Masculinidades al plato - Hugo Huberman - E-Book

Masculinidades al plato E-Book

Hugo Huberman

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Beschreibung

Este libro implica un ejercicio colectivo de producción de saberes y haceres en nuestra Ámérica profunda, de alianzas y empatías, de reciprocidades. Cada texto es un plato sabroso de diversos ingredientes como son las masculinidades, plurales, diversas. El plato único no existe en este desarrollo, se adapta a esa diversidad como puede, pero aún está vivito y coleando entre nos, generando violencias y dolor. Esa diversidad de masculinidades deben ser vistas como situadas, ese ser está en un tiempo y espacio específico, las significa, les da sentido y realidad. Da cuenta de un activismo preciso articulado en diferentes redes de incidencia política, desde cárceles hasta trabajo con pueblos originarios, desde estar siendo jóvenes hasta los adultos mayores. Recorrer este menú empático interpela nuestras formas de acción, visibiliza lo oculto bajo el poder de nuestras culturas, muestra que no todo está perdido en la búsqueda de igualdad y no violencia. Quienes participamos de este emprendimiento no estamos solos ni solas, somos parte de colectivos que nos contienen y nutren, es fundamental este punto desde mi mirada, ser parte de redes continuas de indagación crítica de lo que vamos haciendo. La mesa está servida, los platos también.

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Seitenzahl: 251

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Masculinidades al platoMix de textos desde América

Masculinidades al platoMix de textos desde América

Coordinador:Hugo Huberman

Autores:Daniel Montes Pimentel, Jesús Israel Nieves Romero, Vinicio Buitrago, Ariel Sanabria, Gustavo A. Escobar, Hugo Alberto Varas Yance, Javier Lobaton Vargas, Angélica Rodríguez Abad, Hugo Huberman

Colección “Proyectos de investigación”

Índice de contenido
Portadilla
Legales
Prólogo
Cuando no encuentras las palabras, está el arte. El trabajo con varones de La Otra Banda. Dr. Daniel Montes Pimentel. Mtro. Jesús Israel Nieves Romero
La educación popular en el trabajo de masculinidades. Vinicio Buitrago
ESI en clave de masculinidades. Aspectos para trabajar con jóvenes en educación y salud en la relación de los varones con los cuidados. Ariel Sanabria
Masculinidades, referencias y prácticas escolares en los adolescentes varones de González Catán. Lic. Gustavo A. Escobar
Masculinidades, violencias de género y socio teatro, en comunidades indígenas de Oaxaca, México.Hugo Alberto Varas Yance
Antecedentes. Machismo e Impunidad. Javier Lobaton Vargas
Migración de retorno, paternidades y vejeces: una mirada analítica desde los estudios de género de los hombres y las masculinidades. Angélica Rodríguez Abad
Patriarcado, jerarquías y reputaciones. Poner en crisis lo obvio. Hugo Huberman
Sobre los autores

Masculinidades al plato : mix de textos desde América / Hugo Huberman ... [et al.] ;Compilación de Hugo Huberman. - 1a ed - Paraná : Editorial Fundación La Hendija, 2024..Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga ISBN 978-631-6612-05-2

1. Estudios de Género. 2. Psicología. 3. Trabajo Social. I. Huberman, Hugo, comp.

CDD 305.32

Título:

Masculinidades al plato. Mix de textos desde América

Coordinador:

Hugo Huberman

Autores:

Daniel Montes Pimentel, Jesús Israel Nieves Romero, Vinicio Buitrago, Ariel Sanabria, Gustavo A. Escobar, Hugo Alberto Varas Yance, Javier Lobaton Vargas, Angélica Rodríguez Abad, Hugo Huberman

Primera edición otoño de 2024

I.S.B.N.: 978-631-6612-05-2

© por La Hendija ediciones

Panamá 726 (C.P.3100)

Paraná. Provincia de Entre Ríos.

