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Relatos que recuperan la crónica de rescates de perros abandonados y maltratados en Mendoza, Argentina. Este recorrido por historias reales representa una buena fuente de reflexión sobre un estado clave de nuestra sociedad: la violencia que se ejerce sobre las formas de vida y sus derechos, en este caso, contra las que, aunque tengan voz, ella no puede alegar ni decodificarse dentro del lenguaje humano. No te suelto la pata. Rescatando seres sintientes de Carmen Díaz no es una estrategia de la ficción literaria. Es más bien un espejo que nos refleja las carencias en el vasto universo de la vulnerabilidad de la vida.
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Seitenzahl: 151
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Díaz, Carmen
No te suelto la pata : rescatando seres sintientes / Carmen Díaz. - 1a edición especial - Godoy Cruz : Jagüel Editores de Mendoza, 2022.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-4931-45-0
1. Derechos de los Animales. I. Título.
CDD 636.089
© 2022 Jagüel Editores de Mendoza
© 2022 Ballarini, Stella Marys
Correspondencia: Sarmiento 1740 – (5501) Godoy Cruz, Mendoza, Argentina
Teléfono: +54–261–5093367
e–mail: [email protected]
Diseño de marca de colección: Clara Luz Muñiz
Fotografía de tapa: Fabian Gieske en unsplash
Diseño gráfico: Ana Povedano
Conversión a formato digital: Libresque
Derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la tapa, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor. Las opiniones expresadas en los artículos firmados son exclusiva responsabilidad de sus autores.
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Quiero expresar mi agradecimiento a todos los amigos que me apoyaron en este proyecto desde sus inicios; sobre todo, en el momento más difícil, que fue cuando perdí más de sesenta hojas escritas. Muchas gracias a los que me alentaron a seguir.
En especial, estoy muy agradecida con Fabián Arnáez, Leandro Rodríguez y Adrián Barón, por brindarme la oportunidad de abrir cuentas en sus respectivos Consultorios para Animales No Humanos desprotegidos, sin hogar. Eso ayudó a que cientos de perros y gatos salvaran sus vidas. Los que no lo lograron, porque tuvieron pronósticos reservados y graves, se fueron de este mundo contenidos por todo nuestro grupo en una internación y no murieron abandonados en la calle.
Quiero expresar mi reconocimiento a los abogados que me asesoraron en determinados casos, ya sea por denuncias o por situaciones legales inherentes a las diferentes causas. Especialmente menciono a Laura Valente, quien fue una gran guía en este proceso lleno de aprendizajes.
También quiero recordar en este lugar a las voluntarias que contribuyeron en algunos rescates, a las que me secundaron en casos complicados, a las que aportaron medicación, a las que compartieron las publicaciones.
Doy las gracias a la sociedad mendocina que contribuyó con su aporte solidario, ya sea con dinero, ferias, rifas, venta de ropita en beneficio. A todos quienes hicieron, desde su lugar, un mundo mejor para estos seres sintientes que tanto amamos.
Destaco, además, a mi querida peluquera canina Elizabeth Díaz, por su colaboración desinteresada al darles dignidad a tantos perros rescatados del abandono.
Por último, estoy muy agradecida con quienes se suman a dar tránsitos de corazón, un gran mérito para ellas. Gracias por sus tiempos, por sus cuidados, por el amor que han dado a cada uno de esos animales.
Aclaración editorial:
Las fotografías de estas crónicas que referencian imágenes de rescatados son capturas instantáneas, tomadas por la autora y otros como testimonio del estado al momento del rescate y de su recuperación.
Dada la distancia en años de algunos de los casos, no hemos podido obtener los originales sino las imágenes que circularon por las redes sociales. Hemos tratado de obtener su mejor calidad de impresión.
Hacía días que andabas sin rumbo fijo por las diferentes calles asfaltadas de un barrio popular de la Ciudad de Las Heras, en Mendoza. Según los vecinos, no eras de la zona. Nadie conocía ni tu más mínimo dato. Ni tenías nombre. Pero por vos empecé este camino.
Una vecina que seguía sus pasos logró encontrarlo, le tomó una foto y la publicó en una red social. La imagen impactaba a simple vista, era la verdadera cara del sufrimiento. Observarla causaba un sinfín de sensaciones a cualquiera con la menor sensibilidad. Él necesitaba de unas manos amigas que le brindaran ayuda verdadera y responsable. Del lado derecho, su rostro aparecía abierto y sangraba. Pero se escondía tanto de la gente del lugar como de nosotros. Lo peor era que, mientras más días pasaban, sus posibilidades de supervivencia se acortaban: con esa herida profunda no podía alimentarse ni tomar agua. El miedo lo llevaba a ocultarse, e imagino que por el olor que despedía lo ahuyentaban. A eso se sumaba el dolor incontrolable de la herida.
