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La historia trata de la búsqueda de Gustav por independencia económica. Subestimará los riesgos de las ilegalidades en su proceder, rodeado de un grupo de compañeros y amigos de nadie. Sorteará situaciones que lo harán vivir experiencias inexplicables y revivir historias ligadas a sentimientos del pasado. En el camino por encontrar la tan ansiada libertad financiera que le asegure la felicidad, encontrará el amor y obstáculos con los que no contaba.
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Seitenzahl: 545
Veröffentlichungsjahr: 2022
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Elsa Dicón
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1144-542-9
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«El que no lleva la carga, le parece que no pesa».
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ANÉCDOTAS
Cuando tenía doce años recuerdo hablar con mis amigos de la escuela y pensábamos lo lejos que estaba cumplir veintiséis años, ahora he pasado los treinta años y me doy cuenta de que nadie nos enseñó a no desperdiciar los segundos, no sé cuántos me quedan en cada abrir y cerrar de ojos.
CONFLICTO PRINCIPAL
Las situaciones que acarrea un proyecto clandestino donde la droga está en cualquier frente.
CONFLICTO SECUNDARIO
Las relaciones románticas que se entrelazan generando desbordes y situaciones complicadas.
PRÓLOGO
«No soy una alcohólica, es fácil tildar a las personas, si fuera alcohólica o tuviera problemas con la bebida, ¿habría tenido la lucidez de cambiar mi licorera de bolsillo con tapa hermética y personalizada? ¡No!, ¿verdad? Pues así fue, y me arrepiento solo un poco porque era un obsequio, no porque me haga falta, en ese momento valía más la cocaína que me dieron».
Los puntos de vista de cada personaje contemplan su manera de ver la vida, la presencia de determinada personalidad en cada juicio y/o decisión, los subespacios en las mentes no siempre proyectan el origen de sus acciones y el entorno de sus subespacios incide en los caracteres de nuestros pensamientos y la manera de ver el mundo. Las influencias de las decisiones en diferentes grados se verán esquematizados por el patrón de pensamientos, performance y proceder marcado para distinguir diferentes situaciones.
La percepción de la realidad irá de acuerdo al cóctel que circule por el plasma de cada personaje que en su mente dibujara alucinaciones o hechos ficticios que pasan a formar parte de sus pensamientos y, por ende, de su realidad.
Cada personalidad va ligada por un vínculo que va más allá de los esquemas de origen y de los sentimientos básicos de la vida, los errores y, sobre todo, la ceguera mental.
Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.
AGRADECIMIENTO
La vida es un espiral de ruleta rusa; por todo el control que quieras o desees ejercer sobre ella, te puede llevar a lugares y situaciones inesperadas, buenas o malas. En el pasado viví etapas desafortunadas que me llevaron a desear una historia mejor, la fuerza que le hice a mi mente terminó con un obsequio de la vida, encontré el apoyo a muchas decisiones erradas que me hicieron ver la línea recta del camino, dejando las fallas y dándome cuenta de que el mundo gira de distintas formas y hay que ver siempre lo bueno de todo, cuando me di cuenta, la abundancia de su amor había desbordado mi corazón, al punto de ver el final de mi vida, más allá del tiempo que me falte cumplir en este plano, doy gracias a la vida y al universo por tal obra de arte, sobre todo por haberla cruzado con mi vida, más allá de la eternidad, gracias por todo, mi amor, gracias mi Evita Linda.
CAPÍTULO I
Arrecia la lluvia, la luna no se presentó dejando la noche embarcada en oscuridad, frío y chubascos que golpean en la panorámica de la sala, parece una pared oscura, ya que los reflectores exteriores encandilan hasta la piscina, no dejando ver detrás del cristal… Adentro, los corazones acelerados no calientan, como se creería, los cuerpos fríos y vivos se divierten en un musical de vientos y realidades alternas.
Toda la casa es como una botella de leche, blanca, con un toque simple de nácar y plateado, la mesa del centro de la sala, de bases nacaradas, cristal templado, cuadrada y grande, no tan cerca de los muebles, reposa sobre una gran alfombra de lana blanca, Moldabela, que se extiende debajo de toda la sala, el cristal impecable, la mitad de la mesa con la humedad de los vasos de Whisky en las rocas, la otra mitad con un espejo grande de marco metalizado, con billetes de baja denominación, cajetillas de cigarrillos suaves, con filtros extras, fuertes y también sin filtros, se ven a los lados las torres blancas y las líneas finamente elaboradas con tarjetas de crédito y débito, parecen como una cantera de sal miniatura, dos pitillos a un costado, para los que prefieren la simpleza ya que a otros les gusta enrollar billetes para degustar con mayor precisión sin pérdidas.
Las paredes blancas, desnudas, recorren la sala desde la cocina hasta llegar a la panorámica de vidrio templado, que durante el día dibuja el jardín, como un cuadro, verde y con arbustos frondosos, un poco alejados de la alta verja de madera de Ipe, con picos en el tope, apenas se visualiza una pequeña parte de la piscina desde el fondo de la cocina, también una parrillera rústica de ladrillos, con todas sus comodidades, sin uso reciente y a un lado una parrillera moderna metalizada, con tapa, chimenea y controlador de temperatura.
Adentro de la casa se escucha Obertura 1383 a volumen moderado, Alexa sentada en una esquina del esponjoso y cómodo mueble blanco (muebles que forman un cuadrado con salida en dos de sus puntas, vistos desde una pequeña pero potente lámpara plateada en el techo de la sala), Alexa viste pantalón casual color verde militar (dos bolsillos) y camisa blanca con escote en las clavículas, reloj de cuerda, uñas pintadas con brillo, sin maquillaje, apenas un brillo en sus esponjosos labios, sus mejillas rosas ligeramente rellenas, hermosa sin que se noten facciones de haber dejado una infancia regordeta, pasado de una lejana vida precaria y con los recuerdos de un padrastro esmerado y un padre que nunca disfrutó… Sus ojos color miel y su cabello castaño claro natural, de piel blanca, delicada y tersa como princesa de cuentos, casi tan alta como Valerie (Vale), es de la misma estatura de Isabela, un tanto flexible en sus puntos de vista, noble de pensamiento… Su mente recorre las formas de ir y venir sin líos, sin aspavientos, sin errores… Piensa: «No importa de qué manera hayas vivido, de qué manera has afrontado la vida hasta el mismo momento que te detienes a pensarlo, siempre y cuando no entren los lamentos y decepciones de lo que hubiere sido y lo que no fue»… Levanta la mirada y ve a Jonás, él bebe un escocés straight, coloca el vaso en la mesa, no tan cerca de los otros vasos húmedos, él también mira a Alexa y le sonríe amablemente y remonta la conversación con Valerie… En ese momento Isabela le hace señas a Alexa desde la cocina para que se acerque, mientras termina de fumar un cigarrillo.
Isabela, de cabello suelto rizado (ondulado), castaño claro, ojos amarillos que bajo diferentes condiciones de luz se tornan verdes o pardos, 1,78 metros de estatura, mirada angelical que no refleja lo extrovertida y ocurrente que suele ser, piel blanca con pecas claras en los hombros que bajan hasta sus firmes pechos y a su espalda , nariz perfilada, delgada; le cuelga una cadena de plata con un hermoso dije de la Virgen de La Coromoto, viste un pantalón jean que alguna vez fue azul intenso, tan desteñido que casi es blanco y con una blusa blanca que deja ver sus hombros y un escote provocativo que contornea sus senos, usa zapatillas plateadas.
