Marx & China - Xulio Ríos - E-Book

Marx & China E-Book

Xulio Rios

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Beschreibung

Este libro plantea uno de los aspectos de la China contemporánea más controvertidos, tratado superficialmente o, con frecuencia, abierta o convenientemente ignorado. Sin embargo, este, sostienen desde el gigante asiático, supone un eje central sobre el que opera su vertiginoso proceso de transformación: el marxismo. ¿Qué papel ha desempeñado? ¿No es acaso este país un ejemplo de lo que se ha convenido en llamar capitalismo de Estado?, ¿o encajaría mejor como socialismo de mercado? ¿Cómo armonizar, si es que tal contradicción es sostenible, esta dualidad?Desde Mao y los orígenes de la Revolución china, pasando por Deng Xiaoping con la reforma y apertura, hasta el mandato de Xi Jinping, el Partido Comunista de China insiste en que el ideario marxista es uno de sus fundamentos teóricos y su guía para la práctica política. Pero, añade, no es un copia y pega de otras experiencias; lo ha adaptado a su realidad y a los tiempos, lo ha combinado con las tradiciones culturales de su civilización y se sirve de él siempre y cuando garantice su liderazgo y la consecución de sus objetivos. Abordemos al detalle, pues, de qué trata el marxismo con características chinas; esa hoja de ruta que ha puesto patas arriba el actual equilibrio de poder internacional y nuestra creencia en un modelo de desarrollo y gobernanza sin alternativa posible.

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Veröffentlichungsjahr: 2025

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akal / a fondo

Director de la colección

Pascual Serrano

Diseño interior y cubierta: RAG

Queda prohibida la reproducción, plagio, distribución, comunicación pública o cualquier otro modo de explotación –total o parcial, directa o indirecta– de esta obra sin la autorización de los titulares de los derechos de propiedad intelectual o sus cesionarios. La infracción de los derechos acreditados de los titulares o cesionarios puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (artículos 270 y siguientes del Código Penal).

Ninguna parte de este libro puede utilizarse o reproducirse de cualquier manera posible con el fin de entrenar o documentar tecnologías o sistemas de inteligencia artificial.

Nota a la edición digital:

Es posible que, por la propia naturaleza de la red, algunos de los vínculos a páginas web contenidos en el libro ya no sean accesibles en el momento de su consulta. No obstante, se mantienen las referencias por fidelidad a la edición original.

© Xulio Ríos, 2025

© Ediciones Akal, S. A., 2025

Sector Foresta, 1

28760 Tres Cantos

Madrid - España

Tel.: 918 061 996

[email protected]

www.akal.com

facebook.com/EdicionesAkal

@AkalEditor

@ediciones_akal

@ediciones_akal

ISBN: 978-84-460-5702-4

Xulio Ríos

Marx & China

La sinización del marxismo

Prólogo de Cheng Enfu

Este libro plantea uno de los aspectos de la China contemporánea más controvertidos, tratado superficialmente o, con frecuencia, abierta o convenientemente ignorado. Sin embargo, este, sostienen desde el gigante asiático, supone un eje central sobre el que opera su vertiginoso proceso de transformación: el marxismo. ¿Qué papel ha desempeñado? ¿No es acaso este país un ejemplo de lo que se ha convenido en llamar capitalismo de Estado?, ¿o encajaría mejor como socialismo de mercado? ¿Cómo armonizar, si es que tal contradicción es sostenible, esta dualidad?

Desde Mao y los orígenes de la Revolución china, pasando por Deng Xiaoping con la reforma y apertura, hasta el mandato de Xi Jinping, el Partido Comunista de China insiste en que el ideario marxista es uno de sus fundamentos teóricos y su guía para la práctica política. Pero, añade, no es un copia y pega de otras experiencias; lo ha adaptado a su realidad y a los tiempos, lo ha combinado con las tradiciones culturales de su civilización y se sirve de él siempre y cuando garantice su liderazgo y la consecución de sus objetivos. Abordemos al detalle, pues, de qué trata el marxismo con características chinas; esa hoja de ruta que ha puesto patas arriba el actual equilibrio de poder internacional y nuestra creencia en un modelo de desarrollo y gobernanza sin alternativa posible.

Xulio Ríos es fundador y asesor emérito del Observatorio de la Política China y asesor de Casa Asia. Colabora con diferentes medios de comunicación y revistas especializadas. Forma parte también de consejos científicos y comités de redacción de diversas publicaciones sinológicas. Profesor y consultor de varias instituciones universitarias de España, China y América Latina, es autor de más de una quincena de títulos sobre China, entre los cuales pueden destacarse China: ¿superpotencia del siglo xxi? (Icaria, 1997), Mercado y control político en China (Catarata, 2007), China pide paso (Icaria, 2012), China Moderna (Tibidabo, 2016), La China de Xi Jinping (Popular, 2018), Una historia del PCCh: la metamorfosis del comunismo en China (Kalandra­ka, 2021). En esta misma colección también publicó Bienvenido, Míster Mao (2014). Premio Cátedra China 2018 y Premio Casa Asia 2021.

Quiero dar las gracias a He Xinyuan, Zhang Guangping, y Cheng Enfu por sus valiosas opiniones y comentarios, que han sido de gran utilidad para llevar a cabo la sistematización de esta obra, y a He Qin por su complicidad y fundamental colaboración.

Presentación

Cuando se habla de China en nuestros países occidentales surge una polémica inevitable. ¿Es un sistema comunista o marxista, o es sencillamente capitalismo? El fenómeno chino pilla con el pie cambiado al discurso neoliberal dominante en Occidente. Décadas de martilleo han logrado implantar el consenso sobre que el Estado es un mal gestor y que la iniciativa privada es la que crea riqueza. A partir de esto, como mucho surge alguna izquierda que defiende dotar a los Estados de alguna competencia para redistribuir esa riqueza. No queda sitio para una lectura ideológica diferente.

Entonces irrumpe China en el siglo xxi, y bajo un Gobierno del Partido Comunista logra el mayor avance de desarrollo económico del mundo. Los neoliberales, dado que es inevitable reconocer el éxito económico del país asiático, argumentan que su triunfo es debido a que no es comunista, sino capitalista; igual que aducen algunos ortodoxos de la izquierda. Pero la realidad es que, en China, la política económica la decide el Partido Comunista chino, y eso no es precisamente una característica del capitalismo.

