Política y emoción - Rafael Bisquerra - E-Book

Política y emoción E-Book

Rafael Bisquerra

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¿Qué relación hay entre política y emoción?, ¿para qué sirven las emociones en la política?, ¿cómo afectan las emociones a los procesos políticos y sociales?, ¿qué podemos aprender de las emociones para gestionar mejor la política y los movimientos sociales? Estas son algunas de las preguntas a las que se propone responder este libro. El lector encontrará en esta obra abundantes evidencias de las relaciones entre política y emoción. Dichas evidencias demuestran que las emociones están presentes en los procesos políticos de todo tipo: campañas electorales, debates políticos, resultados de las elecciones, conflictos, protestas, transformaciones sociales, cambios políticos, etc. Curiosamente, en las manifestaciones de los profesionales de la política, en los discursos políticos, en los análisis políticos, en los debates sobre política, en las tertulias de comentaristas políticos, etc., las emociones suelen estar ausentes, como mínimo explícitamente, y con este libro el autor se propone llamar la atención sobre esta ausencia y sensibilizar de su importancia a la sociedad en general y especialmente a los profesionales de la política, analistas políticos, investigadores en Ciencias Políticas y en Ciencias Sociales en general, así como a estudiosos y estudiantes de estos temas. Sin duda, existe una laguna en el conocimiento de las influencias de las emociones en la política y en los procesos sociales que sería bueno superar. Por ello, esta obra va dirigida a un amplio espectro de potenciales lectores que abarca tanto a los profesionales relacionados con el mundo de la política como al público en general interesado por la actualidad y las corrientes sociales. Todos pueden encontrar elementos y claves que les ayuden a comprender mejor la importancia de las emociones en los movimientos sociales y políticos.

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Seitenzahl: 230

Veröffentlichungsjahr: 2017

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Rafael Bisquerra

Índice

Prólogo

Introducción

1. Emociones y política

¿Cómo se activan las emociones?

La valoración automática

Objeto y causa de la emoción

La emoción como respuesta compleja del organismo

La predisposición a la acción

¿Emoción o emociones?

Los fenómenos afectivos

Las emociones en la toma de decisiones

¿Por qué no hay Premio Nobel de Matemáticas?

Alexitimia política y científica

Emociones individuales y colectivas

Emoción, movimientos sociales y cambio político

El sentimiento de identidad nacional

Ira y miedo como motores de la política en la historia

Resumen y conclusiones

2. Inteligencia y emoción

La inteligencia emocional

Las competencias emocionales

La inteligencia afectiva en la política

Partidistas y deliberativos

Inteligencia y emoción en la política

Resumen y conclusiones

3. Las emociones en las tensiones políticas

Emoción y comportamiento: el caso del miedo y la cobardía

Integridad y competencia en las campañas políticas

Las emociones en las crisis

La esfera pública emocional

Extremismos y necesidad de regulación emocional

El desplazamiento social

Emociones y nacionalismos

Represión de la emoción

Resumen y conclusiones

4. Trauma y política del miedo

El trauma en política

El trauma del terrorismo

La política del miedo

La transmisión intergeneracional del trauma

La narrativa del trauma

Significantes y emoción

Instrumentalidad emocional estructural

Resumen y conclusiones

5. Emociones colectivas y cambio social

Emociones colectivas

El miedo colectivo como fuerza política motivadora

El contagio emocional

El clima emocional

Clima emocional y comportamiento colectivo

La superación del miedo como objetivo de la política

Del miedo a la ira

Resumen y conclusiones

6. Las emociones en la protesta política

Emociones que predisponen a la protesta

Dinámicas emocionales en la protesta

Emociones basadas en el grupo

Emociones de protesta y tendencias de acción

Momentos en la protesta

Indignaos

Resumen y conclusiones

7. Emoción y transiciones políticas

El mundo como sistema

Las emociones en las transiciones de los países comunistas

Factores para la transición

Factores emocionales

La ira en las transiciones del comunismo

Transiciones y no transiciones

El efecto solidaridad: moral y emoción

Condición necesaria pero no suficiente

Las emociones en la «primavera árabe»

