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Macbeth es una de las tragedias más leídas y escenificadas de Shakespeare. El protagonista, un guerrero distinguido, se transforma en asesino despiadado consumido por la duda y la ambición. William Shakespeare sigue siendo estudiado desde diversas perspectivas y disciplinas por su óptimo conocimiento de las pasiones humanas. En una excelente traducción de Ángel-Luis Pujante, Harold Bloom nos muestra la transformación del personaje, adentrándose en su interioridad con perspicacia, agilidad y una alta dosis de compasión. La lucidez de su lectura convierte a Macbeth. Un puñal imaginario en el perfecto colofón de una serie fundamental compuesta por cinco títulos: Falstaff. Lo mío es la vida; Cleopatra. Soy fuego y aire; Lear. La gran imagen de la autoridad; Yago. Las estrategias del mal y Macbeth. Un puñal imaginario. Harold Bloom rinde homenaje –una vez más– a una de las mentes más prodigiosas e imaginativas de la literatura universal. El crítico dedicó sesenta años de su vida al análisis del corpus creativo de William Shakespeare. Cada uno de estos libros es una guía de viaje a nuestra interioridad, y cada personaje estudiado resulta esencial para comprender lo humano y sus elementos trágicos. La ambición y la ceguera de Macbeth, como sucedía en el Siglo V a. C., son espejos, extrañamente oscuros, mas al fin espejos que develan nuestra propia ineluctable fragilidad. Macbeth nos muestra que el teatro es personal, no admite límites: en cada obra cabe el universo personal y original de la imaginación. «El aclamado crítico Bloom, una vez más, explora las profundidades de una obra de Shakespeare para revelar nuevas ideas […] cambiarán las percepciones del lector de un clásico literario». Publishers Weekly
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Seitenzahl: 127
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Primera edición: noviembre, 2021
Título original: Macbeth: A Dagger of the Mind
© 2017 by Harold Bloom c/o Writers’ Representatives LLC, New York. First published in the U.S. in the English Language by Scribner – Simon & Schuter. All rights reserved.
© de la traducción: Ángel-Luis Pujante, 2021
© Vaso Roto Ediciones, 2021
ESPAÑA
C/ Alcalá 85, 7° izda.
28009 Madrid
www.vasoroto.com
Imagen de cubierta: Composición realizada a partir de las obras A Procession of Shakespeare Characters, de autor desconocido, 1840, y Cleopatra and Caesar de Jean-Leon-Gerome, 1865.
Queda rigurosamente prohibida, sin la
autorización de los titulares del copyright,
bajo las sanciones establecidas por las leyes,
la reproducción total o parcial de esta obra
por cualquier medio o procedimiento.
Impreso y gestionado por Bibliomanager
ISBN: 978-84-123293-1-5
eISBN: 978-84-124374-4-7
BIC: DNF
Depósito Legal: M-28103-2021
PERSONAJES DE SHAKESPEARE 5
Harold Bloom
Un puñal imaginario
Traducción de Ángel-Luis Pujante
AGRADECIMIENTOS
NOTA DEL TRADUCTOR
1. Y sólo es lo que no es
2. Falso rostro esconda a nuestro falso pecho
3. Un puñal imaginario, creación falaz
4. Me pongo en manos de Dios
5. Destruye el gran vínculo que tanto me horroriza
6. En acción aún somos nuevos
7. ¡Cómo! ¿Llegará su linaje hasta el fin del mundo?
8. Mas ¿quién iba a pensar que el viejo tendría tanta sangre?
9. La senda de mi vida ha llegado al otoño, a la hoja amarilla
10. El mundo es libre
NOTAS DEL TRADUCTOR
Para Glen Hartley
Me complace dar las gracias a mi ayudante de investigación, Alice Kenney, y a mi editora, Nan Graham, y sus auxiliares Tamar McCollom y Sean Devlin. Mi ayudante Natalie Rose Schwartz prestó un gran servicio en la revisión de pruebas.
Llevo treinta años trabajando con mis agentes literarios Glen Hartley y Lynn Chu. Tengo una deuda especial con Glen Hartley, que me propuso esta serie de cinco libros breves sobre personalidades de Shakespeare. Por eso y por mucho más le dedico este libro.
(H.B.)
Los pasajes de Macbeth citados en este volumen proceden de mi traducción de esta obra, publicada por la Editorial Espasa en la colección Austral (edición revisada), en Teatro Selecto y en Teatro Completo de William Shakespeare (tomo I, Tragedias).
