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Paquimé es uno de los sitios arqueológicos más importantes de México gracias a sus significativas construcciones, reflejo del enorme ingenio de sus arquitectos. La ciudad se asentó en medio del desierto de Chihuahua, donde el clima extremoso sometía a prueba diaria el amor de sus habitantes por su tierra. La autora reconstruye la vida social, económica y cultural. En esta obra queda claro lo que hace a esta ciudad tan particular con respecto a las demás ciudades clásicas: su gobierno, su jurisdicción, pero sobre todo su arquitectura que, para algunos es comparable, por los desafíos que debía resolver, con los arquitectura romana.
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Seitenzahl: 123
Veröffentlichungsjahr: 2012
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SECCIÓN DE OBRAS DE HISTORIA Fideicomiso Historia de las AméricasSerie Ciudades
Coordinada por ALICIA HERNÁNDEZ CHÁVEZ y EDUARDO MATOS MOCTEZUMA
Paquimé
El hombre guacamaya
(Di Peso, 1974, vol. 2, fig. 302-2; cortesía de
The Amerind Foundation, Inc., Dragoon, Arizona).
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA EL COLEGIO DE MÉXICO FIDEICOMISO HISTORIA DE LAS AMÉRICAS
Primera edición, 2008 Primera edición electrónica, 2016
Fotografía de la portada: Panorámica aérea de una sección de la ciudad de Paquimé; © fotografía de Michael Calderwood.
D. R. © 2008, Fideicomiso Historia de las Américas D. R. © 2008, El Colegio de México Camino al Ajusco, 20; 10740 México, D. F.
D. R. © 2008, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México
Comentarios:[email protected] Tel. (55) 5227-4672
Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc., son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicanas e internacionales del copyright o derecho de autor.
ISBN 978-607-16-4029-1 (ePub)
Hecho en México - Made in Mexico
Presentación
Reconocimientos
Introducción
1. Caracterización y regionalización: el panorama cultural y geográfico
2. Historia general del Noroeste
3. Importancia de la agricultura
4. La región Mogollón
5. Paquimé
I. Desarrollo histórico de Paquimé. La cronología
1. Sitios contemporáneos al Periodo Medio de Paquimé
II. El Periodo Viejo. El tiempo de las aldeas de casas-foso
1. El antecedente de Paquimé (700-1200)
2. Ecología, subsistencia
3. Organización social y comercio
4. Arquitectura
5. Periodo Viejo y Mesoamérica
III. El Periodo Medio. El tiempo de los pueblos ancestrales (1200-±1450)
1. La ciudad de Paquimé
a) Ecología
b) Los cultivos
c) Comercio
d) Arquitectura
e) Paquimé: descripción general del poblado
f) El sistema de obtención y distribución del agua
g) Los sistemas constructivos
h) Cronología interna
i) Las unidades residenciales durante la Fase Paquimé
j) Las unidades ceremoniales
k) Comparación entre la arquitectura de Paquimé, Mesoamérica y los grupos Anasazi y Mogollón
l) Caminos y sistemas de defensa y comunicación
m) La visión del mundo
n) Los iconos mesoamericanos en Paquimé
ñ) Organización social y política
o) El fin de la ciudad
2. El Señorío de Paquimé
3. El ocaso
Conclusión. A manera de síntesis
Bibliografía
LA COLABORACIÓN ENTRE EL FIDEICOMISO HISTORIA DE LAS AMÉricas de El Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica cumple en 2008 quince años de existencia. Respaldan su trayectoria editorial 73 títulos, varias reimpresiones y la colaboración de más de un centenar de académicos de distintas instituciones. Conmemoramos estos tres lustros conjuntamente, además del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución mexicana, sucesos que plantean la necesidad ineludible de reflexionar sobre procesos determinantes en la vida de nuestros países.
Repensar los procesos que condujeron a la Independencia es una ocasión para identificar los vínculos entre los países iberoamericanos y el mundo occidental en su conjunto. La comprensión de los nexos culturales, políticos, sociales y económicos que se han dado entre las áreas iberoamericanas y entre éstas y las áreas españolas y europeas nos permite significar las particularidades en los procesos históricos americanos y reconocer lo que nos identifica como parte del mundo occidental.
En la segunda mitad del siglo XIX, primero las relaciones se multiplicaron e intensificaron por efecto de las revoluciones liberales, y luego, entre 1870 y 1914, el mundo occidental en su conjunto vivió una era de cambios por efecto de la creciente internacionalización en los ámbitos económico, social y cultural. La intensidad y velocidad de los cambios en los espacios nacionales y mundiales condujeron a transformaciones significativas en la relación Estadosociedad. Así, explicar y comprender el proceso de formación del Estado contemporáneo así como los distintos actores sociales es el principal objetivo de los estudios que el Fideicomiso Historia de las Américas presenta al público.
Confiamos en que esta serie, destinada a la comprensión de dos siglos de profundas transformaciones históricas, en América y Europa, arroje nueva luz en torno a los complejos cambios vividos, los avances y las resistencias o modalidades de adaptación de cada país. Pensamos a su vez que, al presentar un pasado histórico estudiado de modo crítico, sin falsos nacionalismos, podremos comprender mejor nuestro tiempo, que, más que occidental, se nos presenta global.
ALICIA HERNÁNDEZ CHÁVEZ
Fundadora y presidenta
del Fideicomiso Historia de las Américas
ESTE TRABAJO SE BASA EN GRAN MEDIDA en las investigaciones arqueológicas e históricas llevadas a cabo en los años 1958-1961 por el doctor Charles C. di Peso y su equipo en la antigua ciudad de Paquimé y en el cercano convento de San Antonio de Padua, así como en su publicación en ocho volúmenes presentados 13 años después (Di Peso, 1974, y Di Peso et al., 1974).*
La mayoría de los colegas reconocen el valor intrínseco de esa monumental obra, cuyo contenido sigue rebasando a la mayor parte de sus críticos. Sin embargo, recientes investigaciones ajustan y añaden nuevas ideas que debo tomar en consideración.1
Charlie —como lo llamábamos sus amigos— era además un extraordinario anfitrión, siempre dispuesto a ayudarnos: en su casa en Dragoon, Arizona, sede de la Fundación Amerind, organizaba productivas reuniones científicas acompañadas de buena comida y buen trago, elementos indispensables para todo antropólogo; esas reuniones, lógicamente, culminaban en un final creativo y feliz.
Debo mi gratitud igualmente al doctor Emil W. Haury, decano y emérito de la Universidad de Arizona, quien dirigió mi tesis doctoral sobre Sonora, en la que se incluían relaciones con Paquimé.2 Gracias a esas experiencias de varios años y al apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, tuve la oportunidad, entre 1992 y 1995, de crear el Museo de las Culturas del Norte, localizado a un costado del sitio arqueológico de Paquimé. Con la gran ayuda de expertos y amigos museógrafos, dirigidos por el arquitecto Jorge Agostoni, de Museografía S. C., pude manejar más de cerca tanto las ideas como los materiales obtenidos por Di Peso y su equipo. Ésta fue una experiencia más, que ahora me ayuda a elaborar este trabajo.
Quiero agradecer por igual a la gente de Casas Grandes y en especial al señor Homero Esparza, guardián por muchos años de la zona arqueológica de Paquimé, conocedor como nadie de aquella ciudad: gracias por toda su información y su compañía.
B. B. C.
* La obra de Di Peso se halla dividida en dos partes. Los primeros tres volúmenes, escritos solamente por Di Peso, son el resumen y la interpretación que él hace de los informes contenidos en los cinco volúmenes restantes, escritos tanto por él como por especialistas en arquitectura, cerámica, cronología, concha, piedra, metal, hueso, economía y entierros. Como veremos en el cap. III, me parece que en los tres primeros volúmenes, pero sobre todo en el segundo, Di Peso exagera la influencia de Mesoamérica.