Origen y evolución de la primavera árabe

Resumen y conclusiones

8. Emoción y violencia en política

Política, emoción y violencia

Vergüenza y orgullo en política

Vergüenza, humillación, ira y violencia

Historia y emoción

Humillación y violencia

El efecto mariposa

Resumen y conclusiones

9. Política y construcción del bienestar

Un sistema social y político basado en el miedo y la ira

El amor en la política

El bienestar como objetivo de la política

Tipos de bienestar

El bienestar emocional

El bienestar se construye

Educación emocional para la construcción del bienestar

Desarrollar un detector de emociones tóxicas

Resumen y conclusiones

10. Hacia un cambio de paradigma

Hacia un cambio emocional

Un cambio de paradigma

De la política a las ciencias sociales

Perspectivas de futuro

Conclusiones

Bibliografía

Créditos

PRÓLOGO

¿Para qué sirven las emociones? La principal función de las emociones es ayudar a las personas y a las sociedades a aumentar las probabilidades de supervivencia. La segunda función probablemente sea el bienestar emocional, que coincide en gran medida con la felicidad. La supervivencia depende de la convivencia en paz, que a su vez aumenta las probabilidades de bienestar. Así pues, tenemos un nexo de unión entre emoción, supervivencia, convivencia y bienestar.

¿Para qué sirve la política? Para gestionar la convivencia y el bienestar de la ciudadanía. Como consecuencia, la relación entre emoción y política es tan evidente que no necesitaría mayor justificación. Pero además de esto, las evidencias demuestran que las emociones están presentes en los procesos políticos de todo tipo: campañas electorales, debates políticos, resultados de las elecciones, conflictos, protestas, transformaciones sociales y políticas, etc.

Curiosamente, en las manifestaciones de los profesionales de la política, en los discursos políticos, en los análisis políticos, en los debates sobre política, en las tertulias de comentaristas políticos, etc., las emociones suelen estar ausentes, al menos explícitamente.

Este libro se propone llamar la atención sobre esta ausencia. Se necesita sensibilizar a la clase política, a los analistas políticos, a los investigadores en ciencias políticas y en ciencias sociales y a la sociedad en general del peso que tienen las emociones en los procesos políticos. Consideramos que esta es una laguna en el conocimiento que necesitamos superar.

Por todo ello, este libro va dirigido a un amplio espectro de potenciales lectores: políticos, periodistas, comentaristas políticos, psicólogos, investigadores en ciencias sociales, educadores y la sociedad en general. Todos pueden encontrar elementos y claves que les ayuden a comprender mejor la importancia de las emociones en los movimientos sociales y políticos.

Los dos primeros capítulos se proponen presentar el marco conceptual de las emociones y de las competencias emocionales. Se explica qué son las emociones y cómo pueden influir en el comportamiento, y, por tanto, cómo afectan a las relaciones interpersonales, los conflictos, la convivencia, la política y muchos aspectos de la vida. También se analiza cómo las emociones no son solamente un fenómeno individual, sino que se producen emociones colectivas, que generan contagios emocionales y climas emocionales que pueden ser tóxicos. Todo esto nos lleva a la necesidad de desarrollar competencias emocionales para una mejor convivencia y bienestar.

Del capítulo tres al ocho se analizan diversas situaciones políticas desde la perspectiva de las emociones. En concreto, se tratan temas relacionados con las tensiones políticas, los traumas políticos, los cambios sociales, las protestas, las transiciones políticas, la violencia, etc. La intención es aportar evidencias empíricas de la importancia de las emociones en los procesos políticos.

Los dos últimos capítulos son una llamada a la política, a la educación y a la sociedad en general para proceder a cambios significativos en las emociones colectivas que estamos experimentando. Se propone un cambio de paradigma para mejorar el bienestar personal y social. Este es un proyecto colectivo, con perspectiva de futuro, en el que estamos implicadas todas las personas.

Manacor (Mallorca), verano de 2016.

RAFAEL BISQUERRA

INTRODUCCIÓN

La política consiste en la gestión de la convivencia, la economía, la salud, la educación y el bienestar de la ciudadanía. En este sentido nos afecta a todas las personas y, por tanto, todos deberíamos estar interesados en que funcione lo mejor posible.

Gestionar todos los aspectos que afectan a la política es sumamente complejo en sí mismo, ya que se necesita tomar en consideración multitud de variables: sociales, económicas, salud, educación, convivencia, seguridad, justicia, defensa, libertad, solidaridad, equidad, etc. Además, todos estos aspectos permiten visiones desde diversos enfoques, lo cual origina diversas ideologías, partidos políticos, movimientos sociales, grupos de presión, etc., haciendo inevitables los conflictos.