En la habitación contigua a la sala y la cocina, compuesta solo con una cama individual, una mesa de trabajo y dos sillas, con alfombra felpuda blanca, está Gustav con Liv (invitada de Isabela), hermosa y divertida, ojos marrones y achinados, cabello largo y negro como el azabache, piel como el azúcar morena, estatura media, labios bien gruesos, contorneados, hechos para no quitarle la vista, deseados hasta por las monjas, mirada sensual, extrovertida, viste de blanco y negro, creando un hermoso contraste entre su piel y el vestido que se desplaza desde sus delicados hombros, ciñéndose a través de su cintura hasta llegar casi cerca de las rodillas…, se siente con las armas en su poder, segura de sí misma, por otro lado, Gustav, poco demuestra su interés pero le interesa, es alto, contextura gruesa, cabello oscuro, ojos pardos, labios gruesos, nariz en perfecta armonía con su rostro, perfilada, grandes y suaves manos, de buena articulación al hablar, hombre de elocuencia natural, habla pausadamente pensando bien lo que va a decir, viste una hermosa camisa blanca, de puños impecables, lleva reloj europeo, llamativo, espectacular bluejeans y zapatos casuales, ni una huella que indiquen rastros de sus más ocultos deseos..., le pasa por la mente llegar más allá de un simple encuentro juguetón de dos desconocidos, la quiere para sí, poseerla, como un cazador a su presa, escondido entre la maleza, espera y se mueve en círculos, lentamente, no en un instante, que sea ella la que gradualmente, según su encanto, lo seduzca, se acerque sin darse cuenta de que será cena en un instante, placentero para el cazador y agobiante, volátil y fulminante para la presa; es la manera que le gusta, que sola caiga en la trampa sin mayor esfuerzo…
Gustav:
«Cuando no estoy divirtiéndome en casa, como hoy, trabajo en esta mesa» (la mesa organizada, limpia sin materiales de trabajo).
Gustav está lejos de ser un fiestero, pero se ve a sí mismo como cree que le quiere ver Liv.
Ella le pregunta sobre su profesión (sin quitar la vista a su encañonada barba que rodea sus labios), quiere saber qué hace él, cuando Gustav abre la boca para responder, ella rápidamente le pregunta que, si es arquitecto, él sonríe y responde:
«¡Jummm! Solo soy un artista con un arte mencionado entre pocos…». Ella saca de su pequeño bolso una porción de hierbas y comenta con una leve sonrisa, menos de lo que ella quiere demostrar: «Estoy a punto de convertirme en artista en pocos minutos». Calmadamente Gustav le dice: «Guárdalo para otra ocasión, A los chicos no les va a gustar» … Ella, un poco confundida, en tono sarcástico le pregunta: «¿Solo Blanca Nieves y su corte de enanos fueron los únicos invitados?». Y él le responde: «Solo guárdala, la noche apenas comienza, más tarde puede ser… ¿te parece?». Ella asiente de manera cortada y él, con una sonrisa le dice: «Vamos a la sala con los chicos, después te muestro lo demás…».
Isabela en la cocina ve cómo Alexa se levanta de su cómoda posición en el sofá, toma su copa de vino tinto, bordea la mesa entre Jonás y Valerie, cuando Alexa pasa cerca de Jonás sus ojos lo miran como si fueran faros que estuvieran titilando preguntas, él le cruza mirada, la lee y sigue su conversación con Valerie, como si no prestara atención a las metrallas de palabras que dispara ella y que lo aturden, siendo rauda en sus gestos para que Valerie e Isabela no lo notaran.
Isabela le completa la copa a Alexa con un exquisito Merlot al llegar al mesón de mármol blanco de la cocina, Alexa se sienta de frente a ella.
Isabela: «¿En qué estás pensando muerta parada?»
Alexa, mirándole la nariz a Isabela, le responde: «En nada, pero tú estás enchavada».
Isabela se pasa los dedos por la nariz muy rápido y se mira los dedos, donde no encuentra nada. Alexa solo sonríe por la pifiada de Isabela.
Mientras Gustav sale del cuarto con Liv, se escucha a Jonás decir: «El polvo más rápido de la historia», pasando al mismo tiempo el vaso a Gustav, ya con el hielo derretido y sin el gustoso sabor del escocés dieciocho años en las rocas, como le apetece a Gustav.
Liv se acerca a Alexa y a Isabela diciéndoles que el lugar es muy bonito… sin recibir respuesta, solo un gesto de ambas asintiendo.
En la sala se escuchan las inhalaciones de Jonás convirtiéndolas en invitación para una nueva ronda, cada quien aparta su porción y libremente sin tapujos comienzan los sniff a recorrer el lugar, Isabela y Alexa desde la cocina aportan sus compases y complementan el estimulante sonido que se produce al desaparecer las rayas del mesón y antes de saborear y catar con la lengua la principal invitada de la noche.
Gustav rocía una torre en la batea que se forma en la muñeca de su mano derecha, mientras Michael usa de cuchara la uña del meñique de la mano izquierda, parece uña de arpista, la cual sirve a los dos conductos nasales y suelta un «ahhh» de satisfacción.
Valerie, por su parte, solo le da un pellizco y lo conduce por su fosa derecha, ella en su mente quiere reservar un conducto intacto por si algún día le llega a fallar el que siempre usa y tener el otro nuevo de paquete, de repuesto, listo para estrenar… Ya todos los rostros están con bótox instantáneo, rechinando los dientes…
Un día antes, Jonás, alto, de cabello negro, ojos pardos, labios delgados y cara lampiña, de apariencia seria, inteligente, parece poco amigable pero cuando lo conoces bien, suele ser muy agradable, el que escucha a todos y el que levanta la fiesta cuando se va a pique, casi siempre viste de negro, de pies a cabeza. Va en su camioneta (Toyota Hilux doble cabina) con Michael, amigo de la adolescencia, moreno, robusto, de baja estatura, ojos grandes y afilados hacia los lados, de ascendencia india, metrosexual llevado por su incontrolable y sudoroso cuerpo, perfumado hasta los dientes y cubierto de bellos como un disfraz de Chewbacca, habla de todo, «todo lo sabe» y lo que no sabe lo inventa, es mitómano hasta las raíces de sus bellos, su sonrisa es uno de sus mayores orgullos, la exhibe como si de un anzuelo se tratara.
Se dirigen a una nueva parada, ya que en la última había mezclas que degradaban a la dueña de la respiración profunda, con un fuerte olor a acetona… Van hacia el norte de la ciudad, dejando atrás el centro y de a poco convirtiéndose en subida, las calles se van estrechando hasta el punto que hay que detenerse para que pasen los vehículos de frente, pasan minutos antes de volver a avanzar, ya la inclinación de la ruta es de cuarenta y cinco grados, quedó atrás el asfalto para convertirse en concreto rayado de extremo a extremo, se nota que las rayas en su momento fueron hechas con cabillas de una pulgada, los lados de la vía están dibujados de ladrillos mal pegados, rotos y con agujeros de balas, aunque resistentes, que forman de una a una cada rancho sombrío y desdeñadas casuchas, mal pintadas como si de zonas rurales remotas de la civilización se tratara, alternadas con precipicios inesperados y en otros espacios visualizando desde lo alto, casi toda la ciudad, la mejor parte, desde la peor, en infraestructura y calidad de vida se refiere.
