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La obra de Platón, inagotable y total, representa el acto fundacional de la filosofía y este volumen es el compañero ideal para su lectura. En la historia de la filosofía todo comienza con Platón. Sus diálogos son considerados como la primera de todas las obras filosóficas, y las cuestiones que en ellos se abordan sientan las bases de, sino todas, casi todas las grandes preguntas de la filosofía hasta nuestros días. Filósofo mítico y de mitos —la Caverna es sin duda la alegoría más conocida de la filosofía—, su figura mantiene intacta su pertinencia y vigencia más de veinticuatro siglos después de su nacimiento. A través del concepto político de polis, este libro nos descubre las teorías platónicas fundamentales: como el filósofo-rey, las ideas y las formas, o la tripartición del alma, siempre de manera comprensiva, contextualizada y original. Y es que, si el gran maestro Sócrates es el interlocutor preferido de Platón, la polis es la verdadera protagonista de todos sus diálogos. La principal preocupación y el asunto de toda la filosofía platónica es, efectivamente, plantear la mejor manera de gobernar la vida en comunidad. En este texto imprescindible, el catedrático José María Zamora presenta un examen y una excelente visión de conjunto de los grandes problemas platónicos y, en consecuencia, de las grandes cuestiones de nuestra filosofía. Un compañero de lectura ideal para aquellos que buscan adentrarse en la obra de Platón, pero también conocer el contexto histórico y literario en el que se forjó su eterno legado. ¿A qué responde este libro? - Comprender los conceptos básicos de la filosofía occidental. - La concepción del filósofo - Cómo nos sigue afectando la filosofía de Platón en nuestros días. - El arte de tejer l unidad de la polis; cómo gobernar bien. - El cuidado del alma.
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Seitenzahl: 262
Veröffentlichungsjahr: 2024
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PLATÓN
PLATÓN
La filosofía y la polis
JOSÉ MARÍA ZAMORA CALVO
Platón. La filosofía y la polis
© José María Zamora Calvo, 2024.
© de esta edición, Shackleton Books, S. L., 2024
@Shackletonbooks
www.shackletonbooks.com
Realización editorial: Bonalletra Alcompas, S. L.
Diseño de cubierta: Pau Taverna
Diseño: Kira Riera
Maquetación (edición papel): reverté-aguilar
Conversión a ebook: Iglú ebooks
© Fotografías: todas las imágenes son de dominio público a excepción de: p. 37 (CC BY-SA 4.0).
ISBN: 978-84-1361-350-5
Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento y su distribución mediante alquiler o préstamo públicos.
No hay muchos datos sobre la biografía de Platón, excepto la información proporcionada por un conjunto de cartas atribuidas al fundador de la Academia y lo que se ha podido compilar a partir de obras de otros autores, que compusieron vidas antiguas dedicadas al filósofo. Sin embargo, se debe tener cuidado al analizar las epístolas, ya que la única que puede considerarse auténtica de todas ellas es la Carta VII. La cuestión del carácter apócrifo o no de esta carta sigue siendo objeto de controversia hoy en día y los argumentos para probar o negar su autenticidad son inconcluyentes hasta la fecha.
Sin duda, la vida de Platón se integra de modo inexorable con su obra. Sus escritos son los primeros de un filósofo griego que han sobrevivido en su práctica totalidad. Desde la Antigüedad, el texto platónico ha sido objeto de diversas «ediciones», hasta su llegada a la modernidad, con la traducción latina de Marsilio Ficino. Asimismo, las enseñanzas que Platón impartía en la Academia plantean la existencia de una oralidad que intrínsecamente no debería diferir de lo que aparece expresado por escrito en los diálogos. De ahí que la lectura de un diálogo, debido a su radical actualidad, exija una interacción constante con el texto.
Platón nació en Atenas o quizá en Egina,1 en torno a la 88ª Olimpiada (428-425 a. C.), y murió en torno a la 108ª Olimpiada (348-345 a. C.), a los 81 años. Es decir, llegó al mundo al finalizar la edad de oro de la democracia ateniense y lo abandonó durante su desintegración, esto es, con la crisis de la Atenas democrática que anunciaba la decadencia del «imperialismo» de esta polis.2
Descendiente de una ilustre familia de la ciudad-estado, tanto por el lado materno como por el lado paterno, sus orígenes se remontaban al mundo de los dioses y a los antiguos dirigentes atenienses. El padre de Platón, Aristón, hijo de Arístocles, era descendiente de Codro, uno de los primeros reyes de Atenas, e hijo a su vez de Melanto, cuyo origen se remontaba a Posidón, el dios de la mar, que, según el mito que relata en los diálogos Timeo y Critias, se enfrentó a Atenea por el dominio y posesión de Atenas. La familia de su madre, Perictione, tenía lazos de sangre con Solón, estadista, reformador político y poeta del siglo V, considerado el primer legislador de la ciudad y también descendiente de Posidón, a través de uno de los hijos de este, Neleo. Cuando su madre enviudó, se casó en segundo matrimonio con Pirilampo, con quien tuvo un hijo llamado Antifonte, el medio hermano de Platón a quien este menciona al comienzo del Parménides. Adimanto y Glaucón, los hermanos de Platón, intervienen por su parte en la República. Su hermana Potone fue la madre de Espeusipo, quien lo sucedió más tarde en la dirección de la Academia.
