Nuestra fórmula - Mauro Bono - E-Book

Nuestra fórmula E-Book

Mauro Bono

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Beschreibung

En las páginas de esta obra, se describen los treinta años de experiencia de SAVANT, desde sus inicios hasta convertirse en una compañía farmacéutica internacional. Los primeros capítulos narran la historia familiar de sus fundadores, su formación, sus características personales y su contexto. Luego se describen los elementos diferenciales de esta fórmula farmacéutica única: la estrategia, las finanzas, el capital humano, las operaciones, la comercialización, el branding y la gobernanza; analizados cada uno en forma independiente, pero sin dejar de identificar la sinergia alcanzada, derivada de una permanente interacción a través de enlaces intangibles, como la cultura, el liderazgo y la misión, y enlaces tangibles, como el sistema de gestión de información y el balanced scorecard. Este libro no es solo un relato empresarial, sino una fuente de inspiración, para aquellos que buscan crecer y desarrollar la innovación en el competitivo mundo de los negocios. ¿Qué encontrarás en Nuestra fórmula? Lecciones invaluables: aprende de la historia, tradiciones y decisiones cruciales que han moldeado la cultura corporativa. Inspiración empresarial: sumérgete en la paradoja de una empresa farmacéutica dispuesta a compartir sus secretos. Este libro es un tributo a los que contribuyeron al crecimiento, un legado para nuevas generaciones y un catalizador para emprendedores. Visión estratégica: conoce la tabla periódica empresarial de SAVANT, una amalgama única de elementos esenciales y diferenciales que ha sido la clave del crecimiento, rentabilidad y sustentabilidad. El desafío global: descubre cómo la energía, la innovación y el compromiso llevaron a la empresa a nuevos horizontes. Un caso real: la posibilidad de unir la teoría y de la práctica. Esa demanda muchas veces insatisfecha de contar con casos reales, que contribuyan a la comprensión de las diferentes teorías empresariales, están abordadas en el libro con rigurosidad teórica y con el sustento de la experiencia práctica vivida. Nuestra fórmula es más que un relato, es una fuente apasionante de inspiración y motivación para jóvenes emprendedores.

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Seitenzahl: 412

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Índice de contenido
Agradecimientos
Prólogo
Introducción
Capítulo 1. Elementos esenciales
Mauro Bono
Ivanna Mandolesi
Capítulo 2. El camino del emprendimiento
Capítulo 3. Elemento diferencial estrategia
Estrategia emergente
Estrategia deliberada
Estrategia globalizada
Capítulo 4. Elemento diferencial finanzas
Enfoques tácticos
Crecimiento y aprendizaje
Madurez financiera
Capítulo 5. Elemento diferencial capital humano
La capacidad de emprender y motivar
El capital humano
Gestión estratégica de personas
Capítulo 6. Elemento diferencial operaciones
Los inicios del modelo productivo
Las operaciones como ventaja competitiva
Capítulo 7. Elemento diferencial comercialización
Aprendiendo desde la experiencia
Las tensiones del crecimiento
Menos es más
La convicción de crecer en el exterior
Capítulo 8. Elemento diferencial branding
De pequeños inicios
La transformación de la identidad corporativa
El impacto de las marcas de productos
Capítulo 9. Elemento diferencial gobernanza corporativa
Nacimiento
Evolución
Consolidación
Epílogo
Lista de siglas
Referencias bibliográficas

Bono, Mauro

Nuestra fórmula : un caso de éxito en la competitiva industria farmacéutica / Mauro Bono. - 1a ed. - Córdoba : Universidad Católica de Córdoba, 2023.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-48328-2-5

1. Industria Farmacéutica. 2. Administración de Empresas. I. Título.

CDD 338.476151

De la presente edición:

Copyright © by Universidad Católica de Córdoba.

Está prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier método fotográfico, fotocopia, mecánico, reprográfico, óptico, magnético o electrónico, sin la autorización expresa y por escrita de los propietarios del copyright.

ISBN edición digital: 978-987-48328-2-5

Obispo Trejo 323. X5000IYG Córdoba. República Argentina

Tel./Fax: +(54-351) 4286171

libros.ucc.edu.ar

A las tres mujeresque marcaron profundamente mi vida,Edith, Mercedes e Ivanna

Mauro Bono

Agradecimientos

Escribir un libro sobre la historia de la empresa y gran parte de mi vida fue un proceso magnífico que me obligó a realizar una introspección profunda. Buscar las causas y los efectos de las decisiones y acciones que asumí fue una tarea desafiante pero necesaria.

Convertir esta idea en realidad ha requerido tres años de trabajo, en un proceso que resultó más complicado de lo que inicialmente pensé. Sin embargo, también ha sido más gratificante de lo que hubiera imaginado. Hay tantas personas a las que debo agradecer, y muchas que seguramente omitiré mencionar, pero quiero que sepan que todos aquellos con quienes he compartido estos primeros treinta años de la compañía, e incluso antes, han contribuido de alguna manera para que esto sea posible.

Mi gratitud se extiende profundamente a mis padres y abuelos, quienes, a través de su amor y el ejemplo, me enseñaron la importancia de la disciplina y valores como la perseverancia y la resiliencia, que han dejado una huella imborrable en mi vida.

A Ivanna, mi compañera inseparable, aliada constante, mi amor y mi paz, cuya presencia me reconforta y con quien hemos forjado la empresa y seguido siempre adelante.

A nuestros amados hijos Nicolás, Constanza y Lara, gran inspiración para seguir construyendo una compañía sustentable. Su presencia en nuestras vidas hace que cada decisión y cada acción que tomemos tengan un impacto, no solo en el presente, sino también en el futuro.

Sin la dedicación y la experiencia del equipo SAVANT, esta historia no existiría. Me han brindado la oportunidad de liderar a personas excepcionales. Conducir grandes líderes es una gran responsabilidad, y entre tantos quiero expresar gratitud a Federico, Hernán, Mario, Pablo, Walter, Leandro, Diego, Fabiana, Verónica, Marcela, Cristián, Juan Ignacio, Marcelo y Alejandro.

Mi agradecimiento por el trabajo y el talento que han aportado para hacer realidad este libro a Alejandro Bernhardt, Ana Paludi, Romina Weidmann, Carla Slek, Victoria Sarrido, Guillermo Storni, Hernán Giovanini, Federico Svriz, Diego Battistella y Magalí Casas.

A la Universidad Católica de Córdoba, a su Facultad de Ciencias Químicas y a su Escuela de Negocios ICDA, por la formación desarrollada y por los valores consolidados durante nuestro paso por sus aulas, haciendo que mi camino se encuentre, temprana y afortunadamente, con el de Ivanna. Probablemente, sin alguna de estas circunstancias, lo narrado habría sido diferente.

