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Seitenzahl: 109
Veröffentlichungsjahr: 2001
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Akal / Historia del mundo / 82
Isabel Enciso Alonso-Muñumer
Los Reyes Católicos
Diseño de portada
RAG
Serie Historia de España
Director
Miguel Morán Turina
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© Ediciones Akal, S. A., 2001
Sector Foresta, 1
28760 Tres Cantos
Madrid - España
Tel.: 918 061 996
Fax: 918 044 028
www.akal.com
ISBN: 978-84-460-4141-2
1. Realidades y cambios en el reinado de los Reyes Católicos
A finales del sigloxvy comienzos delxvireinan en la Corona de Castilla y Aragón los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. Es un periodo de transición entre lo medieval y lo moderno y una época de cambios para la configuración peninsular y para el destino de la Monarquía Hispánica. En Europa, las monarquías comienzan un avance hacia la configuración de un sistema político más centralizado y se desarrollan las teorías políticas de un «poder absoluto», mientras que los nuevos ideales del Renacimiento y el Humanismo abren paso a un nuevo periodo histórico denominado comúnmente Edad Moderna. La España de los Reyes Católicos es una mezcla de reinos que unen sus destinos a través de un enlace dinástico y personal, que se convertiría, con el devenir de los tiempos, en una nueva realidad que sobrepasa los límites de la estructura política, social y económica de los siglos medievales.
La Península Ibérica se componía de diversos reinos: Portugal, Castilla, Aragón, Navarra y Granada. Con el acceso al trono de los Reyes Católicos esta realidad se vería transformada por la unión dinástica de las Coronas de Castilla y Aragón, la conquista de Granada, en 1492; la anexión de Navarra, en 1512, y la política matrimonial con el reino lusitano, que sentaría las bases de una estrecha relación entre Portugal y la monarquía de los Reyes Católicos. Las transformaciones que se sucedieron durante y después de su reinado no pasaron desapercibidas para los coetáneos. Lucio Marineo Sículo, un humanista de la corte y testigo de los acontecimientos, se hacía eco de la acogida popular de los reyes: «Comprendemos y nos consta», dice, «que tuvo Dios especial cuidado y providencia de conservar y ayuntar a estos Católicos príncipes, para que socorriesen y remediasen las cosas de España, que se iban a perder, y para resistir y castigar a los enemigos de la fe católica».
¿Cómo estaba la Península antes del acceso al trono de Isabel y Fernando? ¿Qué cambios introdujeron?
Sólo hace falta observar el panorama peninsular antes de su reinado para comprender la voluntad de gobierno de los jóvenes príncipes; una voluntad de gobierno conjunto, aunque con la intencionalidad de preservar la pluralidad de los reinos que habían conseguido unir bajo una misma fe y una misma Corona.
Portugal había consolidado su independencia desde su enfrentamiento con Castilla y la victoria de los portugueses en Aljubarrota a finales del sigloxiv. Con ello, se pusieron fin a las pretensiones castellanas sobre el reino de Portugal y accedía al trono la dinastía portuguesa de los Avis. Portugal se concentró en su expansión marítima por las costas africanas y asiáticas y, aunque participó en la guerra civil castellana, a partir del reinado de los Católicos, se estrecharon las alianzas matrimoniales entre las familias reales y se firmaron acuerdos que garantizaban el respeto mutuo en las acciones exteriores.
Claros varones de Castilla del cronista Hernando del Pulgar, publicado en 1486. Los escritos de la época tendieron a ensalzar la obra de los Reyes Católicos y contribuyeron a fomentar la imagen de «mito» de los monarcas a lo largo de los siglosxviyxvii.
La Corona de Castilla, a finales del sigloxv, tenía una mejor situación económica y demográfica respecto al resto de los reinos peninsulares. Era una sociedad dinámica y emprendedora que había concentrado sus esfuerzos en el comercio de la lana y la exportación a otros países como Inglaterra y Flandes a través de los puertos del Cantábrico. Existía una actividad comercial floreciente que se sustentaba en el desarrollo de la Mesta y de la industria naval y potenciada por las famosas ferias de Medina del Campo, así como las de Rioseco y Villalón. Atrás quedaba la Reconquista, que había configurado el espíritu caballeresco y heroico de los siglos medievales y que es la razón del carácter de su sociedad, eminentemente aristocrática e impregnada de valores religiosos. Castilla, sin embargo, todavía tenía que hacer frente a las luchas faccionales de la nobleza y fortalecer el poder y la autoridad de la monarquía.