República Argentina.

Tel:(0054) 0343-154381539

e-mail: [email protected]

www.lahendija.org.ar

Diagramación: Martín Calvo

I.S.B.N.: 978-631-6612-05-2

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723

Digitalización: Proyecto 451

Prólogo

Queridos lectores:

Este libro implica un ejercicio colectivo de producción de saberes y haceres en nuestra Ámérica profunda, de alianzas y empatías, de reciprocidades.

Cada texto es un plato sabroso de diversos ingredientes como son las masculinidades, plurales, diversas.

El plato único no existe en este desarrollo, se adapta a esa diversidad como puede, pero aún está vivito y coleando entre nos, generando violencias y dolor.

Esa diversidad de masculinidades deben ser vistas como situadas, ese ser está en un tiempo y espacio específico, las significa, les da sentido y realidad.

Da cuenta de un activismo preciso articulado en diferentes redes de incidencia política, desde cárceles hasta trabajo con pueblos originarios, desde estar siendo jóvenes hasta los adultos mayores.

Recorrer este menú empático interpela nuestras formas de acción, visibiliza lo oculto bajo el poder de nuestras culturas, muestra que no todo está perdido en la búsqueda de igualdad y no violencia.

Quienes participamos de este emprendimiento no estamos solos ni solas, somos parte de colectivos que nos contienen y nutren, es fundamental este punto desde mi mirada, ser parte de redes continuas de indagación crítica de lo que vamos haciendo.

La mesa está servida, los platos también.

Mi agradecimiento especial a Carmen Chuchuy Juarez de Fundación Gema por su confianza y paciencia.

Hugo Huberman

Buenos Aires

ENERO 2024

Cuando no encuentras las palabras, está el arte.El trabajo con varones de La Otra Banda

Dr. Daniel Montes Pimentel (1)

Mtro. Jesús Israel Nieves Romero (2)

Introducción

Cuando tenemos tantas historias por contar y acompañar, a veces las palabras no salen, a veces los hombres no tienen las palabras para expresar lo que han vivido, no saben poner en palabras los sentimientos que han experimentado, las violencias que han ejercido y los problemas que les ha ocasionado el ejercicio de la violencia hacia sus parejas, hijos, hacia sí mismos y la comunidad. Estas historias también son acompañadas por las historias de los barrios de La Otra Banda. Por eso, para conocer lo que son los varones con los que trabajamos es importante reconocer los barrios donde nacieron y crecieron; no podemos borrar nuestro pasado el cual fue forjando y construyendo lo que hoy somos.

El presente capítulo de libro explica cuál es la historia de los varones de los barrios de La Otra Banda que acuden al grupo terapéutico y a diversas actividades del colectivo sobre masculinidades y del por qué de la decisión de trabajo desde el arte que se condensó en un monólogo llamado “ya no vuelvo contigo” frase que replantea el encuentro consigo mismo, y si realmente un varón quiere volver consigo mismo.

El capitulo se divide en tres partes, la primera en entender cuál es la historia de La Otra Banda y del espacio del Centro Cultural “La otra banda”, la segunda parte un recorrido de las diversas acciones artísticas realizadas y cómo todo este caminar, cómo es que estas historias y los contextos de los barrios llevaron a una metodología de trabajo con ellos desde el arte y la salud mental comunitaria. Por último, unas reflexiones para seguir el trabajo con hombres en los barrios entendiendo las diferentes posibilidades de cada varón para trabajarse y se posibilite la realización de acciones de violencia.

¿Qué es La Otra Banda?

Para hablar del colectivo de La Otra Bandita donde se realizan las actividades de masculinidades, es necesario hablar de los Barrios de La Otra Banda; su origen se remonta a la época de la colonia donde la gente se asentó en los barrios a partir de la migración de las comunidades aledañas y de quienes fueron desplazados del centro de la ciudad de Querétaro, México. Existía una división natural que era el Río Universidad que dividía la ciudad entre dos poblaciones; la primera de la gente del centro de la ciudad que era de la clase política y adinerada, y la segunda la gente “de la Otra Banda” gente campesina, migrante, obrera e indígena que fue excluida de la ciudad.

La primera gente indígena que se asentó en la Otra Banda se remonta al S. XVI y desde entonces se marcaba esta gran división debido a que existían pocos puentes para cruzar el río hacía el centro, lo que ocasionó que la calle de Invierno, donde se encuentra ubicado La Otra Bandita, fuera una de las pocas calles de acceso al centro donde los indígenas se bañaban, se vestían (3) y preparaban la mercancía para vender en el centro de la ciudad o se quedaban en los barrios de La Otra Banda a realizar trueque de mercancías. Esta segmentación de la ciudad fue muy marcada y los Barrios de la Otra Banda fueron creando su identidad a partir de la migración, la exclusión, de espacios para “adecuarse para entrar al centro de la ciudad”, de vivir del comercio y del trueque y de una gran devoción hacía la religión católica que se manifiesta en construcciones que hacen referencias a esta devoción religiosa.

La modernidad también ha contribuido a la trasformación de los barrios. En 1903 se marcó un hito en la historia de Querétaro. Ese día, el presidente Porfirio Díaz presenció la inauguración del Ferrocarril Nacional de México, promoviendo un notable desarrollo económico y social en la región; convirtiéndola en un emblema de prosperidad y modernización en Querétaro. Sin embargo, mientras el ferrocarril avanzaba hacia el progreso, la ciudad se transformaba y para 1963, la modernización urbana trazó la calle de Corregidora Norte abriendo un nuevo momento histórico porque dividió los nueve barrios de la Otra Banda en dos espacios. Por una parte, los barrios de San Sebastián, San Roque, El Cerrito, San Gregorio y Santa Catarina. Y por otra, La Trinidad, El Tepetate y El Retablo.

Al igual que al ser un lugar de transito para el centro de la ciudad y estar fuera de la “dinámica de la clase social del centro” se crearon diversas cantinas y pulquerías en los barrios de La Otra Banda, los cuales se convirtieron en espacios de prostitución, de “mala muerte”, “bravos”. Es ahí en la calle Invierno, la calle de transito hacía el centro de la ciudad, donde se abre la cantina “La Chapala”, cantina de mala muerte y prostitución, donde los varones podían contar sus historias, de cómo pasaban sus días en la borrachera, como invitaban a las ficheras una copa para enamorarlas, donde los varones hablaban de sus dolencias de corazón, los varones del centro de la ciudad acudían para poder estar fuera de las normas religiosas o los usuarios del tren podían pasar por una copa y caricias para después seguir su camino.

Es en la Cantina “la Chapala que tiene una historia de alcohol, de cantina brava, incluso de prostitución, entonces a partir de ahí establecimos la dinámica de que estábamos en un lugar emblemático con una problematización que es parte del propio entorno y la primera propuesta que hicimos fue que este espacio tenía que tener una nueva significación”. José Guadalupe Nieves López, José Ramón Morales Hernández y María luisa Nieves Medrano, originarios de los barrios de La Otra Bandita, deciden comenzar un viaje creando el Instituto de Experimentación y Formación Artística A.C. e inaugurando el Centro cultural La Otra Banda en 2007.

El proyecto se inicia con un enfoque en las artes, especialmente en el teatro, y poco a poco ganamos la confianza de la comunidad a través de acercamos a las personas de la iglesia, los cronistas del barrio, y cualquier alma amante de la cultura que quisiera unirse a nuestra causa. Nuestro primer objetivo era claro: poner la cultura al alcance de todos. A medida que crecimos nos percatamos que la salud mental era importante y no estaba al alcance de todos.