También quiero transmitir mi consideración para aquellos que no dudaron en sumar sus aportes para que estas páginas puedan revelar con honestidad y transparencia la experiencia de emprender y de conseguir los propósitos que se persiguen.

Mauro Bono

Prólogo

El título de un libro encierra en sí mismo un desafío: expresar de modo muy sintético lo que luego se va a desarrollar en cientos de páginas y, al mismo tiempo, ser representativo de su contenido. Creemos que Nuestra fórmula cumple con ese requisito, anticipa lo que el lector va a ir encontrando en su recorrido y pone de manifiesto una identidad.

Puede resultar paradojal que en una industria como la farmacéutica, que se caracteriza por mantener el mayor de los secretos sobre las investigaciones, los desarrollos y, consecuentemente, las fórmulas, una empresa esté dispuesta a revelar las experiencias acumuladas en sus primeros treinta años de vida y a compartir lo que constituye su núcleo central de competencias.

Nuestra fórmula no se trata de la descripción de contenidos de un producto: es nada más ni nada menos que el registro, desde la creación hasta el presente, de las tradiciones, los hábitos, las convicciones compartidas, las decisiones y las manifestaciones tangibles de la cultura de la que es hoy una gran empresa, todo lo cual configura una forma de ser y de hacer. Como toda fórmula, posee una combinación de elementos, en algunos casos científica y en otros empírica, con una base de hipótesis y de conocimientos de diversas fuentes, con la interacción permanente de enlaces tangibles e intangibles, y la apertura al aprendizaje permanente, esencial y constante de principio a fin en esta obra.

Por lo tanto, este libro es un tributo a todos aquellos que contribuyeron a lo largo de este tiempo a la supervivencia y al crecimiento de la organización, así como un legado para las nuevas generaciones, para que tengan conciencia de su origen e identidad. A la vez, deseamos que la lectura sea una fuente de inspiración y de motivación para jóvenes emprendedores con metas audaces, para que –pese a las dificultades que seguramente van a atravesar– sepan que sus sueños pueden verse cumplidos y que, si aún no hay caminos, será necesario construirlos.

Guillermo Storni

Introducción

Al igual que una molécula, una empresa farmacéutica es una entidad compuesta de múltiples elementos en distintas proporciones, un punto de encuentro entre la ciencia y los negocios. Así surge SAVANT, una organización con treinta años de experiencia, comparable con una molécula farmacéutica, en la que los líderes, Mauro Bono e Ivanna Mandolesi, son sus elementos esenciales que le otorgan existencia y estabilidad.

Además, esta molécula posee elementos diferenciales: la estrategia, las finanzas, el capital humano, las operaciones, la comercialización, el branding y la gobernanza, que desempeñan un papel crucial en la formación de una estructura espacial singular. Es importante resaltar que estos elementos no estarían presentes sin los colaboradores de la empresa, ya que su existencia está intrínsecamente ligada a la de ellos.

Estos nueve elementos, dos esenciales y siete diferenciales, componen nuestra tabla periódica empresarial.

En conjunto, los nueve elementos han creado una sinergia que ha sido la clave del éxito de Nuestra fórmula, donde no se da simplemente la suma de esto, sino una interacción única que ha dado existencia a esta molécula farmacéutica exclusiva, cuyas propiedades específicas son: crecimiento, rentabilidad, sustentabilidad y trascendencia.

Vemos que, en esta molécula farmacéutica, la estrategia se conecta con cada uno de los demás elementos, a través de enlacesintangibles: la cultura, el liderazgo y la misión, y enlaces tangibles: el sistema de gestión de información y el balanced scorecard.

Capítulo 1Elementos esenciales

El todo es mayor que la suma de sus partes.Aristóteles

Los dos elementos esenciales de esta molécula, Mauro e Ivanna, como todo ser humano, llevan grabada una secuencia genética única en su ADN. Sin embargo, sus habilidades de liderazgo e inteligencia no pueden explicarse únicamente por esta variable, ya que el desarrollo de cada uno ha sido un proceso interactivo, una combinación constante entre factores genéticos, congénitos y adquiridos, según la teoría de las series complementarias de Freud.

La formación que recibieron, los hábitos que adoptaron y sus vivencias personales han conformado y potenciado sus competencias, lo que les permitió evolucionar más allá de lo predestinado genéticamente. Estos aspectos externos han fomentado su afán de saber, su creatividad, su capacidad para resolver problemas y su empatía, habilidades cruciales en sus roles subsiguientes dentro de la organización.

Comprender el mecanismo que rige esta molécula empresarial requiere adentrarse en las biografías de Mauro e Ivanna, y observar cómo estas experiencias han modelado la empresa. El recorrido comprenderá sus historias familiares, infancias, personalidades y los entornos en los que se formaron. Se explorará, igualmente, el contexto de su evolución, incluyendo su curiosidad innata, su incansable dedicación, su cultura enraizada en el ahorro y el énfasis en el aprendizaje continuo de ambos.

Por último, indagaremos en su educación y su formación académica y analizaremos cómo estos conocimientos adquiridos han incidido en sus habilidades y en la administración de la compañía. Este viaje a través de sus vidas nos permitirá captar la esencia de esta entidad farmacéutica y entender cómo estas dos figuras han erigido la estructura del laboratorio.

Mauro Bono

Mauro nació y creció en la pequeña localidad de El Tío, situada en la provincia de Córdoba, Argentina. Este lugar, que tuvo un papel relevante en su historia personal, fue testigo de diversas transformaciones socioeconómicas, desde sus primeras raíces en el siglo XVIII hasta su crecimiento y desarrollo, especialmente tras la aprobación de un ramal ferroviario en 1888, que comenzó a conectar la capital de la provincia con San Francisco.

Referencia sociogeográfica. De lo general a lo específico: país: Argentina, provincia: Córdoba, localidad: El Tío

El Tío experimentó un crecimiento acelerado a principios del siglo XX. El incremento en la construcción de viviendas, junto con la llegada de nuevas familias, dinamizó la economía local. La empresa Fuchs, Votta Solari y Cía., dedicada a la fabricación de adoquines y otros productos, utilizaba, especialmente, la madera como insumo, y se erigió como la principal fuente industrial de la localidad hacia 1915. La actividad maderera se intensificó con los años, pero la falta de un modelo sostenible llevó al desmonte indiscriminado de los bosques nativos, lo que tuvo un impacto ambiental significativo y resultó en la desaparición de los montes originarios.