Los conflictos generan emociones, y las emociones están en el origen de muchos conflictos. Es comprensible que se queden aspectos al margen de la política, tanto en lo que respecta a la gobernanza como al análisis situacional. Olvidar la relación entre conflicto y emoción supone no tomar en consideración aspectos importantes en la solución de conflictos.

En esta obra queremos llamar la atención sobre uno de los aspectos olvidados de la política: su dimensión emocional. En general, los profesionales de la política y los analistas políticos no toman en consideración las emociones en el origen de los acontecimientos, en la gestión de la convivencia, en la génesis de los conflictos, en los movimientos sociales y en todo lo que afecta directa o indirectamente a la política y a la sociedad.

Los análisis y las interpretaciones habituales de la situación política, en general, se basan en el mundo «externo», de carácter material, como la economía, los presupuestos, el PIB (producto interior bruto), el IPC (índice de precios al consumo), las oscilaciones de la bolsa, las causas y consecuencias de la crisis, la esperanza de vida, los accidentes de tráfico, el número de muertos en un atentado, la intención de voto, el número de votos en las elecciones, el número de diputados, etc. Al no tomar en consideración aspectos «internos» (emocionales), muchos analistas aportan explicaciones contradictorias, debido a la confusión sobre las causas que provocan los acontecimientos. La gestión de la política se basa en este mismo paradigma, que ignora sistemáticamente aspectos «internos» de las personas como las emociones.

Desde el punto de vista «externo», muchos conflictos colectivos, como el terrorismo y las guerras, no tienen sentido. Se les aplica un análisis racional, cuando realmente requieren una interpretación emocional. La idea de que la venganza y la humillación no tienen suficiente fuerza para declarar una guerra, ya que solamente son emociones, es una puesta en escena de la represión emocional que está presente en la política, en la sociedad y en la educación.

Tradicionalmente la ciencia y la emoción han avanzado por caminos distintos. Por una parte había ciencia, cognición y razón; mientras por otra había emoción, entendida como algo diametralmente opuesto. Afortunadamente se han dado pasos importantes para superar esta dicotomía. Autores como Clough y Halley (2007), Demertzis (2013: 2) y otros señalan un cambio de perspectiva que se nota en psicología, filosofía, sociología, geografía, historia, economía, derecho, organizaciones, medios de comunicación, educación, política, etc.

Recordemos algunos hitos que señalan los orígenes de un nuevo paradigma en el análisis de la política. En 1978 se fundó la International Society of Political Psychology, que representa un intento de analizar la política desde la perspectiva psicológica. En 1986, en el marco de la American Sociological Association, se crea una sección de Sociología de las emociones. En 2004 la European Sociological Association crea el Research Network on Emotions (http://socemot.com/). Estas aportaciones darán origen a dos líneas de investigación: Sociología política de las emociones y Psicología política de las emociones.

La Sociología política de las emociones (Berezin, 2002; Demertzis, 2013) propone análisis de macronivel: en base a la historia, cultura, sociología y psicología. Por el contrario, la Psicología política de las emociones se centra en el micronivel: más centrado en lo individual, la opinión, las intenciones de voto o por qué se toman decisiones electorales.

Estos análisis permiten observar cómo las decisiones políticas están más influidas por las emociones que por las razones. Las dinámicas emocionales presentes en las campañas electorales, con el impacto de la percepción afectiva de los líderes, determinan más las decisiones políticas de qué partido va a votar una persona que el análisis de los distintos programas políticos. En las campañas políticas, la emoción precede a la cognición. Varios estudios con datos de la American National Election Studies (ANES) demuestran que la percepción de liderazgo y los valores morales explican la aversión hacia ciertos candidatos (Demertzis, 2013).

La investigación en la neurociencia política ha aportado nuevos horizontes. Hoy en día no se puede sostener una ciencia al margen de la emoción. La demarcación de razón y emoción en la ciencia y en los análisis políticos son cosa del pasado.

Con la intención de abrir y profundizar en estas nuevas vías de análisis y gestión en la política se ha escrito este libro. La intención es sensibilizar a la sociedad en general, y en particular a los profesionales de la política, analistas políticos, historiadores, estudiosos, especialistas en ciencias sociales y educadores, de la importancia de las emociones en los comportamientos y acontecimientos.

