se sentirá insatisfecho con lo que la vida le ha ofrecido.
En su libro Las cien reglas infalibles para obtener el éxito empresarial, Brian Tracy, uno de los escritores más exitosos de Estados Unidos acerca del desarrollo del potencial humano, sostiene que sin una meta «la vida es una serie de acontecimientos y las cosas simplemente suceden por accidente, al azar». Esto es tan cierto que si usted no tiene una meta en la vida, su vida simplemente estará a la deriva, guiada por eventos fortuitos y dominada por el azar y el destino.
En su libro, Brian Tracy continúa diciendo que, siendo esta la situación, al no hacer un plan, usted está planeando fallar. Si no empieza a fijarse una meta y creer en ella, su vida será simplemente el resultado del movimiento de las corrientes, de los eventos fortuitos, de la ventura o desgracia que el azar le depare..
Un estudio reciente ha demostrado que, de hecho, el 63 por ciento de la gente cree que la única manera en que podrían alcanzar sus objetivos financieros sería ganando la lotería. En otras palabras, hay muchas personas que han delegado al destino o la suerte su capacidad para alcanzar el éxito y cumplir sus sueños.
Es cierto, los eventos afortunados pueden ocurrir y eso puede traernos grandes ventajas. Pero, ¿dejaría usted que su vida quedara completamente en manos de la suerte o el destino? ¿De verdad cree que podría ser feliz, cumplir sus sueños y hacer feliz a quienes le rodean, confiando solo en la suerte?
Por lo tanto, podemos construir nuestra vida de dos maneras: mediante la aplicación del principio de que «todas las cosas se crean dos veces, la primera vez, en nuestras mentes» o aceptar lo que el destino o la fortuna tenga reservado para nosotros.
Resumamos a continuación los puntos clave que han surgido hasta el momento:
1. Usted no puede alcanzar lo que no puede imaginar.
2. Todas las cosas se crean dos veces: la primera vez, se crean en nuestra mente.
3. Una vez que hemos tenido una idea, un sueño o una meta, tenemos que seguir creyendo en ella a pesar de los contratiempos o circunstancias adversas que puedan surgir y, si seguimos haciéndolo, tarde o temprano, nuestra idea se materializará.
4. Si usted no tiene una meta o un sueño importante que lo guíe, su vida será creada por defecto y estará controlada por el destino.
Hace algunos años, durante un curso de formación, un conferenciante nos contó esta extraña historia. En la Universidad de Yale, en Estados Unidos, todos los estudiantes de último año de economía participaban en un experimento. Una vez reunidos, el conferenciante les preguntó cuántos de ellos «tienen una meta en la vida». Un buen número de estudiantes respondió que sí la tenían, y cuando les preguntó «¿cuál de ustedes tiene esa meta escrita en alguna parte», el 3 por ciento respondió afirmativamente. Veinte años después, se buscó a todos los que habían participado en el experimento. Podría haber sido una coincidencia, pero ese 3 por ciento de los estudiantes que había escrito sus metas ¡ganaba más que el 97 por ciento restante! Puede ser cierto que el dinero no lo es todo, pero estarán de acuerdo conmigo en que los resultados financieros son un factor muy importante para evaluar el éxito profesional de una persona.
Cuando nos contaron esta historia y, posteriormente, nos pidieron que escribiéramos nuestras metas, pensé que el relato había sido creado para impresionarnos y para que nos diéramos cuenta de lo importante que era tener una meta en la vida. Creí que se trataba de una pequeña historia imaginaria, cuidadosamente ideada con el fin de que nosotros, a la sazón vendedores novatos, escribiéramos nuestras metas y estuviéramos un poco más motivados. Incluso teniendo ese prejuicio, decidí dejarme llevar por el juego y escribí mis metas.
