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Pink Floyd. Más allá del muro, aproxima al lector a la trayectoria vital y a la obra de esta banda británica irrepetible, tanto en relación al significado de sus composiciones como al modo en que éstas eran creadas e interpretadas en el escenario. Incorpora, también, los conciertos como herramienta de trabajo para ayudar a comprender su historia y una carrera artística que en los inicios del siglo XXI sigue captando la atención preferente tanto del público como de los medios de comunicación.
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Seitenzahl: 702
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Sinopsis
Banda legendaria, icono de la exclusividad musical en sus inicios, Pink Floyd es considerada uno de los dinosaurios de rock. Estandarte del llamado rock progresivo, sus grabaciones no tienen parangón. Tras su etapa psicodélica liderada por Syd Barrett, los Floyd fueron capaces de sobreponerse a su “pérdida” y desarrollar un sonido propio e inconfundible basado en la originalidad, la experimentación, el desarrollo conceptual y la belleza musical de sus creaciones, obras intemporales repletas de emociones. De este modo, las composiciones de su etapa más fecunda, a lo largo de la década de los 70, forman parte de la historia viva del rock y son identificadas por el gran público tanto por la música como por la simbología asociada a la misma. Dado que sus miembros siguen en activo, los fans no pierden la esperanza de disfrutar de una última gira mundial con el grupo al completo tras su esporádica aparición en el Live 8 de junio de 2005, donde Gilmour, Mason, Waters y Wright tocaron juntos por primera vez desde 1981.
Pink Floyd. Más allá del Muro aproxima al lector a la obra de esta banda irrepetible, tanto en relación al significado de sus composiciones como al modo en que éstas eran interpretadas en el escenario. También, incorpora los conciertos como herramienta de trabajo para ayudar a comprender su historia y una trayectoria que en los inicios del siglo XXI sigue captando la atención preferente tanto del público como de los medios de comunicación.
Biografía
FERNANDO FORCADA MIRANDA (1959) es Doctor en Veterinaria y Profesor de Zootecnia en la Universidad de Zaragoza. Es un fan incondicional de Pink Floyd desde los 13 años. Tolera las clásicas bandas progresivas de los 70 e —increíblemente—, también, disfruta con otros tipos de de música, en particular la clásica (adora el periodo barroco y las operas de Puccini). Posee una amplia colección de grabaciones en directo de conciertos de la banda británica, la cual, junto con su biblioteca de libros y revistas relativos a Pink Floyd y al rock progresivo y muchas conversaciones mantenidas con otros fans (gracias, José) y con prestigiosos críticos musicales (gracias, Matías), le han permitido escribir el presente libro sobre la banda que compuso el legendario Dark Side Of The Moon.
Portada
FERNANDO FORCADA
Pink Floyd. Más allá del muro
Créditos
Proyecto financiado por la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, Ministerio de Cultura y Deporte
Financiado por la Unión Europea-Next Generation EU
espai
Director de la colección “Música” de Editorial Milenio:
Javier de Castro
es una colección de libros digitales de Editorial Milenio
© del texto: Fernando Forcada
© del prólogo: Juan Agüeras
© de las fotografías: los autores, agencias o webs indicadas
© de la fotografía de la portada: St. Martin’s Griffin
© de la fotografía de la contraportada: BBC
© de la edición impresa: Milenio Publicaciones, S L, 2011
© de la edición digital: Milenio Publicaciones, S L, 2023
C/ Sant Salvador, 8 - 25005 Lleida
www.edmilenio.com
Primera edición impresa: marzo de 2006
Segunda edición impresa: febrero de 2011
Primera edición digital: abril de 2023
DL: L 381-2023
ISBN: 978-84-19884-41-1
Conversión digital: Arts Gràfiques Bobalà, S L
www.bobala.cat
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, <www.cedro.org>) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.
Dedicatoria
Para Nieves, siempre ahí, siempre.
Para Alejandro, mi mayor orgullo.
A mis padres.
Colofón
Este libro comenzó a escribirse un 6 de enero, cumpleaños de Syd Barrett.
Prólogo
A principios de 1976, con catorce años recién cumplidos, recibí la llamada de un amigo para, según sus palabras, “escuchar un disco increíble”. Vaya si lo fue. Se trataba de Wish You Were Here de Pink Floyd, un grupo hasta ese momento desconocido para mi. Su música me dejo alucinado, no había escuchado nunca nada igual.
A partir de ese momento comencé a interesarme por sus composiciones y por sus miembros. Pink Floyd fueron grandes porque aportaron una bocanada de aire nuevo al panorama musical de finales de los sesenta y no digamos durante la década de los setenta. Aunque ya existían otras bandas de rock sinfónico, como Yes, Emerson, Lake and Palmer o Genesis, que trabajaban en un marco de arreglos barrocos y melodías sublimes, Pink Floyd se interesó mas por la parte técnica del sonido, dotándolo de una imaginación desbordante tanto a la hora de elaborar el guión sonoro como en el tramo final de las mezclas. El álbum Dark Side Of The Moon es buen ejemplo de ello. Incluso su puesta en escena rompió moldes.
Con Syd Barrett como líder indiscutible de la banda en su primera época, su sucesor David Gilmour y sobre todo con las composiciones del bajista Roger Waters, los Floyd supieron llegar al estatus de genios con, para mi, uno de los mejores trabajos de la historia del rock: The Wall, un doble disco conceptual alimentado casi en su totalidad por el sombrío panorama mental de Waters y publicado en noviembre de 1979 en pleno declive del punk y con la new wave en su máximo apogeo.
Con una lectura amena y plagado de interesantes historias, el libro de Fernando Forcada, fan incondicional de la banda, nos adentra en el universo musical y personal de Pink Floyd desde sus comienzos, el éxito, las giras, el descalabro del grupo con la marcha de Roger Waters, hasta el intento de resurgir de la banda.
Uno de los elementos más relevantes del libro es el magnífico trabajo de investigación que Forcada ha realizado desguazando todos los álbumes de Pink Floyd, canción por canción, incluyendo información interesantísima para los seguidores del grupo británico. Recomiendo escuchar los discos con el libro a mano.
Por esto y por mucho más este libro se hace indispensable en cualquier biblioteca musical que se precie, más si cabe cuando, aunque parezca increíble, Pink Floyd estaba prácticamente huérfano de literatura en España.
Juan Agüeras,
Julio 2005
1. Introducción
Este libro en una aproximación a la historia y obra de una de las bandas míticas del rock. Todo el mundo conoce a Pink Floyd, tiene alguno de sus discos o identifica alguno de sus temas. ¿Quién no asocia el nombre de la banda a determinados símbolos como una vaca, un cerdo o un muro?. ¿Quién no ha escuchado su música en múltiples situaciones y lugares?. No obstante, la popularidad de la banda británica contrasta con un cierto desconocimiento de su historia, de sus componentes y del significado de sus composiciones. Es un hecho que Pink Floyd nunca mantuvo una relación abierta con los medios de comunicación. No había sin embargo enfrentamiento. Simplemente, los miembros de la banda consideraban que no tenían nada interesante que decir salvo su música. Ni siquiera los aspectos relativos a la promoción de sus discos se libraban en ocasiones de incidencias como consecuencia de las desavenencias entre los músicos y las decisiones de su compañía de discos. Únicamente hubo una amplia cobertura mediática de los aspectos relativos a la ruptura de la banda y a las disputas que mantuvieron sus miembros en los juzgados en la década de los 80. No obstante y a pesar de que la publicación de su último disco original se remonta a 1994, la banda o sus componentes actuales o pasados no dejan de generar continuamente noticias y rumores, tal es su popularidad y el deseo de sus fans y del gran público de disfrutar de nuevo material grabado, apariciones en público o incluso de una reconciliación entre sus miembros.