En la década de los treinta, la fábrica fue cerrada y su emblemática chimenea fue dinamitada en 1970. En su lugar, el Gobierno nacional construyó un barrio de viviendas, en una de las cuales Mauro vivió su infancia.

Desde mediados del siglo XX, El Tío perdió relevancia en la economía de la zona y su progreso se basó principalmente en actividades agrícolas y ganaderas, no pudiendo igualar su desarrollo anterior. La brecha entre El Tío y el resto del mundo se pone de manifiesto al comparar los hitos globales y locales. Por ejemplo, en julio de 1969, mientras en Estados Unidos se celebraba el histórico alunizaje del Apolo 11, en la localidad se estaban iniciando los trabajos de perforación y provisión de agua potable.

Juan Pedro Bono, cariñosamente conocido como el abuelo Pancho, de ascendencia italiana, era el abuelo de Mauro. Estaba casado con Victoria Edith Vocos, la hija de Palmira Emilia González Peláez. Palmira, nacida en España, emigró hacia Argentina cuando era niña y se casó con José María Vocos. Juan Pedro y Victoria Edith, en adelante Edith como la nombraban todos, tuvieron dos hijos: Juan Alberto y María Edith, a quien apodaban Maleli. Mientras tanto, en la localidad vecina de La Francia, Mercedes Filomena Maurizi y Víctor Ramón Pieroni, también de ascendencia italiana, formaron su propia familia y tuvieron cuatro hijos, entre los que se encuentra María de las Mercedes.

Juan Alberto Bono y María de las Mercedes Pieroni contrajeron matrimonio y establecieron su hogar en la casa de los abuelos Bono en El Tío, localidad que hoy alberga el complejo industrial de la empresa en Argentina y donde Mercedes, con apenas dieciocho años, dio a luz a su primer hijo, Mauro Gastón y, años más tarde, a José Hernán. La historia familiar y el ambiente del lugar moldearon la vida y personalidad de Mauro, quien lleva en sus raíces la herencia de sus antepasados italianos y españoles.

El abuelo Pancho era un miembro activo de la sociedad familiar Bono Hermanos. Trabajaba en la carpintería y también conducía camiones para el transporte de áridos. A pesar de que las ganancias apenas cubrían los gastos del hogar y no permitían un gran crecimiento económico, la familia mantenía una ajustada pero decente situación. La abuela Edith, por su parte, no solo se encargaba de las tareas domésticas y de una pequeña granja avícola, sino que también trabajaba bordando para una boutique en Santa Fe. Los principios de ahorro, trabajo duro y perseverancia eran pilares fundamentales en la vida de la familia Bono.

Desde su infancia, Mauro siempre fue travieso e inventor, algo que su padre Alberto recuerda con cariño. Solía ir a la farmacia del pueblo para comprar azufre y otros productos con la intención de realizar experimentos caseros que generaban pequeñas explosiones. Al finalizar las clases, utilizaba sus ahorros para adquirir estos materiales. Por la mañana ayudaba en las tareas de la casa, pero por la tarde, en ausencia de dispositivos electrónicos y deportes, dedicaba su tiempo a actividades al aire libre y en contacto con la naturaleza.

La inventiva de Mauro era evidente, incluso en sus métodos para fabricar pólvora. Para ello compraba clorato de potasio en pastillas, un remedio para el dolor de garganta en esa época, y azufre en barra, utilizado para los dolores de cuello. Luego, con un martillo, los molía suavemente junto al carbón y, a continuación, procedía a pulverizarlos con una botella plana de vidrio. Este espíritu de comprobación y aprendizaje fue habitual, como él lo explica: “Siempre fui receptivo a aprender de los demás, buscaba a quienes sabían más que yo, ya sea a través de programas de televisión, vecinos o amigos: observaba sus acciones e intentaba superarlas”.

Las historias de su infancia tuvieron una fuerte influencia en la formación de su personalidad. Sus vivencias familiares y las enseñanzas de sus padres y abuelos fueron cruciales para consolidar sus valores y creencias. Desde una edad temprana, mostró una predisposición hacia la experimentación, la disciplina y la constancia, factores que contribuyeron a construir su confianza y su motivación de logro. Sus deseos de saber, su energía para hacer las cosas y su persistencia son rasgos que lo han acompañado a lo largo de su vida.

Al recordar esta época, Alberto tiene una gran cantidad de anécdotas familiares. Por ejemplo, cuando Mauro era pequeño tenía dificultades para aprender las tablas de multiplicar, por lo que, mientras él soldaba puentes de baterías en su pequeña fábrica, hacía estudiar a sus dos hijos en rincones diferentes, hasta que memorizaban los cálculos. Esta perseverancia es un rasgo que Mauro heredó de sus padres, aunque él mismo admite que aquella siempre superó su capacidad intelectual, que no era algo en lo que se destacaba en sus primeros años de colegio.

Su curiosidad y su deseo de experimentar no conocían límites. En una ocasión, junto a su hermano, intentaron encender un calefón a leña de una manera poco convencional: en lugar de introducir la madera por la base, la insertaron por la parte superior, lo que provocó un bloqueo. Para evitar que su padre se enterase de la travesura, recurrieron a un taller de herrería donde consiguieron soldar una mecha larga a un hierro con una manija. Con este instrumento, durante tres días, estuvieron perforando el tronco y eliminando el humo, y de esa forma lograron resolver el problema sin que su padre se enterara de lo que había sucedido.

Desde una temprana edad, Mauro halló inspiración en las figuras de sus abuelos y sus padres. Pancho, con su habilidad innata para la construcción de diversas cosas, sembró en él las semillas del emprendimiento y la creatividad. Él era la personificación de la paciencia, la constancia y el detallismo, rasgos que Mauro asimiló plenamente. En contraparte, Edith, su abuela, una mujer de energía vibrante y una capacidad laboral insuperable, también dejó una huella indeleble. De ella, Mauro heredó la fuerza y la persistencia que definen su carácter.

En este entorno de inspiración, a la edad de diez años, quedó cautivado por el juego de dominó, una fascinación alimentada por los concursos y las exhibiciones televisivas. En colaboración con su abuelo, se embarcó en la creación de su propio juego de dominó. Su meticulosidad resultó en piezas de madera impecablemente niveladas, que, más tarde, coloreó con ingenio, inspirado en el proceso de teñido de ropa que realizaba su abuela.

Cuando la noticia de su proyecto llegó a su escuela, le brindaron la oportunidad de organizar una exhibición del efecto dominó. La satisfacción de transformar su idea en realidad y compartir su creación con el público fue abrumadora. El evento resultó ser un triunfo y, hasta el día de hoy, guarda algunas de esas piezas de madera con gran afecto. Incluso sus hijos han jugado con ellas en su infancia. Este fue su primer emprendimiento, materializado con recursos escasos, pero con una gran dosis de imaginación y la invaluable contribución de su primer equipo: sus amados abuelos.

Ivanna y Nicolás, jugando con las maderitas que se conservaron por más de treinta años. Diciembre de 2004

A partir de los once años, desarrolló interés por el ciclismo y, aunque solo contaba con una bicicleta básica, su perseverancia le permitió obtener una más adecuada para entrenar. Empezó a leer libros sobre este deporte y sobre corredores italianos; inspirado en sus historias, se preguntaba cómo habían alcanzado tales logros. A falta de un entrenador personal, sufría frecuentemente calambres durante sus entrenamientos. Sin embargo, la determinación que sentía era más poderosa que cualquier contratiempo y no cesaba en su empeño. Se levantaba muy temprano, a veces, a las cuatro de la mañana y, junto con un amigo mayor, Luis Cabrera, llegaba a recorrer hasta 100 km. “El objetivo era más grande de lo que yo era capaz de lograr”, reflexiona Mauro. “Pero la motivación vencía a la lógica. Supongo que eso indicaba que tenía la tendencia a fijarme metas que parecían inalcanzables. Tal vez no las lograba rápidamente, pero me sentía empujado hacia la realización de esos sueños”.

Desde temprana edad, demostró una determinación que iba más allá de su capacidad. Esta convicción fue la que lo motivó a afrontar desafíos que, para muchos, hubieran sido inalcanzables. Alberto era muy riguroso en lo que respecta a la calidad y cantidad de tareas asignadas, una demanda que Mauro ahora entiende como una enseñanza vital: el empeño es indispensable para alcanzar cualquier objetivo. Incluso cuando algunas tareas le parecían monumentales, adoptaba la filosofía de establecer metas que excedían sus habilidades, pero las asumía como objetivos que, con ahínco y perseverancia, podían –eventualmente– ser alcanzados.

Equipo de ciclismo de El Tío. Mauro con doce años en el centro. Año 1983

Los testimonios resaltan un conjunto de rasgos innatos y potentes en su personalidad: su notable iniciativa y propensión a la investigación. Sandra Pavón, una compañera de la escuela primaria, recuerda: “Siempre estaba en búsqueda de algo mejor y tenía un deseo constante de cambiar”. Estos atributos, tan evidentes en su infancia, serían factores determinantes en la formación de su carácter y su camino hacia el éxito.

En 1980, Mauro desafió la norma en su pueblo, en el que aprender inglés era una rareza. Con tan solo ocho años, se unió como uno de los primeros estudiantes a la pequeña academia que Teresita Peyronel acababa de abrir, quien lo recuerda como “un niño autocrítico, perfeccionista e incluso competitivo”. Esta dedicación al aprendizaje perduró en su vida.

Durante su adolescencia, siguió con su actitud experimental. Un recuerdo de su padre ilustra esto claramente, cuando intentó broncearse y se colocó té de ruda en el cuerpo, lo que terminó mal: “Sabía que debía quedarme cinco minutos, pero me quedé como media hora y sufrí quemaduras terribles, por lo que fui internado, con suero y tenía ampollas en los brazos. Estuve casi un mes prácticamente sin poder moverme”. A pesar de estas experiencias desafortunadas, nunca dejó de explorar e investigar, impulsado por su deseo de avanzar y hacer cosas diferentes.

Los rasgos que definen a Mauro, tales como autonomía, curiosidad, perseverancia, emprendimiento y orientación al logro, acompañados de un control interno que le permite confiar en su capacidad para influir en los resultados de sus acciones, están presentes también en los relatos de su vida como estudiante de la escuela primaria y secundaria y de la universidad.

Durante su etapa de educación primaria, Mauro fue testigo de una significativa transformación en su familia. Su padre, empleado en el Banco Nación y fabricante de baterías durante las tardes, junto con su madre emprendieron un negocio para vender ropa. Comenzaron humildemente, con Mercedes transportando la mercancía en una valija sobre su bicicleta. La dedicación y la tenacidad de ambos impulsaron un crecimiento considerable del negocio. De hecho, cuando Mauro empezó la secundaria, habían conseguido trasladarse a una casa mejor, en El Tío, que incluía un local comercial en el frente y un taller en la parte superior, para la confección de una proporción de la ropa que vendían. Este taller se convertiría en un espacio de creatividad para Mauro, donde diseñaba vestimentas que usó en su adolescencia.

El año 1984 supuso un punto de inflexión para la familia. Alberto abandonó su trabajo en el banco y la fabricación de baterías para dedicarse por completo al próspero negocio textil y hasta extendió su alcance, al abrir una sucursal en Arroyito. Con este cambio, Mauro decidió realizar sus estudios secundarios en la Escuela Técnica de esa localidad, eligiendo la química como especialización. Pese a los desafíos de viajar a diario entre El Tío y Arroyito, encontró formas de adaptarse, incluso vivió temporalmente en una pensión cercana a la escuela.

Mauro junto a su abuelo Pancho y su abuela Edith. Arroyito, Córdoba. Año 1992

La oferta posterior de su abuela Edith de vivir un tiempo con ella en Arroyito cambió su situación. En la pequeña casa de los abuelos, vivían también la tía Maleli, su esposo Vitín (hermano de Mercedes) y sus dos hijos; a pesar de ello, Mauro encontró un espacio propio en una de las tres habitaciones que generosamente le cedieron. Con un escritorio construido por su abuelo especialmente para él, pudo concentrarse en sus estudios de técnico químico, lo que le permitió incrementar su responsabilidad y forjar el interés por la industria y la ingeniería química.

Acostumbrándose a las limitaciones de la casa, como el acceso al agua caliente, Mauro aprendió a convivir naturalmente con la simplicidad. Los viernes volvía a El Tío para visitar a sus padres y, lo que inicialmente se planeó como un breve tiempo con sus abuelos, terminó extendiéndose por cinco años. Durante este periodo, el taller de Pancho, ubicado en el fondo de la casa, se convirtió en un espacio de formación, que lo ayudó a cultivar valores de esmero, racionamiento y sencillez y a aprender a avanzar sin excusas, incluso si no contaba con todos los recursos necesarios para un proyecto.

Mientras tanto, el negocio de sus padres continuó en ascenso y fue transformando la situación económica familiar. En tan solo una década, pasaron de tener muy poco a alcanzar una sólida posición, como resultado del trabajo duro, la perseverancia y la valentía de haber emprendido. Este legado de metas aparentemente inalcanzables dejó una huella indeleble en Mauro, quien comprendió que lo importante son los objetivos, más allá de los medios para lograrlos. “Alberto y Mercedes fueron personas distintas a la media, lograron metas que pocos alcanzan”, cuenta José María Vocos, primo de Alberto.

Durante su último año en la Escuela Técnica, en 1989, Mauro tuvo la oportunidad de realizar una pasantía en Arcor. Como técnico químico, se sumergió en el aprendizaje de los diversos procesos de producción que se llevaban a cabo en los múltiples laboratorios de la empresa. Esta experiencia en una compañía de gran magnitud lo llenó de energía e inspiración. Después de tres meses, finalizó la práctica con un modesto salario y una determinación renovada. Decidió que quería emprender una carrera universitaria que le posibilitara establecer algo propio una vez que se graduara y aunque la ingeniería química le atraía, deseaba estudiar algo que le permitiera trabajar de manera independiente. Incluso compartió con un compañero su ambición de tener su propia fábrica algún día, a pesar de que aún no estaba seguro de qué tipo sería.

Durante este periodo, Mauro descubrió su pasión por la química; los conocimientos que adquirió se convertirían en el cimiento de su futuro emprendimiento que marcó un punto de inflexión importante en esta etapa de su vida, en la que los intereses académicos y las aspiraciones profesionales comenzaron a alinearse y a dar forma a su futuro camino.

Mauro recibe el título de Técnico Químico en el IPET N.º 22, Arroyito, Córdoba. Diciembre de 1989

Por aquel entonces, descubrió la Universidad Católica de Córdoba (UCC). Esta institución jesuita le atrajo por su excelencia académica y su proyecto de formación integral de la persona. Otro punto determinante que motivó la elección fue la estabilidad que esta le ofrecía, en contraposición a los problemas que enfrentaban otras universidades debido a frecuentes paros docentes. Participó en una Jornada de Puertas Abiertas en la universidad y, tras explorar varias opciones, decidió estudiar la carrera de Farmacia. A pesar de la competencia por los cupos limitados, se preparó con determinación para el examen de admisión y, en enero de 1990, ingresó a la Facultad de Ciencias Químicas de la UCC.

Por primera vez, podía aprovechar los logros de sus padres: estudiaba en una universidad privada, vivía solo en su departamento en la ciudad de Córdoba y contaba con su propio medio de transporte, lo que le permitió centrarse en el objetivo de graduarse en tiempo y forma. Para ello, adoptó una disciplina rigurosa, mediante la cual minimizaba distracciones y optimizaba el tiempo.

Durante estos primeros años, su compañera de estudios fue Cecilia Zuliani, quien hoy es una reconocida científica en el DKFZ German Cancer Research Center. Formaron un equipo formidable, en el que combinaban la inteligencia de ella y la perseverancia y disciplina de él. Cecilia recuerda a Mauro por su solidez y lealtad: “Lealtad a su familia, a sus amigos, a sus proyectos e ideales y, sobre todo, lealtad a sí mismo, lo que lo convierte en una persona íntegra y segura”.

Poco más de un año después del inicio de su carrera, Mauro comenzó a albergar un anhelo más personal: el deseo de tener una familia estable, motivado por el divorcio de sus padres y su decisión de no seguir el mismo camino. En este proceso, Ivanna Andrea Mandolesi, compañera de facultad, apareció en su vida y, desde que la vio, sintió una conexión especial, aunque aún no se daba cuenta de cuánto tenían en común en términos de su visión de la vida familiar.

En los capítulos venideros, exploraremos más a fondo la vida y personalidad de Ivanna, la mujer que emergió como un faro para Mauro. Ella jugó un papel crucial en la materialización de sus sueños, que no solo estaban relacionados con su anhelo de formar una familia, sino también con su aspiración profesional que, solo dos años más tarde, se concretaría con la creación de su propio laboratorio.

Juntos, Ivanna y Mauro se embarcaron en el viaje de construir la vida familiar que ambos soñaban, una vida fundamentada en el amor, el respeto y la estabilidad. Este compromiso compartido y la visión de futuro que ambos tenían marcarían el inicio de una hermosa colaboración, que trascendería lo personal para llegar a lo profesional.

En este punto del relato, es interesante destacar las reflexiones de Sunil Puri, un importante desarrollador de bienes raíces comerciales en el Medio Oeste de los Estados Unidos. Sunil y Mauro entablaron una amistad cuando se radicaron en ese país, casi tres décadas después de los eventos que estamos describiendo. Sunil destaca la habilidad de Mauro para “encajar las piezas sueltas”, comparándolo con un florista que recibe un pago extra por armar un bouquet.

Esta metáfora ilustra la habilidad que tuvo Mauro para reconocer y aprovechar las oportunidades. Al igual que un florista que selecciona las flores más bellas para armar un hermoso bouquet por el cual los clientes están dispuestos a pagar más, él supo identificar y enlazar elementos aparentemente dispares en una configuración única y valiosa. En última instancia, la historia de Mauro Bono es un testimonio de cómo el ingenio, la visión y la perseverancia pueden transformar las “flores sueltas” del entorno en un “bouquet” de éxito.

Ivanna Mandolesi

La historia de Ivanna se remonta desde un pequeño pueblo italiano llamado Montelupone, en la región de Le Marche, notablemente cercano al lugar de origen de los antepasados maternos de Mauro, lo que refuerza la conexión y similitud entre las historias de ambos.

Nazareno Mandolesi, abuelo paterno de Ivanna, emigró a Argentina en 1949 a los cuarenta años, buscando reconstruir su vida tras los estragos económicos de la Segunda Guerra Mundial en Italia. Viajó solo, dejando a su esposa, María Pacciotti, y a sus dos hijos, Gabriella de doce años y Leopardo de nueve. Una vez que se estableció en Córdoba, desarrolló dos oficios. Por carta, le comunicó a María la posibilidad de una vida mejor y le pidió que se uniera a él con los niños. El reencuentro llevó más de un año. Finalmente, a finales de 1950, lograron reunirse para comenzar una nueva etapa juntos.