Pues bien, hoy, veinte años después, mi punto de vista sobre aquel ejercicio ha cambiado drásticamente. Los estudiantes de Yale estaban en lo cierto y el conferenciante no solo quería motivarnos un poco: nos estaba dando una herramienta vital para el éxito. Si usted escribe sus metas, mírelas y siga adelante hasta alcanzarlas. Permítame contarle ahora mi propia historia.
Cuando tomé ese curso de formación me encontraba en Suiza, a orillas del lago Lugano. Yo conducía un automóvil desvencijado con más de 320.000 kilómetros en el cuentakilómetros, y tenía algunas carencias educativas y personales graves. Acababa de tener una experiencia de trabajo fallida en los Estados Unidos, no tenía dinero y dependía de mis padres para subsistir. Como si esto no fuera suficiente, había dejado la escuela antes de terminar mi último año: era un caso más entre las cifras de deserción escolar.
Recuerdo que cuando me daba por viajar, a menudo no tenía dinero para pagar el peaje de la autopista y me iban dando recibos que indicaban que no había abonado el monto de cada tramo. En algunos casos, para obtener gasolina e ir a trabajar, tenía incluso que dejar en préstamo mi documento de identidad o el neumático de repuesto en la gasolinera, porque yo estaba en la ruina.
No importa cuán apasionante hubiese sido la historia de Yale, ¡soñar no parecía ser la solución a la de situación que atravesaba!
Sin embargo, ese día dejé que mi imaginación volara libremente y escribí algunas metas ambiciosas. Al principio me sentí muy emocionado y sentí ese entusiasmo saludable que sobreviene tras haber decidido algo grande. Eso fue en la primavera de 1992. Me encontraba en Suiza. Hoy, mientras escribo este libro, dirijo una empresa líder en su sector, tengo 80 empleados extremadamente motivados, gano en un año lo que una persona común y corriente gana en veinte años de trabajo, conduzco un automóvil deportivo, estoy casado con una mujer fantástica y soy un profesional altamente apreciado en mi línea de negocio. Puede sonar absurdo, y puede ser una coincidencia, pero muchas de las cosas que escribí ese día en el lago de Lugano se han materializado.
Es cierto que tuve altibajos en los años que siguieron. A veces me sentía desanimado y otras veces veía mis metas y me daba cuenta de que no estaba yendo a ningún lugar. Pero seguí creyendo en ellas. Y viéndolas mes a mes, reviviéndolas constantemente, tirando de mí en los momentos de desesperación, momentos en los que casi me convencía de que no podrían realizarse. Y gracias a seguir creyendo en mi sueño, ahora me doy cuenta de que muchas de las cosas que escribí en ese pedazo de papel se han cumplido. Repito, puede que sea una coincidencia. Pero, ¿y si no lo es?
«Cuando quieres algo, el universo entero conspira para ayudarte a conseguirlo.»
Paulo Coelho
Es cierto que usted no ha conseguido los 50 millones de dólares de la lotería, pero ¿por qué no creer a partir de este momento en la capacidad que tiene para lograr las cosas que ha imaginado al principio de este capítulo? No son los 50 millones de dólares los que le permitirán alcanzar esas metas, sino su capacidad de imaginarlas.
Al principio de este capítulo hemos dicho que la persona que construyó el edificio que se ve desde su ventana logró hacerlo porque no dejó que las adversidades del universo material anularan su idea original. Sin duda, habrá cambiado de alguna manera, la habrá ajustado a medida que ganaba más conocimiento. Pero una cosa es cierta: no dejó que los problemas que surgieron durante la etapa de implementación alteraran su visión de que era posible tener un edificio allí, en ese preciso lugar.
