Normatividad bancaria 2025 - José Antonio Quesada - E-Book

Normatividad bancaria 2025 E-Book

José Antonio Quesada

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Beschreibung

En Normatividad bancaria, un destacado grupo de expertos analizan los desafíos y oportunidades que enfrenta el sistema financiero en medio de la revolución digital a partir de la pandemia de COVID. El libro ofrece un panorama de la evolución histórica de la banca en México, y una visión integral de cómo la tecnología y la regulación están redefiniendo la industria. Los autores no solo explican los cambios recientes, sino que también anticipan tendencias globales, como el impacto de la inteligencia artificial y las nuevas exigencias en prevención de lavado de dinero. El valor de esta obra radica en su enfoque práctico y propositivo. Es una guía para entender cómo adaptarse a una industria en constante disrupción. El libro destaca por equilibrar rigurosidad académica con accesibilidad, haciendo énfasis en la necesidad de colaboración entre reguladores, instituciones y usuarios para garantizar seguridad sin frenar la innovación. proporcionando herramientas concretas para profesionales del sector. Un texto indispensable para quienes se adentran en el mundo de las finanzas.

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#NormatividadBancaria2025

NORMATIVIDAD BANCARIA 2025

El sistema financiero está en constante evolución, impulsado por la innovación y regulado por normativas que buscan equilibrar el progreso con la seguridad. Esta obra ofrece un recorrido fascinante por los cambios que están transformando la banca a nivel global, analiza las oportunidades que estos avances generan y los riesgos que deben gestionarse para no frenar su desarrollo. Con una visión sistémica y actualizada, este libro es una herramienta clave para comprender por qué la regulación financiera debe adaptarse con rapidez y conocimiento, asegurando un futuro estable y eficiente para usuarios e instituciones.

Esta obra es una referencia imprescindible para comprender la intersección entre tecnología y finanzas en un entorno en constante evolución. Con un enfoque claro y analítico, los autores desglosan las dinámicas del sector y proporcionan una visión estratégica que permite maximizar beneficios mientras se minimizan los riesgos. Es un libro esencial para quienes buscan navegar con seguridad en la nueva era financiera.

David Romero Morfín Director general de FINCOMÚN Expresidente de AMSOFIPO y presidente de USEM

Los autores abordan con congruencia y consistencia los temas relevantes del sistema financiero en un momento importante de cambio de paradigma, el cual exige a los involucrados asumir un compromiso social fundamental para una convivencia responsable.

Adalberto Palma Gómez Expresidente de la CNBV

Índice

Prefacio

de Julio Carranza

Prólogo

de Esteban Sánchez Pajares

Introducción

de Juan Pablo Graf Noriega

1.

Reflexiones sobre 25 años de evolución del sistema financiero mexicano. Gabriel Velasco Robles

2.

Situación actual de la banca comercial en México. Gabriel Velasco Robles

3.

Cultura de control: cambios transformacionales. Guillermo Pacheco González

4.

Regulación para la ciberseguridad: de la reacción a la prevención. Rafael Ulises Lozano Argueta

5.

Seguridad financiera a través del blindaje digital. José Mendoza

6.

Blindaje digital: un estudio de caso para la autenticación. Jaime González-Gasque

7.

Regulación de los criptoactivos. Eduardo Rodríguez Venegas: Luis A. Hernández Arámburo

8.

Stablecoins:

retos y oportunidades para pagos transfronterizos. Ankit Sharma: José Antonio Quesada

9.

El amplio y creciente alcance de los organismos reguladores de Estados Unidos y su impacto en las instituciones financieras estadounidenses y no estadounidenses. Sven Stumbauer

10.

El ecosistema

fintech

en América Latina: innovación, regulación y desafíos. Vanessa Veintimilla Jorge Pérez

11.

Nuevas reglas para el mercado de valores. Fernando Obregón González: José Antonio Quesada

12.

Productividad, innovación y eficiencia, los retos de la banca y la respuesta de la normatividad. José Antonio Quesada

Epílogo

de Héctor García

Navegación estructural

Cubierta

Contracubierta

Portada

Créditos

Agradecimientos

Comenzar a leer

Agradecimientos

A Gabriel Velasco Robles, Guillermo Pacheco González, Rafael Ulises Lozano Argueta, José Mendoza, Jaime González-Gasque, Eduardo Rodríguez Venegas, Luis A. Hernández Arámburo, Ankit Sharma, Sven Stumbauer, Vanessa Veintimilla, Jorge Pérez y Fernando Obregón González, por participar en esta obra, por su conocimiento y su tiempo para dar forma a una edición más de la normatividad bancaria.

A Julio Carranza, Esteban Sánchez Pajares, Juan Pablo Graf Noriega y Héctor García por su interés en este libro que, de una u otra forma, es un reflejo del trabajo que realizan y de su compromiso para contribuir a una evolución necesaria y permanente.

PREFACIO

La banca en México registra una metamorfosis intensa. Desde los años noventa del siglo pasado, se ha adaptado a las circunstancias y a los tiempos. Ha enfrentado temas internos y externos que la han llevado a mostrar solidez y a estar preparada operativa y financieramente para atender las necesidades de los usuarios. Al momento de escribir este texto, cuenta con más de 1.4 billones de pesos listos para prestar, en condiciones que puedan garantizar tanto el financiamiento a los clientes como la seguridad de los ahorradores y de las propias instituciones bancarias.

Esto ha sido posible gracias al trabajo que se ha realizado para cumplir con la regulación bancaria nacional e internacional; incluso porque la primera, en algunos casos, rebasa los estándares de la segunda. La banca en México ha aprendido de las lecciones del pasado, y actualmente la certidumbre regulatoria ha contribuido al crecimiento de la inversión y al fomento de la inclusión financiera, tan necesaria para el desarrollo económico.

El avance también se explica por la inversión anual promedio de 25 000 millones de pesos en tecnología entre 2020 y 2025, la cual ayuda a salvaguardar los ahorros de los mexicanos y ofrece una banca digital que compite abiertamente con nuevos jugadores, como las fintech y las SOFIPO.

Pero esto no es suficiente. Para que todo el engranaje funcione, se requieren reglas claras que respondan a las necesidades actuales, tomando en cuenta que estas se transforman en periodos de tiempo mucho más cortos que hace cinco o diez años. De ahí que la normatividad bancaria sea fundamental, al igual que el tiempo de respuesta para adecuarla a las condiciones que se van presentando.

En ese sentido, este libro presenta los cambios que han dado una nueva fisonomía al sistema bancario y la respuesta regulatoria que ha acompañado esta evolución. También es una invitación a considerar la dinámica que surge a partir de la tecnología, para responder en tiempo y forma a un ecosistema que comprende productos, servicios, participantes y normas, logrando así un engranaje «bien aceitado» que brinde seguridad.

Sus capítulos contribuyen a entender el punto en el que hoy se encuentra el sistema bancario. Los autores convocados por José Antonio Quesada, cada uno experto en el tema que aborda, nos llevan de la mano desde los inicios de esta evolución hace 25 años hasta el alcance actual de los reguladores frente a los nuevos actores, con el mensaje implícito y explícito de la necesidad de contar con respuestas que atiendan la inmediatez de una transformación que ya no da tregua.

Julio Carranza

Presidente de la Asociación de Bancos de México

PRÓLOGO

La tecnología está modificando todo lo que tiene a su alcance, y el sistema bancario no es la excepción. Internet nos trajo nuevas herramientas y procesos que han facilitado y agilizado las operaciones financieras, permitiendo que más gente se sume a estas actividades. Sin embargo, debemos reconocer que la inclusión financiera aún no alcanza el nivel que deseamos. Este avance representa tanto un logro como un desafío.

Es un logro porque ha permitido la incorporación de personas que, por razones geográficas o económicas, antes no tenían acceso al sistema financiero; pero también es un reto, ya que la tecnología, además de beneficios, conlleva riesgos.