Gabriella, María, Leopardo y Nazareno Mandolesi en Córdoba, Argentina. Diciembre de 1950

El trabajo era un valor fundamental en su hogar, por lo que aprovechaban cada día al extremo y completaban todas las tareas posibles antes del anochecer. Trabajaban juntos incansablemente, ya que la nonna María, quien solo había completado el tercer grado de la educación primaria, contribuía a los ingresos del hogar cosiendo pantalones. Ella y sus hijos formaban un equipo eficiente, en el que se dividían las tareas para maximizar la productividad. Los fines de semana, María ayudaba a Nazareno a colocar ladrillos para construir su casa. Con los años, lograron una situación económica estable, lo que permitió que Gabriella y Leopardo pudieran estudiar. Los hijos habían heredado de sus padres los valores centrales de la honestidad, la austeridad, la perseverancia y, por sobre todo, la unión familiar.

En 1965, Leopardo Mandolesi se casó con Norma Rodríguez y de este matrimonio nacieron Alejandro e Ivanna. Norma había nacido en Capilla del Monte, en el interior de Córdoba, Argentina, y fue la única de cuatro hermanos que decidió mudarse a la capital provincial para estudiar en la Universidad Nacional de Córdoba y ejercer su profesión de enfermera universitaria e instrumentadora quirúrgica. Su espíritu emprendedor la llevó a romper con los paradigmas de la época que sugerían que debía quedarse trabajando en la hostería familiar en lugar de buscar su propio camino como una mujer profesional e independiente.

Ivanna con cinco años y su madre Norma Rodríguez, Córdoba, Argentina. Año 1976

Norma transmitió su espíritu aventurero y curioso a Leopardo. Juntos, pidieron un préstamo y utilizaron sus ahorros para embarcarse en un viaje de siete meses por Europa, en 1965, en compañía de una pareja amiga. Recorrieron treinta mil kilómetros en un auto alquilado, por doce países, y exploraron la idiosincrasia de la gente, las maravillas naturales y las creaciones humanas. Terminaron el viaje en Montelupone, donde Leopardo pudo presentar a su esposa en su tierra natal. Como sus padres, Leopardo y Norma trabajaron largas horas en sus respectivas profesiones y equilibraron este esfuerzo con tiempo de calidad y vacaciones juntos.

Luego de la lamentable pérdida de Norma, quien falleció de cáncer de colon a los treinta y ocho años, los dos hijos quedaron bajo el cuidado de su padre, así como de sus abuelos paternos, Nazareno y María, y bajo la atenta mirada de su tía Gabriella. Ivanna, que contaba en aquel momento con seis años, experimentó un profundo desconsuelo y, para aplacar su dolor, los abuelos decidieron viajar durante tres meses con ella a Italia para visitar a la familia que aún residía en el mismo campo del cual Nazareno había emigrado.

Para mediados de los años setenta, las grandes ciudades italianas habían logrado recuperarse de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, pero esto aún no se notaba en las zonas rurales. El campo familiar se presentaba menos desarrollado que la ciudad de Córdoba, de donde Ivanna provenía. Este contraste la llevó a vivir en condiciones más modestas y diferentes a las que estaba acostumbrada. Sin embargo, este cambio también le permitió compartir la alegría y la sencillez de estos parientes desconocidos, quienes demostraban su cariño a Nazareno y su familia, y les agradecían por haber emigrado y permitir así un mayor rendimiento de la tierra para los que se habían quedado. La prematura pérdida de su madre y este viaje impactaron profundamente en su personalidad, lo que hizo que, desde muy pequeña, se abriera a nuevas experiencias, como aprender a moverse en este nuevo entorno, generar nuevos vínculos y también perfeccionar el idioma italiano para poder comunicarse, ya que con sus nonnos solo había aprendido el dialecto de la región, lo que requirió de ella aún más flexibilidad y adaptación.

Tras este largo viaje, volvió a su hogar, a su escuela, a su vida, pero con una visión ampliada del mundo. El regreso fue duro, ya que tuvo que enfrentarse a la ausencia de su madre. Sin embargo, en su colegio, encontró un espacio para compartir su experiencia y encontrarse a sí misma. En la escuela bilingüe Dante Alighieri compartió las vivencias de su estadía en Italia con sus compañeros de escuela. Esto no solamente estimuló su amor por los viajes y la exploración, sino que también fortaleció su confianza y capacidad de adaptación.

A la luz del recuerdo de su amiga Silvina Contigiani, Ivanna no es solo la chica del guardapolvo azul y cuello blanco inmaculado ni la dueña del cuaderno prolijo sin manchas ni tachones. Es la representación del detalle, la dedicación y el compromiso. La forma en que manejó su regreso, a través del dolor y el cambio, marcó un antes y un después en su vida.

Ivanna Mandolesi, escolta de la bandera argentina en la Escuela Dante Alighieri, Córdoba. Año 1983

La vida de Ivanna había sido marcada por estos cambios drásticos y la pérdida temprana de su madre aceleró su madurez de manera precoz. Su padre, protector y afectuoso, trabajaba largas horas, viajaba con frecuencia y la dejaba al cuidado de sus abuelos. Su hermano, inmerso en un colegio de doble escolaridad, también era una presencia esporádica. Aprendió a llevar en el corazón a su familia y a establecer fuertes lazos con sus amigas. Cultivó así la independencia y la perseverancia, se adaptó a vivir con lo necesario y a trabajar duro para conseguir sus objetivos. Esta experiencia le permitió desarrollar una aguda capacidad para discernir entre lo que quería y lo que no y adquirir firmeza en sus decisiones. En su búsqueda de un modelo a seguir, encontró aspectos sobresalientes en diferentes mujeres y los incorporó en su forma de ser.

Durante su adolescencia, Ivanna tuvo la fortuna de contar con un grupo de amigas de la infancia que se mantuvo unido a lo largo de la escuela secundaria y hasta el día de hoy. Juntas, organizaron emocionantes viajes a diferentes destinos, que fortalecieron más aún su amistad y crearon recuerdos inolvidables. Sin embargo, al momento de ingresar al colegio secundario, Ivanna y su querida amiga Silvina decidieron elegir la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó. Lamentablemente, se encontraron con la situación de que no había suficientes cupos disponibles y se vieron obligadas a separarse, lo que generó en Ivanna una sensación de pérdida. A pesar de este obstáculo, el grupo de amigas se mantuvo unido y continuaron compartiendo experiencias a lo largo de su adolescencia, lo que hizo que estos años de su vida fueran muy significativos. Disfrutó de la compañía de sus amigos y consolidó relaciones duraderas, que se convirtieron en pilares importantes que le ofrecieron apoyo, diversión y momentos inolvidables.

Tal como vimos al inicio de este capítulo, el desarrollo de Ivanna fue un proceso interactivo entre factores genéticos, congénitos y adquiridos. Su padre desempeñó un papel fundamental en su vida. Leopardo creció en medio de las dificultades económicas que enfrentaron él y su familia en su región. La mentalidad previsora que adquirieron como resultado de vivir en la pobreza y las secuelas de la guerra pueden haber influido en su educación y, posteriormente, en la de su hija. La necesidad de ser precavido y el imperativo de ahorrar para el futuro se convirtieron en valores importantes en su familia, que se transmitieron de generación en generación.