La versión del soneto 124 es de Mariano de Vedia y Mitre (Los Sonetos de Shakespeare, Buenos Aires, 1954). Para las citas de la Biblia he usado la traducción de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano de Valera (1602) y otros (1862, 1909 y 1960), y editada por las Sociedades Bíblicas Unidas (México, 1960), salvo la cita de la «Sabiduría de Salomón», que procede de la Nueva Biblia Española (Madrid, 1975). La traducción del poema de Yeats es de Antonio Rivero Taravillo (Yeats, Poesía reunida, Valencia, 2010), la de la oda de Keats, de Luis Cernuda (Poesía completa, Barcelona, 1974) y la del fragmento de Shelley, de Alejandro Valero (Prometeo liberado, Madrid, 2009).
Son mías las restantes versiones (fragmentos de William Blake y Thomas De Quincey).
Para evitar la discrepancia entre puntos de estas traducciones y los del texto de este libro, en algunos casos ha sido conveniente efectuar ajustes verbales. Asimismo, y para aclararle al lector algunos detalles lingüísticos o referencias literarias y culturales, he añadido al final del libro notas breves explicativas.
(A.L.P.)
Afirma Nietzsche en Aurora que «quien piense que el teatro de Shakespeare ejerce un efecto moral y que el espectáculo de Macbeth nos retrae irresistiblemente del mal de la ambición está en un error… Quien está realmente poseído de la rabiosa ambición se goza en ver esa imagen de sí mismo, y que al protagonista lo derrumbe su pasión es precisamente la especia más picante en la ardiente bebida de ese gozo.»
Shakespeare invirtió en Hamlet sus facultades cognitivas más que en ningún otro personaje, fuese éste Falstaff, Rosalinda, Cleopatra o Próspero. Su imaginación proléptica y profética posee a Macbeth en un grado que no alcanza ningún otro en las obras. Macbeth no puede mantenerse al ritmo de los signos del mundo nocturno que percibe. Apenas imagina una acción, salta al futuro y vuelve la mirada a su impulso inicial. Macbeth es un adivino fatídico e involuntario. Inevitablemente le esperan las Hermanas Fatídicas sabiendo que en parte él es de los suyos.
Muy posiblemente los lectores reconocerán que tienen en su imaginación elementos que se intensifican en Macbeth. Creo que muchos de nosotros tememos haber obedecido a nuestros más negros impulsos antes de haberlos aprehendido cabalmente. En Macbeth hay algo preternatural. Sólo él en esta obra está en contacto con el mundo nocturno de Hécate y las Hermanas Fatídicas. Yo cumpliré pronto los ochenta y ocho años y a veces me encuentro viendo y oyendo cosas que no existen. Esto no es motivo de alarma porque permanece en la frontera de las verdaderas alucinaciones. Pero Macbeth ha cruzado esa frontera. Para él sólo es lo que no es.
La obra empieza con la entrada de las brujas bajo el trueno y el relámpago. Las vemos sólo fugazmente, salmodiando unos enigmas que son antitéticos:
Cuando haya derrota y victoria.
(acto 1, escena 1)
Bello es feo y feo es bello.
Nuestra primera información sobre Macbeth transmite su pasmosa fiereza:
El bravo Macbeth (pues es digno de tal nombre),
despreciando a la Fortuna y blandiendo
un acero que humeaba de muertes sangrientas,
cual favorito del Valor se abrió camino
hasta afrontar al infame
y, sin mediar adiós ni despedida,
lo descosió del ombligo a las mandíbulas
y plantó su cabeza en las almenas.
(acto 1, escena 2)
Abrir al oponente desde el ombligo hasta la mandíbula es característico de Macbeth, a quien se describe como el «novio de Belona», el esposo de la diosa de la guerra.1 Después de que Duncan, el rey de Escocia, le añada a los honores de Macbeth el título de barón de Cawdor, volvemos con las tres brujas, que abordan a Macbeth y a su compañero, el capitán Banquo:
Macbeth
Un día tan feo y bello nunca he visto.
Banquo
¿Cuánto falta para Forres? –¿Quiénes son éstas,
tan resecas y de atuendo tan extraño
que no semejan habitantes de este mundo,
estando en él? –¿Tenéis vida? ¿Sois algo
a lo que un hombre pueda hablar? Parecéis entenderme
por el modo de poner vuestro dedo calloso
sobre los magros labios. Sin duda sois mujeres,
mas vuestra barba me impide pensar
que lo seáis.
Macbeth
Hablad si sabéis. ¿Quiénes sois?
Bruja 1.a
¡Salud a ti, Macbeth, barón de Glamis!
Bruja 2.a
¡Salud a ti, Macbeth, barón de Cawdor!
Bruja 3.a
¡Salud a ti, Macbeth, que serás rey!