Michael llama por teléfono y en pocos segundos sale de un callejón un hombre moreno de cabello corto, ojos saltones, alto, delgado y encorvado, viste jean negro, zapatos deportivos de marca y guardacamisa blanca (como nueva), detrás de él, en la boca del callejón, una mirada lo escolta, observa a ambos lados, todo luce como casi siempre en el sector, en calma, saluda a Michael con alegría de hermandad y saluda a Gustav con la cabeza en señal de aprobación, introduce ambas manos dentro de la camioneta, de sus dedos casi quemados en las puntas por el efecto que dejan los «cachos»… deja caer entre las piernas de Michael una «cebolla» grande, amarrada desde arriba con hilos, puro bouquet, entra al vehículo y en la despedida de las manos se van los verdes… No importa el lugar de donde salga si la calidad es excelente, dan la vuelta y se alejan lo más pronto posible… Michael la abre, saca su tarjeta de débito y la toquetea suavemente buscando grumos, pero está perfecta, totalmente suelta, libre y liviana, el bouquet comienza a volar por primera vez en su última y rápida travesía que la convertirá en el deseo desesperado de muchos, el recuerdo y la desdicha de unos y las ganas de correr al baño de otros… Jonás le pregunta: «¡¿Qué tal?! ¡¿Cómo va?!», sintiendo ansiedad instantánea. A lo que Michel le dice, aguantado como si de abrir la boca se escapara: «Espera que baje, tiene buen gusto». Michael ya siente la mejoría, aceleración instantánea del corazón, manos frías, dilatación de las pupilas, comienza a hablar sin parar y el rostro le cambia, pálido, está prensado, los dientes casi se doblan de la presión, se friccionan y rechinan… Jonás esboza una sonrisa y prefiere aguantar hasta conseguir un baño.
Llegan a casa de Jonás, un departamento ubicado en una zona de clase media, aún con el mobiliario de los años 90, muebles de madera, en sala y comedor, rústicos, que no invitan a quedarse mucho tiempo en ellos, mientras Michael espera en la sala, Jonás entra al baño para solo probar la calidad de la bolsa y no se escucha el sniff afuera del baño porque Jonás le mete el silenciador a la aspirada, ya que su madre está en el cuarto contiguo. Jonás piensa para sí mismo que es de buena calidad, desde su asiento en la poceta y con los pantalones abajo ve por las rejillas de la puerta del baño cómo su madre pasa por el pasillo hacia la sala y escucha cuando saluda a Michael, y le pregunta si van a beber hoy.
Michael le responde:
—No, señora Keith, hoy no, mañana creo que sí…
Jonás, mientras tanto, coloca entre sus piernas el espejo del baño y comienza a dividir dos porciones pequeñas pero sustanciales de la «cebolla», su seguro para después de que se termine la otra… Amarra y guarda, sale del baño, entra a su cuarto y esconde la principal y otra pieza en lo más alto y profundo del closet, se guarda otra en el bolsillo, sale, saluda rápidamente a su madre y se van… Ella le pide le traiga una hamburguesa cuando regrese….
Después de diez minutos, llegan al departamento de los padres de Michael, en la zona industrial más apartada de la ciudad, donde vive con cuatro hermanos menores que él, pero todos mayores de edad, todos amontonados, de manera precaria pero la costumbre lo hace normal… Jonás saluda cordialmente a sus padres, mientras Michael busca una chaqueta en su cuarto y le dice a Jonás que aproveche a usar el baño antes de irse, Jonás pasa al baño y se choca nuevamente, limpiándose las comisuras de la nariz mirándose al espejo, simultáneamente lo hace Michael en su cuarto, se van de juerga y pasan la noche con una porción que Michael tenía en su cuarto y que comparte con Jonás. Jonás llama a Gustav para invitarlo a salir, pero Gustav le dice que no puede porque tiene un pendiente que debe terminar y este le pregunta si ya tiene listos los «juguetes» para el día siguiente, Jonás le responde tranquilo que la mermelada está segura…, enseguida de colgar, Jonás llama por teléfono a Isabela y le dice que lleve a Alexa y a otra amiga para casa de Gustav al día siguiente, que él va a llevar a un amigo y que ya tienen lo demás…
De vuelta a la fiesta en casa de Gustav, Isabela le pregunta a Alexa qué sabe de Michael, Alexa le comenta que es amigo de la adolescencia de Jonás, que tienen más cuentos que Jaimito juntos, tiene poco tiempo de haber regresado del Ecuador, adonde se fue buscando nuevos rumbos y aventuras pero que se había regresado ya que las «libertades» no eran las mismas… Jonás le había comentado a Alexa vagamente sobre el éxodo de Michael y que básicamente no era malo para vivir en ese país pero que «aquí hacemos lo que nos da la gana porque no hay ley y allá sí se respetan las leyes…». Isabela le dice en tono de zorra motolita: «¡Me encanta!». Tiene una hermosa sonrisa, aunque el baño como que está más divertido que aquí, tiene rato que no sale.
Entretanto, Michael, quien había llegado más temprano con Jonás, estaba en el baño (el baño del pasillo, el de la visita) hablando por teléfono con una vecina de su edificio con la que estaba pendiente de conquistar, muestra sus dotes de poeta, copiados de otros, suficientes para enamorar hasta a la más cuadrada de las mujeres. El celular casi se le cae de las manos en la poceta haciendo maromas para recuperarlo, después de que le retumbaron la puerta del baño con tres fuertes golpes, escuchándose: «Coño, pana vienes a cagar en casa ajena ¿no te da pena?», dice Jonás en tono jocoso. Michael se despide de la llamada y sale, le responde a Jonás: «Coño, marico, estaba terminando de cuadrar a la vecina…».
Cuando Michael llega a la sala, lo comienzan a joder y a echar broma: que si tiene diarrea, si dejó papel en el baño, dice Valerie riendo, y continúa:
—¿Hay que prender velas, una fogata o entrar con bomba lacrimógena? Ja, ja, ja.
Todos ríen y el un tanto apenado responde:
—No vale, estaba hablando por teléfono y, como no escuchaba bien, me fui para el baño y yo hablo más que radio fiado cuando estoy engorilao, ¡ja, ja, ja!
Alexa le dice:
—Más que Jonás no creo, a Jonás le dicen el Pastor porque casi que congrega a la gente cuando habla, el único que habla es él, je, je, je. Todavía no sabemos cómo es que Valerie lo tiene dominado en la conversación.
Valerie, que es casi tan nueva en el grupo como Liv, de cabello rubio homogéneo, ojos grises, toda una muñeca de pestañas largas y uñas bien adornadas, es jocosa, extrovertida y sin medición de las líneas que van del humor a lo vergonzoso, disfruta de sus ocurrencias tanto más que sus oyentes, le dice a Alexa:
—Cuando me prense más, ni la música la van a escuchar.
Valerie lleva pantalón strech blanco, blusa color salmón abierta adelante donde cae una hermosa cadena con un dije de corazón, lleva sandalias de diseñador que hacen juego con la blusa.
Todos se reúnen a los muebles de la sala, quedando en proporción casi perfecta el uno del otro y Gustav le dice a Jonás:
—Cuenta lo que te pasó hace unos años atrás cuando buscabas al amigo tuyo en casa de un jíbaro, lo que me contaste la semana pasada.
