¿Mobbing o torturas psicológicas? - Javier I. Barraza - E-Book

¿Mobbing o torturas psicológicas? E-Book

Javier I. Barraza

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Las torturas psicológicas en el ámbito laboral —que la mayoría denomina mobbing— son un fenómeno que merece particular atención, pues miles de vidas quedan devastadas luego de su paso por un lugar de trabajo. En esta obra, el doctor Barraza hace un estudio pormenorizado de la doctrina y los fallos judiciales. Asimismo, aborda posiciones filosóficas para demostrar cómo se ha relegado al ser humano en pro de un lucro desenfrenado o por una mal entendida jerarquía.

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Seitenzahl: 115

Veröffentlichungsjahr: 2013

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¿Mobbing o torturas psicológicas?

¿Mobbing o torturas psicológicas?

Estudio doctrinal y jurisprudencial

Javier Indalecio Barraza

Barraza, Javier Indalecio

¿Mobbing o torturas psicológicas? Estudio doctrinal y jurisprudencial. - 1a ed. - Buenos Aires: Albremática, 2013.

102 p.; 16x23 cm.

ISBN 978-987-1799-17-6

1. Derecho Laboral. I. Título

CDD 344

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la fotocopia y el tratamiento informático.

© 2013, Javier Indalecio Barraza

© 2013, Editorial Albrematica

Primera edición

ISBN 978-987-1799-17-6

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

A mi abuelo, Luis Gerónimo Martínez, en homenaje a su lucha por condiciones dignas y equitativas de labor

Prólogo

Vivimos una época de un alto nivel de hipocresía. Por un lado, se habla de derechos humanos, pero en los hechos se violan sistemáticamente estos derechos. El individuo no cuenta en el lucro desenfrenado y lo vertiginoso de los cambios.

Nuestro orden jurídico positivo prohíbe la esclavitud (art. 15 de la Constitución Nacional), aunque la realidad nos muestra a los trabajadores como los esclavos modernos, que trabajan sin descanso, viven abrazados a sus puestos y dispuestos a soportar cualquier tipo de humillación, con tal de preservarlos. En suma, se repele la esclavitud con el discurso, pero se le da la bienvenida con el sistema laboral. Se dice preservar la vida, pero vemos como diariamente los trabajadores se suicidan por un ámbito laboral perverso.[1]

En el medio de esa impostura, las torturas psicológicas en el ámbito de trabajo —que la mayoría denomina mobbing— se pueden palpar y observar en dicho ámbito. Lo llamativo del caso, es que se está violando el principio constitucional de “condiciones dignas y equitativas de labor” (art. 14 de la Constitución Nacional), pero nadie parece preocupado por esta transgresión a la Ley Fundamental.

A partir de mis vivencias, observaciones y estudios, he podido constatar lo siguiente:

la ausencia de debate sobre la cuestión,indiferencia y miedo de los trabajadores,abuso de los jefes
ámbitos físicos de trabajo inadecuados.falta de voluntad de las autoridades políticas.

En consecuencia, es importante que podamos debatir y reflexionar sobre esta temática, ya que la indiferencia y el silencio de los trabajadores, sea por ignorancia o temor, potencia este drama. Miles de vidas quedan devastadas, luego del tránsito por una organización pública o privada.

1. Estructura de la obra

Este libro ha sido elaborado, partiendo de una premisa: no estamos en presencia de acoso psicológico, sino de torturas psicológicas.

Si bien, se aborda el estudio del acoso psicológico o mobbing, su origen y causas, intento demostrar la presencia de torturas, con medios sutiles y sofisticados, tan o más letales que la época de la inquisición.

Asimismo, he realizado mediciones durante diez años (2003-2013), mediante encuestas y el resultado de éstas es contundente: desinterés de los trabajadores, no solo por ejecutar acciones sobre esta cuestión, sino mucho más grave, ni siquiera para pensar en algo que pueda cambiar esto.

Al final de la obra se encontrarán una serie de datos estadísticos sobre un universo de 104.387 agentes de la Administración Pública Nacional. Dichos resultados van desde la opinión negativa que tiene el empleado sobre su jefe (99,85%), qué pasaría si al empleado se le da una orden ilegítima, en fin, múltiples cuestiones que contribuyen a potenciar las torturas psicológicas.

He realizado mis estudios e investigaciones, centrando mi atención en la Administración Pública Nacional, que es el ámbito en el que me he desempeñado durante veinte años, en la Administración Pública provincial, la ex Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, y luego en la Presidencia de la Nación.

Por otra parte, debo señalar que no contamos con datos fehacientes acerca de cuántos agentes integran la Administración Pública Nacional. Resulta paradójico, se habla de calidad institucional, de dar publicidad a los actos, pero al momento de preguntar cuántos empleados tiene la Administración Pública Nacional, es un dato sobre el que nadie proporciona información.