Así que en 2018, después de dos años de trabajo y replanteamiento, volvimos a transformarnos bajo tres elementos cruciales. I) dentro de la otra banda, hay otras banditas que también se encuentran en desigualdad, de ahí nace el colectivo “La otra bandita” para retomar la idea que en los mismos barrios existen diversas banditas que tienen que ser atendidas, que existe muchas diferencias también en los barrios. II) al trabajar desde la salud mental comunitaria, nos percatamos que la violencia era un tema recurrente, que teníamos que empezar a hacer actividades en el territorio y hablar de las violencias en los barrios; especialmente la que ejercen los varones. Y III) retomamos el logo de la tortuga porque antes era común ver tortugas de río en los barrios de la Otra Banda y una tortuga siempre lleva su casa en su espalda (su caparazón), por eso retomamos la frase “el caparazón se cuida entre todxs” haciendo alusión que los habitantes del barrio son los que tienen que cuidar su casa, sus barrios.

¿Cómo trabajar con los varones escuchando sus historias y las historias de los barrios? El arte como formas de acercamientos

El uso del arte en el colectivo de La Otra Bandita ha sido en diversos momentos. El primero (4) de ellos fue el “tejido colectivo” acompañados de la Colectiva Hilos, donde en las calles se invitaba a tejer una mancha roja que representaba sangre por las desapariciones, los feminicidios y las acciones de violencia. Este tejido colectivo tenía como objetivo mostrar que la mancha roja, si no prestábamos atención se haría cada vez más grande o, por el contrario, si empezábamos a realizar actividades en los barrios podríamos pararla o reducirla. El fenómeno que pasó fue que eran pocos varones tejiendo y muchas mujeres atendiendo el llamado, pero permitió empezar a trabajar con las mujeres y hacer evidente desde un tejido colectivo puesto en las calles la violencia que se ejerce.

El segundo fue la creación de un rap referente a los grupos de hombres llamado “sin nombre: tú nómbrala como te convoque (5)” el cual se busco distribuir a través del WhatsApp en los habitantes de los barrios. El tercer producto fueron dos minidocumentales sobre el grupo terapéutico de hombres y de mujeres (6). El cuarto producto fue un poema actuado por un artista de Querétaro y escrito por la compañera Gabriela Sarahi Vilchis Moreno llamado “Ser un macho no tiene sentido”, que se realizó en el marco del día del hombre: nada que festejar para hablar de las acciones de violencia de los varones (7). El quinto fue una canción de Luna mexicana llamada “nuestra sombra (8)” que buscaba plasmar en una canción la violencia hacia las mujeres. El sexto fue otro rap llamado “ni una menos (9)” escrita por Leack Gyal, con segunda voz de Alexia Bizarre. Se hizo otro documental llamado “nombrarse hombre (10).” Posteriormente, se montó una obra de teatro llamada “Mi sombra es rosa” de Scoot Stuart que invita a la reflexión y a atreverse a ser diferente.

Estos productos permitieron ir colocando al colectivo de La Otra Bandita como referencia de que las masculinidades podían trabajarse desde el arte y que era una forma de trabajo porque todas las actividades anteriores ayudaron a que hombres acudieran al grupo, se empezaran a llenar los talleres sobre las masculinidades, especialmente de paternidades, nos buscaron diferentes asociaciones para dar talleres, pláticas, conferencias, pero al final estaban siendo mujeres actuando, cantando o realizando su arte para enunciar la violencia, se involucraban más mujeres en las actividades del colectivo y los varones que se acercaron eran mayoritariamente fuera de los barrios de La Otra Banda.