Por lo tanto, ¿qué hay de marxismo en el sistema chino?, ¿qué hay de capitalismo?, ¿quién toma allí las decisiones y de qué manera?, ¿cómo ha evolucionado el modelo chino desde los tiempos de Mao? Todas esas preguntas, y muchas más, son las que responde Xulio Ríos en este nuevo libro de la colección A Fondo, Marx & China. La sinización del marxismo.

Ríos es, con seguridad, el mayor experto sobre China en lengua hispana. Es asesor emérito del Observatorio de la Política China y de Casa Asia. Forma parte también de consejos científicos y comités de redacción de diversas publicaciones sinológicas. Profesor y consultor de varias instituciones universitarias de España, China y América Latina, es autor de más de una quincena de títulos sobre el tema. El que sostiene en sus manos es el segundo libro sobre China que publica en nuestra colección (el anterior es Bienvenido, Míster Mao, publicado en 2014).

Lo primero que se necesita para comprender China, y este libro, es sacudirse muchos de los prejuicios que mantenemos en el mundo occidental, prejuicios hacia China y hacia el marxismo. Xulio Ríos nos recuerda que el marxismo chino es un modelo en construcción permanente, cuyas contradicciones a menudo suscitan desconcierto. Y añade:

El marxismo occidental está influenciado principalmente por la tradición filosófica europea y enfatiza la cultura, la filosofía y la crítica social, mientras que el marxismo chino presta más atención a la práctica y las condiciones nacionales específicas. Es importante tener esto en cuenta para partir de una actitud receptiva y abierta a la hora de comprender su trayectoria. Contemporáneamente, el marxismo chino enfatiza el liderazgo del partido y el sistema socialista con características chinas, mientras que el marxismo occidental presta más atención a la libertad individual y la participación democrática.

Nuestra obra, además de contextualizar los orígenes de la Revolución china, repasa cómo, desde la llegada al poder de Mao Zedong, el Partido Comunista de China y sus líderes han ido adaptando su especial concepción del marxismo a la realidad del país y de la situación política mundial. Recorremos así todo el periodo maoísta, las reformas y aperturas de Deng Xiaoping y la nueva era con Xi Jinping.

Ya desde el primer momento, Mao entendía que en las relaciones entre el campo y las ciudades, a diferencia de lo sostenido en los escritos marxistas más clásicos al privilegiar siempre el papel del proletariado urbano en las actividades revolucionarias, China debía apostar por el campesinado, porque este representaba la inmensa mayoría de la población y sólo en el campo se daban objetivamente las condiciones para promover la revolución. Fue así, señala Ríos, que la revolución liderada por el PCCh estableció un camino singular que consistía en utilizar las zonas rurales para cercar las ciudades y conquistar el poder por la fuerza de las armas.

Otro elemento novedoso del sistema chino es que, a diferencia de otros modelos marxistas, no tiene un partido oficial, sino nueve. Aunque el PCCh tiene el monopolio del poder en gran medida, hay otros ocho partidos en una relación no de competición, como en Occidente, sino de cooperación. La tesis china es que en nuestro modelo liberal se pierde una gran energía social en el conflicto y la competencia entre los partidos, llegando a ser incluso destructiva. Con un poco más de autocrítica y humildad, los occidentales reconoceríamos dicho caudal de energía perdido en la reyerta institucional partidista y cómo esta salpica la agenda mediática y el debate ciudadano.

El sistema chino, sin pretender dar lecciones ni servir de modelo a nadie, en lugar de considerar la democracia como una pugna periódica entre partidos, hace hincapié en la consulta continua y en las aportaciones de los distintos sectores de la sociedad.

La observación de cómo ha evolucionado el marxismo en China nos permite apreciar un tremendo salto. Hace treinta años parecía que China era el paradigma de los padecimientos del capitalismo: abusos laborales, desigualdades sociales, contaminación medioambiental... En unos años en los que el mundo capitalista ha estado atravesado de crisis financieras y de guerras –justificadas mediante la coartada de exportación de la democracia y la defensa de los derechos humanos–, el Gobierno del PCCh ha liderado lo contrario de la explotación capitalista que el mundo creía observar: ha acabado con la pobreza, ha mejorado las infraestructuras públicas, suavizado las diferencias sociales y avanzado en políticas laborales y medioambientales. Y todo ello rivalizando con EEUU en el puesto de primera potencial mundial en poder económico, productivo e influencia geopolítica.

Nada de eso ha sido casual, estaba todo premeditado y planificado desde la interpretación china del marxismo adaptado a su contexto. Por ello, esa percepción que teníamos en Occidente de que bajo Deng Xiaoping China se precipitaba al capitalismo más salvaje estaba absolutamente equivocada. Como nos explica Xulio Ríos, los dirigentes chinos tenían muy clara su hoja de ruta marxista-leninista. Y para ello se necesitaba atravesar un largo periodo de desarrollo y prosperidad económica, el cual para ellos era una etapa primaria de socialismo, un paso necesario e imprescindible que nosotros, ingenuos, creíamos que era claudicación capitalista.

Ríos nos lo explica claramente: «El énfasis en la lucha de clases deja entonces de significarse como reflejo de la contradicción principal, para ceder esa posición al avance de la construcción económica para satisfacer la demanda social. No obstante, el PCCh reconocía entonces que era preciso mantenerse alerta contra la desviación derechista». Es decir,

la lucha de clases subsistirá por largo tiempo dentro de determinados límites, pero ha dejado de ser la contradicción principal. La prioridad es librarse de la pobreza y del atraso y transformar la economía para lograr el gran renacimiento de la nación china. Esto implica concentrar todas las fuerzas en la modernización del país, apuntando como criterio básico para la idoneidad de cualquier política si es o no favorable al desarrollo de las fuerzas productivas.

Había que lograr que personas y regiones progresaran antes para así lograr después la prosperidad común. Pero no nos confundamos, eso no era la teoría neoliberal del «derrame», según la cual la riqueza generada va llenando una copa, que pertenece a los ricos, empresarios, clase alta, y cuando esta se derrama la riqueza va llegando al resto de la población. En el modelo chino no se deja al laissez faire capitalista la distribución de la riqueza, hay un Partido Comunista chino y una hoja de ruta socialista que intervienen y la distribuye.

Mientras el mundo pensaba, y la izquierda occidental todavía más, que China había abandonado el marxismo, la realidad era que simplemente lo estaba adaptando a su idiosincrasia. Había entendido la necesidad de combinar métodos de competencia empresarial para aumentar el desarrollo y la producción con un Estado que dirija la economía del país, apruebe planes quinquenales y someta a cualquier empresa o ciudadano, por multimillonarios que sean, al interés común.

Uno de los méritos de nuestro autor es descifrar la clave del marxismo chino y su estrategia política:

La experiencia china de la reforma indica que la introducción del mercado en la vida económica ha supuesto mayor vitalidad y vigor, acelerando el desarrollo. Hay una valoración positiva del estímulo de la competencia entre las empresas, de la optimización de la distribución de recursos, de la capacidad de reacción de modo sensible y rápido ante distintas señales, circunstancias todas ellas que desmentirían los prejuicios largamente anclados en cierto pensamiento marxista. Donde el mercado no llega o distorsiona, la planificación debe completar y equilibrar.

Es curioso, nuestro estereotipo chino es que lo copian todo, y precisamente lo que aprendemos de este libro es que su sistema, sus partidos políticos, su régimen de propiedad, su modelo de producción, su diplomacia geopolítica son excepcionalmente originales e inéditos.

El libro Marx & China. La sinización del marxismo no pretende hacer apología del sistema chino, mucho menos presentarlo como exportable para ningún otro lugar, su objetivo es ayudarnos a comprenderlo. Creo que disponer de herramientas para entender algo es lo más honesto y sublime a lo que puede aspirar un libro, y pienso también que Xulio Ríos lo ha conseguido. Sólo se necesita una cosa del lector, la humildad para quitarse las anteojeras occidentales y abrir la mente a otra cultura, otro modelo.

En cualquier caso, creo que China no necesita convencernos de nada; al contrario, somos nosotros quienes sí necesitaríamos aprender algo de ellos.

Pascual Serrano

Prólogo

Me complace saber de la publicación de este nuevo libro, Marx & China. La sinización del marxismo, escrito por el profesor Xulio Ríos, un renombrado erudito español sobre China. Comparado con libros similares escritos por académicos extranjeros, este volumen tiene tres características singulares:

En primer lugar, hace un recuento significativamente preciso del desarrollo de la adaptación china del marxismo; se centra en el análisis de las situaciones y problemas nacionales e internacionales a los que se enfrentaron los principales líderes de la revolución, la reforma y la construcción chinas –a saber: Mao Zedong, Deng Xiaoping, Jiang Zemin, Hu Jintao y Xi Jinping–; y ofrece una visión concisa de las principales teorías, de su orientación e innovación, revelando profundamente las razones ideológicas y teóricas de los continuos nuevos avances y logros del Partido Comunista de China (PCCh).

En segundo lugar, se cita ampliamente la literatura representativa pertinente, incluidas las formulaciones de los principales líderes chinos, las aportaciones del Partido Comunista Chino, las visiones de eruditos chinos y extranjeros, así como ciertos datos, lo que confiere al libro objetividad, contemporaneidad y carácter ideológico.

En tercer lugar, el texto es profundo y fácil de entender, por lo que será apreciado tanto por el público en general como por aquellos más conocedores del tema. Además, el estilo de redacción y la expresión lingüística son los más adecuados para un público hispanohablante multinacional que otros libros similares publicados por académicos chinos.

A continuación, se analizan dos cuestiones controvertidas relacionadas con el texto. La primera es: ¿cómo evaluar objetivamente la historia del desarrollo económico en el proceso de sinización del marxismo?

En 2024 se cumplió el 75 aniversario de la fundación de la Nueva China. El informe del XIX Congreso del Partido Comunista de China subraya que la historia de la Nueva China desde su fundación es «una historia de progreso continuo hacia la prosperidad y la fortaleza»[1]. En concreto, la historia de la Nueva China puede dividirse en tres grandes etapas históricas: el periodo anterior a la reforma y apertura, el periodo posterior a la reforma y apertura, y la nueva era posterior al XVIII Congreso del PCCh. En términos de logros de construcción económica, las tres fases han creado «tres milagros» en el desarrollo económico mundial, es decir, la riqueza y el poder primarios antes de la reforma y apertura de 1949 a 1978; la riqueza y el poder intermedios a partir de la reforma y apertura de 1978 a 2012; y, a partir de la reforma y apertura, en la nueva era de 2012 a la actualidad ha dado lugar la formación de un «cuasicentro» del sistema económico mundial, un país moderadamente rico y poderoso.

En cuanto al «primer milagro económico» antes de la reforma y apertura, la etapa de la riqueza y el poder primarios (1949-1978), cabe señalar que la fundación de la Nueva China puso fin al estado semicolonial y semifeudal de pobreza y debilidad de China, así como a más de 100 años de conflictos bélicos desde la Guerra del Opio sino-británica, e inició la gran práctica y exploración del socialismo partiendo de una situación de pobreza y de grandes privaciones. Después de tres años de recuperación económica nacional y cuatro de transformación socialista, la principal contradicción de la sociedad china ya no era entre capitalismo y socialismo, sino «entre la exigencia del pueblo de establecer un país industrial avanzado y la realidad de un país agrario atrasado, y entre la necesidad del pueblo de un rápido desarrollo económico y cultural y la situación actual en la que la economía y la cultura no pueden satisfacer las necesidades del pueblo»[2]. Ese cambio en la contradicción principal determinó el cambio subsiguiente del centro del trabajo del Estado desde la «transformación socialista de las relaciones de producción» hasta «captar la revolución y promover la producción»[3]. Un tiempo después, el énfasis en la lucha de clases como programa no se ajustaba a las condiciones nacionales de China. En términos de estatus internacional, las «dos bombas, una estrella y un barco» (bombas atómicas, bombas de hidrógeno, satélites artificiales y submarinos nucleares) simbolizaron el establecimiento inicial de la ciencia y la tecnología; un sistema industrial y económico nacional independiente; el desarrollo integral de la educación, la cultura, la sanidad y el deporte; el auge demográfico y la gran mejora de los medios de vida de la población; la reasunción del puesto legítimo de China en las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad; y el atractivo de China para un gran número de países del tercer mundo. El éxito de estos dos últimos puntos indicó que la Nueva China había roto con aquella evocación del «Estado pobre y débil» y dependiente de la vieja China en las esferas económica, política y militar internacionales, y que se había levantado realmente, se había hecho rica y fuerte en la etapa inicial, lo que significaba que había alcanzado el estatus y la etapa de «riqueza y poder primarios».