Históricamente, el sistema financiero ha manejado ciertos riesgos. Aun así, se han producido crisis regionales que han requerido ajustes normativos para evitar su repetición. Un claro ejemplo de ello, por su alcance y duración, es la crisis de 2008, cuyos impactos propiciaron la creación de nuevas leyes y la adaptación de regulaciones preexistentes para un mejor «control» de las actividades de la banca.

En Estados Unidos, por ejemplo, se pusieron en marcha la Ley Dodd-Frank y la Ley de Estabilización Económica de Emergencia. A nivel internacional, los Acuerdos de Basilea III reforzaron la regulación, supervisión y gestión del riesgo de los bancos. México también hizo su tarea al adoptar la normatividad internacional y desarrollar su propio marco regulatorio conforme a la estructura de su sistema bancario en ese momento.

Sin embargo, hoy enfrentamos una nueva etapa de reconfiguración impulsada por la tecnología. Han surgido nuevos actores y escenarios con riesgos distintos, lo que exige la actualización de las reglas para garantizar operaciones seguras y eficientes en este ecosistema en constante evolución.

Un ejemplo de esta transformación se analiza en el capítulo «Regulación para la ciberseguridad: de la reacción a la prevención», donde el autor, Rafael Ulises Lozano Argueta, aborda un ciberataque ocurrido en México entre abril y mayo de 2018, que afectó a cinco instituciones financieras y generó pérdidas de aproximadamente 300 millones de pesos. Este evento obligó a tomar medidas para reforzar la seguridad en el sector financiero, implementar controles más estrictos y actualizar la normatividad bancaria del país.

En esta misma línea, la Unión Europea ha puesto en marcha una regulación sobre resiliencia digital operativa, cuyo objetivo es normalizar y elevar los estándares de seguridad tecnológica y ciberseguridad del sector financiero, así como promover la estabilidad del sistema mediante un cambio de paradigma: de un modelo de barreras o prevención a uno de respuesta, adaptación y recuperación ante incidentes.

Este libro es un conjunto de conocimientos de los temas que están transformando el sistema financiero, y proporciona una visión prospectiva de nuevos productos y servicios derivados de la incorporación de la tecnología a dicho sistema.

En esta obra, cada uno de los autores de los capítulos nos guía a través de los temas que están innovando al sistema financiero, proporcionando un panorama evolutivo de la normativa que hoy nos permite evitar o mitigar riesgos que pudieran detener los avances logrados, con el consecuente impacto en los usuarios.

Uno de los mensajes clave del libro es que la llegada de nuevos participantes y productos —como las criptomonedas y las fintech— ha marcado un camino sin retorno. Ante esto, se necesitan respuestas rápidas para interactuar en un sistema que requiere seguridad legal y tecnológica. Solo así se podrá ejercer la función básica de la banca: administrar el ahorro, canalizarlo hacia créditos que apoyen proyectos productivos y gestionar los sistemas de pago que permiten la liquidación de las operaciones comerciales.

Este texto es, sin duda, una aportación esencial para tener una visión sistémica de la banca a nivel global, y de la necesidad de adaptar el tiempo y la forma —la normativa— al contexto actual. En una época de cambios acelerados e irreversibles, el conocimiento y la capacidad de respuesta son clave para afrontar los retos del futuro financiero.

Esteban Sánchez Pajares

Socio director de Banca de Analistas Financieros Internacionales

Miembro de la Junta Directiva del Club de Gestión de Riesgos de España

Doctor (Ph. D.) en Economía de la Empresa por la Universidad Autónoma de Madrid

INTRODUCCIÓN

El sistema financiero mexicano ha experimentado cambios profundos en las últimas décadas, y cuenta actualmente con una amplia diversidad de integrantes. La crisis bancaria de finales del siglo pasado modificó la estructura del sistema financiero abriéndolo a participantes extranjeros, mientras que la crisis financiera global de 2008-2009 propició un cambio significativo en las regulaciones existentes a las que nuestro país se apegó gradualmente.

La transformación digital ha jugado un rol trascendente al incorporar nuevos jugadores y nuevas reglas a un sistema que tuvo que adaptarse a las cambiantes y crecientes necesidades del mercado durante la pandemia de COVID-19. Hay una frase que ya se ha vuelto un lugar común: «La emergencia sanitaria nos permitió avanzar diez años en términos de habituarnos al uso de la tecnología». No vamos a discernir entre si fue permitir u obligar, el hecho es que, así como nos familiarizamos con la tecnología que había, también tuvimos que adecuarnos a las nuevas ofertas tecnológicas que el sistema financiero fue presentando.

Ese proceso de transformación vino acompañado de importantes cambios regulatorios. En todas las regiones, en los países desarrollados y emergentes había una nueva realidad que atender con nuevos actores, instrumentos y «formas de hacer las cosas». Palabras como fintech, criptodivisas o ciberseguridad ya estaban en un vocabulario que tuvo que ampliarse para hacerle espacio a conceptos como blindaje digital, autenticación, cultura de control…, por lo que los reguladores de todos los países, incluido el nuestro, tuvieron que responder a un nuevo escenario en el que los jugadores se multiplicaron y las normas se extendieron. Esta realidad es la razón de ser de Normatividad bancaria 2025. Por ello le acompaña el título Análisis y perspectivas de una industria en disrupción.

El análisis comienza con las reflexiones que Gabriel Velasco hace sobre el sistema financiero mexicano al inicio del siglo XXI. En el capítulo «Reflexiones sobre 25 años de evolución del sistema financiero mexicano», el autor apunta que, en las últimas dos décadas y media, el sistema financiero de nuestro país ha experimentado una transformación profunda que lo ha consolidado como uno de los referentes en América Latina. «La llegada de bancos internacionales al inicio de este siglo y el desarrollo de nuevos actores, como las fintech en años posteriores, han diversificado el sistema, incrementado la competencia y ampliando la oferta de servicios financieros».

Agrega que operar en las condiciones actuales ha sido posible gracias a una disciplina macroeconómica sostenida y a reformas fundamentales como la autonomía del Banco de México, el desarrollo de una curva de tasas de interés, la adopción de una regulación apegada a las mejores prácticas internacionales y el establecimiento de mecanismos de seguridad financiera, que en su conjunto han fortalecido la estabilidad y modernización de nuestro sistema financiero.

En el capítulo escrito por Guillermo Pacheco González, el autor argumenta que en el sector financiero no se puede concebir una sana promoción de los diversos productos sin tener en cuenta una fuerte cultura de control preventivo, la cual debe comenzar al más alto nivel organizacional y permear hacia el resto de la organización. El capítulo lleva por título «Cultura de control: cambios transformacionales», y aborda las disposiciones para la prevención de fraudes internos y externos, los riesgos de tecnología avanzada y la contraparte: su uso como mecanismo de defensa.

El siguiente apartado es «Regulación para la ciberseguridad: de la reacción a la prevención». El autor, Rafael Ulises Lozano Argueta, inicia su participación haciendo referencia al ciberataque que se registró entre abril y mayo de 2018 en México —que afectó a cinco instituciones financieras y dejó un daño de aproximadamente 300 millones de pesos—, lo que obligó a revisar y fortalecer las prácticas de seguridad cibernética en el sector financiero a través de controles y políticas más estrictos. Lozano, además, lleva a cabo un análisis de la regulación en esta área.

En el capítulo «Seguridad financiera a través del blindaje digital», de la autoría de José Mendoza, se plantea que regulación y tecnología hacen una mancuerna de gran interés porque así como «la digitalización ha permitido una mayor eficiencia y accesibilidad facilitando pagos, transferencias y operaciones que anteriormente requerían tiempo y trámites complejos (…), este progreso ha abierto la puerta a nuevas vulnerabilidades que son aprovechadas por grupos y actores maliciosos especializados en fraudes, que han evolucionado en paralelo con los sistemas bancarios».

