Política afectiva - Annabel Lee Teles - E-Book

Política afectiva E-Book

Annabel Lee Teles

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Beschreibung

Miramos sin entender el entorno, las personas, la vida que transcurre a nuestro alrededor. La imposibilidad de comprender nos inunda, nos inquieta; las palabras no alcanzan. La extrañeza del mundo y de nosotros mismos nos invade. ¿Se trata acaso de un problema personal? Sabemos que no los hay, que estamos vinculados por extrañas afectaciones, que estamos tramados. Pero, miramos y sólo vemos aislamientos. Nos percatamos de que, en algunos gestos, actitudes algo se escurre. Por momentos, un fulgor surge, desaparece y es justamente su resplandor el que nos alienta a seguir adelante. Quizá, una vez más, la vía sea la confianza en nosotros mismos, en los demás y en la vida. La confianza en el enorme poder de creación que poseemos como seres expresivos del mundo-naturaleza. Poseemos el mismo poder de creación que la naturaleza, la capacidad de pensar y de crear en resonancia con la vida. Constantemente desestimamos nuestra potencia al seguir aferrados a una ilusión de nosotros mismos, la de ser individuos separados entre sí. Dejamos de lado nuestra capacidad de encuentro, de composición y armonía.

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Seitenzahl: 218

Veröffentlichungsjahr: 2021

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POLÍTICA AFECTIVA

POLÍTICA AFECTIVA

Apuntes para pensar la vida comunitaria

Annabel Lee Teles

Índice de contenidos

Portada

Prologo

En el despliegue y la efectuación de una política afectiva. Afirmar un modo de la filosofía (Sofía Monetti)

En el comienzo…

Un nuevo comienzo…

Primera Parte. Política relacional: política afectiva

Capítulo I-1. El pensamiento filosófico se enlaza a la vida, a la producción

Capítulo I-2. Pensar la vida colectiva: dificultades y desafíos

Capítulo I-3. Política afectiva: una apuesta ético-política en relación con la vida y con la producción

Capítulo I-4. La génesis del campo político

Segunda Parte. Breves aportes conceptuales

Tercera Parte. Conversaciones

Capítulo III-1. Tiempos difíciles

Capítulo III-2. Encuentros de ideas: territorios de amistad

III-2.1. Encuentros de ideas

III-2.2. Territorios

Capítulo III-3. Amor y Amistad

Capítulo III-4. Afirmando el porvenir

Bibliografía

Teles, Annabel Lee

Política afectiva : apuntes para pensar la vida comunitaria / Annabel Lee Teles. - 2a ed. - Paraná : Editorial Fundación La Hendija, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-8472-14-0

1. Filosofía Contemporánea. I. Título.

CDD 199

Primera edición en formato digital:

Invierno de 2021

I.S.B.N.: 978-987-8472-14-0

© por Fundación La Hendija

Gualeguaychú 171 (C.P.3100)

Paraná. Provincia de Entre Ríos.

República Argentina.

Tel:(0054) 0343-4242558

e-mail: [email protected], [email protected]

www.lahendija.org.ar

Diagramación: Laura Martincich

Corrección: Anahí Perosino

Digitalización: Proyecto451

I.S.B.N.: 978-987-8472-14-0

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723

Dedicado:

A Jazmín y Lucía

A los amigos próximos y lejanos que acompañaron el pensamiento y la escritura de este texto

PRÓLOGO

En las últimas páginas de Una filosofía del porvenir, (1) el primer libro que publicó Annabel, se empezaba a vislumbrar el pensamiento político que implicaba su pensamiento ontológico. En este sentido, uno podría esperar que Política afectiva fuera como una especie de continuación. Pero, al abordar la lectura del nuevo libro, uno entiende que es un texto que puede estar en paralelo con Una filosofía y que los dos libros se llaman el uno al otro, estableciéndose todo tipo de relaciones entre ellos.

El nuevo libro, así de fragmentario como Annabel lo anuncia, tiene, sin embargo, cosas que lo cohesionan. Esto se va captando pacientemente, una vez que uno va incorporando el ritmo del texto, vislumbrando cómo los fragmentos se van desenvolviendo.

