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La terapia nos guía en un camino de búsqueda personal, muchas veces como el bastón en el que nos apoyamos para caminar en caminos hostiles, otras veces como la linterna que usamos para profundizar en espacios oscuros. Onda Expansiva es el reflejo de años de formación y trabajo clínico, profundizando en el cambio de paradigma. Haciendo foco en el Amor Propio como nuevo paradigma y la libertad como forma de vida.
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Seitenzahl: 183
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Variné, Juan Manuel
Onda expansiva. / Juan Manuel Variné – 1a ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: imprentadelibros.com, 2022.
180 páginas; 15 x 21 cm.
ISBN 978-987-8910-30-7
1. Reflexiones. 2. Desarrollo Personal. 3. Autoaprendizaje. I. Título
CDD 158.1
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ONDA EXPANSIVA
de Manuel Variné
©Manuel Variné
Todos los derechos reservados
©Obra de tapa: Carla Martínez
Impreso en IMPRENTADELIBROS.com
Olga Cossettini 1112 - 8F - Oficina 8F
[email protected] - 04510
+54 11 62438757
@imprentadlibros
1a edición: mayo 2022
No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito por el editor. Su infracción está penada por la ley
Impreso en Argentina / printed in Argentina
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723
ISBN 978-987-8910-30-7
Índice
Inicio
Procedencia
Paradigma De La CompetenciaHacer El QuiebreEmociones ¿Negativas?En Defensa De La CrisisEl Mix De La VidaDisruptivo
Mi Viejo YoTeoría Del VacíoDesmodelarse: En Busca De Un Camino PropioDe Amor Y De Tiempo“Esa Peligrosa Comodidad”Pluralidad
Duenxs De Una BúsquedaOtrxQuererArmonía, Ceder O IndividualidadDe Unx Para Unx: Otra Forma Del AmorExpansión
Dicotomía ComplementariaNaturalAlineadxsDisfrutarManu llega a mi vida mientras buscaba, como ojalá llegue este libro a sus manos: con un deseo consciente y necesario.
La primera vez que tuve una sesión con él fue en pleno inicio de una pandemia mundial, compartiendo techo con una amiga con la que decidimos pasar la cuarentena. Estaba, además de a punto de renunciar de un trabajo que detestaba, recién separada. Mi solidez emocional languidecía cada vez que amanecía y leía en la tele un graphic diferente con las palabras covid y muerte en la misma oración.
Hicimos una videollamada, algo bastante impensado para mi práctica habitual de análisis. A Manu lo vería una sola vez en vivo, pero sin dudas sentiría cierta familiaridad y fluidez desde el primer encuentro. La clase de intimidad que se teje cuando se habla con el corazón en la mano. Bastaron cuarenta minutos para comprender que acá no se trataba de terminologías o anotaciones, no iba a andar contando mi cartografía personal a amigos repitiendo el argot consagrado del psicoanálisis, las etiquetas, los pretextos dialécticos que tantas veces había absorbido de otros profesionales. Acá no me quedó otra que verme, que habitar ese espacio. Y aunque el ejercicio de oírse hablando sola es una fuente inagotable de conciencia, nunca me sentí sola. En eso se parecen mucho el tiempo con Manu y leer un libro: escuchás con más atención tus pensamientos y podés tolerarlos. Sí, puede que un libro no te cambie la vida, pero la terapia sí. Y un libro de Manu es un primer gran paso hacia esa vida.
Mercedes Romero Russo
Inicio
Me recibí de psicólogo hace diez años y al poco tiempo tuve mi primer paciente. Sin duda el consultorio fue, es y será para mí el espacio de trabajo por excelencia. Lo elijo, lo disfruto y siento que crezco en él. Si bien también me desempeñé como profesional fuera del consultorio, este siempre fue un ámbito que funcionó en simultáneo. No llevo la cuenta, pero son muchxs lxs pacientes que vi y veo desde esa primera consulta hasta hoy. A todxs ellxs les estoy muy agradecido por elegirme, por crecer conmigo, por recomendarme, por volver, por criticarme, por enojarse: por todo aquello que sucede en un proceso terapéutico y lo vuelve una experiencia transformadora. Para ellxs, para mí.