Por lo tanto, podríamos decir que el ser humano, una vez que tiene un sueño o una meta en mente, puede actuar de una o dos maneras:
a) Puede seguir creyendo en la idea originaria, aunque sea bombardeado con resultados negativos o noticias adversas del universo circundante. De esa manera, tarde o temprano se las arreglará para lograr su sueño. Quizá no tenga éxito en el primer año, tal como me ocurrió a mí, y podría tener que dedicar diez años o más en la consecución de su objetivo, pero tarde o temprano va a lograr lo que había soñado; o
b) puede que permita que su sueño cambie en su imaginación, que este sucumba o sea interrumpido por retrocesos o influencias negativas del entorno. La persona, en este caso, se convierte en «realista» o incluso pesimista.
Y es aquí donde llegamos a la verdadera cuestión de por qué usted ya no puede imaginar la realización de sus sueños:
El universo material ha cambiado sus ideas. Usted ha sucumbido y algo externo controla su vida. Ha permitido que su arma más poderosa, su capacidad de imaginar un futuro diferente, más brillante, haya sido echada por tierra, a causa del bombardeo de las malas noticias o experiencias negativas que la vida ha puesto delante de usted. ¡Le han convencido de que ya no es posible lograrlo!
Sin embargo, imaginar, creer en un futuro más brillante y mejor es el don más grande que le ha dado la vida. Los que han dejado de tener un objetivo, los que han dejado de soñar, tienden a tener una actitud «realista», pesimista, casi derrotista, y sienten que tienen muy poco control sobre sus vidas. Estos individuos generalmente culpan a otros por sus problemas, inventan todo tipo de excusas, su rendimiento está muy por debajo de su verdadero potencial y se entregan a diversas formas de «escapismo», como pasar demasiadas horas conectados a internet, abusar del alcohol o las drogas, o tratando de divertirse llevando una vida social muy activa, pero sin rumbo.
Ellos tratan de compensar la falta de vitalidad que deriva del hecho de no tener un objetivo participando en un sinnúmero de actividades a corto plazo. A veces están obsesionados con su deseo de encontrar nuevos amantes, quieren hacerse con el último modelo de automóvil, tratan por todos los medios posibles de «exprimir» al máximo el placer que les proporcionan todas las actividades en las que están involucrados.
Pero, ¿están realmente disfrutando de sí mismos? No, no lo están. Sus vidas son un hastío constante. Tienen momentos de entusiasmo, esto es cierto, pero la mayoría de las veces, cuando hablas con ellos, te preguntan: «¿Qué vas a hacer esta noche?» «¿Adónde vamos?» El punto más alto de su entusiasmo es el partido de fútbol del sábado, donde otras personas son responsables de proporcionarles algunos instantes emocionantes en su vida. O tal vez es observar y admirar a la atractiva secretaria o al nuevo vendedor guapo del la oficina de al lado.
Ellos tienen que delegar su capacidad de crear y vivir experiencias al partido de fútbol, su nuevo automóvil, su nuevo amante (que acaba aburriéndoles tras solo un par de minutos), y viven con una sensación de vacío. ¿Por qué viven esta sensación de vacío en su interior? La respuesta es que no tienen una meta.
Entusiasmo es lo que siente CUANDO SE ENCUENTRA SUPERANDO ALGUNOS OBSTÁCULOS EN LA CONSECUCIÓN DE UNA META.
Imaginemos la compra de un automóvil nuevo. En algún momento usted se da cuenta de que tiene los medios financieros para comprar un automóvil nuevo y toma la decisión de comprarlo. Ahora usted tiene una meta.
Entonces sale a comprar una revista de automóviles y comienza a hojearla. Mientras lo hace, siente entusiasmo, un gran interés. Note cómo comienza a ver la vida de una manera diferente. Usted ha conducido de la oficina a su casa por la misma ruta cientos, si no miles de veces, pero ahora mira los automóviles de una manera diferente: «Me gusta ese modelo»; «Ese también parece muy bueno»; «Mira, ese es el nuevo modelo de tal o cual marca…» Sus sentidos están despertando, está más alerta, más vivo. Y todo porque ahora usted tiene algún tipo de objetivo.
