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¿Lo que nos une, también nos separa? ¿Puede el amor transformarse en odio? ¿Por qué deseo lo que no amo y amo lo que no deseo? ¿Por qué solo me atraen personas que están en pareja? ¿Por qué no me enamora la gente de mi edad? ¿Por qué me pasa siempre lo mismo? ¿Puede el enamoramiento transformarse en un acto de suicidio? El conflicto es parte de la condición humana; nos acompaña en el devenir de la vida, lo aceptamos, lo sufrimos, lo superamos… a solas y con otros, y sobre todo, en la intimidad de la pareja. Los autores exponen en este libro un abordaje distinto que nos permite vislumbrar la dimensión humana. Página a página, se irán develando las emociones que una relación de pareja pone en escena, esa estructura dinámica que repetimos a ciegas una y otra vez. Cada capítulo nos abre una ventana de comprensión que refleja nuestras conductas y las de quienes nos rodean, desmantelando prejuicios para adentrarnos en la insondable profundidad del alma. Un verdadero entramado de pasiones. Un tejido que a veces nos abriga, otras veces nos aprieta y muchas otras nos lastima. Casos que nos identificarán y detonarán reflexiones e interrogantes guiándonos en la búsqueda de nuestro conocimiento personal.
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Seitenzahl: 161
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Jorge E. De Gregorio Andrea De Gregorio
Parejas
Cubierta
Portada
Agradecimiento
Prefacio
1. Parejas
2. La mala mujer
3. Obsesión fatal
4. El exorcista
5. El amante de mi ex
6. Amada inmortal
7.
A topless story
8. Muriel
9. El proxeneta
10. Sueño de Roma
11. ¡Me perteneces!
12. Anorexia
13. In vitro
14. Nuestras pasiones
Sobre este libro
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Créditos
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Portada
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Tabla de contenido
Deseo agradecer especialmente a nuestros pacientes por confiar en nosotros y acompañarnos día a día en nuestra evolución profesional.
Seleccionamos estos casos para transmitir una comprensión más profunda de las pasiones humanas y cómo se entrelazan en una relación de pareja.
Las historias que elegimos para graficarlo son casos reales, experiencias de nuestro trabajo profesional en el que nos ocupamos de desplegar tanto el origen de lo que no anda bien, y que inevitablemente va contruyendo el destino de una persona, como las potencialidades internas de las que hasta el momento no se ha podido apropiar.
Lamentablemente mi papá enfermó antes de que pudiéramos publicarlo.
Era un ser de una inmensa generosidad, un iluminado con el don de leer el alma humana.
Este libro es en honor y eterna gratitud a quien ha sido mi mentor, mi guía y quien me ha impulsado con su ejemplo a un camino de permanente superación como forma de disfrutar la vida.
«… y esa noche fue como tantas otras noches, apenas comenzamos todo acabó.
Es imposible sostener mi erección, cada noche vivo aterrado de que esto ocurra y trato todo lo que puedo de evitar ir juntos a la cama. Hice todo tipo de tratamiento, nada resultó. Busco mil excusas para no enfrentar ese momento.
Veo ante mis ojos la mirada desesperanzada de Amalia, triste me besó con un ‘hasta mañana’ y me dio la espalda, no sé qué me pasa. Pensar en Paola me hace sentir culpable, pero con ella todo es distinto. Todo en ella me excita, siempre tengo ganas y me hace sentir el más potente de los hombres.»
De cualquier modo, Pablo estaba convencido de que no deseaba un divorcio. A sus cincuenta y un años no quería provocar tal sufrimiento en Amalia. Con ella tienen una familia preciosa. Solamente el pensar en dejarlos pone un dolor en su pecho; con toda una vida juntos, ella ha sido siempre una compañera “todo terreno”. “Ella es una madre extraordinaria que da su vida por cualquiera de nosotros. Mi amor hacia ella es amor y también gratitud. Aunque mi deseo no esté ahora con ella, me siento egoísta con solo pensar en mi placer”.
