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La crisis financiera de 2008 ha supuesto un auténtico terremoto en las instituciones económicas y las estructuras sociales contemporáneas. Desde entonces, el capitalismo ha mudado su piel para no ser reconocido. Sus acciones impunes han acentuado la desigualdad social justificando las nuevas medidas económicas y su asimilación a través de discursos que defienden el individualismo, la competencia generalizada, la austeridad, la hegemonía de lo privado y la financiarización. De este modo, los poderes mercantiles han conseguido cuestionar los cimientos de la democracia y han ajustado todas las instituciones políticas a sus propios intereses. En Poder y sacrificio, Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez revisan y desenmascaran los discursos sociales presentes en el imaginario empresarial y económico actual que, disfrazados de neutralidad y necesidad, cumplen una misión ideológica fundamental para el neoliberalismo: diluir la ciudadanía y desmantelar el Estado de bienestar construidos a lo largo del último siglo.
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Seitenzahl: 399
Veröffentlichungsjahr: 2018
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Siglo XXI / Serie Ciencias sociales
Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez
Poder y sacrificio
Los nuevos discursos de la empresa
La crisis financiera de 2008 ha supuesto un auténtico terremoto en las instituciones económicas y las estructuras sociales contemporáneas. Desde entonces, el capitalismo ha mudado su piel para no ser reconocido. Sus acciones impunes han acentuado la desigualdad social justificando las nuevas medidas económicas y su asimilación a través de discursos que defienden el individualismo, la competencia generalizada, la austeridad, la hegemonía de lo privado y la financiarización. De este modo, los poderes mercantiles han conseguido cuestionar los cimientos de la democracia y han ajustado todas las instituciones políticas a sus propios intereses.
En Poder y sacrificio, Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez revisan y desenmascaran los discursos sociales presentes en el imaginario empresarial y económico actual que, disfrazados de neutralidad y necesidad, cumplen una misión ideológica fundamental para el neoliberalismo: diluir la ciudadanía y desmantelar el Estado de bienestar construidos a lo largo del último siglo.
«Este libro contiene la mejor sociología que se hace en España y es esencial para comprender cuál es el “sentido común”, el Zeitgeist, de nuestro tiempo.» ESTEBAN HERNÁNDEZ
«Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández han realizado un diagnóstico implacable de uno de los principales focos contemporáneos de consenso y hegemonía: el management y las prácticas gerenciales. Poder y sacrificio disecciona esos discursos que, procedentes del mundo del trabajo, colonizan cada vez más nuestras vidas, desde las relaciones familiares a la esfera pública. Una obra urgente e imprescindible.» CÉSAR RENDUELES
Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, está especializado en sociología económica y del consumo, así como en temas de investigación cualitativa. Entre sus libros destacan La mirada cualitativa en sociología (1988), Trabajo y ciudadanía (1999), Trabajo y posmodernidad (2001) y, en Siglo XXI de España, Las relaciones laborales en España (Faustino Miguélez y Carlos Prieto [coords.], 1995) y La era del consumo (2005).
Carlos J. Fernández Rodríguez, profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, está especializado en sociología del trabajo y de las organizaciones. Entre su obra destacan El discurso del management: tiempo y narración (2007) y Vigilar y organizar: una introducción a los Critical Management Studies (ed., 2007).
Ambos son editores de La financiarización de las relaciones salariales: una perspectiva internacional (2012) y autores de Los discursos del presente. Un análisis de los imaginarios sociales contemporáneos (2013), título publicado en Siglo XXI de España.
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© Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez, 2018
© Siglo XXI de España Editores, S. A., 2018
Sector Foresta, 1
28760 Tres Cantos
Madrid - España
Tel.: 918 061 996
Fax: 918 044 028
www.sigloxxieditores.com
ISBN: 978-84-323-1907-5
INTRODUCCIÓN
Hacia una lectura crítica de los discursos gerenciales contemporáneos
«La sociología pone al descubierto la self-deception, el autoengaño colectivamente mantenido y alentado que, en cualquier sociedad, sustenta los valores más sagrados y, con ello, toda la existencia social. Enseña, como decía Marcel Mauss, que la sociedad se engaña a sí misma con sus propios sueños.» Es decir, que esta ciencia iconoclasta de las sociedades ya viejas puede contribuir al menos a que nos volvamos, por poco que sea, dueños y señores de la naturaleza social haciendo progresar el conocimiento y la conciencia de los mecanismos que originan todas las formas de fetichismo.
Bourdieu (2002: 35)
La crisis financiera que estalló en 2008 ha supuesto un auténtico terremoto en las instituciones económicas y las estructuras sociales contemporáneas. Utilizando la brillante metáfora de Xosé Carlos Arias y Antón Costas (2016), el capitalismo ha experimentado un nuevo cambio de piel y su naturaleza mutante ha profundizado sus tendencias (hacia la desigualdad en todas sus dimensiones), ha reforzado sus discursos (el individualismo, la competencia generalizada, la austeridad, la hegemonía de lo privado, la financiarización, etc.) y ha rearmado su moral a base de ajustar el concepto mismo de la democracia y del diseño de las instituciones de gobierno a las demandas de los principales poderes mercantiles. Las nuevas narrativas económicas han supuesto un auténtico desplazamiento psicológico (Holland, 2017) de las convenciones y sesgos cognitivos que constituyen lo que se considera no solo norma, sino legítimo como práctica de gestión empresarial, y a su vez, esas prácticas han modificado por activa o por pasiva el ámbito de los derechos en todo su espectro y el estatuto mismo de la ciudadanía moderna. Los discursos ideológicos de la crisis y las maneras de superarla son conjuntos de enunciados articulados y difundidos por sujetos sociales en conflicto y controversia que crean la realidad social interpretativa en la que se desenvuelven nuestras prácticas cotidianas (Ricoeur, 2003). El objetivo de las páginas que siguen es interpretar estas interpretaciones desde nuestra posición de sujeto (Ortí, 2014), y una de las cosas que más nos ha sorprendido en nuestro análisis ha sido observar cómo los discursos mercantiles dominantes, que han reclamado permanentemente su neutralidad, naturalidad y necesidad cumplen una misión ideológica fundamental, esto es, designan lo que es (por lo tanto ocultan otra gran parte de la realidad social), a partir de una semantización de juicios de valor y a prioris interesados que nada tienen de objetivo ni natural. Los discursos del poder no son descriptivos, sino prescriptivos; de hecho cuanto más poder tiene el sujeto enunciador, más fácil le resulta convertir lo preceptivo en descriptivo.
En nuestro anterior trabajo, Los discursos del presente, habíamos tratado de abordar el análisis de algunos de los discursos fundamentales del imaginario social contemporáneo con el objetivo de dar cuenta de las ideas que, de alguna manera, estaban inspirando los procesos y derivas más recientes del capitalismo actual, un capitalismo desbocado, desencadenado que no parece encontrar límites (ni ecológicos, ni sociales, ni morales) en su búsqueda desenfrenada de beneficio. En ese sentido, construimos un texto en el que, además de la crítica a un cierto impresionismo sociológico que minimizaba las potentes herramientas con las que cuenta la Sociología para interpretar y tratar de explicar los procesos y estructuras sociales en las que nos insertamos, tratábamos de desbrozar algunas de las principales construcciones discursivas que proporcionaban el sentido de las prácticas dominantes: así, gestionar e innovar, pero también precarizar, se asumían como los códigos de violencia simbólica que enmarcaban las lógicas de acción presentes en el imaginario contemporáneo, y que era imprescindible descifrar para comprender mejor la nueva (des)regulación neoliberal y la emergencia de nuevas subjetividades. Sin embargo, tras la conclusión de aquel texto, sentimos la necesidad de profundizar en algunos elementos esbozados en la primera parte del libro, referida a los discursos gerenciales, particularmente cuando durante los últimos años la violencia simbólica de estos discursos se ha ejercido de una forma si cabe más agresiva, por cuanto han servido de justificación necesaria a todo un proceso de acumulación por desposesión (Harvey, 2007) que es el que ha caracterizado, particularmente, al sistema capitalista de las últimas décadas.
Por tanto, en este libro nuestro objetivo es centrarnos en los discursos sociales presentes en el imaginario contemporáneo dirigiendo nuestros esfuerzos a revisar los de una temática algo más acotada: los discursos gerenciales y organizacionales. Estos discursos cobran una especial relevancia ante el singular poder que las grandes empresas han acaparado en el contexto actual, marcado por una pujanza del sistema mercantil (aunque su reputación se encuentre en horas muy bajas), una globalización económica disruptiva y unas nuevas tecnologías que no van a la zaga en su capacidad de desvanecer en el aire los marcos de sentido que habían construido la ciudadanía laboral a lo largo del último siglo. Las ideas gerenciales han contribuido de forma significativa a modelar el espacio social de la contemporaneidad, edificando los grandes marcos de sentido actuales (particularmente el individualismo en sus vertientes tanto hedonista como egoísta, y su correlato necesario, la descolectivización y desestructuración de todo lo social), pero también repercutiendo en cuestiones más concretas que afectan el proyecto vital de los individuos, como es el énfasis en el emprendimiento, la mercantilización de todo, la necesidad de la desigualdad económica y social y sus consecuencias sociales (incertidumbre, riesgo, precariedad y degradación acelerada del medio ambiente). Estas ideas conforman lo que Boltanski y Chiapello (2002) definieron en su ya obra clásica como el nuevo espíritu del capitalismo, y en este trabajo nuestro objetivo es explorar dicho discurso incorporando una serie de dimensiones que no siempre se han integrado en los análisis de las nuevas ideologías de gestión. Conectar dichas dimensiones al marco de comprensión del fenómeno del gerencialismo contemporáneo, como son, entre otras, el fenómeno de la financiarización, las lógicas sacrificiales de la economía o la proliferación de nuevas burocracias orientadas a satisfacer los intereses empresariales será el objetivo de estas páginas.
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En anteriores trabajos, habíamos definido el discurso del management como la ideología de aquellos que detentan el poder dentro de las organizaciones empresariales (llamémosles empresarios, gerentes, ejecutivos, emprendedores, directivos o cuadros intermedios), pese a que, a priori, sus objetivos explícitos no irían más allá de proporcionar un conjunto de recetas e ideas fuertes para desarrollar una gestión eficaz y eficiente de las organizaciones, tanto empresariales como, cada vez más, de otros ámbitos (Alonso y Fernández Rodríguez, 2006; Fernández Rodríguez, 2007a). Sin embargo, a un nivel implícito, este discurso desempeña un papel central en la definición y legitimación social de los significados e imágenes existentes sobre la empresa como paradigma inequívoco de la organización, permitiendo que lógicas económicas típicas a la actividad empresarial y el funcionamiento del mercado se difundan e incrusten en todos los ámbitos sociales. Es imprescindible asumir que el Zeitgeist de nuestro tiempo es el de la hegemonía del espíritu de empresa, del poder del management, de la hipostatización del mercado y de la emergencia de nuevas subjetividades emprendedoras e individualistas (que movilizan las capacidades de los individuos al servicio de la rentabilización de las actividades productivas y de la lógica mercantil), y que todos estos elementos se encuentran en conflicto abierto con el mundo de lo social. Por este motivo, los postulados de los discursos gerenciales se aceptan en la actualidad como si estos fueran simple «sentido común», algo natural y de necesaria aplicación, una vez que además estas ideas centrales son impulsadas por expertos reconocidos, sean consultores, empresarios de éxito o gurús de la gestión (véase Gantman, 2005; Fernández Rodríguez, 2007a; Alonso y Fernández Rodríguez, 2013b), conformando una «nueva razón del mundo» neoliberal (Laval y Dardot, 2013 y 2017) o nuevo espíritu del capitalismo (Boltanski y Chiapello, 2002) que está modelando, de forma decisiva y profunda, organizaciones, economías y sociedades actuales.
Este nuevo escenario ha sido abordado por diversas disciplinas de conocimiento con el fin de comprender la naturaleza, profundidad, rango y consecuencias de estos cambios, y centrando su atención en elementos fundamentales como las políticas de gestión empresarial (particularmente de los recursos humanos), el desarrollo de una nueva economía digital o «inmaterial» basada en factores como la innovación y el conocimiento, y la desregulación, precarización y reconfiguración de los mercados de trabajo. En muchos casos, el análisis, con independencia de las perspectivas teóricas, metodológicas y disciplinares, parece haber consensuado que el balance final de estas transformaciones –frente al optimismo, no unánime, de los beneficiados por esta nueva redistribución «hacia arriba» de la riqueza, como son las clases dirigentes y gurús empresariales– presenta importantes claroscuros, enfatizando la creciente vulnerabilidad de sectores cada vez más amplios de las clases medias y trabajadoras, particularmente desde la irrupción de la crisis financiera a finales de la década pasada (Bauman, 2011; Kalleberg, 2011; Streeck y Schäfer, 2013; Piketty, 2015; en el caso español, véase Alonso, Fernández Rodríguez e Ibáñez Rojo, 2016a y 2016b). Junto a la descripción de estos crecientes riesgos económicos y sociales, han proliferado asimismo las investigaciones sobre otros elementos que afectan al bienestar de los trabajadores, y que no analizan solamente los problemas clásicos asociados a la vulnerable condición del trabajo asalariado (bajos ingresos, nuevas formas de organización del trabajo, precarización, represión sindical), sino que atienden cuestiones como la emergencia de los mercados financieros como institución social (véase McKenzie, 2008; McKenzie, Muniesa y Siu, 2007) y, especialmente, la configuración de nuevas subjetividades laborales e identidades (Sennett, 2002; Du Gay, 2007; Neff, 2012). Particularmente interesante es el caso de los nuevos trabajadores del conocimiento que pese a ser, a priori, los grandes beneficiados del nuevo orden postindustrial –siendo de hecho considerados como elite de la nueva economía debido a su elevada cualificación–, se encuentran sometidos a fuertes tensiones en el entorno laboral, desde la intensificación del trabajo y el estrés hasta sofisticados mecanismos de vigilancia en el seno de las organizaciones (Lahera Sánchez, 2004; Alvesson y Willmott, 2012; Costas y Grey, 2016), convirtiendo a estas empresas punteras en auténticas fábricas de la infelicidad (Berardi, 2003). Las nuevas culturas empresariales han estimulado la emergencia de nuevas formas de control en el trabajo basadas en la manipulación de lo simbólico y lo discursivo, poniendo en primer plano la importancia del elemento ideológico inherente a la gestión empresarial (Kunda, 2006; Fernández Rodríguez, 2007a y 2007b; Alonso y Fernández Rodríguez, 2013b). En el caso de los trabajadores más desfavorecidos, descualificados o pobres, estos mecanismos de dominación, aunque adolecen de sofisticación, no por ello son menos efectivos en el objetivo de disciplinar a los trabajadores (véase, por ejemplo, Castellanos y Pedreño, 2006; Woodcock, 2016; de Castro, Moraes y Cutillas, 2017). Todas estas tensiones han dado lugar a un auténtico malestar cultural –pues el malestar en el trabajo ha terminado explotando en un auténtico descontento civilizatorio, asociado por varios autores a la hegemonía del gerencialismo y sus lógicas productivistas y de maximización del beneficio empresarial (Parker, 2002; Klikauer, 2015)–. Merece la pena desvelar, analizar y discutir las causas de dicho malestar, una vez que este nuevo orden neoliberal impacta de forma tan virulenta sobre la vida y realidad cotidiana de millones de individuos.
En este sentido, nos hemos sentido, a la hora de redactar estas páginas, parcialmente inspirados en el esfuerzo de la corriente de los Critical Management Studies (CMS). Más allá de las grandes limitaciones y desafíos que contienen sus propuestas posmodernas (y de las que se ha dado debida cuenta en Fernández Rodríguez, 2017), se le debe reconocer su papel, muy importante, en mantener la mirada crítica al mundo de las organizaciones. Desde finales de la década de los ochenta, esta escuela crítica ha representado una nueva vía de aproximación al análisis de la realidad organizacional, manteniendo una mirada crítica a la gestión desde el corazón del sistema, como son las escuelas de negocios (Fernández Rodríguez, 2007b). Partiendo de influencias teóricas ligadas a la Filosofía y las Ciencias Sociales en sus vertientes más críticas, desde un ámbito a priori tan difícil como es el de los estudios de empresa han sido capaces de poner, en primer plano, elementos importantes en las nuevas realidades organizacionales de la «nueva economía», como son la subjetividad, la identidad, el conflicto, el poder o las técnicas de control gerenciales (véase Alvesson y Willmott, 1992; Jermier, Knights y Nord, 1994; Knights y McCabe, 2003). Además, los miembros del CMS han estado acompañados de otros académicos críticos que, sin formar parte necesariamente del grupo central adscrito al concepto CMS, han producido algunos de los trabajos más relevantes en torno al análisis de las ideologías gerenciales (sirvan como ejemplo Huczynski, 1993; Collins, 2000 y 2007).
Aunque el CMS ha servido de importante inspiración, especialmente como catalizador de ese impulso por analizar críticamente las organizaciones, nuestro esfuerzo de interpretación y comprensión de las dinámicas organizacionales actuales es deudor, fundamentalmente, de la sociología crítica, pues al final las organizaciones no dejan de ser instituciones sociales fundamentales. Existe un cierto consenso social en torno a la idea de que es importante gestionar mejor las organizaciones, sean estas públicas o privadas, pero parece difícil llegar a consensos sobre cómo hacerlo y especialmente qué implicaciones tiene elegir un modelo de gestión frente a otros. En este sentido, el management ha conseguido un estatus de puro sentido común, una elección del empresario o gestor que pareciera no tener un impacto específico sobre las personas que trabajan en las organizaciones, cuando la realidad es que, para la gran mayoría de ellas, condiciona completamente su existencia, salud, bienestar y proyectos vitales. Por ello es importante cuestionarlo a fondo. Además, en las organizaciones actuales, tras el declive de los experimentos de cogestión y participación de los trabajadores en la empresa a principios de la década de los ochenta, hemos asistido a una importante regresión cultural que ha favorecido el regreso del autoritarismo empresarial, ejemplificado de forma tragicómica en la frase «You’re fired» con la que Donald Trump tomaba decisiones en un reality show sobre el mundo de la empresa, no mucho antes de convertirse en el presidente estadounidense. Esto nos lleva a una paradoja fundamental del sistema actual, en el que vivimos en democracia y con un régimen de libertades, pero en la que dicha capacidad de decisión ciudadana termina a las puertas de la empresa, en la que el empleado se pliega a los mandatos de la dirección. Esta difícil tensión, en los tiempos actuales de crisis, parece conducirnos, cada vez más, a un desequilibrio donde el fiel de la balanza se inclina, de manera cada vez más peligrosa, al regreso de formas autoritarias también en el espacio social.
Además, el CMS no está solo, sino que, de forma progresiva, son más los trabajos críticos que empiezan a gozar de relevancia y difusión, en muchos casos sin relación alguna con los análisis posmodernos. Y es que la extraordinaria profundidad y virulencia de los aspectos sacrificiales de un neocapitalismo construido a partir de la desposesión de las clases medias y los desfavorecidos (véase Alonso y Fernández Rodríguez, 2013c) ha supuesto una recuperación de la crítica clásica. Ante la regresión social y retroceso de derechos que nos arrastran a un escenario prekeynesiano, han proliferado discursos críticos más clásicos, deudores del concepto marxiano de lucha de clases (Revelli, 2015). Los libros de economistas como Piketty o Varoufakis, nuevos best-sellers de la crítica, reivindican a Marx y Keynes, inspirando a activistas y nuevos movimientos sociales. La propia sociología crítica goza de buena salud, y proliferan los trabajos que examinan las peculiaridades del capitalismo contemporáneo. Tenemos algunos ejemplos de gran interés, como son las obras de Boltanski y Chiapello, Gabriel Abend o Paul du Gay. El nuevo espíritu del capitalismo, de Luc Boltanski y Ève Chiapello (2002), ha sido para nosotros una referencia fundamental. Los autores relatan la transformación producida en la segunda mitad del siglo XX en las sociedades capitalistas, concretamente en el marco ideológico que legitima la organización socioeconómica existente, y que conforman el ya citado nuevo espíritu del capitalismo, que los autores analizan en la literatura destinada a los cuadros de las empresas. Dicha literatura ha evolucionado notablemente en sus argumentos: si en la década de los sesenta desde sus páginas se defendía la planificación económica, la dirección por objetivos y la seguridad en la carrera profesional (la filosofía del Hombre-Organización), en la de los noventa el paradigma es el de las redes, la movilidad laboral y la consagración de un nuevo tipo de directivo, descrito como líder visionario y emprendedor. La transformación de este espíritu ha permitido la adaptación del capitalismo a un nuevo contexto, superando la profunda crisis de legitimación que atravesó durante finales de los sesenta y principios de los setenta, y facilitando la hegemonía del neoliberalismo. El sociólogo británico Paul du Gay, por su parte, no solamente es un interesante teórico del consumo o la identidad en la época neoliberal, sino que es además responsable de aportar una novedosa aportación a la fecunda línea de análisis de la burocracia. La gran originalidad de sus contribuciones reside no solo en el desarrollo de un marco teórico heterodoxo capaz de combinar, de forma muy inteligente, el análisis de la burocracia (deudor de la obra de Weber) con los estudios culturales sobre la identidad y las relaciones de esta con las nuevas formas de trabajo y consumo (con Stuart Hall y Michel Foucault como claras influencias), sino especialmente por realizar una encendida defensa de la organización burocrática y sus valores éticos, pues defender la burocracia y su dominio ético específico equivale a defender un mundo plural, democrático y en el que se garantiza la igualdad de todos ante la ley (Du Gay, 2012). Y más recientemente, el debate social generado en torno a la conducta y praxis de los ejecutivos de Wall Street, y la importancia que conceptos como la responsabilidad social corporativa (RSC) han ido adquiriendo desde entonces, han sido el estímulo que ha conducido al uruguayo Gabriel Abend (2014) a indagar sobre la moralidad en el terreno de los negocios, desarrollando una extraordinaria investigación sobre los expertos en ética de los negocios (business ethics). Otros trabajos que consideramos relevantes y han sido inspiradores para nosotros han sido el texto de Eva Illouz (2007) sobre las características del capitalismo contemporáneo, y los análisis de aspectos del neoliberalismo por parte de autores como David Harvey (2007) o John Urry (2017).
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Estas han sido las principales herramientas utilizadas para analizar la actual fase de desarrollo de la sociedad organizacional, en la que hemos tratado de mostrar que detrás de lo que pueden parecer medidas naturales, modas manageriales o metalenguajes de gestión se despliega una lógica implacable de ataque a la sociedad y a la naturaleza por parte de una política mercantil convertida en absolutamente hegemónica y, a nivel cotidiano, en el santo y seña moral de las sociedades occidentales contemporáneas. La idea de una racionalidad organizacional pura y de que existe una sola manera de gestionar la economía (austeridad, control del déficit, bajada de salarios, recortes sobre derechos sociales, etc.) no están soportadas en argumentos técnicos o pruebas científicas, sino que son mitologías (Barthes, 1980) construidas a lo largo del ciclo neoliberal y de la ya larga crisis financiera de nuestro siglo por la extensa tribu de gobernantes disciplinadores, intermediarios financieros enriquecidos y sus publicistas mediáticos y académicos. Siguiendo la estela de nuestro libro anterior, consideramos lo económico, lo social y lo político de una manera entrelazada y articulada encontrando sus puntos de contradicción, pero también de articulación; se trata pues de pensar y exponer la organización económica actual desde un prisma crítico y coherente, donde la construcción del objeto de conocimiento se completa con la misión de realizar un análisis no convencional de las dinámicas que arman los nuevos discursos gerenciales, a la vez que el modo de regulación institucional generado en el gran ciclo neoliberal. En esta línea, nos hemos propuesto seguir pensando en el camino abierto por los estudios críticos de la organización, y por una sociología crítica de la economía y los discursos empresariales. De este modo, el grueso de los diferentes capítulos explorará estas dimensiones de las nuevas organizaciones, enfatizando los elementos que terminan conduciendo a su dominación en la esfera económica y su ataque a los derechos sociales y ciudadanos.
Nuestro primer capítulo se va a centrar en una cuestión que se ha situado entre nuestras principales preocupaciones e inviestigaciones (véase Alonso, 2007; Alonso y Fernández Rodríguez, 2006, 2013a, 2013b; Fernández Rodríguez, 2007a, 2007b y 2011) y es la extraordinaria influencia que los discursos gerenciales han tenido y tienen sobre no solamente la concepción librecambista dominante en la economía y las expectativas de los individuos en torno a sus futuros laborales y la organización del trabajo, sino su extraordinario impacto sobre las esferas cultural y social. Los discursos del management son de las manifestaciones más notables del denominado «nuevo espíritu del capitalismo», recogiendo los valores morales dominantes entre los que detentan el poder en las empresas, y que tienen una enorme influencia en la forma en que se organiza el trabajo dentro de las organizaciones. En este capítulo, nuestro objetivo es el de analizar las variaciones del denominado discurso del management tal como aparece reflejado en los principales best-sellers de la literatura gerencial, que a nuestro juicio recoge la esencia de dicho tipo de discurso. Para ello, describimos críticamente las principales características de dicha literatura, con especial atención a sus objetivos, y relatamos, de forma sucinta, las principales transformaciones que dicho discurso del management ha sufrido desde comienzos del siglo XX hasta nuestros días.
El segundo capítulo va a recuperar, de nuevo, un tema que también nos ha preocupado notablemente en los últimos años, a saber, el concepto de innovación social. Aunque dicho discurso se construyó, en otras épocas, en torno a la articulación de proyectos colectivos, en la actualidad se ha consolidado como un nuevo campo del discurso gerencial. El imaginario simbólico asociado a la innovación se ha fusionado con el gerencialismo neoliberal, enfatizando una explicación de lo social erigida sobre la noción de cambio personal y la fascinación por lo emocional. En este texto, nuestro objetivo es analizar críticamente las prescripciones que plantean estos nuevos y poderosos discursos gerenciales sobre la innovación, señalando sus implicaciones sociales.
El tercer capítulo se va a centrar en el concepto de financiarización y su impacto sobre la sociedad, en particular, la esfera del empleo. En este texto, concebimos la financiarización como un incremento extraordinario del poder financiero en los terrenos económico, político y social. Este poder e influencia ha crecido de forma paulatina desde la década de los setenta hasta nuestros días, hasta tal punto de que, en la actualidad, un entramado extraordinariamente complejo formado por los mercados financieros y los actores que operan en ellos: agencias, ejecutivos y traders, fondos de inversión, bancos, empresas, consultoras, intermediarios, vendedores y comisionistas, todos ellos sin tener ningún sentido productivo directo, han conseguido troquelar el comportamiento de los demás agentes económicos, sean estos públicos o privados, individuos, empresas u otras instituciones, señalando mediante sus acciones qué es lo legítimo o, incluso, qué es lo real. La financiarización coincide, así, con una nueva forma de gubernamentalidad, que inserta a los individuos en un proceso de valorización que tiende a expandir su control sobre el tiempo y la vida completa y general de la ciudadanía.
El cuarto capítulo continúa con la exploración del fenómeno de la financiarización, trazando un análisis que entendemos novedoso de las denominadas crisis financieras. Desde nuestra perspectiva, las crisis financieras no pueden ser reducidas, tal como hacen ciertos analistas, a meras situaciones de pánicos, cracks, comportamientos agregados irracionales o euforias contagiadas de forma mimética: son asimismo situaciones caracterizadas por una violencia económica inaudita, cuyas víctimas sufren la bancarrota, el endeudamiento, la pérdida de sus medios o la pobreza en un proceso de drástica recomposición de las relaciones económicas y sociales. En este sentido la crisis económica asociada a la Gran Recesión y cuyos efectos todavía padecemos está poniendo de manifiesto la magnitud de dicha violencia, con una flagrante visibilización de las relaciones de dominación en la sociedad que ha conducido a que más y más sectores y grupos sociales afectados por una creciente vulnerabilidad sean conducidos al sacrificio de unos mercados que deben ser aplacados. Con un marco teórico inspirado en los trabajos del antropólogo francés René Girard y otros autores, nuestro objetivo es el de explorar la construcción del relato hegemónico acerca de la crisis económica, con una atención especial al componente sacrificial existente en el mismo.
El capítulo quinto hace referencia a un elemento poco explorado en la literatura académica y que no es otro que el de la burocracia neoliberal. La burocratización ha sido uno de los procesos más criticados por los discursos neoliberales pero, lejos de eliminarse o desaparecer, paradójicamente se ha transformado y ha adoptado para sí objetivos distintos a los clásicos expresados por Weber. Así, del principio de autoridad legítima socialmente regulada –típica del ciclo de gobernabilidad socialdemócrata– se pasa al de intercambio de intereses y recursos entre esferas públicas y privadas, legitimado por la mayor eficiencia y rentabilidad para todas las partes, y legislado a través de todo un sistema de normas de refuerzo estatal que favorezca el emprendimiento privado (Alonso y Fernández Rodríguez, 2016). Con este cambio en la filosofía de la intervención estatal, mucho más cercano a un Estado managerial que a un Estado social, se sustituyen las políticas públicas de construcción de tejido productivo y social por las políticas monetarias, de formación y movilización individualizada de recursos humanos, y de control de las demandas sociales. Pero estas políticas, lejos de suponer la desburocratización y horizontalización de la gestión estatal, construyen una nueva razón burocrática, donde el imperio de la norma sirve para construir una nueva gubernamentalidad de la hegemonía de lo mercantil sobre lo social.
Finalmente, en el sexto capítulo volvemos nuestra mirada a los principales agentes sociales implicados en estos nuevos procesos de gobernanza, como son los propios managers. La crisis ha tenido no solo un impacto económico y social, sino que en su génesis ha existido una dimensión moral, una vez que el colapso financiero ha sido considerado, por muchos investigadores y analistas, como el resultado de burbujas especulativas insostenibles y productos financieros tóxicos pergeñados por la banca de inversión y sus amorales ejecutivos. Por este motivo, partimos de un texto clásico en el terreno de la Sociología, Larevolución de losmanagers (1967; e. o. 1941) de James Burnham en el que se anticipaba, de forma casi profética, el extraordinario poder que las elites de las corporaciones iban a tener en la organización de la vida socioeconómica, para analizar la evolución de la figura de los managers a lo largo de las últimas décadas. Frente a esa imagen de ejecutivos maquiavélicos que se dibujaba en el libro de Burnham, la literatura reciente estaba haciendo énfasis en el importante papel que los managers estaban desempeñando para favorecer la creatividad y la innovación en las sociedades actuales; la crisis financiera, sin embargo, parece haber erosionado esa imagen, insuflando una nueva vida a esa imagen un tanto tétrica que había construido Burnham. En este capítulo reflexionaremos si la crisis financiera puede influir, en el futuro, en la construcción de una nueva imagen social y académica de las elites del management.
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Esta nueva entrega de nuestro análisis del pensamiento organizacional se caracteriza fundamentalmente por su enfoque crítico, en un campo como el pensamiento gerencial donde lo valorado ha sido el descriptivismo, la instrumentalidad más elemental y mecánica, o la supuesta neutralidad valorativa. El trabajo intelectual que aquí realizamos, por contra, nos remite a los determinantes materiales de los enunciados organizativos y económicos dominantes y, por ello, al sistema de relaciones de poderes que le sirven de génesis y de marco, así como a los efectos pragmáticos (de estabilidad o cambio) que los discursos producen. Con este enfoque, es imposible asumir la premisa –casi siempre interesada– de neutralidad valorativa, pues esta supuesta objetividad absoluta, se convierte en subjetividad (controlada y autoanalizada) cuando se introduce en los análisis sociales el poder real de los actores sociales (incluido el científico social), así como su contexto estructural, su lugar de enunciación y la diferente capacidad performativa de los diversos juegos del lenguaje.
Pensamos, junto con Pierre Bourdieu, cuya reflexión abre estas líneas, que la mayor aspiración del científico social es romper la doxa, abrir la caja negra de los relatos que nos impone un sentido común construido, y a la vez naturalizado, que tiende a consagrar las posiciones sociales dominantes invisibilizando el sistema de desigualdades que las crean y las relaciones asimétricas que las reproducen. También aquí en el género de la sociología económica y de las organizaciones seguimos dos postulados históricos de la sociología crítica: todo proceso de investigación y escritura de lo social está relacionado (por activa o por pasiva) con el proceso de cambio y emancipación posible de los sujetos sociales en conflicto, lo que nos lleva al segundo postulado, la sociología crítica en este caso de las organizaciones económicas es especialmente sensible a los procesos de control y dominación social y, por lo tanto, los valores y fines sociales tanto de los investigadores como de los investigados forman parte y se introducen –de una manera consciente y reflexiva– en el proceso de investigación mismo. En la teoría crítica de las organizaciones que aspiramos a practicar hay un intento permanente de reunificar la figura del investigador social con la del ciudadano, figura esta que el positivismo oficial siempre en eterno retorno tiende permanentemente a escamotear y confundir (el científico es neutro, objetivo, desinteresado, omnisciente, no tiene intereses etc.) y que Max Horkheimer (2000) en su clásico manifiesto fundacional de la Escuela de Frankfurt se encargó de desenmascarar de una vez para siempre: nadie piensa lo social sin un proyecto latente o manifiesto de transformarción según su visión del mundo.
Además, como señala Luc Boltanski (2014) en su ampliación de las aportaciones sobre el tema de Pierre Bourdieu, la crítica social no es una función exclusiva de los científicos o los intelectuales, sino que se encuentra fundamentalmente en la misma capacidad de reflexión de los propios agentes sociales, en sus contextos y situaciones cotidianas. La sociología crítica solo puede entenderse, de esta manera, como una sociología de la crítica, esto es, de las operaciones cotidianas mediante las cuales los grupos sociales denuncian y desafían las construcciones cognitivas y morales que otros grupos sociales proponen –o mejor imponen– para dibujar su visión del mundo. Esta orientación pragmática de la crítica y sus controversias implica, pues, un intento de estudiar la producción práctica de las categorías sociales y las formas discursivas que ordenan las formas de dominación y resistencia colectiva. El estudio de estas categorías y discursos en el campo de lo económico y la gestión empresarial han sido el objetivo de las páginas que aquí comienzan, esperemos que encuentren algún lector interesado, que le den vida y las conviertan en argumentos para seguir pensando (y viviendo).
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Este libro, al igual que el anterior, es el resultado de un largo proceso de trabajo en común y recopila algunas de nuestras publicaciones académicas editadas a lo largo de los últimos cinco años. Así, algunos materiales habían visto la luz como artículos en revistas como Lan Harremenak, Vínculos de Historia, Cuadernos de Relaciones Laborales y Encrucijadas, revistas a las que agradecemos que hayan mantenido un espacio para textos críticos; el resto de los textos han aparecido en libros colectivos publicados por el Centro de Investigaciones Sociológicas y La Catarata. Queremos agradecer a los distintos editores de estas publicaciones su apoyo previo en difundir nuestras contribuciones. Asimismo, queremos expresar nuestro máximo agradecimiento a nuestro espacio de trabajo, el departamento de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, y a nuestros colegas a los que tanto queremos, recordando de forma especialmente afectuosa a nuestro compañero y amigo Rafael Ibáñez Rojo, con quien tantos proyectos compartimos en el grupo de investigación de la Universidad Autónoma de Madrid «Estudios sobre trabajo y ciudadanía». Queremos también expresar nuestro agradecimiento a Gomer Betancor por su trabajo de edición de los textos, y a Siglo XXI de España Editores –con mención especial a Tomás Rodríguez, nuestro editor– por interesarse en la publicación de este libro y hacernos sentir como si estuviésemos en nuestra casa. Y por supuesto, no podemos dejar de agradecer el apoyo a este proyecto de nuestras familias y amigos, sobre todo nuestras parejas, Marisa y Riie, y las pequeñas Iris y Astrid, que nos han alegrado la vida frente al ruido y la furia de la época que nos ha tocado vivir.
Madrid, 18 de enero de 2018
I. LOS DISCURSOS DEL MANAGEMENT. UNA PERSPECTIVA CRÍTICA
Cuando las decisiones contingentes de las elites y los líderes se consideran inevitables, necesarias en razón del cambio tecnológico y del «progreso» es mucho más fácil ejecutar y legitimar estas decisiones. Es preferible que se responsabilice de los problemas provocados por el cambio tecnológico a la propia tecnología que a quienes la controlan.
Barnes (1985)
INTRODUCCIÓN. DISCURSO Y GESTIÓN EMPRESARIAL
En este primer capítulo nuestra intención es la de discutir un fenómeno muy importante en el mundo organizativo actual: el denominado discurso de la gestión o management, tema explorado en trabajos anteriores (Alonso y Fernández Rodríguez, 2006; Alonso, 2007; Fernández Rodríguez, 2007a). Este discurso representa, de alguna manera, la ideología de aquellos que detentan el poder dentro de las organizaciones empresariales (llamémosles empresarios, gerentes, directivos o cuadros intermedios), por cuanto justifica no solo diferentes dimensiones de las prácticas cotidianas de estos, sino que además les permite aparecer ante la opinión pública y sobre todo ante sus propios empleados como dignos de la posición que están ocupando, a través de la atribución de cualidades de excelencia. Hoy en día se ha convertido en el discurso hegemónico, reflejando lo que algunos autores (Boltanski y Chiapello, 2002) han definido como «espíritu del capitalismo», que recoge los valores morales dominantes en relación no solo con cómo debe organizarse la empresa y el trabajo que se desarrolla en ella, sino incluso la sociedad y los propios individuos. Lo sorprendente es que raras veces se le presta atención, pues en la actualidad parecen aceptarse sus postulados como si estos fueran simple «sentido común», algo natural y de necesaria aplicación práctica en el mundo de la empresa y otras organizaciones. Sin embargo, un repaso a la trayectoria histórica y evolución de los discursos del management puede proporcionarnos claves importantes en relación con cómo los valores empresariales que se difunden dentro de las sociedades no son en absoluto unas tablas de la ley, sino que van cambiando espoleados por transformaciones del entorno tecnológico, económico, político y cultural.
Son muchos los mecanismos por los que esta ideología gerencial pro empresa se difunde a través de la sociedad: prensa económica, empresas de consultoría, escuelas de negocios, instituciones económicas internacionales son algunas de sus principales redes de transmisión. Sin embargo, en este trabajo nos vamos a centrar en una de sus manifestaciones más particulares: la denominada literatura empresarial o del management. Lo haremos porque entendemos que refleja, de una manera fidedigna, los rasgos fundamentales de la actual ideología empresarial, y resume en sus contenidos tanto los valores morales como las prácticas aceptables del capitalismo a lo largo de sus distintas fases históricas. Además, y pese a tener como público objetivo a los cuadros directivos (presentes o futuros), a los que se anima al éxito profesional, es posible que hayan tenido también un fuerte atractivo para los empleados, atraídos por una búsqueda de motivación para desempeñar el trabajo cotidiano (Bendix, 1966). Ello habría favorecido su enorme éxito comercial y la difusión de ciertos valores pro empresariales en la sociedad.
Por lo tanto, en nuestra contribución queremos analizar ese discurso del management tal como queda reflejado en estas publicaciones, termómetro de las preocupaciones de gerentes y empresarios y que, a nuestro juicio, representan la esencia de dicho discurso. Para ello, este capítulo se dividirá en cuatro secciones. En la primera, se describirán las principales características de dicha literatura, con especial atención a sus objetivos y a sus autores. En la segunda parte, se relatarán, de forma por supuesto resumida, las principales transformaciones que el discurso del management ha sufrido desde comienzos del siglo XX hasta nuestros días, para en las dos siguientes desarrollar una discusión y análisis crítico en torno a las peculiaridades de estas ideologías gerenciales. El texto finalizará con una breve conclusión.
GURÚS Y LITERATURA EMPRESARIAL
El discurso de la gestión o management abarca numerosas dimensiones, como se ha señalado anteriormente. Sin embargo, es en la literatura gerencial donde podemos hallar, quizá, las claves que estructuran dicho discurso. Proporciona al lector, al público, incluso a la ciudadanía, una determinada imagen de la empresa, de la sociedad y de los individuos. Tiene una gran importancia porque refleja las preocupaciones del sector empresarial y lo que este espera de los trabajadores en el contexto actual. Debemos separarla claramente de los trabajos reconocidos académicamente en el terreno de la gestión, dirección y administración de empresas, aunque en algunas ocasiones tal división es muy difícil de delinear.
¿Qué entendemos por literatura del management o literatura de gestión empresarial? Podríamos definirla, de una forma breve, como una vulgata de ideas presentes en el pensamiento económico, y las adapta a un contexto concreto: la actuación práctica del directivo de la organización empresarial moderna. Si trabajásemos con conceptos sociológicos, podríamos adscribirla a una versión profana de algo sagrado como es el pensamiento económico académico: estas publicaciones asumen algunos de los postulados básicos presentes en algunas de las teorías hegemónicas en las disciplinas de economía y empresa, y los comunican a los lectores con un lenguaje sencillo y lleno de ejemplos. Este tipo de obras suele encontrarse en las librerías, centros comerciales y tiendas de aeropuertos bajo la etiqueta de «libros de empresa», y aunque se centren en una temática relacionada con un aspecto concreto de los negocios, lo harán siempre desde una perspectiva muy generalista, más cercana a principios de acción (una filosofía de trabajo) que a acciones concretas (cada compañía tendrá una problemática particular).
Los libros propios de la literatura managerial suelen estar firmados, en su mayor parte, por personas que podríamos considerar expertos, aunque abundan los textos firmados simplemente por una empresa (habitualmente una consultora) y, en muchas ocasiones, son simples compilaciones. Dichos expertos son, al menos supuestamente (pues en muchas ocasiones son personas con trayectorias previas desconocidas para el lector medio), autoridades en temas de gestión. A veces, algunos de esos expertos son tan conocidos y respetados que llegan a alcanzar la categoría de «gurús», término con el que se conoce a los que, alcanzando un gran renombre por sus publicaciones, se convierten en verdaderas estrellas, con ventas millonarias de sus libros y cobrando sus conferencias y seminarios a precio de oro.
La palabra gurú procede del sánscrito gurús, equivalente a maestro. Es una «[…] persona influyente que toma la iniciativa […]», y «[…] que puede “hacer” y producir un efecto sobre las demás» (Jackson, 2003: 36). Es un erudito, un mentor, un maestro influyente: el término, no obstante, es ambiguo, ambivalente. Por un lado, tiene connotaciones místicas, sugiriendo que los conocimientos se han conseguido por medios que no tienen nada de convencional, lo que lo aleja del término más cientifista de «experto», y puede ser aplicado a personas que no necesariamente proceden del ámbito académico. Por otro lado, el término puede utilizarse también de forma despectiva: indicaría que se trata de personas que, aunque merecedoras de atención, no necesariamente deben ser tomadas en serio, o son considerados simples aspirantes a expertos (Jackson, 2003: 38). Lo que no cabe duda es que tienen gran influencia: los libros de los autores de gestión han generado en estas últimas décadas un gran interés, pues sus recomendaciones son tenidas en cuenta no solo por los directivos de las organizaciones empresariales, sino incluso por políticos y funcionarios del Estado. Existe de hecho una verdadera industria creada alrededor de este fenómeno. Micklethwait y Woolridge (1998: 21) señalan que «[…] es difícil imaginar otra disciplina académica que haya creado en torno a sí misma un negocio semejante al de la teoría de gestión».
No obstante, no todos los autores de gestión empresarial alcanzan la categoría de gurús, a la que solo pueden aspirar un número reducido de ellos: solo unos cien pueden ser reconocidos como tales. Su procedencia, al igual que la de los autores menos conocidos, se restringe a dos ámbitos. Por una parte, y en su mayoría, al mundo de la empresa. Los autores son directivos, en activo o ya retirados, o consultores de gestión, también en activo o retirados. Sus trayectorias han sido caracterizadas por el éxito en los negocios. El otro ámbito es el académico, donde se debe distinguir a los procedentes de universidades y los que vienen de escuelas de administración de empresas (donde imparten clases en másteres de dirección y gestión de las mismas); en su mayoría están especializados precisamente en materias relacionadas con la gestión empresarial. En muchos casos, los autores se encuentran entre los dos mundos: muchos han creado sus propios grupos empresariales a la vez que imparten sus clases, normalmente divisiones de consultoría (Micklethwait y Woolridge, 1998). La característica esencial del pensamiento de un gurú es que, precisamente por la connotación de visionario que tiene su figura, se acoge de forma acrítica (Huczynski, 1993), de modo que, salvo algunos académicos muy concretos (que mencionaremos más tarde), en el mundo organizacional existen pocas voces críticas que rechacen sus propuestas.
Es destacable el gran número de obras de literatura gerencial que son publicadas anualmente, muchas de ellas con contenidos casi coincidentes. Las importantes ventas que tienen los libros firmados por gurús (Collins, 2000) muestran que se trata de un género con gran aceptación entre los directivos, y no solamente entre ellos. Los gurús de gestión tratan en sus textos temas como la comprensión del mundo del trabajo, enfocando su atención en la comunicación dentro de la organización, la maleabilidad de la naturaleza humana y el individuo en la organización; la cuestión del estatus, esto es, de legitimación de la autoridad y la atribución de liderazgo; y la aplicación práctica de políticas de gestión, con sistemas de control y, sobre todo, pasos o principios a seguir, normalmente de aplicación universal. El impacto de esta literatura, dirigida esencialmente a personas con capacidad de decisión dentro de las organizaciones, parece ser muy importante, pese a que muchos directivos reconozcan no terminar los libros (Micklethwait y Woolridge, 1998; Jackson, 2003). Pero incluso en ese caso, los cursos en escuelas de negocios, las consultoras o las propias empresas suministran resúmenes, condensan su contenido en conferencias o seminarios, y sobre todo forman parte del día a día de la cultura empresarial y de la forma que esta se presenta ante los demás.
El objetivo de la literatura managerial es, sobre todo, el de explicar cómo implantar procedimientos más eficaces en las empresas y en otras organizaciones. Propone un análisis orientado a mejorar el conocimiento que el gestor tiene de las tareas a las que debe enfrentarse de forma cotidiana. Es una literatura que persigue que el lector obtenga una rápida comprensión de los problemas y desafíos (y posibles soluciones) a los que se enfrenta la organización moderna; sin embargo, obvia gran parte de las realidades existentes dentro de esta (Huczynski, 1993). No se ocupa suficientemente de cuestiones como los conflictos, las alternativas a los fines o la elección entre medios, y si lo hace, sigue un enfoque muy evidente y sesgado: el del directivo. Expone los problemas de la organización desde el punto de vista del responsable de la gestión: representa su discurso. En estas obras, de una u otra manera los directivos o managers aparecen como los portadores y depositarios de la racionalidad dentro de la organización, siendo el resto de participantes en la misma (empleados, clientes) meros objetos de su acción directiva (Alvesson y Willmott, 1992).
La literatura managerial pretende, así, establecer las pautas de una buena gestión. Son vehículos de difusión y vulgarización de un conjunto de modelos normativos de gestionar factores físicos y humanos dentro del marco organizativo de las empresas, caracterizados por estar impregnados de una fuerte tonalidad moral. Es muy homogénea en sus contenidos y estilo, y se sustenta sobre todo en dos principios: el afán de adoctrinamiento, esto es, presenta un conjunto de buenas prácticas que garantizarían la eficacia y éxito de la actividad empresarial, reforzados con múltiples ejemplos; y una llamada a la acción del trabajador o directivo, esto es, el relato estimula y persuade, y gracias a los personajes y acontecimientos relatados, los miembros de la organización adquieren un sentimiento de participación colectiva y experiencia compartida. De forma implícita, estos textos glorifican el mercado libre y los mecanismos de competencia, presentándolos como excitantes para los individuos. A estos se les suministra un conjunto de patrones de conducta para poder alcanzar el éxito dentro de la empresa (Huczynski, 1993; Jackson, 2003).
LA EVOLUCIÓN DEL DISCURSO EMPRESARIAL