En determinado momento tuve la sensación de que lo que sucedía era tan rico que podía y debía hacer algo más. Decidí comenzar a convertir muchas impresiones, conclusiones, preguntas, reflexiones; en textos que fui subiendo a las redes sociales. Algo nuevo estaba empezando a suceder pero yo no lo sabía en ese momento. Nunca antes me había dedicado a escribir, es un hábito que descubrí de grande. En diferentes momentos lo había hecho a partir de algún texto o guión para teatro, pero fueron producciones mínimas y discontinuas. Empecé a adquirir cierta práctica con esos posteos. Lo hice de un modo que me resultó natural: teclear ideas con el estilo en que me expreso habitualmente. Soy alguien a quien siempre le gustó hablar, decir lo que piensa. Al hacerlo suelo recurrir a anécdotas o a ejemplos con una fuerte carga gráfica o visual. Aunque eso define mi forma de expresarme, no lo había llevado a la práctica de manera consciente en el campo profesional. Mi única intención era y es mostrar algo de lo que soy y qué hago como profesional, para conseguir de ese modo que a aquellxs a quienes les guste me elijan y puedan trabajar conmigo y yo con ellxs.
Lo que sucedió desde ese momento fue algo inesperado para mí. Por un lado por la cantidad de personas que fueron sumándose al perfil o las que llegan al consultorio o a los talleres luego de conocerlo. Por otro, porque muchxs me marcaban algo de lo que yo no era del todo consciente. Una frase se volvió recurrente: “tenés una forma de expresarte muy clara, cotidiana, simple”. Esa respuesta hizo que la idea de escribir algún posteo se volviera un aspecto central de mi trabajo. Llegó un momento en que el espacio de las redes empezó a quedarme chico. Fue ahí cuando apareció una chispita que rápidamente encontró el combustible para crecer: escribir un libro.
Empecé como comienza algo que no se sabe para dónde va, ni cómo va a ser; muy guiado por un deseo pero sin demasiados parámetros definidos. No había al comienzo mucho más que mis ganas de llegar a aquellxs que quieran o busquen cuestionarse tal como lo hago e invito a hacer y como planteo en cada una de las cosas que digo o escribo. Tuve reuniones y muchas charlas que me ayudaron a pensar y conocer ciertas cuestiones a considerar, lo que fue perfilando una orientación más concisa a ese impulso original. Llegado al tramo final del proceso, siento que este libro es un fiel reflejo de mi forma. Un proyecto que llega de manera natural, que transcurre de igual modo y que concluye en algo lindo y enriquecedor para mí. Ojalá también lo sea para ustedes.
Mi experiencia en el consultorio se refleja también en la estructura de este libro. Lo pensé y ordené del mismo modo que los procesos terapéuticos: de manera dinámica, en procura de mixturar la reflexión y la acción. Los cuatro momentos en que se estructura y los textos que los componen son en sí mismos la expresión de un proceso en el que la idea de movimiento es medular. Un impulso, un movimiento que fluye y modifica aquello que toca, una Onda expansiva de búsqueda y crecimiento. Por eso en cada segmento van a encontrar reflexiones que motoricen su propia búsqueda así como también ejercicios con los que trabajo y permiten dar espacio a las acciones. Si se hace la búsqueda solo desde una de las dos dimensiones del proceso, aparecerán límites muy concretos. Por el contrario, si se logra combinar reflexión y acción, se podrán franquear los obstáculos y llevar la búsqueda a otros niveles.
Lejos de pensar un método único o un programa a repetir sistemáticamente, pienso que una buena guía propone un camino posible, ayuda, organiza y permite enfocar la energía hacia un destino u objetivo determinado. Esa es mi idea del libro, esa es mi idea de una buena terapia. Si bien los procesos son individuales y personales, resulta de gran ayuda ordenar la búsqueda y reconocer de qué herramientas se dispone en cada momento.
Además de esos aprendizajes que dan forma y contenido a este libro, mi vida profesional me marcó también en otro sentido. En estos años me encontré con muchísimas personas que no comparten lo que digo o no se sienten interpeladxs por mi forma de hacerlo. Que esas personas me hayan manifestado sus impresiones significó también que pudiera enriquecerme con sus comentarios, problematizar parte de lo que hago desde esas observaciones . Está bien que así suceda, es natural, forma parte del proceso.
Aquí resulta importante marcar algo: me es imposible hablar o escribir incluyendo todas las posibilidades, todas las realidades que conforman en conjunto una realidad tan compleja como inabarcable. Por eso considero que tanto mi trabajo como mi perspectiva son producto de mi trabajo como profesional. Este libro es un reflejo de mi vida, mis experiencias y mis ideas. No es un compendio de supuestas verdades ni una receta para ser felices. Partiendo de esa premisa, intento pensar que algo de eso va a servirles, aunque sea mínimo.
Darle forma a este libro fue para mí una experiencia ardua y transformadora. El resultado, un recorrido que te invito a hacer conmigo. Confío en que su lectura te permitirá llevarte algo a vos también. Es hora de arrancar.
Gracias.
Procedencia
Paradigma de la competencia
Muchos de los espacios de descripción que se usan cotidianamente están pensados en términos dicotómicos. Se piensa en dos conceptos opuestos, se los enfrenta y se establece la característica o definición resultante. Por ejemplo, gordo y flaco. Si uno crece, el otro decrece. A medida que se engorda se es menos flaco. Esta dinámica, según la cual si un término aumenta el otro disminuye, produce una caracterización en pares de extremos competitivos.
La competencia es la base de esta lógica interpretativa. A partir de ella se plantean dos posiciones y una compite con la otra. Cuando una de ellas “gana”, aumenta. En consecuencia, la que “pierde” disminuye. Esta lógica determina una mecánica de acción medida por tres posiciones: EXTREMO POSITIVO, EXTREMO NEGATIVO O EQUILIBRIO. El extremo positivo es aquel que se considera que está bien y el negativo el que está mal. El equilibrio es la capacidad de funcionar lidiando con ambos polos. Como somos seres en constante movimiento, no se establece un lugar y se permanece en él. Por el contrario, la situación y el lugar donde unx se ubica puede variar en cualquier momento. Pensado así, mantener un equilibrio es un trabajo constante y alcanzar un extremo positivo es un desafío permanente.
Somos seres deseantes, regidxs por el deseo. El extremo positivo se reinventa cada vez que se lo alcanza o bien con el correr del tiempo y el cambio de prioridades. Así también el negativo. De este modo es imposible pensarse establecidx en un lugar. En lugar de ello, acontece una constante inestabilidad comparativa, que mantiene en una búsqueda atenta.
Tener presente un extremo positivo genera desafíos. Unx desea acercarse cada vez más a él, se trabaja por eso. Cuando se da un paso que acerca al objetivo, se viven emociones “positivas”. Pero el desafío no consiste solo en alcanzar un lugar, sino en sostenerlo. Por eso las emociones “positivas” no siempre duran demasiado. Aparece la preocupación, el miedo, la ansiedad, todas emociones relacionadas con sensaciones negativas ¿Por qué? Porque la chance de caer o acercarse a un extremo negativo está siempre presente. Quien tiene muchísimo, tiene el mismo miedo de perder que quien tiene poco. El equilibrio sirve como espacio de tranquilidad personal, pero también es un lugar que necesita ser sostenido.
La sensación que invade a quien vive establecidx en esta dinámica dual es de inestabilidad constante. Momentos más alegres en los que unx se siente cerca del extremo positivo o momentos tristes cuando lo positivo se aleja.
Cuando la descripción personal está basada en conceptos comparativos, la inestabilidad es moneda corriente. El estado de ánimo y las emociones fluctúan por diversos motivos. En este sistema de extremos, la emocionalidad muchas veces está marcada por lo imaginario. Los PENSAMIENTOS IMAGINARIOS son los que dominan las emociones o sensaciones sin ser reales. La competencia ubica en un estado de alerta constante y eso lleva a pensar de más. Es habitual especular con lo que pasa y con lo que puede suceder, preocuparse por opciones para hoy y mañana -aunque nadie pueda adelantarse a lo que va a pasar-. Las sensaciones dominan pero no siempre responden a situaciones reales, sino que muchas veces son respuestas a percepciones ficticias. En el caso de los extremos, muchas veces el miedo es producto de una situación irreal porque unx se encuentra en equilibrio o cierta estabilidad momentánea y el miedo aparece con solo pensar en que puede perderse en cualquier momento.
Otra característica de esta dinámica es que establece como prioridad EL RESULTADO. La búsqueda es estar bien hoy y mañana. Por ese motivo la “preocupación” es constante. Los momentos de alegría y tranquilidad son los menos frecuentes y predominan emociones consideradas negativas como ansiedad o miedo. Esto es producto de la competencia, de la necesidad de obtener un buen resultado. Así se pierde de vista la importancia del proceso, ya que solo se valora lo obtenido al final.
La dinámica en extremos posiciona en competencia y esta solo lleva a pensar en el resultado. Quienes lo hacen trabajan por él, accionan por él, viven por él. Quien juega un deporte para ganar, buscará estrategias para lograrlo. Los límites a los que llegue para hacerlo son personales, pero la estrategia será la guía. Quien practique una disciplina para divertirse, podrá moverse de manera natural, sin la presión de cumplir una estrategia o alcanzar un resultado. Lo mismo sucede con cosas mucho más profundas. Quien ame “para toda la vida” tendrá que llevar adelante una estrategia que permita alcanzar ese resultado. Quien simplemente ame, no tendrá que alcanzar ningún resultado, sino disfrutar lo que vive. Entonces, se comienza a entender que la búsqueda de resultado lleva a trabajar por eso. Se trata de generar una estrategia o plan. En otras palabras, supone PERDER LIBERTAD.
¿Y si se rompe con la idea de vivir compitiendo entre dos extremos? ¿Cómo hacerlo? Este es uno de los cambios más claros y significativos de los últimos años. Se trata de una modificación que comienza en lo personal. Cada unx lo vive diferente pero cuando se traslada al plano de lo social, existen distintas visiones o maneras de definirse o describirse. En ellas ya no hay extremos ni comparación. Ya no hay competencia.
Muchos de los estereotipos o parámetros sociales aún vigentes están referenciados en la competencia y la mirada en extremos. Por ese motivo, el cambio no es algo rápido y sencillo. Cada unx es el cambio en sí mismo pero conlleva un período de tiempo más extenso cuando se trata de una transformación de dimensiones socioculturales.
La tranquilidad en las generaciones anteriores estaba dada por descripciones fijas, conceptos limitantes y parámetros marcados. Hombre o mujer. Flacx o gordx. Jefe o empleadx. Feliz o triste. Todo era concebido en extremos opuestos. Aún hoy muchxs mantienen esa mirada, por ese motivo aún cuesta el cambio macro.
Sin embargo, las nuevas generaciones cuentan con canales novedosos para informarse y eso ayuda a que puedan acceder a información en cantidad y variedad. Por eso desde las bases extienden su búsqueda. Su curiosidad no encuentra los límites que encontraban las generaciones anteriores. La apertura es natural y lógica, porque las generaciones anteriores experimentaron cosas y las plasmaron en información que hoy la nueva generación toma como base para construir-se desde ahí.
El término que mejor expresa la ruptura del viejo paradigma de la competencia es el de LIBERTAD. Ella es la base del nuevo marco y la competencia no es compatible con esa noción. Quien se siente libre no necesita marco interpretativo que lo tranquilice, es su libertad la que brinda sosiego. Por eso la descripción basada en extremos opuestos pierde sentido. Cada unx se preocupa por poder encontrarse en una forma de ser, actuar y crecer que le sirva y lo haga sentir bien. Desde ahí la libertad manda y no se necesita un marco inflexible que tranquilice. No SE ES en relación a unx “otrx”. No SE ES en virtud de una referencia comparativa. No SE ES entre dos polos opuestos. Simplemente SE ES. Esa es la libertad.
Antes la tranquilidad se encontraba en el concepto que describía a cada unx. SER pasaba por tener una cantidad de nociones claras que definían lo que alguien ES. Cuanto más tiempo se sostenía esa descripción, mayor la tranquilidad que brindaba. Así también, el mandato de cumplir con “lo que se debe ser” según la edad o según lo que la sociedad entiende como lógico o normal.
La información que obtenía la generación previa a internet era la información que nos daban quienes teníamos cerca. Si a nuestrxs mapadres les gustaba el rock, durante muchos años íbamos a pasar nuestros días escuchando rock. Esto no impedía que al crecer se buscara un gusto musical propio, pero toda la información recibida en la primera infancia, la infancia y parte de la adolescencia; iba a estar presente, instalada y se trabajaría por romper con ese esquema. En muchas ocasiones no era una bajada de información consciente, pero siempre era una marca, una influencia limitada a lo que lxs adultxs que nos rodeaban habían vivido, les gustaba, elegían y querían transmitir a las generaciones jóvenes. Esa información condicionaba los primeros años y cualquier cambio posterior implicaba romper con algo aprendido y hacer lugar a lo nuevo. Aunque no se lo quiera de ese modo, romper con algo supone un proceso de trabajo con emociones cruzadas. Esto significa libertad, pero de un tipo particular. Como una decisión, una búsqueda, un trabajo.
Quienes nacen en un espacio de libertad y viven desde entonces con márgenes flexibles, no necesitan romper con algo aprendido. Simplemente aprenden desde su libertad, el aprendizaje es propio. Si a esto se le suma la capacidad de nutrirse de cosas nuevas, es sin duda un panorama que se vuelve amplio, libre y con información. Lo aprendido va a tener mucho más que ver con una búsqueda personal que con la respuesta a esquemas heredados.
Desde la psicología es imposible pensarse a unx mismx como un ser plenamente libre y sin ningún condicionamiento aprendido o heredado. Llamo heredado a aquellos comportamientos que adquirimos en nuestra infancia que vienen ligados a formas o acciones de aquellxs adultxs que ocupan roles significativos. Comportamientos que pueden tener carga genética o comportamientos adquiridos por imitación. Pero está claro que quienes crecen con márgenes mayores de libertad no necesitan definiciones limitantes para describirse o SER.
Pensarnos libres implica, entonces, perder de vista la referencia competitiva de dos extremos para lograr así la libertad para ser quien quiero ser, con una referencia individual, personal, propia. El paradigma de la competencia nos encerraba entre dos márgenes, esto no es libre y la referencia es externa, impuesta.
Hacer el quiebre
Muchas veces construimos muros sobre las emociones y en cada uno de ellos existe un guardia de seguridad. Estos centinelas intentan que unx no llegue al centro, a la emoción o sentimiento real. Por eso distraen y conforman con una idea o sensación errónea. Podrían pensarse como sustitutos o apariencias que, convertidas en capas, deberían ser peladas para llegar al centro y reconocer qué hay debajo. Uno de esos sucedáneos es “LA FIACA”. Esta sensación -también llamada pereza, desgano, paja- es frecuente y cuando aparece funciona como una traba efectiva: unx se queda con eso y no explora qué hay debajo. El “no tengo ganas” o el “uh qué paja” reemplazan la voluntad de moverse. La traba o capa se vuelve así eficaz. El guardia cumple su objetivo. Unx se frena y no profundiza.
Digo que este mecanismo supone una trampa porque no se presenta ofensivo a priori. Se trata de capas invisibles que parecen simples y amigables. Como consecuencia de esa fiaca se frena la idea o impulso y a simple vista no parece algo dañino. Se presenta bajo la forma inofensiva del “no tengo ganas, no lo hago”. Sin embargo, es así como se puede estar escondiendo una emoción profunda diferente que no permite avanzar ¿Avanzar? ¿Hacia dónde? Lanzarse hacia el camino de la libertad. Darse la posibilidad de sacarse de encima aquellas emocionalidades erróneas o que hoy no representan a unx. Burlarse de los guardias.
Muchas de las “distracciones” a las que se responden están previamente pensadas, por unx o por alguien más. La fiaca es, por ejemplo, quedarse tiradx en una cama o sillón scrolleando en el celular una red social en vez de realizar alguna actividad que genere una devolución mayor.
Pero entonces ¿la fiaca está mal? Por supuesto que no. Muchas veces es parte de un descanso necesario y es ahí cuando está bien. Lo que se torna problemático es que se convierta en la primera opción ante cada iniciativa.
Un término que se vincula directamente con la fiaca es el ocio. Este puede dividirse en PRODUCTIVO y NO PRODUCTIVO. El ocio productivo se refiere a las tareas que dejan algo a quien la realiza. Que producen un efecto, que modifican. Es una noción amplia, sin duda, cada unx tendrá que pensarlo en su propia vida o sus propias formas. Por su parte, la fiaca lleva a hacer cosas no productivas y es así como se vuelve una trampa: un lugar cómodo pero que no genera absolutamente nada. Desde el desarrollo psíquico, la pereza y las tareas no productivas son inertes. Del mismo modo sucede con la emocionalidad propia. Unx permanece estancadx en el mismo lugar siempre, por lo que se convierte en una forma de representación de la zona de confort, ese estadío que no molesta pero que no genera algo bueno o nuevo. Si se sostiene en el tiempo y llega a situaciones extremas, aparece la incomodidad. Entonces sucede que se reacciona cuando la zona de confort comienza a molestar. Para el momento en que se llega a esa circunstancia ya se dejó pasar mucho tiempo. Luego se quiere reaccionar o cambiarlo de manera abrupta.
Una pequeña Historia
