Mucha tele - Rafael Valle Muñoz - E-Book

Mucha tele E-Book

Rafael Valle Muñoz

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Beschreibung

"Con casi 100 entrevistas a conductores de noticiarios, animadores de estelares, realizadores de programas de humor e infantiles, productores, periodistas, artistas y directores de teleseries, Rafael Valle y Marcelo Contreras construyen un relato coral, finamente urdido, sobre el devenir de la televisión durante los 17 años de la dictadura de Augusto Pinochet. Don Francisco, el Tío Memo, Antonio Vodanovic, Malucha Pinto, Pedro Carcuro, Santiago Pavlovic, Katherine Salosny, Patricio Bañados, Gloria Münchmeyer, el Profesor Rossa, Álvaro Salas, Paulina Nin y Coca Guazzini, entre otros, dan cuenta del profundo cambio que vivieron los canales desde el mismo 11 de septiembre de 1973, incluyendo un férreo control programático y el autofinanciamiento. Así, través de programas y producciones emblemáticas (Sábados gigantes, Festival de la una, Los bochincheros, La madrastra, Los títeres, Informe especial, Magnetoscopio musical, Martes 13, el Jappening con ja o la franja del No para el Plebiscito de 1988), estas páginas retrotraen hacia una época oscura y convulsa, en la que la TV registró cambios tecnológicos sustanciales y, sobre todo, gozó de una influencia incomparable".

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Seitenzahl: 499

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Primera edición, FCE Chile, 2023

Contreras Chávez, Marcelo y Rafael Valle Muñoz Mucha tele. Una historia coral de la TV en dictadura / Marcelo Contreras Chávez, Rafael Valle Muñoz ; pról. de Álvaro Díaz. – Santiago de Chile : FCE, 2023

288 p. ; 23 × 17 cm – (Colec. Tezontle)

ISBN 978-956-289-336-7

ISBN digital: 978-956-289-338-1

1. Televisión – Chile – Historia y crítica – 1973-1990 2. Televisión – Entrevistas 3. Medios de comunicación masiva – Chile – 1973-1990 I. Valle Muñoz, Rafael, coaut. II. Díaz, Álvaro, pról. III. Ser. IV. t.

LC PN1992.3 C5 Dewey 384.55 C239m

Distribución para lengua española

© Rafael Valle Muñoz

© Marcelo Contreras Chávez

D.R. © 2023, Fondo de Cultura Económica Chile S. A.

Av. Paseo Bulnes 152, Santiago, Chile

www.fondodeculturaeconomica.cl

Fondo de Cultura Económica

Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14110 Ciudad de México

www.fondodeculturaeconomica.com

Coordinación editorial: Fondo de Cultura Económica Chile S. A.

Diagramación: Macarena Rojas Líbano

Cuidado de la Edición: Álvaro Matus

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra –incluido el diseño tipográfico y de portada–, sea cual fuere el medio, electrónico o mecánico, sin el consentimiento por escrito de los editores.

ISBN978-956-289-336-7ISBN digital 978-956-289-338-1

Diagramación digital: ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com

[email protected]

ÍNDICE

Prólogo: El pueblo a la tele, por Álvaro Díaz

Nota de los autores

I. Carta de ajuste (1973-1977)

II. Ponle color (1978-1980)

III. La hora de las teleseries (1981-1985)

IV. La televisión se atreve (1986-1990)

Sobre los autores

Agradecimientos

“La televisión penetra”.

PEPE TAPIA

“Malditas cajitas rectangulares

Están en las casas, en las calles y en los bares

Malditas cajitas rectangulares

Fabrican estrellas que son industrias

Fabrican los héroes por cantidades

Malditas cajitas rectangulares”.

“CAJITAS RECTANGULARES”,

EMOCIONES CLANDESTINAS.

PRÓLOGO

EL PUEBLO A LA TELE

Álvaro DíazPeriodista y cocreador de 31 minutos

No se necesitó redactar ni una sola norma ni gastar millones en propaganda o programación proselitista para que la dictadura chilena tuviera una televisión hecha a su medida. Por ser cosa de vida o muerte, el Golpe y su criminal estela bastaron para que la línea de la prudencia se corriera cada vez más en favor del silencio y la banalidad. Sin competencia en el área de la entretención gracias al toque de queda, el cierre de boliches y el desmantelamiento de la escena artística, y obligada a buscar recursos en la publicidad tras el fin de toda subvención estatal, la televisión chilena encontró a mediados de los 70 la pista libre para crecer exponencialmente, estimulada por las reglas del mercado y destinada por descarte a cumplir el rol de bulliciosa plaza pública de un país sin vida ciudadana.

Pertenezco a la mayoría silenciosa de privilegiados que practicamos ese contradictorio placer de considerar a la televisión una basura y consumirla sin remordimientos. Hace 40 años, su nocividad para los niños era creencia instalada. Se racionaba por horas según rendimiento escolar y comportamiento, o solo se permitía ver programas educativos e inocuos. En algunas casas, aunque sobraran los recursos, para evitar la tentación ni siquiera existía el aparato. El troncal Negrete, por ejemplo, era un programa que no dejaban ver a muchos niños. Protagonizado por el humorista Ronco Retes, trataba sobre el devenir de un equipo de fútbol poblacional. Su lenguaje procaz era considerado una mala influencia por algunos padres. El Festival de la una también cargaba con el estigma de ser un programa ordinario, pero ahí se volvía difícil el control parental: lo daban todos los días a la descampada hora de almuerzo. La alternativa era ver Almorzando en el Trece, una lata infumable. El Festival de la una era genuinamente popular. Se grababa los martes en Chilefilms y la mamá de un amigo, que vivía en la misma calle de los estudios, reclamaba porque el público dejaba todo cochino mientras hacía cola para entrar.

Más de algún sábado me quedé en cama viendo Sábados gigantes. No había razón para levantarse. El programa duraba toda la tarde, y en un periodo incluso se extendía hasta casi la medianoche con el late Noche de gigantes. Tenía de todo: cantantes, humoristas, concursos, números de variedades y drama humano. Lo animaba un tipo impune, básico y encantador, rodeado de lo más parecido a una escena artística que podía existir en esos años. “Yo llevé el pueblo a la tele”, dice su creador y conductor, Mario Kreutzberger, Don Francisco, en una de las páginas de este libro. Y tiene razón. No llevó al Pueblo con mayúscula, ese ente teórico, consciente, luchador, organizado, virtuoso, digno (y ajeno) de la Unidad Popular, sino al pueblo con minúscula. Tías risueñas y gordas, jardineros, mecánicos, cajeras de supermercado, ancianos encorbatados. Gente temerosa de los cambios, que se reía con cualquier tontera, se impresionaba con novedades de feria, quería matar el tiempo y salir en cámara. Un mundo apenas urbano, que conocía el rigor y no estaba para complejidades. También, una clase media bonachona y de pocas luces. Personas que parecían sacadas de los primeros Condoritos: enfrentaban la vida como un cúmulo de situaciones tan adversas como soportables. Y si había una élite, era esa que mezclaba militares con sus compinches civiles, un mundo decadente de uniformes, corbatas y trajes largos que se lo pasaba en cócteles, tramaba negocios turbios con empresas que habían sido del Estado y solo se lanzaba al desmadre en rincones secretos y horarios prohibidos.

Marcelo Contreras y Rafael Valle, al dejar que sean los protagonistas quienes cuenten la historia, permiten su justa ponderación. Eran por sobre todo gente normal, ingeniosa y talentosa a veces, haciendo su trabajo sin grandes cuestionamientos, preocupada de rellenar la programación con cosas sencillas, nada que pudiera molestar o ser malinterpretado. Reinaba la austeridad, al menos en un comienzo. El miedo era rutinario y no necesitó de una gran estrategia para instalarse; con la sombra de Pinochet bastaba. Y aunque los abusos de poder, ajustes de cuentas y pequeñas miserias no fueran cosa ajena, estaban los excesos kitsch de Televisa y Venevisión, que se tomaban la pantalla entre las tres y las cinco de la tarde con sus telenovelas.