A lo largo de los diversos capítulos se van presentando una serie de temas y acontecimientos que se comentan desde la perspectiva emocional. Entre estos temas están las tensiones políticas, las campañas electorales, las crisis, los extremismos, los nacionalismos, los traumas políticos, las protestas políticas, los procesos de cambio político y social, las transiciones políticas, la violencia, el terrorismo, etc.

En los primeros capítulos se presenta un marco conceptual de las emociones y otros conceptos relacionados, como la inteligencia emocional, las competencias emocionales y la educación emocional. La intención es ayudar a comprender cómo funcionan las emociones para poder comprender mejor los fenómenos que se comentan y analizan a lo largo del libro.

Este análisis permite entrever que a lo largo de la historia, e incluso desde antes (prehistoria y filogénesis), se ha ido desarrollando un sistema social y político basado en dos emociones básicas: ira y miedo. El reto que se plantea en el siglo XXI es proceder a un cambio de paradigma. Necesitamos superar un sistema social y político basado en la ira y el miedo para construir otro orientado al bienestar. No nos referimos al bienestar material, sino al bienestar emocional, que se fundamenta en el amor y la felicidad. Construir un sistema social con estas características requiere una profunda sensibilización, actitud positiva, investigación, formación, educación y presupuestos. Sin querer ser alarmistas, nos permitimos aseverar y aportar evidencias a lo largo del libro de cómo todo esto afecta al futuro de la humanidad, y que si no tomamos pronto cartas en el asunto podemos llegar tarde. Es una cuestión similar a la conciencia ecológica.

Queremos ver el futuro con esperanza y confiamos en que la educación emocional pueda contribuir a mejorar la convivencia y el bienestar de la ciudadanía. Pero se necesita un efecto sinergia, con la participación de los elementos implicados: políticos, periodistas, historiadores, científicos, educadores, familias y sociedad en general. A todos ellos va destinado este libro.

1. EMOCIONES Y POLÍTICA

Para comprender las relaciones entre política y emoción se requiere tener claro qué son las emociones. Si al lector se le pregunta ¿qué es una emoción?, es muy probable que tenga dificultades en responder, a no ser que se haya formado por su cuenta, a través de cursos y lecturas, sobre qué son las emociones. Continuamente estamos experimentando emociones, pero solamente caemos en la cuenta de la dificultad que tenemos en expresar lo que son cuando nos vemos en la necesidad de hacerlo. Y esta necesidad es muy difícil que aparezca, ya que no es habitual hablar de emociones. Como consecuencia, a veces pensamos o decimos: «no sé qué me pasa». Cuando tomamos conciencia de que «no sé qué me pasa», muchas veces se trata de emociones que no somos capaces de identificar y regular de forma apropiada. Esto nos pasa a la mayoría de las personas, incluso a las formadas en ciencias tan diversas como física, ingeniería, economía, derecho, matemáticas, etc. Ello nos lleva a la conclusión de que para entender de qué estamos hablando en este libro conviene tener claro qué son las emociones.

¿CÓMO SE ACTIVAN LAS EMOCIONES?

Las emociones son una parte esencial de la vida personal y social. Continuamente experimentamos emociones y fenómenos afectivos, pero pocas veces nos paramos a reflexionar sobre ellos. ¿Qué son las emociones?, ¿cómo influyen en el pensamiento y en el comportamiento?, ¿qué influencia tienen las emociones en la toma de decisiones?, ¿cómo afectan las emociones en la política?

Para entender lo que es una emoción, lo mejor es experimentarla. Si el lector puede recordar alguna emoción fuerte y la puede revivir, esto le ayudará a comprender lo que son las emociones, junto con las informaciones que se proporcionan en estas páginas.

Una emoción se activa a partir de un acontecimiento que es percibido por nuestros sentidos. La percepción puede ser consciente o inconsciente. El acontecimiento puede ser externo o interno, de modo que puede ser un pensamiento. Puede ser un evento actual, pasado o futuro; real o imaginario. El acontecimiento también se denomina objeto o estímulo que activa la emoción. Todos los acontecimientos que llegan a nuestros sentidos son evaluados automáticamente por nuestra mente.