Jonás comienza:
—Bueno, primero, gracias a Dios que Emerick no es amigo de nadie, por más que él lo profese, no lo es…, me dijo un día que lo acompañara a la urbanización de al lado de donde yo vivía alquilado antes de mudarme nuevamente con mi madre, Villas del Rosario, caminamos desde la entrada de esa urbanización hasta la tercera o cuarta avenida, no recuerdo bien cuál era y de allí como dos o tres cuadras hasta la casa de ese tal Charles. —Charles vive en una cómoda quinta de clase media, patio, jardín, estacionamiento y parrillera a la vista—. Cuando llegamos a la casa, Emerick toca el timbre que está en el marco del mural abierto de concreto y rejas, antes del jardín, era un arco alto en la puerta de la calle, de columnas en obra gris entre rejas que permiten visualizar la quinta prefabricada y, de igual manera, la puerta del garaje, como para tres vehículos ajustados. Ese día, veo que sale un chamo un tanto barrigón para lo joven que se ve, tez morena clara, ojos oscuros, no sé si marrones o negros, cabello negro corto, pero no tanto, en bermuda de botón con correa, sin camisa, medias blancas en cholas, creo que eran como unas lighting ball», ¿se acuerdan? Bueno, entramos a comprar cinco gramos y el hombre sacó una porción que ya estaba abierta para que probáramos, Emerick le dijo que yo era alto amigo suyo y de mucha confianza, que me podía atender si iba solo…, la mercancía estaba buena, bastante buena para lo que la han degradado los vendedores que han perdido el respeto que solían tener para sus clientes, de hecho, que nos diera a probar me hizo recordar tiempos anteriores donde podías probar antes de comprar y decidías sin problemas si la llevabas o no. En ese momento recordé que siete a diez años atrás, más o menos, fui con un amigo de una amiga a comprar desde una fiesta a la que ella me invitó y donde no conocía a más nadie, ella me presentó a ese pana, Rodrigo, inmediatamente me di cuenta de que el chamo jugaba y le hablé de una, mi amiga no sabía que yo consumía, no sé si sabía de su amigo…, el pana y yo salimos de la fiesta a reconocer el lugar y ubicamos un sitio donde vendían, cuando llegamos al lugar, desconocido para los dos, eso creo, él pidió probar la mercancía antes de comprar la porción, el jíbaro de ese lugar no quiso y no la compramos, ellos se molestaron pero inmediatamente nos fuimos y quedamos como novia de pueblo, vestidas y alborotadas, ja, ja, ja… Bueno, volviendo al otro cuento, nos fuimos de la casa de Charles, cargados, Emerick y yo pasamos por la licorería, compramos un par de botellas de ron y nos reunimos con los del grupo de la urbanización, ninguno de ellos consumía y nunca lo hicimos delante de ellos, creo que sabían de Emerick pero no decían nada, en una esquina bebimos, reímos, hablamos con todo el grupo, chicos y chicas. De cuando en cuando Emerick y yo nos escapábamos ocasionalmente para darnos unos coñazos… Después de esa noche, no recuerdo bien si al día siguiente o a los pocos días, Emerick me había dicho que iba a estar en casa de Charles…, como no sabía a qué hora, lo busqué en su casa y no estaba, lo busqué en donde los otros amigos que más frecuentaba y, como no lo encontré, pensé que de seguro estaría donde Charles, me fui caminando porque era la urbanización de al lado, como ya les había dicho, era la primera vez que iba solo después de la vez que fui con él, toqué el timbre y tal cual como la primera vez, salió Charles, lo saludé y le pregunté por Emerick, me dijo que no lo había visto.
» Yo me quedé callado pensando, guao, pero si estaba casi seguro de que estaría allí, bueno, le dije: «Ah, ok, si viene, por favor, le dices que lo estoy buscando, ¡gracias!».
» Enseguida me regreso, al llegar a la tercera cuadra, casi para salir de la urbanización, noté que venía un taxi, creo era Fiat siena color blanco con los cuadros amarillos y negros que recorren las puertas, lo típico de los taxis, aunque no estoy muy seguro si era la placa amarilla o el casco amarillo de taxi, no estoy muy seguro, no le presté mayor importancia y me fui. Al otro día veo en las noticias que en la entrada de esa urbanización, del lado de afuera encontraron dos cadáveres, el de un hombre (un taxista) y el de una mujer, muertos de disparos en la cabeza, fue lo que alcancé ver en las noticias, ninguno de ellos era de la zona, vi la noticia y me causó cierto impacto por lo cerca de donde vivia, pero listo, no le presté mayor atención, no lo asocié con el taxi que había visto, no lo asocié a nada…, pasé semanas sin ver a Emerick y, cuando por fin lo veo, estaba nervioso y me dice: «Te voy a contar algo pero no se lo digas a nadie, ¿ok?», yo asentí con la cabeza y él me cuenta: «¿Te acuerdas cuando me fuiste a buscar donde Charles?». Yo recordé el momento rápidamente y le dije «sí, claro». A lo que Emerick me dice: «Yo estaba adentro y le dije a Charles que te dijera que no estaba, porque sinceramente me estaba drogando y no quería que te metieras en esa casa y vaina…». Lo cierto es que Emerick, con su descontrol con la droga, él quería todo para él y no compartir…, solo por eso negaron que estuviera allí y por eso es que digo que menos mal que no es amigo de nadie… Continúa Emerick diciéndome:
«Después de que tú te fuiste, inmediatamente llagaron Gerónimo y el Chino —dos conocidos asesinos y delincuentes del pueblo vecino, vasta familia de delincuentes, él solo era una octava parte de ellos, pero la peor parte—, no sé cómo no se encontraron en la puerta, llegaron buscando drogas, conocían a Charles y los invitó a pasar igual que a mí, ya venían hasta los teque teques de droga cuando llegaron y estaban paranoicos, en eso que acababan de entrar, suena el timbre y, cuando se asoma Charles por la cortina de la ventana, ve un taxi parado enfrente de la casa, una mujer y un hombre a la puerta, Charles los reconoce como clientes y les va a abrir la puerta del jardín. Mientras tanto, en la casa los dos socios del crimen estaban paranoicos con los nuevos visitantes.
Gerónimo sacó una pistola y estaba apuntando hacia la puerta, y cuando van entrando a la casa, Charles empuja la puerta de primero y al mismo tiempo se escuchó un cañón y Charles cayó casi al compás del eco, la pareja que venía entrando se asustó y el Chino y el Gerónimo los sometieron dentro de la casa a punta de pistola amenazándolos, luego de eso el Chino le reclama a Gerónimo por haber matado a Charles y este le dice que se le escapó el tiro, que no lo quería matar, resolviendo Gerónimo de una vez que había que matar a todos los que estaban allí, que éramos testigos—, para suerte de Emerick, él ya había reconocido al Chino y recordaba que habían estudiado primaria juntos y se lo recordó suplicando por su vida, que no iba a decir nada—, el Chino le dijo a Gerónimo que sí lo reconocía, y que Emerick no iba a decir nada y Gerónimo lo vio con esa mirada de ojos de tiburón y le dijo: Si dices algo te encuentro y te mato. Le abrieron la puerta para que se fuera… y él se fue corriendo, luego lo demás fue de suponerse, mataron a la pareja y se llevaron toda la droga que había en la casa».
» Cuando Emerick terminó de contarme eso le di gracias a Dios por no haber entrado a esa casa….
Michael:
—Eso es verdad, la rata de Emerick es más falso que billete de 13 y ¼.