Él pensó que tenía que confesarse a sí mismo que algo más frenaba su idea de unirse a Paola. Más allá de su sentimiento de culpa hacia Amalia y los chicos, no era solo eso en realidad lo que lo detenía, también algo extraño que quizás solo él percibía. Un algo que a veces lo excitaba y otras lo enfriaba, el extraordinario parecido entre Amalia y Paola. Si no fuera por la diferencia de edades, parecían gemelas una de otra. Su deseo hacia Paola era tan intenso como su ausencia de deseo hacia Amalia, pero algo más ocurría aún. Cuando hacían el amor con Amalia era Paola la que estaba en su cabeza y cuando estaba con Paola era Amalia. No podía estar del todo a solas con ninguna de las dos.
Estos pensamientos y preocupaciones bulleron en su cabeza durante toda la noche hasta que un rayo de luz anunció que un nuevo día comenzaba. A su lado Amalia aún dormía, de espaldas hacia él.
“Difícil luchar contra el deseo, porque lo que el deseo quiere lo toma a expensas del alma”.1
Desde la más remota antigüedad el deseo ha sido percibido como un poder extraño que tomando fuerza en lo prohibido se satisface en la transgresión.
¿Qué deseo carcomerá el alma de Pablo y ha hurtado sus sueños?
En su expresión él podría respondernos que se trata de un conflicto en él por su deseo hacia dos mujeres. Una, la compañera de toda una vida a la que ama pero no desea, y otra muy sexual a la que desea pero no sabe si ama. Solo imaginar que como resultado de su incertidumbre tendría que entregar su vida a manos de Paola, lo aterra. Solo Amalia existe en su corazón, es ella su familia.
Pablo sabe que se trata de dos mujeres distintas, y en realidad lo son. Sin embargo, en algún punto de su mente quizás se trate de la misma mujer.
No solo el sorprendente parecido físico entre Paola y Amalia nos invita a suponerlo, sino el enigma de por qué en la escena del amor las dos están presentes en su cabeza. ¿Con quién él gozará realmente? Quizás siempre se trate de Amalia y de otra Amalia eternamente joven. Si esto fuera así, en Pablo, ni Amalia ni Paola tendrían para él individualidad en su existencia, meros reflejos sin vida propia. Un mágico espejo de sí mismo. En una peculiar máquina de tiempo logra materializar el ayer en el hoy y reencontrar al potente joven que una vez fue. Ambas mujeres constituirían el espejo mágico que muestra que este rejuvenecimiento se materializa. Si esto fuera así, nos encontraríamos a Pablo en presencia de la satisfacción de un deseo narcisista, en el que solo cuenta la permutación de la propia imagen; ninguna de las dos mujeres existirían para él realmente, solo cumplirían la función de ser partes necesarias del mágico rejuvenecimiento.
En esta transmutación dinámica de su propia imagen, Pablo logra construir una nueva realidad propia de un alquimista. Él podría afirmar junto a nosotros: “Lo inconsciente es lo real”. Es decir que aquello que se le presenta como realidad ante nuestros ojos pone en escena el conflicto que existe en el fondo de nuestro ser. En fenómenos semejantes debe haberse inspirado Lord Byron en su Retrato de Dorian Gray.
El tema de este libro es posibilitar el descubrimiento de esta otra dimensión que está presente de una manera u otra en cada uno de nuestros actos, y por supuesto en esa elección fundamental que se materializa en nuestra vida de pareja.
¿Qué desconocidas fuerzas nos conducen en nuestra elección? ¿Qué desconocidos deseos se satisfacen en ella cuando creemos que es para toda nuestra vida?
Tal como sucede con Pablo, las personas evolucionan y cambian de significación en esa otra dimensión.
Es muy probable que lo que él siente como ausencia de deseo sea en realidad la expresión de otro intenso deseo desconocido para él mismo. Es muy probable que Amalia, la mujer fundamental de su vida, ya ha llegado a ser la encarnación de su propia madre y de esta manera su relación con ella ha pasado a ser la expresión de una potente unión, la más tempranísima en su vida, que se pone en escena en su impotencia. La relación con Amalia pudo haber adquirido para él una significación materna. Si la poseyera sexualmente la ganaría como amante pero la perdería como madre, tal como su pene muerto lo dramatiza. Su impotencia genital sería la expresión de su potente unión incestuosa con su madre, de la que no pudo separarse jamás.
Pero, de todo este juego de espejismos en la vida personal de Pablo, ¿qué aprendemos de nuestra realidad ante nuestros ojos?
Lo que descubrimos es que existe en nuestra mente una desconocida capacidad de alucinar, para soñar con los ojos abiertos cuando nos encontramos en el territorio del deseo.
Sin embargo, luego de esta comprensión hipotética del conflicto amoroso que lo posee a Pablo, no sabemos por qué, si las dos mujeres encarnan a su madre, con una es potente y con la otra no. La interdicción del incesto responde a este interrogante a medias. Si Paola es una doble de Amalia y a su vez el haber hecho de Amalia una nueva versión de su mamá, ¿qué determinaría su impotencia sexual con una y su potencia con la otra? Es que la misma persona, ante nuestros ojos, cambia su significación, encarna otro personaje en nuestro drama inconsciente.
Con Amalia está presente la madre de la infancia, devenida inmortal y eterna; sin ella Pablo no puede vivir. En su pene muerto está expresado que algo fundamental de él desea estar en la tumba junto a ella. Su madre falleció un tiempo antes de que esta perturbación en su vida sexual con Amalia se hiciera presente. Unos meses después comenzó su irrefrenable pasión con Paola, y es a través de la magia atemporal de lo inconsciente que logró volver a la vida a su madre. Allí se expresa toda su potencia. Es donde se desarrolla un drama en el que él, sin saberlo conscientemente, realiza el mayor logro de su vida: el resucitar a su madre, eternamente joven y hermosa. Su profundo goce sexual tiene como prerrequisito que Amalia ponga en escena la muerte de su madre. Es como un duelo al revés: en vez de ir de la vida a la muerte, va de la muerte a la vida.
Las historias que presentaremos a continuación muestran dos niveles; el primero, es el común y corriente, vicisitudes de la vida ante los ojos y la impotencia de estos seres para encontrar una salida al drama que ellos padecen. El segundo es el más desconocido, el que atraviesa toda opinión y todo prejuicio tomando estrictamente los elementos que la propia pareja sabe de ellos mismos y de sus conflictos. Se descubre otra realidad, más allá de toda opinión para quienes son sus protagonistas. Cuando esta experiencia se realiza, la pareja no solo posee más información consciente de aquello que los aqueja sino que experimentan la sensación como si algo en el corazón del ser de la pareja nos escuchara. La experiencia deviene en hito en la historia de esa pareja demarcando un antes y un después. Son los sueños, verdaderas tomografías de lo inconsciente, los que nos van mostrando las transformaciones que se van produciendo en esa otra dimensión. Son los sueños y las transformaciones afectivas un extraordinario medio de verificación y validación de las hipótesis que elaboramos. Pero, aún en el mundo de la pareja nos enfrentamos con otro interrogante: ¿qué es sano y qué es enfermo en nuestra relación? Una pregunta que puede llegar hasta a enjuiciar de una manera masoquista a la pareja misma. Pero son ellos y solo ellos los únicos capacitados para saber que no anda bien. Algo desde el corazón de nuestro ser nos interroga, solo debemos escucharlo. Es él quien nos enfrenta a nuestro “lado oscuro de la Luna”.
Tenemos entonces tres posibilidades y, quizás, una cuarta:
La primera es hacer la “vista gorda” y tratar de salvar la pareja sea como sea. Es decir, tomar el camino de la negación logrando esa posición circunstancial de que “todo está bien”.
El segundo camino es el de enfrentar las situaciones que no andan. Para analizarlo de manera genuina necesitamos consultar a profesionales especialmente preparados que nos ayuden a comprender y elaborar aquello “que no anda”, más allá de toda opinión. Se requiere de un profesional especialmente entrenado.
Después de todo, es la propia vida y la de nuestra pareja la que está en juego.
Nuestro objetivo es el amor, ser más libres, ya sea juntos o separados y alcanzar un desarrollo psicosexual mayor en nuestra vida. Es la relación de amor la única que puede posibilitarnos un desarrollo y crecimiento genuino, y el profundo goce de ser más libres en nuestra vida.
El tercer camino lo constituyen sentimientos de frustración o de vacío que se expresan a través de angustia, insomnio y un profundo sentimiento de frustración. Es decir, este camino estaría caracterizado en la superficie por una “defensa a ultranza de la pareja”, solo cubierta de buenas razones en las que la mayoría de las veces pagamos enfermando.
Es obvio que un cuarto camino siempre es posible: es el del divorcio. Pero, ¿cómo divorciarse de uno mismo? Es frecuente observar que las vicisitudes por las que atraviesa una pareja vuelven a recrearse en la siguiente, o de aquello que creen separarse muchas veces se lo llevan puesto.
Así en esos breves momentos que nos enfrentamos con esa riesgosa verdad que intentamos acallar, escuchamos que desde el fondo de nuestro ser algo nos interroga sobre el sentido de nuestra vida amorosa. Un conflicto con nosotros mismos que no podemos dejar de reconocer como propio, en donde un deseo a veces se nos presenta como prácticamente opuesto a ese deseo en la superficie, pero que es un deseo de otro orden que nos cuesta reconocer como propio; por ejemplo un deseo de fracaso en el triunfo, o envidia hacia nosotros mismos en los que destruimos lo más amado. A veces podemos llegar a pensar que una “bruja nos ha poseído”; en ellas no creemos, pero que las hay, las hay.
¿Quiénes somos?
¿Qué nos une?
¿Es esta la vida que deseo?
¿Qué deseo?
¿Qué me hizo elegirla?
¿Por qué la química con él y no con mi marido?
¿Por qué deseo lo que no amo y amo lo que no deseo?
¿Por qué si la amaba tanto de golpe ahora no la puedo ni ver?
¿Por qué cambió todo desde que tuvimos hijos?
¿Por qué si no lo admiro, lo deseo?
¿Por qué solo me atraen hombres que están al lado de otra mujer?
¿Por qué no lo puedo arrancar de mí cuando en sí ni siquiera lo conozco?
¿Por qué no me puedo enamorar de alguien de mi edad?
¿Por qué soy esclava de su deseo?
¿Por qué en el amor me pasa siempre lo mismo?
¿Es que siempre termino recreando la pareja de mis padres en mi vida?
¿Es que no tengo otro destino?...
Yo no deseo la vida que tengo.
De una manera u otra, todas estas personas se sienten atrapadas en una sinrazón, en un círculo cerrado y repetitivo sin salida. Rozamos aquí otras de las características esenciales de nuestro psiquismo inconsciente, que se trata algo así como de un fenómeno de repetición, de recreación una y otra vez de las mismas situaciones y configuraciones afectivas que, sin saberlo, la propia persona llega a recrear las mismas situaciones con diferentes parejas, como si se padeciera de una obsesión de repetición.
Es esta una de las expresiones de la presencia de la muerte en la vida.
El objetivo de este libro es el de transmitir que una respuesta de nueva vida a estos enigmáticos interrogantes es posible cuando se descubren, más allá de todo prejuicio y mandatos culturales, las desconocidas pasiones que habitan nuestra alma.
1 Heráclito, filósofo griego llamado “el Oscuro” (535 a.C.-484 a.C.).
Annie es una hermosa joven de alrededor de treinta años que llegó ese día en una actitud corporal envuelta por una sombra, la que exhibía su propia desesperanza, tal como si un profundo duelo hubiera caído sobre ella. Se sentó en silencio y permaneció así unos minutos con la mirada hacia el piso, como si una pesada culpa la condenara. Con visible esfuerzo comenzó a hablar, con una voz tan baja que costaba oírla.
—Hace ocho años que estoy casada –comenzó diciendo–. Mi marido es un hombre extraordinario y yo una mala mujer. Solo pienso en la mejor manera de desaparecer. Yo lo quiero muchísimo pero no merezco ser su mujer. Me he entregado al mejor amigo de él y me siento sucia, no sé cómo pude haber hecho esto. Él no solamente es su mejor amigo, es su socio.
Ellos han construido con mucho esfuerzo una corporación de música para films.
Arthur, mi marido, y Frank son músicos y han tenido gran éxito.
Vinieron juntos a Los Ángeles desde Inglaterra y son amigos desde chicos.
Yo aprecio muchísimo todo el esfuerzo que hacen y toda su creatividad. Ambos han sido nominados para el último Oscar y yo estoy muy orgullosa por ellos.
Pero yo no puedo ni irme ni quedarme, por eso he pensado que lo único que me queda es desaparecer.
Todo comenzó este último enero, en Palm Springs. Un fin de semana, Frank y yo nos quedamos solos en la casa, fumamos unos porros, era la primera vez para mí, me sentí contenta, divertida, empecé a bailar y yo tenía la necesidad de sacarme la camisa y el corpiño y él se sacó su remera y bailamos y bailamos, nos abrazábamos y yo sentí que no tenía control sobre mí, solo quería reírme y bailar, la música resonaba adentro mío con colores, nos tiramos en el sillón del living y nos quedamos dormidos. Cuando nos despertamos yo estaba abrazada a él, era un abrazo lindo, tierno. Él estaba delante de mí y yo a sus espaldas abrazándolo desde atrás, y sentí algo que nunca sentí con Arthur, solo deseaba estar con él. Se despertó, se dio vuelta y él también me abrazó, yo me sentí realmente bien y me sentí realmente mal, pero no en ese momento… en ese momento fue todo maravilloso y desde ese momento siento que no podemos estar el uno sin el otro.
Arthur no percibe nada.
Los dos son muy distintos, casi como polos opuestos en sus personalidades. Justamente por eso forman un buen “team”.
Lo que más me atrajo de Arthur, mi esposo, es que es extremadamente serio, responsable, tiene más el aspecto de un business-man o de un abogado que de músico. Frank en cambio tiene el pelo largo, es muy descuidado con su arreglo personal, vive el momento, nunca sabe cómo habrá de vivir el día siguiente y siempre con olor a marihuana.
Yo me escucho diciéndole esto a usted y me digo “estoy loca, ¿cómo puede ser?” No me puedo imaginar una vida al lado de Frank, pero a decir verdad, tampoco una vida al lado de Arthur, llena de reglas, exigencias y sin deseo.
Con Frank es todo deseo sin barreras, sin más reglas que el deseo mismo, como dentro de un sueño. Con él puedo hacer el amor en cualquier parte, en la cocina, en el garaje y hasta en el parque. Todo es intenso e imposible de controlar para mí.
Siento que mi vida con Arthur corre peligro, es como una red en la que me siento atrapada. Teníamos el proyecto, casi a fin de año, de embarazarme. A los dos nos encantan los chicos, pero, ¿qué hago con todo esto si no puedo conmigo misma? A veces me doy cuenta de que no le puedo sostener la mirada a mi marido. Realmente soy una mala mujer y no puedo hacerle padecer todo esto… a veces me siento loca.
¿Qué deseo realmente, tener hijos con mi marido o estar con Frank?
Yo ya quedé embarazada una vez de Arthur, en el primer año de nuestro matrimonio. En ese momento no estábamos en condiciones de hacernos cargo de un hijo. Recién nos instalábamos en Los Ángeles, pasábamos mil penurias económicas y tuve que hacerme un aborto. Fue un terrible momento de mi vida que no deseo recordar, creo que ahí tuve un verdadero ataque de locura, sentí un odio incontrolable contra Arthur, lo maldije mil veces, lo acusaba de que todo había sido su culpa y en ese momento pensé irme. No quería verlo nunca más.
