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Este es el quinto y último libro de la serie K19 Equipo de Operaciones Sombra Uno. ¿Has adivinado correctamente quién es el asesino en serie? Nombre en Clave: Emmett ”Mayhem” Gable. Objetivo: Grace ”Hanadarko” Hunter. Misión: Proteger a los inocentes de un vil asesino en serie.
MAYHEM Me siento, observo, lo absorbo todo y decido mi próximo movimiento. Soy silentioso, sigiloso y siempre estoy listo para actuar, haciendo que mis enemigos se arrepientan de cada una de sus decisiones. Siempre son las personas calladas y tímidas por las que hay que preocuparse. Y ellos se preocupan por mí. Contra viento y marea, voy a acabar con este asesino en serie antes de que sea demasiado tarde. Cuando K19 necesita que la mejor perfiladora del sector salga de su ”retiro”, tengo que emplear todo mi carisma para convencerla de que me ayude. Y ahora, ya no hay vuelta atrás. Va a descubrir por qué me llaman MAYHEM. GRACE Ni hablar, de ninguna manera. Estoy oficialmente ”retirada”. No es que tenga ni la edad ni el aspecto de una anciana. Simplemente estoy harta de enfrentarme a lo peor de la humanidad y mirar a la inmundicia directamente a los ojos. Ahora, sin embargo, es hora de confiar en el único hombre que hace que todo merezca la pena, el único que me hace perder el control. Es caos y desorden, y no me canso de él. ¿Podremos juntos encontrar el valor para acabar con el asesino en serie que está empeñado en destruirnos?
PUBLISHER: TEKTIME
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Veröffentlichungsjahr: 2026
K19 SHADOW OPERATIONS
LIBRO V
Nombre en Clave: Mayhem
1. Mayhem
2. Hanadarko
3. Mayhem
4. Hanadarko
5. Mayhem
6. Hanadarko
7. Mayhem
8. Hanadarko
9. Mayhem
10. Hanadarko
11. Mayhem
12. Hanadarko
13. Mayhem
14. Hanadarko
15. Mayhem
16. Hanadarko
17. Mayhem
18. Hanadarko
19. Mayhem
20. Hanadarko
21. Mayhem
22. Thanatos
23. Mayhem
24. Hanadarko
25. Mayhem
26. Hanadarko
27. Hanadarko
28. Mayhem
Nombre en Clave: Ares
Ares
Acerca de la autora
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Copyright © 2024 por Heather Slade
Todos los derechos reservados.
Ninguna parte de este libro puede ser reproducida en forma alguna o por ningún medio electrónico o mecánico, incluyendo sistemas de almacenamiento y recuperación de información, sin permiso escrito de la autora, excepto para el uso de citas breves en una reseña de libro.
Él es un agente del MI6 que dejó escapar a la que más le importaba.
Ella es una perfiladora brillante que se alejó pero nunca olvidó.
Ahora, deben reunirse para detener a un asesino cuya racha de décadas está lejos de terminar.
MAYHEM
Nunca pensé que volvería a ver a Grace “Hanadarko” Hunter después de que nuestra relación se rompiera hace tres años. Pero cuando un despiadado asesino en serie reaparece en Adirondacks, sé que ella es la única que puede ayudarme a atraparlo. Trabajar de nuevo con Grace enciende todos los viejos sentimientos que intenté enterrar, pero no puedo dejar que mi corazón me distraiga de detener a un asesino. A medida que nos adentramos en el caso, me doy cuenta de que quiero algo más que resolverlo: quiero un futuro con la única mujer que me ha comprendido de verdad. Pero antes, tenemos que enfrentarnos a nuestro pasado y sobrevivir a un asesino que siempre va un paso por delante.
HANADARKO
La última persona a la que esperaba volver a ver era Emmett “Mayhem” Gable. Pero cuando aparece, pidiendo ayuda para elaborar el perfil de un brutal asesino en serie, no puedo negarme. Estar cerca de Mayhem despierta recuerdos y deseos que creía haber dejado atrás. Mientras corremos para atrapar al asesino antes de que se cobre más víctimas, me encuentro cayendo de nuevo rendida ante Mayhem. Pero con un asesino que nos persigue y fantasmas de nuestro pasado que resurgen, no estoy segura de que podamos sobrevivir lo suficiente para tener una segunda oportunidad. Lo único que sé es que Mayhem es el único compañero que quiero a mi lado, en el trabajo y en la vida, si salimos con vida.