José Mendoza parte de que el concepto de blindaje digital va más allá de la simple implementación de herramientas tecnológicas, pues implica un enfoque estratégico y dinámico que abarca múltiples frentes: inversión en infraestructura tecnológica, capacitación continua del personal y educación del usuario final.

Después de dar un panorama sobre el incremento del fraude, la necesidad de autenticación segura y abarcar temas como identidad digital, fraude de identidad y presentar al blindaje biométrico como una solución integral para mitigar la suplantación de identidad, Mendoza plantea que reducir los fraudes por suplantación es un objetivo alcanzable mediante un enfoque integral que combine innovación tecnológica —como la verificación biométrica remota—, actualización y fortalecimiento de la regulación, así como compromiso conjunto entre instituciones financieras, reguladores y los propios clientes para adoptar mejores prácticas de seguridad.

A este capítulo le sigue un estudio de caso que es por demás interesante conocer, ya que Jaime González-Gasque parte de la autenticación biométrica que comenzó a ganar relevancia en México a partir del año 2000 por tres razones entrelazadas: el crecimiento exponencial de los servicios digitales, garantizar seguridad en las transacciones por la creciente sofisticación de los fraudes y cumplir con regulaciones más estrictas ante la evolución que se registraba en las instituciones bancarias.

Los siguientes dos capítulos tienen su foco en el desarrollo de tecnología más reciente. Primero, Eduardo Rodríguez Venegas y Luis A. Hernández Arámburo plantean la regulación de los criptoactivos, y luego Ankit Sharma y José Antonio Quesada abordan los retos y oportunidades para pagos transfronterizos de las stablecoins.

De los criptoactivos, Rodríguez y Hernández señalan que la regulación tiene el gran desafío de mitigar los riesgos, al tiempo de fomentar la innovación y permitir un crecimiento ordenado del mercado, protegiendo tanto la integridad del sistema financiero como la de los inversionistas menos sofisticados. Señalan las diferentes regulaciones que hay entre países y regiones, y destacan el objetivo común: proporcionar estabilidad y confianza para la integración de las tecnologías financieras.

Este capítulo se divide en tres secciones. La primera presenta un resumen general de la evolución de los criptoactivos o activos digitales que utilizan la tecnología blockchain. La segunda, identifica algunas de las principales iniciativas regulatorias en los mercados financieros del mundo occidental: Estados Unidos, Canadá, Unión Europea, Reino Unido y México. En la parte final se presentan algunas reflexiones sobre los posibles escenarios y tendencias globales «desde que se ratificó la candidatura del ahora presidente electo Donald Trump, quien desde un principio puso al bitcoin en su boleta de campaña». Los autores también abordan las tendencias regulatorias para el uso de los criptoactivos en el marco del desarrollo de las tecnologías con base en la inteligencia artificial.

Posteriormente, se aborda el tema de las stablecoins, un tipo de criptomoneda diseñada para mantener un valor estable, característica que las hace particularmente adecuadas para utilizarlas en operaciones cuya naturaleza sea la transmisión de fondos, como el caso de los pagos transfronterizos. Esto las coloca como una alternativa prometedora que puede reducir costos de operación, acelerar transacciones y mejorar la inclusión financiera para personas no bancarizadas o subancarizadas.

En este capítulo, Ankit Sharma y José Antonio Quesada señalan que los marcos regulatorios para las stablecoins y las criptomonedas están en constante evolución, y que las políticas cambian de manera importante entre diferentes jurisdicciones, por lo que la falta de claridad y consistencia en la regulación crea un entorno incierto para los emisores y los usuarios. Refieren que la creciente preocupación por el impacto de las stablecoins en la estabilidad financiera ha llevado a algunos reguladores a considerar la implementación de normativas más estrictas. «En octubre de 2021, el grupo de trabajo del presidente sobre Mercados Financieros de Estados Unidos, recomendó que los emisores [de stablecoins] deberían ser regulados como bancos. Estas recomendaciones buscan proteger a los usuarios de los servicios financieros y asegurar la estabilidad del sistema financiero, pero también podrían sofocar la innovación y limitar la competencia en el mercado de las stablecoins», plantean los autores.

También advierten que, a pesar de sus beneficios, las stablecoins enfrentan desafíos importantes como la falta de transparencia y de auditorías regulares que puede socavar la confianza en algunas de ellas, así como generar incertidumbre regulatoria; esto porque los marcos regulatorios varían entre jurisdicciones y, en muchos casos, todavía están en desarrollo. Ante estos retos, consideran que es esencial que los reguladores y los emisores de stablecoins trabajen juntos para establecer normativas claras y coherentes que protejan a los consumidores y aseguren la estabilidad financiera.

En este escenario es preciso hablar del amplio y creciente alcance de los organismos reguladores de Estados Unidos y su impacto en las instituciones financieras estadounidenses y no estadounidenses. Sven Stumbauer desarrolló este tema abocándose en los esfuerzos de prevención de lavado de dinero (PLD) en el contexto del auge de las monedas digitales y de la creciente complejidad de las operaciones financieras. Stumbauer señala que uno de los cambios más definitorios ha sido el fuerte incremento en las sanciones financieras impuestas a las instituciones que incumplen las leyes de PLD, lo que ha obligado a las instituciones a mejorar sus programas de cumplimiento, adoptando tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial y el aprendizaje automático para detectar y prevenir transacciones sospechosas. Esto ha cambiado el enfoque de un cumplimiento reactivo a la anticipación de los riesgos; sin embargo, incluso con estos esfuerzos, persisten importantes desafíos.

Al momento de redactar dicho texto, el autor tenía claro que se avecinaba una oleada aún mayor de aplicación de normativas respecto a la PLD que podría incluir acciones penales contra grandes instituciones financieras, una medida sin precedentes en el mundo regulatorio. «Con la evolución de las prioridades normativas, las instituciones deben adaptarse o arriesgarse a quedar atrás. Las estrategias de cumplimiento con visión de futuro les ayudarán a sortear las complejidades, reducir los riesgos y mantener la confianza de los clientes y las partes interesadas», escribió Stumbauer.

Y justo esa visión de futuro es la que retoman Vanessa Veintimilla y Jorge Pérez al desarrollar el tema de las fintech, que en la última década en América Latina han experimentado una transformación acelerada impulsada por la digitalización y la creciente demanda de servicios financieros más accesibles e inclusivos. Lo que ha planteado el desafío de equilibrar la innovación con la estabilidad del sistema, asegurando que las nuevas tecnologías puedan integrarse sin comprometer la solidez del sector.

Este capítulo lleva por nombre «El ecosistema fintech en América Latina: innovación, regulación y desafíos», y examina el desarrollo del ecosistema fintech a nivel general y en siete países de la región, analizando cómo cada uno ha abordado la regulación, la digitalización de servicios financieros y la adopción de modelos de negocio innovadores. También se presentan casos de éxito y estrategias implementadas para fomentar la competencia, mejorar la eficiencia de los sistemas de pago y ampliar el acceso a servicios financieros.

De los marcos regulatorios, los autores señalan que reflejan el esfuerzo de estos países por regular el sector fintech de manera efectiva. No obstante, la creciente digitalización también demanda mayores esfuerzos en protección de datos, prevención de fraudes y colaboración entre reguladores, empresas y usuarios para mitigar riesgos emergentes.

Como pueden ver, el libro Normatividad bancaria 2025. Análisis y perspectivas de una industria en disrupción, aborda precisamente los temas disruptivos, su contribución a la evolución y los desafíos desde diferentes vertientes que confluyen en la normatividad o regulación. El entrelazamiento de los productos y servicios requiere una visión sistémica y la capacidad de irse adecuando conforme la tecnología modifica los existentes o incorpora nuevos a la oferta del sistema financiero.