Mario Kreutzberger, Enrique Maluenda, el Tío Memo y la Tía Pucherito, el pervertido buzón Preguntón, Cucho Inostroza, Andrea Tessa, Pato Bañados, Gloria Benavides, en fin. Los nombres que dan vida a Mucha tele poco y nada dicen para las nuevas generaciones, pero quienes crecimos con un televisor National Panasonic blanco y negro en la pieza y teníamos que cambiar de canal con un alicate, porque se había roto el selector, encontraremos en estos testimonios ya alejados de la estelaridad el relato honesto, sin culpas ni parafernalias, de esa parte de la historia que no da para efemérides pero construyó una buena parte del imaginario de años lóbregos.

NOTA DE LOS AUTORES

La generación chilena de los 70 nace con un televisor encendido en la casa, una especie de altar de comunión familiar repartido en millones de hogares.

Nosotros –los autores– somos parte de esa camada alimentada diariamente en esa década y la siguiente con mucha, mucha tele.

Enfilados a la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado, quisimos indagar cómo se hizo esa programación moldeada en dictadura; la pantalla que configuró parte importante de nuestros conocimientos y cotidianidad, imponiendo temas de conversación con la familia y los amigos: quién mató a Patricia, la tragedia en directo del incendio en la Torre Santa María, el equilibrista aporreado en Martes 13, los submundos revelados por Informe especial, Los Prisioneros tocando en Patio plum.

Iniciamos nuestra investigación en el invierno de 2018. La primera entrevista, de casi un centenar que conforman este libro, fue con Alfredo Lamadrid, director y ejecutivo fundamental en ese periodo. Fue quien proyectó los matinales cuando la pantalla era solo ruido blanco por la mañana, entre otras audacias programáticas.

La pandemia masificó las videollamadas y así se multiplicaron de forma exponencial nuestras posibilidades de diálogo con los protagonistas de este proyecto: rostros, directores, productores, ejecutivos y periodistas dispuestos a revelar procesos creativos –o derechamente copias–, y también los secretos y versiones encontradas de aquellos días.

¿Cómo contar esta historia? Mientras acumulábamos cientos de horas en entrevistas, concluimos que el valor de los testimonios superaba cualquier opción de texto filtrado por nosotros.

Entre anécdotas y datos duros supimos de imposiciones grotescas de quienes detentaban el poder, por absoluta ignorancia sobre una industria compleja; de zancadillas al control militar ejecutadas con tanta astucia como osadía; de la profesionalización obligada y acelerada del medio; del auge y caída de efímeras figuras televisivas, y del rol fundamental de varios nombres, más allá del omnipresente Mario Kreutzberger; entre ellos, Gonzalo Bertrán, Jorge Pedreros, Sonia Fuchs y Eleodoro Rodríguez.

El relato coral confirmó distintas tesis iniciales. Entre ellas, que con el 11 de septiembre de 1973 parten cambios radicales para la joven televisión chilena, cuando su vocación universitaria y pública, de acento cultural y educativo, muta en pos de la publicidad, obligada al autofinanciamiento por el régimen, decidido a eliminar el aporte estatal a los canales. También, que la programación de entonces gozaba de una variedad temática imposible hoy en día.

La TV de la que se habla en este volumen dejó huella en la cultura popular chilena. Sabemos qué significa que alguien sea llamado el Canitrot o el Espina en su trabajo. Los títeres instaló la idea de “peinar la muñeca” como sinónimo de locura. Y nunca olvidaremos que “Viña es un festival, música junto al mar”.

Mucha tele: una historia coral de la TV en dictadura es un vistazo a una época moldeada por un contexto sociopolítico muy preciso y, de manera más amplia, una mirada a un país aislado internacionalmente. Nuestra conexión con el mundo dependía en gran medida de lo que mostraban la señal estatal y los canales universitarios. Quisimos conocer las bambalinas de esa televisión y esto fue lo que encontramos.

Valparaíso, noviembre de 2023.

ICARTA DE AJUSTE(1973-1977)

El 11 de septiembre de 1973 marca un reinicio de la televisión chilena, formada por un canal estatal y tres universitarios. La dictadura se instala particularmente en TVN. En ese escenario se cruzan la rígida jerarquía militar y la plana juvenil dominante en la estación pública. La programación general se vuelca al magazine, surgen los primeros estelares y espacios dedicados en exclusiva a la entretención, en una TV que crece en ambiciones y es empujada gradualmente por el Estado hacia el autofinanciamiento.

1973

SANTIAGO PAVLOVIC:1 El 11 de septiembre partí con mis dos guaguas a la sala cuna y en la micro escuché un comentario medio extraño: “Ligerito van a empezar a caer las píldoras”, una cosa inolvidable. Llegué y me miraron como si estuviera loco. No había escuchado la radio, demoré mucho en la vuelta. Llamé al canal y prácticamente habían desaparecido todos. Un vehículo militar estaba estacionado afuera, y el único equipo trabajando fue el que estuvo en La Moneda desde temprano, aparentemente porque tenían algún tipo de información. Cuando llegué a la Villa Portales, donde vivía, mi exmujer, maquilladora en TVN, me dice que van a bombardear La Moneda. Subí a la copa de agua del Bloque 2 y observé el bombardeo. Lo encontré impresionante; a lo lejos bajaban los aviones y en cámara lenta parecía que subía el humo. Decidí ir a La Moneda. Vi que la Universidad de Chile había sido atacada; seguí caminando por la Alameda, donde había este foso por la construcción del Metro y vi un helicóptero Puma disparando contra el Ministerio de Educación. Después escuché como un dinamitazo. Al parecer, venía de la sede del Partido Socialista, en San Martín. Seguí hacia La Moneda; no me dejaron pasar y llegué a la Plaza de Armas. Aparece un vehículo y escucho: “Chago, ¿qué estás haciendo aquí, huevón? ¡Te van a matar!”. Era un tipo que se llamaba Magno Muñoz, amigo mío de la Escuela de Periodismo, que se convirtió en oficial de la Marina y que era el esposo de la Paty Politzer: “Súbete, que esta cosa está muy peligrosa”. Me deja frente a La Moneda, en el Ministerio de Defensa, y ahí por fin tengo una visión del palacio, a las tres de la tarde. Me devolví caminando a la Villa Portales. Ese fue mi 11 de septiembre.

EDUARDO RAVANI:2 Llego el 11 a Televisión Nacional, y está todo en el suelo y desordenado. No había nadie de mis amigos, de mis compañeros; la Teruca Cordero3 hablaba por teléfono. Éramos unos cinco o seis en el pasillo, ella pone el altavoz y era Augusto Olivares:4 “Monita, dile a todos que se vayan para su casa, tienen que cuidar a sus familias. Yo me tengo que quedar aquí por mis convicciones”. Esa fue la última vez que escuché a Augusto. Yo llegué 10 días antes a Chile, de la Unión Soviética, por el Festival Mundial de la Juventud, invitado por Volodia Teitelboim y Gladys Marín. Estuve dos años con depresión. Escuchaba que venían a buscarme.

PEPE:5 Vivía en Ñuñoa, venía en micro y me bajo en Marcoleta con Vicuña Mackenna. Camino y veo que toda la gente va hacia Vicuña. “¿Qué cresta pasa?”, pensé. Le pregunto a un gallo y me dice que están bombardeando La Moneda. Yo tenía mi oficina en Lira 46, pero entré por la puerta del Hospital Clínico de la Universidad Católica. Les pido a unos compañeros que vayamos al cuarto piso. Pasando por el patio, donde estaba el Estudio 26 del canal (13), nos empiezan a disparar desde las Torres San Borja. Apretamos cueva mientras atrás de un árbol un militar disparaba a las torres; era una película, caían vidrios y persianas de los departamentos. Llegando al cuarto piso nos dicen “manos arriba” unos militares de Telecomunicaciones.El capitán Guzmán y el teniente Jara comandaban un equipo de 40 militares que tenía tomado Canal 13 desde las ocho de la mañana del 11 de septiembre. “Quédense aquí –ordenan–. Vamos a buscar unos móviles y los vamos a llevar a la Escuela Militar”. Guzmán y Jara, con sus militares armados hasta los dientes, hicieron un chequeo de toda mi vida profesional. El capitán sabía todo de mí.