Una vida y muchas fuentes
La vida de Platón ha sido citada o referida en muchas obras antiguas, desde la Historia de la Academia, redactada por el epicúreo Filodemo de Gadara (siglo I a. C.), hasta en las Vidas y doctrinas de los filósofos ilustres, compuestas por el doxógrafo Diógenes Laercio (siglo III d. C.) quien dedica el libro III a Platón (D. L. III 1-47); así como en Sobre Platón y su doctrina, un manual escolar del prolífico escritor Apuleyo de Madaura (siglo II d. C.), que se consideraba «filósofo platónico», o en dos obras más tardías del siglo VI procedentes de la escuela neoplatónica de Alejandría (el Comentario al Primer Alcibíades de Platón, elaborado por Olimpiodoro, que comienza con una Vida de Platón, o los anónimos Prolegómenos a la filosofía de Platón, que inauguran sus lecciones con una breve biografía consagrada al discípulo de Sócrates). Debemos ser conscientes de que las fuentes que citan o hacen referencia a la vida del filósofo tienen sus propias razones para hacerlo, y los datos que transmiten requieren ser situados en su contexto.
Ciertas fuentes antiguas atribuyen al filósofo el nombre de su abuelo, Arístocles, y señalan que recibió el apelativo de «Platón» debido a la anchura de su frente o a la amplitud de su estilo (D. L. III 4). Sin embargo, aparece registrado como nombre en la prosopografía ateniense de la época, por lo que no sería necesario recurrir a él para emplearlo como sobrenombre. Diógenes Laercio (III 8) hace alusión, siguiendo a Aristóxeno, a tres campañas militares en las que el filósofo habría participado (Tanagra, Corinto y Delión); sin embargo, por cuestiones cronológicas no pudo participar en esta última, datada en 424 a. C., lo que se debe probablemente a una confusión con la biografía de Sócrates.
Podemos suponer que, como todos los jóvenes atenienses de su rango, Platón recibió una esmerada educación. En los anónimos Prolegómenos a la filosofíade Platón, al poner en relación su formación con la teoría platónica de las tres partes del alma, que analizaremos más adelante, se menciona el nombre de algunos de sus maestros antes de encontrarse con Sócrates: en gramática, a Dionisio, a quien aludía también en sus cartas; en gimnasia, a Aristón de Argos, a quien prestó mucha atención, pues logró la victoria en los juegos de Olimpia y Nemea; y, posteriormente, en música, siguió los cursos de Dracón, que era de la escuela de Megilo, discípulo de Damón.
[Platón] sabía, en efecto, que estas tres enseñanzas permiten mejorar las tres partes del alma: mediante las letras, afinaba la parte racional; mediante la música, domaba la parte irascible, al igual que mediante la gimnasia fortalecía la concupiscible (Prol. § 2).
La formación de Platón se completó con el estudio de la poesía ditirámbica, trágica y cómica. Entre los poetas cómicos que le influyeron destaca Aristófanes. Asimismo, para perfeccionar el arte de la imitación se interesó por el mimo, con Sofrón, y para el aprendizaje de la combinación de varios colores, por la pintura (Prol. § 3).
A los veinte años, el encuentro con el que se convertiría en su gran maestro transformó radicalmente su pensamiento y modo de vida. En torno al año 408-407 a. C., Platón comenzó a recibir lecciones de filosofía moral de Sócrates y, desde entonces, permaneció a su lado durante casi una década, hasta la muerte de su maestro. Los allegados a Sócrates formaban un grupo heterogéneo. Entre ellos se encontraba Calias, el hombre más rico de Atenas; Jenofonte, un militar conservador; los políticos controvertidos, Cármides, tío materno de Platón, y Critias, primo de su madre; así como filósofos denominados «socráticos» que, aunque se consideraban a sí mismos sus más fieles discípulos, defendían doctrinas contrapuestas, entre ellos Antístenes, el primero de los conocidos como «perros» y fundador del movimiento cínico; Aristipo de Cirene, el fundador de la escuela cirenaica, para quien el fin de la vida residía en la búsqueda de placeres; Euclides de Mégara, el fundador de la escuela megárica, que centraba su investigación de modo especial en la argumentación; Fedón, el fundador de la escuela de Elis; y Menedemo, el fundador de la escuela de Eretria.
Platón convirtió a Sócrates en el personaje central de muchos de sus diálogos. Lo idealizaba, lo presentaba como el más virulento contradictor de los sofistas, y también destacaba su ironía y su dialéctica interrogativa, señalando al mismo tiempo su deseo de establecer definiciones éticas, como la del bien, la virtud, el valor, la piedad, la amistad o la sabiduría, entre otras.
Esa definición que buscaba Sócrates es la respuesta a la pregunta ¿qué es…? (tí esti). Al decir lo que una cosa es, su definición expresa también la esencia de la cosa. Los primeros diálogos de Platón (también conocidos como «diálogos socráticos») desarrollan este tema. Sócrates es uno de los pocos filósofos cuyo pensamiento da lugar a un conjunto de corrientes filosóficas simultáneas y, en cierta medida, divergentes, a veces cercanas a la sofística. De hecho, probablemente la ausencia de escritos de Sócrates haya contribuido a esta diversidad de corrientes y discípulos.
En el último tercio del siglo V a. C., la Hélade sufría los estragos de la guerra del Peloponeso, una de las más terribles y devastadoras de toda su historia, que finalizó en la primavera de 404 a. C. con la derrota de Atenas. Sin embargo, la firma del tratado con los lacedemonios no supuso la paz inmediata. Si bien, la guerra había terminado, a Atenas aún le esperaba lo peor. Ese mismo año de 404 a. C., se instauró en la polis el régimen intransigentemente oligárquico conocido como de los «Treinta Tiranos», entre quienes se encontraban los ya mencionados familiares de Platón, Cármides y Critias. En el otoño de 403 a. C., la democracia quedó restablecida de nuevo y, por fin, la polis logró recobrar la paz y el sosiego tras más de veintisiete años de lucha, sin embargo, esta misma democracia condenó a muerte a Sócrates en la primavera 399 a. C., después de ser juzgado en un proceso que Platón describe en la Apología.
Tras la muerte de Sócrates y «por miedo a los tiranos», Platón, que contaba entonces veintiocho años, se refugió en Mégara (Sicilia) junto a Euclides y otros condiscípulos (D. L. III 6 y II 106). Después, se relacionó con Crátilo, el heraclíteo, y con Hermógenes —aunque los Prolegómenos (§ 3) transcriben el nombre de «Hermipo»—, el parmenídeo, para aprender con ellos respectivamente las doctrinas de Heráclito y de Parménides; y de ahí redactó dos diálogos, el Crátilo y el Parménides, en los que expone de modo crítico las doctrinas de ambos.
A su regreso a Atenas, en 387 a. C., Platón fundó su famosa Academia y erigió así una institución en rivalidad con Isócrates, quien había inaugurado su propia escuela seis años antes. Durante dos décadas, entre 368/7 a. C. y 348/7 a. C., Aristóteles estudió en esta institución, junto a Espeusipo de Atenas, sobrino de Platón, Jenócrates de Calcedonia, Filipo de Opunte, Dion de Siracusa, Erasto y Corisco, Hipotales y Clipo, Demetrio de Anfípolis y Heraclides Póntico, entre otros discípulos (D. L. III 46), además de dos mujeres: Lastenia de Mantinea y Axiotea de Fliunte, quien seguía los cursos en la Academia vistiendo ropa de hombre.
La Academia no se encontraba dentro de la polis, sino a las afueras, en concreto a un kilómetro y medio de distancia de la puerta Dípilon, la principal de la antigua Atenas, situada al noroeste de la polis. El lugar era un recinto sagrado, dedicado en su origen a una antigua divinidad local ática, un héroe llamado Academo, y que antes también había estado dedicado a la diosa Atenea. Era un espacio ajardinado que contaba con hermosos árboles antiguos.
Platón comenzó a enseñar en la Academia el mismo año de su fundación. Asimismo, sabemos que en ese tiempo poseía en las inmediaciones del recinto una parcela ajardinada con una casa, en la que vivía (D. L. III 5, IV 6). Pero ¿dónde daba sus clases? Enseñaba tanto en el gimnasio de aquel espacio sagrado como en el jardín (D. L. III 5). En el gimnasio impartía los que podemos considerar cursos dirigidos a los alumnos de los primeros años, mientras que en el jardín mantenía debates con sus discípulos más avanzados. A los estudiantes de Platón se les llamaba «los de la Academia» (hoi apò tês Akademías). En su origen, esta expresión se entendía en un sentido solo geográfico, pero pronto se interpretaría metafóricamente como «los de la escuela de Platón», por lo que la escuela de Platón terminó por identificarse con «la Academia».
El Mosaico de los filósofos fue elaborado en el s. I d. C. Según algunos intérpretes, la figura central representa a Platón, que aparece rodeado por algunos de sus discípulos en la Academia. La obra se encontró en los restos de la villa de T. Siminius Stephanus, en Torre Annunziata, cerca de Pompeya, y en la actualidad forma parte de los fondos del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Platón murió a los 81 años, mientras se encontraba trabajando en la redacción de su su última obra, las Leyes. La cifra de la edad de su fallecimiento corresponde al cuadrado del nueve, un número que, a su vez, es el cuadrado de tres, el número perfecto para los pitagóricos. Por ello, precisamente, conviene desconfiar de este dato y mantenerse cauto, limitándonos a señalar que su fallecimiento se produjo a una edad avanzada para su época. Diógenes Laercio informa lo siguiente al respecto:
Murió de la manera que dijimos, el año décimo tercero del reinado de Filipo, según lo que cuenta Favorino en el libro tercero de sus Recuerdos. El rey, según dice Teopompo, rindió honores fúnebres al filósofo. Mironiano, en sus Paralelos, dice que Filón menciona proverbios acerca de los piojos de Platón, como aludiendo a que murió por esa causa. Y fue inhumado en la Academia, donde había pasado la mayor parte de su vida filosofando. Por eso la escuela de la que es el fundador fue llamada académica. Toda la población de Atenas se unió al cortejo fúnebre procedente de la Academia (D. L. III 40-41).
La última noche de Platón
Los pasajes, recién descifrados, de un rollo de papiro sepultado a causa de la erupción del Vesubio, en 79 d. C., han arrojado luz sobre aspectos relevantes de la biografía de Platón hasta ahora desconocidos. El documento se conservaba en una villa de Herculano que había pertenecido al suegro de Julio César, Lucio Calpurnio Pisón, y que fue descubierta durante la década de 1750.
La utilización de la inteligencia artificial (IA), la microscopía digital de alta resolución, la tomografía computarizada y la reproducción en 3D han permitido descubrir palabras nuevas, o leerlas de forma diferente, en este papiro carbonizado que contiene la Historia de la Academia de Filodemo de Gadara, redactado a finales de la época helenística, entre 75 y 50 a. C. Los resultados han sido presentados durante el mes de abril de 2024 por Graziano Ranocchia, papirólogo de la Universidad de Pisa y coordinador del proyecto «Escuelas griegas» de la Biblioteca Nacional de Nápoles.
Las palabras descifradas sugieren que Platón fue vendido como esclavo en la isla de Egina, posiblemente en el año 404 a. C., cuando los espartanos conquistaron la isla, o bien en 399 a. C., poco después de la muerte de Sócrates.
La lectura de estos textos, hasta ahora desconocidos, ha permitido descubrir que Platón pasó su última noche escuchando la flauta que tocaba una esclava tracia. A pesar de estar luchando contra la fiebre y a punto de morir, tras escuchar las primeras notas, el filósofo reprendió a la intérprete por emplear melodías y ritmos completamente erróneos y hostiles para el oído griego. Después, explicó que ello se debía a que los bárbaros no tenían percepción alguna de la base racional de la música.
En otros pasajes del papiro puede leerse, además, que el lugar concreto del enterramiento de Platón fue en un espacio privado situado en el jardín de la Academia de Atenas. Anteriormente, solo se mencionaba que «fue inhumado en la Academia» (D. L. III 40).
Dispuso que tras su muerte su sobrino Espeusipo llevara la dirección de la Academia. El testamento de Platón, transmitido también por Diógenes Laercio (III 41-43), reseñaba de modo particular las propiedades de Platón y su localización en Atenas: el terreno de Ifistiadas, el de Irésidas, que le habría comprado a Calímaco, tres minas de plata (moneda griega de la época), una copa de plata, un vaso, un anillo de oro y un pendiente, la deuda de tres minas que tenía contraída con él el marmolista Euclides y que aún no ha saldado; también dictaba la liberación de Ártemis, y el mantenimiento como sirvientes domésticos de Ticón, Bictas, Apollónides y Dionisio, y los muebles que dejaba inventariados, de cuya copia dispone Demetrio. Y concluía conciso: «No debo nada a nadie» (D. L. III 43).
La Carta VII