Un capítulo especial en este libro es el dedicado al análisis de la regulación secundaria de la Ley del Mercado de Valores de México. Según las autoridades, esta normativa permitirá que las pymes accedan a financiamiento de hasta 70 000 millones de pesos al año. Este tema es importante porque, entre otras cuestiones, plantea la urgencia de adaptar la normativa a las necesidades. Este capítulo corresponde a Fernando Obregón y José Antonio Quesada.

En una época en la que avanzamos diez años en solo doce meses en términos de habituarnos al uso de la tecnología, no se puede privar a las empresas de un marco regulatorio que les permita hacer frente a la disrupción en el sector financiero, especialmente en lo relacionado con la disposición de recursos financieros. Por ello, este libro cierra con el capítulo «Productividad, innovación y eficiencia, los retos de la banca».

Sin duda, Normatividad bancaria 2025. Análisis y perspectivas de una industria en disrupción, es un compendio fundamental de temas relevantes para comprender los beneficios y riesgos que los cambios tecnológicos implican para el sistema financiero.

Juan Pablo Graf Noriega

Expresidente de la CNBV

CAPÍTULO 01 REFLEXIONES SOBRE 25 AÑOS DE EVOLUCIÓN DEL SISTEMA FINANCIERO MEXICANO Gabriel Velasco Robles

INTRODUCCIÓN

Hace 25 años, en el año 2000, comencé a impartir el curso Estructura y Funcionamiento del Sistema Financiero, en la maestría en Finanzas de la Escuela de Graduados del Tecnológico de Monterrey. En ese entonces, el sistema financiero mexicano era muy diferente al que hoy conocemos.

En aquel momento, México aún no contaba con un sistema plenamente desarrollado ni con una amplia diversidad de participantes. Esto nos obligaba a abordar temas emergentes como el surgimiento del dinero electrónico, los pagos móviles y el impacto de las nuevas tecnologías digitales en las finanzas desde una perspectiva internacional, estudiando casos de Estados Unidos, Europa y Asia. Muchas de estas innovaciones parecían propias de un futuro distante para nuestro país.

El mercado de deuda, un componente esencial del sistema financiero, apenas comenzaba a madurar, extendiendo sus plazos de vencimiento de menos de un año a tres, cinco, e incluso siete años. Sin embargo, los efectos negativos de la crisis económica de mediados de los años noventa seguían afectando la disponibilidad de crédito para empresas y familias.

A pesar de estos retos, existían fundamentos sólidos. En 1994, el Banco de México obtuvo su autonomía con el mandato prioritario de mantener una inflación baja y estable. En 1999 se estableció un seguro de depósitos, reforzando la red de seguridad financiera. Un año después, en el 2000, México logró obtener una calificación crediticia con grado de inversión. Además, la llegada de bancos internacionales —que adquirieron instituciones nacionales aún debilitadas por la crisis—, introdujo nuevas tecnologías, productos y procesos que modernizaron el sistema financiero.

Estos avances fueron posibles gracias a un entorno macroeconómico estable y cuidadosamente gestionado, una regulación estricta y una supervisión financiera alineada con las mejores prácticas internacionales. Juntos, sentaron las bases para el crecimiento sólido y sostenido del sistema financiero mexicano que hoy es reconocido positivamente en el ámbito internacional.

Por ello, cuando mi estimado colega José Antonio Quesada —entrañable colaborador de la Escuela de Graduados del Tecnológico de Monterrey y partícipe activo en algunos de los avances que aquí se mencionan— me invitó a contribuir a esta edición, consideré oportuno realizar una breve reseña y algunas reflexiones sobre los principales logros en estos primeros 25 años del siglo XXI.

Sin ánimo de ser exhaustivo, este escrito busca resaltar cómo hemos llegado a construir un sistema financiero robusto e innovador. Estoy convencido de que estos avances continuarán en los próximos años, consolidando aún más la posición de México en el ámbito financiero global.

1|PASOS PARA UN MERCADO ROBUSTO: EL DESARROLLO DE LA CURVA DE TASAS DE INTERÉS

Actualmente, el mercado de deuda mexicano es reconocido como uno de los más avanzados en América Latina, un logro que beneficia al gobierno, a las empresas y a las familias mexicanas. Su desarrollo es un recordatorio de que la confianza no se gana de la noche a la mañana, sino que es el resultado de decisiones responsables y esfuerzos sostenidos.

1.1Definición de la curva de tasas de interés

La intermediación financiera tiene como propósito fundamental canalizar recursos entre los agentes, ya sean familias o empresas, que tienen superávits de recursos financieros hacia agentes, nuevamente familias o empresas, que tienen déficits de dichos recursos. Es un mecanismo de mercado cuya oferta y demanda determina el costo de los recursos financieros, el cual llamamos tasa de interés.

Con el fin de que esta intermediación sea lo más completa y eficiente posible, es conveniente que existan referencias de tasas de interés para una amplia gama de plazos, desde el menor hasta el mayor plazo posible.

Es fundamental que existan diferentes tipos de tasas de interés ajustadas al nivel de riesgo crediticio de cada acreditado. Por ejemplo, se requieren tasas específicas para el riesgo soberano, es decir, el asociado al gobierno; tasas para el riesgo empresarial y, en el caso de las familias, tasas que reflejen el riesgo de productos como hipotecas o tarjetas de crédito, entre otros.

Tomando estos argumentos, la curva de tasas de interés es la representación gráfica del nivel de tasas de rendimientos de bonos con distintos plazos, pero de la misma calidad crediticia en un momento dado de tiempo.

El desarrollo de las curvas de tasas de interés sigue una secuencia lógica cuyo primer paso es establecer la curva de tasas de interés gubernamental. Esto se debe a que el gobierno cuenta con más herramientas para fomentar y organizar un mercado emergente, además de que su riesgo, conocido como riesgo soberano, es el más bajo cuando se trata de deuda en moneda local. Por esta razón resulta esencial que la primera curva de tasas de interés en desarrollarse sea la gubernamental.

Una vez establecida, las demás curvas se construyen tomando como referencia la gubernamental. Esto implica que replican su comportamiento, pero ajustadas con un margen o spread crediticio que refleja el nivel de riesgo asociado a cada tipo de emisor o instrumento.

Bajo estos argumentos, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y el Banco de México (Banxico) actuando como agentes financieros del gobierno federal, se dieron a la tarea de crear un mercado de bonos gubernamentales eficiente, acorde a las mejores prácticas internacionales, con una estructura de mercado competitiva, con bajos costos de transacción y mecanismos transparentes de subastas para la venta de bonos. Todo ello bajo una infraestructura sólida, así como procesos bien establecidos y documentados.

Aunado a lo anterior, cabe señalar que el desarrollo del mercado de deuda permitió al Banco de México contar con un eficaz canal de transmisión de la política monetaria a través de sus operaciones de mercado abierto.

Este proceso comenzó en 1978, con la introducción de los Certificados de la Tesorería de la Federación (CETES), y ha evolucionado hasta establecer un mercado robusto que refleja la confianza en la economía nacional y los distintos emisores de deuda, tanto gubernamentales como privados.

1.2CETES: una base para la modernización financiera

En 1978, el gobierno mexicano lanzó los CETES como un instrumento financiero para financiarse a corto plazo. Estos certificados se comercializan a descuento, es decir, por debajo de su valor nominal, no devengan intereses en el transcurso de su vida y liquidan su valor nominal (diez pesos mexicanos) en la fecha de su vencimiento. Son emitidos por la Tesorería de la Federación (TESOFE), y el Banco de México actúa como agente financiero para su colocación entre el público inversionista. Tienen vencimientos mínimos de siete días y máximos de 728 días, siendo los más comunes 28 y 91 días, y plazos cercanos a seis meses y un año.

Estos títulos marcaron el inicio de la modernización del mercado de deuda gubernamental al proporcionar al gobierno federal una forma transparente de captar recursos y ofrecer a los inversionistas una opción segura para invertir su capital.