ARTURO NICOLETTI:6 El 11 fui al Canal 13 y llegó una orden de arriba: “Hay que sacar los móviles de Protab7 y llevarlos al Regimiento de Telecomunicaciones de Peñalolén”. Eran dos camiones ingleses de 15 toneladas, unas tremendas máquinas, y pusieron una Kleinbus con tres soldados. Subimos por Arrieta y empezaron a dispararnos. Los milicos sacaron los fusiles por las ventanillas. Yo les dije: “Vámonos a mi casa”, en la avenida Larraín con Plaza Egaña. Esperamos instrucciones, querían que siguiéramos y yo dije que no. Nos dijeron que teníamos que ir entonces a la Escuela de Telecomunicaciones, de Antonio Varas. Llegamos como a las dos de la tarde, estaba medio nublado ese día. En un salón empezamos a armar el estudio. Llamó un coronel, y me dijo que se iba a cambiar el lugar de declaración de la Junta a la Escuela Militar. Tenía que ser un lugar solemne.

PEPE: Más tarde nos pusieron de guata en un bus y fuimos a La Florida a buscar las llaves de unos móviles. Regresamos por Vicuña Mackenna. En el paradero 8 o 10 nos dispararon desde Las Industrias, quebrando los vidrios.

ARTURO NICOLETTI: Eran como las siete y media de la tarde y partimos a la Escuela Militar; estábamos todos agotados. En el hall principal pusieron un escritorio, banderas chilenas y se empezó a televisar. No recuerdo bien el orden de quién estaba primero; parece que [Augusto] Pinochet primero, y el último [César] Mendoza.

MARIO KREUTZBERGER, DON FRANCISCO:8 Conocí a Pinochet el año 67, cuando era jefe de Guarnición de Santiago. El 11 de septiembre me llevaron a la Escuela Militar y yo me asusté de todos los gallos que estaban sentados, como en las películas. Me dieron ganas de ir al baño y entré a una pieza. Cuando abro la puerta escucho: “¿Qué hace usted aquí?”. Era Pinochet leyendo el primer bando del día.

PEPE: Estaban los dos móviles instalados en la Escuela Militar; en el primero dirigía Arturo Nicoletti, y en el otro estaba yo con el videotape. Por fonos Nicoletti me daba instrucciones: “Corre tape”, “para ahí”, “grabando”. Ahí me enteré de la Junta de Gobierno: “Yo soy Augusto Pinochet y este es [José Toribio] Merino y este es [Gustavo] Leigh…”. Grabamos para mandarlo a todo el mundo a través de Televisión Nacional de Chile.

ARTURO NICOLETTI: Empezamos a televisar y Pinochet se equivocó. “Churra –dije–, ¿oí mal?”. Le pregunté al asistente de dirección y a los que estaban ahí qué escucharon, y todos coincidimos. No recuerdo la cita exacta, pero dijo “sí” a los comunistas cuando tenía que decir “no”. Le pregunté al operador de video y me dijo: “No escuché nada”. “Hay que parar”, pensé. Revisé y estaba mal. El ambiente era tenso, terrible, todos con brazaletes, los gallos pálidos, temblando. Pinochet seguía hablando y le dije: “General, se equivocó”. “¡No! –me dice–, no me equivoqué”. Lo invité a ver el tape. Vio la cinta: “Okey”, y partimos de nuevo.

PEPE: Ocurre un chascarro. Se detiene el videotape y yo tenía detrás a un militar nervioso con metralleta. Eché a andar el tape para grabar la ceremonia de juramento, se para el video y le digo a Nicoletti: “Se paró el video”. Tuvimos que repetir la ceremonia. Entiendo que también se había equivocado Pinochet, que aprovechó de corregirse. Nicoletti le dice: “Usted dijo ‘sí’, pero era ‘no’ en la frase. Es un error”. Discuten, se para el videotape, y ahí el militar pasó bala. A todo esto, me tenía nervioso un cabro de mierda que subía y bajaba del móvil. Le puse una patada y lo saqué cagando. Me enteré de que se llamaba Sergio Nuño,9 porque fue a acusarme al papá. Era el hijo del general Sergio Nuño.

ARTURO NICOLETTI: En el hall principal de la Escuela Militar se armó el set. Bajaban gallos heridos desde helicópteros y el patio estaba lleno de ametralladoras. En todo este hueveo, el que después fue ministro (de Salud), el doctor [Jorge] Jiménez, médico de la Escuela Militar, me dijo: “Arturo, ¿por qué no pedís que vayamos a Tomás Moro?”. Y televisamos lo que fue Tomás Moro. Mario [Kreutzberger] había ido en la mañana. Nosotros llegamos tarde, porque terminamos la declaración de la Junta como a las 10 de la noche. Tomás Moro era una cuestión súper deprimente, con unos dólares en el pasto húmedo por la garúa. Entré al baño; había una máquina de bicicleta y estaba el pijama del Presidente Allende. Nos llevaron a la bodega, donde tenía los víveres, los tragos. La orden llegó de arriba, como diciendo: “Mira cómo vive el Presidente y el pueblo muerto de hambre”.

DON FRANCISCO: El 11 de septiembre me llevan a la casa de Allende en Tomás Moro. Tiene que haber sido en la tarde, porque todavía estaba fresco eso. Estaba la policía política; vi las cartas que Allende había interceptado de [Eduardo] Frei, las estaban revisando. Aún estaban los cadáveres de los guardias.

PEPE: Mario es pillo. Se había comprado una cámara en Nueva York para hacer “La película extranjera”, la primera con micrófono incorporado, espectacular. Lo llevan a Tomás Moro con la chiva de que facilite la cámara, pero era para que hiciera un reportaje. Mario les dice: “Mira, yo soy el huevón de Sábados gigantes. Esta cuestión es histórica y es mejor que usted lo haga; saben técnicamente que este proyectil es de tal tipo”. Así que salió hablando un capitán. Otro día fuimos a hacer el allanamiento a Cañaveral. Nos llevaron a las 10 de la noche con los móviles, porque querían registrar la vida de Allende. Tenía una sala de cine. Se hablaba mucho de que había cintas pornográficas. Revisé y no encontré ninguna.

SANTIAGO PAVLOVIC: A Allende le gustaban las películas de cowboys. Los fines de semana le mandaban una proyectora desde TVN. De ahí se debe haber dado la idea de que era un vividor enloquecido y gozador. Puede que haya sido un gozador, mujeres no le faltaban a don Chicho. Tenía buena presencia y era un seductor.

PEPE: En el velador de Allende encontré un sobre con raíces de amapola, alucinógenos chinos; me contaron que eran para sentirse impeque. También vi unas hojas que decían que, en caso de atentado, el Presidente debía dirigirse solamente a la Clínica Santa María, que el doctor que lo atendería se llamaba tanto y nadie más; que si el Presidente tenía un dolor de guata, había una ficha clínica y otra ficha en caso de urgencia; que si el Presidente tenía un dolor en el pecho, qué había que hacer. Eran las 12 de la noche y seguíamos grabando, cagados de hambre y de frío. Y nos balearon cuando quisieron. Apagaban la luz los milicos detrás de la casa de Allende, una casa linda, de troncos, y nos baleaban desde los cerros. Yo me persignaba detrás de una pared.

JORGE NAVARRETE:10 Yo estaba todos los días en A esta hora se improvisa,11 y seguí en el directorio de TVN hasta el 9 de septiembre del 73. Después del Golpe, el gobierno militar intentó mantener el programa un tiempo, pero la verdad es que ya al tercer capítulo el último apagó la luz. Yo desaparecí de la televisión.

EL SIETE BALAS

▶PEPE: Otro día el capitán Guzmán me dice: “Vaya con este militar en la camioneta y me trae a Nicoletti”. Me puse a jugar a las cartas con los milicos y mis compañeros. Me dicen que hay que irse, y le digo al Negro Muñoz: “Anda tú”. Van manejando la camioneta José Fuentes, el chofer del cura [Raúl] Hasbún y Francisco Opazo, switchman y director de continuidad, más cuatro militares. Los acribillaron donde ahora están los Tribunales de Justicia, frente a Famae.12 Fue a las seis de la tarde y nos enteramos a las dos de la mañana. Supe por el cura Hasbún; me despierta y dice: “Pepe, qué bueno que estés con vida”. Se persigna y dice que mataron a José Fuentes y Pancho Opazo. Un militar sobrevivió con siete impactos. Le pusimos el Siete Balas; el canal le dio pega como camarógrafo. ◀

ANTONIO VODANOVIC:13 Mi debut profesional en televisión es con Campeonato estudiantil, los domingos: competencia de colegios, un programa producido por Don Francisco en el mismo estudio de Sábados gigantes, Lira 27. Lo hicimos cuatro años. Yo era director artístico de la radio Cooperativa para el Golpe y el rumor venía de muchos días. Cuando llegué a la radio ya había un batallón de milicos jóvenes. Estuve cinco o seis días sin salir de ahí, pero al segundo o tercer día un grupo de militares me escoltó a buscar mi auto. Los tanques habían pasado por encima de todos. El mío, un mini rojo, estaba intacto.