Este libro pretende aportar información acerca de la historia de Pink Floyd mediante una aproximación a su obra, tanto en relación al significado de todos y cada uno de sus temas como a la interpretación de los mismos en los conciertos. Es un intento de acercar la banda a aquellos fans que tienen algunos de sus álbumes pero que no han pasado de escucharlos esporádicamente. Espero que su lectura les permita redescubrir los Pink Floyd con los que disfrutaron alguna vez a la par que les ayude a encontrar respuestas a las preguntas que siempre se formularon sobre su música y el significado de su obra. No obstante, la presente monografía también pretende ser de interés para todos los que, pertenecientes a generaciones posteriores, han escuchado hablar de Pink Floyd pero no han encontrado suficientes referencias que les permitieran valorar la obra de uno de los dinosaurios de la música rock.
Finalmente, no quiero olvidar a los fans de siempre, a los que descubrieron la banda con The Piper At The Gates Of Dawn o con Ummagumma, a los que disfrutaron con Atom Heart Mother o Meddle, a los que siguen escuchando Dark Side Of The Moon, Wish You Were Here o Animals y a los que todavía se estremecen con The Wall. A aquéllos que siempre suspiraron por disfrutar de Pink Floyd en directo y no pudieron hacerlo por diferentes motivos. Espero que sean indulgentes con el libro y que encuentren en él un motivo para profundizar en los entresijos de su banda favorita. Han sido 5 los músicos que han formado parte del grupo desde la publicación de su primer single oficial. Syd Barrett fue el motor de Pink Floyd en sus inicios, hasta que sus excesos motivaron su despido-abandono en los inicios de 1968 y la contratación de David Gilmour, que junto con los ya existentes Roger Waters, Richard Wright y Nick Mason desarrollaron la época de mayor éxito del grupo británico. El despido de Wright durante la grabación de The Wall (si bien se reincorporó a la banda con posterioridad) y el abandono oficial de Waters tras The Final Cut dejaron a Mason como el único miembro permanente de Pink Floyd desde su fundación. Todos los miembros de la banda han desarrollado asimismo una carrera en solitario con mayor o menor éxito. En el libro se hace referencia a dichas actividades, si bien no se ha profundizado en ellas excepto en aquellos casos directamente ligados con aspectos relativos a Pink Floyd. La errática trayectoria de Barrett, la sensibilidad musical de Gilmour o la fuerza creativa y compleja personalidad de Waters podrían ser objeto, por separado, de sendas monografías. No obstante, todos ellos han dado lo mejor de sí mismos en el seno de Pink Floyd.
No ha sido fácil escribir este libro. Sin embargo, considero la experiencia como apasionante e irrepetible. Desde luego, la empresa hubiera sido imposible sin la ayuda de los fans de la banda distribuidos por todo el mundo, que a través de sus páginas web, grupos, remasterización de grabaciones más o menos autorizadas de conciertos y encendidas discusiones, me han permitido llegar a profundizar en el conocimiento de mi banda de rock favorita desde que por primera vez escuché un disco que salía de una carpeta en la que únicamente podía verse la fotografía de una vaca lechera.
Zaragoza, junio de 2005
2. La música de Pink Floyd
No es fácil definir la música de Pink Floyd. Quizás sea la opinión de aquéllos que escuchan por primera vez su música la que puede ayudarnos a aproximarnos al universo de una de las mejores bandas de rock que ha dado el Reino Unido. Seguro que les llamará la atención el uso frecuente que hace de sonidos previamente grabados, lo que lleva a declarar a algunos de sus detractores que Pink Floyd no hace música sino ruidos. Sin embargo y lejos de constituir un defecto, es precisamente ésta una de las virtudes de la música de Pink Floyd. La gran mayoría de críticos musicales coinciden en destacar la capacidad que siempre ha tenido la banda para producir música de calidad partiendo de sonidos muy diversos. De hecho, Pink Floyd grabó cientos de ellos, incluso obtenidos a partir de sus propios instrumentos, y todos ellos han servido para enriquecer su música. En general, la banda británica ha trabajado con dos tipos de sonidos. Los primeros eran recogidos de la vida diaria, tales como voces, campanas, sonidos de instrumentos mecánicos, ruidos de pasos, latidos de corazón, cajas registradoras, relojes, etc., siendo incorporados directamente a las melodías o ritmos. Los segundos se generaban tras la alteración del sonido de un instrumento o de una voz mediante sintetizadores, dando lugar a registros muy diferentes del original.
En particular, los sonidos ambientales han permitido a Pink Floyd desarrollar otra de las identidades de su música, la conceptualización, que incluso las grandes bandas del rock llamado progresivo como Genesis, Jethro Tull o incluso Yes, han desarrollado sólo esporádicamente y únicamente en sus momentos de mayor fecundidad creativa. Tanto las óperas rock de The Who como por ejemplo The Lamb Lies Down On Brodway de Genesis, son semejantes, estructuralmente, a lo que representa The Wall. No obstante, no existe equivalente en la música rock al nivel conceptual alcanzado por álbumes como Dark Side of the Moon, Wish You Were Here o Animals, en los que se desarrolla una idea común (que no necesariamente ha de ser una historia determinada) a través de una serie de cortes que no se individualizan unos de otros, sino que en conjunto transmiten al oyente la sensación de recorrer un camino desde el principio del disco hasta su final. Los sonidos de ambiente ayudan a anticipar el concepto del disco. El resultado es una exigencia musical y una implicación del espectador que la mayoría de los músicos y bandas de rock & roll no pueden alcanzar. Otros temas de Pink Floyd como “Echoes”, “Atom Heart Mother” o incluso “A Saucerful of Secrets” son piezas conceptuales de duración inferior a la estándar de un álbum completo, pero representan asimismo la idea de conceptualización que la música de la banda encierra.
Otro aspecto destacado de la música de Pink Floyd son los interludios que tienen lugar dentro de los temas largos. Se trata de momentos en los que se pierde la melodía original y en los que la audiencia es transportada a lugares donde las reglas habituales de la composición están ausentes. Estos momentos son profundamente odiados por los detractores de la banda. Tras ellos y de una forma tan imaginativa como lógica, se retorna a un punto familiar de la melodía original. Estos interludios derivan del carácter experimental que siempre tuvo Pink Floyd. Ya en sus inicios hacía continuamente propuestas nuevas, particularmente en los propios conciertos donde además analizaba las reacciones de la audiencia. También se ha hablado mucho de la calidad de los miembros de la banda como músicos. Evidentemente, no se puede decir que hayan sido unos virtuosos de sus respectivos instrumentos. De todos ellos, únicamente Wright tenía una cierta formación musical. El resto fueron autodidactas, como buena parte de los músicos en el ámbito del rock & roll. No resulta fácil analizar detenidamente las cualidades musicales de los miembros de una banda relativamente atípica como Pink Floyd. Por ejemplo, en los primeros años de su historia, especialmente tras la marcha de Barrett, algunos críticos destacaron a Nick Mason como uno de los mejores percusionistas del momento. Sin embargo, muchos han sido los que han cuestionado posteriormente su calidad. Él mismo ha declarado que nunca dedicó demasiado tiempo a mejorar su técnica. Por su parte, la participación de Waters en la banda no se ha centrado exclusivamente en tocar el bajo. De hecho, comenzó tocando la guitarra, y en algunos temas en directo incluso retomaba dicho instrumento. Pero Waters destaca sobre todo por ser el alma de los aspectos conceptuales de la banda, el responsable de la mayoría de las letras tras la marcha de Barrett. El complemento perfecto para David Gilmour.
Mención aparte merece David Gilmour, cuya impronta está siempre presente en los temas preferidos por los fans de la banda. Sin embargo, algunos críticos han manifestado que Gilmour no era “técnicamente” un buen guitarrista. Es evidente que si la capacidad técnica se define como el número de notas que se pueden ejecutar por unidad de tiempo, guitarristas como Jeff Beck o Ritchie Blackmore son muy buenos, si bien es posible que su nivel de improvisación pueda confundir a la audiencia, que perdería el hilo de la melodía central del tema que se interpreta, lo que por otra parte no tiene por qué ser en absoluto censurable. Otros guitarristas tienen cualidades particulares. Por ejemplo, Jimmy Page también tiene una excelente técnica, pero además su aportación en la creación de melodías dentro de las canciones parece ser mayor. Sin embargo, Eric Clapton es definido por muchos como uno de los mejores guitarristas desde el punto de vista lírico, pues la mayor parte del tiempo se esfuerza en seguir la melodía, con lo que su forma de tocar permite llevar al espectador por los caminos desarrollados a lo largo del tema que interpreta. Finalmente, David Gilmour tiene un buen nivel técnico, pero es sin duda en los aspectos líricos donde desarrolla todo su potencial, pues su forma de tocar está mucho más centrada en desarrollar y sentir la música que en demostrar sus capacidades. Se le critica el hecho de que su música es demasiado lenta y que casi invita a dormir, pero la simplicidad y sutileza de la misma resultan asombrosas. Cada sonido que Gilmour extrae de su guitarra significa algo. Otra característica poco valorada de David Gilmour es que es un maestro en un instrumento que poca gente conoce a fondo, la slide guitar. Es una guitarra que tiene sus raíces en el blues y que tiene un sonido más próximo a la voz que el que generalmente podemos escuchar procedente de los instrumentos eléctricos. El músico utiliza un tubo o barra de metal o vidrio que desliza a lo largo de las cuerdas creando una gran variedad de sonidos y variaciones imposibles de obtener con las guitarras normales. Se puede ver a Gilmour tocándola, por ejemplo, en Pink Floyd Live At Pompeii en el tema “A Saucerful of Secrets” o en la famosa “The Great Gig In The Sky” en los documentos visuales publicados de las giras de 1988-89 y de 1994.
Algunos artistas son bien conocidos por sus letras poéticas, profundas o incluso comprometidas, mientras que en otros se ha valorado siempre la calidad de su música. Evidentemente, cada uno de los aspectos anteriores puede ser llevado a los extremos, y todo el mundo podría citar ejemplos al respecto. En cuanto a las letras, se podría decir de Pink Floyd que en un momento en que la mayoría de las bandas no tenían nada importante que decir (salvo conocidas excepciones), sobre todo hasta finales de los 70, la banda siempre intentaba tocar temas de interés apenas abordados por la música rock y que serán desarrollados más detalladamente en el presente libro. Respecto a la música, es claro que Pink Floyd siempre ha necesitado una audiencia “activa” (eso sí, siempre sentada), lo que suponía un gran escalón respecto a la forma de escuchar la música de los 60 y principios de los 70, que en su mayoría iba destinada a ser acompañada mediante golpes con el pie en el suelo para seguir el ritmo.
La experimentación es otro de los aspectos más característicos de la música de Pink Floyd, que siempre buscaba sonidos nuevos en los diferentes instrumentos y su conjunción a través de largas sesiones de improvisación que a veces se trasladaban a sus apariciones en vivo, sobre todo en los primeros años. Es éste otro de los argumentos en los que se apoyan los detractores de la banda, indicando que la excesiva improvisación hacía que el espectador no pudiera contactar con el grupo. Puede ser. No obstante, la pregunta debería quizás plantearse al revés. ¿Hubiéramos preferido una ausencia de experimentación en la música de Pink Floyd?. Definitivamente no. Los propios miembros de la banda han declarado repetidamente que preferían una audiencia activa, atenta al desarrollo de la propuesta que se le ofrecía desde el escenario.
Finalmente, no hay que pasar por alto el carácter cíclico de una buena parte de los álbumes de Pink Floyd, que empiezan y terminan con un determinado sonido. Quizás el ejemplo más característico sea el latido del corazón en Dark Side Of The Moon, pero no es muy conocido el hecho de que álbumes como The Wall o The Final Cut desarrollan también el mismo esquema. La tendencia a repetir varias veces un pasaje determinado es otra característica de la banda que sus detractores encuentran tediosa y cuyo objetivo en Pink Floyd es fijar una idea fundamental para entender el mensaje global. Quién no recuerda la repetición del mismo fragmento por ejemplo en “Eclipse” (24 veces) o al final de ”Dogs” (11 veces).
3. El nombre: Pink Floyd
Quién no se ha preguntado alguna vez el significado del nombre de la banda. Quién no ha llegado a la conclusión de que Pink Floyd podía ser traducido por “Fluido Rosa”, lo que además parece hacer referencia al movimiento psicodélico al que la banda perteneció en sus inicios. Aunque “floyd” no significa “fluido”, dicha traducción satisfacía sobradamente las espectativas de los fans españoles de la banda, se identificaba perfectamente con el sonido de la misma y además les proporcionaba un cierto aire de exclusividad. Tampoco en el mundo anglosajón estaba claro el significado de la banda. Público y prensa pensaban que Pink Floyd era simplemente el nombre y apellido de alguien, probablemente de uno de sus miembros. Por eso y durante mucho tiempo, en las entrevistas alguien solía preguntar que quién de ellos era Pink.
Tampoco aparece muy detallado el origen del nombre en la bibliografía disponible. Artísticamente, una de las influencias de Syd Barrett era el blues, de manera que tenía unos cuantos discos de dicho género musical. Dos músicos incluidos en su colección eran Pink Anderson y Floyd Council, y el nombre de pila de ambos inspiró al guitarrista el nombre de la banda. Poco se sabe realmente de ambos bluesmen, con lo que considero de justicia hacer una breve semblanza de los músicos que inspiraron un nombre ya mítico.
Pinkie “Pink” Anderson nació el 12 de febrero de 1900 en Lawrence, Carolina del Sur. Comenzó a tocar la guitarra gracias a las enseñanzas de un vecino. En 1917 se unió al Medicine Show del Dr. Kerr, de manera que mediante la música, el canto, el baile e incluso el humor debía ganar la atención de la audiencia mientras el “Doctor” vendía sus milagrosos elixires. Continuó trabajando con el Dr. Kerr durante casi 30 años, hasta que éste se retiró en el año 1945. En 1918 comenzó realmente su aprendizaje con la guitarra gracias a Simeon “Simmie” Dooley, un cantante ciego mucho mayor que él cuyo compañero habitual había dejado la ciudad, por lo que Pink y Simmie comenzaron a trabajar juntos tocando en las calles y en fiestas de Spartanburg cuando el primero no estaba de gira con el Dr. Kerr. La reputación de Pink y Simmie fue creciendo, de manera que en 1928 grabaron 4 temas para el sello Columbia. Cuando el Dr. Kerr se retiró en 1945, Anderson se integró en el Big Chief Thundercould’s Show, colaboración que continuó hasta su jubilación. En 1961 muere Simmie Dooley, y Pink conoce a Sam Charters, para quien realiza tres álbumes, lo que le permite hacer algunas galas bien pagadas e incluso una aparición en la película The Bluesmen (1963), hasta que un derrame cerebral le impide seguir tocando en 1964. A partir de entonces se dedicará a tocar para los amigos y a enseñar a su único hijo, que nació en julio de 1954 en Spartanburg y que tuvo una vida complicada, incluso visitando la cárcel en alguna que otra ocasión. En la actualidad es guitarrista de blues, como su padre. Pink Anderson murió en 1974.
Independientemente de que Pink Anderson sea ahora conocido como uno de los músicos que inspiró el nombre de Pink Floyd, nadie duda de que fue un buen bluesman. Probablemente su mejor época ya había pasado cuando grabó con Charters, y aún entonces se reveló como un buen músico y cantante. Sus grabaciones de los años 60 están hoy disponibles en CD. También aparece en varios discos recopilatorios, sobre todo con temas de su etapa anterior, años 20 y 30, con Simmie Dooley.
Floyd Council nació el 2 de septiembre de 1911 en Chapel Hill, Carolina del Norte. A mediados de los años 20 comenzó a tocar en la calle con los hermanos Leo y Thomas Strowd, aprendiendo sobre todo del segundo. En enero de 1937 fue captado por un cazatalentos de ACR Records, que lo había visto tocar en la calle, para grabar en Nueva York junto con Blind Boy Fuller, que ya estaba contratado por la compañía desde 1935. En las grabaciones de ambos, Floyd era la segunda guitarra, si bien su calidad hizo que en sus posteriores grabaciones en solitario fuera conocido como “el compañero de Blind Boy Fuller”. En los años 40 y 50 Floyd Council continuó tocando en los alrededores de Chapel Hill, solo o con Thomas Strowd, tanto en clubs como en la radio local. Más adelante redujo notablemente su actividad por problemas físicos. A finales de la década de los 60 sufrió un derrame que le paralizó los músculos de la garganta y redujo sus capacidades motoras para tocar la guitarra, si bien conservó intactas sus capacidades mentales. Se trasladó a Sanford, también en Carolina del Norte, donde murió en mayo de 1976.
En una entrevista de 1969, Floyd Anderson señaló haber grabado un total de 27 temas, de ellos 6 como solista y 7 acompañando a Fuller, siendo el resto colaboraciones con otros músicos. En cualquier caso, sus contemporáneos del condado de Orange en Carolina del Norte, le recuerdan como el mejor guitarrista de esa zona. En sus grabaciones era también conocido como Floyd “Dipper Boy” Council y “The Devil’s Daddy-in-Law”.
La mayoría de los cronistas de Pink Floyd coinciden en señalar que la asociación de ambos músicos fue casual, pues nunca grabaron juntos y ni siquiera llegaron a conocerse. Tampoco han aparecido juntos en ninguna recopilación de blues. No obstante, algo sí tenían en común, y es que ambos vivieron en las carolinas. De hecho, la forma de cantar de Pink Anderson, triste, era característica de esa zona. En una de las cubiertas de sus discos aseguraba que “un cantante de la zona del delta del Mississippi parece gritar su rabia y su pena, mientras que un cantante de las carolinas canta melancólicamente, como encogiéndose de hombros”. Existe alguna referencia bibliográfica que señala que la forma de cantar de Pink Anderson era muy similar a la de Blind Boy Fuller, un cantante de la zona más conocido, con el que casualmente grabó algunos temas Floyd Council.
4. El embrión
El movimiento hippie nació en la universidad de Berkeley (USA) en 1965 como respuesta a la guerra de Vietnam y al autoritarismo familiar y gubernamental. La solicitud inicial de libre expresión en San Francisco desembocó en las grandes concentraciones y festivales al aire libre donde los jóvenes lucían su estética floral, preconizaban el amor libre y escuchaban música rock. Dicha combinación, junto con el consumo de marihuana, ácido (LSD) y el agrupamiento en comunas, llevó a muchas jóvenes a escaparse de casa en busca de su identidad y de emociones nuevas. Ronald Reagan, a la sazón gobernador de California, devolvió en parte el estatus anterior enviando la policía a la universidad e ilegalizando el LSD, pero los movimientos psicodélico y hippie ya tenían un sitio en la historia. La estética hippie tuvo su centro en el barrio de Haight Ashbury de San Francisco, si bien muy pronto se trasladaría al East Village de Nueva York.
En Inglaterra, el movimiento hippie intentaba romper la rigidez británica de siempre, quedando representado en el Notting Hill londinense. Musicalmente (hablamos de 1966), el momento está dominado por The Beatles, The Rolling Stones y brillantes músicos como Pete Townshend y sus míticos The Who. Algunos de estos creadores (el propio Townshend, Lennon o incluso Keith Richards) habían sido estudiantes de la escuela de artes.
Las escuelas de artes fueron el santuario de una juventud brillante que podía desarrollar libremente sus potencialidades en música, diseño o pintura, recogiendo influencias de todo tipo antes de salir al exterior y enfrentarse a los corsés de la vida real. En lo que a la música atañe, los grupos que surgieron bajo la bandera del movimiento hippie tenían un criterio claro muy bien expresado por Robert Wyatt, batería de Soft Machine, huyendo de las canciones comerciales, fáciles de asimilar y de identificar por el público y buscando “reencontrar el espíritu del jazz, es decir, una expresión auténtica, salvaje, pero esta vez la nuestra, no la de los negros”. Estos grupos, Pink Floyd incluido, bebieron por tanto de dos fuentes muy distanciadas, yendo desde el rock & roll clásico a la música de The Rolling Stones por un lado y buscando las raíces del jazz y del blues por el otro. Se trataba de músicos de “tercera generación”, demasiado jóvenes para ser integrados en el movimiento liderado por The Beatles y The Rolling Stones y muy alejados en el tiempo de las estrellas clásicas del rock como Elvis. Uno de estos músicos que buscaban su identidad en diversas raíces fue Syd Barrett, también estudiante de artes.
Las radios pirata fueron muy importantes como medio de expresión de la música psicodélica y de su difusión, sobre todo a través de sus emisiones de medianoche. Quizás el programa más emblemático fue Perfumed Garden, de Radio London, en el que John Peel alternaba música de vanguardia, onírica y psicodélica, con los éxitos del momento, reflejados por The Beatles, The Rolling Stones o Bob Dylan. Los grupos hippies de la costa oeste (Grateful Dead, Jefferson Airplane) tenían un lugar destacado, así como las formaciones nuevas, incluso sin grabaciones oficiales, pues el propio Peel iba a grabar sus actuaciones por los pubs de Londres. John Peel recaló más tarde en la BBC, si bien continuó con formatos similares, emitiendo conciertos cuyas grabaciones mejoraron considerablemente de calidad con los años. De hecho, algunos de los mejores (y sobre todo mejor conocidos) boots (discos pirata) de la etapa inicial de Pink Floyd fueron grabados tras la emisión de los respectivos conciertos en alguno de sus programas de la BBC.
De entre los órganos de información del movimiento hippie británico destaca el magacín Internacional Times, conocido como IT. De aparición quincenal, fue fundado en el verano de 1966 y pretendía dar una razón de ser al movimiento psicodélico. Lo que realmente interesa en la presente historia es que IT invitó a Pink Floyd a participar en la velada de lanzamiento de la revista, anunciada como All Night Rave y celebrada el 15 de octubre en un local del norte de Londres llamado “The Roundhouse”. El garito fue definido por John Hopkins, uno de los organizadores y fundadores de la revista, como “un antiguo almacén de ginebra polvoriento y frío que nadie usaba para nada”. No tenía calefacción y la única escalera de acceso estuvo bloqueada hasta prácticamente las 2 de la madrugada debido a que la sala se llenó con más de 2.000 personas. En realidad fue el primer gran concierto de Pink Floyd, compartiendo escenario, entre otras bandas, con The Soft Machine, el grupo de Kevin Ayers, Mike Ratledge, Robert Wyatt y Hugh Hopper. Entre el publico asistente estaba Paul McCartney disfrazado de árabe, así como el director Michelangelo Antonioni acompañado de la actriz Monica Vitti. La actuación fue mencionada por el principal semanario musical de Inglaterra, el Melody Maker, e incluso por el Sunday Times, donde se pudo leer lo siguiente “Actuó un grupo pop llamado The Pink Floyd, que interpretó música palpitante mientras una serie de formas coloreadas eran proyectadas en una gran pantalla trasera. Alguien había hecho una montaña de gelatina de la que la gente comía a medianoche y otra persona había aparcado su motocicleta en medio de la habitación. Todo aparentemente muy psicodélico”. De acuerdo con Povey y Russell (1997), fueron The Soft Machine quienes llevaron esa motocicleta.
La primera vez que la banda cobró por su actuación fue en el “Countdown Club” de Londres, donde tuvo varias apariciones en el verano de 1965. El propio Nick Mason, en su libro Inside Out (2004), aporta algunos detalles de dichos conciertos, en los que la banda tocaba desde las 9 de la noche hasta las 2 de la madrugada con dos cortos descansos de 15-20 minutos. El repertorio constaba de versiones de los éxitos de The Rolling Stones y de temas antiguos como “Louie Louie” y “Road Runner”, si bien interpretados con un sello muy particular, a base de largas fases instrumentales al objeto de cubrir el tiempo de actuación. Asimismo, la distorsión también parecía jugar un papel importante.
A principios de 1966, el cuarteto The Pink Floyd Sound (Barrett, Waters, Mason, Wright) comenzó realmente a rodar, sobre todo gracias a un americano, Steven Stollman, que organizó una serie de conciertos en el “Marquee Club” del Soho londinense, espectáculos delirantes que se ofrecían los domingos por la tarde a partir de las 17 horas. El primero de ellos tuvo lugar en 30 de enero y se llamó Giant Mistery Happening, siendo conocidos más tarde como Spontaneous Underground. Povey y Russell (1997) hablan de 5 espectáculos en total, mientras que tanto Fitch (1998) como The Fingal’s Cave (una página web-http://home.comcast.net/~fingalscave- que recoge de manera rigurosa todos los conciertos de la banda), refieren 12 hasta el verano de 1966. Se trataba de espectáculos en los que había un poco de todo, de manera que junto con conciertos de grupos extraños se proyectaban películas de 8 mm, había chicas desnudas hasta la cintura, se recitaba poesía e incluso se podía observar algún que otro individuo reptando desnudo en un mar de gelatina. En general, no asistía mucha gente, en torno a 40 ó 50 personas, y según algunos asistentes la banda no tocaba música sino que más bien emitía sonidos. Un tal Peter Jenner, profesor de economía y sociología en la London School of Economics y muy aficionado al jazz, asistía a dichos conciertos. En su primera descripción del grupo lo definió como banda de blues que tocaba cosas como “Louie Louie” y que improvisaba continuamente, de manera que había que prestar una especial atención para identificar el instrumento del que procedían los sonidos, guitarra o teclados. A pesar de todo debió pensar que era un producto que podía dar dinero, y propuso ser el mánager de la banda en mayo de 1966, si bien las negociaciones quedaron postergadas hasta pasado el verano del mismo año.
Tras dichas vacaciones de 1966 se retomó el tema y Peter Jenner se encargó de representar a la banda. Lo hizo con su amigo Andrew King, que había abandonado un trabajo en la British Airways y por tanto disponía de tiempo libre, además de una cierta cantidad de dinero que había heredado con la que compró un nuevo equipamiento para la banda (instrumentos y amplificadores) por valor de unas 1.000 libras. Fue el propio Jenner quien sugirió eliminar del nombre de la banda el término “Sound” para quedar como The Pink Floyd. Cuando los Spontaneous Underground dejaron de celebrarse, las fiestas psicodélicas se trasladaron a Notting Hill, barrio multicultural al oeste de Londres que asumió la identidad hippie de la ciudad como ya se ha comentado. En otoño, la London Free School (fundada entre otros por Jenner, King, el propio Hopkins e incluso John Boyd, un americano representante de Elektra Records en Gran Bretaña) contrató a The Pink Floyd para tocar en el “All Saints Church Hall”, en Notting Hill. En ese momento la banda ya disponía de material propio, con lo que las versiones iban siendo eliminadas del repertorio. En concreto y por ejemplo, la noche del 14 de octubre tocaron los siguientes temas: “Let’s Roll Another”-”Gimme a Break”-”Stoned Alone”-”I Can Tell”-”The Gnome”-”Interstellar Overdrive”-”Lucy Leave”-”Stethoscope”-”Flap-doodle Dealing”-”Snowing”-”Matilda Mother”-”Pow R Toc H”-”Astronomy Domini” (presentada en los carteles anunciadores como “un canto astral”). Eran actuaciones totalmente experimentales, auténticas sesiones de improvisación, un modo de trabajar que dió lugar a muchas de las mejores composiciones de la banda, sorprendiendo continuamente al auditorio e incluso a los propios músicos. Más adelante, se pudo leer en IT que estas actuaciones iniciales eran fundamentalmente instrumentales, de manera que algunos temas eran prolongados por espacios superiores a la media hora.
Podemos ahora hacer un breve inciso y volver al principio. Todo comenzó en Cambridge, ciudad muy conocida desde el siglo trece sobre todo gracias a su Universidad, donde desarrollan su actividad una quinta parte de sus habitantes. Visita obligada de cualquier español en su paso por Londres, Cambridge representa calidad de vida, y en cierta manera lo mejor que Inglaterra ofrece al resto del mundo. Aunque un colega mío con familia en Londres detesta que ahora se cobre la entrada a los Colleges, Cambridge es una ciudad muy atractiva para visitar e incluso vivir una temporada. El nombre Pink Floyd y su formación como grupo se gestó en Londres, de donde eran Nick Mason y Richard Wright, pero los tres componentes más emblemáticos de la banda nacieron en Cambridge. Es de destacar que todos los miembros de Pink Floyd procedían de familias de clase media o media-alta (alguno de ellos, como Nick Mason, ha sido definido como “simplemente rico”). Por tanto y al contrario que muchas otras figuras del rock británico, no querían ser héroes de la clase trabajadora. Simplemente buscaban convertirse, como manifestaron repetidamente, en estrellas del rock & roll.
Roger Keith Barrett (apodado Syd en su juventud) nació el 6 de enero de 1946 en el seno de una familia feliz, siendo el menor de 5 hermanos. Su padre era muy aficionado a la música clásica, afición que intentó trasladar a sus hijos. Syd tuvo una infancia feliz, era buen estudiante y le gustaba la acampada, los deportes e incluso el teatro, aunque en lo que más destacaba era en la pintura. Su primer instrumento musical fue, curiosamente, un banjo que le regaló su padre, pero pronto cambió a la guitarra. Su padre murió cuando él tenía 14 años, lo que supuso un golpe muy duro para el músico. Fue por eso que, al objeto de aliviar en lo posible la pena que le produjo tal pérdida y dado que era el único de los hermanos que quedaba en casa, su madre le permitió comenzar a tocar, a principios de 1962, con algunos amigos en una habitación que tenían habilitada como cuarto de huéspedes en su espaciosa casa en Hills Road. Estos ensayos tenían lugar los domingos por la tarde. En ellos, junto con Barrett, estaba un tal Geoff Mott, otro guitarrista (Nobby Clarke), un bajista (Tony Sainty) y un batería (Clive Welham). Decidieron formar una banda y, dado que Mott era bastante alto y tenía una cierta reputación (le habían echado del colegio por mal comportamiento), tomó el nombre de Geoff Mott and The Mottoes. Tocaron en algunas fiestas privadas, si bien tuvieron una vida muy corta como grupo.
Un visitante asiduo a los ensayos de los domingos por la tarde era Roger Waters, que llegaba a Hills Road en su vieja motocicleta AJS, si bien por entonces no estaba en absoluto interesado por la música. De hecho, fue a finales del 62 cuando decidió dedicarse a ella. Se había trasladado a la London’s Regent Street Polytechnic para estudiar arquitectura y se gastó el importe de su beca de estudios en su primera guitarra. George Roger Waters nació el 9 de septiembre de 1943 de padres profesores. A los pocos meses, en 1944, murió su padre en calidad de miembro de las tropas británicas que luchaban en Italia durante la Segunda Guerra Mundial. Este hecho marcó una buena parte de la vida del futuro bajista de la banda, de manera que sus contribuciones al grupo están plagadas de un constante activismo antimilitarista que aparecerá repetidamente a lo largo de la presente monografía. Se educó en el Cambridge County High SchoolFor Boys, un colegio bastante progresista donde comenzó a interesarse por la música, primero por el blues y luego por el jazz. Tuvo compañeros interesantes. A su misma clase iba Storm Thorgerson, que diseñó algunas portadas de discos de Pink Floyd, y dos cursos más abajo estaba Syd Barrett, muy amigo de Thorgerson.
Otro de los mejores colegas de este último era un tal David Gilmour, nacido el 6 de marzo de 1946 en el seno de una familia acomodada de Cambridge y cuyo primer contacto con la música fue una guitarra española heredada de un vecino a la edad de 13 años. Junto con Syd, se matriculó en el Cambridge’s College of Arts and Technology, desarrollando estudios de lenguas modernas. Por su parte, Barrett desarrollaba su actividad en el departamento de arte. Ambos estaban muy interesados por la música, y junto con otros colegas aprovechaban el tiempo libre de la comida para tocar canciones con guitarras y armónicas. No obstante, esta colaboración tardó en pasar a mayores, y según Schaffner (1992) se limitó a un par de sesiones acústicas en un club de Cambridge llamado The Mill. Para algunos cronistas de Pink Floyd, resulta muy sorprendente que ambos no llegaran a realizar proyectos juntos, lo que pareció deberse a una cierta rivalidad adolescente. De hecho, parece claro que ambos fueron los únicos miembros de Pink Floyd que mostraron un claro interés por la música desde el inicio de la adolescencia.
Parece que quien presentó a Dave y Syd en el College of Arts and Technology fue Clive Welham, a la sazón batería de The Mottoes. Cuando éstos se disolvieron, Clive fundó The Ramblers junto con otros compañeros, y tras la marcha de Albie Prior, otro de los fundadores, reclutó a David Gilmour. Durante 1963 Gilmour formó parte del grupo The Newcomers, inicialmente conocidos como Chris Ian and The Newcomers, hasta que se disolvieron al final del año, a la vez que otra banda de Cambridge llamada The Four Posters. Ambas se refundieron en un grupo llamado Jokers Wild, al que pertenecían, además de Gilmour y Whelam, David Altham (un músico versátil que tocaba guitarra, teclados y saxo), John Gordon (guitarrista rítmico) y el bajista Tony Sainty.
Jokers Wild fue uno de los grupos semiprofesionales más conocidos de Cambridge en esa época. Incluso realizaban viajes para tocar en Londres, donde llegaron a compartir escena con The Animals ante una audiencia de 800 personas, en un show en el que éstos tocaron una hora mientras que el grupo de Gilmour lo hizo durante media hora, en dos sesiones de 15 minutos. Realmente, se trataba de un grupo bastante bien organizado que incluso llegó a grabar un disco autoproducido con 5 canciones en un lado del LP, dejando el otro lado en blanco. De dicho producto se lanzaron un centenar de copias, vendidas a los amigos de Cambridge. Schaffner (1992) refiere que 20 años después, en 1985, una de dichas copias fue vendida, en un mercado de coleccionistas, por 400 libras esterlinas. Los temas del álbum (“Why Do Fools Fall in Love”-”Walk Like A Man”-”Don’t Ask Me What I Say”-”Big Girls Don’t Cry”-”Beautiful Delilah”) aparecen en el disco 15 de la recopilación A Tree Full of Secrets, una colección de 18 discos de rarezas de la banda y de los trabajos previos y posteriores de sus miembros por separado o formando parte de otros proyectos.1 Mientras tanto, Gilmour se independizó de su familia y pasó a residir en un pequeño piso en Mill Road, en el corazón de Cambridge. No obstante, no fueron tiempos fáciles, e incluso hubo que aceptar trabajos ocasionales. Entre ellos, el mejor pagado para el guitarrista fue el de modelo.
A principios de 1966, Sainty deja la banda y es sustituido por Peter, hermano de David. Al poco tiempo es Welham quien abandona, siendo sustituido por Willie Wilson. A finales de 1966 es John Gordon el que se va, pero la banda llega a tocar sin él en España y Francia. Sin embargo, la disolución de la misma no tardó en llegar a pesar de que Gilmour siempre confió en el proyecto. De hecho, fue el último en abandonar el barco. Durante 1967, Gilmour y Wilson, junto con alguna otra incorporación como Ricky Wills, hicieron una gira por Francia con el nombre de The Flowers.
Por lo que a Barrett se refiere, desde el verano de 1963 participó en algunos proyectos sin demasiada importancia hasta que le aceptaron una solicitud para seguir un curso de 3 años en la Camberwell School of Art, en el sur de Londres, comenzando en el otoño de 1964. Se trasladó a la capital junto con otro músico de Cambridge, Bob Klose, guitarrista de jazz que tocaba en un grupo llamado Blues Anonymous. Se alojaron en una casa en Highgate, en el norte de la ciudad, en la que Waters había alquilado la planta de abajo al dueño, Mike Leonard, un arquitecto profesor de la Hornsey Art College que tenía un interés pionero en combinar la música con luces de colores.
Por su parte, Richard William Wright nació en Londres el 28 de junio de 1945. Se matriculó en la Regent Street Polytechnic aunque sin vocación alguna, pues su mayor deseo era ser músico. De hecho, era un fanático del jazz. Ya se ha señalado que a Waters tampoco le entusiasmaron los estudios de arquitectura, sobre todo tras tomar conciencia de que la arquitectura oficial británica se movía por criterios económicos más que por consideraciones estéticas. Ya se ha comentado que incluso gastaba sus becas en adquirir equipamiento musical. Quien sí parecía tomarse los estudios en el Politécnico más en serio era Nicholas Berkeley Mason, nacido en Birmingham el 27 de enero de 1945 en el seno de una familia pudiente y criado en Downshire Hill, una de las calles más exclusivas del elegante distrito londinense de Hampstead. Su padre Bill era un conductor aficionado de coches de carreras además de un entusiasta coleccionista de coches de época, aficiones que más tarde heredaría su hijo, único varón entre todos los hijos del matrimonio.
En el otoño de 1963, Waters formó una banda llamada Sigma 6, integrada por estudiantes del Politécnico y por otros no pertenecientes al mismo. La formación era la siguiente: Waters (guitarra solista), Wright (guitarra rítmica), Mason (batería), Clive Metcalf (bajo) y Juliette Gale y Keith Noble en las voces. Al poco tiempo, Juliette y Richard Wright hicieron muy buenas migas y marcharon a vivir juntos. El mánager era un tal Ken Chapman, un ex-alumno del Politécnico, que imprimió tarjetas declarando al grupo como “disponible para bodas y fiestas”. Pronto hubo ruptura con Chapman y cambio de nombre, pasando a llamarse The Screaming Abdabs, para rápidamente ser The Abdabs, tal y como se les conocía en la primavera de 1964. Contrariamente a lo indicado en algunas biografías de Pink Floyd, parece que nunca llegaron a llamarse “The Architectural Abdabs”. Este nombre corresponde al titular de un breve artículo que les dedicó The Regent Street Poly Magazine, en el que una tal Barbara Walters los definía como “Una emergente banda de pop en el Politécnico que toca rhythm & blues”.
Las incorporaciones de Bob Klose y Syd Barrett fueron definitivas. En particular, el primero aportó definición al grupo. Dado que se trataba de un buen guitarrista, Roger Waters fue derivando de la guitarra solista a la guitarra rítmica y finalmente al bajo. Richard Wright cambió la guitarra por los teclados (incluso tocaba el chelo, pero casi nunca en público), mientras Metcalf, Noble y Juliette Gale dejaron la banda. Ésta pasó por diversos nombres, entre ellos Spectrum Five o The Meggadeaths, aunque Schaffner (1992) se refiere a este nombre como previo a The Screaming Abdabs. Incluso, y al parecer durante un corto periodo de tiempo, la banda se llamó a sí misma como Leonard’s Lodgers (Povey y Russell, 1997), en referencia al casero Mike Leonard, que incluso era invitado ocasionalmente a tocar el órgano con ellos, en especial durante las vacaciones que Wright se tomó en las islas griegas. Los ensayos se repartían entre la casa de Leonard (él ha señalado recientemente que el sonido de la banda era conocido en todo el barrio) y el Politécnico. Tenían el problema de que, aunque Barrett y Klose cantaban, ninguno se responsabilizaba en realidad de la cuestión vocal, con lo que pensaron contratar a un vocalista. Ante la negativa del antiguo colega de Barrett, Geoff Mott, que no veía mucho futuro a la banda, el afortunado fue Chris Dennis, un militar que cantaba en una banda de Cambridge llamada The Redcaps y con quien contactaron Waters y Klose. Dennis aceptó la oferta inmediatamente. No obstante, a finales de enero de 1965 Dennis fue destinado al Golfo Pérsico, dejando a Barrett el papel de cantante.
Mientras tanto, el propio Barrett había dado con el nombre definitivo de la banda. Encontró la inspiración en su colección de discos y llegó a la combinación Pink Floyd en base al nombre de dos bluesmen que él conocía: Pink Anderson y Floyd “Dipper Boy” Council. También hubiera sido posible otra combinación, tal como Anderson Council, pero ésta sonaba a autoridad local. Por tanto, al principio los componentes de la banda comenzaron a llamarse The Pink Floyd Blues Band, aunque en realidad empezaron a ser conocidos como The Pink Floyd Sound tras el verano de 1965. No obstante, parece que durante algún tiempo alternaron este nombre con el de The Tea Set.
Fue a lo largo del año 1965 cuando la banda comenzó a desarrollar su personalidad característica hasta la marcha definitiva de Syd Barrett. Povey y Russell (1997) dan algunas claves. Bob Klose tenía una sólida formación musical, con lo que era muy disciplinado y realmente muy habilidoso con la guitarra, aunque un poco introvertido. Le gustaba trabajar con ritmos conocidos, como el rhythm & blues. Por su parte, Barrett era un diamante en bruto, un artista de la época que le había tocado vivir, listo e inteligente. Como guitarrista no era bueno, sino más bien tosco. Le gustaba experimentar y adoraba la distorsión. Sus primeras canciones se revelaron extremadamente simples, pero su calidad ha sido reconocida siempre.
Dado el choque de caracteres entre ambos guitarristas y que los criterios de Barrett parecían imponerse, Klose decidió abandonar la banda en el verano de 1965, según Mason (2004) aconsejado por su padre y por sus tutores de la Politécnica. De hecho, en el DVD titulado “The Pink Floyd & Syd Barrett Story” y publicado en 2003, Klose declara abiertamente y sin tapujos que The Pink Floyd adquirió su identidad tras su marcha, y que si él hubiera continuado con la banda, probablemente ésta hubiera dirigido sus pasos en otra dirección. El documento es impagable, pues el guitarrista hace una demostración práctica de los ritmos con los que la banda trabajaba en aquellos días. Otros miembros de la banda también parecieron sentirse más cómodos tras la marcha de Klose. De hecho, Wright siempre ha declarado que él nunca se sintió a gusto tocando rhythm & blues, y que con la dirección de Barrett el protagonismo de la guitarra y de los teclados era evidente.
En los meses siguientes, The Pink Floyd Sound incluso compartió escenario con Jokers Wild, siendo el acontecimiento más recordado el concierto que ambos grupos protagonizaron en Shelford, en las afueras de Cambridge. Dicho concierto fue organizado en octubre de 1965 por Douglas January para celebrar el compromiso de su hija Libby con el ya mencionado Storm Thorgerson, diseñador de portadas de discos de Pink Floyd y a la sazón colega tanto de Waters y Barrett como de Gilmour. También participó en el mismo un joven cantante folk llamado Paul Simon.
Fue también en octubre de 1965 cuando The Pink Floyd Sound realizaron una grabación de un single en un estudio de Londres. Los dos temas incluidos fueron “Lucy Leave” y “I’m A King Bee”. El primero fue compuesto íntegramente por Barrett, mientras que el segundo era un viejo blues de Slim Harpo/Moore. Parece que eran grabaciones de prueba. Hay quien piensa que son falsos, que no son de los Floyd. Sin embargo, gente como Phil Smee, ingeniero de la EMI, no duda de su autenticidad, aunque el propio Peter Jenner nunca consideró que ambos temas tuvieran la suficiente calidad como para ser enviados a alguna compañía, y por tanto nunca fueron publicados oficialmente, si bien están incluidos en boots que recogen el material inicial de la banda. Entre ellos, los que circulan con mejor sonido son los titulados Psychedelic Games for May 1966-1968, Outtakes From Outer Space y Interstellar Overdrive: The Alternate Masters 1966-1968. No es mi propósito incluir en esta monografía las letras de todas las canciones, sino comentar su significado y como mucho mostrar algunos párrafos que ilustren aspectos destacados. Todas las letras de Pink Floyd, incluso traducidas, pueden ser obtenidas en la red. “Lucy Leave” es una simple canción de amor, mientras que “I’m A King Bee” es un tema picante que entre otras cosas reza lo siguiente:
Soy una abeja rey/
Zumbando alrededor de tu colmena/
Puedo hacer buena miel/
Déjame entrar/
Soy joven y capaz/
De zumbar toda la noche/
Cuando me oyes zumbar nena/
Sabes que algún picotazo va a llegar/
Nena, puedo zumbar mejor/
Cuando tu hombre se vaya.
No obstante, no parece que esa fuera la primera vez que la banda utilizaba un estudio de grabación. En su libro Inside Out (2004), Mason señala que el debut fue en unos estudios en West Hampstead en la Navidad de 1964, donde además de los temas anteriores grabaron otros, en concreto “Double O Bo” y “Butterfly”, ambos de Barrett. Esta grabación es la que utilizaba la banda como tarjeta de presentación durante un tiempo para promocionarse y poder tocar en directo.
