Nadie como Gaia - Camille Bech - E-Book

Nadie como Gaia E-Book

Camille Bech

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Beschreibung

«Él la puso sobre su regazo y la besó insaciablemente. Su verga se hinchaba bajo la presión del cuerpo desnudo. Le mamó los pezones con apetito y llevó una mano a la vulva. Olía a mujer y gimió fuerte al sentir lo mojada que estaba.» Marcus y Mónica disfrutan de una apasionada noche de sexo tras conocerse en un bar y, aunque él está casado y tiene dos niños, eso no impide que se vean de nuevo. El efecto que Marcus provoca sobre Mónica es increíble, no obstante, para Marcus nunca podrá haber nadie como Gaia, su esposa.

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Seitenzahl: 19

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Camille Bech

Nadie como Gaia

LUST

Nadie como Gaia

Original title:

TÆNDT - Ingen som Gaia

 

Translated by Javier Orozco

Copyright © 2017 Camille Bech, 2020 LUST, Copenhagen.

All rights reserved ISBN 9788726498264

 

1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0

 

No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

Nadie como Gaia

 

Mónica despertó con la suave brisa de verano que entraba por la ventana. Los sonidos de la ciudad revelaban que un nuevo día estaba en camino. Mónica sintió paz al pensar en el par de días libres por delante y reconoció un anhelo que rehusaba ignorar. Pateó el edredón hacia un lado, la brisa acarició su piel desnuda y se pasó las manos por sus voluptuosos senos. Un suave gemido inundó la habitación. Se empujó arqueando su espalda sobre las sábanas, cerrando los ojos y tocando sus curvas redondas y firmes.

Era bella y sensual, su cuerpo entero ardía con lascivia. Se quitó el largo cabello castaño del rostro, extendiéndolo como un abanico sobre el lino blanco. Su mano se encaminó hacia abajo, más allá de su ombligo. Jadeó con suavidad al doblar una pierna y dejarla caer hacia un lado. Sus pliegues eran totalmente suaves, se rasuraba cada tercer día, así la sombra de un vello incipiente no alcanzaba a surgir. Disfrutó de su tersa piel al explorarla con los dedos. Estaba mojada, se estiró para alcanzar el vibrador de la mesita de noche. Tenía forma de pene, lo acarició con sus labios y su lengua mientras metía un dedo entre sus labios.

Era hermoso. Tenía unas ganas terribles de un hombre, al menos de una verga, quería que le comieran el coño, abandonarse y disfrutar… Pudo oír el fluir de sus jugos escurriéndose por sus muslos, movió su regazo arriba y abajo, deslizando la réplica por su boca. Acarició el consolador con su lengua una vez más, antes de metérselo en el coño. Pensó en varios hombres, algunos con los que se había acostado y otros con los que quería hacerlo.