Nunca será un final - Mariano García Hernández - E-Book

Nunca será un final E-Book

Mariano García Hernández

0,0
1,49 €

oder
-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

Los números iridiscentes del reloj de la mesilla me dicen que no hace ni cinco minutos que lo había mirado. Me doy cuenta de que el tiempo es inversamente proporcional a la necesidad del que lo padece. -Pues yo quiero que estemos los tres juntos siempre -atronó mi voz intentando arrancar una sonrisa a mi amiga. Una risa estruendosa salió de su hedionda boca. Eliseo se arqueó hacia atrás sujetándose la barriga. -Veo que te lo tomas a broma, mi solitario amigo. -Verá usted, yo es que no sabía dónde ir a estas horas a buscar unos zapatos rojos que le gustan a mi mujer, bueno, a mi segunda esposa, y había pensado que a lo mejor aquí…, es que es muy caprichosa, sabe. Despierto cubierto de sudor, me incorporo. Ni rastro de mi chaqueta vaquera, ni de mis pantalones, ni de mi mochila, ni de mi Olympus. Me observo, calzo unas alpargatas de arpillera, una camisola blanca de algodón y unas calzas de lino a rayas marrones y rojas. Germán se quedó parado y sin palabras en el centro de la sala. Oía el chafardeo a su alrededor. Ajeno a todas las conversaciones. Hasta ajeno a su mujer. ¿Sería verdad lo que acababa de decirle su amigo?

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB

Veröffentlichungsjahr: 2019

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Mariano García Hernández

Imagen de portada: José Carril

Diseño de edición: Letrame Editorial.

ISBN: 978-84-17965-79-2

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

-

A Mario, responsable de que estas palabras vean la luz.

ILUSIONES

Doña Elvira se encontraba observando los últimos rayos de sol que entraban por el ventanal de su cuarto formando graciosas sombras en su regazo.

Estaba prisionera de su silla y de las escaleras.

Llevaba algunos días sin saber de su hija Claudia, no le importó. Pensó que estaría disfrutando, como le dijo antes de salir a examinarse, de las aguas turquesas de Formentera con el dinero ahorrado.

—Después del examen, mamá, me iré unos días a desconectar a la playa.

Claudia se presentó al MIR, después de varios años intentándolo, y confiaba en que esta convocatoria fuese la definitiva.

Doña Elvira ya veía a su hija obteniendo una de las cinco plazas ofertadas de neurocirugía, convirtiéndose en una de las más prestigiosas profesionales de la especialidad. Tendría su consulta en el Paseo de la Castellana. Su buen hacer, sus publicaciones y magníficos resultados en los quirófanos, traerían como consecuencia, reputación bien merecida, opinión reconocida y remunerada valía.

Doña Elvira contaba con que la ayudaría a cambiarse de casa, a una perfectamente adaptada a sus necesidades, tener asistencia personal, poder salir. Ya se veía comprando el pan y una blusa estampada con muchos colores.

Después de estar instaladas en la nueva casa, hasta que decidiese emanciparse, podrían pensar en adquirir una villa en Calpe para los días largos de invierno, a la falda del Peñón de Ifach, y poder observar, desde tan buena perspectiva, cómo las gaviotas daban la bienvenida a los barcos de pesca, cargados de gallinetas, boquerones, caballas, sardinas, cigalas y galeras.

En esas estaba cuando aulló el teléfono.

—¡Mamá!, no he aprobado.

DESEO

Allí estaba ella, apoyada sobre la mesa. Pensé que me estaba esperando, me acerqué con un lento caminar haciéndome el interesante. No obtuve respuesta.

Su silueta se dibujaba claramente sobre el amarillo maíz de la pared, proyectada por los traicioneros rayos del sol de la tarde.

La agarré de la manera más suave y vigorosa que supe para no ocasionarle ningún daño.

—Solo para mí —susurré para mis adentros.