Uno de esos días de típico viento zonda mendocino, fuimos en su búsqueda con una compañera. Resultaba casi imposible avanzar por las oleadas de tierra que nos acortaban la visibilidad. Nuestro afán de encontrarlo era más fuerte que la realidad que teníamos enfrente, por lo que avanzamos esquivando ramas caídas, sin suerte: el perrito había vuelto a desaparecer. Muchos seguíamos el caso a través de las redes, esperanzados de que lo retuvieran e ir a buscarlo con alguna seguridad. Sin embargo, el día menos pensado nos llamaron. Ya lo tenían. Fue un 25 de diciembre y ya muy tarde, faltaban minutos para el día 26 y nos preguntábamos si sería el milagro de Navidad de ese año.
Por ser una zona riesgosa durante esos horarios, se sumó a nosotras un compañero, con el fin de darnos mayor seguridad. En un lugar determinado nos unimos y partimos los tres en dos autos. La aventura se acercaba. La familia y algunos vecinos nos esperaban. Al llegar, hacía minutos que el escurridizo perro se les había escapado nuevamente. Estábamos decididos a todo o nada, encendimos los celulares, linternas, sogas y comenzamos a buscarlo entre las cunetas. Unos nos dispusimos en el lado izquierdo, otros del lado derecho. Por fin, sentimos a cierta distancia un grito, “el” grito tranquilizador: “¡Lo tenemos!”. Estaba agazapado debajo de un puente. Ya sin escapatoria. Se dejó enlazar y se entregó con esa pureza que caracteriza a los perros. Era mestizo, con alguna mezcla de pitbull. De mediana estatura, joven, color marrón, con algunas cicatrices, costillas marcadas, nariz negra y seca. Sin dudas, su herida estaba en avanzado estado de descomposición, incluso se le había desprendido una parte del tejido. Lo subimos al auto y se acomodó en la parte trasera del asiento, eligió la sábana para echarse. Partimos en los dos autos hacia la Clínica Veterinaria, con las ventanas abiertas porque el olor era nauseabundo, no apto para los que sufren y padecen los olores muy fuertes. A pesar de la distancia, llegamos rápido, el tránsito en ese horario no se hacía sentir. Llegamos cerca de las 2.30 de la madrugada. El veterinario de guardia estaba hablando con alguna gente en la puerta, eso nos daba la pauta de que no había pacientes. Al ingresar y con la luz potente de la sala pudimos apreciar que la cara hervía de gusanos. Sin perder tiempo, el doctor puso en marcha el protocolo para salvar su vida. En esa Clínica tenían como norma identificar el ingreso del animal con un nombre: le puse CIROCCO en honor a mi perrito viejito fallecido. Así obtuve mi primera cuenta para perritos en situación de desprotección. CIROCCO quedó a mi cargo.
El diagnóstico no era bueno, tenía una gran infección que saltaba a la vista, además de desnutrición y deshidratación. ¡Cuánto tiempo sin comer y sin tomar agua, pequeño! Eso llevó a que quedara internado en estado reservado. Necesitaba una transfusión de sangre para recuperarse de su anemia. Una vez que se le limpió el rostro, le quedó un agujero importante. Los gusanos habían hecho un daño increíble en la piel. Al día siguiente, nos pusimos en campaña para conseguir un perro dador. Este debía cumplir ciertos requisitos: tener las vacunas al día, un peso de 25 kg., estar sano, tener una edad promedio de 8 años. De ser hembra, no debía haber sido madre ni haber ingerido alimentos por lo menos por ocho horas. NEGRO se convirtió en el héroe.
CIROCO fue transfundido y, paulatinamente, se fue recuperando. Con el transcurrir de los días, comenzó a alimentarse y beber agua por sus propios medios.
Apenas el caso se publicó en una red social, inmediatamente se hizo viral por el contenido tan fuerte de la historia y por el estado en que había quedado su rostro después de la limpieza. Los gusanos habían comido gran parte del tejido.