Las estadísticas de este periodo muestran que el PIB de China fue de 67.900 millones de yuanes en 1952 y llegó a 364.520 millones en 1978. En términos de tasa de desarrollo interanual, a pesar de la disminución del crecimiento económico en los años 1960, 1961, 1962, 1967, 1968 y 1976 debido a desastres naturales y errores políticos, el incremento nominal del PIB de China alcanzó un promedio del 6,68% anual en el periodo 1952-1978. Con una población de 575 millones de personas, el PIB per cápita era de 119,4 dólares. Y en 1978, cuando la población total había ascendido a 960 millones, el PIB per cápita todavía se elevó hasta los 381 RMB (divisa de curso legal en China). Es decir, durante este periodo, la tasa media de crecimiento anual del PIB per cápita llegó al 4,56%; la tasa media de crecimiento anual del PIB real llegó al 6,15%; y la tasa media de crecimiento anual del PIB real per cápita llegó al 4,05%. Mientras que la tasa media de desarrollo de la economía mundial durante el mismo tiempo fue del 3%, la de China fue más del doble que la registrada en el resto del mundo[4].

Se debe observar que, en los primeros 30 años de su existencia, la Nueva China alcanzó un ritmo de desarrollo que superó con creces el de la mayoría de los países durante el mismo periodo. Con una tasa media de crecimiento anual del PNB del 6,44%, que fue de las más rápidas y que también superó el nivel medio de los países capitalistas desarrollados durante ese tramo –aunque de ellos se decía que estaban en su «edad de oro»–, logró reducir rápidamente la brecha económica con los principales países desarrollados. Al mismo tiempo, se llevó a cabo una amplia y pionera exploración del desarrollo, por lo que, inevitablemente con algunos problemas y errores, en conjunto procede admitir que fue un logro brillante, pues permitió crear un rendimiento de desarrollo muy superior al de los países capitalistas[5]. Según el profesor de Yale Maurice Meisner,

en la era posterior a Mao, la moda ha sido poner la lupa sobre las manchas en el registro histórico de la era maoísta y callar sobre los logros de la época. De hecho, lejos de ser una era de estancamiento económico, como ahora se rumorea comúnmente, la era de Mao fue una de las mayores eras modernizadoras de la historia mundial, comparándose no menos favorablemente con los periodos más dramáticos de industrialización de varios de los principales advenedizos en el escenario industrial moderno, como Alemania, Japón y Rusia[6].

Se trata de una valoración objetiva y justa, acorde con la dialéctica del desarrollo de las cosas.

En cuanto al «segundo milagro económico» asociado al periodo de la reforma y apertura (1978-2012), importa señalar que la tercera sesión plenaria del XI Comité Central del PCCh en 1978 marcó el inicio de un nuevo periodo en la práctica socialista de China. Se reconoció con mayor rotundidad y énfasis que la lucha de clases ya no era la principal contradicción social y que era necesario elevar rápidamente el nivel de vida de los residentes urbanos y rurales sobre la base del rápido crecimiento demográfico, lo que constituía el problema económico y social más urgente. En 1981, el sexto pleno del XI Comité Central del PCCh planteó explícitamente: «La principal contradicción que nuestro país debe resolver es la contradicción entre las crecientes necesidades materiales y culturales del pueblo y el atraso de la producción social»[7].Adaptándose a esta reformulación de la contradicción principal de la sociedad, el epicentro del trabajo del PPCh y del Estado pasó a ser, en ese momento, «la construcción económica».

Bajo la política de construcción socialista con características chinas, a partir de 2012, el valor de la producción industrial y las reservas de divisas de China saltaron al primer lugar en el mundo; la producción económica total ha ocupado de manera constante el segundo lugar en el plano internacional; el desarrollo de la educación, la cultura, la salud y el deporte ha sido notable; los medios de vida de las personas se han elevado desde la mera subsistencia hasta un nivel moderadamente acomodado; Hong Kong y Macao han sido devueltos con éxito al país; y el estatus político y militar internacional de China ha ido en aumento, lo que significa que China se encuentra en la etapa de «segunda riqueza y poder intermedios». El país había alcanzado la «riqueza submoderada».

Por último, la nueva era de la reforma y apertura ha creado el «tercer milagro económico», estableciéndose como un «cuasi-centro» del sistema económico mundial (2012-presente) y apuntalando esa mencionada etapa de «riqueza y poder intermedios». En efecto, desde el XVIII Congreso del PCCh, el país ha ajustado su rumbo y ha abierto una nueva era de socialismo con características chinas. El informe del XIX Congreso del PCCh afirma claramente: «La principal contradicción de nuestra sociedad en la nueva era es la contradicción entre las crecientes necesidades del pueblo de una vida mejor y un desarrollo desequilibrado e insuficiente»[8]. Con el cambio de la contradicción principal de la sociedad, el epicentro del trabajo del Estado se ha intensificado aún más sobre la base de seguir la línea de la «construcción económica como eje central». Para ello, ha aplicado la ideología de desarrollo «centrada en el pueblo», así como los nuevos conceptos y modelos de desarrollo, y ha establecido un sistema económico de mercado socialista de alto nivel y uno económico exterior que promueve el desarrollo integral de las personas y el reparto de la riqueza entre todos los pueblos. En ese sentido, cabe inscribir propuestas como la «Iniciativa de la Franja y la Ruta» o acrónimos como los BRICS o la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái). «A través de la cooperación internacional, China ha aportado su sabiduría propia y proporcionado soluciones chinas para el desarrollo humano, ha promovido la construcción de una comunidad de destino humano compartido y se ha convertido en un “cuasicentro” en el sistema mundial con un atractivo y una influencia internacionales cada vez mayores»[9].