Banquo
¿Por qué te sobresaltas, como si temieras
lo que suena tan grato? –En nombre de la verdad,
¿sois una fantasía o sois realmente
lo que parecéis? A mi noble compañero
saludáis por su título y auguráis
un nuevo honor y esperanzas de realeza,
lo que le tiene absorto. A mí no me habláis.
Si podéis penetrar las semillas del tiempo
y decir cuál crecerá y cuál no,
habladme ahora a mí, que ni os suplico favores
ni temo vuestro odio.
Bruja 1.a
¡Salud!
Bruja 2.a
¡Salud!
Bruja 3.a
¡Salud!
Bruja 1.a
Menos que Macbeth, pero más grande.
Bruja 2.a
Menos feliz, y mucho más feliz.
Bruja 3.a
Engendrarás reyes, mas no lo serás;
así que, ¡salud, Macbeth y Banquo!
Bruja 1.a
¡Banquo y Macbeth, salud!
Macbeth
¡Esperad, imperfectas hablantes, decid más!
Por la muerte de Finel soy barón de Glamis,
mas, ¿cómo de Cawdor? El barón de Cawdor vive
y continúa vigoroso; y ser rey
traspasa el umbral de lo creíble,
tanto como ser Cawdor. Decid de dónde
os ha llegado tan extraña novedad o por qué
cortáis nuestro paso en este yermo
con proféticos saludos. Hablad, os lo ordeno.
Desaparecen las brujas.
(acto 1, escena 3)
Macbeth se representó ante Jacobo I, que empezó a reinar como Jacobo VI de Escocia. Según la tradición, Jacobo I descendía de Banquo. En las fuentes de Shakespeare Banquo era tan culpable como Macbeth, pero aquí es leal y heroico. Finel era el padre de Macbeth, mientras que Banquo y Macbeth aún no conocen la traición de Cawdor. Un extraordinario aparte marca la llegada de la imaginación proléptica de Macbeth:
Macbeth [aparte]
Ya se han dicho dos verdades,
felices preludios a la escena gloriosa
del fin soberano. –Gracias, señores.–
[Aparte] Esta incitación sobrenatural
no puede ser mala, no puede ser buena.
Si es mala, ¿por qué me ha dado promesa de éxito
empezando con una verdad? Soy barón de Cawdor.
Si es buena, ¿por qué cedo a esa tentación
cuya hórrida imagen me eriza el cabello
y me bate el firme corazón contra los huesos
violando las leyes naturales? Es menor
un peligro real que un horror imaginario.
La idea del crimen, que no es sino quimera,
a tal punto sacude mi entera humanidad
que la acción se ahoga en conjeturas
y sólo es lo que no es.
La atormentada gramática sugiere en parte la conmoción psíquica de Macbeth. Su pensamiento criminal, aunque aún una fantasía, agita tanto su indivisa humanidad que la acción potencial se ahoga en conjeturas, censurada por la imaginación.
El lema de Macbeth –obra y personaje– bien podría ser: «Y sólo es lo que no es.» En Macbeth «nada» aparece dieciséis veces. Me resulta llamativo que esas dieciséis veces estén superadas por las treinta y cuatro de El rey Lear, treinta y una de Hamlet y veintiséis de Otelo. Sólo que Macbeth es una tragedia implacablemente económica de poco más de dos mil líneas de verso y prosa. La prominencia de «nada» en ella es tan relevante como lo es el tema subyacente de la nada en las otras tres grandes tragedias de sangre.
Lady Macbeth nos es presentada leyendo en voz alta la carta de su esposo relativa a las profecías de las Hermanas Fatídicas. Su reacción marca el tono de su feroz naturaleza:
Eres Glamis, y Cawdor, y vas a ser
lo que te anuncian. Mas temo tu carácter: está
muy lleno de la leche de la bondad humana
para tomar los atajos. Tú quieres ser grande
y no te falta ambición, pero sí la maldad
que debe acompañarla. Quieres la gloria,
mas por la virtud; no quieres jugar sucio,
pero sí ganar mal. Gran Glamis, tú codicias
lo que clama «Eso has de hacer si me deseas»,
y hacer eso te infunde más pavor
que deseo de no hacerlo. Ven deprisa,
que yo vierta mi espíritu en tu oído
y derribe con el brío de mi lengua
lo que te frena ante el círculo de oro
con que destino y ayuda sobrenatural
parecen coronarte.
