Orar con música - Rafael Arce Gargollo - E-Book

Orar con música E-Book

Rafael Arce Gargollo

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Beschreibung

El mundo amplísimo de la oración cristiana ha animado a decenas de autores a explicar este tema central en la fe cristiana. A esto ha contribuido notablemente, en la historia de la música, clásica en su mayoría, como medio para facilitar a las personas a que oren de otra forma. Conocer esas obras y oírlas simultáneamente mientras se reza puede ser un camino muy válido hoy. La finalidad muy importante de orar con música es dar a conocer y promover ampliamente las riquezas de varios repertorios musicales. Concretamente se ofrecen 120 fragmentos de música sacra, con los textos correspondientes, con la facilidad tecnológica para oírlos desde Spotify. En la primera parte se explica cómo y por qué la música puede ayudar a orar. En la segunda se incluye una selección de obras de música sacra, con un breve comentario para que los lectores recen mientras escuchan la música que se ha compuesto expresamente para esa oración o himno.

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Seitenzahl: 118

Veröffentlichungsjahr: 2021

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CON MÚSICA

ORAR

Editorial Notas Universitarias, S. A. de C. V.

Xocotla 17, Tlalpan Centro, Tlalpan, Ciudad de México, C. P. 014000

www.editorialnun.com.mx

Reservados todos los derechos. Ni en su totalidad ni parte de esta publicación pueden reproducirse, registrarse o transmitirse, por un sistema de recuperación de información, por ningún medio o forma, sea electrónico, mecánico, foto-químico, magnético o electro-óptico, fotocopia, grabación o cualquier otro sin permiso por escrito del editor.

© Rafael Arce Gargollo, 2020

© Editorial Notas Universitarias, S.A de C.V., 2020

ISBN: 978-607-98572-7-1

Dirección editorial y diseño de interiores: Miryam Meza Robles

Editor y corrector de estilo: Felipe G. Sierra Beamonte

Formación: Shaila Torres Chagolla

Diseño de forros: Magdalena Álvarez Alpízar

Versión digital: Alejandro Ramírez Monroy

Fotografía de portada: Designed by drobotdean / Freepik

Catalogación de obra

Arce Gargollo, Rafael

Orar con música

1a. edición española, febrero 2016

2a. edición española, mayo 2016

1a. edición mexicana, 2020

Versión impresa ISBN: 978-607-98572-6-4

Versión digital ISBN: 978-607-98572-7-1

Editorial Notas Universitarias, S. a. deC. v.

Formato versión impresa: 15 × 23 cm

198 pp.

Rafael Arce Gargollo

CON MÚSICA

ORAR

Rafael Arce Gargollo

Ciudad de México (1957).

Licenciado en Derecho

y Doctor en Teología.

Ordenado sacerdote en Roma

en 1982, trabaja actualmente en

la Ciudad de México.

Es profesor y capellán universitario.

Se ha especializado en Temas de Antropología Teológica, Liturgia,

Teología Espiritual y Pastoral

de Matrimonio.

Aficionado siempre a la buena

música, se ha especializado en

Música Sacra y asesoramiento de

coros para celebraciones litúrgicas.

[email protected]

¿Qué es la música?

Es la resonancia del cielo en la tierra,

el eco del paraíso en nuestro exilio.

La música suministra voces

y acompañamiento

para la oración de los mortales.

La música misma es oración.

José María Cabodevilla

En una cultura alérgica a las pretensiones de verdad,

y que se resiste a los dictados morales sobre el bien,

la belleza sigue teniendo eco, y marca el punto de partida

para una evangelización atractiva.

Robert Barron

Este libro es una contribución original y útil para quien quiera profundizar en el valor extraordinario de la música

en la oración y en la evangelización.

Marco Frisina

Compositor italiano de Música Sacra

El autor ha hecho una cuidadosa selección de muchasobras musicales.

Se trata de una obra muy seria, con música de calidad.

Y, además, es música para todos. Es un libro para creyentes y

no creyentes. Realmente es de agradecer que haya un libro como éste para quienes nos dedicamos profesionalmentea la música.

Borja Quintas Melero

Director de la Orquesta Sinfónica y

Coro de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ)

Director del Teatro Russkaya Ópera de Moscú.

CÓMO ESCUCHAR ESTE LIBRO

PRIMERA PARTE

El efecto transformador de la música 13

Ruidos y música 14

¿Puede la música conectarme con Dios? 16

¿Por qué la música puede enseñarme a orar? 17

Personas que han conectado con Dios (han hecho link)

a través de la música 18

El tercer camino 22

Entonces, ¿se puede orar con música? 23

SEGUNDA PARTE

1ORAR PROFESANDO LA PROPIA FE 29

2ADORAR AL PADRE, AL HIJO Y AL ESPÍRITU SANTO 35

3ORAR A DIOS PADRE 39

4ORAR A JESUCRISTO 43

5ORAR AL ESPÍRITU SANTO 57

6CANTAR PARA ALABAR Y DAR GRACIAS A DIOS 67

7ORAR ANTE LA EUCARISTÍA 85

8ORAR A MARÍA 109

9CANTAR CON LOS ÁNGELES 123

10 ORAR EN NAVIDAD 129

11ORAR EN LA CUARESMA Y PIDIENDO PERDÓN 141

12ORAR EN SEMANA SANTA 151

13 ORAR EN PASCUA 157

14CANTOS PARA EL FINAL DE LA VIDA 165

15CANTOS PARA CELEBRAR LA MUERTE CRISTIANA 179

PLAYLIST191

CÓMO ESCUCHAR ESTE LIBRO

Te sugiero que comiences a leer la primera parte del libro, por-que así entenderás y aprovecharás mejor la segunda parte.

Se ha de descargar la aplicación Spotifyen tu dispositivo móvil (celular, tableta) y suscribirte, de preferencia, a la versión Pre-mium, así accederás de manera fácil, y sin interrupciones a todos los fragmentos musicales que se anuncian en la segunda parte del libro.

¿Cómo oír cualquiera de los fragmentos de la Play list?

a) Primero, estar conectado a internet.

b) cuando en el texto, a la derecha del título de una pieza musi-cal, veas un signo QRbasta tocarlo suavemente con el dedo y de inmediato se accionará la liga.

c) una vez que comience a oírse, puedes volver al texto del li-bro y leer, al mismo tiempo, la letra correspondiente en cas-tellano o en su idioma original.

Fíjate bien lo que dice el texto y comprueba cómo se puede rezar escuchando estos cantos, haciéndolos tuyos, y podrán inspirar tu propia oración.

Te recomiendo que utilices siempre auricularespara disfrutar al máximo cada composición musical y concentrarte al orar con ellas.

PRIMERA

PARTE

13

El efecto transformador de la música

Es real. Sucedió en un jardín de niños al medio día. La maestra ex-clama: “¡Ahora, la clase de música!” Los niños, como cada semana, se recuestan en la alfombra para atender la lección…

Y añade: “¡A cerrar sus ojitos! ¡Pongan mucha atención en esta pieza musical!”

En las cuatro bocinas distribuidas en el salón se escucha la versión coral de Juan Sebastián Bach (1685-1750), Jesu, Joy Of Man’s Desiring, de la Cantata BWV 147: “Jesús, alegría de los hom-bres”, que ha sido inmortalizada en numerosas versiones (las pue-des encontrar en YouTube y otras plataformas).

Al terminar la música la maestra indica: “¡Abran sus ojos!” Todos lo hacen y comienzan a levantarse. Un niño, inmóvil, sigue recostado y deja ver su rostro bañado en lágrimas. Ella se acerca alarmada: “¿Qué te pasa?” “No sé”, contesta él, emocionado.

¿Qué es lo que habían oído los niños? Esto:

Lo más probable es que aquel niño con los ojos llorosos gozó de su primera experiencia estética; aquella música sublime le enseñó algoinvisible: nuevas sensaciones vibraron dentro de él y sus sentimientos conectaron con nostalgias profundas, ansias de bien y de verdad, o de infinito… o de Dios. No sabemos. Lo segu-ro es que a esa semilla sembrada en ese niño se sumarán miles y, sin duda, darán fruto a su tiempo. Algo grande ha pasado en su interior. Se ha abierto a un mundo nuevo.

Así es la música. La buena música, la llamada “clásica”, es como el firmamento: descubres una estrella y a su lado otras más brillantes aún… y otra más y mejor que la anterior. Detrás o al lado de una gran obra musical encuentras otra que también es magnífica o superior. Pablo Casals, uno de los más grandes che-listas del siglo xx, decía poco antes de morir que “la humanidad todavía no sabe lo que tiene al poseer el don de la música”.

14

Ruidos y música

¿Has reflexionado, alguna vez, en cuál es la razón por la que nues-tros ojos tienen párpados? Es que así podamos cerrarlos, descan-sar durmiendo, o bien, impedir ver lo que no deseamos.

Los oídos, en cambio, no pueden cerrarse. Están invaria-blemente abiertos.

Siempre estamos oyendo, querámoslo o no, también los ruidos que no nos dejan descansar. Todo el día nos llegan del exterior voces, gritos, motores de autos, cláxones… y también voces suaves, tiernas de niños o graves de adultos, mil tonos: agudos, desafinados, agradables o irritantes, con mucho o poco volumen.

No podemos dejar de oír. Los oídos están desprotegidos; sus vibraciones afectan nuestro interior, y hasta los sonidos agu-dos y repetitivos nos exasperan. Nos agota el ruido, pero la músi-ca, no.

¿Sabías que todo lo que oyes provoca al menos una míni-ma conmoción en tu ser? Lo que escuchas te gusta o te molesta, te emociona, te afecta, te anima o desanima, te hace estar eufóri-co incluso o te entristece al recordar sucesos o personas.

Si escuchas una música bella mientras realizas un trabajo manual, eso estimula tu ánimo. Cuando alguien cocina un pastel, si oye al mismo tiempo una alegre Sonata de piano de Mozart, se le facilita su creatividad en la repostería. Y, como éstos, hay dece-nas de ejemplos.

Se ha estudiado mucho el impacto educativo de la músi-ca en la formación de las personas y en la transformación del áni-mo y de las actitudes. Así lo explican, entre otros, Anthony Storr1y Alfonso López Quintás.2

Es inconmensurable el poder del sonido para transfor-mar nuestras vidas. Y cuando escuchamos música, mucho más, no sólo porque lo que oyes te deleita o no, sino porque evoca “algo más” dentro de ti. Muchas personas, al oír un tema musical tienen el vivo recuerdo de su madre cuando lo cantaba, o de su padre tocando el violín… o a la novia de años atrás; algún suceso

1 Anthony Storr, La música y la mente, Booket, 2020.

2 Alfonso López Quintás,La cultura y el sentido de la vida, Rialp, 2003.

15

antiguo se hace presente hoy, con gran fuerza, gracias a una me-lodía. Siempre existe una reacción sensible.

A veces puede suceder algo singular: oyendo música, co-nectamos con emociones y poseemos una mayor conciencia de nosotros mismos; es una experiencia íntima. En ocasiones, una canción o el “solo” de un instrumento describe fielmente lo que estamos sintiendoy no sabemos cómo explicarlo. Si un amigo, por ejemplo, comparte contigo una pieza musical le da vida a es-tas palabras: “Te daría el regalo de la música para que pudieses conocer tu propia alma” (Betty Kingsley Hawkins).

Esto no es nuevo. La música existe desde que el ser hu-mano habita en el planeta. En todas las culturas, la música ha sido parte inseparable de una boda, de un funeral, de una fiesta y también de ceremonias para los dioses o de preparativos para la guerra. Y no digamos para expresar sentimientos: alegría, pena, desolación… La música posee mil facetas. Gracias a ella, los ena-morados expresan mejor su cariño, cuando ella le dice a él: “Dí-melo cantando”; serenatas, juglares, cantores, coros… un sinfín de voces humanas han conseguido plasmar los sentimientos de su corazón, o los de otras personas, “pintándolos” con notas mu-sicales.

A través de sus sinfonías, Beethoven (1770-1827) —como cientos de compositores— expresó esos sentimientos profundos que conectan con el hombre de ayer, hoy y siempre. Giuseppe Verdi (1813-1901) proclamó a la perfección, con su música, las an-sias de libertad de los italianos ante el invasor austriaco, logrando la unidad moral del pueblo haciéndole cantar, hasta el día de hoy, Va pensiero(Vuela pensamiento), narración del exilio hebreo en Babilonia y su nostalgia por la tierra natal.

Otros músicos han dispuesto sus notas al servicio de la oración, traduciéndola en un pentagrama, así como tantos pin-tores o escultores dejaron obras maestras con su propio estilo, expresando cómo entendían ellos a Jesucristo —vivo, muerto o resucitado— o a su madre, María.

En la Grecia antigua la música surgió con los dioses, quie-nes observaban los cambios interiores que producía en los escu-chas: alegría, tristeza, serenidad… No es raro. Si la música “aman-sa a las fieras” —según el dicho popular—, cuánto puede ayudar para transformar el corazón. Aristóteles (384-322 a.C.) revela:

16

“Mediante la música, un hombre se llega a acostumbrar a sentir las emociones adecuadas”. Es como respirar a través de nuestros oídos; quien oye está vivo. De ahí que, cuando escuchas la música que te encanta, estás oyéndote a ti mismo.

En resumen, la música nos conduce a un mundo interior de emociones, cambia nuestro ánimo, nos traslada a otros mun-dos, estimula con su energía, nos descansa y proporciona paz, sosiego, luego de una tormenta de tensiones, o de la pesadez del propio yo.

¿Puede la música conectarme con Dios?

La música que, a lo largo de los últimos diez siglos, se ha com-puesto para hablar con Dios, puede ser una experiencia estética única; la experiencia es análoga a la de inspirarte en cientos de poesías y cantos de amor para expresar lo mejor posible tus sen-timientos a alguien que amas.

Existe música compuesta sólo para Dios. Dejando a un lado a todas las creencias y sus cantos espirituales, la fe cristiana se ha expresado siempre musicalmente.

Cuánto debe el arte al cristianismo que ha inspirado a in-contables pintores, arquitectos, escultores, escritores, poetas. Sin él, las bibliotecas, las calles, los museos estarían vacíos; habría, desde luego, menos belleza en el mundo. En el caso de la música para hablar con Dios (música sacra), existen centenares de obras con notas sublimes que nos elevan para hablar con Él, cantando.

Durante veinte siglos, la música sacra ha expresado “mo-dos de rezar” y dar vida a lo que san Agustín (354-430) intuyó ma-gistralmente: “Quien canta, reza dos veces”.

No es que Dios “necesite” de nuestras palabras y cantos. Somos nosotros los beneficiados, ya que “por la alabanza divina el hombre se eleva a Dios”.3Salimos ganando, pues, mientras más nos elevamos a lo trascendente, más nos acercamos a Él y nos alejamos de aquello que le es contrario.

Todo arte auténtico provoca al menos una pequeña sacu-dida emotiva y saludable que nos permite salir de nosotros mis-

3 SantoTomás de Aquino, Suma teológica, q91a1 resp.

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mos (“éxtasis”) y nos “entusiasma”, en el sentido propio y etimoló-gico del término tener a Dios dentro, estar en Dios, arrebato, éxtasis, salir de síy nos atrae hacia otro ámbito distinto, más elevado.

Lo auténticamente bello es la flecha