El sábado por la mañana, cuando en circunstancias normales se queda durmiendo, se levanta temprano porque tiene que visitar algunos concesionarios de automóviles. Usted siente una cierta vitalidad interior.
Cuando ha tomado la decisión de qué automóvil comprar, siente euforia y entusiasmo. ¿Qué siente después de haber firmado el contrato de compra?: entusiasmo. Usted es feliz, no puede aguardar más para que le entreguen el vehículo.
El día que va a recoger el automóvil, ¿qué siente? Entusiasmo. Le gusta el automóvil. Descubre que tiene un montón de buenas cualidades. Usted va a la cafetería en la que normalmente se reúne con sus amigos y aparca para que todos puedan verlo. Le gustaría que otros le vieran y le preguntaran cosas acerca del automóvil. De alguna manera se siente más confiado, seguro de sí mismo, menos tímido. Y todo esto se debe a que es consciente de que ha hecho progresos hacia la consecución de su objetivo, y esta conciencia está cambiando sus circuitos vitales.
¿Cómo se siente después de haber tenido su automóvil durante una semana? Todavía siente un cierto grado de entusiasmo, pero, si usted es como yo, su nivel de entusiasmo empieza a decaer un poco. Ahora simplemente está satisfecho. Usted no está descontento. El automóvil le hace sentir satisfecho y siente un extraño estallido de entusiasmo cuando recuerda el hecho de que ha conseguido una meta, o cuando descubre que el automóvil tiene alguna prestación que antes no había notado.
¿Cómo se siente después de haber tenido el vehículo durante quince días? Usted no siente nada. El automóvil se ha convertido en parte de su vida normal, su tono emocional ha vuelto a ser lo que siempre ha sido. Pero escuche, en estos quince días, ¿ha sido el automóvil el que ha cambiado? No, mi querido amigo, no ha cambiado. Usted ha cambiado.
Su entusiasmo se ha desvanecido porque ya no tiene una meta.
Tener una meta es el más poderoso alimento espiritual que una persona pueda tener.
Entiendo que la vida también le haya deparado bastantes fracasos, derrotas y noticias negativas, tal como lo ha hecho conmigo. Sin embargo, querido amigo, en la medida en que abandone sus sueños, ese será su final. En el momento en que decida salir por ahí sin una meta, dejar que las malas noticias conquisten su imaginación, ese día será el final del camino. Usted va a comenzar a morir como persona.
Del mismo modo, si usted fuera una de esas llamadas «personas más afortunadas», es posible que en algunos momentos de su vida se haya fijado una meta de mayor importancia y haya trabajado duro hasta conseguirla. También puede ser, sin embargo, que una vez alcanzada, haya tomado asiento, ya satisfecho con lo logrado, y se haya olvidado de anotar una nueva meta y de tratar de alcanzarla.
Sin una meta, su vida se crea por defecto, de manera predeterminada, como resultado de circunstancias fortuitas. Usted no sentirá ningún impulso emocional, no sentirá la más mínima dosis de entusiasmo. Tratará desesperadamente de compensar su falta de metas exprimiendo al máximo todo el placer que pueda extraer de actividades inútiles que, después de dos semanas o un mes, le harán sentirse igual que antes. Ropa nueva, un automóvil nuevo, una nueva cartera, un fin de semana especial. Y así sucesivamente.
Cuando se levanta por la mañana, ¿siente un impulso especial, al saber que hoy se van a realizar nuevos avances hacia su felicidad? ¿O se levanta sintiéndose cansado, sabiendo que «tendrá que enfrentar uno más de sus días rutinarios»? ¿O piensa en todos los problemas con los que «va a tener que lidiar»?
Por la noche, cuando se va a dormir, ¿a menudo fantasea en silencio acerca de todas las cosas que tiene que hacer en los días venideros, hasta que está tan emocionado que no puede quedarse dormido? ¿O está demasiado cansado para pensar en el mañana? ¿O demasiado preocupado por lo que tendrá [...]