Alexa comenta que ella vio la noticia pero que decían que los asesinaron para robarles el carro…
Jonás comenta:
—¡Claro! Eso es lo que cree la Policía en un principio y la prensa pero, como Emerick estaba allí, él pudo ver lo que realmente pasó; y otra cosa que no les dije y no recordaba, Emerick me dice que el cadáver de Charles lo encuentra su esposa, quien estaba en un cuarto encerrada, drogada y dormida, parece que se había metido unas pastillas horas antes, ella nunca escuchó nada, cuando por fin se levantó se encontró con esa escena… Puede ser también que ellos se llevaron a la pareja con vida en el taxi y, apenas salieron de la urbanización, los quebraron, escaparon y dejaron el taxi en algún lado.
Valerie, le dice a Jonás:
—¡Qué suerte la tuya! ¡Un trago por eso! —Levantando el vaso de escocés y llevándolo a sus labios. Los demás la siguieron.
Isabela increpa a Jonás:
—Ni se te ocurra traer a esa pana o casi amigo tuyo a nuestras reuniones, recuerden, cero drogadictos ni marihuaneros. —Sin saber Isabella que su amiga Liv está ansiosa a encender lo que Liv llama «una de las maravillas del mundo» …
Jonás:
—El recordatorio está de más Isa, recuerda que yo fui el que lo dije por lo que hablamos con Gustav...».
Liv escuchó el comentario de Isabela, «cero drogadictos ni marihuaneros», el cual retumbó en su cabeza, miró bien alrededor y se dio cuenta, no había notado que era un grupo de solo cocaína, perico o cualquier polvo inhalado, aspirado o que pudiera consumirse por la nariz, la boca, los ojos y hasta por las partes íntimas…, recordó las palabras de Gustav y lo miró y él ya la estaba mirando, dándola por entendida.
Cuando Isabela invita a Liv es porque ellas habían coincidido en fiestas donde consumían perico en lugares familiares y de amigos que no consumen, Liv no podía fumar monte por la peste que produce, por eso Isabela pensaba que ella era solo coca, como los demás, lo cierto es que Liv podía sobrevivir una noche sin fumar su «octava maravilla del mundo» …
Dejándola colar, Liv pregunta:
—¿Todos recuerdan cómo o cuándo fue la primera vez que consumieron?
Isabela responde:
—Claro, mija, ni que fuéramos viejos seniles que no recordamos nada…
Liv se ríe y dice:
—No sé, hay gente joven que anda en el limbo o son o se hacen los pendejos, pero bueno, lo que quiero es saber cómo fue la primera vez de cada uno… Les cuento mi caso, cuando tenía trece años me la pasaba con una vecina del edificio y ella tenía más o menos la misma edad, se llamaba Charlotte, tenía un primo que era un poco mayor, a él le decían Diablo o algo así, Demonio, no recuerdo pero ella conseguía el monte con él y nos íbamos a los parques de diversión de la urbanización, saben, donde están los columpios, la rueda y el tobogán y, allí, vi la primera vez que preparó el tabaco, hurgaba entre la bolsita llena de monte, seleccionaba y colocaba en la hoja amarilla lo que ella creía era lo correcto, parecía que llevaba más tiempo de lo que tenía de vida para ese entonces, haciéndolo emitía tal seguridad que nunca pensé en miedo o en nada malo… Luego vi que lo pegaba con saliva, lo charrasqueó con el yesquero para que prendiera hasta que prendió, ella lo comenzó a aspirar y lo miraba tan cerca, que los ojos se le veían bizcos, me lo pasó y lo fumé, pero como no sabía fumar no sentí absolutamente nada, je, je, je, y mi amiga me preguntaba si lo sentía y le respondía que sí por pena, pero no sentí nada, ja, ja, ja. Al otro día le dije que eso era pura paja, que eso no hacía nada, y ella me dijo que a lo mejor yo no lo había hecho bien, por lo que me explicó que debía mantener retenido el humo en los pulmones un rato antes de botarlo y al día siguiente volvimos a ir al parque de diversiones, temprano en la mañana y allí sí comencé a divertirme, ¡¡ja, ja, ja!! Esa fue la primera vez que parrillé… Allí fue la primera vez que conocí la octava maravilla del mundo.
Todos sonrieron a su historia, era para Liv un cuento fascinante por la edad que comenzó a consumir drogas, pero para el resto no era una competencia de edades porque los demás se diferenciarían solo en meses menos o meses más, a ella le pareció que así se conocerían mejor, lo consideró importante en ese instante, en ese lugar y ¿por qué no? Todos se estaban drogando y no precisamente para comenzar una jornada de trabajo...
—¡Tú, Jonás! —exclamó Liv—, tú como que lo tienes en la punta de la lengua…
Michael miró a Jonás y le dice:
—Ayyy, ¿vale como así? ¡¡Ja, ja, ja!! ¿Lo tienes en la puntica? Ja, ja, ja.
Jonás:
—Zape gato, bueno, Alexa ya sabe porque le conté hace tiempo…, yo tenía doce años cuando un día de fin de año, llegó de visita a nuestra casa, donde vivía de niño, una de tantas primas, éramos tres familias repartidas en dos casas pegadas, había muchos pero muchos primos ese día de diciembre que habían llegado de otras partes, creo que éramos como cincuenta, esa prima tendría como trece o catorce años y ella me dio un dinero y me dijo que fuera a la esquina y preguntara por «Ley»…, era un chamo que yo conocía de vista pero más nada, resulta que ese muchacho alto, con poco más edad que yo, vendía coca, recuerdo que le dije que si tenía una de diez dólares, claro para ese tiempo era el equivalente de nuestra moneda, pero bueno, pregunté así como me dijo la prima que preguntara, él me respondió que sí, le entregué el dinero, se fue y rápidamente regresó con un tubo de ensayo de vidrio con tapa de goma color morada, de los que se añoran en estos momentos, porque eran grandes, gordos, traían que jode y lo mejor, calidad suprema…Cuando yo se lo entregué, ella vació la mitad y me dijo: «Esta mitad es tuya…». Yo la vi cómo la consumía y luego lo hice, eso fue inmediato la unión más perfecta, era como Mazinger Z y su Scrambler, espectacular, ese otro día bien temprano en la mañana, me fui con todos los primos a jugar baseball, nunca le comenté nada a nadie fuera de ella... Yo más malo que un mocho para jugar baseball, metía jonrones de pierna, estaba eufórico, contento y muy activo, era algo tan nuevo para un niño tan introvertido, ja, ja, ja…
Lo interrumpe Alexa:
—¡¿Introvertido?! Sería en ese momento Jonás.
Jonás riposta:
—Bueno, sí, así era, creo que todos hemos dejado la niñez de maneras distintas y doy gracias por no ser drogadicto, ni haber caído en ello, dado el hecho de consumir desde temprana edad…
Gustav le dice a Jonás:
—Nos vas hacer llorar, ¡ja, ja, ja! ¡Y deja hablar a los demás, pastor! Bueno, ¿quién más quiere entrar al foro de «tu primera vez»? —En tono jocoso.
