Los riesgos de la verdad - Giorgio Solimano - E-Book

Los riesgos de la verdad E-Book

Giorgio Solimano

0,0

Beschreibung

Dicen que los libros tienen tantas entradas como lectores, al ser obras que se completan en un diálogo entre quien escribe y quien lee. Este volumen es precisamente una conversación abierta y tiene el gran valor de dar cabida a las múltiples voces de quienes se formaron desde el compromiso social. El doctor Solimano invita a un recorrido por un camino largo de sesenta años, donde conviven el pediatra, el salubrista, el investigador, el formador. Reconoceremos al observador agudo y al luchador tenaz, pues se trata de una mente que sigue atenta a los cambios ambientales, los movimientos globales y que no fue apagada ni por el centro de tortura de Tejas Verdes, por el exilio ni por los sinsabores del servicio público. Los pasillos de la Escuela de Medicina fueron para miles el espacio de transmisión del saber, con compañeros y maestros inolvidables, también el espacio de nuevas preguntas y una nueva "subjetividad social". Es desde allí que mirábamos nuestro país. Las clases, las investigaciones para atacar la desnutrición y la mortalidad infantil, y la implementación del histórico programa del medio litro de leche son, en consecuencia, dos caras de la misma moneda, de la misma voluntad de unir conocimiento y convicción. Como colega, como compañera de muchas batallas de nuestras generaciones, puedo decir que Los riesgos de la verdad cumple el propósito de ligar y transmitir "el conocimiento resultante del quehacer académico con el quehacer político". Dos dimensiones que están irrevocablemente unidas porque coinciden en buscar el mayor bienestar humano. Michelle Bachelet J.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 301

Veröffentlichungsjahr: 2022

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Giorgio Solimano C.

LOS RIESGOS DE LA VERDAD

Salud pública y compromiso social: 

una conversación abierta

Con la colaboración de Jorge Núñez A.

Prólogo de Michelle Bachelet

Solimano, Giorgio

Los riesgos de la verdad 

Salud pública y compromiso social: una conversación abierta

Santiago de Chile: Catalonia, 2021

ISBN: 978-956-324-926-2ISBN digital: 978-956-324-927-9

BIOGRAFÍA920

HISTORIA DE CHILE983

Diseño de portada: Amalia RuizCorrección de textos: Hugo Rojas MiñoDiseño y diagramación eBook: Sebastián Valdebenito M.Dirección editorial: Arturo Infante Reñasco 

Editorial Catalonia apoya la protección del derecho de autor y el copyright, ya que estimulan la creación y la diversidad en el ámbito de las ideas y el conocimiento, y son una manifestación de la libertad de expresión. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y por respetar el derecho de autor y copyright, al no reproducir, escanear ni distribuir ninguna parte de esta obra por ningún medio sin permiso. Al hacerlo ayuda a los autores y permite que se continúen publicando los libros de su interés. Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, en todo o en parte, ni registrada o transmitida por sistema alguno de recuperación de información. Si necesita hacerlo, tome contacto con Editorial Catalonia o con SADEL (Sociedad de Derechos de las Letras de Chile, http://www.sadel.cl).

Primera edición: diciembre, 2021

Registro de propiedad intelectual: 2021-A-11851

ISBN: 978-956-324-926-2ISBN digital: 978-956-324-927-9

© Giorgio Solimano C., 2021

© Editorial Catalonia Ltda., 2022Santa Isabel 1235, ProvidenciaSantiago de Chilewww.catalonia.cl – @catalonialibros

Índice de contenido
PORTADA
CRÉDITOS
ÍNDICE
PRÓLOGO Michelle Bachelet Jeria
I. PRESENTACIÓN El maldito Covid-19
II. INTRODUCCIÓN El cepo de la historia
III. TRAYECTORIA ACADÉMICA 1960-2020: Desde la pediatría social a la globalización en salud
IV. «EL MEDIO LITRO DE LECHE» Medida Nº 15 Del Programa de La Unidad Popular
V. REPRESIÓN, TORTURA Y DERECHOS HUMANOS Un compromiso de siempre
VI. LUZ EN LA CAVERNA Rol y quehacer internacional
VII. PERSPECTIVAS Y DESAFÍOS FRENTE AL CAMBIO DE ÉPOCA
VIII. REFLEXIONES FINALES El equilibrio inestable de la mirada en Chile
IX. MIRADAS Y ESCENARIOS A FUTURO
Claves y enfoques propositivos
Nutrición y salud. Lorena Rodríguez
Enfermedades crónicas no transmisibles. Carolina Nazzal
Longevidad activa. Desafíos de acuciante actualidad. Rafael Estévez
Enfermedades emergentes-transmisibles. Valeria Stuardo
Salud mental global: Un campo emergente y con grandes desafíos. Rubén Alvarado
Drogas y salud pública. Francisco Cumsille
Contra el statu quo de la desigualdad en salud sexual y reproductiva, más género y más derechos humanos. Pamela Eguiguren
Acelerados cambios en salud global. Sorprendidos por su velocidad,pero no por su aparición. Jorge Ramírez
Desafíos y perspectivas actuales sobre medio ambiente y salud ambiental. Karla Yohannessen
Cambio climático y sus impactos en la salud. Alcances y desafíos. Ignacio Silva
Migración y salud. Alex Alarcón
Salud pública, gestión y formación de pregrado en las carreras de la salud. Marcos Vergara I.
Políticas de salud. Óscar Arteaga
Desafíos y perspectivas en gobernanza en salud global. José Sulbrandt
De Alma-Ata al Covid-19. El contexto internacional de la salud. Marta Maurás
X. APÉNDICE Selección de Publicaciones y Estudios
NOTAS