La mayoría de la gente coincidía en que un petardo había destruido la mitad de su cara. Estábamos a fines del año 2012. Con las fiestas tradicionales, la pirotecnia abundaba, a pesar del riesgo que provoca en la salud de cualquier ser vivo. En los perros, por tener el oído con más alcance auditivo, los petardos pueden provocar daños irreparables. Los trastornos de ansiedad conllevan a signos más intensos como salivación, alteraciones gastrointestinales, taquicardia. A lo largo de los años, la pirotecnia se ha ido prohibiendo en diferentes municipios, a través de normativas propias. Lamentablemente, es un flagelo que cuesta erradicar a pesar de las prohibiciones de su uso en la provincia de Mendoza.
Nunca tuvimos conocimiento real de lo que le sucedió. La historia fue compartida por cientos de cibernautas, a tal punto que se conoció el caso en todo el país. Incluso, llegó a un periodista de un medio gráfico local. Al comunicarse telefónicamente con nosotros, lo primero que preguntó fue si al perrito publicado en mi página le había explotado un petardo en su hocico como a FACHA años atrás. Es decir, que él también coincidía con el resto de las personas. Entonces, mi primer rescatado vía red social se hizo más famoso de lo que ya era. El comunicador le dedicó un importante espacio en uno de los diarios más importantes de nuestra provincia. La publicación fue muy bien abordada, porque resaltó cómo una red social había unido a tres seres solidarios para salvar una vida.
CIROCCO permaneció varios días internado, se le hizo una pequeña cirugía con puntos de aproximación de los tejidos, pero se zafaron porque aún había piel muerta. Le buscamos un tránsito pago hasta que la piel estuviera en condiciones para realizar la cirugía reconstructiva, donde lo cuidaron de maravillas. Lo tenía que llevar dos veces por semana a su control.
¡Uy! ¡Cuántas experiencias vivimos en ese tiempo! Comparto solo una de ellas. En una ocasión, debí sacarlo de urgencia de uno de los tránsitos y llevarlo a mi casa, no había opción. Tuve que hacerlo dormir en mi cuarto y cerrar herméticamente la puerta. A eso de las 3.00 o 4.00 de la madrugada, comenzó a gruñir y a pelearse con mi perro bochinchero, aunque los separaba la puerta. Mi loquito se había cruzado por la ventana. Cómo hizo, aún me intriga. Yo me preguntaba: ¿qué hago? Entonces, vacié parte del placard y lo dejé encerrado con llave. Así, pude salir más tranquila, por temor de que se escapara. ¡Cuántas locuras hacemos por ellos!
Pasó un tiempo largo hasta que lo volvimos a internar. Pero la sensación era diferente, porque ya estaba próxima la cirugía reconstructiva, la estética. La que le daría otra fisonomía a ese pómulo abierto. Y todo salió de maravillas.
Todo rescatado merece tener una buena familia y CIROCCO no iba a ser la excepción. Aunque considero que es uno de los momentos más difíciles que tiene un rescatista, porque muchos prometen y no cumplen, muchos dicen y no hacen. En este caso, hubo una intermediaria allegada a los dueños de la Clínica. Uno de sus empleados estaba triste porque había perdido su perro pitbull y, justamente, CIROCCO tenía genes de esa raza. Lo fueron a buscar a la Veterinaria y, por fin, el perrito herido que vagaba por las calles pidiendo ayuda, tenía una familia para siempre. ¡CIROCCO adoptado! Una familia de condición muy humilde, pero con un corazón lleno de amor. Las veces que me acerqué a verlo, siempre me abrieron las puertas de su casa con el mayor respeto y cariño. Él tenía un sillón en la cocina donde descansaba, lo sacaban a pasear con correa. Tuvo la mejor familia. Siempre decían que era el rey de la casa.
En el año 2021, CIROCCO dejó su cuerpo físico para integrarse a otro plano, falleció de una enfermedad terminal. Lo bonito es que siempre estuve en contacto con él y su familia hasta el final.
CIROCCO se cruzó en mi vida para fortalecer mis debilidades. En ese tiempo, me impresionaba ver heridas profundas y sangre. Conocerlo en su estado de indefensión borró esos pensamientos negativos de mi mente. Desde el día en que nos encontramos, perdí todo temor a cualquier situación que se me presentara.