El espacio cultural se volvió un espacio de trabajo de las masculinidades, de encuentro desde el arte; permitiendo fortalecer la dinámica del colectivo en esta búsqueda constante de renovación, creatividad, recuperación de ideas y buscar constantemente nuevas formas de encuentro con la gente de los barrios. Todo lo anterior nos hizo replantearnos ¿qué pasaba con los varones de la otra banda? Y ¿qué teníamos qué hacer con los varones que no quieren ir ni buscan un cambio, que están en las cantinas, en el barrio haciendo su vida, haciendo acciones de violencia? Lo primero que se replanteó es que, si bien teníamos los enfoques de la salud mental comunitaria, la cultura de paz, las masculinidades, aún nos faltaba hacer la conexión entre estos saberes con los saberes de los contextos de los barrios.

Primero, recordamos que la historia de los varones de La Otra Banda viene desde la exclusión y pocas oportunidades de trabajo o de crecimiento. Esta idea aún permanece porque es común escuchar a la gente decir “que el centro no es de ellos” y “del barrio es donde pertenezco” lo que ha ocasionado que la gran parte de la población mantenga su vida dentro de los barrios, ya sea a través de su negocio, comercios informales y de las actividades de su mercado. Es decir, la gente de los barrios de La Otra Banda permanece aún muy arraigada a una historia de exclusión, fragmentación y aislamiento; ya que en la actualidad los barrios han quedado en medio de la ciudad y están viviendo procesos de gentrificación y pérdida de espacios y de trabajo.

Segundo, entender que la presencia de un fenómeno individual en repetidas ocasiones lo convierte en un fenómeno social y que tendría que ser una intervención desde lo social y lo subjetivo (Cristhlieb, 2013). Son muy repetidas las historias de violencia hacía las infancias y las mujeres que ejercían los varones, su ausencia en las dinámicas del hogar, en el consumo problemático, en la falta de cuidado, en sus problemas para comunicarse con los demás, en expresar sus emociones; pero también, en las historias de dolor, fracasos, frustraciones, estrés, abandono, resistencias al cambio, en sus ejercicios de poder y sus acciones de violencia.

Bajo estos dos principios se empezó a retomar la salud mental comunitaria, los cuidados, la cultura de paz, porque permiten ampliar la discusión teórica y metodológica más allá de un ejercicio entre dos personas en un dispositivo terapéutico o a través de talleres o pláticas. Si no pensarlo desde que las comunidades tienen una dinámica social, estructuras sociales y sujetos con sus propias historias. Con esta apertura lo que se ha buscado es poder acompañar a los varones a transitar sus malestares, dolores, angustias, a reflexionar sus privilegios de ser varones en los barrios, sus acciones de violencia y sus ejercicios de abandono.

Recordar esto permitió replantear la creación de “espacios de encuentro” y que el arte era la vía para hacerlo ya que nos había abierto muchas puertas, pero faltaba hacer la conexión con los varones de los barrios. Por eso se volvió a realizar acciones de obras de teatro y sesiones del grupo terapéutico de hombres en diferentes espacios de los barrios como explanadas de las iglesias, en las esquinas de las calles o a lado del mercado en un día de tianguis. Bajo esta lógica el colectivo acude a los espacios donde nos inviten a trabajar, pero también en donde no nos inviten para crear espacios de encuentro y el arte es la herramienta para hacerlo.

A través del arte no se busca una terapia o una plática, sino un primer acercamiento donde los varones se vean identificados en el personaje y sea un primer momento de cuestionamiento de qué tanto se ven reflejados y por qué. Para lograr dicho objetivo, se hizo una recuperación de las historias de los varones de los barrios y de las historias de los que acuden al grupo terapéutico. Esto se condensó en un monólogo llamado “Ya no vuelvo contigo” donde se retoman las frases, experiencias, fracasos y ejercicios de poder de los hombres para plasmarlo en un mismo monólogo, pero en cuatro personajes diferentes para lograr así mayor identificación con los varones de los barrios.

Se retoman aspectos de la música que se escucha en el barrio, que para el caso de México se conoce como “música de banda” donde generalmente las canciones hacen referencia a hombres fuertes, viriles, con muchas mujeres y con gran poder adquisitivo; o, hablan de dolores por desamor y de abandono de la pareja, canciones que muestren que no son lo suficientemente hombres para ser amados, que no son hombres porque son cobardes o porque no tienen dinero. Por último, se ambienta en una cantina, donde se ponen elementos “masculinos” para crear un ambiente de confort en los hombres, para que antes de iniciar la obra se identifiquen con el espacio y se da un ambiente “masculino (11)” donde los hombres se sienten identificados con su vida cotidiana, en un lugar que recurrentemente habitan como la cantina y que no es desconocida esta dinámica de ambigüedad entre el hombre macho fuerte y el hombre que llora por desamor y puede hablar de sus penas ahí.

Al inicio de la obra se va plateando con el personaje las ideas de que él es un hombre normal amigo de los asistentes, que es un macho fuerte y seguro que no le teme a nada. Conforme avanza el monólogo se empieza a mostrar cómo los hombres justificamos la violencia y del por qué a pesar de sus acciones no es machista. Se retoman las frases que hemos recuperado por cuatro años del grupo terapéutico de hombres, de los diversos talleres que hemos impartido y de lo que se escucha en las calles y tianguis del Tepetate para crear un ambiente de complicidad. Esto es de suma importancia porque los varones no saben qué esperar del monólogo y en la primera parte se crea esta complicidad para que el varón no empiece a crear resistencias y se conecte con el personaje.

Por qué partimos de esto, porque al trabajar con los varones de los barrios por muchos años y ver sus resistencias e indiferencias al tema, nos dimos cuenta que teníamos que crear un espacio conocido de su vida cotidiana, crear complicidad y un espacio de diversión al ver diversos elementos de una cantina. Nos dimos cuenta que cuando se sentían así en otros eventos culturales donde no les negábamos ciertas acciones entraban al espacio y permanecían en las actividades culturales. De igual forma, podíamos llevar el monólogo a otras locaciones y con otros varones y se seguían identificando con la cantina, con el alcohol y los referentes a una diversión, a un espacio masculino (12).

Así se pensó la primera parte del monólogo, posteriormente viene un momento de ruptura donde el hombre empieza a cuestionarse y sobre todo al hablar de su familia, de sus padre y abuelo; esto porque en las sesiones de los grupos y los talleres es común recibir a varones con problemas con sus padres o cuidadores, varones que reconocen que su padre fue violento y existió un proceso de abandono, de no saber cómo transitar estos dolores que han cargado durante muchos años, reconocer en las frases de cómo justifican ciertas acciones de poder y violencia en sus padres, tíos, abuelos. Reconocer que estas figuras masculinas familiares han transitado diversas situaciones de mucho dolor como el abandono de la pareja, el rechazo de sus hijos, el odio a su padre, los problemas para establecer vínculos afectivos, sus problemas de consumo, y al final lo que pesa más: la soledad que ven en muchas figuras masculinas.

¿Cómo es que se da este quiebre en el monólogo?, antes de iniciar la obra se les pide que contesten una pregunta y lo escriban en un papel, estas frases son leídas en alguna parte del monólogo y es ahí cuando, si no se han conectado con el personaje, se ven mayor reflejados porque son sus propias palabras y expresiones utilizadas en el monólogo. Esta segunda parte del monólogo es cuando se cuestiona cómo es que el hombre siente y que muchas de las veces no se cambian o realmente ni se ha pensado que somos machistas. El ambiente cambia 180 grados ya que del cómplice amigo con el que se inició, se transforma: ah yo soy cómplice de mí mismo y estoy cegado; por ello no reflexiono ni me interesa trabajar mi masculinidad, no me doy cuenta que mis acciones y mis palabras a veces no concuerdan o mis palabras sirven para justificar mi violencia y mi sufrimiento, no me permite transitar a espacios de cuidado a vínculos más amorosos. Se hace un cuestionamiento de cuándo en verdad se ha cambiado o si solo somos una mejor versión de hombre, pero con nuevos recursos para ejercer de mejor forma el poder y el control y realmente a veces solo justificamos de mejor forma nuestras acciones de violencia.