(acto 1, escena 5)
El ahora proverbial «milk of human kindness» [leche de la bondad humana] exige ser consciente del lenguaje del Renacimiento inglés. «Human» significa «humane» [bondadoso, compasivo], y «kindness» seguramente significa «kinship» [parentesco]. Verter el espíritu en el oído es envenenar, como cuando, en Hamlet, el espectro le cuenta al príncipe que Claudio «vertió en los portales de mi oído / el tósigo ulcerante» o cuando Yago planea hundir a Otelo: «Le verteré en el oído este veneno.»
«El círculo de oro» es la corona de Escocia. Recuerdo que hace años yo caracterizaba a los Macbeth como el matrimonio más feliz en Shakespeare. Esto puede parecer una broma siniestra, pero es verdad. Su mutua pasión es absoluta en todos los sentidos, tanto metafísica como eróticamente. El hambre de poder se funde con el deseo recíproco y refuerza la turbulencia de su euforia.
Aunque Macbeth es pariente del benigno rey Duncan, Lady Macbeth es de mayor rango. Shakespeare la basó en Gruoch ingen Boite, la hija de Boite mac Cináeda, hijo de Cináed III, rey de Escocia, conocido por los ingleses como Kenneth III. Antes de casarse con Macbeth, Gruoch había sido la esposa del rey de Moray, al que dio un hijo, más tarde rey de Escocia. A Moray lo quemaron vivo sus enemigos. Shakespeare da a entender que el hijo de Gruoch murió con su padre.
«¿Cuántos hijos tuvo Lady Macbeth?» fue en un tiempo una burla contra los críticos que consideraban personas de verdad a los personajes de Shakespeare.2 Yo entiendo que la pregunta es válida y útil. Se podría responder que al menos un hijo, aunque ninguno con Macbeth. No tener hijos es una de las obsesiones de Macbeth. Él se propone asesinar el futuro, pero sus sicarios no llegan a matar a Fleance, el hijo de Banquo, aunque sí matan a éste, compañero de armas de Macbeth. Fleance será el antepasado de los Estuardos escoceses y luego ingleses. Cuando se intensifica la sed de sangre en Macbeth, ordena la matanza de Lady Macduff y todos sus hijos, y se complace en ella.
En toda la obra hay indicios verbales de que el ardor de Macbeth es tan intenso que culmina demasiado pronto cada vez que abraza carnalmente a su esposa. Esto parece estar relaciona do con la ansiedad proléptica que gobierna sus formas de pensamiento y acción. Él se sobreanticipa y salta demasiado rápido al otro lado de su plan, lo que bien podría explicar la falta de hijos de los Macbeth. La lujuria en acción se frustra cuando arde con rabiosa intensidad. Shakespeare es un gran maestro de la elipsis, de omitir cosas. Confía en que nuestra madura imaginación llenará lo que sólo queda sugerido.
Cuando Lady Macbeth es informada de que el rey Duncan será su huésped, acoge la noticia con salvaje exaltación:
Hasta el cuervo está ronco de graznar
la fatídica entrada de Duncan
bajo mis almenas. Venid a mí, espíritus
que servís a propósitos de muerte, quitadme
la ternura y llenadme de los pies a la cabeza
de la más ciega crueldad. Espesadme la sangre,
tapad toda entrada y acceso a la piedad
para que ni pesar ni incitación al sentimiento
quebranten mi fiero designio, ni intercedan
entre él y su efecto. Venid a mis pechos de mujer
y cambiad mi leche en hiel, espíritus del crimen,
dondequiera que sirváis a la maldad
en vuestra forma invisible. Ven, noche espesa,
y envuélvete en el humo más oscuro del infierno
para que mi puñal no vea la herida que hace
ni el cielo asome por el manto de las sombras
gritando: ¡Alto, alto!
En 1954 asistí en Londres a un Macbeth de la Old Vic en el que Paul Rogers interpretaba a Macbeth y Ann Todd a su esposa. La actuación de Ann Todd me pareció profundamente perturbadora. El director, Michael Benthall, le hacía doblarse, con la mano en la vulva, cuando ella gritaba «unsex me here» [literalmente, desexuadme aquí].3 Su imagen de pelirroja blandiendo un puñal se me grabó a fuego en la memoria y vuelve a mí cada vez que releo y enseño Macbeth.
El dominio que Lady Macbeth ejerce sobre su marido se manifiesta en el primer momento en que los vemos juntos:
Entra Macbeth.
Lady Macbeth
Gran Glamis, noble Cawdor y después
aún más grande por tu proclamación.
Tu carta me ha elevado por encima
de un presente de ignorancia, y ya siento
el futuro en el instante.
Macbeth
Mi querido amor, Duncan viene esta noche.
Lady Macbeth
¿Y cuándo se va?
Macbeth
Mañana, según su intención.
Lady Macbeth
¡Ah, nunca verá el sol ese mañana!