A Denise, una incomparable compañeraMi amor y respeto.A mis familias, con el cariño de siempre.A mis colegas y amigo@s, el aprecio y reconocimiento en el devenir de este largo camino

Prólogo

Michelle Bachelet Jeria

Dicen que los libros tienen tantas entradas como lectores, al ser obras que se completan en un diálogo entre quien escribe y quien lee. El libro de Giorgio Solimano es precisamente una conversación abierta y tiene el gran valor de dar cabida a las múltiples voces de quienes se formaron desde el compromiso social. Con el correr del relato iremos reconociendo los contornos de una generación que creyó en la salud pública, la defendió y la recuperó para Chile.

La historia de la medicina nacional se ha ido enriqueciendo con testimonios, crónicas, libros de políticas públicas y de denuncia cuando se deshonró el juramento hipocrático. El doctor Solimano nos invita a un recorrido donde todos estos elementos están presentes en mayor o menor grado. Es un camino largo de 60 años, donde conviven el pediatra, el salubrista, el investigador, el formador; donde reconocemos al observador agudo y al luchador tenaz.

Los pasillos de la Escuela de Medicina fueron para miles de nosotras y nosotros el espacio de la transmisión del saber, con compañeros y maestros inolvidables. Pero como se señala, fue también el espacio de nuevas preguntas, de una nueva “subjetividad social”. Es desde allí que mirábamos nuestro país.

Las clases, las investigaciones para atacar la desnutrición y la mortalidad infantil y la posterior incorporación en el gobierno de la Unidad Popular para implementar el histórico programa del medio litro de leche son, en consecuencia, dos caras de la misma moneda, de la misma voluntad de unir conocimiento y convicción. Fue eso lo que intentó destruir la dictadura, y en lo que afortunadamente falló. Porque en 1988, tras el exilio en Estados Unidos, el doctor Solimano volvería y crearía la Corporación de Salud y Políticas Sociales, asumiría la dirección de la Escuela de Salud Pública y seguiría aportando desde diferentes lugares.

Serán los años de la recuperación del sistema de salud después de su abandono en dictadura, de la lenta recuperación de su rezago estructural. Los estudios, publicaciones, reformas institucionales y cientos de egresados son hoy los pilares sobre los cuales es posible volver a la senda de mejoramiento de la que nunca debimos ser alejados. Si hoy podemos aspirar a mayor dignidad en salud, a acceso más universal y más calidad, es porque hubo profesionales como el doctor Solimano que estuvieron cuando se les necesitó.

Eso fue lo que recuperó Giorgio Solimano. Eso es lo que representa su lucha por traer de vuelta a la salud pública a su lugar entre las batallas sociales, humanistas, justas.

Es grato confirmar que es una mente que sigue atenta a los cambios ambientales, los movimientos globales y que nunca fue apagada ni por el centro de tortura de Tejas Verdes ni por el exilio ni por los sinsabores del servicio público. Tal vez la clave radique en el amor que se percibe en cada una de sus reflexiones.

La historia que consignan estas páginas no ha concluido, como nos recuerda el primer capítulo en que el doctor Solimano comparte su experiencia como paciente del hospital José Joaquín Aguirre al contagiarse de Covid-19, una de las pruebas más duras que ha vivido nuestro sistema sanitario. Como colega, como compañera de muchas batallas de nuestras generaciones hermanas, puedo decir que este libro cumple el propósito que Giorgio se fija: ligar y transmitir “el conocimiento resultante del quehacer académico con el quehacer político”. Dos dimensiones que están irrevocablemente unidas porque coinciden finalmente en buscar mayor bienestar humano. 

Al concluir la lectura de este libro, queda la certeza de que podemos mirar con satisfacción que Chile ha recuperado una de las banderas de lucha que nos enorgullecieron en el pasado y que nos convocan hoy: la de la salud pública al servicio de su gente. Como dice Giorgio Solimano, sigamos adelante con “atrevimiento y confianza en el futuro”.

I. PRESENTACIÓN

El maldito Covid-19

Estando próximo a completar este libro, como sucede con frecuencia en la vida, en septiembre del 2020 sin explicación ni aviso apareció el maldito Covid-19 y antes de 48 horas estaba hospitalizado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, nuestro querido José Joaquín Aguirre. Agradecido estoy de la excelente atención recibida.