Isabela le dice a Gustav:
—Bueno, amigo Gustav, déjame animarme con un pasecito y les cuento. —Se da uno corto y exhala dando su aprobación a lo divino, el gesto que enarbola lo bueno y que lo sincroniza con su entrada en la sangre—. Yo antes vivía en un apartamento con mis padres en el oeste sur de la ciudad, a veces me quedaba en casa de una amiga para ese tiempo, se llamaba Romy, éramos muy unidas porque estudiábamos en el mismo liceo, teníamos como quince años, ella se fue del país años después, yo sabía que ella fumaba pero no me importaba ni me daba curiosidad hasta que un día sus padres se fueron de viaje al interior y yo me quedé con ella, vi todo el proceso, ella llamó por teléfono a un «conejo» de un jíbaro de la zona y le pidió un pucho y dos pitillos, todo en delivery, en cuestión de quince minutos aproximadamente, llegaron dos muchachos en una moto Yamaha roja, toma y dame, no sé cuánto le costó, subió y lo colocó sobre la mesa del comedor, que era de madera pulida, muy bonita, grande y cuadrada con cuadros de vidrios con figuras tipo artesanal, tenía un ceibo alto con puertas de vidrio para poder ver las copas de cristal de Bohemia que había en ellas, todo hacía juego, había fotos, llaves, facturas, adornos y figuritas de animales en vidrio… Las paredes tenían un solo cuadro gigante con un paisaje de un puente norteamericano en vidrio, no recuerdo cuál, pero me parece que era el puente de Brooklyn de noche, era un solo cuadro, pero tenía tres pedazos del puente y su marco, separada cada sección con fondo de espejo…, la ventana que daba al estacionamiento desde ese octavo piso no tenía rejas, solo panorámicas de marcos de aluminio, era un apartamento grande, tenía como tres baños. —Como haciendo memoria confirma—: Sí, tres baños, el del pasillo, el del cuarto principal con una tina y el que estaba frente a los cuartos…, de un momento a otro, Romy fue al cuarto y de su cartera sacó una cajita que tenía rolling papers, claro yo no sabía que eso existía, yo sabía que usaban el papel de las bolsas de pan para hacer los cigarros de Mari Juana, que me imagino fue el que tú contaste, Liv. —Liv asintió con la cabeza—. Lo cierto es que ella lo preparó con toda la calma del mundo, comenzó abriendo el pucho y desmenuzando y separando algo, bueno, después usaba su lengua como junta para dar vida a su producto, me llamaba la atención la concentración que ponía siempre al principio, y después de que estaba drogada ya lo hacía más relajada hablando, ese día yo le dije que quería probarla y ella me dijo que no, que ella no iba a quedar grabada en mi recuerdo como que había comenzado por su culpa o que de alguna manera ella fuera señalada como la culpable… pero yo quería saber qué era eso y le dije que si no lo probaba con ella buscaría con quien…, creo que ella pensó que era más seguro con ella a que yo acudiera a alguien que me pudiera enviciar y abusar de mí, saben, enviciándome para conseguir lo que sea conmigo como una ingenua huevona…, lo cierto es que la manipulación funcionó y ella me explicó primero cómo hacerlo y seguí sus órdenes al pie de la letra, aspiré y no retuve tanto tiempo porque, como era la primera, para que fuera suave, pero no todo fue como lo esperaba, ella en un momento de descuido no notó que yo me quedé pegada con el tabaco aspirándolo como si era la última bocanada de aire del mundo, algo me hacía que quisiera más bocanadas y, cuando por fin me separé de él, volví a abrazarlo con mis labios y luego se lo pasé a ella, ya estaba hecho, me sentía inmune, feliz, divertida, risueña, hasta el aire me daba risas, pero llegó un momento en que todo me parecía increíblemente espectacular, la vida, el mundo, sentía que podía volar, no literalmente, pero estaba en las nubes, todo era hermoso, la vida era muy pero muy llena de felicidad, no había nada malo que pudiera pasar por la mente, todo lo que venía a mis pensamientos eran olas de exagerada felicidad, no había maldad en el mundo, no quería salir de allí, pensaba que todo el mundo debía consumir esa droga para que todo fuera como yo lo estaba viviendo en ese momento… Romy creo que sí pensó que yo quería volar y cerró las ventanas panorámicas, le había tumbado la nota a ella con el miedo que tenía de que yo saltara por la ventana por lo que ella me escuchaba decir, sobre volar o algo así, ja, ja, ja. Lo cierto es que ella montó una greca de café negro como el chimo y me lo dio ardiente, sin azúcar, la taza humeaba y era el café más divino y fantástico que jamás había probado, no sentía el calor de la taza, que quemaba, sentía cada partícula de los granos del café, también me dio un pedazo de torta de vainilla que tenía en la nevera y fue suprema, cuando entró a mi boca, sentía todos los ingredientes que la componían, de manera separada podía sentir el azúcar, la harina, la leche, los huevos, todo se separó en mi lengua diciéndome cuáles eran los maravillosos ingredientes con que había sido elaborada, supongo que mi cuerpo virgen, en cuanto a drogas, había asimilado completamente hasta la más mínima partícula de aquella hierba, ¡guao!!, me tuvo que dar un toque de cocaína para rebajarla y ya ese fue otro viaje, ja, ja, ja.
En ese momento, se levanta Alexa y cambia Rising Force por Marching Out de Malmsteen, mientras Valerie busca hielos en la nevera empotrada en un simulado estante de cocina blanco, sirve los hielos a los que levantan los vasos, mientras Jonás enciende un Dixi y Valerie un Marlboro rojo, que le quitó a Gustav cuando sacaba la cajetilla… Se abastecen mientras Alexa dice que esa mermelada está mejor que la de la última vez y le pregunta a Jonás que dónde la consiguió, a lo que seguidamente mira a Michael diciendo que era cortesía de un amigo de Michael ubicado al norte más norte de la ciudad…, y el precio acorde con las demás zonas pero de mejor calidad y cantidad, casi que una fantasía en estos tiempos, «esperemos que no le baje a la calidad», dice Jonás y Michael le responde que «ese chamo es serio, de la última vez que le había comprado habían pasado años y seguía con la misma calidad, antes era mejor, vendía rosado por coñazo, no como el combate que habían probado la noche anterior…».
Y les pregunta Alexa:
—¡Ajá!, ratones, ¿dónde estaban metidos? Y ¿por qué compraste ese combate si el de tu pana está mejor?
Michael responde:
—Esa la había comprado antes de ayer y por lo cerca de la casa, cuando lo probé, me acordé de la calidad de ese otro pana y lo llamé a ver si estaba en la jugada y efectivamente así fue, por eso fue que cuadramos ayer esta para hoy. —Cambiando el tema mira a Alexa— Lo que hace falta es que coloques una salsa montuna para dejarla colar un rato y le subas un tanto al volumen…
Alexa:
—Tranquilo, que más tarde cambiamos el estilo. —La respuesta a la primera pregunta de Alexa quedó en el aire disipándose como el humo de los cigarros—.
Y es que la noche anterior Michael y Jonás amanecieron en la casa de la vecina con que hablaba por teléfono minutos antes desde el baño, se metieron una curda bestial donde la vecina y su madre estaban hasta el tope de cervezas, Michael con su selección de música enamoraba a la hermosa hembra, lento y mesurado, se besaban tiernamente, mientras Jonás se daba colita en el cuarto con la espectacular madre que se gastaba la vecina, ni Michael ni su lenta relación se dieron cuenta de lo que pasaba en la alcoba…
Alexa insiste:
—Cuenten, ¿dónde estaban metidos, par de dos? No invitan.
Michael:
—Allí en el edificio donde vivo había una reunión y fuimos un rato, hablando paja con unos panas. —Michael vio la posibilidad con Isabella y ni por el quinto coño le va a decir que él estaba cuadrado y que Jonás estaba viendo fotos en el cuarto con la potencial suegra o quizás, para él, entreteniéndola para poder cuadrar o darse los besos relajadamente.