SANTIAGO PAVLOVIC: Llegué dos o tres días después del Golpe a TVN, porque la Villa Portales estaba sitiada por militares. El canal estuvo cerrado más o menos una semana, y llegó de director un tipo muy simpático: el Guatón [Eduardo] Sepúlveda, un coronel de la FACh, buena onda, amigo de todos los periodistas y del Gato [Alberto] Gamboa. Era jefe de Relaciones Públicas (de la FACh); algo sabía de comunicaciones.

PEDRO CARCURO:14 El 11 de septiembre me sorprende con licencia administrativa, iba a nacer mi primer hijo. El canal quizás se abrió el 14 de septiembre. Me llamaron los compañeros; si no me equivoco, el mismo Gonzalo Bertrán,15 presidente del sindicato. Hubo una asamblea, se contó que había muerto Augusto Olivares Becerra, el director general del canal, y se le rindió un minuto de silencio. Desde el primer día hubo una lista de gente que no podía entrar. Había militares, no muchos, muy jóvenes, más que nada por resguardo de la seguridad. Con el tiempo se fueron incorporando personajes distintos, personal de inteligencia, etcétera. Asumió el coronel Sepúlveda, de la FACh. Su hijo Reinaldo hizo la práctica en prensa del canal durante la UP. Los primeros días fueron más o menos blandos. Cuando sale Sepúlveda –no estuvo mucho tiempo, cuatro o cinco meses– empieza a ponerse más espesa la cosa.

AGUSTÍN INOSTROZA:16 Me fueron a buscar al día siguiente (del Golpe) junto a Gonzalo Bertrán, y entregamos el canal al Ejército. Fuimos al Ministerio de Defensa y entregamos la plana de TVN. Éramos los dirigentes sindicales: Gonzalo era presidente y yo secretario. El director del canal me dice: “Usted es el único locutor que va a poder hacer uso del micrófono de TVN hasta nueva orden”. Fui la única voz de TVN durante una semana. Pasamos películas como Amor al estilo americano, monos animados, cosas sin mayor trascendencia. Se quemaron muchos archivos… o se guardaron en otra parte.

FERNANDO ALARCÓN:17 Después del 11 se detienen los programas. Estuvimos fuera de pantalla un mes, hasta que nos llaman por un bando. Había un funcionario que no teníamos idea quién era, apoyando a otro en un escritorio: “Este sí entra, este no…”. Los rechazados se exiliaron inmediatamente, asustados; varios eran directores de TV. Nombran director de TVN a Caco Sepúlveda, coronel de Aviación, quien hace una reunión en el casino con todo el personal y dice que necesita que colaboremos, que hagamos cuenta que no ha pasado nada, que volvamos a las funciones: “Todos ustedes son profesionales”. Nunca había sido testigo de un golpe de Estado y pensé, inocente, que esto iba a durar un mes. Pido la palabra y digo que hay dos estudios: uno se llama César Millas, un funcionario muerto en servicio, y digo: “Quiero que el otro estudio se llame Augusto Olivares, que se suicidó en La Moneda”. Silencio. “Lo vamos a considerar”, dijo Sepúlveda.

REINALDO SEPÚLVEDA:18 Mi papá fue el primer director de TVN en dictadura. Duró nada, meses. En la época de Allende yo estudiaba Economía en Viña del Mar, pero me dediqué al cine, a sacar fotos para el Cine Club de Valparaíso, a huevear. En 1973 me cambio internamente por la universidad a la Escuela de Artes de la Comunicación, para entrar en septiembre al segundo semestre. Como iba a estar seis meses de vago, y ya tenía 19-20 años, entré a TVN. Como jefe de Comunicaciones de la FACh, mi papá era muy movido con la prensa. Además de ser piloto, era periodista. El Perro [Augusto] Olivares era una persona habitual en mi casa. El Golpe me pilló dentro del canal. Llegó mi papá y me echó; no podía ser hijo del milico que estaba a cargo, y yo era de izquierda. Al general Leigh yo le decía “tío”, era un amigo de la familia. La familia Leigh pasó el Golpe en mi casa, más segura que la de ellos, probablemente.

EDUARDO BERTRÁN:19 A mi abuelo le pasaron TVN porque era encantador y era el lugar que le podían dar. Se llevó bastante bien con la gente del canal, no fue traumático. De hecho, el que lo reemplazó como director era como el personaje horrible de la historia.

RODOLFO HERRERA:20 Después del director de la Fuerza Aérea vino [Jaime]Fuenzalida,21 un mayor de Ejército apodado Caballo Loco. No tenía la más mínima idea de televisión. Un día subió a la sala de dirección y dijo: “Estamos en un plan económico y acá hay muchos televisores, así que vamos a dejar uno solo”. El director a cargo de la transmisión le explicó que eran monitores destinados a diferentes cosas.

SANTIAGO PAVLOVIC: El que manejaba realmente todo en TVN era Bertrán, como gerente de programación. Era una suerte de director de facto, porque de estos otros dos uno era este viejo que era buena onda y el siguiente un psicópata que estaba seguro de que el canal era un nido de comunistas. Tenía toda una idea de que había un degeneramiento, un puterío, que se le proporcionaban mujeres a Allende. Una cosa muy desbocada; alguien le había llenado la cabeza de cuentos.

EDUARDO BERTRÁN: A mi papá le tocó una época bien loca: echar a andar el canal. Siempre contaban esto de que mi papá era muy chico, muy joven, y que preguntaron quién podía echar a andar esta huevada; todos callados y mi papá dijo: “Yo”.

MERCEDES DUCCI:22 Gonzalo era un tipo extraordinario. Donde estuviera iba a destacar. Un gran director, muy intuitivo, con un sentido muy claro de lo que quería hacer, bueno para armar equipos. Era un gallo fuerte, que permanentemente desafiaba a los que estaban alrededor. En 120 kilómetros por hora, un programa musical, traía a los artistas y coordinaba en el estudio. Gonzalo decía sapos y culebras contra el artista, y después me decía: “Dilo como cosa tuya”. El recado era: “Dile a ese huevón que haga lo que tiene que hacer”. Yo decía: “A Gonzalo le encanta lo que haces, pero quisiera que mires un poco más a la cámara”. Se aprendía mucho y te hacía esforzarte al máximo. Lo de Gonzalo no era tanto ver televisión extranjera y copiar, si bien seguramente veía y estaba al tanto, sino contar con un equipo creativo. Por eso muchas veces tenía en su equipo a Jaime Celedón,23 Camilo Fernández24 y Horacio Saavedra.25

PABLO AGUILERA:26 El Canal 9 estaba dividido antes del Golpe.27 Un grupo de gente se fue con unos directores y yo me quedé en Inés Matte Urrejola con el grupo original.

ALFREDO LAMADRID:28 Al rector de la Universidad de Chile no lo dejaban entrar en Canal 9. Nombró director a Jaime Celedón y nadie le hablaba. Un grupo en el que estaba Sergio Riesenberg29 arma este Canal 6 que transmitía con mucho entusiasmo… para toda la manzana.

PABLO AGUILERA:30 Me tocó el último programa de Canal 9. Lo entregaron dos días antes del Golpe a petición de un general de Carabineros, porque la cosa venía muy grave. Yo no pertenecía a ningún partido, pero estaba con la gente ahí, haciendo TV. Salimos desfilando, vinieron de Canal 13 a grabar, y yo después decía: “Puta, media cagadita”. Yo era el animador del último programa y me podían agarrar en cualquier momento. No era de ninguna facción, simplemente era animador de Casos y cosas, con amigos en los dos lados, éramos todos compañeros.

ALFREDO LAMADRID: Entré a la TV de asistente de producción en el programa Feliz domingo, de Canal 6, cuyo productor era Jorge Pedreros,31 animado por Hernán Pereira.32 Al tiempo, Pedreros me invita a comer y dice: “Me voy de gira, tengo un grupo musical y te quiero dejar de productor”. Se provoca un revuelo en Canal 6, porque había entrado hace dos meses y ahora era productor, otro nivel, otro sueldo. Ocurre el 11 de septiembre y seguimos haciendo el programa en una casa de Pedro de Valdivia.