Como médico, con 84 años de edad, el enfrentar y superar esta grave enfermedad constituyeron mi segunda experiencia “límite” luego de la tortura en Tejas Verdes el año 1974.

Afortunadamente me he recuperado luego de una dura batalla, y en este momento, junto con testimoniar un profundo agradecimiento a mi familia y amigos/as de toda la vida por su inconmensurable apoyo, solo me cabe testimoniar la importancia de cuidarse para evitar enfermar y renovar la valoración de lo mucho que nos entrega la vida.

He aquí lo que quiero contarles.

¿Por qué este libro?, ¿cómo surgió y de qué manera ha evolucionado la idea con el transcurrir del tiempo?

Al cumplir sesenta años de médico-cirujano, observo y reflexiono con tranquilidad y lucidez, suficientemente activo sobre el camino recorrido, reconociendo las limitaciones que inevitablemente impone el transcurso del tiempo, así como las luces y sombras de una vida polifacética en diversas dimensiones.

Emprender esta tarea no fue fácil, ya que fueron días y noches pensando si valía la pena, qué tenía para contar y a quiénes podría interesarle. Muchas personas a lo largo de los años, en la intimidad de una tertulia familiar o en un encuentro con colegas, luego de una conferencia o clase en los distintos ambientes académicos a los que he pertenecido o he sido invitado, me han formulado la pregunta: «¿Dónde está escrito lo que nos cuentas?», «¿por qué no lo has hecho?», «¿dónde has dejado la huella de tus múltiples experiencias?». Ya tendré tiempo o ya llegará el momento, fueron hasta ahora mis respuestas.

Poco a poco fui entendiendo que no se trataría de una autobiografía; ello nunca ha estado presente en mi imaginario. Mi visión es más bien transmitir un rico y polifacético quehacer; en dos palabras: una identidad y una trayectoria, preeminentemente académicas, pero también de compromiso con la equidad, la ética, la justicia social y los derechos humanos, así como dar cuenta de experiencias personales traumáticas y muy dolorosas en este último ámbito.

No sé si fue el azar o el destino, ya que de la manera más inesperada, compartiendo un rico almuerzo en casa de un gran amigo frente al poco pacífico y hermoso mar de Isla Negra, fue que me encontré con el abogado y periodista Jorge Núñez Alvarado. Lo conocerán ustedes en la lectura de este volumen, quien resultó ser el perfecto interlocutor para convertir en algo tangible el cúmulo de vivencias, muchas de ellas olvidadas o que han ido adquiriendo significación y forma mediante un diálogo incisivo y cuestionador a medida que ha avanzado nuestra interacción.

Sobre el sentido de este escrito también tengo algo que decir: espero que sea útil para una audiencia variada, desde la más docta en las materias que aborda, hasta quienes puedan encontrar en él la comprensión de asuntos personales y humanos narrados por alguien que los ha vivido. Además, es evidente que, especialmente en el campo de la salud pública y el quehacer universitario, muchos temas que se narran son parte de una historia, visión y significado, en cuanto a su valor y vigencia frente a los cambios y transformaciones que se discuten actualmente en la búsqueda de mejores opciones y soluciones. Leyendo el reciente libro de Paul Krugman «Contra los zombis. Economía, política y la lucha por un futuro mejor», comprendí la importancia de ligar el conocimiento resultante del quehacer académico con el quehacer político, y transmitirlo a la ciudadanía y la sociedad de maneras diversas. Espero que este libro, en cierta medida, cumpla ese propósito.

Un ámbito especial está reservado a compartir esta travesía con un grupo de colegas, hombres y mujeres, con quienes he vivido complejas experiencias de gobierno y lustros en instituciones académicas de excelencia en Chile y en el extranjero, y muy especialmente en la Universidad de Chile, invitándolos a responder tres preguntas en sus campos de especialidad, lo que todos y todas aceptaron, aportando valiosas miradas frente al cambio de época y las crisis que estamos viviendo. Lo he llamado “Una mirada hacia adelante”.

En síntesis, sigo pensando en el futuro y me siento comprometido con las actuales y próximas generaciones, y por ello he querido exponer mi vivencia como una contribución a la interminable búsqueda de nuevos conocimientos y su aplicación en beneficio de muchos y muchas. Es decir, poner la memoria al servicio de lo que se requiere ahora y en el futuro.

El estallido social de octubre de 2019 en Chile y la pandemia por el virus Covid-19 a nivel mundial, eventos no previstos al concebir este libro, han generado una nueva realidad cuyo desenlace es difícil de predecir, pero que sin duda debe ser considerado al reflexionar sobre lo que viene.