Con los dedos temblorosos, como los de un adolescente en su primera cita, comencé a explorar su atuendo, deshice las ataduras que envolvían su cuerpo. Ante mí apareció lo que tanto tiempo llevaba anhelando, la acaricié como si no hubiera mañana, estaba deseando liberarla de ese obstáculo que me impedía seguir con mi propósito. Excarcelarla de sus ataduras, rescatar el contenido de su rigidez. Lo conseguí sin gran esfuerzo. Mi respiración se tornó ansiosa, mi corazón cabalgaba como Red Rum en el Grand National de 1997.

Con suaves movimientos penetrantes y giratorios, conseguí extraer el tapón de sus esencias después de tanto tiempo retenidas.

Extasiado con los jugos que destilaban de su cuerpo, me deleité saboreándolos.

El tiempo se había detenido, llegué hasta perder la conciencia de lo que me rodeaba. Entré en un estado de paz, sueño y satisfacción.

Cuando me recuperé, giré la cabeza hacia ella y volví a leer las palabras grabadas en su etiqueta:

VEGA SICILIA

Cosecha 1970 UNICO

Ribera del Duero

CAOS

Te escucho, pero no te veo, es incesante, eso es bueno, eso es malo, eso está bien, eso está mal. No juzgues, ni opines, solo observa y vive. Son incesantes los pensamientos, más de 76.000 al día para los budistas con su mono loco; me lo creo, mi mente no cesa, es un sin parar. De repente aparece Dña. tristeza o Dña. Alegría. ¿Dónde estáis? Sé que hay motivos para creer. Los descubrí; he aprendido a no juzgar, observar y vivir el momento, ya sé que solo existe el hoy. Búsqueda incesante, prejuicios, dolor, vida y personas desconocidas. Nuevos descubrimientos. Buscas y aprendes. Pones en práctica y aplicas los conocimientos. Sigues buscando más cosas nuevas, hasta que decides dejar de ser un buscador y convertirte en practicante. Aportas, das calma y enseñas, no por conocimientos quizás, pero sí por experiencia.

La cuenta calma, uno inhalas, dos exhalas, tres inhalas, cuatro exhalas, notas la mente que se calma, cinco inhalas, seis exhalas, siete inhalas, el oxígeno comienza a diluir los pensamientos, ocho exhalas, nueve inhalas, solo calma, diez exhalas. Paz, los dejas pasar, no juzgas, no criticas, solo observas. Ayuda al control y aparecen las palabras del maestro: el objetivo de la meditación no es el dejar la mente en blanco, sino la de erradicar los pensamientos negativos. Pero no es así…, el carro de la compra, la comida, la vecina impertinente, el cuñado pesado, el regalo para el lunes…, ¡ah, sí! Un par de patas de pulpo, las facturas…, los dejas y sigues. Uno inhalas, dos exhalas, la mirada hacia la punta de la nariz, la lengua al paladar, tres inhalas, cuatro exhalas. Solo los números y las respiraciones en el ordenador mental del que todavía no conoces del todo su funcionamiento, pero sabes que lo controlarás, solo se precisa un poco de esfuerzo. Termina la sesión, vuelves a la conciencia y entonces eres consciente.

Te vuelves terrenal, juzgas, criticas y haces valoraciones, pero no eres tú, sabes que es el ego. Eres algo más, eres creativo, eres generoso,te identificas con la Consciencia.

Todavía lo humano prevalece. Visualizas en la práctica.

Trabajas en el presente, para arreglar el pasado y así mejorar el futuro.

AUSENCIA

Han pasado 1145 días o 3 años, 1 mes y 19 días desde que te fuiste.

No sé si hoy es un día más o un día menos para vivir, o para reencontrarnos.

Los números iridiscentes del reloj de la mesilla me dicen que no hace ni cinco minutos que lo había mirado. Me doy cuenta que el tiempo es inversamente proporcional a la necesidad del que lo padece. Sigo teniendo esa opresión en el pecho que no me deja respirar cuando pienso en ti. Te echo de menos. Ahora entiendo que tuvieras que marcharte. Tenías que poner en práctica todo lo vivido y aprendido. Todo lo que tanto esfuerzo y sacrificio te costó.