Esta mentalidad austera pudo haber tenido un impacto en la forma en la que ella creció y fue educada, lo que enfatizó la importancia de planificar, hacer presupuestos y ser consciente de las posibles dificultades que puedan surgir en el futuro, por lo que es posible que haya heredado esta actitud de responsabilidad y prudencia financiera, que se reflejó en su enfoque metódico en su carrera, sus acciones y, posteriormente, en la gestión de la empresa.

Ivanna heredó de su padre no solo su meticulosidad y orden, sino también recibió su apoyo incondicional y consejos en cada paso de su vida. Este respaldo constante le brindó seguridad y confianza en sí misma. Al momento de elegir su carrera universitaria, tomó una decisión fundamentada en la racionalidad y el autoconocimiento y optó por realizar un programa de orientación vocacional para descubrir su verdadero interés y pasión. Fue durante este proceso que encontró su afinidad por las ciencias exactas; específicamente, la bioquímica. Esta carrera no solo le permitía ser independiente, sino que también le brindaba la posibilidad de tener su propio laboratorio de análisis clínicos, que alineaba sus objetivos personales con su vocación profesional. La influencia de Leopardo, tanto en su desarrollo personal como en la toma de decisiones importantes, fue crucial para el camino que emprendió en su vida profesional.

Ya estando en la facultad, recuerda a Mauro como uno de aquellos que se sentaban en las primeras filas durante las clases, pero no fue hasta una noche, en una discoteca, que empezaron a conocerse gracias a la intervención de Cecilia Zuliani, compañera de estudios de ambos. “Me invitó a bailar una y otra vez”, recuerda Ivanna. “Al día siguiente me llamó y comenzamos a pasar tiempo juntos, conversando. Prestaba atención a mis palabras y mostraba interés en mis pensamientos, sentí una conexión fuerte con él y percibí su cariño. Disfrutaba su compañía, y así comenzó a visitarme todos los días. Pasábamos horas y horas hablando y, en apenas quince días, parecía que nos habíamos conocido de toda la vida”.

Ivanna Mandolesi y Mauro Bono de novios con veinte años, Córdoba. Año 1991

Esos primeros encuentros marcaron el inicio de una relación sólida, construida en la escucha mutua, el interés genuino y la compañía agradable. Para ella, estas conversaciones y encuentros eran un refugio, un lugar donde podía expresarse libremente y sentirse comprendida y valorada. Mauro, por su parte, también encontró en Ivanna a alguien con quien compartir y explorar pensamientos, ideas y experiencias. Fue así como, a través de la compañía y la conversación, se tejieron los hilos de una historia entrelazada que, desde sus inicios, ya prometía una conexión profunda y duradera.

Durante su etapa universitaria, Ivanna experimentó una transformación notable en su estilo de vida al enfocarse en sus estudios y reducir sus salidas y eventos sociales. Su dedicación y esfuerzo fueron reconocidos por su padre, quien, al finalizar la carrera, le brindó la oportunidad de realizar un viaje de seis meses a Europa, el que fue minuciosamente planificado con un año de anticipación, considerando todos los aspectos necesarios, como el presupuesto, los países y ciudades a visitar, los sistemas de transporte, los alojamientos y las actividades a realizar. Cada detalle fue tenido en cuenta para asegurar que el itinerario fuera lo más enriquecedor, seguro y bien organizado posible.

En mayo de 1996, terminó su carrera universitaria y llegó el momento tan esperado de partir. Se sumaron sus queridos nonnos y otros parientes, quienes también habían emigrado de Italia. El reencuentro en Roma con su familia italiana fue un momento único y significativo que todavía la emociona. Durante casi tres meses, disfrutó de la compañía de sus seres queridos, se reencontró con sus raíces y percibió la generosidad y hospitalidad de sus parientes, a quienes no había visto desde que era una niña de seis años.

Al concluir su estancia en Italia con sus parientes, Ivanna se reunió con su amiga de la infancia, Gabriela Fabian, para continuar su travesía por Europa. Durante casi noventa días, recorrieron más de diez países y enfrentaron diversos desafíos. El hecho de viajar con un presupuesto limitado de cincuenta dólares diarios para todos los gastos requería creatividad para encontrar soluciones ingeniosas. Además, tuvieron que lidiar con la existencia de diferentes tipos de moneda en cada país que visitaban, ya que aún no existía el euro.

Este viaje fue una experiencia enriquecedora que la sacó de su zona de confort. Tuvo la oportunidad de poner en práctica sus conocimientos sobre idiomas, arte y música, y se sumergieron en un mundo lleno de historia y de diferentes culturas que coexistían en Europa. Durante este tiempo, Ivanna aprendió lecciones valiosas que dejaron una marca en ella. Descubrió cosas nuevas, amplió su comprensión de la diversidad y la independencia, desarrolló confianza en sí misma y adquirió conocimientos en áreas que desconocía, además de reforzar sus conceptos de administración al aprender a manejar un presupuesto y a cumplir estrictamente con las metas fijadas y los horarios y a ser incluso más previsible y ordenada.

Otro aspecto destacado de Ivanna es su particular sensibilidad para detectar situaciones desagradables, lo cual resultaría fundamental en el desarrollo de la empresa en la que participaría más adelante. Aunque aprendió a convivir con esas incomodidades temporalmente, su forma de ser impulsó, en el momento adecuado, la transformación de la compañía a través de un equipo de personas con características similares. Junto con Mauro lograron convertir las inconveniencias en oportunidades, posteriormente, en tácticas y, luego, en estrategias deliberadas. Su camino fue un constante ejercicio de adaptación, perseverancia y liderazgo. Su habilidad para abordar y superar desafíos ha dejado una huella duradera, tanto en su vida personal como en su carrera profesional.

En su noviazgo de siete años tuvieron la oportunidad de conocerse, adaptarse y evolucionar juntos. No temían confrontar las actitudes que les resultaban desagradables en el otro y llegaron, incluso, a redactar un documento con los aspectos que siempre debían tener presentes. Si bien el estudio era una prioridad para ellos, también se daban tiempo para disfrutar de salidas al cine, cenas y conversaciones interminables, en las cuales sentían que poseían en común un ideal de vida. Sus experiencias compartidas, ya sea en excursiones a las sierras de Córdoba o en campamentos con amigos fortalecieron aún más su vínculo. El tiempo que pasaron juntos antes de casarse fue enriquecedor e imprescindible, ya que les permitió desarrollar un entendimiento único y esencial en su matrimonio, algo que también ayudó a superar las adversidades que vendrían antes de lograr los primeros éxitos en la empresa.

Comprender la importancia del compañero de vida es esencial y, cuando esa relación se basa en el respeto, el apoyo mutuo y el disfrute compartido, ambos individuos pueden crecer al unísono. Esto es especialmente fructífero cuando se comparten objetivos, aspiraciones y los mismos valores con los que crecieron, los que, posteriormente, en la historia de Mauro e Ivanna, también definieron a las personas que se unirían al núcleo central de la futura empresa y que darían origen a su cultura. La sintonía en estos valores esenciales facilitó, más tarde, la ejecución de la filosofía corporativa y resultó crucial en momentos de dificultad, cuando surgían divergencias o desacuerdos. Estos conflictos fueron eficazmente gestionados gracias a la base de principios compartidos.

La historia de Ivanna Mandolesi y de Mauro Bono que hemos presentado nos permitirá ver cómo estos elementos esenciales trascendieron la esfera personal para influir en la cultura y en el éxito de la organización y cómo esto ayudó a moldear los elementos diferenciales que dieron origen a una molécula empresarial única.

Capítulo 2El camino del emprendimiento

La diferencia la marcan los que tienen sueños, pero más aún, los que los hacen realidad.Mauro Bono

Mauro encontró en Ivanna y su familia un equilibrio y una armonía que contrastaban con su propia realidad familiar, marcada por la separación de sus padres. Las tradiciones y los valores de la familia Mandolesi resonaron en él, quizás como un eco de sus propias raíces italianas. Ivanna le preguntó qué pensaba sobre sus planes después de la universidad y le dijo que no le parecía bien que, luego de estudiar Farmacia, volviera a trabajar en el negocio de su padre. Esta pregunta y esta reflexión lo hicieron reconsiderar su paradigma de seguir con el negocio familiar. Fue entonces cuando se dio cuenta de que ese camino no se alineaba con su visión y sus aspiraciones de vida. Así decidió sacrificar la seguridad económica inmediata para buscar su propia felicidad y la satisfacción de construir algo por sí mismo.

Mauro tenía interés por la ingeniería y la producción y no quería dispensar medicamentos. A pesar de la sugerencia de su madre de abrir una farmacia, su mente se había anclado rápidamente en la idea de la industria farmacéutica y, con esta aspiración ambiciosa, se animó a soñar en grande y pensó en construir su propio laboratorio de medicamentos.

Frente a la envergadura y al desafío que implicaba esta idea, demostró una determinación inquebrantable para cumplir su objetivo. Sabía que necesitaba asesoramiento, por lo que buscó la ayuda de su profesor Alberto Bertoni, quien –además– trabajaba como director técnico en un pequeño laboratorio farmacéutico. Bertoni se convertiría en un aliado en el camino de Mauro y, en cuestión de semanas, consiguieron organizar una pasantía no remunerada de tres meses en el laboratorio Rigó. Esta oportunidad representó su primera incursión en el sector farmacéutico y le permitió aprender de primera mano cómo funciona un laboratorio de producción de medicamentos. Además, este evento marcó un hito, ya que fue la primera vez que la Universidad Católica de Córdoba realizaba este tipo de prácticas profesionales.

Mauro se lanzó de lleno a su labor; equilibraba sus pasantías en el laboratorio con su práctica en el Hospital de Niños (requisito para terminar la carrera) y sus clases en la universidad. El esfuerzo por sostener un ritmo agotador se justificaba con el conocimiento y la experiencia que estaba adquiriendo. Estas vivencias fueron fundamentales, pues le permitieron combinar la teoría con la práctica y marcaron sus primeros pasos como emprendedor: comenzaba a tener más claridad sobre los elementos que lo acercaban a su sueño.

En el umbral de su graduación, su mente ya estaba centrada en el futuro. Mientras sus compañeros estaban concentrados en recibirse, él dirigía parte de su energía al proyecto que estaba ideando. Esto podría interpretarse como un “desajuste temporal”, pero, en realidad, es un rasgo característico de los emprendedores proactivos. Su amigo Mario Domínguez lo recuerda claramente: “Casi al terminar la facultad, mientras estábamos rindiendo un examen y nos faltaban pocas materias para la graduación, en medio de un parcial, Mauro hizo circular una encuesta sobre cómo debería llamarse su aspirina. Todos nosotros estábamos concentrados en aprobar el cuestionario, pero él ya estaba enfocado en una meta más grande y estaba viendo más allá”.

Mauro Bono (segundo de la fila) y, a su derecha, Mario Domínguez junto a otros compañeros de la facultad, durante las prácticas en el Hospital de Niños de Córdoba, Argentina. Septiembre de 1993

La visión de futuro, la tenacidad y la ambición de algo más grande estaban delineando su camino como emprendedor. No esperaba que las cosas llegaran a él, sino que se adelantaba y tomaba la iniciativa al poner en marcha las ideas que se le iban ocurriendo, las que le permitían percibir y entender el mundo desde una perspectiva diferente. Al compartir esa visión con otros, se generaban nuevas interacciones. Este proceso se convertiría en una forma de actuar constante a lo largo de la historia, que se transformaría en parte de la cultura organizacional, lo que llevó a la compañía a desafiar permanentemente los límites de lo que podía alcanzar.

Durante la pasantía, desarrolló numerosas ideas y adquirió conocimientos relacionados con las maquinarias, control de calidad, la fabricación de medicamentos, los antisépticos y los desinfectantes. En este proceso, identificó que estos dos últimos podrían ser una opción comercial viable si no podía iniciar la producción de fármacos rápidamente. Con esta idea, empezó a pensar en desarrollar una fórmula que resultó de la mezcla de un polímero soluble en agua con yodo libre, que, más tarde se convertiría en la IODOPOVIDONA FABOP, el primer producto exitoso del laboratorio: una solución acuosa antiséptica de uso local y sin efectos irritantes.

Manuscrito del desarrollo de la fórmula de IODOPOVIDONA FABOP. Córdoba, octubre de 1993

Durante aquellos meses, su mente era un auténtico manantial de ideas y, aunque muchas no pasaron de la etapa de conceptualización debido a diversas limitaciones, algunas perduraron durante años hasta que finalmente se hicieron realidad. Un claro ejemplo es MOTIONAL LAX, un producto recientemente lanzado cuya idea original, bajo el nombre de LAXAMIN, se remonta a 1993.