La simplicidad de los CETES y su respaldo soberano ganaron la confianza del público inversionista y han sido una pieza clave en la construcción de un mercado de deuda más sofisticado. A partir de 2010, cualquier inversionista, con independencia de su grado de sofisticación financiera, puede invertir a partir de cien pesos mexicanos en estos instrumentos, así como en algunos otros de deuda gubernamental a través de la plataforma del gobierno federal CETES Directo.

1.3La expansión hacia bonos con tasa fija

Con el tiempo, la necesidad del gobierno federal de financiar proyectos a mayor plazo y reducir la dependencia de su deuda a corto plazo llevó al desarrollo de bonos gubernamentales a tasa fija. Estos instrumentos, llamados Bonos de Desarrollo del Gobierno Federal con Tasa de Interés Fija (BONOS) son emitidos y colocados a plazos mayores de un año, pagan intereses cada seis meses y la tasa se determina en la emisión del instrumento y se mantiene fija a lo largo de toda su vida. Tienen un valor nominal de cien pesos mexicanos, el cual se paga a su vencimiento.

Su introducción en el año 2000 representó un avance significativo que fue posible gracias a un marco macroeconómico más estable, mayor disciplina fiscal y un control más estricto de la inflación ejercido por el Banco de México.

La emisión de estos instrumentos continuó paulatinamente, extendiendo los plazos hasta 5, 7, 10, 20 e incluso 30 años, a medida que se consolidó la confianza en la capacidad del país para mantener un entorno económico estable a largo plazo. Con ello, la curva de tasas de interés gubernamental se hizo más extensa y serviría como referencia para otros instrumentos financieros en el país.

Gráfica 1. Curva de tasas de interés para diferentes fechas

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco de México (2014).

1.4Bonos con tasa variable, bonos del IPAB y BREM

Durante la década de 1990, la necesidad de diversificar las opciones de financiamiento condujo a la emisión de bonos a tasa variable, también llamados bonos revisables. Estos instrumentos ofrecen rendimientos ligados a tasas de referencia, como por ejemplo la tasa de los CETES, la Tasa Ponderada de Fondeo Bancario o la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE). Su desarrollo permitió atraer a un nuevo segmento de inversionistas que buscaban protegerse contra la volatilidad de las tasas de interés.

Ejemplo de estos títulos de deuda son los Bonos de Desarrollo del Gobierno Federal (BONDES), denominados en pesos y con pago de intereses cada 28 días, en función de la Tasa Ponderada de Fondeo Bancario. Tienen valor nominal de cien pesos mexicanos y un plazo de cinco años.

En esta misma década, el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB) emitió títulos denominados Bonos de Protección al Ahorro (BPAs), con el objetivo de reestructurar la deuda derivada del rescate a los ahorradores y deudores de la banca. Los BPAs son bonos a tasa variable con valor nominal de cien pesos mexicanos, con pago periódico de intereses, por ejemplo 28, 91 o 182 días y plazos de 3 a 7 años. Algunos de los BPAs han incluido una protección contra la inflación. Estos títulos emitidos por el IPAB contribuyeron a disminuir el costo del rescate y diversificaron la curva de tasas de interés en México.

Al paso del tiempo, el IPAB se convirtió en el segundo emisor de deuda gubernamental en México, solo después del gobierno federal, incrementando con ello la profundidad del mercado mexicano, lo cual a su vez fomentó la participación de inversionistas institucionales como las Administradoras de Fondos para el Retiro (AFORE).

Otra innovación destacada fueron los Bonos de Regulación Monetaria (BREM), emitidos por el Banco de México a partir del año 2000 con el objetivo de regular la liquidez en el mercado de dinero y facilitar la política monetaria, lo que benefició la estabilidad macroeconómica.

Los BREM tienen un valor nominal de cien pesos mexicanos, pueden emitirse a cualquier plazo que sea múltiplo de 28 días y pagan intereses cada 28 días. La tasa de interés es variable y está en función de la tasa de fondeo bancario.

1.5Los beneficios del desarrollo de la curva de tasas de interés

El desarrollo de la curva de tasas de interés gubernamental impulsó el crecimiento de un mercado de deuda para empresas, entidades financieras y personas físicas.

A medida que la curva de tasas de interés gubernamental se fue desarrollando, las empresas también comenzaron a emitir deuda, respaldadas por la confianza en una curva de tasas transparente y cada vez más predecible. Este proceso facilitó la financiación de proyectos a gran escala y contribuyó al crecimiento económico.

En el caso de las personas físicas, uno de los avances más significativos fue la posibilidad de acceder a bienes de consumo duradero, como un refrigerador, una lavadora, una licuadora o incluso un automóvil, a tasa fija durante todo el plazo del crédito, ya sea de algunos meses o de varios años.

Destaca por su relevancia en la calidad de vida de las familias y en la creación del patrimonio familiar, el caso de las hipotecas. Hoy es posible obtener un crédito hipotecario a tasa fija por un plazo de hasta veinte años.

Estos ejemplos son una muestra de los beneficios que ha traído el desarrollo de la curva de tasas de interés. Sin embargo, tan importante es el desarrollo de la curva de tasas de interés, como procurar la estabilidad de esta, ya que brinda certidumbre tanto a los prestamistas como a los prestatarios y depende de la confianza que los mercados tengan en nuestra economía. De ahí, la importancia de la disciplina fiscal y financiera, bajo un marco jurídico claro que brinde seguridad a todos participantes.

La curva de tasas de interés en México es un reflejo de la confianza que los mercados tienen en el país. Su construcción y estabilidad ha sido posible gracias a décadas de disciplina fiscal y financiera que han permitido construir una economía más resiliente y atractiva para los inversionistas.

2|AUTONOMÍA DEL BANCO DE MÉXICO, PASO DECISIVO HACIA LA ESTABILIDAD ECONÓMICA

En 1994, tras una serie de reformas estructurales, el Congreso de la Unión otorgó al Banco de México la autonomía constitucional para conducir la política monetaria del país. Antes de este cambio, el banco central estaba subordinado al gobierno federal, lo que podría permitir la impresión de dinero para financiar el gasto público, con el consecuente impacto en la inflación y el crecimiento económico.

Sin lugar a duda, la autonomía del Banco de México fue un paso decisivo hacia la estabilidad económica y generó mayor confianza entre los mercados financieros nacionales e internacionales, pues dotó al banco central de la independencia operativa necesaria para enfocar sus esfuerzos en el mandato constitucional de procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional, sin estar sujeto a presiones políticas de corto plazo.

De este modo, el Banco de México estableció como su objetivo prioritario mantener una inflación baja y estable bajo un régimen de objetivos de inflación con una meta explícita: una inflación anual del 3 %, medida a través del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) con un intervalo de variabilidad de más o menos 1 %. De esta forma, el objetivo tiene como meta una inflación entre el 2 % y el 4 % anual.

Los beneficios de una inflación baja y estable son conocidos y están bien documentados:

Protege el poder adquisitivo de toda la población, lo cual es muy importante sobre todo para las familias de menores ingresos, pues una merma en el poder adquisitivo les impacta en la necesaria adquisición de los bienes de consumo básico.

Otorga mayor certidumbre a los agentes económicos, gobierno, empresas y familias; con ello facilita la toma de mejores decisiones.

Favorece la reducción de las tasas de interés, lo cual a su vez impulsa la inversión productiva en beneficio del crecimiento económico.

2.1Características intrínsecas

Control de la inflación

Uno de los beneficios más evidentes de la autonomía del Banco de México ha sido la reducción sostenida de la inflación. Durante las décadas de 1970 y 1980, México enfrentó tasas de inflación de dos y hasta tres dígitos. Por ejemplo, en 1988 la inflación alcanzó un nivel cercano al 180 % en detrimento del poder adquisitivo de las familias, además de generar incertidumbre en los mercados.