LA VALORACIÓN AUTOMÁTICA

Tenemos un mecanismo innato de valoración automática de todos los estímulos que llegan a nuestros sentidos. Es como una especie de escáner, como los que hay en la zona de control de seguridad de los aeropuertos, que detecta cualquier información susceptible de activar una respuesta emocional. El funcionamiento del mecanismo de valoración automática se puede representar mediante una serie de preguntas como: ¿esto me afecta?, ¿cómo afecta a mi supervivencia?, ¿cómo afecta a mi bienestar?, ¿en qué medida me afecta? Cuando un acontecimiento es valorado como algo que puede afectar a mi supervivencia o a mi bienestar (o al de las personas próximas), se activa la respuesta emocional.

Se trata de una valoración tan rápida que muchas veces no somos conscientes de ello. Es por tanto una valoración automática, a la que también se denomina valoración primaria. En esta valoración está presente el grado en que valoramos el acontecimiento como positivo o negativo para nuestra supervivencia o nuestro bienestar. Ello producirá emociones distintas. Se habla de emociones positivas cuando el acontecimiento se valora como un progreso hacia los objetivos, hacia el bienestar. Cuando el acontecimiento se valora negativamente (un obstáculo, un peligro, una dificultad, una ofensa, etc.) genera emociones negativas.

No hay que confundir positivo con bueno y negativo con malo. Todas las emociones son funcionales y necesarias. Gracias a la indignación ante una injusticia adoptamos acciones encaminadas a superarla, lo cual es bueno mientras no se caiga en la violencia, que esta puede producir mayores injusticias. Sin embargo, siendo buena esta indignación, cuando uno está indignado no goza de bienestar. Por esta razón es una emoción negativa.

En la valoración del acontecimiento influyen muchos factores: significado del acontecimiento, atribución causal, evaluación de las propias habilidades de afrontamiento, experiencia previa, aprendizaje, contexto, creencias, etc. Esto hace que un mismo acontecimiento pueda ser valorado de forma distinta según las personas. Ante las declaraciones de un político, un ciudadano puede sentir solidaridad y asentimiento, mientras otro puede sentir vergüenza, enfado, ira, tristeza o miedo.

La evaluación automática activa la emoción cuando se cumplen cuatro condiciones (Scherer, 2001):

1.Relevancia: del objeto o de la persona.

2.Implicación: cómo afecta directamente al bienestar de la persona y a sus objetivos.

3.Afrontamiento: cómo uno valora las propias habilidades de afrontamiento para hacer frente a la situación.

4.Significación normativa: significación del evento respecto al autoconcepto de la persona y a las normas sociales y valores.

Dado que estas condiciones se viven de forma diferente según las personas, dos personas diferentes valoran el mismo acontecimiento de forma distinta. Por ejemplo, la pérdida de una maleta en el aeropuerto a la llegada a un país extranjero se puede valorar de forma muy distinta según cada pasajero.

OBJETO Y CAUSA DE LA EMOCIÓN

Algunos autores distinguen entre la causa y el objeto de la emoción (Barbalet y Demertzis, 2013: 168-169). El objeto del miedo puede ser un evento, persona o cosa; la causa del miedo se refiere a las condiciones en que se experimenta. Veamos esto con un ejemplo. Imaginemos que el lector va caminando tranquilamente por la calle y de repente observa un perro rottweiler con la boca abierta, enseñando sus afilados dientes, que está corriendo directo hacia él. Lo lógico es que se active de inmediato un profundo miedo descontrolado ante lo que se valora como un peligro real e inminente que impulsa a huir. Sin embargo, la misma escena, experimentada por el propietario del perro, sería vivida de forma totalmente diferente: una manifestación de júbilo por parte del perro ante la llegada de su amo. El objeto del miedo es el perro. Pero la emoción es distinta en los actores. La diferencia está en la causa: la relación que el sujeto mantiene con el objeto. La causa de la emoción no es el objeto (perro), sino la relación que mantengo con el perro. La causa de las emociones reside más en las relaciones que en los objetos. En general cuesta distinguir entre objeto y causa de la emoción. El objeto es el acontecimiento en sí, mientras que la causa es la relación que mantenemos con el objeto. La causa de las emociones debe ser entendida en términos de la estructura de relaciones situacionales en que surge la emoción.

Esto se ve muy claramente en las acciones y declaraciones de los políticos. Las reacciones no dependen tanto de lo que dicen o hacen, sino de las relaciones que mantienen los receptores del mensaje con el protagonista del comentario. Otra forma de verlo es que el comentario dice más de quien lo emite que de la realidad en sí.

