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Oscar Wilde es, ante todo, un personaje irrepetible que no pasa desapercibido. Este dandi ingenioso y rebosante de humor, para el que la belleza se sitúa por encima de todo y que profesa un amor inconmensurable al arte por el arte, cultiva todos los géneros. Sin embargo, es su única novela,
El retrato de Dorian Gray, considerada obra maestra de la literatura universal, la que se convierte en un mito y en el símbolo de la duplicidad humana y del sueño de la eterna juventud.
En tan solo 50 minutos te invitamos a descubrir:
• La vida del autor irlandés, que se mueve en los ambientes burgueses de Inglaterra y París hasta acabar siendo encarcelado en la prisión de Reading acusado de homosexualidad
• El contexto en el que se desarrolla la vida y obra de Oscar Wilde, en una Inglaterra victoriana de la que critica con sutileza su hipocresía y su apego a las buenas costumbres
• Las características de algunas de sus obras principales, como
La importancia de llamarse Ernesto, Salomé o
El retrato de Dorian Gray
SOBRE 50MINUTOS.ES | Arte y literatura
50MINUTOS.ES te invita a profundizar en el mundo del arte, para que te conviertas en un experto y lo sepas todo sobre la vida y obra de artistas de la talla de Francisco de Goya o Jan van Eyck y de célebres escritores como Albert Camus o Miguel de Cervantes, además de permitirte explorar grandes movimientos literarios que han transformado el universo cultural, como el romanticismo o el simbolismo.
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Seitenzahl: 40
Veröffentlichungsjahr: 2017
Existen pocos personajes tan fascinantes como el irlandés Oscar Wilde. Vamos a dibujar su retrato en unos pocos trazos. Marco: la Inglaterra victoriana de finales del siglo XIX. Decorado: una sala de reuniones de la alta burguesía. Ahí encontraríamos al dandi, vestido de manera impecable y siendo el centro de todas las miradas. Wilde, que se proclama a sí mismo «profesor de estética» (Wilde 2007, prólogo), lanza contra quien quiera oírlo mordaces aforismos sobre el arte, la moral y la belleza. Sin embargo, este brillante charlatán ávido de celebridad no es tan superficial como podríamos pensar, y tras esa máscara de vanidad surge un verdadero filósofo y, sobre todo, un brillante escritor.
El esteta, defensor del arte por el arte, se revela en la práctica un crítico pertinente, conocedor de la producción artística de su tiempo; la verdadera personalidad del dandi nos muestra un poeta exigente que busca la belleza en todas las cosas; el filósofo, por su parte, expresa su concepción de la vida en sus ensayos; el narrador expresa su imaginación fértil y rebosante de curiosidad en varios cuentos y una novela y, finalmente, Wilde, como verdadero maestro de la palabra, se expresa plenamente en su papel de dramaturgo de éxito. De manera general, ya sea como crítico, poeta, ensayista, narrador, novelista o dramaturgo, su inteligencia y su refinamiento irrumpen en cada página de su obra como un espectáculo de fuegos artificiales. Porque Wilde nunca es aburrido y se lee, por encima de todo, por placer. Su escritura, llena de humor y de erudición, ligera sin caer en la futilidad, es profunda por exceso de superficialidad y llega a lo universal por vías frívolas. A todo ello se le suma una chispa de provocación que aún a día de hoy sigue llenando de encanto sus textos.
Sin embargo, aunque en su época algunos le adulan, el escritor también sufre la injuria de aquellos que le consideran inmoral. Tras este hombre respetable se esconde un paria que las conciencias puritanas tachan de libertino y de perverso, antes de condenarle a dos años de cárcel y al olvido. ¿Su crimen? Ser homosexual.
Oscar Wilde nace en Irlanda, que se encuentra bajo dominio británico desde el siglo XVI y que forma parte del Reino Unido desde el Acta de Unión de 1800. Pero a finales del siglo XIX los movimientos independistas ganan fuerza, deseosos de ver cómo se aplica el Home Rule, un tratado que le concede la autonomía al país. No obstante, habrá que esperar hasta 1921 para que este entre en vigor.
En esa época, el Imperio británico se encuentra en su apogeo. La política está marcada por los mandatos de los primeros ministros William Ewart Gladstone (1809-1898) y Benjamín Disraeli (1804-1881), pero la figura emblemática del momento es sin duda alguna la reina Victoria (1819-1901), que gobierna el país de 1837 a 1901 y a la que la época victoriana debe su nombre. Bajo su régimen, el poder militar y comercial del Reino Unido es tal que domina el mundo entero, extendiendo sus colonias por el subcontinente indio, Canadá, África y Australia. La fuerza económica del país es tanta que atraviesa con un crecimiento positivo la Gran Depresión (1873-1896), una crisis económica de alcance mundial. Además, logra imponer su práctica de comercio libre en una época en la que el proteccionismo reina en las otras zonas de Occidente. En esto tiene mucho que ver su avanzado desarrollo en materia tecnológica e industrial.
En esta época, el país y especialmente Londres, su capital, adopta la imagen que conocemos hoy en día. El barco de vapor y las vías férreas transforman tanto las costumbres de la sociedad como el paisaje. Durante este período de urbanización frenética se construyen el Big Ben (1859), el metro londinense (1863), el Royal Albert Hall (1871) o el Tower Bridge (1897). Al mismo tiempo, la población se multiplica y la capital británica se convierte en la ciudad más poblada del mundo, además de en la más moderna gracias a los recientes progresos de la electricidad, la telefonía, el automóvil y el cine.
