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En este poema el autor comparte imágenes de sueños nacidas del inconsciente profundo, vetas hacia una interioridad de carácter mítico u "objetivo", donde la palabra consabida por el consciente personal sufre el accidente llamado poesía. Al aproximarse el sueño a la visión, surge un hablar poético como emergencia de la relación entre este y aquella dimensión desconocida. El verseo asiste como posibilidad de un diálogo entre lo insondable y la interioridad, resultando un panorama de los movimientos del alma donde llaman recuerdos más antiguos y originarios que las vivencias terrenas despertando añoranzas de a ella volver.
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Seitenzahl: 32
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Dedicatoria
No son sueños
Escribir aquí la dedicatoria,alineada a la derecha y con los saltos de línea que corresponda
Quiero agradecer a María José y mis cuatro hijos por el amor y alegría que irradian, bendición en fortaleza y ternura. Al monje John Campbell por su fe, oración y compañía, bendición de un corazón inflamado en Dios.
A mis padres Andrés e Isabel por su apoyo, cariño y perseverancia. A mi hermano Pablo, Tomás y Pedro, por su afectiva comprensión y aliento.
También a mi amigo Rodrigo Sánchez, por su amor a las raíces y el cavernario mar en su pupila.
Agradezco al equipo de Aguja Literaria el profesional acompañamiento que ha realizado para la materialización de las obras y el valor pedagógico que han tenido en mí como escritor, especialmente mi editor Alfredo Gaete Briseño, quien, en virtud de su larga y amplia experiencia y atenta comprensión de los textos, ha facilitado la sedimentación de nuevos criterios reflexivos en el campo literario
Estuviste en los salones grandes
donde nadie había
objetos sobre la alta mesa talantes
hacia adentro ardían.
Pasas de un salón al otro despacio
mayor va siendo la amplitud
más palpable un invisible zarpazo
el grito terrible no sale a luz.
¿Morada de quién donde caminabas?
No supiste porque no sabes de espacios
tu vanidad declaraba que por una vena te vaciabas
fijando el atardecer en sentimientos de ocaso.
Acaso el mármol fuera severo y castigara…
nada
tu semblante iba sin cara
aunque quisieras no llorabas.
Leones corrían de un lado a otro sobre baldosas
la terraza boca cerrada entre pilares a cada extremo
no miraste tal sino de mariposa
torpe vuelo acuñando esperanza en el deseo.
Cuántos ojos que me acompañarían se retiraron
fueron por un baño de luz en solitaria cascada de arcoíris
los míos fijos en soledad abandonaron
terrores abrieron la tristeza del iris.
La puerta blanca en plena tarde apareció
advertido de no cruzar
tarde porque todo aconteció
antes de por ella salir a hablar.
Los caminos adentro se realizan
luego, cualquier detalle puede ser señuelo del recuerdo
confundimos cuanto anuncia
con lo que sobrevive entre lo muerto.
Andaba por una explanada interminable de hielo
acompañado por ese amigo resentido ignorándose enemigo
día y noche despertaban desde el gélido suelo
produciendo el mismo efecto, lo sombrío.
El tiempo letargo exquisito
andar bulto y acomodo
indiferente si precito
no había recodo.
Castillo blanco, el negro, la casa de luces apagadas
horizonte cubierto por una ola trocado inmenso fuerte…
nadie podría ofrecer una secuencia asegurada
al recuerdo vivo todo le es patente.
Sé de aquella blanca construcción escarpando la noche
entrar como espectros que no veo
el cielo gruesa telaraña azabache
escaleras móviles y alocadas hacen juego.
Una se desbroza de tal conjuración,
empotra contra la pared derecha del recinto
veo la dama blanca sin dilación
bajando a paso nevecinto
níveo movimiento, pero no alado
a tono de conformación consonante
el carácter de su mentón me ha señalado
por donde bajaba sube y voy soñante.
En este segundo piso de varias puertas
no atino a cuál hizo ingreso
abro algunas como quien apuesta
encuentro cosas de las que mejor regreso:
