Pierre Gassendi - Samuel Herrera Balboa - E-Book

Pierre Gassendi E-Book

Samuel Herrera Balboa

0,0

Beschreibung

La perspectiva filosófica de Pierre Gassendi (1592-1655) se inspiró en el escepticismo radical, se reformuló a través del epicureísmo y de la Scientia nova. Su pensamiento se convirtió en una alternativa filosófica al desplegar un ambicioso proyecto para la transformación de los fundamentos de la filosofía de la naturaleza del siglo XVII. Este libro tiene el desafío de comprender la filosofía natural de Gassendi expresada en sus bases epistemológicas y en sus argumentaciones relativas al vacío, la materia, al espacio, al tiempo,a la causalidad y a la generación. Estos temas se tratan a la luz de las principales interpretaciones contemporáneas con el fin ofrecer una imagen -lo más completa posible- de quien fuere uno los filósofos que tensionó, disputó e iluminó los problemas de toda una época.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 529

Veröffentlichungsjahr: 2020

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Samuel Herrera Balboa

Pierre Gassendi: el proyecto de una filosofía de la naturaleza en los albores de la filosofía moderna

Herder

Publicación avalada por:

Prof. Manuel Correia (Pontificia Universidad Católica de Chile)

Dr. Francisco de Lara (Pontiicia Universidad Católica de Chile)

Dr. Leonel Toledo Marin (Universidad Autónoma de la Ciudad de México)

Diseño de la cubierta: Herder

Edición digital: José Toribio Barba

© 2019, Samuel Herrera Balboa

© 2019, Herder Editorial, S.L., Barcelona

ISBN digital: 978-84-254-4403-6

1.ª edición digital, 2020

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com)

Herder

www.herdereditorial.com

NOTA DEL EDITOR

La marca que va entre corchetes en color rojo  [p. XX/XXX]

Índice

AGRADECIMIENTOS

PRINCIPALES ABREVIATURAS USADAS

INTRODUCCIÓN

1. ANTECEDENTES DE LA OBRA Y FILOSOFÍA DE PIERRE GASSENDI

1.1. Introducción

1.2. La pregunta por Pierre Gassendi

1.3. Las motivaciones filosóficas de Gassendi para reformular la filosofía de la naturaleza

1.4. Consideraciones relativas a la obra filosófica de Pierre Gassendi

1.5. Conclusiones

2. LA ESTRUCTURA GNOSEOLÓGICA FUNDAMENTAL DE SU FILOSOFÍA NATURAL

2.1. Introducción

2.2. El concepto de filosofía en el Syntagma philosophicum

2.3. El canon gassendista: marco epistemológico de su filosofía natural

2.4. Análisis de la primera parte del canon de la Institutio logica, «De la simple imaginación de las cosas»

2.4.1. Reglas cognitivas

2.4.2. Reglas de relación

2.4.3. Reglas metódicas

2.5. Conclusiones

3. EL PUNTO DE PARTIDA GASSENDISTA: LA EXPERIENCIA, LA CIENCIA Y SUS CONSECUENCIAS FILOSÓFICAS

3.1. Introducción

3.2. Reflexión preliminar al punto de partida gassendista

3.3. Gassendi y la investigación científica

3.4. Interpretaciones acerca de los trabajos sobre la visión y su consecuencia en la evolución de la filosofía gassendista

3.4.1 La interpretación de Olivier Bloch respecto de la visión

3.4.2 Interpretación de la distinción entre la teoría de la visión epicureana y la teoría de la visión gassendista

3.5. Conclusiones

4. ESPACIO Y TIEMPO: CONCEPTOS DE LA ONTOLOGÍA NATURAL DE GASSENDI

4.1. Introducción

4.2. El cambio categorial de los conceptos de espacio y tiempo en Gassendi

4.3. Las características del espacio y la defensa anticipada de Gassendi

4.4. La existencia del vacío: síntesis de argumentos a favor y en contra

4.5. Los tres tipos de vacío según Gassendi

4.6. La concepción de Gassendi acerca del tiempo

4.7. Conclusiones

5. «PRINCIPIO MATERIAL» Y «PRINCIPIOEFICIENTE»: ATOMISMO Y CAUSALIDAD EN LA DOCTRINA GASSENDISTA

5.1. Introducción

5.2. El atomismo gassendiano

5.3. La causalidad gassendiana

5.4. El rol del principio causal en torno a las causas segundas

5.4.1. Una manera de interpretar la paradoja artificialista en defensa de la idea de materia activa

5.5. Conclusiones

6. LA TEORÍA DE LA GENERACIÓN EN GASSENDI

6.1. Introducción

6.2. Substancia y cualidad como prolegómenos a una teoría de la generación

6.3. La teoría gassendista de la generación en la naturaleza

6.3.1. Teoría de la generación del mundo mineral

6.3.2. La teoría de la generación en el mundo vegetal

6.3.3. Teoría de la generación en los animales

6.4. Conclusiones

7. CONCLUSIONES Y REFLEXIONES FINALES

8. BIBLIOGRAFÍA

8.1. Fuentes

8.2. Literatura secundaria

Agradecimientos

La investigación que nutre este libro se realizó gracias a variados apoyos institucionales: a la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Chile por la Beca Doctorado Nacional y la Beca Término de Tesis; a la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Católica de Chile por su Beca VRI de estudios de Doctorado (2006); a la Dirección de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile por su Beca de codirección internacional del año 2008. Finalmente, al Département de Philosophie de la Université de Montréal, Quebec, por mi estadía desde diciembre de 2008 hasta parte de 2010.

Al profesor Dr. Manuel Correia del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien fue mi director durante el desarrollo del programa doctoral. Agradezco muy especialmente el consejo inicial que dio paso a esta investigación.

Al profesor Dr. François Duchesneau del Département de Philosophie de la Université de Montréal, quien ofició de codirector y dispuso de tiempo, paciencia y confianza en la investigación. Sinceramente, aprecio que esta tesis fuera posible en el mejor de los mundos posibles.

Al profesor Dr. Leonel Toledo de la Universidad Autónoma de Ciudad de México, con quien compartimos las preocupaciones gassendianas.

A mis amigos y filósofos de la Universidad de la Frontera: Felipe Johnson, Patricio Mena y Rubén Leal por su amistad filosófica y los sueños que compartimos.

Si bien todos los errores remanentes de este libro son de mi exclusiva responsabilidad, ellos serían mayores sin haber atendido las observaciones al texto señaladas por la Dra. Nerea Zabalegui.

Agradezco el apoyo constante de mi familia, en especial a mi hermano Marcos.

Finalmente, quisiera agradecer muy especialmente a mi Mayo y a mi pequeña Sofía. Me faltan hojas para agradecerles todo lo que han hecho para ver, por fin, este primer libro publicado.

Para M.S. Ch y S.

Introducción

En los últimos años hay algunos fenómenos que han influido fuertemente en el resurgimiento de los problemas de la filosofía de la naturaleza. En la primera mitad del siglo XX, el cambio de paradigma provocado por la física relativista contemporánea nos instaló en la pregunta por el alcance que tienen los principios de incertidumbre y relatividad: o bien estos principios son el reflejo de una incertidumbre ontológica de la naturaleza, vale decir, que en el principio mismo de lo natural aquello que reina es la incertidumbre, o bien ellos tienen un alcance explicativo limitado según la propia teoría. En otras palabras, la incertidumbre y la relatividad son propios del dominio epistemológico que nada dice respecto de la naturaleza de lo natural. Lo propio se discute en el ámbito de la física cuántica. Seguramente el avance de la biología en la segunda mitad del siglo pasado, especialmente en la descripción y la posibilidad de manejar técnicamente las bases biológicas-genéticas de los seres vivos, ha traído a la discusión el problema de la reducción de lo humano a tales mecanismos. Estos problemas provenientes de los datos ofrecidos por la ciencia contemporánea recalan en problemas emblemáticamente filosóficos: la libertad en un universo causalmente determinado o indeterminado y la naturaleza de lo humano y de lo artificial, por mencionar algunos.

Paralelamente al proceso anterior, el desarrollo de la posmodernidad filosófica pone de manifiesto su contrapunto con la razón [p. 17/336]  moderna; más aún, constantemente hay referencias generales a los supuestos de la filosofía moderna y sus intenciones respecto del conocimiento del universo y de la naturaleza, del método y la inducción, del hombre como sujeto de conocimiento y, en general, una crítica al proyecto filosófico de la modernidad enclavada en la razón cartesiana y su intento por asegurar la objetividad absoluta en el camino de las ciencias. Estos supuestos que aparecen como generales y globales han borrado las sutilezas filosóficas y las riquezas comprensivas en modelos filosóficos que no fueran los cartesianos. Se parte del supuesto —no declarado— de que la filosofía moderna es estrictamente cartesiana.

Sin embargo, si se quiere conocer la filosofía moderna no podemos disociarla de la filosofía de la naturaleza del siglo XVII. En esa germinación de ideas podemos encontrar elementos que nos alejen de las versiones homogéneas para posicionarnos críticamente respecto de la constitución de la filosofía moderna. La filosofía de la naturaleza del siglo XVII jugó un papel crucial en la fundamentación de la ciencia nueva, en la propuesta del mecanicismo y, finalmente, en la constitución de la filosofía y de la ciencia moderna. En este sentido, la riqueza de este momento filosófico no se deja reducir a la versión tradicional en la que se interpreta la ciencia moderna como fruto de la obra de Descartes, Bacon, Galileo y Newton.

Tanto los problemas filosóficos de la naturaleza que derivan de la ciencia actual como la reacción de la filosofía posmoderna nos condujeron al inicio originario de la modernidad en una vía no tradicional y de creciente interés para el mundo filosófico contemporáneo, pues vemos en la filosofía de Pierre Gassendi un enclave en que se conjugan los problemas propios de la filosofía natural y las sutilezas que constituyeron la filosofía moderna, en una versión de ella misma, más crítica y diversa que aquella entregada por la historiografía tradicional.

Nuestro libro se titula «Pierre Gassendi: El proyecto de una filosofía de la naturaleza en los albores de la Filosofía Moderna» [p. 18/336]  y tiene la intención general de dar cuenta de las principales tesis que configuran la filosofía de la naturaleza del filósofo francés tomando como punto de referencia el debate interpretativo relativo a su pensamiento. Intentaremos mostrar la articulación de los problemas filosóficos que constituyeron el pensamiento maduro de Gassendi, dando cuenta de la discusión que se juega en tales problemas y estableciendo nuestra propia posición en cada uno de ellos.

El punto de partida de nuestra investigación es la tesis de Koyré, que en relación a la ciencia nueva afirma que Gassendi «le aportó la ontología o, más exactamente, el complemento ontológico que le era necesario». Si bien consideramos dicha tesis correcta, para nosotros la actividad filosófica de Gassendi tiene inspiraciones y aportaciones que van más allá del complemento ontológico requerido por la ciencia nueva. En este sentido, nuestra hipótesis central plantea que el proyecto filosófico de Gassendi es un intento de transformación de los fundamentos en los que hasta ese momento se había basado la filosofía de la naturaleza. Planteamos que fueron justamente esas intenciones las que condujeron a la necesidad teórica de una explicación completa e integral de lo natural a partir de la reformulación de una ontología y una epistemología que fuesen mejores alternativas para enfrentar los modelos naturales ofrecidos tanto por la filosofía aristotélica como por la filosofía cartesiana. Por cierto, intentar demostrar nuestra hipótesis nos obliga a revisar y corregir las lecturas interpretativas que han dominado la hermenéutica historiográfica respecto del pensamiento de nuestro autor y su rol en la naciente filosofía moderna.

La historiografía tradicional que ha tratado la filosofía de Gassendi ha condicionado la evaluación de su valor filosófico a través de supuestos que han terminado por desvirtuar su pensamiento. Pierre Gassendi (1592-1655),quien fue evaluado por sus contemporáneos como una de las figuras centrales del siglo XVII, es para el presente un filósofo de orden marginal. Este [p. 19/336]  hecho se explica principalmente porque ha sido interpretado desde lecturas que no se ajustan del todo a su pensamiento ni a sus intenciones filosóficas. Por ejemplo, regularmente sus complejidades y tensiones han sido interpretadas más bien como falencias. Nuestra tesis pretende dar cuenta de este escenario y de cómo dichas lecturas han condicionado la investigación contemporánea acerca del filósofo francés. En principio podemos encontrar tres vertientes interpretativas:

La primera lectura puede denominarse como «aristotélica». Allí Gassendi ha sido una figura recurrente como objeto del juicio escolástico, más bien crítico. Incluso hoy sigue apareciendo en los listados de adversarios de Aristóteles.1 En este libro se plantea que, si bien la actitud antiaristotélica se mantiene a lo largo de su pensamiento, Gassendi no puede escapar por completo de las distinciones conceptuales que Aristóteles ha planteado. Podemos mencionar, por ejemplo, el desafío que implica mantener el finalismo al interior de un sistema natural y mecánico. A lo largo de esta obra planteamos que Gassendi se obliga a incluir la idea aristotélica de causa final producto de la complejidad del problema filosófico tratado y que, más bien, recurre al finalismo en razón de una necesidad de inteligibilidad del sistema natural y no solo por la necesidad táctica y/o estratégica de subsumirse en la doctrina cristiana y obtener réditos, protección o camuflaje, ya sea este de orden institucional o personal. Debemos tener [p. 20/336]  presente que para nuestro autor el intento de hacer calzar su doctrina filosófica con la doctrina cristiana es un punto más a favor de tomar dicha posición teleológica y no el único punto.

El segundo tipo de lectura encuentra su raíz a partir del texto escrito por Gassendi, que fue traducido en la publicación de las Quintas objeciones a las «Meditaciones metafísicas» de René Descartes y las respectivas respuestas que publicó el filósofo de Touraine.2 En ellas, el tono polémico y crítico tanto a los argumentos como a las personas nos ha dejado para la posteridad las afirmaciones cartesianas que interpretan la filosofía de Gassendi como incapaz de alcanzar un nivel metafísico o incapaz de acceder a los procedimientos cartesianos de reflexión. Creemos que juzgar la totalidad de la filosofía de la naturaleza de Gassendi a la luz de la interpretación cartesiana proveniente de la polémica mencionada es un sesgo hermenéutico que termina a priori por subvalorar la obra, los problemas filosóficos y las intenciones de reformulación del filósofo de Digne. [p. 21/336]

Sostenemos que es necesario hacer un escrutinio lo más independiente posible de la polémica Descartes-Gassendi. Debemos delimitar una estructura positiva desde el interior de las ideas del corpus gassendiano y generar el marco filosófico bajo el cual dar un lugar apropiado a la polémica. Además, no podemos juzgar la filosofía de la naturaleza de Gassendi a partir de los argumentos establecidos en la polémica con Descartes, puesto que, si lo hiciéramos, se convertiría en un error metodológico que terminará traducido en un error interpretativo-filosófico. Valoramos la polémica en tanto ha sido lo más renombrado e investigado en relación con nuestro autor,3 aunque desde ella no podemos dar cuenta de su filosofía de la naturaleza; en este sentido, nuestra investigación intenta ir más allá, y tiene como fin evaluar el pensamiento de Gassendi especialmente en su trabajo consolidado y maduro que aparece en el Syntagma philosophicum.

La tercera lectura proviene desde la mirada materialista que fue sustentada especialmente por Olivier Bloch. En ella se plantea que Gassendi no alcanza a dar completud sistemática a su teoría materialista y termina siendo un intento vano de [p. 22/336]  conciliar el materialismo epicureano con la doctrina cristiana. Sostenemos en nuestra investigación que interpretarlo desde un materialismo o enjuiciarlo como un materialista le quita riqueza a la compleja tensión de los problemas filosóficos que enfrenta Gassendi. En este sentido, nos alejamos de la tesis de Bloch, la cual ha sido llamada «tesis del autoboicot», que postula que Gassendi, en vez de extraer la totalidad de las consecuencias del materialismo (por ejemplo, la eliminación de Dios, la clausura del ente en lo material, el aborto de toda metafísica de corte espiritualista), voluntariamente las elude e incluso las traiciona. Esto tiene como principal consecuencia hacer de su filosofía un pensamiento asistemático, paradójico y, finalmente, autoabortado.

Consideramos que Bloch hereda en parte el juicio de Marx4 respecto del pensamiento de Gassendi y lo fundamenta en la diferencia estructural y de contenido que habría entre el manuscrito del año 1637 respecto de la obra editada post mortem en 1658. En el texto de 1637 no hay referencias a elementos teo-teleológicos, y se observa en él una estructura más cercana a un materialismo epicúreo, mientras que en el texto de 1658 la temática de la causa eficiente aparece destacada en virtud de la idea de Dios como causa primera. Cabe señalar que gran parte de la investigación contemporánea considera la obra de Bloch como un libro de referencia fundamental respecto de estudios [p. 23/336]  gassendianos. A lo largo de nuestro libro argumentamos a favor de la inclusión del elemento teológico y teleológico en la obra de Gassendi, puesto que la obra final y madura considera de forma muy importante no solo la descripción atómica y molecular de las estructuras del mundo, sino que pretende inteligir a un nivel de comprensión cómo dichas estructuras tienen un sentido y orden en lo natural. El establecimiento de dicho orden es una inclusión que se origina desde un elemento trascendente —Dios—, aunque una vez incluido en el sistema natural a través de la creación de los átomos, la totalidad del sistema natural opera como una teleología inmanente. En definitiva, el elemento que en Bloch aparece como extraño y con consecuencias negativas tiene, desde nuestra interpretación, un rol central y mayor en el entramado filosófico de su proyecto de filosofía natural.

La comprensión de las estructuras del mundo que incluyen lo teleológico es una de las riquezas del pensamiento de Gassendi, y esta inclusión lo transforma en un eslabón fundamental para comprender cómo dialogaron y discutieron las ideas mecanicistas con las ideas finalistas sobre el mundo de la naturaleza del siglo XVII: ya sea en el mecanicismo, en la teología de la naturaleza o en la reformulación de la teoría causal en su versión para la ciencia moderna. Vemos en Gassendi a un expositor fundamental de dichos problemas y, por cierto, su importancia no excluye las dificultades que dichos asuntos engendran, pues hacernos cargo de la complejidad permite que tengamos la posibilidad de comprender. Por el contrario, negar o aceptar su inclusión por motivos tácticos o estratégicos a nivel político, religioso o personal, termina por ocultar tanto las dificultades como los beneficios interpretativos respecto de los problemas filosóficos que están en juego. En un estudio como el nuestro debemos comprender desde qué posición el pensador está observando sus problemas para intentar develar los supuestos que, a su vez, logran arrojar luz sobre las decisiones filosóficas que comprenden sus tesis. [p. 24/336]

En este sentido, propuestas como las de Leonel Toledo o Lynn Sumida Joy intentan rescatar el carácter humanista del pensamiento de Gassendi y apuntan a clarificar hermenéuticamente su pensamiento. Esta línea de análisis —que en el marco de la investigación contemporánea es emergente— puede entregarnos una mejor versión de la significativa influencia de lo que se ha llamado método genealógico, a través del cual Gassendi metódicamente hace una revisión histórica de las categorías y conceptos filosóficos en disputa: se expone un concepto, se muestran sus debilidades y fortalezas para luego desechar las ideas que aparecen como las más débiles, rescatando las mejores y concluyendo con una idea más consolidada propuesta por el filósofo. Este método operativo funciona en varias direcciones: a veces filológicas, a veces conceptuales o en otras como análisis de texto filosófico que busca clarificar las mejores hipótesis formuladas para obtener de ellas la mejor versión posible.

Hacer un análisis detallado de cómo este método genealógico es usado por Gassendi rebasa las intenciones de esta tesis, si bien lo hemos tratado como un elemento base para entender las decisiones filosóficas que toma el filósofo francés. Cabe señalar que aquellas decisiones tienen en su seno elementos bastante más metódicos que aquellos reconocidos por las anteriores lecturas de la obra gassendiana, que ven en su expresión monumental, filológica e histórica, meras figuras literarias estilísticas que en el fondo tienen poca importancia.

Hemos dividido este libro en seis temas tratados en igual número de capítulos, que en su conjunto muestran la amplitud del proyecto de la filosofía natural de Gassendi. Los tres primeros capítulos ofrecen detalles y análisis que permiten ubicar al autor como uno de los gestores de la filosofía moderna. Permiten, además, vislumbrar el transito de Gassendi desde sus intenciones filosóficas iniciales hasta la concreción en un modelo de filosofía natural caracterizado epistemológicamente por una forma de acceder al conocimiento desde una matriz empirista [p. 25/336]  con consecuencias escépticas. Vale decir que la filosofía natural de Gassendi es una interpretación de la naturaleza que decanta en una versión gradual cada vez más explicativa del mundo apoyándose en la ciencia nueva para dar cuenta de su investigación filosófica.

Ontológicamente mostramos el intento del filósofo francés, a veces oscuro, de reintegrar las categorías aristotélicas en cuatro modos: substancia-accidente y espacio-tiempo. Las primeras dos mantienen en su seno la versión aristotélica; las dos últimas se enmarcan en una clara alusión a los modelos nuevos de explicación física de la ciencia nueva, donde las coordenadas de tiempo y espacio mecanicista son fundamentales: Gassendi las lee en clave ontológica y categorial, y precisamente al hacerlo intenta alejarse de un modo matemático de entenderlas. Este modelo categorial se fundamenta en buena medida gracias a la inclusión del concepto de espacio-vacío en el universo, cuestión que vuelve a separar doctrinalmente a las tesis gassendianas de las escolásticas.

Una vez explicadas las categorías estructurales de cómo se conforma la realidad del universo, queda por mostrar con qué elementos y de qué manera llenamos esa estructura categorial. A partir de ahí se aborda la idea de «principio eficiente» y «principio material». En el orden de causa primera estos conceptos explican la creación desde Dios, entendido como principio eficiente-creador de las cosas con la concurrencia de la materia prima. En el orden de causas segundas se muestra la concreción del cambio natural desde la raíz misma de las cosas que se forman con una base atómica y molecular. Desde una estructura causal, las cosas naturales obtienen orden y dirección de las concreciones originarias que hacen convenir el movimiento de las cosas naturales.

Finalmente nos acercamos al problema de aplicar la hipótesis atomista a los entes que habitan el mundo, especialmente los que se encuentran en el reino mineral hasta los del reino animal. En este aspecto se conjuga la tesis del finalismo con la del  [p. 26/336] atomismo, produciendo tensiones que en parte dan cuenta de la polémica entre el preformismo y el epigenetismo. Particularmente observamos cómo Gassendi se ve obligado a inclinarse a una opción preformista sui generis que sea coherente con la totalidad del sistema.

Específicamente, los capítulos se estructuran de la siguiente forma:

El capítulo primero, de carácter introductorio, se titula «Antecedentes generales de la obra y filosofía de Pierre Gassendi». Su objetivo es explorar los antecedentes generales de la obra realizada por Gassendi, distinguir las motivaciones filosóficas que lo llevaron a la reflexión en la filosofía de la naturaleza del siglo XVII, y también ofrecer un marco crítico de las principales obras que han estudiado al francés. Ofrecer este panorama nos permitirá, desde lo práctico, fundamentar la necesidad de investigar nuestro tema y, por otra parte, desde lo teórico, demarcar desde un inicio las preocupaciones filosóficas que mueven al filósofo.

El capítulo segundo se titula «La estructura gnoseológica fundamental de su filosofía natural». A lo largo de esta sección daremos cuenta del marco epistemológico sobre el cual Gassendi asienta su filosofía de la naturaleza. Dar razón de esto es crucial en tanto en cuanto la explicación de lo natural conlleva la delimitación del conocimiento de lo natural, y esto supone tener explicado, al menos satisfactoriamente, el conocimiento: su fuente, su proceso y sus límites. Este capítulo nos llevará a concluir la relación entre empirismo y escepticismo, corrientes que confluyen en el pensamiento de Gassendi en una vía epistémica alternativa tanto del aristotelismo como del cartesianismo.

En el capítulo tercero —«El punto de partida gassendista: la experiencia, la ciencia y sus consecuencias filosóficas»— presentaremos el punto de partida de su pensamiento. Para nosotros, este punto de partida tiene una génesis en la que confluyen al menos tres elementos: modificaciones a la doctrina epicureana de la percepción; consecuencias obtenidas de su trabajo en la ciencia [p. 27/336]  nueva, especialmente derivadas de la astronomía y de la anatomía, y, finalmente, lo que se ha nombrado como la teoría de la visión. Especialmente damos cuenta de la reconstrucción que se hace del tema por parte de la discusión crítica secundaria, basándonos en las principales investigaciones que realizaron Bernard Rochot, Olivier Bloch y, más recientemente, Antonia LoLordo, entre otros.

En este libro planteamos que debemos comprender y enfatizar el punto crítico que tuvo como consecuencia separar las trayectorias de las ideas gassendistas y el corpus cartesiano; por eso nos propusimos mostrar el origen de la divergencia entre las ideas de Gassendi y las de Descartes. Con un enfoque como este pretendemos una propuesta metodológica diferente a otras investigaciones que se han enfocado en la descripción estructural de la polémica divergente que nosotros interpretamos como una consecuencia y no como un elemento fundante. En tal sentido, esperamos aportar información e interpretación que nos permita entender mucho más el origen de la toma de posición de Gassendi y que desde ella se puedan establecer las diferencias con el pensamiento cartesiano.

El capítulo cuarto —«Espacio y tiempo: conceptos de la ontología natural de Gassendi»— dará cuenta de una de las temáticas que tradicionalmente constituyeron un núcleo fértil de problemas interpretativos acerca de la naturaleza. Este capítulo tiene como objetivo central comprender las ideas que sostiene Gassendi acerca de las nociones de espacio, vacío y tiempo. Estos conceptos fueron fundamentales al momento de sostener una ontología que permitiera abrir el espacio de la ciencia nueva y que, por cierto, explicitan una temática que fue crucial para la filosofía de la naturaleza del siglo XVII.

El capítulo quinto ha sido titulado «Principio material y principio eficiente: atomismo y causalidad en la doctrina gassendista». En él se explican las mutuas influencias de dos principios que resultan inseparables en la doctrina gassendista. Por una parte se busca comprender la concepción central que  [p. 28/336] Gassendi tiene acerca del atomismo, entendiendo este como heredero de la tradición epicuro-lucreciana; por otra se recurre a modificaciones en su raíz ontológica, pues lo que posibilita la existencia del principio material y condiciona su funcionamiento es la acción de Dios en tanto creador.

Consideramos que hacer una mera reducción del pensamiento de Gassendi a la tradición atomista griega elimina a priori el aporte positivo y a la vez crítico del pensador francés. Esto último, que ha sido una actitud constante de los historiadores de la filosofía y de las ideas, ha borrado las tensiones creativas que el teleomecanicismo5 de Gassendi debió presentar para dar consistencia a su filosofía de la naturaleza.

Por otra parte, cuando tratamos «La causalidad en el mundo natural» pretendemos comprender el significado y la extensión de la causalidad, concepto que fue tópico obligado de interrogación para entender la noción de cambio en el mundo moderno; a través de él intentamos capturar las consecuencias que trae para la filosofía natural. Gassendi presenta un modelo de causalidad que reconoce en el modelo causalista aristotélico ciertas deficiencias e intenta reformarlo. A este modelo contrapone un principio causal eficiente entendido como causa primera que caracteriza el poder de la potentia dei absoluta, que actuó en el origen de todo.Complementariamente, Gassendi debe ofrecer un modelo de la causalidad que explique a nivel de causas segundas —tal como lo [p. 29/336]  hicieron prácticamente todos los mecanicistas— cómo el principio eficiente se despliega en un mundo mecánico y cómo explicamos que en él haya principios teleológicos inmanentes que se expresan en el modo de signos en el despliegue de la naturaleza. Tradicionalmente, finalismo y mecanicismo han estado en las veredas opuestas; en el caso de Gassendi aparecen justamente en una tensión que debemos explicar.

Ciertamente, entender el concepto de causalidad en el pensamiento de Gassendi es clave, puesto que su contenido afecta de forma directa en toda la red de interpretaciones filosóficas que él ha supuesto. En otras palabras, determinar las razones de la acción causal en lo natural configura un marco sobre el cual deberán actuar el plano epistemológico y el ontológico incidiendo incluso en consideraciones de corte teológico.

El capítulo sexto —«La teoría de la generación en Gassendi»— tiene como objetivo general dar cuenta, descriptiva y analíticamente de la teoría de la generación en el pensamiento de Gassendi. En concreto, intentaremos desvelar sus intenciones filosóficas; por una parte, comprender las razones por las cuales Gassendi debe dar cuenta de una teoría de la generación de acuerdo con sus principios filosóficos y, por otra, del contenido de dicha filosofía, que se despliega desde el nivel mineralógico hasta el del ser vivo. Este dominio es una parte fundamental de la explicación de la realidad natural, pues en él se puede observar la concreción de cómo un filósofo de la naturaleza aborda, describe y comprende su hipótesis atomista y finalista tanto al interior de la estructura de los entes inertes como de los seres vivos.

En este capítulo se podrán observar de nuevo las discrepancias con las versiones más reductivistas del ideario de Gassendi, interpretado como un mero materialista. Bloch reveló el hecho de que la inclusión de la noción de finalidad al interior de la materia es una debilidad crítica del sistema filosófico gassendista. Sin embargo, en este punto plantearemos exactamente lo opuesto, [p. 30/336]  dado que su riqueza se basa justamente en la inclusión del elemento teleológico. Debemos comprender que para Gassendi no basta explicar el movimiento descriptivo mecánico, sino que busca comprender ese movimiento a la luz de un orden que encuentra en la naturaleza. Argumentaremos a favor de una teoría de la generación que incluye elementos preformistas y elementos epigenetistas. Esta posición viene a revelarnos una tendencia necesaria hacia la inclusión del preformismo para dar cuenta de que la idea de causa material incluye desde su origen un cierto principio que termina por ordenar, coordinar y dar coherencia al cuerpo del ser vivo.

A modo de cierre de la investigación se ofrecen reflexiones finales y conclusiones. Este será el momento de reintegrar las diversas tesis que se han tratado en el libro y ensayar nuestras conclusiones acerca del pensamiento de Gassendi. Al hacer esto esperamos ofrecer una cuenta general de los problemas y aciertos interpretativos que, a nuestro juicio, encierra su filosofía de la naturaleza.

Debemos señalar que las traducciones son de nuestra responsabilidad y autoría. De todas formas, en la totalidad de los casos se indican a pie de página cada una de las fuentes consultadas o referidas o la traducción modelo de la cuál se ha tomado. En este sentido, nuestro tratamiento de los textos originales ha sido más bien pragmático. Hemos intentado contrastar las traducciones parciales con que contamos hoy y el texto original latino proveniente del Opera omnia de 1658 (reimpreso en 1994). Con lo anterior hemos querido ofrecer al lector la mayor cantidad de antecedentes que le permitan contrastar por sí mismo el difícil arte de la traducción, privilegiando siempre la casi imposible tarea de no traicionar al autor.

Un comentario aparte merece la obra del discípulo predilecto de Gassendi, François Bernier. Nos referimos al Abrégé de la philosophie de Gassendi, pues consideramos que es una obra que no puede dejar de ser consultada y contrastada críticamente. [p. 31/336]  En nuestra investigación hemos considerado que el libro del discípulo no solo muestra una parte de la traducción al francés de algunos textos latinos importantes del Syntagma philosophicum, sino quefue este el texto que se divulgó en la Europa del siglo XVII y, en este sentido, es una interpretación temprana y una muestra de la recepción de la obra de su maestro.

El desafío de comprender la vasta obra de Gassendi obliga a que dejemos algunos temas de interés para futuras investigaciones. No obstante, en algunos de estos casos incluimos en nota al pie referencias bibliográficas concernientes al punto en cuestión.

Finalmente, este libro intenta ser un aporte al estado actual de la investigación relativa a la filosofía de Pierre Gassendi. Si bien el interés paulatino por su obra ha crecido en el mundo anglófono y francófono, no ha ocurrido lo mismo en el hispánico donde la investigación sobre Gassendi es más bien incipiente. Seguramente quede un arduo trabajo, tanto dialógico como interpretativo, que proporcione de una manera adecuada el rol y el pensamiento que Gassendi jugó al tratar los problemas científicos y filosóficos. No obstante, la elucidación de dicho trato nos permitirá ir construyendo una imagen más verosímil de su papel en la historia de la filosofía.

Nuestro trabajo tiene una inspiración propedéutica y pretende servir para que cualquier investigador o lector interesado pueda establecer sus propias conexiones procurando una mejor comprensión del proyecto filosófico de nuestro autor y, por supuesto, de su rol en los albores de la filosofía moderna. [p. 32/336]

1 Esta idea fue sugerida en el libro de Barry Brundell, Pierre Gassendi from Aristotelianism to a New Natural Philosophy, Dordrecht, D. Reidel Publishing company, 1987, p. 143: «Si Gassendi fue un profeta que no fue honrado en su propia tierra, no sufrió la máxima indignidad de ser tratado con indiferencia: en los manuales neoescolásticos de filosofía para uso en seminarios, él puede ser encontrado en la lista entre los “adversarios” a tesis particulares, junto con breves explicaciones de sus doctrinas, incluso en el siglo XX. ¡Los aristotélicos nunca lo olvidaron!». También en Albert Farges,Matière et forme en présence des sciences modernes, París, Berche et Tralin, 1908, pp. 52ss, quien después de exponer el atomismo en sus diversas formas y detenerse en Gassendi presenta la posición crítica aristotélica.

2 Recordemos que las objeciones gassendistas fueron desestimadas por el filósofo de Touraine, quien no quiso que fuesen incluidas, ni mucho menos traducidas del latín al francés. Por ejemplo, Descartes alude a Gassendi como un «retórico» o como un «apegado a los sentidos» incapaz de «especulación metafísica». El juicio irónico cartesiano pareciera que se ha extendido a toda la obra de Gassendi y fue, muy probablemente, heredado por la hermenéutica posterior y asentado en los manuales de Historia de la filosofía. Un ejemplo de esto es el caso de Gaston Sortais, La philosophie moderne depuis Bacon jusque a Leibniz, vol. I y II, París, Paul Lethielleux, 1920.

El trabajo crítico de Gassendi sobre las Meditaciones metafísicas es una producción a medio camino en el tránsito de su pensamiento. En él rechazará todas las ideas de las intuiciones cartesianas, aderezando sus comentarios con toques poco amables, tal y como se muestra en diversas partes de las Disquisitio. Su anticartesianismo es prácticamente permanente durante su vida intelectual. Esta actitud se explica desde la raíz misma porque Gassendi enjuicia —e incluso prejuicia— el trabajo de Descartes como una herencia aristotélica y, en este sentido, lo considera un heredero directo de los «dogmas aristotélicos» y, más bien, coherente con una suerte de proyecto de renovación escolástica.

3 Podemos mencionar, por ejemplo en el mundo hispanohablante, a Rafael Corazón González, Nominalismo, ciencia y metafísica. La crítica de Gassendi a la metafísica de Descartes, Pamplona, Tesis doctoral Universidad de Navarra, 1990, en cuyo resumen se afirma y se corrobora nuestra idea: «Tras exponer en la primera parte la teoría del conocimiento y la epistemología de Gassendi, y de recorrer sumariamente su pensamiento sobre la filosofía de la naturaleza, la metafísica y la ética, se estudian con detalle las Quintas objeciones a las “Meditaciones metafísicas” de Descartes. El nominalismo de Gassendi, capaz de explicar el alcance y los límites de la ciencia nueva, de raíces medievales y humanistas, se enfrenta a la nube metafísica propuesta por Descartes y hace ver que el intento cartesiano de lograr una evidencia absoluta no es sino una continua petición de principio porque el punto de partida, la primera evidencia, no logra la autoconsciencia plena: el pensamiento solo comparece como pensado, no como acto, de modo que el fundamento de pensar queda oculto. Toda la filosofía construida sobre esta primera certeza no es, en contra de lo que piensa Descartes, más evidente y cierta que cualquier otra metafísica».

4 Karl Marx, Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y en Epicuro, Madrid, Ayuso, 1971, p. 9. En relación a su tesis afirma: «Los especialistas saben que para el tema de esta disertación no hay trabajos anteriores de ninguna clase. Hasta nuestros días, todos se han contentado con repetir las simplezas de Cicerón y Plutarco. Gassendi, que liberó a Epicuro de la prohibición que le habían impuesto los padres de la Iglesia y toda la Edad Media, período de irracionalidad victoriosa, solo presenta en su exposición un momento interesante. Busca acomodar su consciencia católica con su ciencia pagana, a Epicuro con la Iglesia, trabajo perdido por otra parte. Es como si se quisiera arrojar el hábito de una monja cristiana sobre el cuerpo bellamente floreciente de la Lais griega. Gassendi, por cierto, aprendió más filosofía en Epicuro que lo que pudo enseñarnos sobre él».

5Cabe señalar que el concepto de «teleomecanisismo» es coincidente con el concepto acuñado por Timothy Lenoir, The Strategy of Life. Teleology and Mechanics in Nineteenth-Century German Biology, Chicago, The University of Chicago Press, 1989. Para Lenoir, la tesis del Teleomechanism (p. 12) es ineludible para entender la biología alemana del siglo XIX. Agradezco al profesor François Duchesneau esta referencia a un concepto que es coincidente y que, a la vez, fue pensado y planteado paralelamente. Habría que evaluar de forma más detallada la posibilidad de relacionar de manera más directa las ideas del pensamiento gassendiano con las escuelas germanas tratadas en la obra de Lenoir.

1. Antecedentes de la obra y filosofía de Pierre Gassendi

1.1. Introducción

En este primer capítulo quisiéramos explorar los antecedentes generales de la obra realizada por Gassendi, distinguir las motivaciones filosóficas que lo impulsaron a la investigación de la naturaleza en pleno siglo XVII y, también, ofrecer un marco bibliográfico de las principales obras que han estudiado a nuestro autor.

Ante los propósitos anteriores hemos advertido que no es conveniente abstraerse de la situación histórica y filosófica, sobre todo a la complejidad de las primeras décadas del siglo XVII. Gassendi emerge a la vida intelectual en un período que se encuentra en el borde de la distinción entre el humanismo y el nacimiento de la filosofía moderna. Dicho escenario es un ejemplo de las tensiones ontoepistémicas y teológicas que dejaron huella y que forjaron su tiempo.

Para dar cuenta de lo anterior hemos definido tres objetivos específicos:

El primero de ellos busca reflexionar sobre la pertinencia de una investigación en la filosofía de Gassendi, sobre las causas de su desconocimiento, y sobre las bases historiográfico-filosóficas en las cuales se encuentra tradicionalmente comprendido el pensamiento del filósofo francés. Este objetivo se encuentra  [p. 33/336] circunscrito, especialmente, en el apartado «1.2. La pregunta por Pierre Gassendi».

Un segundo objetivo quiere dar cuenta de las motivaciones filosóficas que habrían impulsado a Gassendi al desarrollo de un ideario filosófico. En el apartado 1.3. «Las motivaciones filosóficas de Gassendi para reformular la filosofía de la naturaleza» se exponen las razones que explican la recuperación de la filosofía de Epicuro como punto de partida de un pensamiento propio.

En el tercer objetivo damos cuenta de la obra realizada por Gassendi. Para esto, en el apartado 1.4. «Consideraciones relativas a la obra filosófica de Pierre Gassendi» daremos cuenta de lo que consideramos sus obras principales, sus obras de transición y sus escritos de juventud; también nos haremos cargo de las obras secundarias que le dedicaron sus contemporáneos, teniéndolo como un referente filosófico de investigación que, en cierto sentido, pertenece al corpus gassendista y, finalmente, a la obra exegética contemporánea a la cual podemos acceder.

1.2. La pregunta por Pierre Gassendi

Cuando se escucha el nombre de Pierre Gassendi, la pregunta «¿Quién es este pretendido filósofo?» es una de las primeras interrogantes que surge casi de manera espontánea. Ante esto cabe hacer dos observaciones que sorprenden.

Lo primero a destacar es que es una pregunta que puede aparecer en el seno de la comunidad filosófica. Este desconocimiento puede explicarse tomando en cuenta el estado de la investigación historiográfico-filosófica de los últimos 400 años, pues apenas nos ofrece poco más de un centenar de libros de literatura secundaria dedicada al autor. Por cierto, este número de investigaciones terminó transformando a nuestro autor en un caso más de aquellos que, por diversas razones, son ilustres desconocidos en el ámbito de la historia de la filosofía y del pensamiento. [p. 34/336]

Lo segundo que sorprende es que es un filósofo desconocido para nosotros, los del presente, mas no para quienes fueron sus contemporáneos. Así lo atestiguó Alexandre Koyré al referirse al núcleo de los intelectuales de la primera mitad del siglo XVII, «porque si para nosotros, Gassendi no es un gran sabio, lo era, y muy grande, para sus contemporáneos, el igual y rival de Descartes».1

Probablemente sean más importantes que el juicio anterior las dos notas al pie a las que Koyré hace referencia en Estudios.2 Allí, el historiador, citando a Robert Lenoble, Mersenne ou la naissance du mécanisme,3 nos indica que el círculo de sabios que giraban en torno a Mersenne eran básicamente gassendistas y no cartesianos.4 Recordemos que en 1666 este círculo se transformó en la Academia de Ciencias de París. Más aún, Koyré manifestó que el hombre culto de finales del siglo XVII a menudo era mucho más gassendista que cartesiano.5

Estos juicios de Koyré nos incitan a preguntarnos lo siguiente: ¿Cómo es que un filósofo, en este caso Gassendi, un pensador muy reconocido en su época, quede en nuestra época histórico-filosóficamente hablando en el olvido casi absoluto, remitido a la marginalidad? Y al mismo tiempo, ¿su desconocimiento es [p. 35/336]  motivo suficiente para justificar una investigación histórica y filosófica sobre su pensamiento? Y más específicamente aún: ¿la curiosidad erudita es suficiente para justificar una investigación filosófica?

La pregunta ya fue abordada en el marco de las investigaciones acerca de Gassendi. Olivier Bloch ha sostenido que una investigación filosófica no puede basarse exclusivamente en un criterio de erudición histórica; por el contrario, ella debe fundamentarse en el interés filosófico del pensamiento mismo en cuestión.6 Revisando si la filosofía de Gassendi merece ser investigada en general, Koyré, en su calidad de historiador de la ciencia, nos planteó:

Y fue porque, aunque no contribuyó más que en muy poca medida […] al desarrollo de la ciencia moderna, hizo algo mucho más importante: le aportó la ontología, o más exactamente el complemento ontológico que le era necesario.7

Entonces, para Koyré, el pensamiento gassendista tiene un mérito filosóficamente importante, pues ofreció el fundamento ontológico de la ciencia nueva. Cabría, entonces, hacerse al menos tres preguntas desde esta óptica:¿El trabajo de Gassendi tenía como intención exclusiva ofrecer el marco ontológico a la ciencia nueva? ¿Ese fruto, ya importante de por sí, fue enmarcado en un proyecto filosófico mayor? O, ¿simple y llanamente fue un aporte puntual e incluso coyuntural a la filosofía moderna? [p. 36/336]

Koyré se restringe a dar cuenta de la primera pregunta y establece que el sentido de ontología en Gassendi se remite al componente del mobiliario del mundo, al «¿Qué hay?». El trabajo de Gassendi, entonces, tiene el sentido de una ontología acotada en dirección a los entes que se suponen en juego en medio del ejercicio de la ciencia. Si la respuesta al «¿Qué hay?» se remitiera exclusivamente a expresar que el fundamento de la realidad son átomos y moléculas, entonces y solo entonces, habría que ir directamente a Leucipo, a Demócrito y a Epicuro, y entonces sería cierto que Gassendi habría jugado exclusivamente un rol divulgador de los pensamientos de los viejos maestros atomistas griegos. Si aceptáramos esto, un estudio sobre el filósofo francés tendría desde un comienzo un vicio, pues, de hecho, sería mejor estudiar a los atomistas griegos directamente.

Consideramos que Koyré acierta en su juicio, pues no fue la tradición atomista griega la que fundamentó la ontología de la ciencia nueva y sí la filosofía de Pierre Gassendi, en el entendido de que el filósofo francés recibió del atomismo parte importante de su inspiración. Nuestra propuesta nos inclina a extender el juicio de Koyré y complementarlo.

En primer lugar, porque su juicio acerca del trabajo filosófico de Gassendi lo cierra, lo encapsula, a la dimensión de la construcción del complemento ontológico de la ciencia nueva. Sin embargo, pensamos que con esta visión se limita a priori el espacio de reflexión acerca del rol y del valor de las ideas filosóficas que pudiese haber aportado Gassendi.

En segundo lugar, porque consideramos que la afirmación sobre el rol de la filosofía de Gassendi no ha sido fundamentada con suficiencia por Koyré. A nuestro parecer, el tratamiento investigativo ofrecido por el historiador de la filosofía y de la ciencia no ha agotado la complejidad del pensamiento de Gassendi. Si bien la investigación de Gassendi responde a qué es lo que hay, [p. 37/336]  su respuesta es compleja: es una ontología y, más aún, un giro hacia una ontoepistemología8 no cartesiana.

Por otra parte, destacamos que Koyré es uno de los pocos historiadores que menciona las razones por las cuales Gassendi deja de lado la manera tradicional de definir el espacio al modo aristotélico y lo eleva a un nivel categorial. Koyré no ofrece la estructura de las argumentaciones a través de las cuales Gassendi recategorizó aquellos conceptos.

Koyré, al afirmar que la contribución filosófica de Gassendi es básicamente el aporte del «complemento ontológico a la ciencia nueva», expresa un juicio que no abarca la totalidad de la dimensión del trabajo filosófico del francés. Si bien el juicio del historiador de la ciencia destaca a Gassendi como un sabio y ello se plasma como un juicio de manual, no es menos cierto que aquel juicio, por suerte, se aleja de la mayoría de los manuales en los cuales Gassendi es sencillamente omitido o minimizado a rasgos muy generales.

En este contexto, Henry Berr, quien fue uno de los primeros impulsores del estudio de Gassendi durante el siglo pasado, ofició como organizador y moderador de las jornadas acerca de Gassendi realizadas en 1953. Durante aquellas jornadas, atendiendo al problema de la ausencia de Gassendi de los manuales de filosofía, declaró: «Recibí, estos días, un volumen de Bertrand Russell, Historia de la filosofía occidental, de 900 páginas. Busqué el nombre de Gassendi; encontré dos indicaciones de páginas y esto es lo que Russell dice de Gassendi: “En la página 370, a propósito de san Agustín, él encuentra, en los soliloquios de aquel, no solamente el cogito de Descartes, sino también la  [p. 38/336] respuesta —ambulo, ergo sum— de Gassendi. He buscado enseguida la segunda página, la 594; esta, a propósito de Leibniz, Russell dijo: ‘En París, él ha tomado conocimiento del cartesianismo y del materialismo de Gassendi’. Un punto, es todo”. ¡Es así que este gran inglés, en una Historia de la filosofía occidental, hace un lugar a Gassendi!».9

A la luz de la paradoja inicial, a saber, si Gassendi fue tan importante ¿por qué no se le estudia, o por qué casi no aparece en los manuales? ¿Tan equivocados han estado los historiadores de la filosofía? ¿Cuáles son las razones de la invisibilidad de Gassendi?

Díaz Martín nos recuerda que algunos especialistas afirman que el latín florido y erudito de Gassendi habría hecho su obra impenetrable10 y, como consecuencia de lo anterior, esto obligó a beber de fuentes secundarias que malinterpretaron a Gassendi. Por otra parte, el mismo Díaz Martín afirma que los motivos centrales del olvido de Gassendi son producto de las fallas en el trabajo historiográfico-filosófico: «Los equívocos originados en la hermenéutica historiográfica provienen en última instancia de defectuosos planteamientos metodológicos»;11 entonces, el Gassendi de hoy —oculto, desconocido e ignorado— es una creación de los errores de los historiadores de la filosofía, dada su mala comprensión del trabajo hermenéutico.

También se podría plantear que en virtud del firmamento de estrellas que cruzan el siglo XVII, Gassendi fue oscurecido por otros gigantes como Galileo o Descartes y ello no le habría permitido lucir su pensamiento y posicionarlo en su justa medida.

Tampoco deberíamos desconocer el proceso de trivialización del que Gassendi ha sido objeto. La trivialización elimina de raíz cualquier aporte en dirección a la seriedad y, una de las formas [p. 39/336]  más efectivas para trivializar es recurrir a la caricatura. La trivialización termina siendo el mejor arte del ocultamiento, de enterrar cualquier intento de divergencia, de enfriar cualquier polémica, de aniquilar finalmente el sapere aude que Gassendi tenía como lema. Termina siendo, entonces, una trivialización decretada, inconsciente y asumida, como una especie de dogma silencioso que determina a quién o en qué se debe pensar; y, como contrapartida, ya se tiene elegido ese quién o eso que no se debe pensar.

Cuando se ignora, y peor aún, cuando se asume la poca importancia como el fundamento de esa ignorancia, se sientan las bases para desarrollar un círculo vicioso hermenéutico casi imposible de sortear, sobre todo cuando aquella herencia proviene desde la trivialidad. O se calla porque se lo trivializa o se lo trivializa porque se calla.

Pues bien, a lo largo del tiempo el viejo Gassendi se ha transformado en fenómeno en el interior del mundo académico, y como consecuencia es un desconocido y ha sido silenciado. Ni qué decir del resto, donde es probable que solo en Digne y en el Museo Gassendi recuerden a este filósofo y sacerdote, quien, en un determinado momento de la historia de la naciente modernidad, en pleno siglo XVII, los impulsó hacia el centro de la Europa culta.

Por otra parte, la literatura a favor, la literatura secundaria de corte apologético, no hizo grandes diferencias en la lectura que finalmente hemos heredado, tanto de su pensamiento como de su figura. Filosóficamente, sus defensores no ingresaron en las complejidades o en las oscuridades internas del propio Gassendi. Incluso, uno podría llegar a interpretar que el intento de defensa acabó, en ciertos momentos, por traicionar al mismo pensamiento de Gassendi, sumergiéndolo en etiquetas o interpretándolo de manera equívoca.12[p. 30/336]

Por todo lo anterior, el fenómeno de incomprensión respecto de las ideas de Gassendi ha sido caldo de cultivo para prejuicios e interpretaciones parciales, para elogiarlo y, muy especialmente, para despreciarlo. En este sentido, debemos declarar que el interés fundamental de esta investigación está lejos de tomar partido por una u otra parte; más bien intentará no trivializar su pensamiento y, desde esta nueva disposición, tratará de obtener un piso firme que dé cuenta de una interpretación dialogando con las exégesis tradicionales. En el fondo, esperamos generar un ejercicio de contraste entre aquellas lecturas señaladas y nuestra propuesta.

En este sentido, nuestra presentación e interpretación de la obra madura de Gassendi no sería posible sin el trabajo que los especialistas han realizado en los últimos 50 años, los mismos que han dado un vuelco en la literatura secundaria intentando revertir la falta de investigación acerca del filósofo y sacerdote francés.

Cabe señalar que en estos últimos años se han dado pasos importantes para comprender el lugar, el rol, el pensamiento y la importancia de quien fuese uno de los referentes para los pensadores del siglo XVII. Como diría Henry Berr en la introducción a su tesis doctoral de 1898:

Yo no vacilo, sin embargo, en afirmar que la historia del siglo XVII no será completamente esclarecida hasta que, sobre la actividad y el pensamiento de Gassendi, tengamos realizada una seria indagación y precisado la influencia de sus escritos, de sus propósitos, de su ejemplo sobre sus contemporáneos y sus sucesores.13[p. 41/336]

1.3. Las motivaciones filosóficas de Gassendi para reformular la filosofía de la naturaleza

Para comprender el pensamiento de Gassendi debemos explorar sus motivaciones filosóficas, en especial aquellas que lo condujeron a repensar lo natural. Si fijamos nuestra atención en estos motivos obtendremos aspectos necesarios para comprender su intento de renovación en la filosofía de la naturaleza y entender las decisiones filosóficas que tomó para escribir el Syntagma philosophicum.

Gassendi vivió en una época particularmente rica en proyectos filosófico-científicos. Él heredó la rica tradición humanista del Renacimiento, de la que podemos encontrar varias características que muestran esta tradición en el interior de su pensamiento. Podemos nombrar, por ejemplo, su referencia a la historia como fuente de conocimiento; su intención de acceder directamente a los antiguos textos griegos o latinos; su preocupación por la filología y su erudición a toda prueba; su acercamiento epistemológico a la experiencia y su relación con el espíritu de la verificación empírica.

El filósofo de Digne también se dedica a múltiples dominios de la naciente investigación científica de la Modernidad. Trabaja disciplinadamente en astronomía, hace aportes especiales en física —especialmente en la verificación de enunciados físicos, como la tercera ley de Kepler— y es un iniciado en cristalografía y anatomía.

Bajo todo este espectro de preocupaciones intelectuales, que operan de telón de fondo, nuestro filósofo se ve enfrentado directamente con la filosofía institucionalizada y dominante: la escolástica aristotélica. En este sentido, Gassendi fue consciente de que debía enfrentarse con las doctrinas que difundieron al estagirita, y no siempre con las doctrinas que él dictó directamente. Por eso tratará con los manuales e interpretaciones expresadas en los textos de docencia, aquellos que él mismo debió aprender como estudiante y que luego expuso en tanto profesor. [p. 42/336]

Si se me pregunta por qué escribo contra los aristotélicos y no contra Aristóteles, entonces parezco combatir expresamente la Doctrina; sin embargo, que se sepa que he preferido esto por tres razones. La primera es porque creo que las obras que ataco aquí no son, en verdad, las de Aristóteles, sino, sobre todo, las conformadas según la opinión de los aristotélicos. A mi parecer, Aristóteles fue un gran hombre como para que ciertas obras, incluso las indignas, le sean atribuidas. En segundo lugar, estas personas sostienen ideas que son menos las de Aristóteles que las suyas propias, y comúnmente contrarias al pensamiento de Aristóteles. Por último, a diario amontonan preguntas acerca de tonterías y pamplinas que no pueden venir del pensamiento de Aristóteles.14

De hecho, nuestro autor, en sus años como profesor universitario en Aix, entre 1617 y 1621, ve con claridad la crisis en la que se encuentra la filosofía escolástica. En el siguiente pasaje nos relata de qué manera concilia la enseñanza del Aristóteles escolástico con el examen crítico, elemento propio y natural de toda actividad filosófica:

Y esto es porque, habiendo recibido el encargo de enseñar filosofía durante seis años en la Academia de Aix, en especial aquella de Aristóteles, en verdad siempre me aseguré de que mis auditores pudieran defender perfectamente a Aristóteles, aunque mientras tanto, en forma de Apéndice, también les presenté los principios por los cuales las enseñanzas de Aristóteles podían ser completamente destruidas. Había una cierta necesidad para proceder de la primera manera, considerando el lugar, las personas y los tiempos; pero también convenía a la honestidad de un espíritu libre no omitir la segunda actitud, y entonces nos asistía una razón legítima para no dar asentimiento. Por este motivo, mis auditores se habían percatado de que no debían pronunciarse a la ligera, [p. 43/336]  porque después veían que ninguna proposición era tan aceptada o tan bella en apariencia como para que su opuesta pudiera ser sostenida como probable o, incluso en la mayoría de los casos, como más probable.15

Gassendi daba clases mostrando la doctrina aristotélica, pero a su vez ofrecía críticas y contrapreguntas a los estudiantes, especialmente aquellas que, según él, ponían de manifiesto las inseguridades y las falencias del esquema aristotélico-escolástico. El programa de las Exercitationes es el intento de realización de un ataque detallado, tanto a la totalidad de las doctrinas aristotélicas —entendidas como una actitud filosófica general frente a la realidad—, como a cada una de las partes que la componen. En su intención de fondo, cada tesis aristotélica será llevada a un punto de contraposición retórico que logre, al menos, silenciar la certeza de la doctrina.

Descriptivamente, podemos mencionar que el plan de las Exercitationes fue dividido en siete libros, con siete ataques a las partes de la filosofía aristotélica. En el Libro I se criticaba de forma general el conjunto de la obra aristotélica. Especialmente se intenta reivindicar la «libertad filosófica» que la escolástica —según Gassendi— le ha quitado a la filosofía. En el Libro II se enfrenta la Dialéctica, contrapesando la concepción de los universales, las categorías y la naturaleza de las proposiciones, con la tesis pirroniana del «no sabemos nada». El Libro III expondría la física y se atacaría la noción de «Forma», entendiéndola como una mera modalidad accidental. Además serían discutidas las nociones de espacio, tiempo y vacío, defendiendo la validez central de este último para la comprensión de la física. En el Libro IV se atacarían los libros relativos a la sustancia corporal simple, habiendo abordado las nociones de Tierra, estrellas fijas, movimiento, alteración y diversos fenómenos físicos. En el libro  [p. 44/336] V se atacarían los cuerpos mixtos, cometas, seres vivos. El Libro VI iba contra la metafísica y la doctrina de los trascendentales. En el Libro VII se vuelca contra la moral aristotélica y se enseña la doctrina sobre el placer de Epicuro.16 Finalmente, solo dos libros fueron dispuestos para el público: el Libro I apareció en 1624 y luego, en el Opera omnia, se sumó el Libro II.17

El Gassendi de las Exercitationes ataca la filosofía aristotélica atribuyéndole un dogmatismo en dos sentidos: dogmática en tanto en cuanto se asume la doctrina como una verdad incuestionada; y dogmática porque manifiesta una confianza declarada en la capacidad del ser humano para conocer la verdad y el ser de las cosas. Ante esta posición, el filósofo de Digne reacciona negando la posibilidad de conocer la realidad en sí, y más aún, para contraponerse claramente a dicha posición, metodológicamente adopta una suerte de pirronismo escéptico.18 Es de suma importancia comprender que el escepticismo llevado al límite se remite casi exclusivamente al período del Gassendi joven,19 y que si bien el escepticismo será una actitud constante en su pensamiento, no es menos cierto que la forma en que se dio en el Syntagma fue de manera más mitigada.20

Consideramos que los especialistas en Gassendi estarían en buena parte de acuerdo en que otro de sus ataques se dirige a  [p. 45/336] la lógica aristotélica. Para Gassendi, esta solo genera «verborrea» y no nos lleva a ningún conocimiento nuevo. La división lógica de género y diferencia específica no tendrían su correlativo en la realidad, puesto que en ella solo existe lo particular y lo concreto y, por lo tanto, un concepto general no tiene sustento ontológico. Ello significa que la división lógica está errada o constituye una retórica que nada aporta al conocimiento de su doctrina. Para Gassendi, más bien, «los universales no son más que aquello que los gramáticos llaman apelativos [nombres comunes]»21 y en este sentido interpretamos esto como la muestra patente de un fuerte nominalismo que permanecerá como una constante en el pensamiento del filósofo francés.

Según Gassendi, las categorías aristotélicas se pueden simplificar y reducir a substancia y accidente. En este sentido, la mayoría de las categorías constituyen reificaciones sin fundamento de la manera en que accedemos al conocimiento de nuestro mundo.

El ataque del Gassendi joven también se dirigió contra el hilemorfismo. Gassendi no encuentra ningún inconveniente en eliminar la forma, dado que en la materia se contienen todos los elementos primordiales, todas las fuerzas y todos los movimientos para determinar la constitución completa de los entes naturales, tomando en cuenta que dichos elementos fueron creados por Dios. Entonces, la substancia será, en buena parte, la materia definida atómica, molecular y mecánicamente, mientras que las cualidades serán todas ellas modos de ser de la substancia. [p. 46/336]

Un segundo elemento que motiva la filosofía de Gassendi se desarrolla especialmente después de 1630. Nos referimos al conjunto de investigaciones sobre la vida y la filosofía de Epicuro. Allí, el francés encontró la base filosófica para su evolución intelectual hasta llegar a la versión final del Syntagma philosophicum. Este elemento epicureano en la génesis del pensamiento de Gassendi es, sin duda alguna, crucial. El epicureanismo de Gassendi transita desde una versión muy próxima a las ideas epicureanas hacia una versión más bien autónoma, resultando una doctrina imbuida de creacionismo y de teleología natural. En este sentido, la filosofía resultante de Gassendi es una doctrina inspirada y comprendida desde los aspectos rescatables de la doctrina epicúrea.

De hecho, en torno al problema del conocimiento de las cosas y de la realidad, en el Syntagma Gassendi rechaza el escepticismo radical de las Exercitationes y afirma lo siguiente:

Lo haríamos mejor si guardáramos una vía media entre los escépticos […] y los dogmáticos, puesto que los dogmáticos realmente no lo saben todo. Ellos creen que saben, o creen que tienen los criterios apropiados para determinarlo, pero tampoco resuelve todo aquello que los escépticos convierten en tema de debate, pareciendo ser tan completamente desconocido que ningún criterio puede ser encontrado para determinarlo (OO.I.79; Brush, pp. 326-327; Osler, p. 106).