Retrato de Isabel la Católica, fines del sigloxv, Cartuja de Miraflores. La Corona de Castilla tenía un mayor índice demográfico y era más dinámica económicamente, aunque continuaban las luchas internas entre la Monarquía y la nobleza.
La Corona de Aragón –formada por los reinos de Cataluña, Aragón, Valencia, Mallorca y los territorios italianos de Sicilia y Cerdeña– había pasado su época de esplendor entre fines del sigloxiiiy fines delxiv. Era una sociedad expansiva y comercial que se regía por parámetros más «burgueses» que aristocráticos. En estos reinos se había consolidado una concepción política basada en la idea de pacto y poseían un mayor desarrollo de las instituciones representativas, fruto de su experiencia en la administración de otros reinos en el Mediterráneo. Sin embargo, el sigloxvsupuso una ruptura en su evolución económica, social y política. A mediados de siglo, se evidencia una crisis económica y comercial, sobre todo marcada por el declive de Cataluña y a pesar del dinamismo que comenzaba a despuntar en el reino valenciano. La crisis catalana atiende a diversos factores: a las pestes que asolaron el territorio de forma continuada y que provocaron grandes catástrofes en el medio rural, que se agravaba por las luchas contra el poder feudal; el declive de la actividad comercial y la crisis urbana por el enfrentamiento entre los dos partidos que luchaban por el control del poder municipal, la Biga y la Busca, y por su preeminencia frente a la monarquía. Todo ello desencadenaría una guerra civil que dio comienzo en 1462 y terminaría diez años después.
Retrato de Fernando el Católico, hacia 1500. Fernando se convirtió en el heredero de la Corona de Aragón a la muerte de su hermanastro Carlos, príncipe de Viana, en 1461. Es un momento de crisis y de guerra civil en Cataluña.
Navarra estaba ligada a la Corona de Aragón por lazos dinásticos, aunque no toda la sociedad apoyaba la presencia catalano-aragonesa. La sucesión al trono a la muerte de la reina, mujer de Juan II de Aragón, se complicó por los conflictos entre el monarca y su primogénito, el príncipe de Viana, y por la oposición de parte de los navarros, que volvieron sus ojos a Castilla. El trono recayó, por voluntad del rey, en su hija Leonor e incluso pretendió nombrar como sucesor de la Corona de Aragón a su otro hijo, Fernando, el futuro Fernando el Católico, eludiendo la línea de sucesión legítima. Las hostilidades entre la familia real tuvieron repercusiones políticas en los demás reinos, ya que la Generalitat de Cataluña apoyó los derechos del primogénito y el rey tuvo que ceder. Aunque se reconoció a Carlos, príncipe de Viana, como heredero de la Corona, su muerte prematura dejó el camino libre a su hermanastro, Fernando. De esta forma accedía al trono Fernando el Católico.
Medalla de Fernando el Católico, Institución Fernando el Católico, 1952. La Corona de Aragón, a mediados del sigloxv, sufría una crisis política, social y económica, pero seguía vigente el sistema pactista de sus leyes e instituciones.
El reino de Granada era el último territorio que no había sucumbido a la Reconquista. Todavía dominado por el poder musulmán, conservaba su independencia, aunque debía pagar un tributo a la Corona castellana, que ayudaba a perpetuar el equilibrio entre la civilización islámica y la cristiana. Las ofensivas por parte de la nobleza andaluza en las zonas fronterizas habían sido una constante durante siglos, pero fue sólo a partir de los Reyes Católicos cuando la Corona inició un asedio constante y se desarrolló la voluntad de conquista para hacer prevalecer la unidad religiosa peninsular. La conquista de Granada, en 1492, marca el fin de una época que había comenzado en el sigloviiicon la invasión de los musulmanes y que había provocado, al mismo tiempo, la acción reconquistadora de los territorios ocupados. La monarquía de los Reyes Católicos se alzaba como adalid de la lucha contra el Islam que, por aquellas fechas, amenazaba al Occidente europeo.