Al final del monólogo se realiza un conversatorio a través de tres preguntas detonadoras y donde los varones lo pueden responder de dos formas, cuando es grupo pequeño a través de un círculo de reflexión donde los varones van respondiendo a las preguntas y, cuando es un grupo grande se pasan papeles y plumas para que contesten las preguntas y se depositen en una caja. Al final se pide si alguien quiere participar o si no se leen algunos de los papeles de forma anónima con la finalidad de que se sigan identificando con todo lo que ha pasado y no se rompa la atmósfera que permita a los hombres seguir sintiendo esa incomodidad, esa confrontación.

Para ello, antes de iniciar el conversatorio se pide a los varones no hablar y solo sentir lo que les pasa en el cuerpo, que poco a poco empiecen a escribir las respuestas, se busca que la atmosfera creada durante el monólogo sea utilizada en el conversatorio para poder cerrar con una reflexión que se da a partir de las participaciones y lo escrito, que la incomodidad perdure más allá del espacio del monólogo, que esta incomodidad les ayude a empezar a cuestionarse a sí mismos en su propia vida cotidiana, en sus contextos, en sus acciones concretas, en sus vínculos.

Por último, se decidió que quien dirigiera la obra fuera una mujer feminista, teatrera y con trabajo en barrios y fue Lucia Rosendo Herrera quien tomó la batuta de este monólogo (13) debido a que no queríamos que la visión fuera sesgada por los varones, que realmente existiera un trabajo completo desde el teatro para que se pudiera dar esta complicidad y este golpe a los varones que no se acercan al espacio y genere cuestionamientos en ellos. La directora también buscó que en la creación del personaje, los que representan al varón en el monólogo (14) mostraran su “macho” desde sus propias historias, lo que implica un trabajo personal de los participantes que permita una mejor recuperación del texto y así crear un ambiente de mayor confianza, pero también conectando cada uno con el dolor que permitía una mayor identificación con el personaje, ya que a pesar de ser el mismo monólogo son cuatro historias y formas diferentes de mostrar el machismo, las acciones de violencia, los dolores y sufrimientos.

Con todo lo anterior seguimos reafirmando que es difícil trabajar con varones si no se tiene un trabajo personal a través de un proceso grupal y acompañado por profesionales (15). Que tanto lo que se aprende desde la psicología y la salud mental comunitaria puede plasmarse en una obra de teatro y permite crear espacios de encuentro con varones que no les interesa trabajar su masculinidad. Consideramos que esta conexión que se está estableciendo entre diversos saberes es desde la psicología porque los varones requieren de un proceso terapéutico ya que persisten muchas historias de dolor, abandono y violencia o de odio y frustraciones.

Desde la salud mental comunitaria, porque si bien sí existen tipologías de hombres violentos, también se trabaja desde los malestares subjetivos y sociales (16) entendiendo que se tiene que analizar desde la construcción sociohistórica del malestar, la historia personal y la forma de darle sentido a su vida (subjetividad (17)); lo que nos lleva a ver que no todo es desde la razón o la lógica, sino desde lo emocional, estético, vincular, afectivo, moral, cultural, económico e histórico. Desde este enfoque nos permite vislumbrar que el sujeto le da sentido a sus prácticas a través de las diversas historias de los barrios, las cuales a veces son contradictorias, estresantes, injustas, de cuidado, de apoyo, de violencia y difusas, pero que le son de utilidad en sus acciones cotidianas, en la vida social y en su estructura psíquica. Y desde la psicología comunitaria y cultura de paz se busca la participación de todes en la construcción de espacios y relaciones de bienestar.