Pero volvamos al otoño de 1966, donde habíamos dejado la historia de la banda para describir sus orígenes. Realmente hacían “música en colores”. La parte visual tomó protagonismo en los conciertos. Al principio se trataba de imágenes fijas proyectadas tras el escenario, pero luego fue evolucionando hacia imágenes móviles e incluso proyección de líquidos en movimiento entre dos cristales, verdadera marca de la época underground londinense.
Dada la asociación que existía entre el movimiento psicodélico y el LSD, algunos cronistas publicaron que el objetivo principal de dichos juegos de luces era intensificar los efectos sensoriales de los alucinógenos. Al respecto, es conocido que Barrett coqueteaba con el LSD desde hacía tiempo. Sus amigos de Cambridge, antes de trasladarse a Londres, eran consumidores de ácido y se relacionaban con cultos basados en la filosofía hindú, asociación muy común en esa época. En Londres, Barrett continuó experimentando con la droga. Su casero en 1965, Mike Leonard, declaró recientemente que Syd tenía un amigo farmaceútico que le preparaba distintas combinaciones. La frase finaliza con la palabra “unfortunately”. Estas revelaciones se recogen en el DVD ya mencionado The Pink Floyd & Syd Barrett Story, donde además aparece, como documento impagable, una escena protagonizada por Barrett tras haber consumido LSD filmada en el verano de 1966 con una cámara de 8 mm por su amigo el estudiante de cine Nigel Gordon. Dicha filmación también figura en diversos boots.
Desde que Mike Leonard convenciera a los Floyd de la relevancia de los efectos de luces en los conciertos, varios técnicos de iluminación colaboraron con el grupo, destacando el adolescente (17 años) Joe Gannon, que pronto marchó a la Costa Oeste de los Estados Unidos, así como Peter Wynne Wilson, que incluso fue nombrado road manager de la banda recibiendo un porcentaje de las ganancias del grupo. La importancia del juego de luces fue tal que ambos fueron considerados en su momento como el “quinto Pink Floyd”.
Barrett era el alma del grupo. Trabajaba horas y horas con la guitarra, componiendo frenéticamente. Más que grabar canciones, el grupo pretendía satisfacer a sus seguidores en los conciertos preparando detalladamente la puesta en escena de sus canciones. Ya se ha señalado que las versiones en vivo de algunos temas se alargaban casi indefinidamente, especialmente las de “Astronomy Domine” y de “Interstellar Overdrive”, hasta llegar a los 30-40 minutos. Era característica la imagen de Barrett, durante “Astronomy Domine”, cuando sustituía el sonido de la guitarra gritando “Ahhhh” a la par que elevaba los brazos hasta ponerlos en cruz para mostrar su sombra proyectada en el escenario dejando caer el satén de su camisa holgada. Otra imagen suya muy reveladora era cuando interpretaba “Interstellar Overdrive”, sudando profusamente y usando un mechero Zippo con el que recorría sin control arriba y abajo el brazo de la guitarra para conseguir un sonido distorsionado, envolvente y sobre todo personal, que los buenos seguidores de Pink Floyd identifican rápidamente. Todo muy psicodélico. El hecho era que Barrett se dejaba la piel en el escenario. Mucha gente se preguntaba cómo podía aguantar ese ritmo, no sólo de conciertos, sino también de preparación de los mismos y de composición. La respuesta era evidente.
Es muy interesante la descripción que Peter Jenner hace de los miembros de la banda por aquel entonces (Schaffner, 1992). Barrett era el líder (era “su” banda), quien componía la mayor parte del material y diseñaba la puesta en escena. Además era el miembro más carismático, guapo y vestido al uso con la estética psicodélica (pantalones ajustados, motivos florales, camisas holgadas de satén, pañuelos,...). Vivía muy deprisa. En el polo opuesto estaba Mason, que si bien ahora es una persona afable y divertida, en los inicios de la banda era un poco inseguro, probablemente porque era consciente que una banda de éxito debía tener un buen batería. Siempre ha declarado que Pink Floyd no era un buen grupo por aquel entonces y que, si bien triunfaban en sus cuarteles londinenses, fuera de Londres el público no aprobaba sus temas galácticos ni sus improvisaciones. Peter Jenner concluye indicando que Mason era el menos neurótico de la banda, con quien se podía trabajar mejor. No hay que olvidar que Nick Mason ha sido el único miembro que siempre ha formado parte de Pink Floyd.
Rick Wright es descrito como una persona muy vulnerable, amable y dulce pero de carácter algo débil, vacilante y muy dependiente de su mujer Juliette. Era quien mantenía una relación más estrecha con Barrett, lo que se refleja sin duda en las primeras composiciones (“Interstellar Overdrive” es un ejemplo). Curiosamente, era quien tenía una mayor formación musical, de manera que solía ser quien afinaba las guitarras antes de los conciertos. Aunque Syd podía hacerlo con la suya, realmente no era muy cuidadoso. Por su parte, Waters era incapaz de afinar su bajo. No obstante, y aunque tenía muchas limitaciones con el instrumento, el bajo de Roger ha sido con el tiempo uno de los sonidos característicos de la banda. Waters era el encargado de organizar las actividades de la banda y de dar la cara ante la prensa. Trabajaba duro y estaba muy comprometido con el proyecto. Jenner lo define como la personalidad más fuerte de los Floyd.
El 31 de octubre de 1966 los Floyd realizaron una sesión de grabación para presentar sus primeros temas a las compañías discográficas en los Thompson Private Recording Studios, en Hemel Hempstead, Herefordshire (Inglaterra). En dicha sesión grabaron una canción llamada “Stoned Alone”, también conocida como “I Get Stoned”. Este tema nunca fue publicado, y pasó a ser conocido más tarde como “Let’s Roll Another One”, que, por resultar demasiado picante, transformó su letra y fue publicado como cara B de “Arnorld Lane” bajo el nombre de “Candy And A Currant Bun”. La versión del 31 de octubre puede encontrarse en un boot llamado Wavelengths, que contiene material dispar. También se puede escuchar “Stoned Alone” en el bootleg del mismo nombre grabado en el Starclub de Copenague el 13 de septiembre de 1967.
El segundo tema que se grabó en la sesión fue una versión inicial de “Interstellar Overdrive” que fue recogida por el director de cine Anthony Stern para un documental sobre San Francisco con el mismo nombre. Algún que otro boot (como el llamado Outtakers from Outer Space) anuncia que recoge la versión del tema grabada el 31 de octubre pero no es cierto. Se trata de la versión más larga incluida en la grabación Tonite Let’s All Make Love in London, banda sonora de la película del mismo nombre y en la que intervienen varios artistas. Realmente, es una versión bastante alejada de la grabada prácticamente dos meses y medio después, menos definida. Viene a durar casi 16 minutos y está recogida en el disco 9 de la recopilación A Tree Full of Secrets así como en el disco 1 de la recopilación Have You Got It Yet?, de 21 discos de audio y video sobre todo el material disponible de Syd Barrett y de la etapa inicial de Pink Floyd. El documental San Francisco está recogido en el disco 16 de esta misma recopilación. En conjunto, la versión de “Interstellar Overdrive” grabada el 31 de octubre de 1966 es poderosa, con un característico inicio de un bajo acelerado que va marcando el ritmo de todo el tema. Es distinta, fácilmente reconocible por los fans de la banda. También se recoge en un boot llamado Dawn Of The Piper del grupo Harvested 2, que remasteriza grabaciones de conciertos de la banda y que es muy apreciado por los fans.
El proyecto denominado Have You Got It Yet? (HYGIY?) fue iniciado por Kiloh Smith en el seno del grupo Laughing Madcaps3, en honor al título del primer disco de Barrett en solitario: The Madcap Laughs