Finalmente, mi profundo respeto y agradecimiento a los maestros siempre presentes; a las y los colegas de nuestro país y de otras latitudes con quienes emprendí inolvidables quehaceres y desafíos; a las y los estudiantes de aquí y de allá, fuente inagotable de preguntas y motivadores intereses, y también a las y los colaboradores que me han tolerado y ayudado a sacar adelante complejos proyectos en las instituciones a las que he pertenecido.

Giorgio Solimano Cantuarias

II. INTRODUCCIÓN

El cepo de la historia

A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas.

Marcel Proust

Integrante de una de las constelaciones de hombres y mujeres que marcaron una notoria superioridad ética, intelectual y política —en lo que tiene de polis—, la panoplia de la medicina social, la impenetrabilidad de la academia y el cruce de peregrinaciones por diversos escenarios semejan episódicamente una suerte de ambición de totalidad de quien, desde muy temprano, se propuso la búsqueda de concordancias de la verdad, el remedio para los dolores morales de los castigados por el sistema capitalista y trilladas estadísticas acerca del estado del arte sobre la salud de la población chilena y latinoamericana. Parece de mínima prudencia señalar que el filtro del tiempo y las iluminaciones del recuerdo constituyen aspectos centrales que estimulan el desempeño narrativo —y el malestar argumental— a través del compendio de crónicas, citas textuales, imágenes, entrevistas y conversaciones que emergen a la superficie.

Giorgio Solimano, convocado con insistencia por su interlocutor a compilar sus hitos de referencia, se presenta a través de la movilidad de la perspectiva, el conocimiento de la academia y de la medicina, preferentemente de la salud pública, así como de diversos ámbitos de contrastes frente a una falsa conciencia de lo que se ha convenido en llamar lo políticamente correcto.

El presente volumen, situado en las antípodas del artificio, está estructurado en varias capas narrativas, evidencias, anécdotas y comentarios, oscila a ratos desde el estilo puramente coloquial y las citas textuales a un lenguaje estilizado.

La profunda imbricación entre la acción y el pensamiento, corregir viejos desequilibrios, así como rejuvenecer el panorama cultural no son los peores líos que ha enfrentado en el transcurso de su vida, como médico pediatra al inicio y luego salubrista, Giorgio Solimano, pues los verdaderos laberintos borgianos de su vida y obra señalan que el núcleo y la periferia evolucionan de modo que las tendencias hacia la centralización y los movimientos restrictivos de uso draconiano —el ininteligible caos que rige la nueva centuria desde las postrimerías del siglo XX— se crean y se divulgan con la velocidad que caracteriza la actualidad más reciente. No está de más señalar, se puede inferir de los argumentos del doctor Solimano, que las tecnologías de las comunicaciones fueron en su origen descentralizadas e idealistas antes de que con rapidez las dominasen corporaciones monopólicas, y si bien la tecnología ofrece un potencial creativo casi ilimitado, también permite que los candados se propaguen con mayor eficacia y eficiencia.

Hacer referencias y dispersar la atención, la falta de conclusiones de la sociedad polisémica y opiniones desmaterializadas no son los desafíos existenciales del médico salubrista; antes bien, el presente volumen trata de un compendio de conocimientos y experiencias que han alterado el reinado engañoso, simple e inofensivo del ejercicio de aquellas profesiones supuestamente —suponer es negar— liberales.

El presente volumen hilvana las etapas de un recorrido original, pone el acento en las relaciones que han estado presentes al cumplir sesenta años de ejercicio profesional, y realiza una interrogación sobre el decurso de la vida y la acción en el seno de la sociedad. Tal trayectoria no puede ser disociada de la voluntad de confrontar, de intercambiar y de dar a conocer: su inscripción en la academia, el ejercicio de la profesión en el sector público, su producción en investigación y la divulgación de su pensamiento en publicaciones nacionales e internacionales, aunque también su sensibilidad y compromiso político y su quehacer para con la solidaridad del pueblo chileno bajo los años de plomo.

La variedad de asuntos que puede ofrecer una completa reseña de las aportaciones es el quid del presente libro. Por ejemplo, el escarceo en ciencias relacionadas con la medicina —así, en plural— ha revelado que la imprevisibilidad del complejo mundo de la salud puede conciliarse con la historia de sujetos que han ordenado las características fundamentales del sistema entre el orden en que nada cambia y el estado de total desorden. En un estilo claro, muchas veces despojado de términos técnicos, el autor y su interlocutor trazan un recorrido por los principales tópicos de la salud pública, en un compendio destinado a todos aquellos que quieren conocer y profundizar parte de la historia en uno de los campos más determinantes para la nación, sin exigirles para ello conocimientos previos, pero con la intención de que les sea útil ahora y en el futuro.