Cuando leemos filosofía, esperamos enterarnos de cuál es el discurso del autor en cuestión, qué ideas nos propondrá, cuál será su descripción del presente. La lengua se usa para referirse a tal o cual idea, tal o cual construcción. Lo que hace Annabel, sin embargo, tiene poco en común con esto. Al escribir, no usa la lengua como una herramienta para decir cosas, sino que se instala en la lengua haciendo de ella un acontecimiento en sí mismo. Es difícil de explicarlo, pero Annabel se lanza a un tipo de escritura que está en el mismo plano que eso que dice; no usa el lenguaje como una formalización dada para la transmisión de ciertos conceptos, sino que es la producción de estos conceptos, conjuntamente con perceptos y afectos, lo que va a constituir el texto. Lo dice ella misma cuando propone un pensamiento que “abandone la exclusividad conceptual”; y, evidentemente, logra conquistar una especie de plano de inmanencia en la escritura, un modo que no se vale de un lenguaje común al lector y al escritor, sino que se pone al nivel de lo que dice su pensamiento convirtiendo el texto en algo casi anterior a sí mismo –un texto previo o pre-texto–. Política afectiva tiene así la cualidad de ser un texto que se genera y regenera a sí mismo en cada nuevo párrafo.

El uso que Annabel hace de la primera persona del plural (“nosotros”) se distingue tanto de un yo personal como de un nosotros puramente formal, en el sentido de que no remite a un falso nosotros como mero intento de desplazar al yo, ni es tampoco una tentativa de aglutinar al escritor y al lector en una misma experiencia. Es, más bien, un signo de su capacidad de afirmar ideas y marcar caminos. El lector va a ser llamado a afirmar cosas que a primera vista desconciertan. “No sufrimos de falta de ideas, ellas abundan” (2). ¿Las ideas abundan? ¿En dónde? ¿En quién? Pero ya no importa. Alguien se atreve a decir que abundan; entonces, a partir de ahí, quizá empezamos a ver que quizá sí, que quizá abundan, pero que hasta ahora, por tal o cual motivo, creíamos lo contrario.

En Política afectiva, esta situación se repite una y otra vez a medida que el texto se va desarrollando. Está en cada uno sentir esto como obstáculos o como posibilidades, que Annabel nos va mostrando. Si nos queremos sumergir en la aventura de este pensamiento, más vale dejar de lado, al leer, tanto la sospecha como la especulación. Y no es que se trate de aceptar ciegamente todo lo que acá está escrito. Es que, cuando Annabel dice o escribe, inaugura un mundo, traza un camino nuevo; eso no estaba ahí, ahora lo está. Uno puede preguntarse si es que las ideas realmente abundan. Pero puede también imaginar que las ideas abundan y quizá, de a poco o todo junto, uno va viendo eso de que las ideas abundan. Suena difícil. Es difícil. Pero, a la vez, es simple. De eso se trata, “abandonar la grilla de inteligibilidad” a la que estamos íntimamente acostumbrados.

Políticaafectivaparece presentar los signos en directo, sin traducción, como apariciones o imágenes. Pero, no es que el texto se convierta en poesía (más allá de que Annabel reivindique la capacidad (3) poetizante del pensamiento). El texto se juega en un límite, que es el límite al que puede ser llevada la filosofía cuando se muestra desnuda, sin sus modos reconocibles.

Una de las apuestas fuertes de Política afectiva es la conexión que plantea entre ontología y política. Es como una actualización de una línea de pensamiento que quedó discontinua. Annabel propone y consigue recomponer nuevamente esta conexión entre ontología y política recuperando el plano de los afectos como una especie de articulador.

El pensamiento ontológico que Annabel hubo desarrollado durante años fue lanzado a pensar y experimentar la vida política durante los acontecimientos de diciembre de 2001, cuando en Argentina nos vimos forzados a pensar algo que se nos escapaba, que no parecía poder ser aprehendido tan fácilmente. La crisis actualizó una memoria que no era meramente personal, de sucesos vividos años atrás, sino una especie de memoria-mundo que traía consigo marcas que algunos podían visualizar o sentir mejor que otros. Annabel vio esas marcas de una manera especial y logró sentir nuevamente y actualizar este vínculo entre ontología y política.

No hay duda de que los acontecimientos de finales de 2001 dieron paso a experiencias políticas y afectivas muy singulares, pero no sería justo decir que, hasta entonces, Annabel había tomado a la filosofía como una disciplina aislada dentro de sí misma y que, sólo entonces, le dio a esta un sentido práctico. Annabel trabaja en este sentido desde siempre; cualquiera que haya estado en sus talleres de pensamiento lo puede apuntar. Sea cual sea el momento, Annabel insiste en una filosofía ligada a la vida, mostrando cómo la forma básica en que pensamos los entes o la lógica que utilizamos va a determinar nuestro modo de vida, nuestros modos de relación y, por tanto, nuestro pensamiento político. Y también lo contrario: cómo, dada una serie de ideas políticas o dada una forma de vida tal o cual, podemos ver qué concepción del mundo la está determinando, qué lógica está operando por detrás de ella, qué imagen del pensamiento la está animando.

Pero, cualesquiera sean sus razones, Annabel siempre se cuidó de no poner su esfuerzo en la elaboración de una crítica detallada de lo dado. Quizá en esto también resida la novedad de Política afectiva. Más que abocarse a entender y denunciar los vericuetos y minucias del funcionamiento de la concepción empírico- trascendente como condición necesaria para, en un futuro, tener la chance de escapar de él, Annabel “aparta la mirada”: o nos paramos desde el principio en otro lado, fuera de esta grilla de inteligibilidad empírico- trascendente, o quedamos atrapados en ella. Esta es la apuesta en Política afectiva. Ya desde la primera línea, pararse en otro lugar, por más extraño que ese lugar pueda parecer. Y lo curioso es que al final uno ve que lo difícil era empezar a caminar y no, como a veces se piensa, encontrar el camino.

Y no es que, al proceder de este modo, se pase nada por alto. Todas las tecnologías de sujeción; la manipulación como práctica cotidiana; los intentos de convencer voluntades; los mecanismos de control de la vida; la propagación de imágenes generadoras de tristeza, soledad y desamor; las acciones regidas por el propio interés o los intereses corporativos; la lógica del máximo beneficio; el perpetuo sojuzgamiento e interceptación de las potencias creativas; la burocratización de la producción; todas las instancias que promueve el pensamiento político cuando intenta negar el plano de los afectos son claramente marcadas por Annabel. Pero, su pensamiento no se detiene en ellas. Es como si Annabel hubiese ya entendido desde el principio que no vale la pena darle la vuelta a estos asuntos. Los muestra, los menciona, pero se aboca más a propagar otros modos, que van a ser parte de esta política afectiva: una recuperación del plano de lo afectivo en el pensamiento y la acción política, de todo el conjunto de los afectos entendidos a la manera de Spinoza (4).

Es esta importancia que le da a las ideas-afectos lo que a Annabel le permite decir que “un universo imaginario constituye (...) nuestra realidad. Pero, el problema no es que sea imaginario, sino que sea un universo devastador... (5)”. Esta apelación a la imaginación no es casual; vemos que Spinoza entiende los afectos como ideas, pero ideas confusas, esto es, ideas que son producto de la imaginación (el primer género de conocimiento). Es interesante ver cómo Annabel recupera el nivel de la imaginación como posible disparador de un pensamiento político creativo. “Tal vez sólo se trata de comenzar, de pensar e imaginar vidas alegres y abundantes. La imaginación adquiere el vigor de nuestra afectividad, expresa los afectos, nos impulsa a pensar... ” (6). En este sentido, las ideas de Annabel son casi fundacionales, ya que plantean una especie de redención de la imaginación, de los afectos, de las ideas supuestamente confusas a las cuales se les va a restituir una importancia que les había sido negada por la filosofía, podríamos decir, desde siempre, y mucho más desde que la ontología y la política empezaron a transitar caminos separados.

Podemos imaginarnos cómo y por qué el plano afectivo fue dejado de lado una y otra vez por el pensamiento político. Primero, porque muchas veces hay directamente una incapacidad de dar cuenta de este plano: mientras la política se plantee como una serie de acciones con respecto a fines, mientras se concentre en lograr objetivos, jamás podrá ejercer un pensamiento en otro sentido (7). Estos fines que se quieren alcanzar, por más nobles que parezcan ser, estarán siempre predeterminados por los problemas que vienen dados y, en este sentido, no permitirán la posibilidad de crear pensamientos políticos originales, perspectivas que puedan dar cuenta del plano afectivo. Por otro lado, aunque el plano afectivo pueda ser en algunos casos visualizado, será siempre sojuzgado; ya que representa un peligro concreto, puesto que tiene la capacidad de poner todo enunciado exclusivamente político bajo cuestión.

Curiosamente, los argumentos que se esgrimirán en contra de recuperar los afectos para pensar y hacer política serán, ellos mismos, afectos que, una vez aceptados como ideas, disminuirán la potencia de los seres que con ellas acuerdan. Se entiende entonces que las formas políticas que niegan el plano afectivo estén, ellas mismas, completamente imbuidas en este plano, operando incesantemente por afectos: ya sea, generando conformismo, desánimo, incredulidad, nihilismo y toda la serie de afectos que llevan a delegar la propia potencia; como también, prepotencia y arrogancia, que se entienden generalmente como instancias propias de las relaciones de poder y, por lo tanto, aparentemente inevitables.

Lo que se experimenta en Política afectiva es justamente lo contrario: no sólo el anuncio de la posibilidad de integrar el plano afectivo de forma positiva en el pensamiento político; sino, además y sobre todo, la efectuación de una política afectiva encarnada en el texto mismo. Por eso, el texto no se constituye como una instancia que habla sobre la política; sino que, en su particular modo, es un ejercicio de esta política afectiva que se inscribe en nuestras ideas si es que somos capaces de componer con él.

Annabel nos muestra que la reinvención de la actividad política está a nuestro alcance, no como una serie de acciones destinadas a resolver problemas, sino como la generación de un pensamiento que pueda escapar a estos supuestos problemas que ya vienen dados. Desde el momento en que aceptamos lo que escuchamos que se repite a nuestro alrededor, las descripciones del presente que se nos presentan, el pensamiento político que desarrollemos va a estar totalmente determinado por problemas que se nos impondrán, y las acciones políticas podrán tener matices, pero no variarán en lo más elemental, ya que se plantearán como soluciones a problemas que parecerán no poder discutirse. La salida que propone Annabel no consiste en poner la existencia de estos problemas bajo cuestión, sino en ser capaces de desplazarse de esta problemática, que es siempre institucional, técnica, o meramente organizacional, hacia otro tipo de universo, más local, que tiene que ver con atender el cuidado de la existencia a través de la construcción de tramas afectivas basadas en el amor y la amistad. Los problemas dados siempre podrán ser retomados, aunque sufrirán una resignificación que abrirá el camino para nuevos planteamientos.

La pregunta es, entonces, cómo generar territorios políticos que puedan funcionar como ambientes para la creación de planos relacionales que promuevan un pensamiento político determinado por la amistad y el amor, la alegría y la generosidad. Y no será una pregunta que alimente expectativas utópicas, ya que el texto de Annabel se refleja en la vida de colectivos autónomos que, en sus diferencias, apuestan a este otro modo de lo político. Estas construcciones políticas autónomas y autogestivas quedan a veces “atrapadas en una falsa disyuntiva y culminan ahogándose ante la cooptación o la confrontación”. Y es que no es fácil enfrentar el problema de la relación con el Estado que, por su propia naturaleza, se encarga de obstaculizar iniciativas que promuevan modos de vida que expresen y afirmen diferencia. Pero, estos modos de vida están ahí y Política afectiva nos llama a ver que “no somos los únicos, que hay otros que experimentan sensaciones parecidas” con relación a estos otros modos de vida. Sin duda, cuanto más en soledad creamos estar, más funcionales seremos a un ordenamiento social que ignora o desestima la trama afectiva y más chances habrá de que acabemos aceptando esa visión del mundo. Confiamos en poder estar abiertos al encuentro de los seres con los cuales podamos compartir una creencia o una visión que nos ayuden a propiciar el despliegue de acontecimientos que todavía ignoramos.

Berlín, marzo de 2009

Diego Chamy

1. Teles, A. L., Una filosofía del porvenir, Altamira, Buenos Aires, 2002.

2. Ibídem, p.7.

3. Ibídem, p.7.

4. Ver: Spinoza, B., Ética, III, Orbis, Barcelona, 1980, pp. 241 y 242.

5. Teles, A. L., Política afectiva, Fundación La Hendija, Paraná, 2009, p. 65 (subrayado mío).

6. Ibídem, p. 83. Vale también aclarar que, al hacer esta conexión entre afectos e imaginación, debemos cuidarnos de no entender a los afectos como algo abstracto: “La vida afectiva no es una abstracción” (Ibídem, p. 86).

7. Sobre este punto, un problema interesante para plantearse sería cómo constituir un pragmatismo que no esté sujeto a fines. Algo que, a simple vista, parecería paradójico, pero que no debería ser descartado.

PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

EN EL DESPLIEGUE Y LA EFECTUACIÓN DE UNA POLÍTICA AFECTIVA AFIRMAR UN MODO DE LA FILOSOFÍA

Política afectiva despliega la andadura del pensamiento de Annabel como ejercicio vivido de un modo singular de hacer filosofía. No se trata ya sólo de la afirmación de un saber filosófico sino de una encarnadura como vida filosófica y de una apuesta libertaria por la construcción de tramas afectivas que propicien nuevas territorialidades al nivel del cuerpo y el pensamiento.

En el decir de Annabel, la filosofía se sucede por linajes. Se trata menos de autores y de un registro personológico y más de corrientes que emergen y encuentran expresión en distintos quienes singulares y colectivos. Corrientes migratorias con desplazamientos y encauces, aceleraciones y detenimientos parciales, siempre en la movilidad del pensamiento. En ese sentido, el ejercicio filosófico no es y no puede ser nunca un ejercicio solitario. Es siempre en relación, porque es él mismo relación y se produce en el movimiento dialógico de actualización y creación a nivel del pensamiento.

La amistad, en filosofía, designa “una presencia intrínseca al pensamiento, una condición de posibilidad del pensamiento mismo” (8). El pensamiento se configura como campo afectivo en la efectuación de relaciones compositivas, resonantes y afines. Y, en ese sentido, el pensamiento de Annabel y Política afectiva están poblados de múltiples amistades filosóficas. Forma parte de una corriente de pensamiento naturalista que afirma la potencia genésica de la naturaleza de la cual lo humano es parte, cuyo rastro puede seguirse hasta los comienzos de la filosofía (9) y encuentra múltiples expresiones a lo largo de la historia.

Una corriente filosófica que afirma una ontología de la inmanencia, de un ser en relación que “al producir se produce” (10)singularizándose; excluyendo de sí las figuras de la trascendencia y de toda determinación exterior. Un modo del pensamiento que implica transformaciones en quien lo está desplegando; una filosofía que es también un modo de vida ético y político. Una radicalidad de lo singular, que se aleja de los universales como formas estancas que no permiten expresar la potencia pensante. Una filosofía vitalista que afirma la potencia de vida del pensamiento y del cuerpo como potencia-deseo en constante mutabilidad, que enlaza con un pensamiento del devenir como temporalidad intensiva (11).

En el pliegue de estas “memorias filosóficas del mundo” (12) y de múltiples experiencias, Política afectiva produce su singularidad. La imagen de una política afectiva es una singularidad con una tonalidad precisa y que le es propia, que pliega la corriente para hacer nuevo cauce.

En la efectuación de una política afectiva, se afirma un plano filosófico donde ontología, ética y política confluyen en la pregunta por el quien que somos, singular y colectivo. La pregunta por la posibilidad de creación de otros mundos posibles es lo que fuerza a la filosofía en su producción.

Este ejercicio filosófico no desconoce el mundo fáctico, ni el efecto de los poderes en la constitución subjetiva, pero la resistencia al régimen político de lo instituido se logra en la creación de nuevos modos de producción colectiva y a ello convoca el ejercicio de una política afectiva.

Este modo singular de la filosofía trae, en el decir de Annabel, la posibilidad de embellecer el mundo, en la medida en que podemos experimentarnos en relaciones creativas y amorosas que expanden otros modos de vida.

Espacio pensamiento, cuerpo de cuerpos

El recorrido de Annabel ha sido el de afirmar la singularidad y ello sólo es posible alcanzando consistencias autónomas. La expansión de este modo singular de la filosofía también forzó la creación de un espacio para su efectuación. En este tránsito se fue gestando un modo de hacer y pensar colectivo que encontró su expresión en Espacio pensamiento.

Espacio pensamiento, como proyecto de un colectivo filosófico en diálogo con otros saberes y prácticas, surgió de esta necesidad de una territorialidad propia para poder realizarse. No hay en el campo institucional la posibilidad de alojar un espacio para un ejercicio filosófico relacional y autónomo.

Nos es necesario el encuentro con otros en la posibilidad de pensarnos, de atender a nuestras prácticas cotidianas y sus efectos de constitución en nuestra subjetividad. La filosofía, en este modo singular, nos ofrece una oportunidad de ampliación de nuestros límites y de composición de cuerpos colectivos capaces de potencias múltiples.

En ese sentido, Espacio pensamiento constituye otra dimensión de efectuación de una política afectiva. Tanto en los seminarios como en las distintas actividades de efectuación y expansión, la propuesta es la de generar un plano filosófico afectivo de pensamiento, en diálogo con nuestras experiencias y con las diversas dimensiones que hacen a nuestra contemporaneidad. Se trata de generar las condiciones para la movilidad del pensamiento implicando a cada quien y expresándolo en una composición que actualiza potencias nuevas de lo colectivo.

La insistencia y la necesidad de una afirmación de lo común

Esta nueva edición incorpora un texto de Annabel que transita sobre lo común como expresión de lo colectivo para pensar nuestra contemporaneidad.

Hay en nuestra actualidad una inquietud por expandir y colectivizar modos de lo político no habituales que permitan la afirmación y el despliegue de la potencia singular y colectiva. Modos que se sustraigan de la lógica de la política como gobierno de los otros y de la naturaleza, y que nos permitan la constitución de un plano común.

La filosofía y, en particular, una política afectiva traen una figura de lo común como ejercicio de nuestra potencia que en su despliegue y composición arma cuerpos colectivos, efectúa lo común. No se trata de una agregación de individuos, sino de una potencia de lo común. La actualización de un plano colectivo que implica a los quienes en su efectuación pero que no parte de su individualidad. “Este modo de concebir lo común enfatiza lo singular, pregunta por lo humano y por su individuación”. (13)

El gesto de afirmar esta constitución de lo común se hace necesario para la conformación de un cuerpo colectivo, para que logre consistencias, para dar fuerza a nuestros procesos de creación de mundo y no ser embestidos por fuerzas exteriores que amenazan con destruir los modos de vida que deseamos.

La potencia de lo colectivo está en la posibilidad de habitar la vida de los muchos. Estamos en tiempos de mutación en los que las segmentaciones instituidas de los individuos están puestas en pregunta. Los modos de asociación habituales, centrados en el trabajo y la familia, hoy dan paso a otras intensidades afectivas. Tenemos la posibilidad de afirmar “la amistad como un modo de vida (14)”, lo que implica la apertura a la multiplicidad, a la diversidad de modos de experimentar la intimidad con otros y de no capturarla bajo registros formales; “trabajar sobre nosotros mismos e inventar una manera de ser todavía improbable” (15). La singularización de nuestras relaciones trae consigo la oportunidad de nuevos modos de lo común.

Hay en Annabel una insistencia en la amistad y el apoyo mutuo que se enlaza a la formulación de un activismo filosófico. La amistad cristaliza un modo peculiar de la vida afectiva y gesta un campo político propicio para el despliegue del ejercicio de pensamiento colectivo. El activismo filosófico, a su vez, como afirmación de la potencia del pensamiento que produce movilidad a nivel de los afectos, convoca a políticas de amistad.

La importancia de conocer nuestros límites actuales está en la posibilidad de generar modos de relaciones más allá de ellos. Cuando afirmamos una imagen de pensamiento, estamos produciendo mundo, empezamos ya a habitarlo, y en ese sentido se manifiesta la necesidad de una política afectiva capaz de imaginar y realizar otros campos políticos de constitución de lo común.

Montevideo, febrero de 2019

Sofía Monetti

8. Deleuze, G.; Guattari, F., ¿Qué es la filosofía?, Anagrama, Barcelona, 1993, p. 9.

9. Se puede encontrar en la noción de physis, en la filosofía de la antigüedad griega, una expresión de esta imagen de la naturaleza.

10. Teles A. L., Política afectiva, La Hendija, Entre Ríos, 2010, p. 99.

11. No es posible listar los/as filósofos/as con los que dialoga la filosofía de Annabel, ya que es una tarea siempre incompleta y poco amable. Se precisaría también de la concurrencia de otras disciplinas como la literatura, el arte, la ciencia y otras tantas experiencias con las que el pensamiento está en relación. Pero no puedo dejar de mencionar entre estas amistades la íntima relación con G. Deleuze y B. Spinoza, quienes significaron momentos de pasaje en su pensamiento, así como la intensa relación con F. Nietzsche y M. Foucault, pensadores siempre presentes en su práctica de enseñanza así como en su escritura.

12. Teles, A.L., Una filosofía del porvenir, La Hendija, Entre Ríos, 2018, p. 65.

13. Teles, A. L., “La inquietud por lo común, por la insistencia en las prácticas libertarias”, en Política afectiva, op. cit.

14. Foucault, M., “De la amistad como modo de vida”, en La ética del pensamiento: para una crítica de lo que somos, Biblioteca Nueva, Madrid, 2015, p. 177.

15. Ibíd., p. 179.

EN EL COMIENZO...

Al terminar de escribir este libro, tuve una sensación incómoda; albergar su carácter experimental me producía cierta extrañeza. Tenía en mis manos un libro distinto al imaginado, el texto había mutado, lo vivido se había apoderado de él hasta modificarlo.