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A mi edad, puede pasar cualquier cosa. Mi vida es un mundo de diversión. Conocer a tu primera novia en Primaria, irte a cualquier casa abandonada, conocer a miles y miles de actores. Comer en varios bufés hasta reventar, ir de balneario una semana… Cuando llegues a los cuarenta años y has olvidado todo eso, ya no nos queda tanta energía, pero ¿y tú? ¿Tú quieres volver a repetir algo del pasado? Esto ha sido emocionante, divertido y también espeluznante, para qué olvidarlo, si lo vas a repetir. Pero ya podemos decir que esto lo hemos vivido y, lo mejor, aprovechado. Este libro habla de mí, pero creo que también de todos vosotros, todas vosotras y todes vosotres. Leedlo. Nos reiremos un buen rato juntos, por cierto, ¿alguien quiere un orinal? Es por si no te aguantas de la risa. Y me temo que será difícil aguantar la risa. Vamos a acabar todos con Mi vida en un solo libro 2.
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Seitenzahl: 148
Veröffentlichungsjahr: 2024
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Jesús Esbrí Miralles
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de cubierta: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-304-4
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
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Hola. ¿Qué tal? Soy Jesús Esbrí Miralles. Un niño que no está bien de la cabeza. Este es el primer libro que escribo y espero que lo disfrutes. Hay gente que ya me conoce de antes, pero si tú no me conoces, ya lo harás.
Este libro se trata del orgullo. No me refiero al orgullo de Chueca, me refiero al orgullo de la comedia. Tranquilos, en este libro hay mucha comedia, mucho amor y mucho misterio.
Pero antes de seguir una pregunta:
¿Para vosotros qué es mejor el orgullo o el amor?
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Este libro está hecho
para las personas de hoy en día
CAPÍTULO 1 EL AMOR O LA COMEDIA
Antes de que empieces a leer te voy a hacer una pregunta: ¿crees en el amor? Hay gente que sí y hay otra que no. Pues yo soy de los que sí que cree. Esa gente que no cree en el amor… Ya llegará.
Antes de hablar de Isabel y Jesús, vamos a jugar a un juego. En la palabra amor hay diferentes palabras para montar una frase:
Amor en roma y regalo un ramo a omar.
Cambiamos de tema que es mejor. En este libro os voy a contar las cinco vidas que tengo. Mi primera vida consiste en…
Nos vamos a incorporar donde estábamos con Isabel y Jesús.
Isabel era una amiga mía. Llegó el día 27 de octubre de 2018. Entré al instituto sobre las diez de la mañana. Una niña estaba sentada en un banco y era guapísima: rubia, con los ojos azules saltones y con un culito más bonito que la cabeza de un calvo.
Al acabar la clase de las once, Isabel y yo nos cruzamos.
—Hola, Isabel. ¿Nos podríamos ver al salir de clase? Yo estaba todo rojo y nervioso.
Ella me dijo:
—Sí claro. ¿Por qué no? A las dos te espero.
Eran las doce y cinco y me iba a clase de gimnasia. A mí ya me daba igual correr porque el corazón ya lo tenía a cien por hora. En la clase de gimnasia no paraba de mirar el reloj. Cuando se hicieron las trece y treinta, para los de la ESO la una y media, el profesor de gimnasia dijo:
—Venga, chicos, a cambiaros.
Yo me cambié y me tiré desodorante para estar bien con Isabel, eso sí, yo me ducho una vez a la semana. Estando en el vestuario les dije a mis amigos gritando:
—¡¡Chicos, que voy a hablar con una chica guapísima!!
Y un amigo me dijo:
— Pues venga, ya sabes.
Yo, como no entendía nada de lo que me dijo mi amigo Juan, me fui corriendo fuera a la calle para ver a Isabel. Salí a la calle todo contento, pero ella no estaba. Estaba preocupado, fui calle arriba y calle abajo, como en una montaña rusa y no la vi. Al instante, vibró mi teléfono móvil que tenía guardado en el bolsillo, lo saqué y tenía un mensaje de un número privado que decía:
«Jesús, ve a la zapatería que está cerca del instituto».
Y como no entendí nada, fui a ver qué pasaba en esa zapatería. Entré y la persona que trabajaba allí me dijo:
—Jesús, esto es para ti.
Sin entender nada y abobado como siempre, me dio un sobre, lo cogí, lo abrí y en él decía:
«Jesús, ve al restaurante Michelín que está frente de la zapatería».
Yo estaba flipando en colores. Fui al restaurante, entré y había ocho camareros trabajando, tres de ellos estaban en la barra. Me hicieron un gesto con la mano para que fuese hacia ellos y me dijeron:
—Jesús, esto es para ti.
Una vez más me dieron un sobre, lo abrí y decía:
«Jesús, ve al parque, allí estaré yo con un auto rojo».
Y lo repito nuevamente. Estaba flipando en colores.
Bueno, a lo que iba, fui al parque a ver si estaba mi… mi… Ya sabes quién, ¿no? Fui allí y estaba ella con su padre sentados en un banco, pero el padre estaba más calvo que el culito de un bebé.
Yo estuve todo nervioso y a la vez enfadado.
—¿Dónde estabas y por qué he tenido que ir a la zapatería y al restaurante?
Ella cada vez se reía más, hasta que al final no aguanté y me fui enfadado. Pero ojo, cuando me iba cada vez más lejos, ella como está peor de la cabeza que yo, de lejos decía:
—¡Jesús, ven por favor!
Se escucharon los gritos hasta el pueblo de al lado.
Cada vez me fui más enfadado a casa. Cogí las llaves de casa, entré y lo mejor de todo es que tuve una sorpresa en el salón. Mi tía estaba escondida dentro de la casa, detrás de las cortinas y cuando salió pegué un bote. ¡Uf! Que bote pegué.
Salió de detrás de las cortinas como Drácula, solo le faltaban los colmillos. Me dijo:
—Jesús, esa caja que está encima de la mesa es para ti.
Yo me fui hacia la mesa, cogí la caja y dije:
—Joder tía, sí que pesa.
Y ella me dijo toda preocupada:
—Ya sé que pesa, pero ten cuidado que es frágil.
Vamos a salir un poco del libro y os digo lo primero que hago cuando alguien me dice que es frágil. Es poner la caja boca abajo en el sofá para que caiga todo.
Bueno vamos a entrar de nuevo al libro.
Tiré lo que estaba dentro de la caja con suavidad y me di cuenta de que había cuatro perros pequeñitos. Me puse a llorar de la emoción. Al principio todo es alegría y felicidad, pero como ahora los perros son más grandes que yo, madre mía la que te espera. Imagínate que estas con tu novio o novia solos en casa con los cuatro perros. Acabáis de sentaros en el sofá con una manta, palomitas y Netflix. Lo que quiero yo cada domingo, pero no puedo. Bueno ya me estoy empezando a enrollar.
Estáis a mitad película, y de pronto hay un perro que está cagando. Bueno caca, caca… Una butifarra. Tu perro acaba de cagarse y tú sin más dilación vas a recoger la mierda, pero cuando vas a recoger la botifarra del perro, otro está meando, otro está haciendo el ñaca ñaca con la manta y el otro chupando… no mal pienses, está chupando el brazo de tú novio o novia y ahí tú ya te suicidas. Pero ahora en serio, para mí los perros que tengo que solo me quedan tres, el otro se lo encontraron en la carretera atropellado, son un amor. Y para ti, ¿qué son los perros?
Cambiamos de tema, por favor, como estamos hablando de perritos, vamos a empezar con los chistes malos. ¿A que los echabais de menos?
Primer chiste del día:
¿Qué hace un perro con un taladro? Taladrando.
Un perro le dice a otro:
—¿¡Sabes que soy el único perro del mundo que habla!?
—Guauu.
Bueno va, uno más y cuento una cosa que me pasó en un centro comercial.
Había un perro llamado Pafuera. Un día le gritaron «¡Adentro Pafuera!» y el perro se volvió loco.
Hasta aquí los chistes malos. Pero tranquilos que habrá más.
Mi vida en realidad, es un show. Sí me queréis conocer ya vendrá el día, tranquilo o tranquila.
Un día, hace mucho tiempo, no sé si era ayer o antes de ayer, fuimos a un centro comercial. Ahora que nadie nos está escuchando te digo que los centros comerciales son un aburrimiento.
Imagínate que vas con tú hijo (si eres una madre o padre).
O Imagínate que vas con tus padres (si eres un niño o adolescente).
En este año hay una época que es muy jodida para todos. Que es Navidad.
Los madres y padres de ahora cuando van con sus hijos a un centro comercial deben tener mucha paciencia con sus hijos. Porque no paran de decir…
—¡¡Mamá cómprame eso!!
—¡¡Papá vamos al cine!!
Y así cada vez que entráis o salís de una tienda de cosmética o vais con un chico o chica que os gusta. Pero tened cuidado, padres del mundo, que hay gente que os conoce y anda suelta.
Ahora que ya os lo he dicho todo, os voy a contar una pequeña historia que me pasó en un centro comercial de Navarra.
Entramos al centro comercial, y no había otro sitio en España donde encontrarse a una amiga de mi madre de la facultad. Os resumo, porque si no estaremos aquí hasta mañana.
Eran las seis de la tarde y nos cruzamos con Raquel, la amiga de mi madre, y como no, tuvieron una alegría porque no se ven desde un día.
Raquel, gritando como una loca:
—¡¡¡Ay, nena, cuanto tiempo!!! ¿En qué estás trabajando ahora? Yo te veo mucho por la tele.
Mi madre:
—Muchas gracias, soy dobladora.
Raquel:
—Anda, dobladora. Somos colegas. ¿En el cine?
Mi madre:
—No, en el Mango, soy dobladora de ropa.
Pues sí, chicos y chicas, no hay mejor grito que ese. Pues imagínate si no se ven en ocho años. Me quedo sordo y mira que soy joven.
Espérate que aún me acuerdo de lo que le dije yo.
—O sea, que hay una profesión que consiste en ir recogiendo la ropa que nos dejamos tirada por ahí, doblarla y colocarla en el sitio. Lo que toda la vida ha sido una madre, pero cobrando.
No nos engañemos, a las tiendas no vamos a comprar, las tiendas son las piscinas de bolas de los adultos. Tened cuidado, hijos de este mundo, controlad a vuestros padres.
Por eso, cuando voy a un centro comercial, no voy con mis padres, voy con mi tía que es aún peor.
Ya si eso hago autostop y que me secuestren, ya que estamos.
Ahora por favor vamos a dejar la comedia a un lado y nos metemos en las cosas paranormales.
CAPÍTULO 2 LO PARANORMAL YA HA LLEGADO
Por fin, ya estamos en el capítulo 2. En este capítulo hablaremos de dos cosas que me han pasado a mí en la vida real. Antes de empezar a explicar os hago la pregunta: ¿sabes que es algo paranormal? ¿No? Mejor que no lo sepas. Ahora que estamos tú y yo solos de nuevo, ¿a ti te ha pasado algo paranormal?
Venga va, la primera cosa que me pasó era en un pueblo de Zaragoza.
Era en verano, creo que era el 24 de agosto de 2022. Voy a ver si era ese día, no te vayas que vuelvo en un periquete… Ya estoy aquí, ves que rápido, era el día 28 de agosto de 2022, perdón me he equivocado.
Bueno, estábamos yo y dos amigas en Calatayud. Salimos a andar por la noche para ver cómo era el pueblo y Silvia, una amiga de Calahorra, nos dijo:
—Chicos, venid que he visto algo.
Ella señaló una casa abandonada y antigua. Yo no le tengo miedo a nada. Bueno si, luego os diré cuál es. Venga va, voy a seguir contando la historia pero antes cógete palomitas y ponte cómodo o cómoda. ¿Ya las tienes? Pues venga.
Entramos por una puerta grandísima. Eran las diez y cuarto de la noche. Cuando nosotros estábamos andando por el jardín hacia la puerta de la vivienda, vimos una manta blanca, con unas manchas rojas por encima. Silvia me dijo:
—¿Jesús, eso qué es, no será un muerto? —Lo dijo toda acojonada.
Y yo le dije:
—No es un muerto, tranquila.
Fuimos hacia la puerta de la casa. Cuando llegamos ya a la puerta principal se abrió sola la puerta y nosotros estábamos cagados hasta que al final, entramos a cotillear.
Andamos poco a poco hacia el salón, pero cuando llegamos al salón… la puerta se cerró con un portazo. María y yo nos abrazamos y estábamos temblando como si estuviéramos a tres bajo cero, pero no, estábamos a veintidós grados.
Con lentitud, andábamos hacia la cocina que estaba a la parte derecha de la casa. La cocina estaba llena de sangre o de kétchup, una de las dos cosas. María abrió la nevera para cogerse un refresco, pero no había nada. Bueno, sí, había un brazo de una persona pequeñita. Yo iba a lavarme la cara para relajarme un poco, pero había una oreja pequeñita.
Nos fuimos María y yo solos a la parte de arriba de la casa. Nos encerramos en una biblioteca o algo parecido. María estaba sofocada por el miedo que ella tenía y yo sofocado por subir las escaleras a toda hostia. Al cabo del tiempo nos miramos asustados y yo le dije:
—¡¡Oye, María!! ¿Y Silvia?
Ella me respondió toda nerviosa:
—¡Hostia!
Sin más dilación, nos fuimos abajo para buscar a nuestra amiga. Yo como iba tan nervioso me tropecé con un juguete de un bebe y caí escaleras abajo con la cabeza pegada en el suelo. Como estaba tumbado en el suelo solo pude ver la parte izquierda de la casa y había una tele encendida. María me ayudó a levantarme y le dije:
—María, allí hay una tele encendida.
Ella cuando me estaba ayudando a levantarme, me soltó y me pegué un hostión contra el suelo.
María se fue a ver a nuestra amiga. En ese momento me levanté del suelo y me fui hacia ella gritándole:
—¡¡¡¡María, me cago en tu…!!!!
Y María me responde:
—Calla, Jesús, que no sé lo que está haciendo.
Lo que estaba haciendo nuestra amiga Silvia era:
Estaba viendo la tele, pero estaba apagada, tenía un ojo abierto y el otro cerrado y jugando a la pelota con su perro imaginario. Ella lanzaba la pelota y no sé cómo coño llegaba a ella.
Es como si le hubiera pasado algo. Bueno va, sigo contando la historia que ya me queda menos.
Nos fuimos María y yo a la parte de arriba, donde estábamos antes encerrados. Cerramos la puerta con cerrojo, nos sentamos en dos sillas que estaban llenas de telas de araña y mucho polvo.
—Jesús, ¿te has dado cuenta de lo que le pasa a Silvia?
—Emmm… Creo que ya se lo que le ha pasado.
—¿Qué? —contestó muy nerviosa.
—Pues mira, yo creo que cuando estábamos entrando aquí en esta casa, le ha pasado algo.
Cuando estábamos hablando María y yo, apareció por debajo de la puerta una nota. María se levantó y dijo:
—Encima del armario que tenéis delante hay una caja de zapatos con la llave para salir de esta casa.
Cogimos una silla para que María se subiera, cogió la caja y me la dio. Ella se bajó y me dijo muy asustada:
—Jesús, detrás del armario hay algo.
Yo con todas mis fuerzas empuje para un lado el armario y había como una habitación escondida. María y yo, como llevábamos el teléfono móvil, encendimos la linterna y nos encontramos con cuatro jaulas de hierro de un metro y medio de altura. Rápidamente le hicimos una fotografía y lo peor de todo es que dentro había una camiseta pequeñita con sangre.
María estaba temblorosa, se cayó al suelo y además cuando yo le hablaba no me respondía:
—¡¡María, María!!
No me contestaba, hasta que al final me dijo:
—Sácame de aquí.
Abrí la puerta, cogí en brazos a María. Cuando bajé las escaleras estaba Silvia y me dijo:
—Jesús, ¿dónde estabais?
—No hay tiempo, ven por favor.
Salimos a todo gas de la casa encantada, ellos corrían para llevar al médico a María, pero cuando estábamos yendo al médico, María responde…
—Gracias por salvarme.
Yo le dije:
—¿Qué te ha pasado, amiga?
Ella nos dijo:
—Hostia, chicos, desde que he pisado la puerta he tenido la sensación por primera vez en mi vida de no estar sola, de sentirme acompañada. Había una voz que me decía que si me quedaba ahí en la casa, iba a estar bien, iba a estar tranquila y no me va a pasar nada.
Yo le dije:
—Hombre, ya lo sabemos, has estado con Silvia y conmigo todo el rato.
Y ella me dijo:
—No, no. Con alguien más.
Yo en ese momento me asusté muchísimo y desde ese día que no voy a Calatayud. Eso sí, lo tengo que decir: se come de puta madre, unos chuletones con ajo y aceite…Te chupas los dedos y todo.
Y la segunda historia era en un cementerio de Almenara (Castellón) un pueblo muy bonito para visitar. Una cosa, sí tú eres de la zona de Teruel, ¿dónde quieres ir? Porque está Zaragoza y Castellón pegados con Teruel. Bueno va, que me enrollo. Esto fue el 23 de julio de 2023. Íbamos mis padres, un amigo, los padres de mi amigo y yo a cenar en un restaurante de Almenara y, ojo, me quito el sombrero.
Después de cenar salimos a pasear un poco, en la playa de Almenara. Iban a tomar café todos los mayores. Claro, después de cenar hay café y después del café hay chupitos y después de los chupitos hay algo más… vamos, mi amigo y yo nos fuimos al cementerio de Almenara. Eran sobre las once y un cuarto de la noche y antes de ir al cementerio le dije a mi amigo Lucas:
—Oye, Lucas, escúchame. Como nos pase algo a ti y a mí, corremos sin mirar atrás.
—Pero ¿por qué lo dices?
—Hazme caso.
Mi amigo Lucas y yo íbamos al cementerio paseando tranquilamente. Estábamos en el puerta del cementerio, pero estaba cerrada, supongo que nadie iba a ver a su pareja o algún familiar a las once de la noche para darle las buenas noches. Pero eso sí, había un pedazo de valla rota y nos colamos. Por allí, Lucas, mi amigo, caminaba cuidadosamente a través del cementerio oscuro. Daba más miedo de lo que piensas. Una y otra vez miramos a nuestro alrededor por si alguien nos estuviera siguiendo.
Debíamos darnos prisa porque faltaba poco para la medianoche… y ¿qué pasa cuando llega la media noche? Venga, dímelo tú.
Finalmente, llegamos al lugar correcto, porque estábamos tan perdidos como las votaciones de los políticos en el Congreso de los Diputados. Bueno, va, a ver, luego de andar una hora y cuarto se me vuelca el corazón cuando vemos un espíritu sin cabeza y además de eso oíamos risas.