Las estadísticas y los datos pertinentes también pueden corroborar la visión básica de las etapas de desarrollo mencionadas anteriormente. Desde la reforma y apertura, la tasa de crecimiento del PIB de China ha mostrado una tendencia de desarrollo a alta velocidad, con una tasa media de crecimiento anual del PIB de hasta el 9,4% de 1978 a 2023, de la cual el PIB total en 2023 asciende a 17,52 billones de dólares, con una tasa de crecimiento del 5,2% (el PIB total de EEUU en 2023 es de 27,36 billones de dólares, con una tasa de crecimiento del 2,54%)[10]. Estas cifras demuestran de forma intuitiva y contundente que la tasa de crecimiento económico de China desde la fundación de la Nueva China ha superado a la de casi todos los países capitalistas, y exhibe claramente los logros históricos en el desarrollo del país.

Se puede predecir que, cuando China alcance básicamente la modernización en 2035, entrará en la etapa de «segundo país rico y poderoso» en el «centro» del sistema económico mundial; y cuando alcance la plena modernización en 2050, se convertirá en uno de los dos primeros países «ricos y poderosos» en el «centro superior» del sistema económico mundial. Este tipo de logro nos informa de una excepcionalidad sin parangón que se ha convertido en un fenómeno regular del desarrollo y el progreso socialista de China, susceptible de ser claramente apreciado por la comunidad internacional.

Una segunda cuestión importante es la siguiente: ¿cómo entender correctamente la práctica actual de participación en la gobernanza económica mundial en el proceso de sinización del marxismo?

El actual patrón político internacional de «Oriente en ascenso, Occidente en declive» es, principalmente, una manifestación de la cooperación entre China, Rusia, Irán y otros países del Sur en la lucha contra la hegemonía y el declive gradual de EEUU y Occidente. Este se basa en el nuevo patrón económico internacional, que, desde la crisis financiera del capitalismo estadounidense-occidental de 2008 y el conflicto ruso-ucraniano de 2022, tiende a ese «ascenso de Oriente y declive de Occidente» (junto con el patrón de «fortaleza de Occidente y debilidad de Oriente»). Es decir, podemos comprobar un declive de la importancia económica y de la contribución al PIB mundial de EEUU y Occidente, representados por el G7, y a su vez un aumento en esos mismos ámbitos del Este y del Sur, representados por los países BRICS, como China y Rusia.

El 9 de abril de 2023, el grupo BRICS, formado por cinco de las principales economías en desarrollo del mundo, habría superado al G7 en términos de participación en el PIB mundial a nivel de paridad de poder adquisitivo (PPA), según datos recientemente publicados por Acorn Macro Consulting –una empresa de investigación macroeconómica con sede en Reino Unido–. En términos de datos específicos, el grupo BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica– aportó el 31,5% del PIB mundial[11]. Mientras tanto, el G7 –EEUU, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Reino Unido– representó en conjunto el 30,7%. En otras palabras, el PIB total de los BRICS ha superado ligeramente al del G7. Tras la expansión de los países BRICS, la cuota económica total de estos países supera con creces la del G7.

El rendimiento de China es particularmente prominente, pues, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras fuentes, si tenemos en cuenta el tipo de cambio del yuan en lugar de la paridad del poder adquisitivo, en 1978 el PIB total de China representó una cuota mundial del 1,8%, tocó fondo en 1990 con un 1,76%, y recientemente, en 2022, el PIB total de China con respecto a EEUU alcanzó una cuota del 71,1%, por debajo del año anterior (75,9%) debido al tipo de cambio. Si se combinan las cuatro regiones a ambos lados del estrecho de Taiwán (China continental, Hong Kong, Macao y Taiwán), el PIB total de China asciende a 19,2 billones de dólares, lo que equivale al 75,6% del PIB total de EEUU. En 2022, el PIB combinado de la UE ascendió a 16,6 billones de dólares, inferior al de China. El PIB de China creció a una tasa real del 3% en 2022, y se cifra en 121 billones de yuanes (18 billones de dólares), lo que equivale, aproximadamente, al 71% del de EEUU, lo que representa alrededor del 18% del PIB mundial, situándose firmemente como la segunda economía más grande del mundo. Ese mismo año, el PIB de EEUU, a una tasa de crecimiento real interanual del 2,1%, ascendía a la cantidad total de 25,47 billones de dólares, lo que representa el 25,55% del mundo. La brecha entre el tamaño del PIB de China y el de EEUU se está reduciendo rápidamente, equivaliendo al 70% del de EEUU. Se espera que el PIB total de China alcance al estadounidense en 2030[12].

El nuevo patrón económico internacional de «Oriente en ascenso y Occidente en declive» está determinado por las numerosas contradicciones de EEUU dentro y fuera del país, la ley del mecanismo de declive de la hegemonía y el hecho de que otros países en desarrollo, como China, se basan en sus propias realidades, participan activamente en la cooperación mundial para el desarrollo, amplían activamente los canales de desarrollo y se adhieren a la autosuficiencia y la independencia.

Como gran país en desarrollo, bajo la guía de la teoría de la sinización del marxismo, China concede gran importancia a la primera prioridad de desarrollar y fortalecer el país, y ha promovido y ampliado con éxito la modernización al estilo chino, alcanzando logros de desarrollo de renombre mundial. El estrechamiento de la brecha entre China y EEUU es el resultado de las diferentes vías de desarrollo tomadas por la modernización al estilo estadounidense y la modernización al estilo chino, y no de que el desarrollo económico de China afecte negativamente a EEUU; por el contrario, el desarrollo de China ha sido objeto de todo tipo de sanciones y obstáculos ilegales por parte de EEUU, en violación del derecho internacional. Especialmente en los últimos años, «EEUU y Occidente, en nombre de la “teoría del exceso de capacidad de China”, han dado alas al proteccionismo y otras prácticas hegemónicas, a la politización del comercio y de las cuestiones científicas y tecnológicas, instrumentalizando todo ello para convertirlo en armas desesperadas para preservar la hegemonía, sin importar los graves desastres que con ello pudiera provocar en el desarrollo económico mundial»[13]. Las medidas estadounidenses para frenar a China mediante el proteccionismo ilegal de la «globalización inversa» están destinadas a perjudicar el desarrollo normal de este país y de la economía mundial, y a su vez supondrán un daño enorme a la economía del propio EEUU[14].

El actual uso perjudicial de los mecanismos multilaterales internacionales por parte del Gobierno de EEUU ha afectado gravemente a la autoridad y la credibilidad del sistema internacional, así como la falta de inclusividad y equidad en el sistema tradicional de gobernanza económica mundial ha seguido poniendo de relieve la incapacidad para lograr un avance en el desequilibrio de las operaciones económicas mundiales, todo lo cual está provocando que dichos sistemas se estén modificando de forma silenciosa.

Debido al ascenso económico de los mercados emergentes y los países en desarrollo, debilitando objetivamente la posición dominante absoluta de los países hasta ahora hegemónicos, en el poder económico mundial predomina la tendencia multipolar; por su parte, dichos países hegemónicos, con el fin de salvaguardar sus propios intereses, en paralelo a la aplicación del proteccionismo comercial también reducen la positividad de su suministro de bienes públicos mundiales. La gobernanza hegemónica original de las grandes potencias se ha transformado en una realidad en la que operan ya multisujetos de cooperación y de cogobierno. Pese a ello, las Administraciones de Joe Biden y Donald Trump se han esforzado por mantener el autoproclamado «liderazgo» mundial de EEUU y han continuado fortaleciendo la alianza transatlántica y la transpacífica, con vistas a trazar una política comercial, financiera, científica y tecnológica común hacia las llamadas «economías no de mercado» y a intensificar sus esfuerzos para obligar a los países en desarrollo a tomar decisiones contradictorias, en un intento de cambiar la tendencia a la multipolarización del mundo.

Sin embargo, la aparición de nuevas organizaciones de gobernanza económica y política regionales y basadas en bloques, como los BRICS, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la Organización de Cooperación de Shanghái, el Grupo de los 77 y China, y el Grupo de los Veinte (G20), ha propiciado la integración gradual de las economías en desarrollo en el sistema de gobernanza mundial, y ha dado lugar a la cooperación regional y a diálogos de alto nivel, que se han convertido en sobresalientes plataformas de acceso a la cooperación multilateral. En particular, bajo la guía de la teoría diplomática china y la política del marxismo, China ha planteado sucesivamente el concepto de una comunidad de destino humano compartido como el núcleo de su propuesta, que se ha ampliado para incluir la Iniciativa de la Franja y la Ruta y las iniciativas sobre el Desarrollo Global, la Seguridad, la Civilización, la Gobernanza de la IA y el No Primer Uso de las Armas Nucleares, que han contribuido a la estabilidad del sistema económico y político global. Estos impulsos han ampliado el nuevo pensamiento sobre la gobernanza económica y política mundial.

En la ONU, en la veintiunava sesión celebrada el 10 de noviembre de 2022, el representante de Pakistán, en nombre de los estados miembros que son parte del Grupo de los 77 y China, presentó un proyecto de resolución titulado «Hacia un nuevo orden económico internacional»; y en su veintidosava sesión, celebrada el 21 de noviembre de 2022, esta fue aprobada por las Naciones Unidas. Entre los votos emitidos, 124 fueron a favor de la resolución y estuvieron encabezados por China y Rusia; hubo 50 votos en contra, liderados por EEUU, Ucrania, Reino Unido, Japón y Corea del Sur; y 2 abstenciones, entre ellas la de Turquía. Esto refleja plenamente las intenciones reales de EEUU y otros países neoimperialistas y neocolonialistas y sus aliados de mantener el irracional orden económico internacional, así como demuestra los buenos propósitos de un gran número de países en desarrollo y países del Sur, representados por China y Rusia, al exigir activamente la reforma del viejo e injusto orden internacional y el fortalecimiento de la gobernanza económica mundial. Puede apreciarse que no sólo interesa a una mayoría de Estados miembros resistir y contrarrestar la gobernanza hegemónica económica, política y militar «a la estadounidense», sino también aunar esfuerzos para construir una comunidad de intereses, responsabilidad y destino, que es un requisito práctico para que los países avancen hacia la prosperidad común, pero también una necesidad para el mantenimiento de la paz y el desarrollo mundiales.

Cabe señalar que los actores que intervienen en la gobernanza económica mundial van desde los Estados soberanos, los grupos de Estados y las organizaciones internacionales hasta las empresas transnacionales, las organizaciones no gubernamentales, los movimientos sociales, etc., y que a menudo son los países grandes o poderosos los que desempeñan un papel más importante entre estos actores. En la actualidad, una gobernanza económica y política internacional eficaz sólo puede lograrse realmente en el contexto de la gran lucha de los países del Sur contra la neohegemonía, el neoimperialismo, el neocolonialismo, el neorracismo, el neoliberalismo y el neofascismo; en particular poniendo fin a los conflictos ruso-ucraniano y de Oriente Próximo desencadenados por EEUU y Occidente, y a sus intentos por desencadenar otros tantos en varias regiones del Indo-Pacífico.

Cheng Enfu[15]

[1] Xi Jinping, «Ganar la culminación integral de una sociedad moderadamente acomodada y conquistar la gran victoria del socialismo con características chinas en la nueva era», Beijing, Editorial del Pueblo, 2017, p. 14.

[2] Agencia de Noticias Xinhua, «Resolución sobre el Informe Político del Octavo Congreso Nacional del Partido Comunista de China», Diario del Pueblo, 27 de septiembre de 1956, p. 1.

[3] Agencia de Noticias Xinhua, «Grasping the Revolution and Promoting Production», Diario del Pueblo, 7 de septiembre de 1966.

[4] Nuestro corresponsal, «La Constitución es la Ley Fundamental y la cristalización teórica de la reforma y apertura. Entrevista con el profesor Cheng Enfu, miembro de la UNESCO y del Comité de Salud de la Asamblea Popular Nacional», Estudios Marxistas 11 (2018).

[5] Cao Lei y Cheng Enfu, «New China’s 60 Years of Economic Development is a Brilliant Whole», Army Politics and Labour Theory Research 4 (2009), pp. 94-98.