Desde la perspectiva del interlocutor, se trata de tres vocaciones, tres relaciones inesperadas: médico de salud pública (p.e.: la vida de un médico que vibra, se congrega, se acelera, convoca, ejerce presión), militante de ideas (frente a la esclerosis del sistema) y escritor en un itinerario no cronológico de temas, vocaciones que escenifican su biografía —desde una carga de singularidad superior— bajo una modalidad de narración en «que el ensayo confiese ser casi una novela», pues escribir desde el propio yo polifónico se convierte en el registro de pulsaciones de lo que se conoce como historia; se trata de una relación festiva con las ideas y los padecimientos de una persona que preserva la amplitud, la diversidad y la irreductibilidad en defensa de ideas e ideales.

Escrito a dos manos, los autores del presente libro se han dicho que una cosa es describir cómo ha cambiado la realidad en los últimos sesenta años, cuáles fueron sus énfasis, y otra determinar cómo los accesos a un mayor número o variedad de registros ha afectado las formas de aprender, pensar y percibir. Es sabido que las afirmaciones acerca de los efectos producidos en tal periodo en los campos que nos ocupan hayan generado poca o mucha controversia, no porque coincidan las visiones sobre dichos temas, sino porque no han sido expuestas de una forma explícita y sistemática. Ningún suceso político, constitucional, histórico o económico, ni ningún movimiento sociológico, filosófico o literario pueden ser entendidos completamente sin tomar en cuenta la influencia —a ratos deslumbrante— que miembros de una pléyade de seres humanos ilustrados ejerció sobre ellos.

La interpretación monocausal se puede ver alterada a través de la lectura de las páginas siguientes, aunque uno de los propósitos es enriquecer la comprensión histórica de quien (un médico) ha hecho esfuerzos por entender y corregir viejos desequilibrios, sin llegar a ninguna interpretación final. Para la comunidad del conocimiento se trata de áreas poco conocidas que se abren más rápido de lo que podrían cerrarse las viejas. A juzgar por la experiencia del interlocutor (un franco mirador), la memoria, mucho más que el olvido, es la que representa la amenaza sin precedentes. En los tiempos actuales, en que se tiene la sensación de que llegan demasiados datos desde muchas direcciones y a tal velocidad que nuestra capacidad para poner orden y coherencia está siendo forzada al límite («los académicos reconocen inventos antiguos casi tan rápido como la tecnología moderna vuelve obsoletos a los nuevos»), la presente obra de consulta a ratos discurre que los «síntomas» de las crisis culturales se hacen pasar por un diagnóstico y constituirse en evidencia.

Decirle la verdad al poder antes que el poder imponga su verdad constituye otro aspecto que estructura el universo de inquietantes interrogaciones que solo podrán resolverse en los ámbitos de la educación pública. Una de las orientaciones más constantes que obra en Solimano Cantuarias es el decidido abandono del acostumbrado enfoque del poder; en cambio, el umbral en que sitúa su mirada político-pedagógica se orilla hacia la articulación entre el educando y el logos, en la educación pública emancipadora. A contrario sensu, la domesticación —la servitude volontaire1— como expresión soberana del poder de las élites es lo éticamente inadmisible.

No obstante, nada de lo que el ahora académico-médico ha urdido en las zonas de las indeterminaciones ha sido gratuito en el estado de naturaleza hobbesiano que constituye la obscena realidad de haber sido excluido e incluido, apartado y apresado. Innovador y polémico, con continuidades y rupturas, repeticiones, superposiciones, marcas de certezas e incertidumbres son algunas de las secuencias de quien ha optado por la medicina social y la academia, consciente de su propia identidad como médico salubrista y académico de la casa de estudios con más trayectoria en la historia de la res publica de Chile.

Puede, finalmente, advertirse, en el través de las páginas siguientes que el optimismo de la voluntad de Giorgio Solimano reposa en aquel precepto que subyace, de muchas maneras: «Nada humano me es ajeno2».

Jorge L. Núñez A.Invierno de 2019Isla Negra

III. TRAYECTORIA ACADÉMICA

1960-2020: Desde la pediatría social a la globalización en salud

Este eje es expresión de la dedicación por muchos años a la producción y difusión de conocimiento, docencia y relación con el entorno, por ende, a las condiciones de producción académica, posibles de «tocar con el dedo» en el desarrollo de las siguientes páginas. El sustrato conceptual ha sido la materialización de numerosas ideas y actividades concebidas y realizadas a lo largo del tiempo, en la participación «orgánica» tras mi adscripción a diferentes instituciones, estamentos y casas universitarias, así como los libros, manuscritos y artículos publicados hasta ahora y sus reflexiones teórico-prácticas sobre los temas de mi especialidad, conformando una unidad temática sobre un vasto y complejo campo de estudio.

Los estudios y los quehaceres conexos que se presentan a continuación se dividen en dos partes. La primera tiene un carácter eminentemente expositivo y monográfico, y expone una sinopsis que toma como ilustración los principales vértices de tres ejes temáticos, a saber: la aplicación práctica de los conocimientos a nivel individual y colectivo; episódicas participaciones en instancias gubernamentales nacionales, luego en instituciones académicas extranjeras de prestigio internacional, y, por último, al reestablecerme en Chile como representante típico de una cultura que sensibiliza y problematiza a la comunidad universitaria.

