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Este libro es una guía práctica y accesible para saber más sobre Nicolas de Condorcet, que le aportará la información esencial y le permitirá ganar tiempo.
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• Conocer el pensamiento ilustrado en Francia, que basa toda su filosofía en la razón y en el progreso, y analizar la situación social y económica que desemboca en la Revolución francesa
• Descubrir la pasión de Condorcet por las matemáticas y por la defensa de la libertad, que aunará para intentar cambiar la sociedad en busca de un modelo más objetivo
• Evaluar la perpetuidad de los ideales de Condorcet, con una consecuencia que prima por encima del resto: la educación laica y gratuita para todos
SOBRE en50MINUTOS.ES | Historia
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Seitenzahl: 48
Veröffentlichungsjahr: 2017
El nombre de Nicolas de Condorcet forma parte de las referencias cotidianas para muchos franceses que acuden cada día a los colegios e institutos que le rinden homenaje. Aunque, efectivamente, se encuentra en la raíz de un proyecto de educación pública sin precedentes, apenas se conoce el alcance de la obra de este hombre de la Revolución francesa, que muere en la cárcel y no a golpe de guillotina, como muchos de sus contemporáneos.
El joven Condorcet, huérfano de padre y criado por una madre cuya devoción raya la superstición, se forja un carácter tenaz, más allá de su apariencia de persona tímida y amable. Gracias a su obstinación, este apasionado de las matemáticas consigue escapar a la carrera militar a la que estaba destinado y entra en la Academia de las Ciencias con tan solo 26 años. Su discreción en los salones donde frecuenta a los intelectuales más importantes de su época va cediendo ante la pasión que muestra frente a sus oponentes durante la Revolución francesa. Se alimenta de la filosofía ilustrada y se compromete en la vida política y, sobre esa base, elabora numerosos proyectos, tanto en el ámbito del comercio y del transporte como contra la esclavitud o en defensa de los derechos de las mujeres y de la tolerancia religiosa. Redacta una nueva constitución para la república que desea, cuando sus conciudadanos aún siguen soñando con una monarquía constitucional. Pero el filo del Terror no lo perdona. Se le acusa de haber rechazado la pena de muerte que se pronuncia durante el juicio a Luis XVI (1754-1793) y de haber rebatido con vehemencia la Constitución del Año I de 1794, por lo que durante casi un año vive en la clandestinidad. En ese momento, redacta una última obra magistral, Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano, auténtica profesión de fe de este hombre heredero de la Ilustración y precursor de un humanismo basado en la libertad y en la igualdad. Es arrestado el 27 de marzo y muere dos días más tarde en su celda.
Retrato de Nicolas de Condorcet, del pintor Jean-Baptiste Greuze.
Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet, nace el 17 de septiembre de 1743, hijo de un padre capitán de caballería de la guarnición en Ribemont (departamento de Aisne, Francia), Antoine de Caritat (muerto en 1743), y de una joven viuda con la que Antoine se casa en marzo de 1740, Marie Madeleine Gaudry. La madre de Nicolas de Condorcet, de salud frágil y muy piadosa, se convierte en viuda por segunda vez tan solo un mes después de haber dado a luz a su hijo y lo cría sola bajo la tutela lejana de su cuñado, Jacques-Marie de Caritat (1703-1783), obispo de Gap. Nicolas, tras haber recibido una formación básica a domicilio a manos de un instructor jesuita, entra en el colegio de los jesuitas en Reims con 11 años. Allí pasa cuatro años en los que sufre la supervisión inquisidora, las vejaciones y los castigos de la orden religiosa, sin encontrar siquiera una satisfacción intelectual. Este periodo provoca que nazca en Nicolas de Condorcet un rencor tenaz hacia la religión católica y el germen de una conciencia pedagógica que se basa en el interés de los alumnos y en el respeto de los individuos, alejado del sistema de humillación de las instituciones religiosas.
En 1758, Condorcet abandona Reims para instalarse en París y estudiar en el Colegio de Navarra, cuya reputación se basa en la calidad de sus formaciones científicas. Allí descubre las matemáticas y la física, que se convertirán en su pasión de adolescente y de joven adulto. Cuando vuelve a Ribemont tras haber obtenido el título de bachiller, se encuentra con que su familia desea que siga una carrera militar. Tras negarse obstinadamente durante tres años, se sale con la suya y vuelve a París para estudiar geometría. Allí es alojado por su profesor, el abad Georges Girault de Kéroudon, y lleva una vida de asceta, completamente dedicada a las matemáticas, como cabe esperar de su carácter tímido. En 1764, con tan solo 21 años, entrega a la Academia de las Ciencias de Francia una primera tesis cuyo ponente no es otro que d’Alembert (filósofo y matemático francés, 1717-1783).
Retrato de Jean le Rond d’Alembert.
Es el inicio de un interés mutuo que acabará convirtiéndose en una profunda amistad. La publicación en 1765 de su tratado titulado Sobre el cálculo integral, seguido dos años más tarde de Sobre el problema de los tres cuerpos, y su participación en las Memorias de Turín entre 1766 y 1769 le abren las puertas de la Academia de las Ciencias el 25 de febrero de 1769. Obtiene el rango de socio el 15 de diciembre de 1770.
¿Sabías que…?
En la actualidad, el término «geómetra» se aplica a un profesional encargado de dibujar planos y documentos topográficos, pero no siempre ha tenido el mismo significado. Aunque la definición más común es la de «experto en geometría», lo cierto es que esconde una realidad más compleja. En el siglo XVIII, la geometría se considera la base de las matemáticas y, por extensión, el geómetra es un matemático. Dado que las matemáticas eran el ejemplo del ejercicio de la lógica y de la razón, son el camino hacia la filosofía y, de esta manera, el geómetra se convierte en un erudito.