[6] Maurice Meisner, «To Build a New China. The Mao Era through the Eyes of a Foreigner», Excellence 12 (1998), pp. 35-38.

[7]Annotated Resolutions on Several Historical Issues of the Party since the Founding of the State, Beijing, People’s Publishing House, 1983, p. 63.

[8] Xi Jinping, «Construir con éxito una sociedad moderadamente próspera en todos los aspectos y aprovechar la gran victoria del socialismo con características chinas en la nueva era», Beijing, Editorial del Pueblo, 2017, p. 19.

[9] Cheng Enfu, «El gran logro del marxismo y su teoría de la sinización. Una discusión sobre el pensamiento económico de Xi Jinping del socialismo con características chinas en la nueva era», Southeast Academic 5, 1-8 (2018).

[10] «Crecimiento del PIB del 5,2% en 2023: análisis de los principales indicadores económicos de China», China Briefing, 18 de enero de 2024 [https://www.china-briefing.com/news/chinas-gdp-in-2023/]. El informe fue redactado y producido por el bufete internacional de abogados DezanShira & Associates.

[11] Djoomart Otorbaev, «BRICS Set to Be Bigger, Stronger Amid Push for Unity» [https://www.chinadaily.com.cn/a/202304/27/WS6449cc4aa310b6054fad00c2.html].

[12] Arendse Huld, «GDP Expands 5.2% in 2023. Analyzing China’s Key Economic Indicators» [https://www.china-briefing.com/news/chinas-gdp-in-2023/].

[13] Cheng Enfu y Chen Jian, «Evaluating the “China’s Overcapacity Theory” Speculated in the US and the West», Studies in Political Economy 2 (2024).

[14] Sun Shoutao y Zhang Chaoyang, «The Nature, Roots and Consequences of the Return of US Protectionism», Haikai Economics 2 (2024).

[15] Expresidente de la Academia de Marxismo, miembro y profesor de la Academia de Ciencias Sociales de China, presidente de la Sociedad Mundial de Economía Política y redactor jefe de la revista trimestral internacional en lengua inglesa World Marxist Review y de la Review of World Political Economy.

Cronología

1921-1949: Fundación y guerra civil

1921:

Fundación del Partido Comunista de China (PCCh) en Shanghái.

1924:

«Primera cooperación» entre el PCCh y el Kuomintang (KMT).

1927-1937:

Guerra civil china entre el PCCh y el KMT.

1928:

Moscú acoge el VI Congreso del PCCh.

1935:

Conferencia de Zunyi.

1937-1945:

Segunda Guerra Sino-Japonesa.

1945-1949:

VII Congreso del PCCh y reanudación de la guerra civil china: victoria del PCCh.

1949:

Proclamación de la República Popular China (RPCh) por Mao Zedong en Beijing; el KMT se retira a Taiwán.

1950-1976: Maoísmo

1950-1953:

Participación de China en la Guerra de Corea.

1953:

I Plan Quinquenal.

1956:

VIII Congreso del PCCh.

1958-1961:

Gran Salto Adelante.

1966-1976:

Revolución cultural.

1968:

IX Congreso del PCCh.

1971:

China ocupa el asiento de la República de China (Taiwán) en la ONU como representante legítimo del país.

1972:

Visita del presidente de EEUU, Richard Nixon, a China, mejorando relaciones.

1976:

Muerte de Mao Zedong; fin de la Revolución cultural.

1978-2012: Denguismo, reforma y apertura

1978:

Deng Xiaoping impulsa reformas económicas y apertura al exterior.

1982:

XII Congreso del PCCh.

1987:

XIII Congreso del PCCh.

1989:

Protestas en la plaza de Tiananmen. Jiang Zemin asume la Secretaría General del PCCh.

1992:

XIV Congreso del PCCh y aceleración de reformas económicas y crecimiento del sector privado.

1997:

Hong Kong regresa a la soberanía china tras ser colonia británica.

1999:

Macao vuelve a China tras ser colonia portuguesa.

2001:

China ingresa a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

2002:

Hu Jintao asume la Secretaría General del PCCh.

2008:

Juegos Olímpicos de Beijing, símbolo del ascenso global de China.

2010:

China se convierte en la segunda economía más grande del mundo.

2012-hoy: Xiísmo, la nueva era

2012:

Xi Jinping asume la Secretaría General del PCCh.

2013:

Lanzamiento de la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

2018:

EEUU impulsa una guerra comercial contra China.

2019:

Protestas en Hong Kong.

2020:

El covid-19 surge en Wuhan y se expande globalmente.

2021:

Centenario del Partido Comunista de China.

2022:

Juegos Olímpicos de Invierno en Beijing.

2023:

Crecimiento de la influencia china en Asia y tensión con EEUU y Taiwán.

2024-2025:

Importantes avances en tecnología, exploración espacial y geopolítica.

Introducción

La sinización del marxismo es la clave ideológica principal que explica el largo proceso auspiciado por el Partido Comunista de China (PCCh) a partir de su fundación y que ha transformado el país de forma radical. En esa densa trayectoria, el PCCh se ha afanado en trazar un camino propio, capaz de dar respuesta a las singularidades determinantes que han influido en la consecución de su objetivo principal, es decir, la conquista del poder y la construcción de una sociedad alternativa, de orientación socialista.

La sinización del marxismo es, pues, la adaptación dialéctica del marxismo por parte del PCCh en el proceso de revolución, construcción y reforma a largo plazo. Expresa un bagaje teórico y sintetiza toda una experiencia práctica única formada al combinar los principios básicos del marxismo con la realidad de China. Por tanto, esta combinación incorpora las tradiciones históricas y culturales de China, así como también refleja la práctica social en dicho contexto bajo condiciones específicas. Por último, como veremos, aporta altas dosis de innovación conceptual.

Cabe considerar que la plasmación de un modelo de socialismo propiamente chino no se instrumenta a lo largo de un camino rectilíneo o libre de obstáculos, sino que es un proceso inagotable basado en la experimentación, en el cual se aprende una vez tras otra de una experiencia marcada por aciertos y errores y por la exploración continua de nuevas vías que igualmente no sólo deben tener en cuenta los factores internos, sino también internacionales.