SERGIO RIESENBERG: El 10 de septiembre es el cumpleaños de un excuñado, gerente comercial del Banco Central, comunista. Estuve en su casa hasta las dos y media de la mañana y todos decían: “Aquí no va a haber Golpe”. Al otro día salgo como a las nueve al Canal 6 y el jardinero me dice: “¿Para dónde va?”. “Al canal”, respondo. “¿Pero no se da cuenta de la cagadita que está quedando?”. Yo vivía cerca del Hospital de la FACh, de Tomás Moro, y veo cómo bombardean la casa de Allende. En el canal un tipo que era electricista estaba vestido de milico. “Sergio –me dice–, el canal está en manos nuestras. Le vamos a avisar cuando vuelven a operar”. Al día siguiente se pudo salir al aire muy rápido, el 14 de septiembre, con la única restricción de dar el noticiario de Canal 13.

ANTONIO VODANOVIC:Campeonato estudiantil se suspendió por dos o tres semanas. Lo único que cambió al volver fue el aumento en la sintonía por el toque de queda. Esa es la única gran diferencia que noté. A lo mejor en ese tiempo pasaron más cosas que yo no notaba porque era un pichón, un simple animador de televisión.

DON FRANCISCO: Vuelvo el 14 de septiembre a la tele. Me quedé solo, mi equipo desapareció, excepto el director, Arturo Nicoletti. Los cabros estaban metidos en cuestiones políticas. Hace poco me preguntaron: “¿Valentín Trujillo es comunista?”. “No –dije yo–, es pianista”. “¿Cómo?”, me dijeron. “No lo contraté por comunista, sino por pianista. Yo no lo contraté tampoco, lo contrató el canal”. La dictadura era muy dura, pero más que nada relacionada con la política; alguien dedicado a su pega tenía muchas limitaciones: no podía hablar, no podía opinar, no podía decir nada. Al gallo que se metía en cosas le bajaban la caña rápido.

MARÍA ELENA –NENÉ– AGUIRRE:33 Mario protegió mucho a su gente, porque muchos pertenecían al PC. Ayudó a varios a irse, a salir arrancando, no altiro, sino como dos o tres semanas después del Golpe, cuando nos dimos cuenta de lo que estaba pasando. Se portó muy bien, en el sentido de que, sin inmiscuirse mucho, ayudó; les decía: “No vengas mañana…”, y conseguía pasajes. Yo creo que puso plata de su bolsillo también.

JUAN AGUSTÍN VARGAS:34En Canal 13 teníamos gente de todos lados; también bien de izquierda, cuyo destino nos preocupaba. Tuvimos un Valentín Trujillo al que hubo que echarle una mano, o al presidente del sindicato. Empezamos a fondearlos, asustados de que se metieran con nuestra gente. Fueron meses bien duros. Si no fuera por la Universidad Católica de Chile, lo habríamos pasado peor.

MISIÓN: ENTRETENER

DON FRANCISCO: Muchas personas que se habían ido del país, constreñidos en sus negocios por el control de los precios, deciden invertir. Canal 13 empieza a recibir más auspicios y comienza a producir más programas de entretención. Yo quizás no me daba tanto cuenta en ese entonces –tenía solamente 30 años– que a lo mejor la idea del gobierno de Pinochet era dedicarse más al entretenimiento y menos a las noticias. No me di cuenta, no pensaba en eso, porque uno piensa en lo suyo: “Bueno, si puedo hacer más entretenimiento, mejor”. Todos sabíamos los campos en que no nos podíamos meter. No había derecho a réplica y uno conocía más o menos los caminos. Y dentro de esos caminos, buscamos uno para hacer denuncias: profesores que maltrataban a alumnos, o en algunas de estas tragedias que le pasan a Chile donde, por ejemplo, lo recolectado no se había entregado. Nos buscábamos un espacio y solo sabíamos que no teníamos que meternos en política.

MERCEDES DUCCI: Cuando llegué a Televisión Nacional la TV se consideraba como un vehículo de cultura, básicamente. La hora de televisión eran 52 minutos de contenido y 8 de avisaje. TVN era una carga importante de financiamiento para el Gobierno, y en un esquema de cambio de los parámetros se tendió cada vez más a una televisión que pudiera financiarse. Comenzaron a cundir los avisos y empezó el placement,35 sin darnos mucha cuenta y sin reglas muy claras. Comenzamos a conseguir cosas para los programas con los auspiciadores y a mostrar los productos; formas de financiamiento formales e informales para producir los programas. Respecto al contenido, no recibí ninguna indicación, pero era obvio que había autocensura. No recuerdo instrucciones del tipo: “Hagan esto o tírense más hacia lo intrascendente y traten de divertir al público”. Al contrario, viramos hacia el periodismo. Creo que desde el punto de vista de quienes dirigían el canal, programas como Estudio abierto o musicales eran más inocuos. El control más exhaustivo estaba en prensa.

SANTIAGO PAVLOVIC: Prácticamente me dijeron que tenía que asumir como jefe de Servicios Informativos de TVN, porque si no los despidos serían terribles. Estuve de jefe los primeros seis meses, hasta que llegó una persona de la línea política gremialista. No me gustaba la Unidad Popular, pero tampoco la posibilidad de un Golpe. Yo era moderado, de centro. Traté de no despedir a nadie, pero la cuestión era insostenible para el sistema político instalado. Los primeros años hubo cualquier cosa menos diversidad en TVN. No recuerdo lo que pasaba en áreas de ficción o en otras, pero ha sido uno de los peores periodos –si no el peor– en la historia del periodismo chileno, por lo que significó la militarización del canal y, en el fondo, de todos los canales. No existía libertad de expresión, ni información libre. En TVN había un interventor y censores militares. No todos los periodos fueron los mismos; entre el 73 y el 76 vivíamos una situación absolutamente anómala, con toque de queda desde las nueve de la noche hasta las siete de la mañana.

BERNARDO DE LA MAZA:36 Yo estaba en México para el 11, haciendo una práctica en el diario Excélsior. Cuando llegué a fines de octubre a TVN, era censura y autocensura. Uno sabía que no podía hablar de dictadura ni de tortura ni de violación a los derechos humanos, porque no iba a salir al aire. Éramos todos muy amigos en prensa. Además veníamos de antes, algunos desde inicios del canal y otros de la Unidad Popular; luego se agregaron por ahí unos pocos, gente curiosa, como Patricia Politzer, claramente de izquierda. Los periodistas transmitían lo que decía el Gobierno, esa era la pega.

SANTIAGO PAVLOVIC: Yo no era un entendido en comunicaciones y no había tenido un cargo ejecutivo. Intenté hacer lo que se hacía antes, y todo era revisado por el oficial que estaba acá. A las noticias internacionales les daba mucha importancia, porque no tocaban ningún área muy sensible. No se informaba de la reacción contra el Golpe en el mundo. Era más o menos obvio que no lo podías tocar, y menos como se estaba dando la brutalidad y la represión. Tenías que tener una pega y salvarla, les pasaba a todos. Yo tenía tres hijos y no existía opción. No existía una radio, no existía un medio de comunicación distinto o alternativo. Cuando lo miras con los ojos de hoy dices: “¿Por qué no reaccionaron? ¿Por qué no hicieron un gran reportaje sobre los muertos en el Mapocho?”. O sea, ¿cómo?; esa cuestión no existió en ningún canal. Era lo más parecido a un mundo orwelliano.

MERCEDES DUCCI: El primer tiempo fue bastante incierto y se produjo un cambio cultural gigante. Ser gente de TV era como un concepto nuevo muy poco jerárquico. Cuando llegué a TVN había principalmente gente joven, apasionada por lo que hacíamos; la gente se quedaba noches completas grabando, una cultura poco convencional, de innovación, muy artística. Y la cultura militar era muy jerárquica, muy literal. El enfrentamiento de estas dos culturas al comienzo fue muy duro. En las reuniones el director ejecutivo, el mayor Fuenzalida, decía que no se iba a poder pololear entre las personas del canal. Cosas así, que eran muy divertidas, o sea, muy chocantes porque era una cultura como lo que ves en la universidad hoy. Las comunicaciones era un mundo completamente nuevo para los militares. Por eso existieron muchas oportunidades, porque no tenían tan claro lo que tenían que hacer y tenían que confiar en la gente que estaba dentro.