Para lograr una intervención desde estos enfoques el arte vuelve a aparecer porque al final nos referimos al arte cuando no existen palabras. Es una reflexión que nos tomó tiempo trabajarla y ver que los varones de La Otra Banda no tienen el recurso del habla, no pensándolo desde un aspecto peyorativo o por falta de educación, sino que en el contexto de los barrios ante las diversas adversidades sociales, educativas y comunitarias, los varones nunca han tenido una oportunidad de hablar, se les ha negado el habla y se les ha promovido el silencio o las frases de “a mí no me toca eso,” “eso es para gente educada”, “no sé”, “aquí solo toca trabajar”, “no tengo tiempo”, “el arte no es para mí”, “no, acá se sabe que tenemos que sufrir”, “nos toca ser los malos porque somos los del barrio”, “así nos educaron y así moriré”.

Asimismo, se les ha negado el sentir por su condición socioeconómica e histórica, es común escuchar frases de “para qué sentir si solo nos pondremos tristes”, “yo solo me enojo”; y lo que busca el monólogo es que sientan a través de la identificación del personaje, se descoloquen, sientan incomodidad, sientan lo que les transita en el cuerpo porque se les ha negado sentir y tenemos que recurrir a sentir el cuerpo y tratar de ponerlo en palabras con el conversatorio, después del monólogo, aunque no puedan enunciar una emoción.

Se pensó la ambientación y la música para que el varón pueda identificarse con su entorno y con sus acciones, tenga un espacio de confianza, de seguridad, pero también que su cotidianeidad estuviera en el monólogo. Que en un momento se le olvide que está en un espacio ajeno a su vida. Esto ha permitido no solo menor resistencia, sino que cuando se cierra el monólogo el varón pueda enunciar cosas desde asumir qué, sí ha dicho esas frases, sí soy yo el del ahí enfrente, sí lo he hecho en mi vida cotidiana.

Todo esto parece muy obvio, pero son reflexiones y adecuaciones que se han realizado a lo largo de cinco años de trabajo constante en los barrios y de replantearse el trabajo varias veces, pero lo que sí se tiene que enmarcar son las reflexiones que hemos tenido, una es entender la historia y el contexto. Dos tiene que ver cómo es que inició el proyecto y que estamos ubicados en la cantina La Chapala, un lugar históricamente conocido como bravo, duro, recio, fuerte, donde existía la prostitución y ahora es un espacio de cuidado, de encuentro, de muchos proyectos desde el barrio y con la gente del barrio, que fue primero una utopía y que hoy se mantiene gracias a la gente de los barrios. Recordar que todo espacio por mucha historia que tenga puede ser transformado, pero no cambiando el espacio físico, ya que aún permanece la barra, los cuartos de atrás donde estaban los espacios de la prostitución, que aún la gente reconoce que fue La Chapala.

Lo que si tiene que cambiar es lo que pasa al interior de este espacio y por ello el nombre del monólogo “Ya no vuelvo contigo”, es una reflexión de qué el varón tome la postura de reconocer su pasado, su contexto, pero que hoy ya no quiere volver consigo mismo, que se sienta incómodo consigo para poder iniciar un trabajo de acompañamiento. Y tiene su trampa el monólogo, debido a que el nombre y la canción del monólogo parece ser que habla de una relación amorosa y que una mujer ya no quiere regresar con el varón, y de ahí desplegamos las ideas de “vete y no vuelvas”, “yo te deje”, “aunque ruegues no vuelvo contigo” “como me abandonaste tengo que tomar para olvidarte”, “di todo y tú me abandonaste”. Por qué desde esta dinámica, desde el amor, porque en los varones de los barrios, y en muchos otros lados, es un tema que los mueve y los pone a reflexionar sobre qué hacen, muestran ese lado vulnerable desde el enojo y la incomprensión, del abandono de su pareja, porque muchos justifican que sí se puede llorar por un desamor y olvidarlo a través del alcohol. Desde la idea de no ser “dignos de amor” porque no son lo suficientemente hombres para que se enamoren de ellos.