1 Woosley y Ravesloot (eds.), 1993; McGuire, 1993, pp. 35-38; Schaafsma y Riley (eds.), 1999, y Whalen y Minnis, 2001.
2 Braniff, 1992.
PAQUIMÉ, HOY EN EL ESTADO DE CHIHUAHUA, se ubica en aquella enorme región que, en el siglo XVI, los mexicas y los españoles llamaban, respectivamente, la Chichimecatlalli o la Gran Chichimeca.1
En ese tiempo, y por lo menos hasta el siglo XVIII, la región se reconocía a partir de la frontera norte de los imperios mexica y tarasco —es decir, a partir de la frontera de la conocida área cultural de Mesoamérica—, y se extendía hacia el norte hasta la latitud 38°N, que en tiempos pasados fue la frontera de grupos agrícolas ubicados en los actuales estados de Utah y Colorado (figura 1).
Curiosamente, el doctor Di Peso, en su magna obra, localizó la frontera meridional de la Gran Chichimeca a lo largo del Trópico de Cáncer, y no mucho más al sur, sobre el río Lerma, como lo especificaron mexicas y españoles. Esto se debe seguramente a que, mucho antes del siglo XVI, hubo una expansión en la población mesoamericana, agrícola y sedentaria, en aquella Gran Chichimeca, precisamente hasta el Trópico de Cáncer. En la figura 2 se indican esas dos fronteras, la del siglo XVI, sobre el Lerma, y la del primer milenio de nuestra era (hasta ±1150), que, grosso modo, alcanza ese trópico. Esta última fecha marca el inicio de una grave sequía que forzó a los cultivadores a abandonar aquellas tierras para dar paso a aguerridos cazadores recolectores, a quienes encontraron en el siglo XVI los españoles.
Debido a la difícil experiencia de los hispanos, al enfrentarse a los chichimecas nómadas, gente totalmente diferente de la que habían conquistado en el sur, ha quedado la falsa idea de que los chichimecas eran salvajes a los que había que liquidar “a sangre y fuego”, cuando en realidad en aquellos grandes territorios y en esas mismas fechas había también asentamientos agrícolas y progresivos, como los Zuñi (Cibola), Acoma y otros pueblos del alto Río Grande.
Mesoamérica y la Gran Chichimeca son términos de diferente calidad, pues si bien el primero refiere una construcción intelectual reciente,2 la chichimecatlalli es obviamente un término endógeno, es decir, local e indígena. Desafortunadamente, no se ha hallado un término endógeno para Mesoamérica, como se ha hecho para las otras civilizaciones del mundo.3
Como es sabido, se le llama Mesoamérica a la región donde se desarrolló una muy adelantada cultura, básicamente agrícola y religiosa, heredera de los primeros recolectores-cazadores que experimentaron con los cultivos desde 5000 a.C. Mesoamérica se define como tal cuando su producción agrícola fue suficiente como para que los grupos nómadas se asentaran en aldeas y pueblos; esto es, hacia 2000 a.C. En su evolución histórica y a principios de nuestra era, los mesoamericanos habían desarrollado grandes concentraciones humanas de carácter urbano, gracias en parte a su potencial agrícola y a los avances en su tecnología, así como a su compleja y poderosa organización social, elementos siempre unidos a los aspectos religiosos, representados por las grandes pirámides.4
Tal potencial agrícola se debió en gran medida a que Mesoamérica se ubicaba en regiones tropicales —por debajo del Trópico de Cáncer—, donde llueve lo suficiente como para practicar una agricultura de temporal. Sus conocimientos técnicos les permitieron, además, crear obras de irrigación y de control de aguas y tierras, en especial en aquellas localidades próximas a las grandes ciudades, donde era necesaria una sobreproducción de alimentos.
FIGURA 1. Mesoamérica y la Gran Chichimeca (Braniff, 2001: 9, fig.1).
FIGURA 2. Isoyetas de México (basado en Rzedowski, 1978, fig. 18).
A diferencia de Mesoamérica, la Gran Chichimeca se extiende en zonas más áridas, la mayoría localizadas al norte del Trópico de Cáncer, donde la lluvia es escasa, variable o prácticamente inexistente, y donde la flora y la fauna se adaptan y son producto de esa aridez. Hacia el Noroeste y el Noreste se distribuyen los grandes desiertos —el de Sonora y el de Chihuahua—, separados por la agreste y más húmeda Sierra Madre Occidental. Como es de suponer, en toda esta región norteña la agricultura fue y es difícil, incierta y a veces imposible, pues depende de las temporadas pluviales y de la abundancia de las precipitaciones. De acuerdo con los ecólogos, una precipitación superior a los 80 centímetros anuales permite una agricultura de temporal; pero si se halla entre los 80 y los 40 centímetros, se corre el riesgo de que el cultivo fracase, y si cae por debajo de los 40 centímetros, es prácticamente imposible la práctica de la agricultura. Si observamos el mapa de la figura 2, notaremos que en el siglo XVI Mesoamérica se ubicaba en una región donde llueve más de los 80 centímetros. A su vez, la Gran Chichimeca se localiza en una región por debajo de los 80 y, algunos lugares, aun por debajo de los 40 centímetros.
La vegetación es un elemento fundamental porque es resultado de varios factores, como la topografía, el clima (que incluye la precipitación pluvial y la temperatura) y el tipo de suelo. En virtud de que los animales se alimentan de la vegetación y de otros animales, y de que el hombre se alimenta de ambos, la flora se convirtió en un factor de carácter cultural, sobre todo en la época prehispánica, cuando los conocimientos técnicos no permitían transgredir la condición y el equilibrio natural, como sucede hoy en día.
En la figura 3 se puede ver cómo Mesoamérica se halla en zonas privilegiadas de bosques de pino y encino, bosque tropical caducifolio y, más al sur, bosque tropical perennifolio y otros; en tanto que la Gran Chichimeca se encuentra sobre todo en regiones de matorral desértico o xerófito, así como en zonas de pastizales o de zacatal. En la Sierra Madre, que por ser más alta tiene mayor precipitación pluvial, los bosques son de coníferas y encino. Por su parte, la ciudad de Paquimé se encuentra en una zona híbrida: mientras el poblado se halla en una meseta próxima al río de Casas Grandes, en una región de pastizales o de zacatal, hacia el poniente comienza a levantarse la Sierra Madre con sus bosques de coníferas y encino (figura 4). En las secciones de “Ecología” y “Comercio” del capítulo III se tratará con mayor detalle sobre los productos de la flora y la fauna silvestres que la ciudad debió de consumir.
Hay que hacer aquí una mención general sobre la topografía y las temperaturas típicas de la región donde se ubica la ciudad de Paquimé y la Gran Chichimeca. En cuanto a la topografía, en la figura 5 se advierte la Sierra Madre Occidental, de la cual descienden los ríos que atraviesan la planicie costera para desembocar en el Mar de Cortés. Al oriente de la Sierra se halla el Altiplano mexicano. Otra altiplanicie es la Meseta del Colorado, al oriente de la cual se eleva otra cadena montañosa que corresponde a la parte sur de las montañas Rocallosas, y de donde parten el Río Bravo y su afluente el Pecos, que desembocan en el Golfo de México.
Respecto de las temperaturas, las más bajas del país (menores a 15°C) sólo se registran en la parte septentrional de la Sierra Madre Occidental y en regiones cercanas al Altiplano, en Chihuahua. Las temperaturas más altas (mayores a 45°C) se dan asimismo en la parte septentrional de México. Debido a los intensos cambios de temperatura que ocurren en el día, sobrepuestos a variaciones estacionales relativamente pronunciadas, algunas zonas de la parte boreal del Altiplano presentan el clima más extremoso del país, pues en amplias franjas del lugar la diferencia entre las máximas y las mínimas absolutas del año excede los 55°C, y en algunas regiones de Chihuahua es mayor de 60 grados centígrados.5
FIGURA 3. Vegetación de México (adaptado de Rzedowski, 1978, fig. 179).
FIGURA 4. Zonas de vegetación en el noroeste de Chihuahua (adaptado de Whalen y Minnis, 2001, fig. 3.3).
FIGURA 5. Topografía general de la Gran Chichimeca (Braniff, 2004a, fig. 3).