El matinal de la tarde: Pepe Guixé y María Teresa “Coneja” Serrano en Estudio abierto.

1974

JORGE YÁÑEZ:37 Aparece Protab y empiezan a hacer teleseries para TVN. Era bastante restringido, porque aparecen las listas negras. Si buscabas trabajo por tu cuenta, leían la lista y se veía si podías trabajar o no. Entonces Protab no podía incurrir, me imagino, en razones políticas para hacer su trabajo. Recuerdo una teleserie que estábamos haciendo, Marta Mardones. Trabajaba Roberto Parada38 y lo llaman a la oficina –estamos hablando del 74– y Protab le dice a Roberto que lo siente mucho, pero tiene orden de no seguir trabajando con él. Sale Roberto y nos dice: “Me vetaron”. De repente se escucha: “Tennyson Ferrada, a la oficina”. Todos temblábamos, y Tennyson también fue tachado. Y el tercero: Jorge Yáñez a la oficina.

MANOLO OLALQUIAGA:39 Al no haber espectáculos masivos en Chile por el toque de queda y por las restricciones de la época, la televisión y los musicales se convirtieron en la gran distracción y entretención de la población.

JOSÉ ALFREDO –POLLO– FUENTES:40 La TV no paró. Seguí cantando en programas de César Antonio Santis41 con Bertrán, de Antonio Vodanovic y también con Sergio Riesenberg. Había unos programas en un gimnasio en Ñuñoa que hacía Juan La Rivera,42 a los que nos llevaban a cantar. Había más programas, probablemente impulsados por el Gobierno para calmar y pasar flujos de plata. No pararon; al contrario, empezaron a traer artistas top internacionales. Se les empezó a pagar más acá que en Argentina u otros países.

ARTURO NICOLETTI: Antes del Golpe estaba Hasbún y después del 11 sigue hasta que se produce un impasse: la Universidad Católica la manejaba el almirante Jorge Swett y el padre Hasbún era muy querido por el Ejército. Entonces Hasbún se opone a algo que decreta el rector y va a hablar con Pinochet. Me llamó la secretaria contándome esto y yo dije: “Olvídate, donde manda capitán no manda marinero”. Dicho y hecho: echaron al padre Hasbún y entró Eleodoro Rodríguez.43 Fue la época de oro de la televisión. Era un gallo súper exigente, detallista, pulcro, quería a la gente. Sacó adelante el canal y todos estaban contentos con él.

JUAN AGUSTÍN VARGAS: El padre Hasbún, muy partidario del régimen, se pegó un estrellón con Pinochet y sale presionado por la universidad. A la rectoría llega el almirante Swett. Para nosotros fue brutalmente bueno, porque nos relacionábamos con la universidad a través de un directorio, y cuando llega Swett agarra todas las facultades y se las pone él.44 Discutir platas era a través de él. Regresa Eleodoro Rodríguez con un criterio mucho más empresarial, y pone orden. Llegó un gerente nuevo, Alfredo Raval, y la comercialización se hizo un poco más profesional. La llegada de don Eleodoro fue un breaking point. Canal 13 dejó de ser amateur, de unos amigos que se juntaban y decían hagamos tal cosa.

DON FRANCISCO: Cuando se produce todo este cambio del gobierno militar, me llaman de TVN y me ofrecen, más o menos, siete veces lo que yo ganaba en Canal 13. Yo dije: “Me han estafado… ¿Dónde firmo?”. Don Eleodoro fue a reclamar que le habían sacado a su mejor carta, él iba a renunciar también. Me tuvo que arreglar el Canal 13 con un poquito menos de lo ofrecido por TVN; pero a los que me iban a contratar, como 30 días después los echaron. Parece que entre ellos estaba Gonzalo Bertrán, que en paz descanse. Eleodoro Rodríguez era un administrador, un hombre de negocios. Se había dado por satisfecho, parece, en su vida profesional y le había entregado a sus hijos hacer la posta del negocio, dedicándose a la Universidad Católica. Lo que más quería era hacer eficiente económicamente a Canal 13, con una muy buena programación.45

FUTURO DIRECTOR

▶VICENTE SABATINI:45Desde muy chico tuve afición por el teatro y lo audiovisual. Con un hermano hacíamos películas dibujadas cuadro a cuadro; hacíamos teatro de títeres. Yo hacía teatro en las casas de mis amigos y nos disfrazábamos. Mi tío Patricio Kaulen, el director de cine, fue director de Chilefilms durante el gobierno de Frei Montalva. En ese entonces Canal 9 era una pila de bodegas, y yo me metía en los estudios y miraba fascinado: con tan poco se podía hacer esa magia que uno veía en la casa. Cuando salí del colegio a fines del 70, y postulé a la universidad, ya existía la Escuela de Artes de la Comunicación. Di la prueba y me fue fantástico, pero resulta que la Universidad Católica decidió que no iba a recibir para esa carrera alumnos que vinieran de la Enseñanza Media, que había que tener un año cursado en alguna carrera de la universidad. Decidí estudiar Historia en los años de Allende. Me cambio en la propia Católica a la Escuela de Artes de la Comunicación el 74. Entré a la escuela a un año común, con teatro y cine. Tuvimos entrenamiento básico de quienes se forman como actores y todos los cruces de lenguaje entre cine y televisión. La TV era una especialidad a la cual uno tenía que optar después de un año. Podías ser actor, director de cine o director de tele. ◀

OROZCO AL MANDO

JUAN LA RIVERA: No tuve ningún problema en un comienzo. Había procurado que nuestro programa, Tugar-tugar, salir a bailar, fuera solamente de entretención. Cuando los militares llegaron a hacerse cargo de Televisión Nacional seguía siendo un programa popular de baile, no tuvimos ninguna intervención al respecto. Una sola vez me llamó Héctor Orozco,46 porque teníamos en la parte comercial a Armando Araya, locutor de la radio Santiago, muy famoso, que después se fue a EE.UU. En alguna reunión familiar Araya expresó sus opiniones, diciendo que estos milicos no tenían idea de lo que estaban haciendo, pero había un distinguido batracio ahí que hizo llegar un informe. Me lo mostró Orozco; decía que había dicho todas estas frases en una fiesta y que ahora se iba para la casa. “¿Y por qué me dice a mí”, le pregunté. “Para que usted sepa que este señor no sigue aquí por estas expresiones”, me dijo. “Pero son opiniones personales”, alegué. “Sí, pero no caben. Puede retirarse”.

GONZALO ROJAS:47 El gobierno militar censuró una versión televisiva de Mafalda que iba a dar TVN. El director, el coronel Orozco, decidió suspenderla porque no le parecían mensajes apropiados para el país. Esa es una censura que recuerdo con claridad.

BERNARDO DE LA MAZA: Con Orozco fue una mierda, un tipo puritano al extremo.

PATRICIO BAÑADOS:48 Llegué en noviembre del 74 desde la Radio y Televisión Suiza, porque se había terminado el lío aquí. Llegaban los informes de lo que pasaba en Chile; no era el país que conocía: los milicos torturando y matando. Llego a TVN y me llama el coronel Orozco: “Mire, yo lo he visto, he conversado y está claro: usted tiene que ser el lector de noticias del país”. Era un canal súper inclinado a la dictadura. “Pida lo que quiera –continúa–, auto, casa”. “Bueno –le respondí–, lo hablaremos”. Llegué a mi casa y salí a caminar: “¿qué hago?, ¿me voy del país otra vez?”. Dije que no, que no quería estar amarrado todas las noches. Vicente Pérez, el jefe de prensa, llamó a Claudio Sánchez y Julio López Blanco, quien fue el lector de noticias de la dictadura.

1975

JUAN LA RIVERA: El 75 se produce el problema en Viña. El alcalde –un marino, creo– quería sacar a César Antonio Santis de la animación del Festival. No le gustaba el tono de voz, anda a saber tú qué. Entonces Gonzalo Bertrán, que además de ser director en el canal, era también el jefe del sindicato de TVN y amigo de César, lo defendió y llegaron a un arreglo propuesto por Gonzalo: un pool de animadores. Conversó conmigo y después de seis horas de negociación –porque a mí nunca me gustó el Festival de Viña– me dijo que tenía que ser parte de este grupo, porque estaba a cargo del programa más popular del canal. Le dije: “Ok. ¿Cuánto le vas a pagar a Santis?”. “500 mil por noche”, responde. “Yo quiero un millón”, le digo. “Ya”, me dice. Después descubrí que no le pagaba 500 mil a Santis. Después venían los animadores Gabriel Muñoz y Nelson Hoffman. Eran tres noches y las otras las hacía Santis solo, ese fue el acuerdo. La gente quería a Santis; incluso había grupos –según me dijeron– que estaban listos para gritar “Santis sí, otro no”. La primera noche me falló un poquito el micrófono, pero me encontré con el famoso “Monstruo”, que no me pifió, no me rechazó, me aceptó, así que pude hacer la primera noche, lo que le gustó mucho a Gonzalo, porque se esperaba cualquier cosa. “Te quiero dar la segunda noche”. Ya, otro millón. En la revista Ritmo apareció un párrafo recalcando la burrada de plata que yo estaba ganando. Hice la segunda noche y me vine a Santiago, porque no me gustaba lo que rodeaba al Festival. Llegué a las 10 de la mañana de mi primer día y me vine a las 10 de la mañana del tercer día. Fui por obligación y me dejaron solo. Me pasaron un turro de tarjetas y ahí que te pudras. Ahora me da un poco de risa cuando se dice: “Los animadores se están preparando”. Poco menos que clases psicológicas, entrenamiento, para ir a animar el Festival de Viña.

EL “MONSTRUO”: UNA EXPLICACIÓN

▶ PAULINA NIN:49 Yo fui de público al Festival de Viña desde los 11 años hasta el 78 o 79, en la galería. Abrían las puertas a la una de la tarde. Entonces estábamos hasta la corona del calor, porque el sol te daba toda la tarde. Estabas cagada de hambre, no existían los puestitos de hamburguesas. Si estabas ya cansada cuando empezaba el Festival, ¿tú crees que teníamos el ánimo de aguantar a un tipo que cantara mal? No, lo hacíamos mierda con las pifias. Si a la animadora la encontrábamos ahueoná, la pifiábamos. Ese sí era un “Monstruo”: te comías al huevón que no te caía bien. Y era porque estabas cabreado, porque no podías pararte para ir al baño porque perdías el puesto, te agarraban todos para la palanca. Tenías que mentalizarte: llevar una bolsita con sándwich, con la bebida, los diarios para prender las antorchas… ¡Era todo un cuento! ◀

ANTONIO VODANOVIC: Podría haber trabajado con Orozco, pero me bajó del Festival de Viña. El año 75 hubo cuatro animadores. Yo estaba invitado a animar el jueves, que era el día más penca. Llegué a Viña con mi terno de terciopelo; yo transmitía también el Festival para la radio Cooperativa. Me llama Bertrán y me dice: “Orozco no quiere a ningún hueón de otro canal, así que te vamos a bajar”. Fui caballero, me quedé callado, no dije nada. “Bueno –pensé–, me quedo igual, porque tengo que transmitir para la radio”. Me quedé en la semana en el Hotel O’Higgins y al año siguiente me ofrecieron el Festival.

AJUSTES EN LA TV PORTEÑA

CARLOS GODOY:50 Con el 73, Canal 4 (UCV-TV) despide a mucha gente y se achica. A diferencia de los canales de Santiago, acá no hubo interventor militar. Se impuso la autocensura. Uno se cuidaba mucho.

GASTÓN CENTENO:51 Entre el 73 y el 75, Canal 4 estaba auspiciado por el Consejo Nacional de Televisión. Le daban un par de millones de dólares. Había plata, se hacían los programas que el canal quería. Nadie pensaba en el rating.

JAVIER MIRANDA:52 La primera vez que hice TV fue cuando regresé a Chile de España, en Canal 4, que me mandó una carta. Antes de y después de era un programa misceláneo grabado por Protab, una productora antigua. Estaba Firulete y un cura muy divertido e ingenioso. Se hacía en las bodegas de Protab en el centro de Santiago. Había sido bodega de chanchos o algo así; era espantoso.

GASTÓN CENTENO: En 1975 cortaron el presupuesto. En el canal trabajaban unas 350 personas, y se despidió a 200 el 31 de diciembre. Fue tan grande el impacto que la gente se lo tomó como a la risa: “¿Oye, te despidieron a ti? ¡Oh, jaja, a mí también!”.

JOHN FLEMING:53 Desde el 74 las autoridades objetaban la aparición de algún periodista o alguna propaganda o algún comercio que se sabía que no era afín. El alcalde o el intendente arremetía: “Si ustedes ponen a esta persona, sacamos toda la publicidad”. Fue el caso de Gustavo Boye;54 lo conocíamos, no era conflictivo y hacía buenos programas. Nos sacaron prácticamente toda la publicidad. Entre el 74 y el 75 el canal no podía seguir y ahí fueron despidiendo a todos, incluyéndome. Al día siguiente me contratan, pero como freelance.

Eduardo Gandulfo tras las cámaras de UCV-TV.

CARLOS GODOY: Hubo ruido con la gente que había tenido simpatía por la UP y corrieron listas. Fui despedido y recontratado como freelance, porque fui el creador del Show de goles, entre muchas cosas, y hacía varios programas como Panorama deportivo, con Luis Eduardo Gianelli.55 Habían llegado unas cámaras portátiles y el departamento de prensa las rechazó. Pedí probarlas. Los partidos los grabábamos en cine, con un carrete de dos minutos y medio. Se grababa tratando de achuntarle a los goles. Con estas cámaras, en cambio, teníamos un partido completo con todos los goles.

EDUARDO GANDULFO:56En Show de goles empezamos con el videocasete, el U-matic, y eso no lo tenía nadie; éramos los exclusivos dando los goles, no había restricción o algo que pagar. Éramos el boom.

EL “SHOW DE LUCY”

SANTIAGO PAVLOVIC: No recuerdo mucho el origen de 60 minutos. Creo que básicamente esa fue una colaboración entre Vicente Pérez y Pancho Castillo.57 Pancho no estuvo mucho tiempo en el canal, pero tenía un núcleo con Vicente y con [Manfredo] Mayol.58 Yo creo que fue idea de Vicente. Él pintaba los autos de prensa de colores naranja, azul, amarillo, cosa que la gente reconociera inmediatamente que era una publicidad de TVN y las noticias. Tengo la impresión de que había viajado mucho a Estados Unidos y había visto 60 minutos, un programa de TV allá, y no sé si copió o adaptó eso. Duró hasta que agarraron a piedrazos a uno de estos móviles con un 60 enorme.

BERNARDO DE LA MAZA: En una de esas ocasiones faltó el comentarista internacional y tuve que salir en cámara; les gustó y me hicieron aparecer después conduciendo en 60 minutos, cuando no estaba Julio López Blanco. Yo eliminaba todos los adjetivos; era un riesgo tremendo, pero nunca me dijeron nada. O sea, el “excelente Gobierno” era “el Gobierno”; “la gran obra” era “la obra”. Sé que los periodistas reclamaban, pero, finalmente, no me pasó nada. Julio López era el conductor, le ponía color. La embarró Julio: era claramente partidario de los milicos. Así como yo castraba todo lo que podía y leía ahí cara de palo, él le ponía color, énfasis. Tenía muy buena pluma, escribía muy bien.

RODOLFO HERRERA: Cuando comenzó 60 minutos el director (de prensa) era Santiago Pavlovic, después vino Víctor Pérez. Los directores duraban más o menos un año, año y medio.

Pinochet entrevistado por Santiago Pavlovic y Pedro Carcuro, entre otros.

BERNARDO DE LA MAZA: Una vez, probando micrófonos antes del noticiario, estaba yo en la conducción, Pedro Carcuro y un gallo que leía El tiempo, pariente político o algo del Mamo Contreras, un periodista y locutor de San Antonio que era de la Dina. Y yo digo: “Este es 60 minutos, el noticiario más mentiroso de la televisión chilena”, cuestión de la que todos se rieron porque era así, incluido el gallo de la Dina, que le puso “El show de Lucy”, porque la vieja, la Lucía Hiriart de Pinochet, salía en todo. Casualmente estaba el director de la Dinacos59 cuando dije esto. Al otro día el director de prensa, Vicente Pérez, me dice: “Lo siento, te tengo que echar”. A mí me dio risa, pero mala cueva. Agarré mis cositas, me fui a la Dinacos para explicarle al gallo que había sido una bromita, porque esto significaba nunca más agarrar pega en nada. “Pero que son hueones…”, dijo este gallo, un civil. Llamó a Vicente Pérez y me renovaron.

SANTIAGO PAVLOVIC: Lo de la señora Lucía era una cuestión absolutamente enloquecida. Tenía un periodista para cubrir sus actividades a cualquier hora, incluidos sábados y domingos. Ella y su círculo medían los minutos en pantalla: “¿Por qué a Colo-Colo dos minutos y a doña Lucía solo un minuto y 20 segundos?”. Hizo un evento de Navidad en el Estadio Nacional; para mostrar al público, el camarógrafo partió con un zoom a unas graderías con poca gente. No sé si ella o la gente que le aconsejaba reclamó y a la periodista a cargo la echaron. La señora Lucía infundía terror, tanto o más que el viejo. Cientos de notas sobre ella, con las señoras de azul, verde, rojo, morado.

MI EXAMIGO MAYOL

▶ SANTIAGO PAVLOVIC: Manfredo Mayol había sido compañero de curso, junto con Bertrán, en periodismo de la Universidad de Chile. Esa era nuestra generación, muy diversa. Estaban las hijas de Mario Palestro y con Mayol, que había sido mi amigo, participamos juntos en los jesuitas –en ese momento yo era muy católico– en ejercicios espirituales con el padre Gonzalo Arroyo, nuestro guía mientras estudiábamos periodismo. Manfredo pertenecía a ese grupo en el que hablábamos de religión y política. Era un tipo que pensaba más o menos lo mismo que yo en términos políticos, moderado, de centro; cuando lo encuentro en el canal era otra cosa, un asesor del Gobierno. La relación con Mayol fue absolutamente tormentosa; no podía creer que no tuviera ninguna sensibilidad con lo que estaba pasando en el país. ◀

BERNARDO DE LA MAZA: Una vez me reuní con Clodomiro Almeyda, excanciller socialista. Lo liberaron de la Isla Dawson y lo trajeron a un regimiento en Santiago. Yo fui y el milico de la Dina que me acompañaba me dijo que nunca se metía, vigilaba nomás. “¿Cómo está? –le pregunto a Clodomiro–. Quisiera que nos contara...”. Me interrumpe este gallo, me saca y me dice: “No es el tenor. Tiene que preguntarle distinto”. Entonces se metió y fue súper brusco con él. Respecto a 60 minutos, para que no pasara nada que fuera a caer mal, por un tiempo el noticiario se grababa una hora antes. Todos los gallos de la Dina, la Dinacos, lo miraban detalladamente. Había un periodista que cubría a Lucía Hiriart, medio moreno, de ojos claros. Le pusimos el Mestizo, no caía muy bien. La conductora de 60 minutos, María Angélica Figari, le dice: “¿Tú sabís por qué te dicen Mestizo?”. “Sí, porque soy moreno de ojos claros”, responde. Y ella le dice: “No, porque soi mitad hueón, mitad conchetumadre”. El Mestizo contó que cuando la señora Lucía estaba haciendo la casa en Lo Curro, el Palacio de Versalles, la vieja fue a ver las cerámicas del baño y dijo: “No me gusta”. Le tuvieron que traer de España unos azulejos. Después el Mestizo contó que estaba con Pinochet viendo el noticiario un día, y la vieja comenta: “Mira Augusto, mira lo que me hacen”, porque salía ella hablando en off y el periodista narraba y no salía su voz. El canal, con los pocos medios que tenía, le puso una cámara con sonido hasta el final de los tiempos.

Izquierda: Bernardo de la Maza fue despedido con “élástico”.Derecha: Javier Miranda en Teletrece.

PEDRO CARCURO: Un día nos pidieron a los que trabajábamos en el canal que fuéramos a un cumpleaños de Pinochet en la calle Presidente Errázuriz, donde estaba la casa del comandante en jefe del Ejército. Tuvimos que ir.

RODOLFO HERRERA: A lo mejor, a un nivel alto, de director de prensa por ejemplo, te sugerían cosas. Pero nosotros, el perraje, no teníamos ningún tipo de censura. Nos pasaban los libretos y uno tenía que ceñirse a leer lo que estaba escrito. No había para qué decir ni agregar cosas, porque te retaba el director o el editor. Así que censura, en los 15 años que leí los informativos en 60 minutos, no. Yo creo que los libretos pasaban por hartos cedazos antes de llegar a las manos nuestras.

PEDRO CARCURO: Siempre ocurrían cosas raras. El 75 cubrí los Juegos Panamericanos, y me sugirieron que hablara de atletas –no era transmisión en directo, eran grabaciones solamente– “caribeños” y no “cubanos”. Yo dije que no, era absurdo, hacíamos el papel de estúpidos. Fue aceptado el gesto crítico que emití.

ANTONIO NEME:60 Veía a Teletrece como un noticiario rústico, hecho a mucho ñeque. No teníamos grandes recursos, aglutinados en un sucucho de la calle Lira. Era difícil, había una Junta, Dinacos, restricciones; pero Eleodoro Rodríguez supo manejarse, no en bien de él sino de nosotros. Era un líder. En algún momento hubo un par de periodistas en Teletrece que defendieron a alguien de izquierda, no me acuerdo qué personaje comunista, y fueron llamados por el rector de la Universidad Católica de Chile, don Jorge Swett, que era un exmarino. Fueron citados estos periodistas, él los escuchó y, al final, la conclusión que les dijo don Jorge –que en paz descanse– fue: “¿Saben qué? Les encuentro la razón, porque todo joven tiene derecho a ser comunista, es parte de la juventud”. Mira la reflexión de un exmarino, rector de la Universidad Católica. Esa era la mentalidad y la filosofía de aquel Canal 13.

MIRANDA AL 13

▶ JAVIER MIRANDA: Antes de y despuésde fue el programa de UCV-TV que produjo que Canal 13 me llamara. “¿Cómo es posible que no estés con nosotros?”. “Si nadie me llamó, po’ –les digo–, los que me trajeron de vuelta a Chile fueron de Canal 4. Nadie se manifestó”. Llegué al Canal 13 e inmediatamente me pusieron a leer noticias, sábado o domingo –no recuerdo–, en un noticiero a las dos de la tarde que hacía César Antonio Santis. Lo que yo tenía clarísimo, porque me lo advirtieron, era que yo podía ser el reemplazante de Santis en la lectura de Teletrece, para lo que me preparé bastante. Profesionalmente, me gustaba mucho leer noticias. ◀

JUAN AGUSTÍN VARGAS: Con el rector Swett pasó una cosa bien curiosa. Era almirante, y tenía muy buena llegada con Merino. Era un hombre de su confianza y Swett se metió muy poco en los contenidos, dejó operar a don Eleodoro tranquilo. Más aún, el rector nos protegió muchas veces cuando venían los reclamos del Ejército. Todo esto fue impregnando en Canal 13 una idea de tendencia, de ideas de la universidad. Don Eleodoro cada vez que retaba a alguien, partía diciendo: “¿Usted sabe dónde está trabajando? ¿Sabe de quién es este canal? Este canal es de la Universidad y de la Iglesia, ¡saque esa cuestión de ahí!”.

NENÉ AGUIRRE: Eleodoro Rodríguez era de un carácter muy hosco con todo el mundo, no solo con los milicos. Era momio, pero no aguantaba que nadie le pisara la raya. Nos mantuvimos lo suficientemente lejos, que no era mucho, para tener una suerte de posibilidad artística y técnica mejor parados que TVN. El tema valórico era jodido, pero siempre nos supimos apear, porque cuando tú estabas en un canal como el 13 uno sabía que tiene la cancha rayada.

DON FRANCISCO: La Iglesia tenía limitaciones para hablar de divorcio y muchos de sus temas valóricos. “Aquí la gente se casa y es feliz”. No se hablaba de homosexualidad, de lesbianas, ninguna cosa de género. De aborto tampoco.

SÚPER TALDO

▶ BERNARDO DE LA MAZA:La nota de “Súper Taldo”61 no salió al aire en 60 minutos.