Tras la autonomía del banco central, las tasas de inflación comenzaron a descender de manera sostenida. De 2001 a 2010, la inflación promedio se situó en 4.68 %, lo cual resultó un cambio muy significativo en tasas de interés y un impulso decisivo al mercado de financiamiento en México.

Gráfica 2. Evolución de la inflación anual en México (cifras en %)

Fuente: INEGI, Banco de Información Económica (BIE), INPC, actualización 2024.

Por ejemplo, en 1988, la tasa de los CETES a 28 días superaba el 100 %. En contraste, después de la autonomía y con un control más eficaz de la inflación, las tasas de interés de estos instrumentos se estabilizaron y llegaron a ser de un dígito, es decir, menores al 10 %, con su consecuente impacto positivo en el mercado de financiamiento.

Gráfica 3. Evolución de la tasa de rendimiento de los CETES 28 (cifras en %)

Fuente: Banco de México (2014).

Certidumbre en los mercados

La autonomía también ha sido fundamental para generar certidumbre en los mercados financieros. Al estar desvinculado de intereses políticos, el banco central ha podido tomar decisiones basadas en criterios técnicos y objetivos económicos de largo plazo. Esto ha fortalecido la credibilidad de la institución, atrayendo mayor inversión extranjera y reduciendo la volatilidad de los mercados. Actualmente, el Banco de México es un garante de la estabilidad económica del país.

Credibilidad

Mantener la credibilidad del Banco de México es esencial para garantizar la efectividad de la política monetaria y preservar la estabilidad económica. La confianza en el banco central permite anclar las expectativas de inflación, lo que a su vez facilita la planeación financiera de las empresas y las familias.

Proteger la autonomía y la credibilidad del Banco de México debe ser una alta prioridad para el país, ya que la solidez del banco central es fundamental para el desarrollo económico y social de país.

3|EL GRADO DE INVERSIÓN A LA CALIFICACIÓN CREDITICIA DE MÉXICO

3.1Definición e importancia de la calificación crediticia

Una calificación crediticia es una opinión evaluativa sobre la capacidad y disposición de un emisor para cumplir con sus obligaciones financieras de manera puntual. Por ende, refleja una opinión sobre el riesgo crediticio asociado a una entidad o instrumento financiero específico.

Las calificaciones crediticias no consideran todos los tipos de riesgos; por ejemplo, no abarcan el riesgo de liquidez o la volatilidad de precios, se enfocan exclusivamente en evaluar la probabilidad de incumplimiento del emisor respecto a sus compromisos financieros.

Las calificaciones crediticias se dividen en escalas que reflejan el riesgo asociado; están organizadas en dos categorías principales: grado de inversión y grado especulativo, las cuales a su vez se dividen en subniveles que van desde la máxima calidad crediticia (AAA) hasta riesgo muy elevado o en incumplimiento (D).

Tabla 1. Calificaciones crediticias de Standard & Poor’s

Categoría

Calificación

Significado

Grado de inversión

AAA

Extremadamente fuerte capacidad para cumplir sus compromisos financieros.

AA

Muy fuerte capacidad para cumplir sus compromisos financieros.

A

Fuerte capacidad para cumplir sus compromisos financieros, pero algo suceptible a las condiciones económicas y cambios en las circunstancias.

BBB

Capacidad adecuada para cumplir sus compromisos financieros, pero más sujeto a condiciones económicas adversas.

Grado especulativo

BB

Menos vulnerable en el corto plazo, pero enfrenta importantes y constantes incertidumbres debido a condiciones adversas del negocio, financieras y económicas.

B

Más vulnerable a condiciones adversas del negocio, financieras y económicas, pero actualmente tiene la capacidad de cumplir sus compromisos financieros.

Grado especulativo

CCC

Actualmente vulnerable y depende de condiciones favorables del negocio, económicas y financieras para cumplir con sus compromisos financieros.

CC

Sumamente vulnerable, el incumplimiento aún no ocurre, pero se espera que sea una certeza virtual.

C

Actualmente muy vulnerable al impago y se espera que la recuperación final sea menor que la de las obligaciones con calificaciones más altas.

D

Incumplimiento de pago de un compromiso financiero o de una promesa imputada; también se utiliza cuando se ha presentado una petición de quiebra.

Fuente: S&P Global Ratings (2025).

Para un emisor, lograr una calificación dentro de la categoría de grado de inversión es crucial porque le otorga acceso a una gama más amplia de inversionistas institucionales como fondos de pensiones o aseguradoras, que generalmente están limitados a invertir solamente en instrumentos que ostenten grado de inversión. A su vez, esta mayor oferta de capitales abarata el costo de su financiamiento y mejora su posición ante los mercados.

Por lo anterior, el hecho de que durante el periodo comprendido entre el año 2000 y el 2002, las calificadoras Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s otorgaran a México el grado de inversión a su deuda soberana marcó un antes y un después en la historia financiera del país.

El reconocimiento fue el resultado de años de un manejo responsable de las finanzas públicas, un régimen de tipo de cambio flexible, mejores indicadores de manejo de deuda, una mejor liquidez en moneda extranjera y una mejor coordinación entre las políticas monetaria y fiscal. Su logro significó que México había alcanzado un nivel de estabilidad económica y financiera suficiente para ser considerado un destino seguro para los grandes fondos de inversión globales.

Desde entonces, México pudo entrar en mejores condiciones a los mercados globales, permitiéndole acceder a una base más amplia de inversionistas y obtener financiamiento en condiciones más favorables. Lo anterior tuvo un impacto directo en la reducción del costo del financiamiento para el gobierno mexicano y las empresas nacionales. Además, incrementó la liquidez y profundidad del mercado de deuda, permitiendo refinanciar compromisos en mejores términos.

3.2Evolución de la calificación crediticia de México

Desde el año 2000, la calificación crediticia de México ha tenido altibajos, dependiendo de las condiciones macroeconómicas y de las políticas públicas implementadas. El país mantuvo su grado de inversión, en buena medida gracias a la disciplina fiscal, la baja inflación y una deuda moderada en relación con el Producto Interno Bruto (PIB).

Sin embargo, a partir de 2019 las agencias calificadoras comenzaron a señalar riesgos asociados a un debilitamiento de la perspectivas económicas y presiones fiscales derivadas de la situación financiera de Petróleos Mexicanos (PEMEX). Esta situación se agudizó en 2020, a consecuencia de la pandemia de COVID-19 y sus efectos adversos en la economía.

Tabla 2. Evolución de la calificación crediticia en México

Largo plazo en moneda extranjera

Fecha

Moody’s

Fitch

S&P

1/1/00

Ba1

BB

BB

7/3/00

Baa3

BB

BB

13/3/00

Baa3

BB

BB+

3/5/00

Baa3

BB+

BB+

15/1/02

Baa3

BBB-

BB+

6/2/02

Baa2

BBB-

BB+

7/2/02

Baa2

BBB-

BBB-

6/1/05

Baa1

BBB-

BBB-

31/1/05

Baa1

BBB-

BBB

7/12/05

Baa1

BBB

BBB

19/9/07

Baa1

BBB+

BBB

8/10/07

Baa1

BBB+

BBB+

23/11/09

Baa1

BBB

BBB+

14/12/09

Baa1

BBB

BBB

8/5/13

Baa1

BBB+

BBB

19/12/13

Baa1

BBB+

BBB+

5/2/14

A3

BBB+

BBB+

5/6/19

A3

BBB

BBB+

26/3/20

A3

BBB

BBB

15/4/20

A3

BBB-

BBB

17/4/20

Baa1

BBB-

BBB

8/7/22

Baa2

BBB-

BBB

31/12/24

Baa2

BBB-

BBB

Nota: Las celdas sombreadas significan grado de inversión.

Fuente: Banco de México (2022), salvo el último dato que es de la SHCP (2024).

En 2025, México conserva su grado de inversión, pero de acuerdo con las agencias calificadoras, mantiene retos estructurales que podrían influir en su calificación crediticia en el futuro. Entre estos destacan el bajo crecimiento económico, el déficit presupuestal y la limitada capacidad de aumentar la recaudación tributaria.

La importancia de conservar el grado de inversión no puede ser subestimada. Una nueva rebaja en la calificación crediticia y la pérdida del grado de inversión aumentarían los costos de financiamiento para el gobierno, las empresas y las familias. Esto se traduciría en mayores tasas de interés para proyectos de infraestructura, menor inversión extranjera y condiciones de crédito más estrictas para las familias. Además, limitaría el acceso de México a ciertos segmentos del mercado financiero global, especialmente aquellos fondos que, como ya se señaló, solo invierten en activos con alta calificación crediticia, lo cual revertiría algunos de los avances logrados en los últimos 25 años.

Por ende, mantener el grado de inversión no solo es esencial para garantizar el acceso a financiamiento en las mejores condiciones posibles, sino también para preservar la estabilidad macroeconómica y fomentar el desarrollo económico.

4|IMPULSO A LA SEGURIDAD FINANCIERA EN MÉXICO

La estabilidad del sistema financiero es esencial para el desarrollo económico de cualquier país. Desde la crisis bancaria de los años noventa, México ha fortalecido su marco regulatorio para prevenir escenarios similares. A través de mecanismos como el sistema de alertas tempranas y los procesos de resolución bancaria, así como la creación de un seguro de depósitos, se han establecido salvaguardas para prevenir crisis y proteger a los ahorradores.

Estas salvaguardas forman parte de la red de seguridad financiera y se han venido impulsando y perfeccionando en México a partir de los años noventa, con el objetivo de prevenir y mitigar riesgos que puedan desestabilizar al sistema bancario, y con ello el sistema financiero en su conjunto.

Los mecanismos de regulación, supervisión y resolución bancaria coadyuvan a la protección de los ahorradores y a la confianza en el sector financiero. Algunas fechas clave en el desarrollo de estos mecanismos en México son:

Década de los noventa: crisis bancaria y reformas.

La crisis bancaria de 1994 y 1995 hizo patente la necesidad de un marco regulatorio más robusto. En esos años se creó el Fobaproa, precursor del IPAB, para manejar los activos problemáticos y proteger a los depositantes.

1999: creación del IPAB.

Se promulgó la Ley de Protección al Ahorro Bancario (LPAB), en la cual se establecieron los lineamientos para el seguro de depósitos y los procesos de resolución bancaria. Esta ley dio paso a la creación del Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB).

2001: introducción del mecanismo de alertas tempranas.

Las reformas a la Ley de Instituciones de Crédito incluyeron la implementación de sistemas para monitorear el riesgo financiero en los bancos.

2014: reforma financiera.

Se reforzó el papel del IPAB y la CNBV en la supervisión y regulación de las instituciones financieras, mejorando los procesos de intervención y resolución bancaria.

4.1Mecanismo de alertas tempranas

Este mecanismo está establecido en la Ley de Instituciones de Crédito y reforzado por la Ley de Protección al Ahorro Bancario. Este elemento permite identificar oportunamente a instituciones financieras que enfrentan problemas de liquidez, solvencia o gestión de riesgos. Al detectar señales de alerta, las autoridades pueden intervenir de manera preventiva, evitando que los problemas se materialicen en crisis financieras.

Las alertas tempranas están diseñadas para evaluar de manera continua la salud financiera de los bancos a través de indicadores clave —niveles de capitalización, calidad de los activos, administración de riesgos y cumplimiento regulatorio—, los cuales son monitoreados por la CNBV y por el IPAB.

La información obtenida permite a la CNBV clasificar a las instituciones financieras en distintas categorías según su nivel de riesgo y, cuando es necesario, implementar oportunamente acciones preventivas o correctivas establecidas en niveles que van del uno al cinco:

1. Nivel normal

El banco opera dentro de parámetros financieros saludables.

No se identifican riesgos significativos que puedan comprometer su estabilidad.

2. Nivel de observación

Se detectan indicadores de alerta temprana que no representan una amenaza inmediata.

La CNBV aplica un mayor monitoreo del banco.

3. Nivel de supervisión especial

El banco muestra señales de deterioro financiero que requieren medidas correctivas específicas.

La CNBV puede solicitar ajustes en políticas internas, reservas de capital o estrategias de operación.

4. Nivel de resolución

La situación financiera del banco ha empeorado considerablemente y las medidas previas no han sido suficientes.

Se implementan acciones más estrictas como cambios en la administración, limitación de operaciones o intervención directa.

5. Nivel de liquidación

La institución ya no es viable financieramente.

Se procede a su liquidación o a la transferencia de activos y pasivos a otra entidad, garantizando la protección de los depositantes.

Este mecanismo de alertas tempranas forma parte del marco regulatorio de la CNBV para garantizar la estabilidad del sistema financiero mexicano, reduciendo el riesgo de crisis bancarias y protegiendo los intereses de los depositantes y otros stakeholders.

4.2El seguro de depósitos en México

El segundo elemento para impulsar la seguridad financiera es el seguro de depósitos, el cual protege al ahorro bancario y otorga estabilidad financiera a México.

La promulgación de la Ley de Protección al Ahorro Bancario en 1999 generó la creación del IPAB, organismo encargado de garantizar los depósitos bancarios, principalmente de los pequeños y medianos ahorradores, y de coordinar los procesos de resolución bancaria al menor costo posible, contribuyendo con ello a la estabilidad del sistema bancario y a la salvaguarda del sistema nacional de pagos. En pocas palabras: el IPAB contribuye a fortalecer la confianza en el sistema bancario de México.

El seguro de depósitos en México cubre hasta 400 000 Unidades de Inversión (UDIs), cuyo valor aumenta diariamente en función de la inflación. El monto cubierto es por persona y por banco, no por cuenta. En 2025, esta cifra equivale aproximadamente a 3.3 millones de pesos mexicanos, y permite cubrir al 99.88 % de las personas que cuentan con depósitos en los bancos que operan en México. El restante 0.12 % son personas que mantienen depósitos cuyos saldos superan el límite de cobertura y están cubiertos por 400 000 UDIs.

El IPAB señala que pone a disposición de los depositantes el importe total de sus depósitos asegurados al día siguiente de haber sido declarada la liquidación del banco, lo cual lo posiciona favorablemente dentro de los seguros de depósito a nivel global.

El enfoque del seguro de depósitos en los pequeños y medianos ahorradores se manifiesta no solo en el límite al monto cubierto, sino también en los productos protegidos: cuentas de ahorro, cuentas de cheques, cuentas de nómina, tarjetas de débito, depósitos retirables a plazo, con previo aviso o en días preestablecidos. Es decir, el seguro aplica para instrumentos de ahorro tradicionales y de uso común entre los pequeños y medianos ahorradores. El seguro no contempla la financiación de fondos de inversión, instrumentos derivados o estructuraciones financieras, entre otros tipos de inversiones complejas.

El seguro de depósitos desempeña un importante papel en el fortalecimiento de la confianza de los usuarios en el sistema bancario. Al garantizar la seguridad de los ahorros, el IPAB fomenta la estabilidad financiera y promueve la intermediación crediticia.

Además, el seguro de depósitos actúa como un amortiguador en situaciones de crisis, minimizando los efectos negativos sobre los ahorradores y el sistema financiero en su conjunto.

4.3Procesos de resolución bancaria

Un tercer elemento de la seguridad financiera lo constituyen los procesos de resolución bancaria. En caso de que un banco no logre solventar sus problemas financieros, entra en un proceso de resolución bancaria, establecido en la Ley de Instituciones de Crédito y en la Ley de Protección al Ahorro Bancario. Este proceso busca garantizar que la liquidación o reestructuración de la institución se realice de manera ordenada, minimizando el impacto sobre los ahorradores y el sistema financiero en general. La CNBV y el IPAB han demostrado su efectividad en la resolución de bancos con problemas financieros. Por ejemplo:

Banco Bicentenario (2014).

Fue declarado en quiebra en julio de 2014 debido a problemas de solvencia. El IPAB intervino para garantizar la protección de los depositantes, logrando una liquidación ordenada que minimizó el impacto sobre los usuarios y el sistema bancario.

Banco Famsa (2020).

En junio de 2020 fue sometido a un proceso de liquidación tras incumplir los niveles de capitalización exigidos por la regulación. El IPAB intervino para proteger los depósitos asegurados y llevar a cabo una resolución ordenada, salvaguardando los intereses de los ahorradores.

4.4Consideraciones sobre la seguridad financiera

Los mecanismos de seguridad financiera generan certidumbre entre los participantes del mercado, fomentan la estabilidad económica y protegen el bienestar de los ahorradores. Elementos como el mecanismo de alertas tempranas, el seguro de depósitos y los procesos de resolución bancaria refuerzan la confianza en el sistema bancario, incentivando la intermediación financiera y contribuyendo al crecimiento económico.

No obstante, para mantener su efectividad, es crucial garantizar la transparencia y la constante actualización de los marcos regulatorios. Asimismo, resulta esencial seguir fortaleciendo las capacidades de supervisión y regulación, además de promover una colaboración efectiva entre las autoridades financieras y los participantes del mercado.

En este sentido, sería conveniente evaluar la viabilidad de no solo dotar de mayores recursos al IPAB y a la CNBV, sino también considerar la posibilidad de otorgarles autonomía presupuestal y operativa. Esto fortalecería aún más sus capacidades de supervisión y regulación, consolidando la confianza y resiliencia de nuestro sistema financiero.

5|TRANSFORMACIÓN DE LA BANCA EN MÉXICO

A partir del año 2000, el sistema bancario mexicano experimentó una profunda transformación con la llegada de diversos bancos internacionales que adquirieron y fusionaron instituciones financieras nacionales. Este proceso no solo respondió en parte a las secuelas de la crisis financiera de los años noventa, también marcó el inicio de una etapa de modernización y mejora en las prácticas bancarias del país.

La entrada de estos bancos favoreció la implementación de sanas prácticas internacionales, el uso de procesos más eficientes y una mayor diversidad de productos financieros, lo que resultó en beneficios directos para los clientes. Además, una mayor competencia en el mercado fomentó la innovación y la calidad del servicio. Como ejemplo de estas adquisiciones se pueden señalar las siguientes:

BBVA, de origen español, completó en el 2000 la adquisición de Bancomer, uno de los bancos más grandes y representativos de México. En ese mismo año, Santander, también de origen español, reforzó su presencia en México al adquirir Serfin, y el canadiense Scotiabank adquirió Inverlat. Un año después, en 2001, Citigroup uno de los bancos más grandes de Estados Unidos, adquirió Banamex, que era uno de los bancos más grandes y arraigados en México. Al siguiente año, en 2002, HSBC, con sede en el Reino Unido, adquirió Bital.

5.1Impacto en el sistema bancario mexicano

La llegada de bancos internacionales implicó una serie de cambios positivos para el sistema financiero y para los usuarios por cinco acciones concretas:

Mejoras en las prácticas bancarias.

Se introdujeron procesos más eficientes en la administración del riesgo, sistemas de cumplimiento normativo y tecnologías avanzadas para la operación bancaria.

Ampliación de la gama de productos y servicios bancarios.

Los bancos internacionales trajeron consigo productos que vinieron a sumarse a aquellos que ya existían en México, con lo cual creció la gama de productos hipotecarios, créditos de consumo, tarjetas de crédito con beneficios globales y, posteriormente, los servicios de banca digital.

Mayor competencia.

La competencia generada por la entrada de estos bancos incentivó a las instituciones locales a mejorar su oferta de servicios y productos, beneficiando directamente a los consumidores. Esta competencia se hizo aún más fuerte con la incorporación de la banca digital, la cual disminuyó las barreras de entrada a nuevos participantes.

Fomento de la confianza e inclusión financiera.

La incorporación de sanas prácticas internacionales reforzó la confianza en el sistema bancario, atrayendo a más usuarios al sector bancario en beneficio de la inclusión financiera.

Beneficio para los clientes.

El cliente fue el principal beneficiado con la transformación del sistema bancario mexicano; actualmente disfruta de una mayor gama de opciones financieras, un mejor servicio y más canales de acceso. Cobra especial relevancia la banca digital, la cual no solo ofrece una mayor disponibilidad de uso, sino que permite disminuir los costos de transacción.

En resumen, la llegada de bancos internacionales a México representó un cambio estructural en el sistema financiero del país. A través de adquisiciones y fusiones, estas instituciones introdujeron mejores prácticas, productos innovadores y procesos más eficientes que beneficiaron directamente a los clientes y fortalecieron la estabilidad del sector. Este proceso ha sido fundamental para consolidar un sistema bancario competitivo y robusto, capaz de atender las necesidades de una economía en constante crecimiento.

6|APEGO A LAS MEJORES PRÁCTICAS EN REGULACIÓN BANCARIA

A partir de la crisis financiera de los años noventa, y en buena medida para para evitar volver a sufrir una crisis similar, el sistema financiero mexicano se ha caracterizado por su compromiso con la implementación de las mejores prácticas internacionales en materia de regulación bancaria.

Este compromiso se refleja en la adopción de los acuerdos de Basilea, los cuales, en sus distintas etapas, son directrices emitidas por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, que buscan fortalecer la solidez y estabilidad del sistema financiero global.

6.1Adopción de Basilea I, II y III

Basilea I (1997). México comenzó a implementar las directrices de Basilea I en la década de 1990. Este acuerdo, enfocado en garantizar que los bancos mantuvieran un nivel adecuado de capital frente a sus activos ponderados por riesgo, fue un paso fundamental para reforzar la solidez financiera de las instituciones bancarias después de la crisis de 1994.

En concordancia con el estándar internacional, el requerimiento de capital —medido como porcentaje de los activos ponderados por riesgo (APR)— se estableció como mínimo en 8 %, con el fin de asegurar que los bancos tuvieran suficientes reservas para cubrir pérdidas potenciales derivadas de sus operaciones de crédito y otras exposiciones al riesgo. Este requerimiento sentó la base para una evolución regulatoria en beneficio de un sistema bancario más sólido en México, con capacidad para enfrentar riesgos y adaptarse al cambiante entorno económico.

Basilea II (2006). La implementación de Basilea II en México comenzó en 2006. Este marco introdujo un enfoque más sofisticado para medir el riesgo, incluyendo el operativo y de mercado, además de fortalecer la supervisión bancaria. Gracias a la colaboración entre la SHCP, Banxico, CNBV y la Asociación de Bancos de México (ABM), el país logró adoptar estas regulaciones de manera efectiva, mejorando la transparencia y la gestión del riesgo. Su implementación en México se basó en tres pilares fundamentales:

Requerimientos mínimos de capital.

Se establecieron normas para que los bancos mantuvieran un capital suficiente para cubrir los riesgos de crédito, mercado y operativo con un enfoque más sensible al riesgo.

Supervisión bancaria.

Se fortaleció la supervisión por parte de las autoridades regulatorias para garantizar que las instituciones financieras tuvieran prácticas adecuadas de administración de riesgos.

Disciplina del mercado.

Se promovió la transparencia al exigir la divulgación de información financiera relevante, permitiendo a los participantes del mercado evaluar la solidez de las instituciones financieras.

Estos requerimientos sentaron las bases para un sistema bancario más sólido en México, mejorando su capacidad para enfrentar riesgos y adaptarse a las condiciones cambiantes del entorno económico.

Basilea III (2013).