Ello pone en evidencia cómo la emoción no depende del acontecimiento en sí, sino de la forma que tenemos de valorarlo. Como dijo Epicteto en el Enchiridion, «El hombre no está perturbado por las cosas, sino por la visión que tiene de las cosas». Shakespeare también trató el mismo tema en Hamlet, acto II, escena 2: «No hay nada bueno o malo; el pensamiento lo hace así». Una emoción depende de lo que es importante para nosotros.

La implicación para la práctica que de esto se deriva es la conveniencia de tomar conciencia de la diferente valoración que hago de los acontecimientos políticos en función de cómo me relaciono con sus protagonistas. Para evitar caer en la valoración sesgada puede ayudar preguntarnos: «¿Desde qué emoción me relaciono con esta persona?». Según sea la respuesta, así será la valoración que hago.

LA EMOCIÓN COMO RESPUESTA COMPLEJA DEL ORGANISMO

Analizar las emociones significa analizar la complejidad. El mecanismo de valoración automática activa una respuesta emocional compleja que vamos a analizar. Cuando recibo la noticia de un atentado terrorista, valoro que yo también estoy en peligro y ello activa una emoción de miedo. En esta respuesta emocional se pueden identificar tres componentes: neurofisiológico, comportamental y cognitivo.

El componente neurofisiológico consiste en respuestas como taquicardia, hipertensión, vasoconstricción, cambios en el tono muscular, secreciones hormonales, cambios en los niveles de ciertos neurotransmisores, etc. Ante una emoción reaccionamos con todo el cuerpo. Las emociones son una respuesta compleja que se inicia en el SNC (sistema nervioso central) y puede repercutir en todo el organismo. Esto es la experiencia emocional. Dichas reacciones pueden afectar a la salud.

El componente comportamental coincide con la expresión emocional. La observación del comportamiento de un individuo permite inferir qué tipo de emociones está experimentando. El lenguaje no verbal, principalmente las expresiones del rostro y el tono de voz, aportan señales bastante precisas. Las expresiones faciales surgen de la actividad combinada de unos 23 músculos situados alrededor de la boca y otros situados en los extremos de los ojos, cuyo control voluntario es bastante difícil. Por eso, una foto hecha espontáneamente refleja las emociones que se viven en ese momento. A diferencia del componente neurofisiológico, el componente comportamental se puede disimular, de modo que podemos entrenar para disimularlo y engañar a las personas que nos observan.

El componente cognitivo es la emoción hecha consciente. Cuando tomamos conciencia de las emociones que experimentamos, les podemos poner un nombre en función de nuestro dominio del lenguaje. Por ejemplo: «Siento miedo ante un posible ataque terrorista», o «me indigna la corrupción que nos corroe». Las limitaciones del lenguaje imponen serias restricciones al conocimiento de lo que nos pasa por dentro. A veces podemos expresar: «no sé qué me pasa». Cuando somos capaces de poner palabra a lo que nos pasa, nos podemos sentir mejor. De ahí la importancia de una educación emocional encaminada, entre otros aspectos, a un mejor conocimiento de las propias emociones y denominarlas apropiadamente. Ser capaz de poner nombre a las emociones es una forma de conocernos a nosotros mismos y de conocer mejor a los demás.

Este componente cognitivo coincide con lo que se denomina sentimiento. Los sentimientos se pueden alargar en el tiempo. Así como las emociones son habitualmente de duración breve, algunos sentimientos los podemos alargar durante toda la vida. La voluntad es muy importante para alargar o acortar sentimientos.

La figura 1.1 es un modelo descriptivo de lo que son las emociones y sus elementos esenciales. Este cuadro ha sido recogido de Bisquerra (2009), donde se pueden encontrar más informaciones para profundizar sobre estos conceptos que aquí se presentan sucintamente.

Figura 1.1. Componentes de la emoción.

LA PREDISPOSICIÓN A LA ACCIÓN

Las emociones suelen impulsar hacia una forma definida de comportamiento, que técnicamente se denomina orexis. La expresión acuñada por Darwin para referirnos a la acción que acompaña las emociones es «fight or fly» (lucha o vuela). Estas son las dos respuestas típicas de la ira (ataque) y del miedo (huida). El comportamiento de lucha se da cuando se valora que estoy en condiciones de hacer frente a la situación, mientras que el comportamiento de huida es propio de cuando el peligro se valora como superior a las posibilidades de afrontarlo con éxito.

Cuando se dice que la emoción predispone a la acción, no significa que la acción tenga que darse necesariamente. Por ejemplo, me puedo sentir ofendido por el comentario de alguien y sentir una impulsividad a responder de forma violenta. Esta predisposición a la acción se puede regular de forma apropiada, aunque para ello hace falta aprendizaje y entrenamiento. Es decir, educación. Esto es muy importante, ya que la educación emocional tiene como uno de sus objetivos entrenar para dar respuestas apropiadas y no impulsivas.

La predisposición a la acción está influenciada por cuatro determinantes (Frijda, 2004):

1.Disponibilidad: debe haber un repertorio apropiado de posibilidades de acción disponibles.

2.Aceptabilidad: deben ser aceptables las posibilidades de acción.

3.Fortaleza: la emoción debe ser fuerte, para predisponer a una acción urgente e importante.

4.«Ojo social»: deben ser acciones que tengan apoyo o aprobación social. Si las acciones no cumplen este requisito es más probable que no se produzcan.

El último punto es particularmente importante, en cuanto las normas sociales determinan lo que está disponible y es aceptable y relevante. Es decir, la «significación normativa», formada por normas y valores, afecta en gran medida a la acción. La significación normativa» de Scherer (2001) equivale al «ojo social» de Frijda (2004); es decir, son formas distintas de referirnos al mismo fenómeno.

¿EMOCIÓN O EMOCIONES?

A veces se habla de emoción en particular, y otras de emociones en plural. La realidad es que existen muchas emociones, pero todas ellas se pueden englobar en el mismo patrón.

Siguiendo una cierta tradición, nos referiremos a la emoción, en singular, como un concepto genérico; y nos referiremos a las emociones, en plural, para referirnos al conjunto de las emociones discretas (ira, tristeza, alegría, etc.). El uso del lenguaje permite distinguir cuándo nos referimos a la emoción como concepto genérico, de cuándo nos referimos a una emoción en concreto.

LOS FENÓMENOS AFECTIVOS

La palabra «afecto» se utiliza como un gran paraguas que cobija a los fenómenos afectivos, entre los cuales están, principalmente, las emociones, sentimientos, estados emocionales y trastornos emocionales. El afecto incluye a todos ellos.

Hemos visto cómo los sentimientos son las emociones hechas conscientes, y como tales las podemos alargar en función de nuestra voluntad. Así pues, las emociones son de duración breve; pueden durar segundos, minutos, a veces horas y días, pero difícilmente una emoción dura semanas o meses. Entonces se entra en los sentimientos y en los estados de ánimo, que sí pueden durar semanas, meses, años e incluso toda la vida.

Los estados de ánimo son más vagos o imprecisos que las emociones agudas y suelen carecer de una provocación contextual inmediata. Se denominan estados de ánimo, estados de humor (mood) o estados emocionales. No tienen una motivación clara. A diferencia de una emoción o un sentimiento, en un estado de ánimo no tiene que haber necesariamente un objeto que lo provoque. Tal vez por esto suelen describirse más bien en términos generales: estoy deprimido, melancólico, eufórico, etc. Los estados de ánimo son de menos intensidad y de más duración que las emociones; pueden durar desde unas horas hasta varios meses. Las emociones reclaman una respuesta urgente; en cambio no es así en los estados de ánimo. Estos tienen que ver con las experiencias de la vida pasada que hacen que uno se sienta perturbado, triste, con una actitud positiva, etc.

Para poner unos ejemplos, podemos decir que el miedo es una emoción, mientras que la ansiedad es un estado de ánimo; la tristeza es una emoción, la depresión es un estado de ánimo; el enamoramiento es una emoción, el amor es un sentimiento. Pero en la práctica, para no tener que matizar en cada situación si se trata de una emoción, sentimiento, estado de ánimo o fenómeno afectivo en general, se abrevia con la palabra «emoción». Este es el criterio que seguimos en este texto, aunque en otros textos se utiliza la denominación de sentimientos o afectos.

En la medida en que un estado de ánimo negativo e intenso se alarga más allá de lo razonablemente aceptable, se puede convertir en un trastorno emocional. Hay muchos tipos de trastornos emocionales, siendo los más habituales los que tienen que ver con la ansiedad, el estrés y la depresión. La psicoterapia es esencialmente terapia emocional para estos trastornos.

Un episodio emocional