—¿Estás segura de que quieres seguir adelante con esto? —Oí a Cowboy preguntarle a Winslow. Aunque sabía que debía alertarles de mi presencia, continué escuchando a escondidas.
—Claro que quiero. Ella podría ayudar.
Había tardado casi un mes, pero con la ayuda de Decker Ashford, por fin había localizado a la perfiladora que esperaba que estuviera dispuesta a ayudarnos a encontrar al hombre al que los medios de comunicación se referían ahora como el Asesino de Adirondack. Lo que el K19 Operaciones Sombra creía que era su verdadero apodo —Thanatos— nunca se dijo fuera del centro de mando e, incluso entonces, solo se decía cuando era necesario.
Los restos óseos de cuarenta y tres víctimas —el recuento se basaba en el número de cráneos recuperados— se encontraron en el fondo de uno de los cuatro lagos que los equipos acuáticos y de buceo habían registrado hasta entonces. Sin embargo, dado que había más de dos mil masas de agua más en el parque, aún cabía la posibilidad de encontrar más.
—También podría negarse —dijo Cowboy. No era la primera vez que Winslow recibía esa advertencia. Yo le había dicho lo mismo.
—Que no quiera hablar con Mayhem no significa que no vaya a escucharme. Al menos, tengo que intentarlo. —Hubo una pausa, dándome tiempo para alejarme, pero no lo hice—. Además ¿qué pasó entre ellos?
—No puedo decírtelo. Todo lo que sé es que Hanadarko, que se llama Grace Hunter, era perfiladora en otro caso de asesino en serie al que también estaba asignado Mayhem. No tengo ni idea de lo que pasó, pero cuando el caso terminó y detuvieron al asesino, ella renunció. Y por renunciar, se rumorea que dimitió del FBI y ha estado viviendo en reclusión desde entonces. Se niega a hablar con nadie.
—Quizá no sea tan buena idea —respondió Winslow.
—¿Qué te hace decir eso ahora?
—Podría haberlo dejado porque le afectó mucho. Quizá estaba traumatizada y no tiene nada que ver con Mayhem. —Tenía razón; podría haber sido la razón por la que renunció, pero yo sabía que no.
—Podría ser, cielo —dijo Cowboy.
—¿Por qué no lo admitiría, sin embargo? —preguntó Winslow.
—Otra pregunta que no puedo responder, pero si no quieres ir, tienes que decidirlo ahora. Steel acaba de llegar a la entrada.
—No lo sé. Siento que al menos debería intentar hablar con ella. De mujer a mujer. O quizá “de víctima a perfiladora” sería una forma mejor de decirlo.
—Creo que eso es lo que Mayhem tiene en mente.
Sí, eso era exactamente lo que tenía en mente.
—Quiero ir.
—Pues hagámoslo.
Había un trayecto de casi seis horas desde el rancho King-Alexander hasta Olmito, Texas, donde Decker me aseguró que vivía Grace. Por fin había podido obtener la información de un miembro de su familia, el único cuya traición sabía que Grace perdonaría si se enteraba.
El pueblo, cuyo nombre significaba “Pequeño Olmo” en español, tenía una población de poco más de mil habitantes y estaba a menos de quince minutos de la frontera entre EE.UU. y México.
—¿Estás seguro de que este es el lugar correcto? —preguntó Steel al entrar en el camino de entrada de la dirección que nos había dado Decker—. No parece que nadie haya vivido aquí en años.
Tuve que darle la razón, al menos basándome en lo que podíamos ver desde la carretera.
—Continua. —Estudié las fotos que había descargado, y aunque todo lo que podíamos ver ahora estaba terriblemente deteriorado, en algún lugar detrás de la maleza, había una casa.
—Para aquí —dije cuando aún estábamos a varios metros de donde terminaba el camino de entrada.
—Hay alguien dentro —dijo Cowboy, mirando la pantalla del radar Doppler que había traído—. Solo una persona, y quienquiera que sea, está caminando hacia la parte delantera de la casa.
—Recibido. —Abrí la puerta del pasajero y salí.
—¿Debería ir con él? —Oí preguntar a Winslow.
—Todavía no. Dale un minuto —le dijo Cowboy.
Podía sentir su presencia incluso sin verla.
—¿Grace? ¿Estás ahí? —grité.
—¡Arma! —Oí gritar a Steel y Cowboy a través del comunicador cuando se abrió la puerta principal.
—Retiraos —respondí, pero levanté las manos al dar otro paso adelante.
Grace salió por la puerta, mirando por el cañón del rifle apuntando al centro muerto de mi corazón.
—Tienes exactamente diez segundos para largarte de mi propiedad, Emmett Gable. No creas que no te mataré.
El dolor que vi hoy en sus ojos era el mismo que vi el día que le rompí el corazón. Mucho peor que su corazón; había roto su espíritu. Esa era la parte que me carcomía vivo.
No pasaba un día sin que me arrepintiera de todo lo que había dicho y hecho la última vez que la vi. Ni pasó uno sin que pensara en Grace. Ni una noche en la que no soñara con ella.
—Lárgate de mi propiedad, Emmett.
—Grace, por favor, baja el arma —dije, sabiendo que no debía bajar las manos hasta que ella lo hiciera. No dudaba de que, a la menor provocación, encontraría un gran placer en dispararme.
—Bajaré el arma cuando vuelvas a meter tu puto culo en el coche y te marches.
—Hay algo de lo que necesito hablar contigo primero.
—Perdiste el privilegio de volver a hablarme de cualquier cosa. ¡Ahora, vete!
—Adelante, dispárame. Sácame de mi miseria.
—No. De ninguna manera. No, tú no puedes sentir lástima por ti mismo, Emmett. Es mi vida la que destruiste. La mía. No la tuya.
—Hanadarko, por favor...
—No me llames así —espetó.
—Hola, soy Winslow Cassidy. —Oí que decía una voz desde demasiado cerca detrás de mí. ¿En qué demonios estaba pensando Cowboy al permitirle salir del todoterreno?
—¿Quién eres y qué quieres? —preguntó Grace con el arma apuntándome todavía.
Miré por encima del hombro y vi a Cowboy de pie junto a Winslow.
—Fui secuestrada por un asesino en serie, pero escapé. Las fotos de más de un centenar de personas, principalmente mujeres, indican que han perdido la vida o corren peligro de perderla si no impedimos que este hombre vuelva a matar.
—Eso no tiene nada que ver conmigo. Ahora, todos vosotros sois intrusos. Si no os habéis ido cuando cuente hasta diez, empezaré a disparar. —Me hizo un gesto—. Él primero.
—Grace, si aceptas hablar con Winslow y Garrison, me iré.
—Te irás sin que yo acceda a nada.
—Señora, soy Garrison Cassidy. Winslow, aquí, es mi esposa. No sé lo que Emmett le hizo, y francamente, no me sorprende nada oír que lo quiere fuera de su propiedad. Estoy bastante seguro de que Winslow sentía lo mismo por él cuando se conocieron. Sin embargo, le ruego que al menos escuche lo que mi esposa y yo tenemos que decir. Le prometo que haré que se vaya si accede a escucharnos unos minutos.
Si dejar que mi boca colgara abierta no le hubiera dado a Grace un blanco tan ideal, ciertamente lo habría hecho. ¿Acaba de decir Cowboy que no le caía bien a Winslow? Estaba estupefacto. Incrédulo incluso.
—¿De dónde eres?
—De las afueras de Buda.
—¿Dijiste que tu nombre es Cassidy?
—Sí, señora.
—¿Alguna relación con Micki Hunter Cassidy?
—Es mi madre.
—Es mi prima cuarta con un grado de separación*.
—¿De verdad?
Aunque la conversación entre Grace y Cowboy era terriblemente interesante, su arma seguía apuntando en mi dirección y no me había quitado los ojos de encima.
—¿En qué os convierte eso a vosotros dos, entonces? —preguntó Winslow—. ¿Primos quintos*?
—Así es.
—¿Conoces a Micki? —Cowboy le preguntó a Grace.
—Solo la he visto una vez, y fue hace mucho tiempo —respondió ella.
—Ejem. —¿Habían olvidado los que estaban conmigo por qué estábamos aquí?
—Cierra el pico. Estoy teniendo una conversación. Siempre fuiste un hijo de puta grosero. No me extraña que no le gustes a Winslow.
Levanté una ceja. Aunque Grace parecía estar disfrutando enormemente, y quizá Winslow y Cowboy también, estábamos aquí para pedirle ayuda en la búsqueda de un asesino.
Grace negó con la cabeza.
—Míralo. El poderoso Mayhem no tiene remedio. ¿Quieres decir que hay mujeres, aparte de mí, que no han caído rendidas a tus encantos? Me sorprende.
Le recordaría que ella había hecho exactamente lo contrario no hacía mucho tiempo; sin embargo, había bajado el arma para que apuntara justo debajo de mi abdomen. Sinceramente, creo que preferiría que me disparara a la cabeza que a mi...otra cabeza.
—Entrad —dijo Grace, levantando el rifle para que descansara sobre su hombro—. Tú no —espetó detrás de ella—. Ellos.
Me quedé en mi sitio, viendo cómo dos de las personas con las que había llegado la seguían al interior de una casa en mucho mejor estado de lo que el terreno que la rodeaba hacía suponer.
En lugar de volver al vehículo, donde Steel esperaba, estudié el lugar donde vivía la mujer que admiraba con cada fibra de mi ser. Es más, Grace era la única mujer a la que había amado, la única con la que había imaginado pasar mi vida.
Fui yo quien apagó su deslumbrante y brillante luz. Juré ser quien la encendiera de nuevo.
*Micki y Grace comparten a su trastatarabuelo con una generación de diferencia. Para Micki es su 4º ancestro directo. Para Grace es su 5º ancestro directo. (N. de la T.)
*Comparten el mismo Chozno (pentabuelo) 5º ancestro directo. (N. De la T.)
Me quedé de pie junto a la ventana, escuchando a medias a la pareja que había invitado a mi casa, mientras otro hombre —uno que en otro tiempo había tenido mi corazón en la palma de su mano— esperaba fuera.
Mayhem había envejecido mucho en el poco tiempo que había pasado desde la última vez que lo vi en persona. El pelo, que llevaba muy corto cuando pasábamos juntos todos los días y todas las noches, ahora lo tenía largo. Pasaba de sus hombros. Seguía siendo castaño oscuro, casi negro, pero con más canas.
Sentí su mirada sobre mí a través de la cortina translúcida que cubría la ventana delantera y giré la cabeza para encontrarme con su mirada. Era evidente que su dolor era igual al mío. Inesperadamente, me dejó sin aliento. ¿Cuántas veces me había preguntado si alguna vez me había amado de verdad? Ahora veía que sí. O tal vez todavía lo hacía. En cualquier caso, ya no importaba. Mayhem no solo me había hecho daño. Había destrozado mi corazón y destruido mi confianza en mí misma. El hombre cuya opinión significaba más que la de cualquier otra persona la había utilizado contra mí como un arma mortal. Me pregunté, cuando finalmente lo volví a ver, si mi determinación de no perdonarlo nunca seguiría siendo tan firme. Diría que sí, pero en el fondo de mi mente también me preguntaba si no era más bien intransigencia. Como él mismo dijo una vez, nunca había conocido a nadie tan terco como yo. Hay que reconocer que eso había sido mi perdición.
Aunque pueda parecer descarado, dejé que mi mirada se posara en el hermoso cuerpo de Mayhem, que me había proporcionado un placer que nunca hubiera imaginado posible. La camisa de manga larga y los vaqueros que llevaba hoy ocultaban los tatuajes que sabía que cubrían la mayor parte de su piel, pero no ocultaban los músculos que se tensaban bajo la tela. Temblé al recordar cómo se sentía tener su cuerpo desnudo cubriendo el mío.
—¿Grace?
Me aparté de la ventana y me volví hacia la mujer que había pronunciado mi nombre.
—Lo siento, hacía tiempo que no tenía invitados. He olvidado mis modales. ¿Os puedo ofrecer algo de beber?
Winslow se volvió hacia el hombre que se había presentado como Garrison, que también era mi primo quinto. Ella fruncía el ceño. Era evidente que me había perdido algo de lo que había dicho y que era mucho más importante que si alguno de ellos tenía sed. Me alejé de la ventana, deseando poder cerrar las cortinas sin parecer una loca.
En lugar de actuar como si estuviéramos celebrando una reunión familiar amistosa después de mucho tiempo sin vernos, les indiqué que tomaran asiento.
—Lo siento —repetí—. Sé que esta no es una visita social. Winslow, también lamento la terrible experiencia que has sufrido. Sin embargo, ya no soy perfiladora del FBI. De hecho, ya no trabajo para el FBI.
—Lo entendemos, señora —comenzó Garrison cuando miró a Winslow y ella asintió para que hablara—. Tanto si dejó lo de perfiladora como si no, por lo que hemos oído, usted es la mejor que había. En este momento, estamos tan desesperados que hemos venido a rogarle que considere la posibilidad de colaborar como consultora en este caso.
—Perdóneme si no te agradezco tus amables palabras. Y te pido disculpas si parezco grosera. —Tuve que respirar hondo antes de continuar—. No sé lo que has oído, pero la razón por la que dejé lo de perfiladora fue porque fracasé. —Respiré hondo por segunda vez—. Como resultado, dos mujeres más perdieron la vida. No puedo seros de ninguna ayuda.
—Eso no es cierto.
Me quedé paralizada. Estaba de espaldas a la puerta, así que no había visto entrar a Mayhem. Tampoco lo había oído. Sin embargo, lo sentí cuando se acercó y se colocó detrás de mí.
—¿Nos disculpáis, por favor? —añadió.
—Quedaos donde estáis —le dije a Winslow cuando vi que estaba a punto de salir corriendo de mi salón—. Nosotros saldremos. —La mujer y su marido ya habían presenciado demasiado de nuestro drama. Podía ahorrarles esto.
Cuando me di la vuelta y caminé hacia la puerta principal, Mayhem me siguió. Acabábamos de cruzar el umbral cuando puso su mano en mi espalda.
Memoria muscular, pensé para mis adentros. Por parte de ambos. Lo había hecho cientos de veces antes. Siempre me había tranquilizado. Y ahora también, por mucho que no quisiera admitirlo.
Sin embargo, me encogí de hombros y me senté en el columpio del porche. No quería su consuelo. Es más, no podía aceptarlo.
—Hanadarko...
Arqueé una ceja y crucé los brazos delante de mí. Él era quien me había puesto ese nombre en clave. Al igual que su mano en mi espalda, oírlo salir de sus labios me reconfortaba, aunque no lo quería ni lo merecía.
—Grace... —Dejó de hablar, miró hacia la puerta principal y luego volvió a mirarme—. ¿Millie?
A Millie, cuyo nombre completo era Milagro —en español— no le gustaba la gente más que a mí, así que cuando había alguien más aquí, se quedaba en el dormitorio. Mayhem siempre había sido la excepción, sin embargo. Nunca se había escondido de él.
—Está bien, probablemente escondida debajo de mi cama.
Mayhem asintió.
—De todos modos, pedirte ayuda con esta investigación fue idea mía. También fue idea mía pedirle a Winslow que viniera conmigo hoy para suplicarte que lo hicieras. Sé que no tengo derecho...
—No tenías por qué involucrarme. Sabes tan bien como yo que soy incapaz de ayudarte con esta o cualquier otra investigación.
—No sé nada de eso. —Apoyó el antebrazo en la barandilla del porche y miró al horizonte antes de volverse hacia mí—. Lo que hice...
No podía tener esta conversación. Ya había sufrido una vez su castigo y me había destrozado. Lo que él sabía entonces ni siquiera era todo. Una vez que descubriera el resto... No podía pensar en eso ahora. Me levanté y entré en la casa, esta vez cerrando la puerta con llave.
Me senté en una silla que me permitía ver si se acercaba a la puerta y miré a Winslow.
—No puedo ayudaros. Diría que ha sido un placer conoceros a los dos, pero dudo que ninguno de nosotros lo crea realmente. Es hora de que os marchéis.
—Si cambia de opinión —dijo Garrison, dejando caer una tarjeta de visita sobre la mesa de café frente a mí cuando no la cogí de su mano extendida.
Ya casi habían salido por la puerta cuando Winslow se dio la vuelta.
—No sé nada sobre cómo atrapar a un asesino en serie. Lo único que he hecho en mi vida es convertirme en esquiadora Olímpica. No me malinterpretes, el entrenamiento fue riguroso y me llevó años alcanzar mis objetivos. —Se subió la manga del jersey y señaló su codo—. Esta es la prueba de uno de los errores que cometí por el camino. Te ahorraré los demás, pero hay varios. Podría haberlo dejado después de la primera operación que me dejó fuera de juego. O después de la quinta. Pero no lo hice. En el fondo de mi corazón sabía que el esquí era algo que se me daba bien, a pesar de todos los errores que había cometido.
—No es lo mismo.
—Tienes razón. No lo es. Sin embargo, a mí me secuestraron y creí que iba a morir. Luego escapé. Otras mujeres no lo consiguieron. Ni siquiera sabemos cuántas son ni si hay otras que siguen cautivas como lo estuve yo. Si no hiciera algo para ayudar a atrapar a los responsables, no podría vivir conmigo misma. —Respiró hondo y exhaló lentamente. Una lágrima le recorrió la mejilla—. Puedes quedarte sentada sola en esta casa y negarte a escucharnos porque cometiste un error una vez. O puedes hacer lo correcto.
Ni ella ni Garrison dijeron nada más. Cuando salieron, él puso la mano en la espalda de su esposa.
Por la expresión del rostro de Winslow, era evidente que Grace había rechazado nuestra petición de ayuda. Me sentí decepcionado, pero no sorprendido. Quizás no debería haber entrado en su casa sin haber sido invitado. Quizás no debería haber intentado disculparme. Quizás no debería haber venido aquí. El hecho de haberlo hecho demostraba algo de lo que Grace me había acusado muchas veces: que era un bastardo egoísta.
Tenía que verla. Tenía que mirar dentro de sus ojos color jengibre. Recorrer con la mirada todo su cuerpo, que ya no era mío. Rezar para poder acercarme lo suficiente como para oler el aroma a miel y azahar de su champú favorito. El hecho de haberme atrevido a acercarme y tocarla era una prueba más de lo egoísta hijo de puta que era.
Incluso ahora, casi una hora después, sentado en el asiento delantero del todoterreno que se dirigía al rancho King-Alexander, quería decirle a Steel que se detuviera y me dejara en medio de la nada para poder correr de vuelta y verla de nuevo.
—¿Crees que llamará? —Oí a Winslow preguntarle a Cowboy.
—Si no lo hace, hiciste todo lo que pudiste, nena. —Observé por el espejo retrovisor cómo el hombre rodeaba con el brazo a su esposa y le besaba la frente—. Estoy muy orgulloso de ti, Winslow.
¿Por qué no pude haber sido ese tipo de hombre cuando Grace y yo estábamos juntos? Porque había estado ocultándole algo. Por eso. Un secreto que ella estuvo a punto de descubrir. Para cumplir una promesa, un pacto de sangre, que había hecho años atrás, destruí a la mujer que amaba.
Miré por la ventana, deseando poder olvidar las palabras que había pronunciado o la expresión de Grace cuando las dijo. Ambas me atormentaban y probablemente lo harían durante el resto de mi vida.
—Oye, Mayhem, creo que deberíamos quedarnos aquí un par de días más en lugar de volver ya a Austin —dijo Cowboy.
Miré a Steel.
—Me da igual —dijo encogiéndose de hombros—. Seguro que hay algún motel en esta carretera.
Tomamos una ruta diferente a la que habíamos tomado antes, ya que Steel pensaba que sería más rápida. Hasta el momento, no había visto ninguna construcción, y mucho menos un sitio donde alojarnos. La cobertura móvil tampoco existía.
—Quizás deberíamos dar la vuelta —sugerí.
—Nah, conozco esta carretera como la palma de mi mano.
¿No había dicho Steel, hace unos momentos, que tenía que haber un motel en esta carretera?
Habíamos recorrido otros diez kilómetros cuando el teléfono de Cowboy vibró. Saqué el mío, aliviado al ver que yo también tenía cobertura.
—¿Hey, Steel? —dijo Cowboy.
—¿Sí?
—Tenemos que dar la vuelta. Parece que Grace ha cambiado de opinión.
—¿Qué ha dicho? —preguntó Winslow.
—Nos pide que volvamos.
Aunque me sentí eufórico por un momento, recordé la razón por la que habíamos venido a esta parte de Texas. No tenía nada que ver con convencer a Grace de que me dejara formar parte de su vida de nuevo. Estábamos aquí con el único propósito de hacer el perfil de un asesino en serie. En lugar de arriesgarme a que cambiara de opinión y se negara a ayudarnos, juré no cometer los errores que había cometido hacía poco. En lugar de sacar a relucir nuestro pasado, prometí mantener una relación estrictamente profesional. Metí la mano en el bolsillo del pantalón, saqué la cartera y, a continuación, la goma elástica que guardaba en uno de los compartimentos. Me la coloqué en la mano izquierda y la ajusté a la muñeca.
—¿Para qué es eso? —preguntó Steel, mirándome.
—Para recordarme que no sea un gilipollas. —La golpeé contra mi piel una vez, por si acaso.
Entramos en el camino de entrada y aparcamos más cerca de la casa que antes. En lugar de salir cuando lo hicieron Cowboy y Winslow, me quedé en el vehículo.
—Yo, eh... tengo que ir al baño —dijo Steel.
Señalé la casa.
—Entra con ellos.
—¿Vas a esperar aquí? —preguntó.
—Será lo mejor. —Mientras tanto, buscaría lugares cercanos donde Winslow y Cowboy pudieran quedarse. Algo me decía que Grace no estaría dispuesta a trabajar en el centro de mando improvisado que habíamos montado en el rancho, donde yo pensaba volver. Había otros aspectos de la investigación en los que podía ser útil. De hecho, quizá lo mejor fuera ofrecerme a trabajar en el centro de mando oficial de Canada Lake, Nueva York. De esta forma, tendría la certeza de no volver a ver a Grace.
Negué con la cabeza y estiré la goma de mi muñeca. Al hacerlo, alguien me llamó la atención. Un hombre salió de una de las construcciones al norte de la casa. Llevaba pantalones, pero no camisa ni zapatos. Estiró los brazos por encima de la cabeza, como si acabara de despertar de una siesta.
Aunque debería haber apartado la mirada, lo observé con atención. Tenía el pelo oscuro como el mío, pero más corto, como lo llevaba yo cuando Grace y yo estábamos juntos. Tenía tatuajes que le cubrían la mayor parte del pecho y ambos brazos, como yo. También era evidente que hacía ejercicio con regularidad, a juzgar por la definición de sus músculos bajo la tinta.
Steel salió de la casa de Grace y se acercó al todoterreno.
—¿Crees que ese tipo se parece a mí? —le pregunté, dándome cuenta de lo tonto que sonaba en cuanto pronuncié las palabras.
—¿Dónde?
Señalé.
—Ahí. De pie en el porche.
Steel se encogió de hombros.
—No sé. Un poco. Quiero decir, es mucho más joven que tú.
¿Más joven que yo? Vale, quizá, pero desde luego no mucho más joven.
—Ya sabes, como si pudiera ser tu hijo.
—¿Mi hijo? —casi grité—. No puedes hablar en serio.
Cuando Steel se rio, me di cuenta de que estaba bromeando.
—¿Quién crees que es? —preguntó.
—Ni idea —respondí, observando cómo el hombre entraba, se ponía unas botas de vaquero y se dirigía hacia la casa, todavía sin camiseta.
Admitía que hacía bastante calor en esa parte del país, pero ir por ahí medio desnudo no me parecía apropiado.
En lugar de llamar a la puerta, el hombre la abrió y entró tranquilamente. Estuve a punto de seguirlo para ver qué hacía. En lugar de eso, estiré la goma de mi muñeca todo lo que pude sin romperla y la solté.
—Eso es muy raro, tío —dijo Steel, mirando hacia mi muñeca, ahora enrojecida.
Tuve que reconocer que sí. De hecho, mucho. Sin embargo, también era eficaz.
No habían pasado más de cinco minutos cuando la puerta se abrió de nuevo. Mientras esperaba que el peculiar hombre se marchara, Cowboy y Winslow lo hicieron en su lugar. Pude ver a Grace de pie justo dentro. El hombre que estaba a su lado parecía tener el brazo alrededor de sus hombros.
—¿Quién es ese? —solté en cuanto Cowboy se subió al todoterreno justo después de Winslow.
—Soj.
—¿Soj? ¿Es eso lo que has dicho?
—Sí. Como “sew”, pero con una “j” al final.
Cowboy sabía perfectamente que cuando le pregunté quién era ese hombre, estaba buscando más detalles que su nombre.
—Le pedí a Decker que le enviara a Grace el informe completo. Dijo que se pondría en contacto cuando estuviera lista para empezar, pero que le diéramos un par de días —añadió, en lugar de darme más información sobre el hombre que seguía de pie junto a ella en la puerta.
—¿Qué hacemos entonces? ¿Volvemos al rancho?
—Sobre eso...
Miré por encima del hombro a Cowboy.
—Sigue.
—Grace dijo que preferiría trabajar aquí.
Volví la cabeza hacia la casa. La puerta principal estaba cerrada.
—No me sorprende.
—Dijo que creía que era mejor que nos quedáramos aquí también.
—Por supuesto —murmuré, deseando que Steel arrancara el motor y se pusiera en marcha.
—La cosa es que solo hay dos cabañas de invitados. Una tiene un dormitorio individual. La otra tiene dos.
Suspiré. Mi paciencia se estaba agotando.
—Garrison, por favor, ve al grano.
—Winslow y yo nos quedaremos en el dormitorio individual, obviamente. No estaba segura de si te sentirías cómodo quedándote en la otra.
—Dudo que yo entre en la ecuación. Al menos aquí, en Olmito.
—No. Quiero decir, ella te incluyó.
Me quedé atónito. Encantado, pero atónito.
—Vosotros dos podéis quedaros en la cabaña más grande si lo preferís.
—Ya hay alguien alojado allí. Tendríais que compartirla.
Steel giró bruscamente la cabeza en mi dirección.
—¿Cuál es? ¿Ha dicho si es esa? —Señaló hacia donde habíamos visto al hombre sin camiseta de pie en el porche.
—Sí, esa es —respondió Cowboy—. ¿Correcto? —le preguntó a Winslow.
—Sí. La compartirías con Soj.
Por el rabillo del ojo, pude ver la sonrisa burlona de Steel.
—No digas nada —murmuré entre dientes.
El viaje de vuelta a King-Alexander se me hizo terriblemente largo, como esperaba que lo fuera también el de vuelta a Olmito. Al menos entonces tendría la embriagadora expectación de volver a ver a Grace, mi Hanadarko.
Más de treinta centímetros más baja que yo, con un cuerpo sexy de cojones, nos separaban tres años de edad. Ahora tenía la misma edad que yo cuando nos conocimos. En años, al menos. Grace siempre había sido más sabia, más madura, literalmente más todo, de lo que yo había sido jamás. Era brillante, con un sentido del humor sarcástico y la determinación de alguien acostumbrado a levantarse por sus propios medios y “hacer lo que hay que hacer”, como solía decir tan a menudo. Nunca había conocido a nadie como ella, ni siquiera remotamente, ni entonces ni desde entonces.
El sexo entre nosotros había sido explosivo. Su ardiente pasión era incomparable, lo que significaba que todas las amantes que había tenido desde entonces palidecían hasta el punto de aburrirme hasta la extenuación. Al final, dejé de intentarlo. Sabía desde el primer beso, quizá incluso antes, que no estaría satisfecho. En cambio, las fantasías con Grace se convirtieron en la única forma de liberarme del doloroso deseo que me abrumaba cuando soñaba con ella y me despertaba con una erección dolorosa o me permitía recordar cómo se sentía estar dentro de ella.
Con un deseo inapropiado creciendo, dado que todavía estábamos en el todoterreno y al menos a una hora de tener algo de privacidad, golpeé la goma elástica contra mi muñeca.
La mirada de reojo de Steel en mi dirección, seguida de su sonrisa burlona, me alegró de que no fuera a volver a Olmito con nosotros inmediatamente. Había tomado la decisión de que se quedara en King-Alexander después de que sugiriera que habría sitio para él en la cabaña de dos dormitorios si Grace accedía a dejar que Soj se quedara en la casa principal con ella.
Una vez en el rancho, me tomé mi tiempo para revisar las notas del caso y reunir las diversas herramientas probatorias que había desarrollado desde que me uní a la investigación. Quizás inconscientemente, lo había organizado de la forma en que sabía que a Grace le gustaría analizarlo.
Aunque yo tenía tres años más de experiencia cuando empezamos a trabajar juntos, aprendí mucho de ella en lo que se refiere a la elaboración de perfiles. Era una forma completamente diferente a la que yo había aprendido de ver los puntos clave. Sin embargo, el hecho de saber cómo organizar y revisar las pruebas no significaba que tuviera la capacidad de procesarlas de la misma manera que Grace. Estaba seguro de que había innumerables piezas de información que yo consideraba irrelevantes y que ella encontraría cruciales.
Oí que Cowboy me llamaba.