Hermoso de mi alma, caminabas tan despreocupado por las vías del tren, entre piedras de diferentes colores, tamaños y texturas. Seguramente eras un perro bohemio, que disfrutabas de los paseos al aire libre y de la vegetación árida del lugar. Eras un perro joven andariego, travieso, seguramente estabas en tu rutina diaria. Lo que jamás se cruzó por tu cabeza desentendida, es la dura vivencia que te quedaba en ese paseo que, para vos, era una bocanada de felicidad. Mientras tanto, en otro sitio, tres chicos preadolescentes de entre de 12 y 14 años, con una irascibilidad tremenda, contundente, estaban saliendo de sus casas con un fin maquiavélico. Quizás ese día ya tenían premeditado dañar a cualquier ser que se les cruzara en su camino. Y fuiste la víctima.
Un perro mestizo con genes de ovejero alemán, de gran porte, con un manto negro en su lomo, vetas marrones en el resto de su cuerpo. La ternura andando. Los irritables chicos tenían que sacar el odio que los consumía cada segundo, entonces tomaron una soga, ataron en cada extremo una piedra al estilo de boleadoras y persiguieron al indefenso. Él, en un intento por sobrevivir, corrió para salvar su vida, pero los salvajes tenían la presa frente a ellos y no iban a desperdiciar un solo segundo. Lo acorralaron entre los tres y lograron su cometido: le pegaron una y otra vez, hasta que lo hicieron trastabillar y caer sobre la tierra. ¡Salvajes! Cuando ya estuvo atontado, los furiosos, sin poder defenderse, tomaron un palo de gran espesor y le pegaron en la cabeza con una maldad incontrolable. Endemoniada.
El perrito, con el poco aliento que le quedaba, logró gritar pidiendo auxilio. Sus gritos llegaron a unos chiquitos que jugaban en un barrio contiguo. Llamaron a sus padres y lograron salvarlo. Los irritados chicos de mente asesina corrieron a resguardarse en sus guaridas sin dar la cara, ante la mirada atónita de los vecinos que solo atinaron a acompañar a la víctima hasta que llegara ayuda.
Mi amiga Brenda, que vivía en ese barrio de Las Heras, Mendoza, y ayudaba como podía a los animalitos de la zona, me llamó desesperada. Ella y algunos vecinos lo estaban conteniendo. Nos separaban unas quince cuadras, por lo que saqué el auto y partí velozmente. Al llegar, no podía creer lo que tenía frente a mis ojos: un perro totalmente desvalido, le costaba respirar, le brotaban por boca y nariz borbollones de sangre tipo gelatinosa. No podía mover su cuerpo, tampoco se erguía ni caminaba. Ni sostenía su alma. ¡Qué triste realidad! ¡Cuánto dolor padecía! Acomodé el auto en la mejor posición, no sabíamos cómo levantarlo para no causarle más daño del que ya estaba sufriendo. Una vez que logramos el cometido con ayuda de los vecinos, partimos con mi amiga hacia un destino incierto.
El trayecto era muy largo, nos invadía la ansiedad, íbamos atentas a cualquier movimiento. Teníamos que atravesar toda la ciudad, plagada de semáforos en cada esquina. Y fue ahí donde sentí una señal de mis ángeles. Todos los semáforos dieron luz verde para nuestro paso. Esa señal energética sosegó mi corazón acelerado. Continuamos nuestra marcha y, cuando menos lo imaginábamos, estábamos en la puerta de la Clínica Veterinaria y aún respiraba. Sentíamos que habíamos logrado un gran paso.
El Doctor de guardia estaba ocupado, pero salió y le dio los primeros auxilios dentro del auto. Luego lo ingresamos al consultorio para continuar con la atención. Mientras el profesional lo canalizaba para colocarle el suero, nos escuchaba atento y muy indignado por lo acontecido. Luego colocó una batería de medicación. Una vez que terminó de examinarlo, ayudamos con las mejores energías a limpiar su cuerpito ensangrentado, para que se sintiera querido. Recuerdo cómo brotaban lágrimas de sus ojitos medio cerrados por la inflamación. Estaba transitando el peor momento de su vida. El pronóstico era bastante desalentador. Tenía cortes en los labios, sangre en el pulmón, golpes en la cabeza que provocaban una gran hinchazón. Uno de sus ojos comprometido, hemorragia bucal y nasal. Se temía que los golpes le hubieran provocado daño neurológico. Había que esperar al menos cuarenta y ocho horas para obtener resultados. Quedó internado en estado grave. Lo identificamos con el nombre de DUKE. Me recuerdo decretando: “te pondrás muy bien y te pondrás como un verdadero ‘duque’”.