También se abordan las cuestiones relativas a las situaciones socioculturales de lo que se ha convenido en llamar «la vida universitaria» durante la segunda mitad del siglo XX y comienzo del XXI. Indiquemos aquí, de paso, que la atmósfera intelectual, los rasgos específicos y característicos de la educación y adecuación de la enseñanza en el colectivo de esa época poco o nada se parecen a la actualidad de una sociedad desinteresada de su propia humanidad.

Seguir las huellas del profesor de parasitología, secretario y luego decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Amador Neghme; del profesor de medicina preventiva, subdirector del Servicio Nacional de Salud y posteriormente director de la Organización Panamericana de la Salud por dieciséis años, Abraham Horvitz; del maestro de la pediatría, Julio Meneghello, clínico de excelencia y pionero de la pediatría social, y de Hugo Behm, una figura inolvidable, profesor y director de la Escuela de Salud Pública al momento del golpe de Estado, que vino a demoler a martillazos el edificio de valores republicanos, y las fases no públicas del ejercicio profesional en el campo de tensiones y sincretismo neokantiano proporcionan un marco de referencia relativamente estable de coherencias internas y continuidades temáticas, así como las rupturas ante la otrora fuerte presencia institucional.

Hasta ahora el análisis del quehacer académico se ha limitado principalmente a los problemas del presente, sobre todo a la contribución de un patrimonio cultural común. Ahora bien, es necesario que los resultados de múltiples y diversos estudios y comunicaciones sean utilizados de una manera más amplia, constituyendo un método adecuado para explicitar las leyes que estructuran los sistemas e instituciones académicos, y su evolución a lo largo del tiempo.

Con ello creemos contribuir al diseño de un panorama sobre el fundamento teórico e histórico del quehacer académico en nuestro país, de nuestra vida y la sucesión de paraísos que nos han sido otorgados y denegados sucesivamente; pareciere que el único paraíso verdadero es el paraíso pasado. Sin embargo, también aquí es posible limitar y hacer una lectura de aquello que se refiere, sobre todo, al paisaje vigente de ideas y dejar a un lado la historia previa. La coherencia interna de esta orientación predominantemente idealista —lo más aproximado a lo ideal es lo real— y estrechamente ligada al análisis de la actividad académica mediante sus protagonistas, al igual que someter a examen su dinámica propia, lleva a proponer un método y nuevos paradigmas civilizatorios al interior del quehacer universitario. La evolución de la institucionalidad destruye poco a poco la idea de un carácter fortuito y episódico de la evolución convergente y divergente que se ha manifestado en la historia de aquella institucionalidad sociocultural, del trabajo científico y formativo al interior de la academia, poniendo en cuestión y revelando las leyes de solidaridad de la verdad.

***

El carácter de la práctica —y puesta en cuestión— del quehacer académico es un tema poco abordado en el mundo ilustrado en nuestro país, no existiendo obras consideradas realmente importantes acerca del origen, desarrollo y vigencia hasta el periodo contemporáneo, y se carece de ensayos de interpretación.

Planteamiento, descripción y explicación de algunos asuntos relacionados, como una preocupación acerca de proyectos reformistas o transformadores, constituyen la primera revisión —o una de ellas— que se pretende abordar en este recorrido de sesenta años de ejercicio profesional, presentando una visión panorámica del desarrollo y evolución de la salud pública en Chile desde el despuntar de la década de los 60, cuando egresé de la carrera de medicina, cuya alma mater, la Universidad de Chile, no solo modernizaba su manera de pensar y sentir, sino que también trataba de modernizar la subjetividad social. Ello complementado con la mirada de futuro de un grupo de académicas y académicos con quienes he compartido el quehacer desde que asumí la dirección de la Escuela de Salud Pública hace algo más de 20 años (ver capítulo Apéndices).

En la actualidad, el lenguaje de las estadísticas ha adquirido popularidad en todas las disciplinas sociales y científicas, sobre todo con la expansión de los sistemas computarizados, los que permiten mayor rapidez en el análisis de datos de distintos universos. Antes, las aportaciones en aquellas áreas subyacentes estaban en manos de quienes, mediante la exposición de sus planteamientos, demandaban la atención nacional e internacional para dar solución a los complicados problemas de, por ejemplo, lo que tensiona las siguientes páginas; esto es, sondear los orígenes, evolución y resultados experienciales de quien ha contribuido a enfrentar algunos de los graves problemas de salud que desde hace mucho tiempo aquejan a las poblaciones de los países del tercer mundo.

En este capítulo, se ofrece una perspectiva documentada acerca de mi quehacer académico, abarcando variados aspectos relacionados con la salud, entre los que se encuentran los cambios en la causalidad de diversas patologías y sus determinantes, la evolución de los problemas nutricionales y su impacto en los índices de morbilidad y mortalidad, las enfermedades crónicas que impactan en la esperanza de vida, y la necesidad de concebir nuevas formas de proporcionar cuidados y servicios de salud. Todo ello requiere que se combine el buen uso de nuevos medios diagnósticos y terapias con una atención oportuna y digna de las personas, junto a la preocupación por los problemas colectivos que requieren acciones de promoción y prevención efectivas, abordajes que deben ser prioritarios en la formación de los profesionales de la salud y en las políticas públicas en este campo. Asimismo, se reseñan las aportaciones, trivializaciones discursivas y condiciones teóricas y técnicas de tales problemas, promoviendo, a lo largo de toda mi vida profesional, la urgente necesidad de priorizar la investigación pertinente y consolidar la innovación de la enseñanza.

La relación entre médico y paciente, la naturaleza de la práctica médica, los desenfados (o desórdenes) administrativos de la pedagogía universitaria, la necesaria vinculación de la investigación científica y las políticas de salud con una visión que plantee opciones reales y factibles en el contexto de la sociedad chilena son temas que, de conjunto, inciden en el cómo la colaboración entre las instituciones de salud y las de educación superior constituyen el mejor camino para fortalecer la investigación, la enseñanza, la provisión de servicios de salud y la relación de ellas con la ciudadanía.

—¿Por qué opta por la pediatría y la salud pública, preferentemente en el ámbito académico? La pregunta obedece a que la docencia, así como la preocupación por cuestiones sociales se perciben como poco apetecibles, sobrias y contenidas.

—Los basamentos que configuran mi personalidad e inspiran el sentido filosófico de mi actividad profesional se explican por haber crecido en una familia de clase media laica, cuyo compromiso político con el progresismo estuvo siempre presente, además de haberme educado en escuelas, liceos y universidad públicas. Todo ello, desde los años de estudiante, era conducente a entusiasmarte y comprometerte en un proyecto de vida atractivo y concordante con el acontecer social y político que se vivía en nuestro país en esos años. Ya se avizoraban los tiempos de reforma que cuajaron a fines de los 60.

—¿En qué momento comienza a ejercer como docente y qué experiencias destacables al inicio de su carrera fueron trascendentes posteriormente?

—Próximo a cumplir sesenta años de vida profesional, gran parte de mi carrera ha sido de carácter académico, tanto en nuestro país como en otras latitudes por razones que explicaré más adelante. Desde luego, el iniciarme en la cátedra de pediatría del profesor Julio Meneghello, caracterizada por una motivación de innovación y de liderazgo en la pediatría clínica y social, me resultó muy atractivo y concordante con mis intereses.

Es allí donde comienzo a realizar docencia, especialmente con estudiantes de medicina y de otras carreras de la salud, tanto a nivel hospitalario como en el consultorio Lo Valledor Norte, del cual llegué a ser director, ubicado en la población del mismo nombre, al cual llegamos como Departamento de Acción Social de la Universidad de Chile creado por el rector Eugenio González Rojas, como reconocimiento a nuestro trabajo pionero desde la Federación de Estudiantes de nuestra universidad, a fines de los años 50.

Más tarde, en 1995, por invitación de Sofía Prats, en ese entonces alcaldesa de la comuna de Huechuraba, asumí como director de salud de ese municipio, volviendo luego de más de 30 años al ámbito poblacional como responsable de la atención primaria. No eran los años 60, pero el sello comunitario y el compromiso de los equipos de salud mantenían la impronta que la caracterizaron desde su creación, constituyendo la base y puerta de entrada al sistema público de salud, realizando acciones de promoción, prevención y atención de salud, conformando equipos multiprofesionales y trabajando en forma estrecha con las organizaciones comunitarias. Experiencias de gestión, docencia e investigación que me marcaron para siempre, y que sin duda tenían una dimensión política insoslayable.

Imposible no revivir hoy esa experiencia frente a la devastadora e implacable pandemia del Covid-19, respecto de la cual la atención primaria, las organizaciones comunitarias y la sociedad civil están jugando un rol crucial en su contención y control a nivel país y especialmente en poblaciones vulnerables.

—¿Ello explica la pedagogía y el quehacer académico?

—Definitivamente ello fue una elección; es decir, no es que las circunstancias me hayan llevado a tomar esta opción, ¡fue una decisión personal!, que se relaciona con mi vocación a enseñar e investigar, así como a trabajar y ser parte de equipos. Hermosos tiempos aquellos, en los que el trabajo en equipo para proporcionar atención integral a nivel poblacional comenzaba a dar sus primeros pasos; quehacer que con el tiempo se perfeccionó y consolidó, aun cuando no siempre ha sido reconocido ni valorado como corresponde.

—La enseñanza en establecimientos públicos, durante las décadas de los 70 y 80, constituía «el patito feo» de las profesiones ilustradas. Para cuando opta por ejercer la docencia, ¿existía ese prejuicio?