El matrimonio de los Reyes Católicos abrió el camino hacia la unidad peninsular. Se unieron bajo la dinastía Trastámara la Corona de Castilla y la de Aragón, pero, además, se anexionó el reino de Navarra, primero, a Aragón, y posteriormente, a Castilla; se terminó con el poderío musulmán, se dio fin a la Reconquista y se mantuvieron las relaciones con Portugal. Castilla empezaba su hegemonía, y se unían los destinos de las dos Coronas bajo los presupuestos de una unidad dinástica y personal, sustentada por los ideales de la pluralidad y respeto a los fueros y costumbres de los diferentes territorios. Con el tiempo, se formaría una nueva realidad: la Monarquía Hispánica de los siglosxviyxvii, que incluía no sólo los territorios peninsulares, sino los dominios que habían sido conquistados, descubiertos o heredados dinásticamente, como las Canarias, el reino de Nápoles, Sicilia y Cerdeña, más tarde el Milanesado, los Países Bajos y la herencia del Imperio, y el Nuevo Mundo, que se descubrió gracias a los viajes de un genovés, Cristóbal Colón, que actuó bajo la autoridad y legitimidad de la monarquía de los Reyes Católicos.
La reina Isabel en el Devocionario de Juana la Loca, Pedro Marcuello, fines del sigloxv. La actitud personal de los reyes fue coherente con su política religiosa, encaminada a la lucha contra la herejía y la unidad de la fe.
Castilla dejaba atrás las luchas entre la nobleza y la monarquía, y comenzaba una labor de gobierno que tendía a establecer un equilibrio entre las distintas fuerzas sociales y se inclinaba hacia el fortalecimiento de la imagen y la autoridad de la realeza. Isabel la Católica no era la heredera directa al trono e hizo falta una guerra civil para conseguir la Corona. Tampoco Fernando el Católico era el heredero directo, y tuvo que vivir una infancia turbulenta entre las luchas familiares y la guerra catalana, pero, con su unión matrimonial, en 1469, se dio el primer paso hacia una nueva realidad. En la Corona de Aragón se pudieron introducir ciertas mejoras en las condiciones de vida del campesinado y controlar, en cierta medida, el poder municipal, aunque sin atentar contra las leyes y costumbres pactistas que prevalecían en la concepción política de la Corona aragonesa. Los Reyes Católicos llevaron a cabo reformas interiores en los distintos ámbitos de la administración y la economía y gobernaron sin alterar la estructura aristocrática de la sociedad.
Castel Novo, Nápoles. En la política internacional de los Reyes Católicos existieron dos vertientes: la castellana, con intereses en el Atlántico, Flandes, Inglaterra y la lucha contra el turco, y la catalano-aragonesa, centrada en el Mediterráneo y en el cerco a Francia. No obstante, el esfuerzo fue común.
Alentados por los ideales de una unidad política y religiosa, adoptaron medidas tan controvertidas como la expulsión de los judíos, en 1492, y la de los mudéjares de Castilla, años después, y fueron los mayores defensores de la Inquisición en la Península. Su política religiosa atiende a una actitud coherente que refleja su celo espiritual, a la vez que confluyen sus intereses políticos. Y, por último, dieron un impulso hacia el exterior que preconiza el protagonismo internacional de la monarquía hispánica en los siglos siguientes. Entablaron alianzas con Portugal, Inglaterra y los Habsburgo, merced a su política matrimonial y con la firma de tratados y alianzas, iniciativas en las que prevaleció la rivalidad, y el cerco a Francia, según los parámetros e intereses de la política exterior catalano-aragonesa, también centrada en el Mediterráneo. Se ocuparon enclaves en el norte de África como muro de contención frente al poder islámico. Y en el Atlántico comenzaba el asentamiento, la explotación y la evangelización de los nuevos territorios descubiertos bajo el monopolio inicial de la Corona castellana. Castilla conservaba su relación con Flandes e Inglaterra, tan importantes para su vida económica y comercial. Por tanto, las dos vertientes, la catalano-aragonesa y la castellana, quedan reflejadas en la política internacional de los Católicos, aunque el verdadero artífice de la diplomacia y la política exterior fue Fernando el Católico.
Estos son los logros y las transformaciones acaecidas durante su reinado. Unas transformaciones que fueron reconocidas en su tiempo y en los siglos posteriores. En su tiempo estuvieron potenciadas por la propaganda política de los propios monarcas, conscientes de la importancia de la difusión de la imagen de la monarquía como institución garante del orden, el bien social y el bien espiritual de sus súbditos. Y, posteriormente, fueron ensalzados como modelos de gobernantes. Sin embargo, han sido figuras controvertidas en la historia más reciente por las connotaciones políticas que se pueden entrever en la «unidad peninsular», una perspectiva que comenzó a despuntar con disparidad de opiniones en los siglosxviiiyxixy que cobró auge en épocas posteriores, con la intención de crear una memoria histórica común y favorecer la idea de una «patria» en sentido unitario y centralizado.
Los Reyes Católicos,