En China, el PCCh ha desarrollado y consolidado una actitud hacia el marxismo que reivindica el alto valor de la práctica política como activo para el aprendizaje y actualización, como fuente de inspiración para avanzar en la construcción de una sociedad alternativa. Por consiguiente, el énfasis no se pone tanto en la crítica del modelo capitalista como en la forma en la que China puede avanzar por un camino propio hacia la construcción de una sociedad socialista.

Lo que plantea el PCCh es el desarrollo del marxismo en un marco concreto, de forma que pueda adaptarse a las demandas políticas de la coyuntura, erigiéndose así en un valioso complemento del marxismo académico –instituido como el verdadero suelo sobre el que construye el desarrollo del país en todos los órdenes–. Esa praxis es para el PCCh una fuente capital de valor para enriquecer el marxismo, no para desviarse de él.

La idea de que los principios marxistas pueden ser enriquecidos, ampliados o modificados a partir de la profundización de la comprensión teórica y del desarrollo de la práctica confiere al PCCh un amplio poder de innovación que le libra de los hábitos del pensamiento dogmático. En consecuencia, asumiendo que el marxismo sigue desempeñando un papel rector, reafirmándose a cada paso como el contenido fundamental y dominante en la sociedad china, se abre la posibilidad de implementar un aprendizaje propiamente chino, adaptado sobre la base de la coherencia respecto a los principios básicos de modo que los quiebros subsiguientes no supongan a largo plazo ni su deterioro ni su destrucción. Para el PCCh, la clave radica en aprehender como punto de partida las condiciones nacionales, en este caso de China.

La emancipación de la mente es la actitud indispensable para el desarrollo innovador del marxismo, asegura el PCCh. El pensamiento guía la acción. Para adaptar aún más el marxismo al contexto chino es necesario que esa mente emancipada analice e investigue los problemas reales que surgen en cada época. Por otra parte, de ello se deriva que no todos los países ni partidos deben seguir una misma hoja de ruta para conseguir sus objetivos. Puede haber caminos alternativos adaptados a las circunstancias concretas de desarrollo[1].

En China, el camino de desarrollo innovador del marxismo se sustenta en el principio de «buscar la verdad en los hechos»[2]. En los últimos 100 años, los comunistas chinos se han afanado en partir de la realidad inmediata, integrando la teoría con la práctica, tratando de analizar correctamente las condiciones nacionales actuales de China y aplicando el marxismo para guiar la práctica. El énfasis en la observación de un camino singular para construir el socialismo con características chinas se ha erigido en condición inexcusable para seguir encontrando las respuestas adecuadas a las demandas de la sociedad.

La vitalidad de la teoría reside en la capacidad para sostener y promover una innovación continua. A lo largo del siglo de exploración intelectual del PCCh, las formas teóricas, los temas de cada época y las expresiones discursivas del marxismo siempre se han desarrollado junto con las circunstancias históricas, lo que vendría a demostrar la calidad teórica del marxismo adaptado al contexto chino, desarrollado de forma constante y avanzando con los tiempos.

En la visión del PCCh, el desarrollo innovador del marxismo requiere tomar como base prácticas específicas de distintos periodos históricos, establecer diferentes temas teóricos y categorías de investigación en diversas condiciones espaciales y temporales, y explorar constantemente nuevas formas de resolver contradicciones y problemas[3].

Si China se ha desarrollado rápidamente, ha sido bajo la guía del marxismo, asegura el PCCh, lo cual demostraría la utilidad de dicha ideología, el poder teórico y la importancia trascendental del marxismo en el siglo xxi. Aunque los tiempos actuales han cambiado profundamente en comparación con los de Marx y Engels, conceptualmente todavía nos hallamos en la «era de transición del capitalismo al socialismo», como indica el marxismo. Por tanto, ya sea para innovar y desarrollar el marxismo o para investigar y resolver los problemas relacionados con el progreso de China, aún se necesita comprender y aplicar científicamente las posiciones, puntos de vista y métodos marxistas, enfatiza el PCCh. Es sobre la base de heredar los principios básicos del marxismo que los comunistas chinos plantean mejorar constantemente la innovación teórica adaptándola a las circunstancias reales.

En esa exploración teórica, transcurridos 100 años de su fundación (1921), el PCCh divide principalmente en dos aspectos la adaptación del marxismo a su contexto.

En primer lugar, se le ha dado al marxismo una nueva connotación adecuada a los tiempos, basada en las realidades específicas que afronta China en la etapa histórica actual. Este marxismo con características prácticas diferenciadas se utiliza para comprender y transformar el mundo.

En segundo lugar, la experiencia china, que surge de la práctica, se resume, se encapsula y se eleva a la altura de la teoría.

Xi Jinping, en el centenario de la fundación del PCCh (2021), dijo que «el marxismo es el pensamiento rector fundamental que condujo a la fundación del PCCh en 1921 y de la Nueva China en 1949. Es el alma y la bandera del PCCh. Y la historia de 100 años del PCCh es la historia de cómo el marxismo se ha localizado en China, la historia de cómo el pueblo chino ha desarrollado y practicado el marxismo»[4].

En la perspectiva del PCCh, el mundo está experimentando cambios profundos: la situación internacional se torna cada vez más complicada, la economía mundial se desacelera, el proteccionismo comercial aumenta y la globalización económica se enfrenta a desafíos aún más graves.

En el interior del país, la contradicción principal ha evolucionado desde una tensión entre las necesidades materiales y culturales cada vez mayores de la sociedad y una producción social atrasada hasta una contradicción entre «un desarrollo desequilibrado e inadecuado y las necesidades cada vez mayores del pueblo de una vida mejor». En ese marco, el PCCh impulsa a la colectividad china hacia la realización del proyecto histórico de rejuvenecimiento nacional, el llamado «sueño chino» evocado por Xi Jinping[5].

El PCCh necesita gestionar eficazmente estos imperativos nacionales e internacionales para salir airoso de esta delicada coyuntura. Y para ello plantea tomar medidas para resolver esa actual contradicción principal de la sociedad china y promover la sinización del marxismo con una clara comprensión del complejo y cambiante entorno internacional.