—¡No!, todo lo contrario en la década de los 60. Ser académico en la mejor y más antigua casa de estudios universitarios de nuestro país, antes bien, era un privilegio, un reconocimiento que permitía combinar el uso del tiempo no solo en la atención directa a las personas, sino que también en la enseñanza y formación de médicos más jóvenes y comenzar a realizar investigación. Lo deseable —estamos hablando de mediados de los años sesenta—, a lo que uno aspiraba, era tener jornada completa en el ámbito de la academia como en el servicio público. Ello significaba que como pediatra este quehacer terminaba pasadas las 17.00 horas con salarios que no permitían mantener una familia, como era el caso de muchos de nosotros, lo que nos obligaba a realizar práctica privada limitada, en mi caso, a dos a tres tardes a la semana y visitas domiciliarias, lo cual significaba cerrar la jornada a las diez u once de la noche la mayor parte del tiempo.

—Aquella vocación pedagógica, ¿pretendía socializar el conocimiento entre los educandos de medicina antes que reproducir un modelo de enseñanza vertical, en la cual el profesor es un iluminado que dotará de herramientas a nuevos profesionales?

—En mi caso, se trataba de estudiantes que realizaban el curso de pediatría en el sexto año de una carrera de siete años, y nuestra labor consistía en formar a estos estudiantes adelantados, quienes entre muchas opciones de especialización —obstetricia, neurología, cirugía, entre otras— podían preferir la pediatría. Luego de una formación básica, clínica y de salud pública sólidas, el estudiante realizaba el internado en los departamentos clínicos de su elección y posteriormente la especialización.

—Si tuviera que definir a la generalidad de quienes fueron alumnos suyos, ¿qué opinión tiene de ellos?

—Tengo una muy buena opinión. Hasta ahora, tanto hombres como mujeres ingresan a estudiar medicina habiendo obtenido altos puntajes en las pruebas de selección. Asimismo, estudiar medicina es una decisión que involucra asumir una profesión que es exigente en el estudio y en la práctica. Es una carrera muy estructurada, secuencial en términos de los conocimientos que se adquieren y de las habilidades y competencias que se desarrollan. Una carrera en la que debes estar al día y por lo tanto en permanente perfeccionamiento, junto con las habilidades para relacionarte de manera humana con quienes te toca atender.

—Usted ejercía primero como instructor y luego como profesor…

—Mis primeros tres años fueron de formación como especialista en pediatría, y muy pronto, una vez completada esta, me ofrecieron un cargo académico como instructor y luego como profesor asistente, combinando la práctica clínica hospitalaria con el trabajo en atención primaria, específicamente, como ya lo he mencionado, en el Consultorio Lo Valledor Norte en el que llegué a ser director, lo cual, junto con ser un cometido desafiante, fue muy atractivo.

Igualmente, esos años fueron un periodo en el que se privilegió el desarrollo de ciertas subespecialidades pediátricas. La visión de los maestros, por una parte, y el avance de la medicina, por otra, hacían necesario que se crearan nuevas subespecialidades en pediatría.

—Hacia fines de la década de los 60, los profesionales se formaban de manera integral, pues se involucraban en la academia, en el sector público, en las actividades gremiales, y se acentuaban los aspectos más políticos.

—Durante esos años, como académico joven, los profesores permanecían largos años en sus cargos y los alumnos no cuestionábamos sus ideas; antes bien, las diferencias se expresaban fuera del ámbito hospitalario. La política era un asunto que se realizaba en las organizaciones estudiantiles en las cuales participé activamente. A ello se añade que entre 1964 y 1965 decidí subespecializarme, momento en el que salgo al extranjero y realizo dos formaciones complementarias.

—¿Cuáles fueron aquellas subespecialidades?

—Inicialmente hago una especialización en pediatría social en el Centro Internacional de la Infancia, en París, cuya misión era formar profesionales especialmente de países en desarrollo. Una vez completado ese diploma me trasladé a Inglaterra, a la Universidad de Londres e ingresé al Departamento de Pediatría en el Queen Elizabeth Hospital for Children, para especializarme en gastroenterología infantil, una subespecialidad que en ese momento no existía en Chile; es decir, enfermedades del aparato digestivo en niños. Los gastroenterólogos en esa época eran en su mayoría especialistas en adultos, y, consecuente con la visión que teníamos en el departamento de pediatría, era necesario crear esta subespecialidad en niños. Durante mi estadía en Inglaterra realicé una formación sólida, incluyendo investigación y la subsecuente publicación de un par de artículos en revistas inglesas en coautoría con académicos ingleses. A fines de 1965 regresé a Chile al hospital Roberto del Río, lugar al que se había trasladado la cátedra del profesor Meneghello y ahí creé una unidad que incluía un laboratorio y un consultorio especializado en gastroenterología.

—¿Cómo se expresó el impacto académico y social de la creación de la subespecialidad denominada «gastroenterología infantil» en la que, consiguientemente, usted tuvo un rol fundacional?