También, era mi objetivo efectuar alguna medición sobre la pericia técnica de los funcionarios públicos, títulos profesionales, trayectoria académica y profesional. Tales datos tampoco existen en el ámbito de la Administración Pública. De las personas que conozco, muy pocas se dedican al derecho administrativo, o han realizado estudios de posgrados sobre esta cuestión, pero opinan, asesoran, y gestionan, tanto como quien tiene toda una trayectoria en esta rama de la ciencia jurídica.

2. Palabras finales

Tengo sueños por cumplir. Seguramente Ud. también los tiene. Pero, ¿qué es un sueño? Para mí, es una calibración exacta entre ambiciones y posibilidades. Un sueño no es querer ganar la lotería, eso es un ardid para evadirnos de nuestras circunstancias actuales, olvidar nuestras potencialidades y eludir nuestras responsabilidades.

En esa conjunción de ambición y posibilidad, creo que podemos establecer un sistema de trabajo que dignifique al ser humano.

Sigo soñando con una nueva ideología, por medio de la cual, jerarquía no es solamente mandar, sino motivar y capacitar a los recursos humanos. Esta tarea es responsabilidad del jefe, no del empleado.

Sigo soñando con una Administración donde se ingrese por concurso, y no por ser amigo, pariente o amante del funcionario de turno.

En fin, estos sueños podemos cumplirlos. Simplemente debemos exigir un mundo mejor, con trabajos dignos, donde prevalezca el ser. En eso me esfuerzo

Buenos Aires, 1° de abril de 2013

[email protected]

Capítulo I Las torturas de nuestro tiempo

El vocablo mobbing o acoso psicológico se utiliza para referirse a situaciones en las que una persona sufre sistemáticamente la degradación y humillación en su ámbito de trabajo. Estas circunstancias implican más que un acoso, son torturas[2] que sufren los trabajadores, quienes —en múltiples casos— han padecido cáncer, enfermedades renales, estomacales, úlceras, entre otras. Muchos empleados sufren depresión severa que no les permite ni siquiera concentrarse en una tarea menor; otros han decidido suicidarse y otros estuvieron a un paso de esto.

Veamos el testimonio de Cecilia,[3] empleada del Ministerio de Economía: “Yo estuve a punto de suicidarme por un jefe que diariamente me torturaba psicológicamente. Me decía que era una inútil, cuestionaba todo lo que hacía, no me daba permiso para salir a comer. Estoy medicada, y por prescripción médica debo seguir así. Cuando entré en el Ministerio era una persona alegre, que le gustaba festejar. El trabajo me sacó las ganas de vivir y me hizo desarrollar un carácter antisocial. Es lo que me dijo mi psiquiatra”.

Marisa, empleada del Ministerio de Defensa, nos cuenta: “Siempre cumplí con las tareas asignadas, pero mi jefe nunca estaba satisfecho. Me llamaba por teléfono para controlar si estaba en la oficina. El trato era discriminatorio, los sueldos eran desiguales, aunque yo hacía más tareas que otros. Nunca se me concedía ningún permiso, ni siquiera cuando se inundó mi casa, ya que vivo en Belgrano, en una planta baja y con una pequeña lluvia esa zona se inunda. Me quedé porque necesitaba el sueldo para vivir. Un día quedé embarazada, le comuniqué a mi jefe, y empezó mi calvario. Finalmente, perdí mi bebé por esas torturas diarias. Eso es lo que han dictaminado los psiquiatras que me atendieron. Me torturaron, perdí mi hijo, ¿Quién es el responsable?”.

Por mi parte, vi morir a un amigo por un jefe que lo controlaba y lo descalificaba sistemáticamente. Esta situación lo deprimió, luego se enfermó y, finalmente murió. También, diariamente observo como muchos amigos se deprimen, se enferman o renuncian a su trabajo por un superior jerárquico acosador y siniestro. Estas situaciones son las que me llevaron a estudiar este tema y bregar por algo que brinde respuestas y herramientas jurídicas para los trabajadores.

1. Las sutilezas de la disparidad

Los testimonios precedentes demuestran que estamos en presencia de torturas, no con los instrumentos de la época de la inquisición, sino con medios sutiles y sofisticados, devastadores para la integridad física y psíquica de una persona. En un caso, una madre perdió a su bebé, en otro una persona ha sufrido un daño psíquico por lo que debe ingerir medicamentos.

Ante estas circunstancias, cabe preguntarse:

¿Cuál es la diferencia entre un jefe que te descalifica en presencia de tus pares y el bonete que se ponía a los delincuentes de la época medieval para denigrarlos ante la sociedad?

¿Cuál es la diferencia entre la tortura china que te hacía caer lentamente una gota de agua en la cabeza hasta llegar a la locura, y un jefe que llama por teléfono insistentemente para insultarte, o mediante cámaras controla lo que escribís en tu computadora, vigila adónde estás parado, o audita permanentemente con quién hablás por teléfono?