¿Y un viaje sin final?

No he conseguido llenar el hueco y el vacío que dejaste. Tus palabras siempre me hacían bien, por muy disconformes que estuviéramos. Oír ese «te quiero, mamá», tu beso en el cuello cuando te acercabas por detrás. Escuchar tus pasos en la madrugada y entonces era el momento en el que mi corazón perdía su agitado ritmo y mi respiración se relajaba cuando volvías tarde los fines de semana. Tu olor me persigue por todos los rincones de la casa. Sí. Ese olor a recién duchado, ese olor a sudor después de hacer deporte, ese olor de recién levantado, ese olor a ti.

Me levanto de la cama, me dirijo hacia la cómoda y el mismo ritual de todos los días. Me beso el dedo corazón y acto seguido lo deposito sobre la nariz de tu fotografía. Con la intención de que allá donde quiera que te encuentres, lo recibas. Esa sonrisa impresa me persigue. Sé que estás bien. Sé que estás aprendiendo. Pero tan lejos. He enterrado tantos silencios en el olvido que estos no dejan de perseguirme. Mis pensamientos son como un corcho en un torrente. No consigo calmarlos. Tengo mis tormentas y hoy es una de ellas. Hoy cumples 23 y sin noticias. Me gustaría saber de ti. Ese viaje a lo desconocido. Ya me advertiste que iban a ser años duros. Que esperara ese contacto. No llega.

Hoy hace frío y así lo siento. Deambulo por la casa, tengo un día muy ocupado haciendo absolutamente nada por delante. Cuantas veces he maldecido el programa de la ESA para jóvenes astronautas.

Suena el teléfono. Descuelgo. Al otro lado escucho:

—Hola, mamá.

El teléfono se me cae de las manos.

LA ESTRELLA

Un día después de nuestra carrera nos llamó.

Yo la vi primero. Andrea la descubrió. No sabíamos cuánto tiempo llevaba allí. Esperándonos. Saludando para que la hiciéramos nuestra. Andrea observaba la estrella entre sus manos.

Yo miraba a Andrea.

La estrella nos contemplaba a los dos.

Cada tarde, sentados en el tercer escalón del porche de mi casa, porque Andrea no podía subir más, cuando el sol se disponía a irse a dormir por la línea que marca el final del día y sus tonos anaranjados se posaban sobre las piernas débiles de mi amiga, tocábamos nuestra estrella. Nuestra imaginación volaba. Calculábamos la distancia sideral que había recorrido para encontrarse con nosotros. Porque así había sido. Ella nos encontró por algo. No procedía del mar, si no de más allá de las galaxias.

Andrea con la estrella entre nosotros dos dijo:

—Vamos a pedir un deseo. Porque la estrella es luz y la luz es mágica.

Escuché sus palabras cargadas de ilusión. Pensé mi deseo. «Quiero que Andrea se ponga buena». Solo yo me oí.

—Me parece estupendo —dije—, ¿cuál es tu deseo Andrea?

—Quiero poder volar, que mis piernas maltrechas y mis brazos atrofiados se conviertan en alas —susurró con los ojos vidriosos y la mirada perdida hacia la línea del horizonte.

Un silencio inusitado se apoderó de nosotros.

—Pues yo quiero que estemos los tres juntos siempre —atronó mi voz intentando arrancar una sonrisa a mi amiga.

Andrea me miró y asintió con escaso entusiasmo. En sus ojos leí lo imposible de mi deseo.

El verano dejó paso al colegio. Nuestros encuentros se distanciaron. Seguíamos pensando que nuestra estrella nos guiaba.

En las fiestas de Navidad, Andrea caminaba con una muleta.

Me enfadé con la estrella.

Por Semana Santa, Andrea se ayudaba de un andador.

Intenté olvidar la estrella.

El día que nos dieron las vacaciones de verano, mi amiga me dijo: