6,99 €
Paradisus Iudaeorum (el paraíso de los judíos) es una antología, resultado de varias décadas de trabajo intelectual orientado a dilucidar la cuestión judía desde todos los ángulos posibles, desde las teorías sobre el origen de los israelitas hasta los primeros pasos del cristianismo originado en Israel, con los mitos y leyendas que refieren a Yeshu D´Nazareth y las sectas. Trata el fenómeno del antijudaísmo y su más tenebroso exponente, el nazismo que condujo al Holocausto con el exterminio de los judíos europeos. Abarca aspectos intimistas de la vida judía de posguerra en Argentina y las colonias de los gauchos judíos, con sus personajes representativos. Aborda las teorías sobre el surgimiento del alfabeto, y dedica un capítulo al Egipto faraónico y su cultura, que tuvo su influencia durante el período del surgimiento de los israelitas. Por último, se enfoca en nuestros tiempos abordando cuestiones conspicuas del Israel de hoy. El distinguido lector encontrará mucho material y para todos los gustos.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 885
Veröffentlichungsjahr: 2025
DANIEL LERNER
Lerner, Daniel Paradisus Iudaeorum / Daniel Lerner. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2025.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-87-7096-3
1. Narrativa. I. Título. CDD A860
EDITORIAL AUTORES DE [email protected]
A modo de prólogo
Introducción
Aseret ha dibrot
Ki banu bajarta
Al otro lado del Valle Grande
Un secreto muy bien guardado
Las incógnitas de Qumram
Reglamento de la agrupación
Vieja y nueva fe
Tres palabras que desbaratan al cristianismo
Antijudaísmo
Holocausto
Adolf Hitler, el mayor ladrón y asesino en masa de la historia
El Adolfito (primera parte)
El Adolfito (segunda parte)
El Adolfito (tercera parte)
El Adolfito (cuarta parte)
Digesto de “la interminable escritura del exterminio”, de alain finkielkraut
Fotos icónicas del holocausto
Fotos del ghetto de Varsovia
Un inglés flemático y delicadamente antisemita
Borges, filosemita declarado o filonazi solapado
La verdadera historia de Emma Shuldig
El Maalé Rajamím — Dios pleno de misericordia
Las puertitas del Zeide Kalman
La casa de la bobe
El curita Ejroike, señor obispo de los judíos
Digesto de la entrevista realizada a máximo yagupsky por Daniel Bargman 1988
Daguerrotipo de un judío de las colonias. Primeros tiempos de las colonias judías de Entre Ríos y sus personajes
La vida de Máximo Yagupsky
ODESSA: no hay vocablo más judío
Breve cronologia de las colonias judias en argentina
Las colonias judías de Entre Rios
Datos de la entrevista Bargman-Yagupsky del 1/12/88
Vida de los judíos en Rusia y Siberia
Cronología de la colonización judía en Argentina
La region mediterranea
Toponimia de Israel
Las diez tribus perdidas y el origen de los judíos centro-europeos
Ventajas de la cultura periférica invención del alfabeto en Sinaí. (c. 1840 aec) Orly Goldwaser
Teorías sobre el origen de la nación israelita
Prestigio y poder real en el Egipto faraónico
Prestigio y poder real en el Egipto faraónico
Las instrucciones de Merikare
Colonización egipcia del Canaán
El trasfondo histórico de la leyenda de Moisés
“Los chicos de las lomas” (noar ha-gvaot)
La verdad de la milanesa
La madre del borrego
Jerusalén en el frente de batalla. Por David Ben Gurión
El cuento del escorpión y la ranita
El orgullo de Ser Humano Judío Sionista e Israelí. Profesor Isi Wolff
Incluso más alto
En “Israelitas del Canaan”, Daniel Lerner supo abordar –y documentar- la íntima vinculación entre el Pueblo Judío y la Tierra de Israel, en su novela “Pueyrredón y Corrientes, una novela del barrio del Abasto” nos ofreció una visión intimista de la vida judía en la Buenos Aires de posguerra, y por último en “Pulp Fiction” nos llevó al mundo del futuro y la ciencia ficción, al ecologismo y los viajes interestelares.
En ésta, su nueva compilación, Lerner asume un desafío mayor: reunir ensayo y prosa, biografía y ficción relativa a la temática judía
Un límite –el de la narrativa histórica y la imaginación creativa- que la crítica posmoderna cuestiona seriamente.
El autor se anima a incursionar, simultáneamente, en diversos planos intelectuales (y controversiales, como el debate con Jorge Luis Borges y su Emma Zunz, relato que se inicia con un carta que Emma recibe hace, precisamente, cien años, enero de 1922). Un ánimo de discusión que es –creo- la etiqueta de presentación de Lerner desde su juventud.
Como, seguramente, la mayoría de sus lectores, no conozco al Lerner de hoy. Conozco sus opiniones –y muchas veces difiero con ellas- pero no tuvimos ningún encuentro personal...en el último medio siglo. Cultivamos, muy de niños, una intensa amistad, compartiendo el mismo barrio y la misma escuela, las tardes de juego y travesura. Transcurren cincuenta años y nos comunicamos, de manera virtual, a doce mil kilómetros de distancia. Conozco al Lerner de aquel entonces; pero aun si viviéramos en vecindad, no me atrevería a decir “nos conocemos”: ¿realmente conocemos a la gente que nos rodea?. La máscara que vestimos –como la máscara de protección en los tiempos de epidemia- oculta, o por lo menos dificulta, el acceso a la profundidad del ser. Lerner, con sus relatos y reflexiones, trata de tocar el alma de las personas: en hebreo hablamos de “nefesh”, que se traduce como “psique”, pero, en el pensamiento judaico, se trata de un concepto que trasciende lo mental, aspirando abarcar el conjunto de relaciones del ser humano, con sus semejantes, con el universo.
En los dos milenios de exilio diaspórico, los judíos adoptaron nombres que, en múltiples ocasiones, provenían del oficio que desempeñaban, como “Shojet” (en hebreo matarife, acorde con las normas del ritual religioso, cargo cumplido en muchos lugares por el rabino de la comunidad), “Jazán” (oficiante de la ceremonia litúrgica, designación familiar que se ubica desde época medieval en la Córdoba española, en el Yémen y otras latitudes). El apellido Lerner, en idish, significa “estudioso”.
En la Buenos Aires del siglo pasado, en la calle Ecuador, a metros de Valentín Gómez, vivía, en una muy austera habitación, un judío, septuagenario, al que los vecinos, judíos y gentiles, llamaban “Don Shnaider”. Shnaider, sastre en idioma idish, no era su apellido: era su profesión. Nadie lo conocía por su nombre. El hombre vivía, solo, en una antigua casa, muy pequeña pero con un enorme ventanal hacia la calle. Don Shnaider, desde hora temprana y hasta la puesta del sol, trabajaba, apoyado en la ventana, reparando ropa. As como no se sabía su nombre, tampoco se conocía su voz: tal vez por su escaso dominio del español (inmigró de Rusia o Polonia) o por mantener siempre, entre sus labios cerrados, las agujas de su labor...Se puede atribuir su soledad y su silencio a dramas del pasado: el azote de guerras y persecuciones en la Europa natal. Pero Don Shnaider, que vivía de las pocas monedas que reclamaba como retribución a su tarea, sabía expresarse con una señal: cuando recibía el pago, alcanzaba al mismo tiempo, al cliente, una alcancía; no se trataba de un ahorro personal: era la caja de donaciones para el Fondo Nacional Judío, destinadas a la plantación de árboles en Israel.
Don Shnaider trajo al barrio Once la humildad de los sastres y zapateros del “shtetl” europeo, de las aldeas borradas por el Holocausto. Los Shnaider, los Shoijet, los Lerner, trajeron –también- el sueño por Israel, materializado, en cada casa, por un candelabro y una alcancía, una Biblia y un “sidur” (libro de oración).
Paradisus Iudaeus añade al abanico de símbolos de aquel pasado, un vasto y renovado bagaje de ideas y relatos: Lerner logra atesorar antiguos y preciados aromas y sabores, enriquecidos con frescos e inéditos saberes.
Moshé (Moty) Rozén, Nir Itzjak, Israel. Enero de 2022.
Paradisus Iudaeorum compendia más de una década de trabajo dedicado a esclarecer la temática judía.
Comprende temas variados que van desde la investigación periodística documentada y el ensayo a lo intimista, familiar y autorreferencial, pasando incluso por la ficción.
El lector se va encontrar con temas tratados en profundidad con rigor académico, como así también con otros, tratados de manera menos formal. Se podrían decir que hay para todos los gustos.
Debido a lo voluminoso del material, salvo en Un secreto muy bien guardado, se ha omitido deliberadamente toda referencia bibliográfica, en el convencimiento que hoy en día la tecnología permite acceder fácilmente a cualquier tema y encontrar publicaciones y artículos relacionados.
El orden de presentación de los distintos trabajos, pretende cierta agrupación temática, pero nada más. Cada trabajo puede leerse en forma independiente, y a la vez puede enriquecerse con la lectura de trabajos afines-
El tema central se relaciona con el antijudaísmo y su versión más perversa y asesina: la barbarie nazi. En segundo lugar, podríamos decir que está la identidad judía, con viñetas de la judería argentina, cuentos y recuerdos de la infancia del autor, que creció en un hogar judío tradicional.
Israel y el sionismo también están presentes. Como no habrían de estarlo, siendo como es Israel el logro más importante del pueblo judío en su gesta de emancipación, independencia y soberanía nacional.
Se trata también el origen del alfabeto de donde derivó la escritura hebrea, con la traducción de un trabajo de la Universidad Hebrea de Jerusalén que plantea al respecto una hipótesis superadora.
Otros temas tratados en profundidad son La secta de Qumram, El origen de los judíos ashkenazíes y una reseña del Egipto faraónico. Por último, incluimos un trabajo fechado en 2023, titulado: Teorías sobre el origen de los israelitas.
De la sola lectura de este prólogo, el querido lector se puede dar una idea de la variedad de la temática de Paradisus Iudaeorum. Esperamos de corazón que sea de vuestro agrado y la disfrute.
Aseret ha dibrot - Los diez mandamientos.Grabado sobre una estela de basalto.Escrito en paleo-hebreo.
Ki banu bajarta ve otanu kidashta mi kol ha-amim.
Porque a nosotros elegiste, y de todas las naciones a la nuestra has bendecido.
El odio y animadversión hacia los judíos que hubo desde siempre en occidente es uno de las incógnitas de la historia, un fenómeno muy difícil de entender.
El epígrafe, es uno de los versos del “kidush”, la bendición ritual sabática del vino, que no es un precepto obligatorio, sino un aditamento de la época rabínica iniciada después de la caída de Jerusalén en el año 70 de la era común, seguramente tenía que ver con la costumbre muy arraigada de la región mediterránea de las libaciónes. De hecho en algunas congregaciones judías, el oficiante todavía continúa con la antigua costumbre de bendecir el vino en las vísperas del sábado, en el púlpito frente a todos los congregados, costumbre que heredó el cristianismo que consagra vino y pan en la ceremonia de la misa.
Al igual que la mayoría de las oraciones rituales judías, el kidush está redactado en hebreo, una lengua que para la época en que fue compuesta la bendición, ya no era utilizada, porque hacía varios siglos que los israelitas hablaban arameo, la “lingua franca” de Medio Oriente, el idioma que habló Jesús. El hebreo continuaba siendo el idioma usado por una minoría ilustrada: la clase sacerdotal, los levitas y los escribas, estudiosos de las Sagradas Escrituras y responsables de su compilación y canonización, fue la lengua epistolar de los rabíes, que continuaron la tradición de los sabios de antaño, y que fueron los únicos que siguieron usando el hebreo hasta su renacimiento como lengua nacional a fines del siglo XIX.
El pueblo judío tanto de Europa como de los países árabes, observante en su mayoría, cumplía con los tres rezos diarios y los del sábado y las festividades, leyéndolos en hebreo, pero eran muy pocos los que entendían el significado de esos escritos litúrgicos.
Ésta introducción viene a cuento del epígrafe, dos cortas frases del kidush, que repito, la mayor parte del pueblo recitaba cada viernes por la noche, pero que muy pocos entendían cabalmente.
Éstas dos cortas frases denotan que la aristocracia ilustrada del Israel clásico, tenía conciencia de su superioridad intelectual, y lo dejó plasmado con todas las letras.
La bendición del vino del almuerzo sabatino, incluye una fórmula parecida:
“…bajar banu mi kol am, ve romemanu mi kol lashon…”
“… nos eligió de entre las naciones, y elevó nuestra lengua por sobre el resto…”
En la “havdalá”, la ceremonia que marca la finalización del shabat incluye las siguientes expresiones:
“hamavdil bein kodesh le jol, bein or le joshej, ubein Israel la amim”
“El que diferencia (Dios) entre lo sagrado y lo profano, entre la luz y la oscuridad, y entre Israel y el resto de las naciones”
Ahora bien, sería interesante conocer la fecha de composición del kidush. En principio es dable suponer que los rabíes pusieron por escrito algo que era costumbre, enfrentados como estaban al dominio romano y al fin de la autonomía judía y a la dispersión del pueblo, decidieron preservar por escrito todo lo que consideraron importante. De seguro que la bendición del vino, una costumbre común a toda la región mediterránea oriental, compartida por israelitas, griegos y fenicios, que ofrecían libaciones de vino a sus dioses, al igual que muchas de las piezas poético-religiosas que integran los textos litúrgicos judíos, constituían una recopilación de materiales preexistentes, de la época anterior al siglo V (aec) en la que en Israel se hablaba el idioma fenicio-hebreo, idioma cuyo ámbito se extendía desde el sur de la Turquía actual, hasta la frontera egipcia, región conocida como la de la Cultura Semítica Occidental.
Todas las sociedades urbanas de la antigüedad estaban constituidas por elites aristocráticas, y las de las principales ciudades de Judea y de Israel, como Jerusalén y Shjem (Nablus) no fueron ninguna excepción. En las ciudades de entonces, vivía menos del diez por ciento de la población, y estaba integrada además de comerciantes y artesanos, por las familias patricias, la nobleza allegada a la corona, dignatarios sacerdotales, sus auxiliares, y guarniciones militares.
Todas las aristocracias de las ciudades de la zona mediterránea, por delimitar una región, es decir las ciudades fenicias, griegas, latinas y egipcias, siempre tuvieron cabal conciencia de su status superior en relación al campesinado, que por lo general estaba sometido a ellas, es decir era la clase dependiente. En la blasonería del medioevo también podemos encontrar algunos ejemplos de conciencia de superioridad declarada:
“Después de Dios, la casa de Quiróz”
“El que más vale no vale tanto como Valle”
“Nec pluribus impar” la consigna de Luis XIV el rey sol, “superior a todo el mundo”
O la de los Cueto: “nobles sois de la montaña, no lo pongáis en olvido”
La diferencia fue que los judíos, pueblo del libro, lo dejaron por escrito mucho antes, y así fue como esas dos frases que podrían considerarse presuntuosas o discriminatorias perduraron hasta el día de hoy, tal es así que en la traducción del kidush que brinda la Wikipedia, esas dos frases se omiten, tal vez para no generar resentimientos.
La realidad es que el coeficiente intelectual del pueblo judío es superior a la media occidental y solo es igualado por el de chinos y japoneses, de hecho los chinos denominaron siempre a los judíos “el pueblo inteligente”
Cuando Roma conquistó Judea, tildó a sus población de holgazana porque guardaban el séptimo día, el shabat y en ese día no querían trabajar.
Siglos después cuando los romanos aceptaron la fe cristiana, santificaron el séptimo día, el domingo, adoptando esa costumbre judía.
La observancia del descanso sabático tal vez haya sido el carácter más distintivo y conspicuo, que marcó una diferencia bien definida entre los usos y costumbres de israelitas y judaítas respecto de los pueblos circundantes, y tal vez por esa misma razón, incluye tanto en el kidush como en la havdalá, expresiones que resaltan la diferencia entre el Pueblo de Dios y el resto de las naciones.
Amoz Oz, afamado escritor israelí traducido a varios idiomas, dice en el primer capítulo de su obra maestra “Una historia de amor y oscuridad”:
“el Mundoentero (lo pronuncia imitando a sus padres), que estaba lejos, era atractivo y enigmático, pero muy peligroso y hostil para nosotros: allí no quieren a los judíos, porque son PERSPICACES, ASTUTOS Y SOBRESALIENTES, pero también escandalosos y jactanciosos. No les gusta lo que hacemos aquí en Eretz Israel (la Tierra de Israel), porque nos envidian hasta un trozo de tierra cenagosa, pedregosa y desértica. Allí en el mundo, todas las paredes estaban cubiertas de pintada difamatorias, “Judío, vete a Palestina”, y ahora que vinimos a Palestina, el mundo entero nos grita:”Judío, sal de Palestina”
Lo de “escandalosos” (barulleros y alborotadores) es parte de la cultura heredada de oriente, donde la gente aún hoy sigue siendo así, por eso en español se habla de “algarabía”, literalmente: el bullicio que meten los árabes, que es la forma de ser y de comunicarse, bulliciosa y altisonante de esa gente, un colectivo al que perteneció el pueblo judío de antaño, formas y costumbres que todavía perviven en las comunidades judías de procedencia oriental.
Cuando ocurrió la derrota de los insurgentes judíos en el año 70, y sobrevino la expulsión decretada por Roma, la gente que vivía en Jerusalén y en otras localidades secundarias como Shjem (Nablus), Hebrón o Séforis, fue desterrada a Roma esclavizada, o bien se fue a las alturas del Golán, a Siria, a Babilonia (Irak), a España o a Egipto, lugares todos éstos donde ya existían comunidades judías. En todos los casos se trató de las aristocracias urbanas, integradas por las familias patricias dueñas de la tierra, dignatarios del clero (sacerdotes y levitas), y miembros de las familias reales, o sea de la elite. Esa fue la única gente deportada o expulsada, y sumaba algo así como el 10% del total de la población. El resto estaba integrado por los “am ha-haretz” literalmente : “el pueblo de la tierra”, o sea el campesinado, que en su gran mayoría eran arrendatarios.
Eso explica el sesgo “rabínico” y culto de las diásporas, y explica en parte también su nivel intelectual superior al promedio.
El remanente de la población que quedó asentada donde estaba, porque era la base productiva del país, sufrió los avatares de la historia. Cuando la conquista islámica, fue obligada a islamizarse por la fuerza, y lo hizo sin mayor inconveniente, porque el amor por su tierra superaba a su amor propio. El pueblo raso puede que haya cambiado de religión, pero no abandonó sus costumbres, las que incluían una gran veneración por la ciudad de Jerusalén y su sacralidad, lo que podría explicar en parte la construcción en Jerusalén, un lugar de poca importancia relativa, y secundario para el Islam, de la mezquita de Al Akhsa, el santuario más importante después de la Kahaba de la Meca, justo en el sitio donde antaño supo estar el magnífico templo construido por el rey Herodes, el “Beit ha-Miqdash”, literalmente: la casa sagrada, y no es casual que todavía hoy, los palestinos se refieran a Jerusalén como “Al Quds”, literalmente: “la sagrada”.
Avalando lo anterior, se han conducido pruebas genéticas que dan cuenta de la filiación israelita de los palestinos, lo que avala la idea de su origen judío o israelita, todo un contrasentido a la luz de los tristes acontecimientos que tocan vivir hoy en día en Israel.
Puede que éstas líneas ayuden a entender el odio y el desprecio por los judíos, pero la mejor explicación por lejos, fue la que me dio mi profesora de filosofía de quinto año del bachillerato, la señorita Castex, que era licenciada en filosofía y letras y contaba entonces 60 años.
Ella supo decirme: “el imbécil, teme y odia al hombre inteligente”
Aba ¿lama azabtani?Padre, ¿porqué me abandonáste?
Bruma matinal en el Valle Grande de Yezreel. Hacia el norte se distingue la aldea serrana de Nazaret, bañada por los primeros rayos de sol.
Rebaños de ovejas y hatos de cabras van saliendo de sus rediles a pastar. Por senderos pedregosos, entre matas espinosas va Miriam, la niña pastora con sus rústicas sandalias.
Shlomit, su madre, la herbolaria, prepara recetas para aliviar a los enfermos. Miriam junta hierbas en el campo para su madre. Aprende el arte de curar. Un hueso quebrado, un entablillado, ungüentos para sanar heridas. No todo debe quedar forzosamente en manos de Dios, siempre se puede hacer algo para aliviar el dolor del prójimo.
Áspera roca, cuestas empinadas, recuas de mulas cargadas de leña. Campesinos arando las angostas terrazas, después de las primeras lluvias de otoño. Cosechando trigo y cebada al calor del verano. Gavillas al sol. Techos de modestas casas de piedra negra cubiertos de higos y uvas secándose. Mujeres hilando y tejiendo en los telares, otras ordeñando cabras.
La dura fajina de las almazaras moliendo aceitunas, la molienda de trigo.
Los sabios ancianos reunidos en la puerta de la sinagoga trabados en sus interminables disquisiciones doctrinarias y filosóficas.
La niña pastora se ha convertido en mujer. Sus familiares trabajan en la vecina Tziporah, la nueva ciudad amurallada. Son albañiles, picapedreros y carpinteros.
Algunos han viajado lejos y sirven como soldados de Herodes el perverso edomita, otros trabajan en las obras monumentales del nuevo templo de Jerusalén.
Para las pascuas, los hombres regresan a sus aldeas, vino, alegría, festejos, cordero asado, noches de luna y excesos. Miriam besándose con un joven a escondidas, camina tomada de su mano buscando la complicidad de la oscuridad.
Tiempo después, con las primeras lluvias de otoño, se insinúa el incipiente embarazo, discretamente disimulado bajo una túnica holgada. Miriam, feliz, ciñe su vientre con las manos. Feliz y a la vez preocupada por el peligro que representa un parto. Lo ha visto cada vez que ayudó a su madre, la comadrona del lugar. Sabe que su vida estará en juego, y después estará la suerte que le toque al nuevo ser, ¿sobrevivirá?, ¿una semana?, ¿un mes?, ¿un año?, cinco tal vez?, quién sabe, la vida es incierta, pero la gente igual se aferra a ella con uñas y dientes. Creced y multiplicaos mandan las sagradas escrituras, la vida debe seguir su curso, y a pesar del peligro y la incertidumbre el amor siempre triunfa.
El embarazo avanza y su amado no regresa, ha viajado al sur, esta trabajando en las obras del Rey Herodes, el gran constructor, y allá sobran mujeres.
Miriam queda sola con su drama, acompañada de vergüenza y frustración.
Yosef el cantero, regresa de Tziporah para los festejos del año nuevo, un nuevo año agrícola comienza y los hombres vuelven a arar las tierras que permanecieron sedientas durante el implacable verano levantino.
Viudo hace más de un año, Yosef busca compañera. Gusta de Miriam, que es joven y sana. Puede darle la seguridad que necesita una madre para criar un hijo, y necesita, a su vez que lo ayuden con sus hijos huérfanos de madre.
En invierno marchan juntos a Belén de Galilea, muy cerca de Nazaret a cumplir con el censo. La gravidez de Miriam es avanzada, pero la distancia es corta y deben cumplir con el edicto censal. El parto se adelanta y tiene lugar en Belén mientras Venus, el lucero del alba ilumina el cielo.
Yeshu D’natzaret tiene quince años y en el entierro, no le permiten recitar el Kadish, la oración por los difuntos. Termina de entender que Yosef no fue su verdadero padre.
Su único padre pasa a ser el Padre Celestial, padre de todos, padre y rey nuestro “Abinu Malkeinu”.
A los veintidós años Yeshu D’natzaret se ha unido a la comunidad monástica del Mar Muerto, que aguarda por el fin de los tiempos, alejada del mundanal ruido y se consagra a la pureza ritual. Con ellos profundiza en la Ley Mosáica y en las nuevas ideas del cambio de era.
Aprende con los sanadores esenios a aliviar cuerpo y espíritu. Se afirma la vocación heredada de Miriam su madre y de Shlomit su abuela. La comunidad apoya su viaje a la escuela de medicina de Alejandría. Yeshu se embarca en Yaffo rumbo a Egipto.
Con treinta años y maduro en su hombría y sus ideas, Yeshu D’natzaret regresa a la Tierra de Israel. El Rabí forma su propia escuela y los discípulos que siguen sus enseñanzas abrevan en sus ideas de avanzada.
Al igual que el profeta Elías, Yeshu ve el futuro de Israel en el pueblo, en los campesinos, en los humildes. A ellos apunta su mensaje, y su accionar a aliviar sus pesares. Asistencia médica, alivio espiritual, red solidaria de alimentos para los carenciados. Su organización, “Reino de Dios” crece y se ramifica, despertando sospechas.
Los poderosos desconfían, ven su accionar potencialmente subversivo del frágil orden político. Yeshu es acusado de seducir al pueblo con engaños y magia. Roma lo ve como un sedicioso que con su accionar atenta contra el poder imperial, porque la gente lo llama “Yeshu”, salvador, y “Mashiaj”, ungido, el nuevo rey tan ansiado por Israel.
El pueblo, abrumado por la dominación romana, reclama un líder que lo libere de la opresión y el oprobio de la religión pagana.
El movimento de Yeshu D’natzaret, empujado por la gente, va cambiando de social a político. Pronto nadie dudará que el rabí de Nazaret y su Reino de Dios, desafía abiertamente tanto a la aristocracia sacerdotal de Jerusalén, como al poder político del imperio romano.
El grupo es perseguido y pasa a la clandestinidad. El rabí y sus seguidores se refugian en los arrabales de Tiro, la ciudad fenicia de la costa del Mediterráneo. A pesar del secreto, la gente se entera de la presencia del santo sanador.
Están reunidos puertas adentro y entra una mujer sirio-fenicia, desesperada por la salud de su hija poseída por los demonios.
Ella desconoce las costumbres israelitas, no sabe que presentarse así, sola a un lugar de hombres, es inmoral, pero tiene fe en los poderes curativos del sanador, e implora por su ayuda.
El rabí le dice:
- el pan de los hijos no se da a los perros-
Y ella, con extrema humildad le contesta:
-pero incluso los cachorros comen las migajas que caen al piso-
Conmovido por la respuesta, Yeshu accede a curar su hija.
En Israel el pueblo esta presto para alzarse en armas, una chispa y se encenderá la gran hoguera. La aristocracia ligada al poder imperial, ve peligrar su status, y se organiza contra el Reino de Dios.
Pascuas, el pueblo sube a Jerusalén cumpliendo con la peregrinación ritual, ocasión propicia para la propaganda y la agitación política. Yeshu y los suyos se exponen demasiado.
Son identificados, detenidos, y ajusticiados por Pilatos, que los condena a la crucifixión, la peor de las muertes, la “Mors Agravatta” que Roma aplica a los sediciosos.
Treinta años después estallará la guerra de los judíos contra Roma. Tras cuatro años de rebelión y guerra, Jerusalén caerá superada por la brutal máquina de guerra romana.
La ciudad es arrasada, el templo quemado.
Los romanos pasan el arado esparciendo sal como símbolo de la derrota, y la refundan con el nombre Aelia Capitolina.
Los sobrevivientes del Reino de Dios, huyen al exilio, unos a Alejandría, que entonces concentraba la mayor colonia judía, otros van a Damasco, y tras la caída de Jerusalén, muchos judíos esclavizados son deportados a Roma.
Trescientos años después, la aristocracia de Roma, amenazada por la masa cristiana, adopta la nueva religión para salvar el cuello.
El Cristianismo se transforma en la fe del imperio, que redactará la “versión oficial” donde se borrará cualquier vestigio de sedición en el accionar de Yeshu D’natzaret y su movimiento el Reino de Dios. Se lo mostrará como un sumiso predicador del amor al prójimo, resignado al sufrimiento terrenal y a la recompensa después de la muerte. Un relato elemental y universal, despojado de su localismo judáico original, rodeado de magia y milagrería tal como era costumbre del paganismo.
Las palabras revolución, cambio y justicia social, serán borradas y habrá que esperar por ellas otros mil cuatrocientos años, hasta la Revolución Francesa.
La cultura greco-romana estuvo signada durante mas de mil años por el politeísmo pagano, un sistema de valores y creencias, y una mitología que tenían por objeto apuntalar y justificar la preeminencia de unas clases aristocráticas por sobre la gran mayoría de la población.
El advenimiento del monoteísmo, revolución religiosa y moral de connotaciones sociales y políticas democratizantes, hizo su aparición por primera vez en forma exitosa1, como sistema orgánico, en el levante, en Israel, entre los siglos XII y X aec., mas de mil años antes que en occidente, y en coincidencia con el final de la Edad de Bronce y el comienzo de la Edad de Hierro.
Tal como lo esquematiza el gráfico, el Cristianismo puede definirse a grandes rasgos como la resultante de la interacción en el seno del Imperio Romano de dos grandes fuerzas, paganismo y Judaísmo.
Roma conquistó Judea,pero terminó como el cazador cazado,conquistada por la fe judía.
1- El Cristianismo, fue ante todo un movimiento urbano. Las ciudades romanas eran populosas y concentraban un sector importante de la población, lo que contribuyó una difusión masiva de las nuevas ideas y creencias.
2- El Cristianismo se fundó sobre la base sólida y orgánica del sistema de creencias judías, ampliamente desarrolladas y documentadas en las Sagradas Escrituras de Antiguo Testamento, que mucho antes de la aparición del movimiento, habían sido traducidas al griego en la versión de la Septuaginta.
3- Con el tiempo, el Cristianismo derivó en una corriente de pensamiento heterodoxa, posiblemente a resultas de la variada composición étnica del Imperio. Supo combinar armónicamente los principios morales de la fé mosáica, con mitos y creencias paganas de factura diversa, queridos y aceptados por el pueblo, como el de Isis y Osiris, que transmutó en la Virgen María y Jesús Niño; la resurrección a los tres días de la muerte, elemento tomado de los mitos egipcios sobre la vida de ultratumba de los faraones; curas milagrosas, atribuídas a los Magos, derivados de los Magoi persas; el proselitismo del Evangelio, derivado del proselitismo fariseo, una tendencia existente en la Israel anterior a la caída de Judá en el año 70 ec., pero que después de la derrota fue dejado de lado, porque se consideraba que los prosélitos no ponían garra en la causa revolucionaria contra Roma; la misa, derivada del culto judío en que se bendice el pan y el vino; festividades como las Pascuas derivadas del Pesaj hebreo y Pentecostés derivado de la festividad de Shavuot; el bautismo en aguas del río Jordán, deriva de los preceptos del baño ritual, el Mikveh , y la pureza ritual, y por último el concepto de “Cristo”, Christos en griego, derivado de la costumbre Israelita de “ungir” con aceites la cabeza de los elegidos como reyes. El “ungido” es el “mashiaj”, mesías en español, y Christos en griego, de donde deriva la palabra “Cristo”, que por tanto significa “el ungido”, el rey, y de ahí el concepto de “Cristo Rey”.
4- Numéricamente hablando, el grupo cristiano, creció más rápido que el pagano. Los Cristianos no “exponían” a las niñas recién nacidas, como acostumbraban los romanos, con lo que el número de mujeres fue mayor entre los Cristianos. Muchas de esas mujeres se casaban con romanos paganos, que las preferían por su elevada moral y su calidez humana, pero sus hijos eran educados en la nueva fe.
5- Roma adoptó el Cristianismo en el siglo IV ec., cuando después de más de quinientos años de existencia, había pasado su apogeo. La adopción del Cristianismo marcó el inicio de la declinación del Imperio Romano occidental.
6- La adopción del Cristianismo fue una oportunidad única para la aristocracia romana: le permitió sobrevivir a un eventual desborde social, y no tuvo más remedio que adoptar las creencias de las mayorías, por extrañas y absurda que les resultaran, ya que estaba en juego la supervivencia misma. Una vez adoptada la nueva fe, el imperio acomodó la doctrina a sus propios intereses, y acometió con fiereza contra todas las corrientes no “oficiales” como la de los Gnósticos y la de los Ebionitas. Asimismo, transformó a los judíos en chivo emisario, al acusarlos de ser los responsables de la muerte de Jesús, convirtiéndolos así en el “Pueblo deicida”, un estigma que lo acompañó durante 1700 años, hasta que el Papa Juan Pablo II, a fines del siglo pasado pidió perdón a los judíos por los atropellos y crímenes cometidos contra ellos por la Iglesia Cristiana, como fueron la persecución y la violencia de la que fueron víctimas en Europa, incluida la Inquisición española, que condenó a muerte a mas de cincuenta mil hebreos por el solo hecho de profesar la fe mosáica. Además de pedir perdón el Papa llamó a los judíos “Nuestros hermanos mayores”, en el sentido, que el Judaísmo fue quien dio origen al Cristianismo.
Jesús nació y vivió como judío, y murió sin saber que había fundado una nueva religión.
No puede negarse que Jesús fue judío, que lo fueron sus apóstoles y primeros seguidores durante décadas, que utilizaron categorías de pensamiento eminentemente judías, y que su prédica, inicialmente estuvo dirigida al pueblo de Israel2.
Apenas unos años después de su muerte, el nuevo fenómeno religioso, ya había llegado a Roma y sus componentes eran básicamente judíos y prosélitos judíos.
Y como dijo el Profesor David Flusser (de la Universidad hebrea de Jerusalén), muy a pesar de los cristianos “el judaísmo es el trasfondo en que se encuadra el mensaje de Jesús, y solo quien conozca el primero, puede captar el sentido del segundo”, es decir: solo podrá entender en su verdadera dimensión lo que dijo Jesús, aquel que conozca a fondo el judaísmo.
El pensamiento de Jesús solo podrá ser entendido cabalmente si se lo encuadra en el contexto histórico-ideológico del judaísmo de su época.
En el siglo IV de la era, tuvo lugar en Roma, para entonces el ombligo del mundo, un suceso paradojal y casi impensable para esos tiempos: el imperio más poderoso de la tierra (descontando China), cambió de religión: después de casi mil años de paganismo, se convirtió sin más al Cristianismo.
Esa conversión echó por tierra la estantería milenaria del panteón de los dioses paganos, y la parafernalia de sus mitos.
El acontecimiento llama poderosamente la atención pues significó el derrumbe de una concepción de vida y una ética milenarias. También llama poderosamente la atención como una combinación del bagaje ético-humanista judío, con una serie de creencias cuasi-pueriles de vírgenes concibientes por obra del Espíritu Santo, y mágicas curaciones milagrosas, con muertos resurrectos y un culto sencillo como fue el del Cristianismo Primitivo, logró cautivar a cincuenta millones de personas que era la población total del Imperio Romano del siglo IV ec.
Los romanos decían: “Vox populi vox dei”
“La voz del pueblo es la voz de Dios”
Es decir que los mandatarios debían prestar oídos al pensamiento y desiderio popular, o mejor dicho, que era de balde pretender ir a contra corriente de la voluntad del pueblo.
Y eso mismo es lo que percibió la aristocracia romana: llegó a la conclusión que debía plegarse al credo de la mayoría, adoptando el cristianismo, so pena de ver rodar sus cabezas 1400 años antes de la Revolución Francesa.
Roma no solo adoptó la nueva fe, sino que también la “adaptó” a su entera conveniencia, generando lo que podríamos denominar “la versión oficial” del cristianismo, y el simultaneo se dedicó a combatir ferozmente a todas las demás corrientes del cristianismo “disidente”, persiguiéndolas a capa y espada.
La versión romana “oficial” del cristianismo, no fue otra cosa que una reelaboración de la historia y del mensaje original del Movimiento Cristiano (Mesiánico), conforme a los intereses de los aristócratas romanos, que querían una masa mansa y sufrida, dispuesta a sacrificarse en este mundo, para recibir su recompensa en el otro, el de ultratumba.
Así las cosas, Jesús fue despojado de todo vestigio revolucionario y se lo caracterizó como un hombre santo y beato, protector de los humildes, y los humildes en esa época conformaban el noventa y cinco por ciento de la población del Imperio, mientras que la aristocracia era solo el cinco por ciento restante.
Al mismo tiempo, para que los romanos quedaran libres de cargo y culpa se urdió la inverosímil patraña de inculpar a los hebreos por la muerte de Jesús, transformándolo en el “pueblo deicida”, el pueblo que mató al “Dios hecho hombre”.
En realidad, Israel no fue el pueblo que mató a Dios, sino por el contrario, fué el que venció la idolatría pagana creando el concepto avanzado de un único Dios creador de todo lo existente (*). Israel revolucionó el concepto de Dios, haciéndolo único y todopoderoso y llamándolo Jehová, palabra representada en hebreo con el tetragrama יהוה, que se pronunciaba “yawa”, en referencia al verbo “ser” o “existir” en el sentido de su existencia eterna.
Yawa fue primero el celoso Dios nacional guerrero de Israel, el “Jehová de los ejércitos”, para transformarse mas tarde en el Dios de la justicia y el amor universal, el de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, el Dios sediento de justicia social de los profetas Isaías y Jeremías.
Lo paradójico del cambio de paradigma de Roma, es que podría suponerse que tamaño imperio debería estar fundado sobre bases muy sólidas, de estabilidad, conservadurismo y políticas consuetudinarias, por lo que resulta difícil entender que, con toda su grandeza, haya podido dar un vuelco tan radical.
Pero la grandeza de Roma, muy bien definida por el canalla de Cómodo en esa memorable e incestuosa escena del film “Gladiador” en la que hablaba con su bella hermana viuda diciéndole que la “grandeza” de Roma era una “idea”, o un “concepto” que se esmeraban en exhibir hacia fuera, como se exhibe impostura al desplegar un ejército.
Idea que ciertamente se apoyaba en la inmensa riqueza y poder económico del Imperio, pero que por si misma no los iba a salvar:
Los romanos fueron inteligentes y lograron superar su propia inercia y adaptarse a los nuevos tiempos con nuevas ideas, como esta de cambiar “a tiempo” de religión y así salvar el cuello.
Siempre tuve la sospecha que al margen de la superchería y toda la sarta de mentiras e imposibles que rodean al credo cristiano, había algo más que no encajaba, y no me refiero a la literatura popular sino a los estudios críticos serios sobre el cristianismo.
En la visión de conjunto de los estudiosos, faltaba algo. Mientras unos lo veían con una visión sesgada clerical, otros lo hacían de forma agnóstica y aséptica, pero en todos los casos sus escritos eran como “comida sin condimento”, como si hubieran mezclado ingredientes de distintas recetas pretendiendo crear un plato gourmet.
Así las cosas. llegó a mis manos el trabajo del Profesor David Flusser de la Universidad Hebrea de Jerusalén, “Jesús en sus palabras y en su tiempo”, donde hallé finalmente puesta en palabras una idea que me acompaño siempre:
Jesús es un tema que solo puede ser entendido cabalmente por los judíos, el Cristianismo y la vida de Jesús solo pueden llegar a ser interpretados y comprendidos en la verdadera intención de sus expresiones originales, por quien tenga tanto educación judía (rabínica y académica), como así también un profundo conocimiento de la historia judía del período helenístico y romano. Porque si no se lo analiza desde la óptica del Judaísmo Clásico, de la Tradición Oral (Mishná-Talmud), y del Antiguo Testamento, resulta imposible comprender quién fue, y cuál fue su mensaje, ya que ante todo y por sobre todo, Jesús fue un judío de su época, y por supuesto no fue un israelita cualquiera sino alguien versado (y digo israelita, corrigiendo lo de judío, ya que por haber nacido en Nazaret , en la Galilea, era más israelita que judío).
Versado significa que fue educado en las Sagradas Escrituras, y por lo tanto era conocedor de la Ley Preceptual (Halajá) y de la tradición oral (Mishná), y posiblemente de otros escritos de su época, tales como los de la secta de Qumrán (rollos del Mar Muerto), filosofía griega, y persa, etc., por lo que habría tenido la preparación y los conocimientos necesarios para discutir de igual a igual con cualquier persona docta en leyes, analizar el alcance de los preceptos, y postular su adecuación a los nuevos tiempos.
Parece que fue también un hombre inteligente y visionario, aunque los Evangelios lo describen amén de mordaz, como un poco ingenuo y crédulo, ya que por una parte supo comprender la problemática social y económica de su tiempo, asumiendo una actitud consecuente y superadora, tendiente a modificar la realidad que tenía ante sus ojos y que no le gustaba, pero. por otra parte, subestimó el poder de los romanos y de la aristocracia de Judá.
En relación al mensaje de los primeros cristianos, leyendo “entre lineas”, los dichos de los apóstoles, salta a la vista que no se trataba de palabras ingenuas para “mansos corderos”, muchos párrafos que incriminaban al Imperio y sus dirigencia, y que fueron pasados por alto por la censura romana, así lo atestiguan, y eso debido a que los escritos de los primeros cristianos fueron redactados en arameo, que era la lengua de Medio Oriente de esa época, y solo mas tarde fueron traducidas al griego, y mucho después al latín.
Toda la movida de los primeros cristianos, en su etapa palestina y básicamente jerosolimitana debería entenderse en términos de política y poder. Corrían tiempos turbulentos y el aire olía a cambio y revolución. Todo hombre de Israel que estuviera en la flor de su edad y sus fuerzas, lo único que podía desear era ver a su tierra liberada y a los romanos afuera, no existe otra lógica posible, ya que lo contrario significaba traición a la patria.
La rebelión contra Roma fue una jugada fuerte y desesperada, madurada a fuego lento durante décadas por un pueblo oprimido y privado de su libertad.
Obnubilado por el odio al imperio, acosado por el fanatismo de algunas facciones, e ilusionado por la ingenuidad y credulidad esperanzadora y romántica. el judaísmo de esa época, en su encierro y miopía provinciana, no logró cuantificar el poderío y la crueldad de la “aplanadora romana”, ni tuvo en cuenta las consecuencias de un posible desenlace fatal.
Y eso fue justamente lo que ocurrió en el año 70 EC., con el asedio romano y la destrucción de la ciudad de Jerusalén, el incendio del templo, y su saqueo por las tropas del emperador Vespasiano al mando de su hijo Tito.
El “Reino de Dios”, que era el nombre en clave del movimiento de liberación liderado tanto intelectual como espiritualmente por los primeros cristianos, fue pintado por el oficialismo romano del cuarto siglo, como un ministerio a favor de de pecadores y prostitutas del populacho, pero en verdad sus vínculos eran otros.
Puede que Jesús se vinculara, como sanador y taumaturgo, con la plebe, como lo hacía todo rabí judío, pero su preparación y doctoría nos advierten de lo contrario. El hecho de que los ritos funerarios de Jesús hayan sido conducidos por dos personajes ricos e influyentes de Jerusalén como fueron José de Arimatea y Nicodemo, demuestra que no era solo un líder de miserables y prostitutas, sino que su movimiento estaba vinculado a estamentos influyentes, lo que abona la hipótesis que fue condenado a muerte por sedición, máxime teniendo e cuenta que se la aplicó como castigo la “mors agravatta” (crucifixión), reservada por la ley romana solo para revoltosos, asesinos y sediciosos.
En relación a este punto, se impone hacer algunas precisiones básicas, tendientes a poner en claro, tema tan central y conspicuo: ante todo debe quedar claro que, durante el mandato romano en Judea, las sentencias a pena de muerte pasaron del Sanhedrín (Senado de Judea) al ámbito de la autoridad romana, y podía ser decretada solamente, y en todos los casos por la máxima autoridad romana de aplicación, representada en tiempos de Jesús por el procurador romano Poncio Pilatos.
La pena de muerte no podía imponerla ninguna otra persona o estamento subalterno al procurador. Nadie salvo él, tenía autoridad para dictar esas sentencias, ni el Sanhedrín ni el Sumo sacerdote, siendo que antes de la llegada de los romanos, las sentencias de la pena de muerte, solo podían ser tratadas y llegar a veredicto por el Sanhedrín extendido (un tribunal integrado por 72 miembros).
Además, los reos condenados a muerte por el Sanhedrín, conforme la ley judía, eran enterrados en dos fosas comunes, tal como indica la Mishná Sanhedrín cap. VI, vers. 5, que dice: “…no se lo enterraba en la sepultura de sus padres, sino que existían dos sepulturas habilitadas para el tribunal, una para decapitados y estrangulados y otra para lapidados y quemados”.
La pena que recibió Jesús de acuerdo al evangelio (mors agravatta), y su lugar de sepultura (una tumba particular) demuestran que Jesús no pudo ser condenado a muerte, ni por el Sanhedrín ni por los sacerdotes del templo de Jerusalén, sino por el procurador romano en persona. Tampoco pudo ser acusado de blasfemo por el Sanhedrín, ya que en esos casos cabía la condena a muerte por lapidación (apedreo), tal como figura en la Mishná Sanhedrín cap.VII, vers. 43, por lo que el capítulo de la condena y muerte de Jesús, no debería ser mirado con ingenuidad, lo suyo no fue un cuento de un “beato y rubio pastor” de ojos celestes y cabello lacio, rodeado de inocentes corderos, sino que debería vérselo como lo que fue: un hombre versado, conocedor de la ley, sanador de cuerpos y almas, uno de los primeros sicólogos de la historia (terapeuta), un israelita de su tiempo profundamente comprometido con los ideales de liberación de su pueblo, líder de una secta político-religiosa ( en esa época ambos conceptos no estaban separados) disidente de sesgo social, preocupado con el grave deterioro socio-económico que sufrían la gente mas pobre a causa del nuevo orden surgido a causa de la dominación romana, y un capitalismo incipiente que solo favorecía a los poderosos. Un líder que pretendió reinterpretar las leyes vigentes, adecuándolas al nuevo escenario greco-romano, que generó profundos cambios del clásico estilo de vida en Israel, y promovió grandes desequilibrios sociales.
Perseguido y proscripto, se vio obligado junto a sus acólitos a pasar a la clandestinidad, pero final e inevitablemente, fue apresado y condenado a muerte por sedicioso, como tantos otros en su tiempo.
Algo muy importante a tener en cuenta es que la “historia oficial” sobre Jesús, una suerte de cuento pueril y simple, como para mentes infantiles o gente inculta, fue redactado y terminado de “pulir” unos trescientos años después de ocurridos los hechos. Los mismos Evangelios admiten incluso que el objeto de esos textos es la “propagación de la fe cristiana”, por lo que el valor histórico que se le puede adjudicar es relativo, y es preciso saber leer entre líneas para llegar a entender el verdadero sentido de muchos pasajes.
Parafraseando a J. M. Allegro, así como es muy difícil probar que alguien haya existido hace dos milenios, los relatos que pretendan demostrar que alguien haya existido hace dos mil años, resultan poco veraces y arrojan muchas dudas acerca de su autenticidad, mas aún si se tienen en cuenta los motivos y móviles de aquellos que propagaron esos mensajes religiosos, y continuaron haciéndolo por siglos a través de sus continuadores.
Para entender como evolucionó y/o se manipuló la imagen de Jesús por móviles religiosos y/o políticos, podríamos hacer el ejercicio intelectual de pensar como podría llegar a ser visto el “Che” Guevara dentro de trescientos años, cuando el clamor popular reclame su beatificación, ¿qué historias se contarán de él a los niños? Seguramente la Iglesia Católica no dirá que estuvo movido por intereses políticos y de poder, ni que fue un revolucionario armado.
Seguramente se hablará de él como alguien que se “sacrificó” por el bien de los pobres, un “santo varón”, pleno de pureza espiritual.
Por tanto, cualquier intento de bucear en la verdad histórica de Jesús y su movimiento, tropieza dese el vamos con serios obstáculos, y a falta de registros y documentación epigráfica exo-neotestamentaria directa sobre su persona, se debe recurrir forzosamente al enfoque histórico de corte sociológico y antropológico, para que así, de los usos y costumbres de su tiempo se pueda extrapolar un perfil que permita entender sus dichos y acciones.
165 aec.
Redacción del libro de Daniel
161 aec.
Alianza de Judas Macabeo con Roma
20 aec.
Los dos escribas fariseos Hilel y Shamay
6/7 ec.
Insurrección antirromana de Judas Galileo, que terminó crucificado junto a dos mil de sus hombres. Inicio del movimiento Zelote
64 ec.
Incendio de Roma, persecución de los cristianos por Nerón
66 ec.
Insurrección en Judea y Galilea
70 ec,
Caída de Jerusalén y destrucción del templo por Tito
La literatura talmúdica: Talmud de Babilonia y Talmud de Jerusalén, reflejan el ideario y el modo de vida de los judíos y su legislación. Muestran a un pueblo muy ligado a su tierra y consagrado al trabajo de la misma.
En este marco de ideas y costumbres creció y fue educado Jesús y sus seguidores.
“Aquel que trabaje su tierra se saciará de pan”
עובדׂאדמתוׂישבעׂלחם
“Aquel que se transforme en esclavo de su tierra se saciará de pan, y el que no, no se saciará”
אםׂעושהׂאדםׂעצמוׂכעבדׂלאדמהׂישבעׂלחםׂואםׂלאוׂלאׂישבעׂלחם
“En el futuro, todos los trabajadores y artesanos se ocuparán de la tierra”
עתידיםׂכלׂבעליׂאומנויותׂלעמודׂעלׂקרקע
“Incluso el rey esta atado a la tierra”
מלךׂלשדהׂנעבד
“Incluso aquel soberano que domina de un extremo del mundo hasta sus confines, está esclavizado a la tierra, y pregunta: ¿Dió frutos la tierra?, ¿no dió frutos?”
אפילוׂמלךׂשולטׂמסוףׂהעולםׂועדׂסופוׂלשדהׂנעבדׂושואלׂואומרׂ:ׂעשתהׂהארץ?,
? הארץ עשתה לא
“Todo aquel que compre un esclavo hebreo, es como si comprara para sí un amo”
כל הקונה עבד עברי כקונה אדון לעצמו
“No es posible un mundo sin perfumeros ni curtiembreros, pero ¡feliz de aquel cuyo oficio es el perfume!, y ¡ay! de aquel cuyo oficio es la curtiembre.
אפשרׂלעולםׂבלאׂבסםׂובלאׂבורסקי אי
אשריׂמיׂשאומנותוׂבסק
“Todo aquel que no enseña un oficio a su hijo, es como si le enseñara a delinquir”
כאילוׂמלמדׂליסטותׂ ,כלׂשאינוׂמלמדׂאתׂבנוׂאומנות
“Grande es aquel que consigue cubrir sus necesidades con su propio esfuerzo, su mérito es mayor que el del temeroso de Dios (que el observante)”
גדולׂהנהנהׂמיגיעתו,ׂיותרׂמיראׂשמיםׂ
“Todo conocimiento que no conlleva un fin practico, no sirve.”
כלׂתורהׂשאיןׂעמהׂמלאכהׂסופהׂבטלה
“Los operarios ocupados en su trabajo no están obligados a interrumpirlo y ponerse de pié para rendir pleitesía a los sabios”
En relación al edicto del “Prozbul”, y sus consecuencias en la economía del hombre común::
“Mejor vende a tu hija como esclava4, antes que tomar dinero a interés”
ימכורׂאדםׂבתוׂולאׂילואׂברבית
“La usura es igual a la mordedura de una serpiente, recién duele cuando se hincha, igualmente, la usura no duele hasta que la deuda contraída se hincha por los intereses acumulados”
“No se ha de prestar dinero a interés ni siquiera a los extranjeros”
“No de deben admitir como testigos en un tribunal ni a jugadores5 ni a usureros”
A partir de la sublevación contra Roma de año 66 ec., cambió la relación con el extranjero y el prosélito tanto en Judea como en el resto de Israel.
En contraposición al fariseísmo vigente desde hacía mas de un siglo, desde el inicio del Período Macabeo, que propendía al proselitismo, y que más tarde tendría su correlato en el accionar evangelizador de los primeros judeo-cristianos, después que Roma ahogó la revuelta y destruyó Jerusalén e el año 70 ec., comenzó a extenderse la opinión de que el proselitismo religioso no concordaba con los objetivos del judaísmo nacionalista combatiente, en el que los nuevos conversos y los extranjeros no encajaban, y de ellos se decía:
“Los extranjeros conversos pesan para Israel tanto como un absceso”
קשיםׂגריםׂלישראלׂכספחת
Se los consideraba así, porque aún cuandoadhirieran al ideario y los principios de la religión, carecían por su cuna de patriotismo nacionalista.
La ebullición contra Roma existió desde el año cero, y ya en el año 6/7 EC., fue sofocado el alzamiento de Judas el Galileo, ocasión en que los romanos crucificaron a dos mil insurgentes.
Años más tarde, y ya en tiempos de Jesús, Poncio Pilatos, gobernador (procurador) romano de Judea, consideraba su deber crucificar a los extremistas, ya que ese era el castigo que la ley romana daba a los sediciosos6, por eso se había decidido ajusticiar a Barrabás, que era jefe revolucionario y era admirado por el pueblo, y tanto mejor si esto tenía lugar durante la Pascua, la principal fiesta judía (que congregaba una inmensa multitud de peregrinos que “subían a Jerusalén” en cumplimiento de los preceptos religiosos que obligaban a “subir” a Jerusalén tres veces al año, y a los que vivían fuera de Israel , una vez cada dos años) había que mostrar a todos la mano dura de Roma, y así aleccionar a las corrientes subversivas.
El pueblo no odiaba a Jesús, pero eligió liberar a Barrabás, que era conocido como luchador por la libertad.
En el relato de los “defectos de Pilatos” del filósofo alejandrino “Filón de Alejandría” (Legatio ad Gaium, pp. 299-305) entre otras cosas se menciona una carta del rey Judío Agripa dirigida al emperador Calígula, redactada quizá por el mismo Filón a petición del rey.
En ella se dice de Pilatos: “era por naturaleza inflexible, obstinado y duro”, entre los delitos de su administración menciona: “soborno, violencia, pillaje, torturas y ofensas, constantes ejecuciones sin juicio previo, y crueldades infinitas e intolerables”.
Al parecer entonces, el trágico final de Jesús, no estuvo precedido por ningún veredicto dictado por tribunal judío alguno.
Los acontecimientos que llevaron a la muerte de Jesús, al igual que muchos otros condenados de su tiempo, fueron, posiblemente, el resultado de un “juego cruel” entre distintas esferas de poder e intereses, que jugaban a la sombra de brutales resentimientos. Resentimiento de las clases populares contra la aristocracia enriquecida por la estabilidad económica producto de la “Pax romana”, y del edicto del Prozbul, que permitía prestar dinero a interés sin las limitaciones tradicionales que imponía la ley judía, a un pueblo empobrecido, que veía que su tierra hipotecada no retornaba a sus dueños originales el año del jubileo, pasando a engrosar el erario de los prestamistas o quedaba en manos de los confiscadotes romanos.
Para descubrir al Jesús histórico, no basta con conocer el griego antiguo, es imprescindible conocer el arameo, que fue la lengua en la que fueron redactados la mayoría de los escritos judeo-cristianos, y el hebreo, que es el idioma mas próximo al arameo.
En muchas ocasiones, un pasaje oscuro y difícil de comprender en griego, o de sentido contradictorio, revela su verdadero significado, con solo traducirlo al arameo, o la hebreo.
El Judaísmo, como sistema religioso, legal y filosófico, constituye el trasfondo en le que se encuadra el mensaje de Jesús, y solo quien conozca el primero, podrá captar en su verdadera dimensión el auténtico sentido del mensaje cristiano.
En otras palabras, el elemento judáico debe servir no solo de “término de comparación”, sino sobre todo de “base” para una interpretación de las palabras y los hechos de Jesús.
Como ejemplo, examinemos la palabra “virgen”: en los escritos bíblicos y talmúdicos, cualquier mujer joven y no casada (o sea casadera) se denominaba “betulá”, que los Evangelios tradujeron como “virgen”. Pero “betulá” literalmente significa: que conserva su himen intacto.
El caso es que, según las costumbres de esos tiempos, las jóvenes debían llegar vírgenes al matrimonio, y a tal extremo legaba la cosa, que la joven que hubiera sido deflorada con anterioridad a la noche nupcial, y que en su primera relación marital no sangrase, podía ser rechazada, quedando nulo el matrimonio.
Por ello, en hebreo, la palabra “betulá” (traducida por los Evangelios como se mencionó antes, como “virgen”), no es otra cosa que un sinónimo de “jovencita soltera”, y aunque la norma era conservar la virginidad hasta el casamiento, el hecho de llamar betulá a las jóvenes, no aseguraba que todas ellas fueran vírgenes, sencillamente porque hasta la noche nupcial, nadie, (salvo una comadrona o la propia madre) hubiera podido atestiguar que una joven era virgen.
En el sur de Italia, hasta hace no mucho tiempo, se acostumbraba colgar en los balcones las sábanas manchadas de sangre de la primera noche de casados, como evidencia probatoria de la genuina virginidad de la desposada.
Otro ejemplo interesante es el concepto “Reino de Dios”, que así se dio en llamar el movimiento de los primeros cristianos en Israel, y al que se le atribuyen todo tipo de significados espirituales y etéreos.
En realidad, pretender instaurar en la tierra “El reino de Dios”, no era otra cosa que la pretensión de retornar al camino señalado en la Toráh (o sea el Pentateuco, integrado por los cinco primeros libros de la Biblia), cumpliendo a rajatabla las leyes sociales tan avanzadas para su tiempo.
Y se denominaba “de Dios”, sencillamente porque según el credo Israelita, la Toráh le fue entregada a Moisés por Dios en el Monte Sinaí.
Estos dos sencillos, pero fundamentales ejemplos, demuestran que para entender su mensaje, resulta imprescindible conocer la base cultural judía el la que fue educado Jesús.
Comparando la doctrina cristiana, con las ideas judías, expresadas por sus diversos sabios y eruditos, se puede llegar a entender cuales fueron los presupuestos de los que partió Jesús, que tienen de común y en que se diferencian.
José Miguel García – Los orígenes históricos del Cristianismo
Editorial Encuentro – Madrid – 2007
ISBN 978-84-7490-837-4
Antonio Piñero – Los cristianismos derrotados
Editorial Edaf – 2008
ISBN 978-84-414-2005-2
José Montserrat Torrents – Jesús , el galileo armado
Editorial Edaf – 2007
ISBN 978-84-414-1962-9
Julio Trebolle Barrera – Paganos, judíos y cristianos en los textos de Qumrán
Editorial Trotta – 1999
ISBN 978-84-8164-311-4
Cesar Vidal Manzanares – El judeo-cristianismo palestino en el siglo I
Editorial Simancas – 1995
ISBN 84-8164-037-9
John Dominic Crossan – El Jesús histórico
Editorial Emecé – 2007
ISBN 978-950-04-2915-3
Ruben Dri – El movimiento antiimperial de Jesús
Editorial Biblos – 2004
ISBN 950-786-430- X
David Flusser – Jesús en sus palabras y en su tiempo
Editorial Cristiandad – Madrid – 1975
ISBN 84-7057-181-8
Antonio Piñero et Al. – Biblioteca de Nag Hammadi I
Editorial Trotta – Madrid – 2007
ISBN 84-8164-884-1
Francisco García Bazán – La Gnosis Eterna vol. II
Editorial Trotta – Madrid- 2007
ISBN 978-84-8164-852-2
Bart D. Ehrman – Cristianismos perdidos
Editorial Crítica – Barcelona – 2004
ISBN 84-8432-573-3
Flavio Josefo – Guerra Judáica
Con la introducción y notas de José Ricciotti
Editorial Eler – Barcelona- 1960
1 El primer intento, fallido, fué el del faraón Akhenatón, que intentó imponer en Egipto el culto monoteísta al dios Atón , el disco solar, pero no tuvo éxito.
2 C. Vidal Manzanares “El judeo-cristianismo palestino en el siglo I” pp.22.
3 “y habría sido sepultado en la fosa común , reservada para lapidados y quemados en la hoguera”.
4 El esclavo hebreo era liberado al séptimo año, cualquiera hubiera sido su deuda.
5 Jugadores de juegos de azar.
6 Según el derecho romano: “…los promotores de una revuelta, de un motín, los agitadores del pueblo debían ser, conforme a su condición, crucificados, o arrojados a las fieras salvajes, o desterrados a alguna isla.”
La Comunidad de Qumram, también conocida como Secta de Qumram, constituye sin lugar a dudas una singularidad histórica, y el estudio del material epigráfico recuperado en las cuevas de Qumram, despierta un renovado y continuo interés, tanto para los académicos y los investigadores de la cultura espiritual y la historia judía del cambio de era, como así también para los estudiosos del cristianismo, por la influencia y el alcance que se supone pudo tener la secta en el surgimiento de la nueva fe y en el desarrollo de la literatura neotestamentaria. De hecho, los textos recuperados en Qumram, son el único nexo transicional descubierto hasta la fecha, entre la literatura religiosa judía y su homóloga neotestamentaria, y en ello reside gran parte de su importancia, así como los reparos de la Iglesia a su divulgación.