¿Cuál es la diferencia entre los molinos (llamados molinos de sangre) que eran accionados por esclavos o animales y que te asignen tareas repetitivas y mecánicas? En nuestra sociedad moderna, tenemos miles de ejemplos de tales tipos de labores, v.gr. los cajeros en los supermercados, que durante ocho horas o más, pasan los elementos por un scanner y luego cobran. Esa rutina, puede enloquecer a cualquiera. Los trabajadores en los call center que repiten un discurso vacío de contenido y son sometidos a objetivos extenuantes de llamadas.

¿Cuál es la diferencia entre “la cigüeña”[4] que te inmovilizaba, y desplegar tu actividad laboral (v. gr. centro de llamadas o de cajero en un supermercado) sin moverte, en situaciones de hacinamiento, sin luz adecuada ni ventilación?

La respuesta a estas preguntas es clara: No hay diferencias.

2. El abuso de la tecnología

Los elementos tecnológicos de nuestro tiempo ideados para mejorar la vida de las personas y una mayor productividad, no son utilizados con este fin en los ámbitos laborales. En efecto, la tecnología se utiliza para:

a) controlar el horario de entrada y salida, mediante huellas digitales o tarjetas;

b) detectar la ubicación de una persona mediante cámaras;

c) los teléfonos que fueron ideados para alcanzar a otra persona a la distancia, en las organizaciones se los utiliza para auditar con quién habla la persona, el tiempo que utiliza este aparato. Lo cual ha llevado a la gente a que no utilice este aparato.

e) el correo electrónico personal de un individuo no puede ser utilizado en el horario laboral, dado que los servidores están bloqueados, y el correo electrónico institucional no permite ni siquiera comunicarnos con nuestros hijos en esas largas jornadas laborales.

i) internet, que fue pensado para poner el mundo en manos de la persona, es claramente obstaculizado en los lugares de trabajo.

Es decir, la tecnología ha sido utilizada no para mejorar la productividad y hacer más placentero el ámbito de trabajo, sino para controlar, acosar u hostigar. Podríamos decir, a mayor tecnología, mayor aislamiento del ser humano. Como ha señalado Alicia, empleada del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto: “Yo no utilizo ningún medio electrónico del trabajo. Mis hijos, saben que no me tienen que llamar. ¿Para qué? ¿Para que ingresen en mi intimidad? ¿Para que sepan lo que estoy haciendo? Todos estamos vigilados. Quiero mantener algo de paz e intimidad”.

3. La indiferencia

Resulta paradójico, pero el 99,96% por ciento de los trabajadores encuestados, ni siquiera ha reflexionado sobre esta cuestión (v. Datos estadísticos).

Por otra parte, los que han sido encuestados sobre el trato descalificatorio del jefe, consideran que es parte del trabajo, y que los controles que se establecen en los ámbitos son parte normal y habitual de cualquier trabajo. Se estima que son facultades del jefe y mejoran la eficiencia en el trabajo.

Es decir, las personas ignoran que están siendo víctimas de torturas psicológicas y las que han percibido esta cuestión están dispuestas a cohesionarse masivamente para adecuarse a la vertiginosa y exigente funcionalidad que el sistema laboral requiere, olvidando su dignidad y aceptando las vejaciones que sufren minuto a minuto.

4. El nuevo comercio

Las formas modernas de comercialización impactan negativamente en la vida social y familiar del individuo. En los shoppings cada fin de semana y los feriados miles de personas acuden a disfrutar y compartir con su familia, simultáneamente miles de empleados están privados de esta posibilidad, ya que sus días de descanso nunca son los sábados o domingos, ni feriados. En efecto, el día de descanso va de lunes a viernes, y el jefe le comunica al trabajador a las 21 horas del día anterior.

Como podemos observar las torturas psicológicas en el ámbito de trabajo tienen lugar por la concurrencia de tres factores:

1) Uso abusivo de los medios tecnológicos.

2) Indiferencia de los trabajadores.

3) Formas modernas de comercialización.

5. El enfoque filosófico

El aspecto filosófico ha sido olvidado cuando se aborda el estudio de esta temática. La mayoría de los estudios lo examinan desde la perspectiva jurídica o médica, y en algunos casos, se combina el derecho con la ciencia médica. La doctrina se refiere al derecho a la salud o a condiciones dignas y equitativas de labor, pero lo hace guiada por la dictadura del positivismo jurídico. Es que el positivismo jurídico extendió su dominio histórico mediante la glorificación de la norma escrita y luego mediante sus inmensos recursos envolventes nos hizo olvidar que el derecho es mucho más. En fin, las instituciones jurídicas reclaman para su estudio y comprensión métodos interdisciplinarios, se requiere ahondar en conceptos fundamentales de la ciencia política, la sociología, la filosofía, la epistemología de la ciencia. Si seguimos creyendo que las torturas psicológicas o el mal denominado mobbing, se solucionarán con la sanción de una ley, estamos equivocados.

Así, como el positivismo jurídico nos hizo olvidar —en la ciencia jurídica— valores éticos y fundamentales, también la ciencia médica ha prescindido de aquellos aspectos. Lo cual ha llevado a la incomprensión de las enfermedades modernas. En este sentido, Sábato ha reflexionado sobre las enfermedades de nuestro tiempo, al decir que: “