Comienza a llover a cántaros, los truenos suenan más cerca que el propio timbre de la casa, el patio se ilumina con cada centella, parecen reflectores de estadios en manos del dios Trueno…
—Es el turno de Michael —dice Isabela—, queremos saber cómo fue tu primera vez. —Y se sonríe, aclarando—: Con los juguetes, claro, mal pensados. —Ríe como si alguien había emitido algún gesto de su comentario, sin que alguien lo hiciera...
Michael:
—Bueno, mi cuento no es tan interesante como el de ustedes, mirando a los que ya han hablado de sus historias… Yo estuve en el ejército, era soldado, y al principio me costaba aguantar el sueño cuando montaba segundo o tercer turno de guardias (de 12 am a 3 am y de 3 am a 6 am, respectivamente) y veía cómo los otros cursos (compañeros) no tenían mayor problema con eso, yo ni siquiera fumaba cigarros, tenía como veintidós años más o menos…, un día cuando recibí el tercer turno, el que entregaba segundo turno, en vez de irse a dormir, se quedó conversando conmigo de lo más tranquilo, es decir, muy activo no era como a los otros a los que yo les recibía guardia, inclusive cuando yo entregaba el primer o segundo turno me iba rápido a dormir ya que el día a día de pararse a las 4:30 am, todo el trajín del día militar, mierdera (ejercicios de castigos), trabajo, formación en la mañana, formación al mediodía, formación en la noche, lista y parte, bla bla bla… para dormir a las 9:30 pm si te dejaban dormir temprano y luego tener que levantarse a las 11:50 pm o a las 2:50 am, según sea el caso, era mamón… Esa madrugada yo le pregunté a ese curso qué hacia él para no dormirse y el sacó su cartera del pantalón y me dio una bolsita, no quedaba mucho y me dijo: «Toma, quédatela»; y sacó tres cigarros de uno de los bolsillos superiores de su guerrera…
Esa noche la guardia se hizo la más corta de todas, inmediatamente después de probarla estaba por demás inquieto, menos mal que el centinela rondaba poco y pedía santo y seña de lejos, sentía que si se me acercaban o me hablaban se iban a dar cuenta, así como cuando las carajitas acaban de perder la virginidad, muchas creen que las pueden descubrir solo con mirarlas, que hay algo que dice: «Ya no eres virgen», ja, ja, ja... Antes de probarla ni cuenta me había dado de todos los militares que consumían y quiénes eran los que vendían dentro de la base, no solo cocaína se consumía en la base, hasta marihuana con lo escandalosa que es… Imaginen que en el mismo dormitorio se bebía ron y nunca lo supe hasta que pasé ese umbral, tipo Narnia, es otro mundo dentro de este mundo, se convive con tanta gente que ni siquiera imaginas que consumen, lo cierto es que en esos días había desertado un curso mío que era malandro y nos enviaron en una comisión al suroeste más suroeste de la ciudad, el desertor vivía en un barrio muy conocido y no por su tranquilidad precisamente… Yo estaba en esa comisión, comandados por un sargento que era una mamadera de gallo, él era otra burla para el uniforme, un payaso en uniforme, era tan gracioso involuntariamente que nadie lo respetaba, solo lo llevábamos… No nos dotaron de armamento para la captura de este desertor, fuimos a una plaza como a tres kilómetros de donde se suponía que estaba escondido el desertor, pero como íbamos desarmados y no queríamos arriesgar la vida, nos quedamos en la plaza vestidos de civil, haciendo tiempo hasta que llegáramos a la base y decir luego que no lo encontramos… Bueno, estando en la plaza, yo le hago señas al sargento para que mirara al otro lado de la calle donde iba pasando, entre la gente, una atractiva mujer que llevaba puesto un ajustado pantalón blanco, un cuerpazo y color de piel tipo acaramelada, seguidamente le digo: «Mi sargento, está bien buena», y este me responde que las ha tenido mejores, sobrado como si yo le creía esa mentira, parecía una cucaracha entalcada de lo blanco que era, los dientes amuñuñados, con un bigote disparejo, solo para que lo diferenciaran de los soldados, la chica entró a una tienda y nos olvidamos de ella momentáneamente…
Valerie interrumpe diciendo:
—¿Y qué tiene que ver con la droga? Ya quedó claro que el sueño te llevó a consumir, ja, ja, ja…
Michael:
—Ja, ja, ja, sí, sí, ya sé, pero es para empatar el cuento del monte, también porque fue a los pocos días del blanco, fue peor, para no extender la chama salió de la tienda al rato y la vuelvo a ver y le digo al sargento que la mire nuevamente y que, si quiere la busco y se la presento, el sargento me dice: «¡Dale, tráemela!». Y sin darle oportunidad a que cancelara la orden brinqué a la calle y me le acerqué a la chica diciéndole: «¡Hola! ¿Cómo estás?». Ella me miró como buscando reconocerme y le dije: «Chica, yo soy militar, ¿ves aquel señor que está allá —señalando sin estirar el brazo para que el sargento no viera—, con esos muchachos a sus lados?? Bueno ese es un sargento y me dio la orden de que te buscara porque te quería conocer…». La chica me ve de arriba abajo y me dice: «Si eres militar». Respondiéndole yo, porque me extraño como si me había creído estando vestido de civil: «Y ¿cómo lo sabes?». Ella me responde: «Por las botas militares». Ella accedió a ir a donde estaba el grupo y se la presenté a todos… Resulta que yo tenía permisos diarios de estudios y le dije al sargento que me tenía que ir y me llevé a la chica a casa de una tía que vivía cerca (obviamente no fui al Instituto) y allá me di los besos con la tipa, mi tía vivía sola y me dejó con ella en la sala… Bueno, resulta que la chama tenía marihuana y me preguntó que si yo fumaba, le dije que sí y nos fuimos a una plazoleta cerca de una estación del tren, allí ella preparó una «pistolita» y le di unas patadas, ja, ja, ja, esa vaina me volvió como loco, me alteró arrechamente ya que me sentía en una película de James Bond, que me estaban persiguiendo, que me iban a capturar, ja, ja, ja, claro, todo esto después de la risa… Bueno, en eso ya nos íbamos, hicimos la cola para subir al bus, yo allí pensaba que si entraba al bus sería capturado, porque por fuera yo sé que me veía normal pero por dentro estaba corriendo una película de persecución, cuando ya estábamos sentados, yo sentía que por fuera estaba totalmente tranquilo, normal, pero por dentro estaba desesperado, veía a la gente entrar por la puerta delantera del bus, porque la puerta del medio estaba cerrada. Imaginaba que cuando se llenara el bus y cerraran las puertas quedaría atrapado y me capturarían, casi que escuchaba la música de fondo de la película Misión imposible, y de más fondo apenas escuchaba la voz de la chica, que creo se llamaba Jennifer o Yesenia, no sé qué decía pero sé que estaba hablando y llegó el momento que no quería que llegara, cerraron las puertas del bus y me desesperé más aún, pero por fuera era una tranquilidad total, me levanté del asiento lentamente, ella me miró, sé que lo hizo pero yo no la miré… Me paré a su lado en el pasillo, minado de gente, y pasé a desmayarme sin aviso, ja, ja, ja. —Valerie e Isabela ríen mientras los chicos beben…—. Luego me desperté en un cubículo de las áreas del tren con un médico de allí haciéndole preguntas a ella y escuché cuando ella les dijo que yo había donado sangre ese día y no había comido nada…. Después de ese día no fumé más esa mierda… Ja, ja, ja…
Jonás se vio interrumpido por el final de las historias de Michael, estaba distraído, justo cuando Michael comenzó la segunda parte de su historia, Jonás miraba, en ese instante, hacia fuera de la sala, cuando relampagueaba el cielo podía ver cómo bajaba su mirada desde el borde de lo alto de la montaña, borrosa por la lluvia, hasta desaparecer en unos edificios lejanos a la casa y de pronto vio una pierna gigante que venía del otro lado de la montaña, cubriendo parte de la misma, esperando ver la otra parte de esa pierna y, cuando se dio cuenta, era el mismo, un gigante en la metrópolis, pensó con preocupación cuánta sería la cantidad de comida diaria que tendría que comer, en proporción a su gran tamaño por encima de los rascacielos y rápidamente calculó que con ese tamaño acabaría con la comida del país en poco tiempo, pero antes de encontrar el tamaño ideal, él se vio buscándole los beneficios a ese gran tamaño, y pensó en un ataque aéreo y marítimo de otro país a su nación, tendría la capacidad de detener los cohetes y misiles en el aire y lanzándolos de regreso al mar… Luego de eso, calculó que la proporción ideal de su tamaño equivalía a que pudiera comer diez vacas diarias como mínimo, se imaginó una típica vaca blanca con pintas negras, las sostenía por una pata —sonreía para sí— y luego pasó a otro plano pensando que la ciencia querría sacar cría de este único espécimen y le vino a la mente un tanque de agua vertical de quinientos litros, color azul (de los que se usan en los apartamentos) en sus manos, derramándose del semen que le caía ya que lo usaba como frasco de muestra de esperma para usar luego in vitro… Justo en ese instante coincidió con el fin de la historia de Michael y él reía por lo que estaba pensando, reflexionaba para sí mismo lo loco de eso….
Alexa le vuelve a telegrafiar con la mirada a Jonás y él recibe el mensaje, pero se hace el desentendido, se para y va al baño y un minuto más tarde lo sigue Alexa, en el baño Jonás la aguarda y le pregunta qué pasa que parece una lámpara de señas de un barco de la segunda guerra mundial.
Alexa:
—¿Ya me averiguaste lo del rosado?
Jonás:
—¿Eso? Ni me acordaba. Tranquila, yo te averiguo, yo pensé que querías cuadrar con Michael.
Alexa:
—Cómo se ve que no me conoces bien, aquí nada de nada y nada con nadie, amigo.
Se regresa Jonás a la sala y Alexa entra al baño… En la sala Liv está hablando con Valerie y se comentan sobre Jonás y Gustav, Liv quiere saber más de Gustav, pero lo cierto es que a Gustav solo lo conocen un poco más Jonás y Alexa desde las pocas salidas en grupo… Liv le llama la atención Jonás, pero no se reserva el derecho de admisión… Cuando regresa Alexa del baño, le dice Liv que le toca a ella y Alexa le dice:
—Vamos a escuchar primero a la amiga Valerie; cuéntanos, Valerie, ¿cómo fue tu primera vez?
Valerie la mira de reojo y, resoplando con la boca cerrada, se limpia la comisura de la nariz, exhala como si no quisiera hablar y dice:
—Ok, bueno, no hay manera sencilla de contar esto, así que, después de ser violada por mi tío a los ocho años… —Todos en la sala se enmudecieron inmediatamente después de lo dicho por Valerie, se congelaron los movimientos, casi provocaron un bajón de nota aquellas palabras, la música que para el momento era una selección de las mejores canciones de Raimbow, bajó el tono, comenzaba a sonar Raimbow eyes… Era un momento de pena ajena que desagradó. Seguidamente, Valerie soltó una tremenda carcajada— Ja, ja, ja. Es mentira, es jodiendo —dijo, y todos se rieron, a Alexa le encantó, Isabela le dijo riendo: «De pana que eres una mierda en pasta», pasó el momento de gracia y comienza Valerie la historia:
—Yo crecí en una casa matriarcal, mi madre era una de doce hermanos y nosotros éramos los que vivíamos en la casa de mi abuela, siempre venían de visita mis tías y tíos, primos y primas, mi hermano, mayor que yo, consumía perico, pero yo no lo sabía, yo sabía de los primos mayores que yo, es decir, sabía que consumían drogas, pero no lo que significaba eso, yo me enteré como a los dieciséis años de que mi hermano consumía, pero nunca le presté atención… Un par de años después comencé a salir con un oficial del ejército, el que todavía es mi esposo, y del que tampoco sabía que consumía drogas, o no sé si comenzó cuando empezó a salir con mis primos, lo cierto es que lo noté diferente y, como ya sabía cómo se comportaban mi hermano y mis primos cada vez que se engorilaban… lo enfrenté y él me dijo que sí consumía, bueno, aproveché para preguntarle cómo era y si lo podía probar con él, bla, bla, bla... Después de convencerlo..., lo comencé a probar y descubrí cómo podías beber y joder sin emborracharte, para ese momento ya tenía un hijo pequeño y salí embarazada por segunda vez, lo dejé por el tiempo de embarazo y lactancia, hasta que comencé nuevamente solo en fiestas de este tipo, en fiestas familiares ni loca las uso.
Jonás le pregunta que, si no le provoca en esas fiestas, cuándo bebe, y Valerie le responde: «es más fuerte el miedo de que alguien se dé cuenta de que me choco a las ganas de chocarme, por eso que cuando lo hago aquí, es tan relajante».
Y Gustav dice:
—¿Por qué no trajiste a tu esposo?
Valerie:
—Está de comisión todo el fin de semana, mis hijos los deje con mi mamá y, además, si él estuviera libre no vendría, a él solo le gusta hacerlo en la casa cuando bebemos, o con mis más allegados, no le gusta que nadie sepa por el tema de que está en las fuerzas armadas…
Isabela:
—¿¿Tu mamá sabe??
Valerie:
—¡No, chica! ¡Ni loca! En mi familia solo mi esposo y yo.
—Ahora le toca a Gustav —dice Liv, mirándolo como lo ha hecho ocasionalmente durante el tiempo transcurrido entre historias y cuentos…
Gustav, poco conversador, como se le conoce, pero en este caso se toma su tiempo y comienza su historia:
—Mi padre era ruso de nacimiento, él se radicó acá en los 60, conoció a mi madre y se casaron, fue comerciante y ganaba muy bien, vivíamos cómodamente, tenía dos vehículos tipo sedán y una camioneta con cabina doble, marca Toyota, todos nuevos, aunque uno de los vehículos era de mi madre, cuando era adolescente, a veces yo lo sacaba del estacionamiento o me dejaba dar una vuelta cerca de la casa, esas son otras historias… En sus últimos años lo recuerdo con una barba blanca un poco larga y con una colita en su cabello, aunque no era tan viejo, casi nunca estaba en casa y cuando estaba era muy especial y cariñoso, mi madre lo atendía muy bien y hacía las cosas como él se lo decía, llegaba con unas cervezas o con una botella de whisky, eso dependía de con quién estaba antes de llegar a casa, supongo… Yo tuve los mejores regalos, viajes, estudié en los mejores institutos desde el Kínder Garden hasta la Universidad, cuando tenía como doce o trece años andaba con un grupo de amigos en el liceo, allí conocíamos a dos o tres chicos que consumían drogas, siempre andaban vestidos de negro, creo eran rockeros, hasta se pintaban las uñas de negro… Aunque no andábamos con ellos, más de una vez vimos cómo inhalaban en los baños y, aunque nos miraban de manera intimidante, no nos decían nada, creo que ellos sabían que no abriríamos la boca.
