Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
La narcotización, el placer instantáneo y ser drogodependiente del ruido externo quizás esté bien para un rato. Estar poseído por tu teléfono, estar dentro de él, te aporta distracción y a su vez alejamiento evolutivo. Pero… ¿Qué hay de esa sed interna?, esa sed que no alivias abriendo el grifo de tu cocina. Hablemos de esas vorágines internas, de esos lodos emocionales, de miedos, de heridas enquistadas, para descubrir cómo surfear todas esas sensaciones y sentimientos, dejando caer los guantes de boxeo, el combate, la lucha contra nosotros, nosotras mismas y por ende contra el mundo que nos rodea. Si ya has sentido la gravedad que tiene una buena hostia, si te has cansado de traspasar cientos de suelos y estas en un lugar hondo, este libro te ha encontrado y te erizará hasta las pestañas. Es como esa prenda con la que liberan a Dobby en Harry Potter, por lo tanto, coge el libro, inicia la página y libérate. Tu equilibrio emocional puede estar más cerca que tu próxima respiración.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 200
Veröffentlichungsjahr: 2022
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Rocío Páez González
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1144-242-8
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
Nota de la autora
Me gustaría comenzar diciendo que para nada tengo la verdad absoluta, creo que nadie la tiene, aquí me expreso desde mi propia verdad, la experiencia, mi experiencia personal y a través de la observación constante al ser humano, más allá de cualquier papel titulado.
Para mí es un placer tener lectores escépticos que pongan en duda cada una de mis palabras y se atrevan a experimentarlo en sus propias carnes, en el día a día, que cuestionen y se cuestionen e investiguen cuánto de realidad hay en mis palabras, mi propósito aquí no es que nadie me crea, más bien todo lo contrario, no lo hagas, experimenta cada página de este libro. Habrá momentos en los que apartaremos la razón, la lógica para pararnos a sentir, a ver, a descubrir y, en definitiva a latir; a latir bien fuerte.
Solamente pido tres cosas: suelta cualquier tipo de juicio (al menos, hasta el final del libro). Mantén tu mente en modo paracaídas, bien abierta y atrévete a jugar, independientemente de la edad que tengas, porque hay cosas que no deberíamos haber perdido jamás.
Entonces…
¿Aceptas el reto?
SI
SI NO
En este primer apartado es posible que no entiendas nada hasta terminar el libro, es como la vida, un ciclo y vuelta a empezar.
Imagínate que, al leer este libro, no existiese la posibilidad de volver la página atrás. ¿Cuánta atención le pondrías?
1. SONÁMBULOS/AS TERRENALES
«En el camino a la verdad,
solo hay dos errores que uno puede cometer:
no seguir hasta el final
o no haber comenzado nunca».
BUDA.
.
Imaginemos que has pasado toda tu vida viviendo en un pequeño centro comercial poco común, tapiado, sin acceso a la calle, sin ventanas; no puedes ni sabes que existe un exterior, lo que sí existen son otras personas que están en tu misma situación, como las sombras y los ecos de la taberna de Platón.
Ese centro comercial es todo lo que conoces y has conocido jamás, es, de hecho, tu única realidad, tu propia vida. Pero estás conforme con estar aquí experimentando siempre la misma rutina, la misma zona de confort, viendo siempre las mismas personas cosas. Has llegado a creer, por tu experiencia, que esta es la única verdad, la única realidad que existe y tienes que aceptarla.
La mayoría de nosotros moriremos en este centro comercial si no cuestionamos que puede haber otras realidades, formas de vida y de vivir.
Un buen día, cansado de tu repetición constante de vida, de tu rutina diaria, vas caminando y decides sentarte en unas escaleras por donde no suele haber casi nunca nadie, te sientas allí a «desconectar» tu piloto automático, a conectar con el silencio y a estar un ratito a solas contigo mismo sin tanto exceso de ruido. Permaneces allí unas cuantas horas, desde esas escaleras observas prácticamente todo el centro comercial, comienzas a contemplar las prisas, el ruido, el agotamiento mental de las personas, la tristeza que hay en sus miradas, el cansancio, las prisas; mismas caras, situaciones repetitivas, el estrés. Todos en un bucle infinito haciendo, que no viviendo, un día más, un día casi tan idéntico al anterior. Esto empieza a generarte una emoción de tristeza, pero sigues con el modo ON bien encendido del observador y continúas mirándolo todo. Al fondo de las escaleras donde estás sentado visualizando ves que hay una puerta negra con un cartel que no alcanzas a ver, decides acercarte un poco y te das cuenta de que aquella puerta tiene varias cadenas gruesas con unos candados enormes y el cartel dice: «Prohibido el paso. Altamente peligroso» y en él se dibuja un esqueleto, parece algo así como electrizante, te da de todo menos buen rollo, pero comienzas a preguntarte qué habrá detrás de aquella puerta, qué guardara aquel lugar y el porqué de esas cerraduras, de ese peligro. Después de hacerte varias preguntas y de sentir curiosidad, te invade el miedo, te levantas de aquel lugar y te vas. Al día siguiente, vuelves de nuevo a aquellas escaleras, ese sitio, sin duda, te aporta tranquilidad, se está convirtiendo en tu lugar, te incita a estar contigo a solas, en silencio y observando; empiezas a cogerle gustillo. Finalmente, hoy decides acercarte un poco más a la puerta del peligro, de cerca, te das cuenta de que contiene arañazos y ralladuras por todas partes con la palabra «peligro». Sientes como el calor recorre todo tu cuerpo, de nuevo te invade el miedo a lo desconocido, pero, de repente, te percatas de algo: te das cuenta de que las cadenas (tus limitaciones) no tienen los candados cerrados, están todos completamente abiertos, eres libre de decidir, de descubrir lo que se esconde tras esa puerta y comienza un diálogo interno. Rápidamente, empiezas a cuestionarlo todo, una lluvia de preguntas te empapa hasta las sienes: «Si fuese tan peligroso los candados los mantendrían cerrados». Lleno de dudas, de incertidumbre, el miedo en formato pdf, que son tus pensamientos, te vuelve a vencer. Sin embargo, vuelves un día tras otro, hasta que te sientes fuerte y tus ganas de descubrir son más altas que tus miedos, entonces, ese día te levantas de esas escaleras con firmeza: vas a descubrir lo que guarda aquella puerta. Comienzas a quitar las cadenas, con miedo, claro que sí, no lo has dejado de sentir, solamente que ya no te limita, con una mezcla potente de emociones contradictorias. Finalmente, logras abrirla, lentamente y asustado, ves que hay un pasillo largo y, tal vez, un tanto oscuro. Lo miras dubitativo, pero avanzas de todos modos, recorres aquel pasillo, de momento no ha pasado nada grave. Al llegar al final, observas que hay una segunda puerta, pero, esta vez, las cadenas son más pequeñas (las limitaciones), solamente tienen un candado, el cual también permanece abierto. Te animas a ti mismo en voz baja, diciéndote: «Ya he avanzado hasta aquí, tengo que continuar», así que le echas de nuevo valor y decides atravesar tus obstáculos, traspasando esa segunda puerta.
¡No puedes creer lo que estás viendo! Y sintiendo, a su vez. Estás en la azotea del centro comercial, de tu única vida y realidad hasta ahora. El aire acaricia tu piel, ves el cielo, nubes, pájaros volando todo por primera vez; árboles, coches, caras nuevas, perros jugando en un precioso parque que ves a tu izquierda. Respiras el aire puro, todo te envuelve, te emocionas, te sientes fascinado con todo lo que te rodea, tus cinco sentidos están exaltados; te cuesta creerte esta realidad. De repente, en la otra punta de la azotea ves un grupo de personas, te acercas despacito, descolocado y medio escondido. Uno de ellos se da cuenta de tu presencia y te invita a acercarte.
—¡Tranquilo, no tengas miedo! —exclama
Asustado te acercas muy despacio y una chica pelirroja te da la bienvenida amablemente.
—¿Qué tal? Mi nombre es Bianka. ¿Asustado? ¿Es tu primer día?
Pero tú aún estas paralizado, exhausto y eres incapaz de pronunciar palabra. Ella prosigue.
—Nosotros salimos hace unos meses de otro centro comercial y venimos de vez en cuando a ayudar a otras personas, a acompañarlas y aportarles comprensión en su proceso de despertar cuando salen del centro comercial, de esa realidad paralela de la que venimos.
»Existen tres centros que están juntos, pero que no se comunican entre sí, los centros comerciales son estos tres edificios de los que venimos, creyéndonos durante años y años que eso era la vida y, por ende, toda la existencia.
—Apenas sé muy bien qué es un edificio, ni un centro comercial exactamente, pero ¿nos han encerrado todo este tiempo y nos han manipulado? Repitiendo día tras día las mismas cosas, los mismos errores…
—Bianka: entiendo cómo te sientes, todos los que salimos pasamos por un sinfín de sensaciones, pero piensa que, al menos, tú estás aquí y ahora, a punto de descubrir infinidad de oportunidades, otra manera de vivir.
»En realidad, las puertas siempre estuvieron abiertas, aunque reconocemos que, si existe una manipulación detrás y nos infunden el miedo con el cartel de aquella puerta, etc. La mayoría de las personas que estamos hoy aquí es por que tocamos fondo, cuestionándonos si esto que vivíamos lo era todo, por eso hemos logrado romper nuestras barreras, por eso cruzamos esa puerta a pesar del miedo que todos experimentamos, pero lo hemos logrado, hemos vencido nuestros propios límites. En realidad, salimos muchas más personas de aquí, pero algunas volvieron al centro comercial negando lo que vieron, aferrándose a esa realidad que tan bien conocemos, convenciéndose de que eso es su casa, la vida.
—Pero ¿Por qué iba a querer alguien volver a aquella mentira, a aquel encierro?
—Bueno… algunos prefieren lo conocido, la zona falsa de seguridad, otros fueron paralizados por el miedo y no podían, ni querían creer que eso estuviese pasando en realidad; otros fueron dentro, llenos de gozo a compartir su vivencia sobre este mundo, pero muchos, por el motivo que fuese, no volvieron a salir; a otros no se les creyó, simplemente les trataron dentro como unos tarados mentales (locos). Algunos creyeron que por cruzar aquella puerta habían enfermado mentalmente y así otros tantos dedujeron que cruzar aquella puerta era muy peligroso.
»Y tú ¿estás preparado para inyectarte dosis de vida? ¡Dale! Te enseñaremos cómo funcionan los semáforos, los pasos de peatones, los parques, los animales, las plantas y muchísimas cosas que no habrás visto jamás.
—Sí, pero, antes de nada, me gustaría avisar a mi familia y amigos de todo esto, merecen saber lo que está pasando ahí dentro.
—Haz lo que te nazca hacer siempre, pero he de decirte que, si vuelves dentro, cabe la posibilidad de que no te crean, te intenten hacer sentir como un loco o, incluso, algún miembro de tu familia puede que ya lo haya experimentado o escuchado hablar de ello, aunque no siempre se tiene la valentía o fortaleza de continuar en este camino. Lo más probable es que te intenten proteger a su manera, claro está, pensando en que lo hacen por ti y quizás un poco también por su miedo a perderte… Ya sabes, como te dije antes, otros te hablarán del peligro, pero ya has dado el primer paso y el más difícil de todos, ahora la decisión siempre la tienes que tomar tú y si, por el contrario, decides acompañarnos, estaremos encantados de que así sea, te seguiré contando por el camino.
—De acuerdo, Bianka, pero ¿cómo bajaremos de este techo?
Bianka sonrió.
—Tranquilo, hay unas escaleras de emergencia justo en aquel lateral del edificio. —Señaló—. El miedo de salir del centro comercial es terrible, el pensamiento de quitar todas esas cadenas, enfrentarte a tus limitaciones y cruzar aquella puerta va en contra de todo lo que te han enseñado. El centro no ha cambiado, aunque tú sí, de una forma que ya notas, pero aún no comprendes. Es un proceso, un aprendizaje y también cuestión de tiempo, de lo que estoy segura es de que encontrarás todas esas respuestas de un modo u otro.
»Algunas personas llegaron hasta el pasillo y en la segunda puerta retrocedieron, otras tantas se quedaron en la primera y también están los que salieron y volvieron a entrar; igualmente están los que no salieron jamás, estas suelen ser las que juzgan y no creen para nada que esto pueda ser posible y, por último, las que salen y entran de vez en cuando.
»Al final todo es tan nuevo, tan extraño, tan «irreal», tan difícil de comprender que, por un momento, siempre cabe la duda de volver a tu centro, a esa realidad que tan bien conoces. Mientras estabas dentro, jamás pensaste en la idea de cambiar las cosas, no sabias que fuese posible otra realidad, ahora resulta una idea interesante y de la que solo quieres saber más y más.
»Déjame darte un consejo: todos, en algún momento, pasamos por alto o no nos dimos cuenta a causa de esta excitación emocional que nos produce todo esto, así que escúchame bien, por mucho que te guste lo que estás descubriendo y esta nueva forma de vida, no debes imponer ni obligar a nadie a que salga del centro comercial. Por supuesto que podrás compartirlo, sin permitir que te afecte ninguno de sus comentarios ni juicios, ya que tampoco serán muy objetivos con algo que ellos no han experimentado.
Bajando ya por las escaleras de emergencia, escucháis a lo lejos otra persona que recién acaba de salir del centro y como le dicen: «Tranquila, eso del centro no era tu realidad, tú tienes el poder de cambiarla, nosotros te apoyaremos, te acompañaremos y ayudaremos a mostrarte a hacerlo. Solo observa tu mente, silénciala, ponla en modo avión para poder conocerla en profundidad».
Entre tanta confusión se te ocurre que, por primera vez en tu vida, puedes elegir qué hacer después, lo sientes como algo que intriga y, a su vez, asusta, aunque quizás menos que el momento de atravesar ese pasillo en la oscuridad.
Acabas de dar el primer paso.
Creo que no hace falta explicar que esto es una especie de metáfora, pero que, gracias al autoconocimiento e indagar en la introspección, la conciencia, el ego, cuestionarnos la existencia humana, tocar bien hondo, tanto que has traspasado millones de suelos sintiendo la gravedad que tiene una buena hostia, ahora lo que toca es ser catadores de nuestro propio mundo interior, para descubrir y conocer cómo de grandes o de calmas son nuestras olas en forma de mierda internas. Podremos experimentar otra realidad aparte de la que ya conocemos, advirtiendo el despertar de conciencia o espiritual (como prefieras llamarlo), la verdad que es una sensación tan plena, tan llena de gozo, profunda, de paz, de aceptación, amor y tranquilidad. Yo la resumo en el escalofrío de un orgasmo constante que te enseña lo importante que es saber gestionar y lidiar tus emociones y a estar en coherencia con tu mente, cuerpo, corazón, haciendo que tus pensamientos, emociones, palabras y acciones vayan en equipo en una misma dirección, siendo coherentes; merece la pena experimentarlo (o, más bien, la alegría) y es una sensación tan parecida a la de salir del centro comercial
Cada vez más y más personas estamos dejando atrás ese centro, dejando de ser sonámbulos terrenales y despertando cada mañana más cerquita de nosotros mismos.
Me gustaría recalcar y, por supuesto, respetando toda creencia que, para mí la espiritualidad (que más adelante hablaremos de ella) no tiene nada que ver con religión, ni con la Iglesia o con un Dios al que alabar o del cual hay que tener en forma de cerámica en nuestra mesita de noche, ese Dios que nos venden en las misas de los domingos (sin tener nada en contra ni de la cerámica ni de ese Dios).
Empecemos a facilitarnos la forma de vivir, estamos muy conectados a internet y muy desconectados de nosotros mismos
Al terminar el libro, y solo si has realizado todas las prácticas, vuelve a leer de nuevo el principio, hasta este punto y hazte esta pregunta: ¿qué sientes ahora?
«Los seres humanos se han preguntado siempre si existe algo transcendental, mucho más real que la existencia cotidiana. Pero al no ser capaces de descubrirlo, han adorado a un símbolo».
CRISHNAMURTI.
2. INCONSCIENTES DE LA CONCIENCIA
«Hasta que el inconsciente
no se haga consciente,
el subconsciente
seguirá dirigiendo tu vida
y tú lo llamarás destino».
CARL GUSTAV JUNG (psicólogo/psiquiatra)
.
Está comprobado científicamente que nuestro cerebro procesa aproximadamente 60 000 pensamientos diarios y el 80 % de estos suelen ser negativos, repetitivos y del pasado.
Solo cuando somos conscientes de algo, podemos cambiarlo, mejorarlo; modificarlo. ¿Cómo podríamos cambiar algo que no sabemos? De lo que no tenemos consciencia. ¿Difícilmente? Apuesto a que sí. ¿Sabías que del 100 % de nuestra capacidad cerebral solamente utilizamos un 5 % de forma consciente? Repito:
SOLO UN 5 %. El 95 % RESTANTE ES INCONSCIENTE.
Está comprobado también que lo que genera una emoción es siempre un pensamiento y, como hablábamos anteriormente, muy pocas veces somos plenamente conscientes de qué o cuál es ese pensamiento que nos ha generado dicha emoción, por lo cual, el inconsciente gobierna, reina tanto nuestros pensamientos como nuestras emociones e incluso, en cierto modo, una gran parte de nuestras vivencias, ya que la mente nunca descansa, no deja de pensar, ni de acumular información, ni siquiera cuando estamos durmiendo plácidamente, porque el subconsciente seguirá escuchando la televisión si duermes con ella encendida, por eso es tan importante saber (al menos para mí) qué alimentos le estamos proporcionando a esta y dejar de tener ese sobrepeso mental, ver qué tipos de programas, series etc. consumes en modo drogodependiente en la televisión, qué música escuchas y de qué habla. A veces, cuando nos sentimos tristes y elegimos escuchar música un poco dramática, solemos acabar como bichos bola en la cama. También es importante revisar las conversaciones que tienes, si estas te nutren o, por el contrario, te intoxican, qué sueles leer; lo primero y último que haces en tu día, con qué animo te acuestas y te levantas da mucha información sobre cómo estás interiormente. Tampoco es lo mismo irte a dormir escuchando las noticias, en las que aparecen penas, agresiones, injusticias, muertes, violaciones, consumo etcétera o que lo hagas pensando en todo lo que tienes que hacer mañana. Deja que el día suceda, deja de vivir por adelantado, prueba a finalizar el día con una meditación, goza con no tener nada que hacer ni que pensar y prepárate para cerrar el día, para dormir; empieza a levantarte con una sensación distinta. Desintoxícate de la televisión, aunque sea un par de meses, te darás cuenta de que, muchas veces, te venden paraguas en el desierto y, de algún modo, te lo instalan en el disco duro de tu cabeza, una noticia negativa siempre vende más que una positiva, además, si les importáramos de verdad no pasarían sin escrúpulos de un drama serio a anunciar la última tecnología en cuestión de segundos, la misma noticia no te la cuentan del mismo modo en un canal que en otro, al igual que hay diferencias de un periódico a otro; mismos perros, distintos collares. No te identifiques con la verdad que quieren hacerte creer. Reflexiónalo, haz dieta en televisión o elige muy bien tus canales y mira si hay cambios internos, nada es obligatorio, pero si estás leyendo este libro seguramente es por que buscas que algo cambie y qué mejor manera de dar ejemplo que empezar cambiando tu.
Y para cambiar puedes empezar así, eligiendo conscientemente el alimento de tu mente, dejando de ensuciar y culpabilizar los lunes como el día oscuro de la semana, no es el lunes, es que no te gusta tu trabajo o quizás tu vida, no esperes las vacaciones de verano para ser feliz, para vivir, para darte descanso, placer, deja de dar por hecho que sabes con certeza lo que te depara el día de mañana porque la vida es incierta y un día es una vida en miniatura, pero, aun así, seguimos esperando un año entero para escapar y salir de ruedas, con ansia de nuestra realidad, diciéndonos y creyéndonos que desconectamos con las vacaciones porque no somos capaces de permitirnos salir de vez en cuando de la rutina o de dedicarnos una, dos o tres horas de las veinticuatro que existen en el día. Dejar de mentirnos estaría muy bien para comenzar de nuevo, no se trata de desconectar, más bien de conectar, con uno mismo, con lo que nos gusta hacer. Si aún no lo has olvidado, no es lo mismo estar en la vida que vivirla, ¿verdad? Es muy loco que, a veces, esperemos que una enfermedad nos duerma de una hostia la mejilla izquierda para volver a valorar la vida. No sé tú, pero no estoy dispuesta a esperar que eso pase. Empecemos a dar valor a lo importante, estoy convencida de que, si ahora te cortaran el brazo, un dedo o una pierna verías la utilidad que tenía en tu vida, ¡ahora que te falta! Dale provecho, recorre toda tu ciudad, deja de sufrir por aquello que crees que necesitas, pero que no precisas.
¿Dices que te has levantado con el pie izquierdo cuando el día no va como tu querrías? Ahora ya no es un día de la semana oscuro, ahora es que un pie es mejor que el otro, y tu pie tiene el poder de cambiarte el día. Dejemos de fingir, de excusarnos, y miremos la verdad de cara, pero no de cara a la pared, si no de verdad, de frente y con los ojos bien abiertos. ¿Qué pensamientos se están generando ahí dentro de tu cabeza? Tu sentir y tu actitud te están dando pistas, haz una yincana con ellas, ahora solo tienes que pararte a observarlas, incluso puedes mantener un diálogo interno, hazte tu amigo, es increíble que pasemos veinticuatro horas al día con nosotros mismos y no sepamos quiénes y cómo somos. Deja de olvidarte, eres la única persona segura con la que estarás el resto de tu vida, empieza a serte fiel, comienza haciéndote preguntas fáciles y, con el tiempo, verás cuántas malas pasadas te ha dado la inconsciencia y el no poner atención a lo que se mueve dentro de tu cabeza. Puedes preguntarte: «¿Qué estoy pensando?» o: «¿Qué me está generando esta emoción?». Presta atención e identifica cuál o cómo es esa emoción te dará más preguntas, pero también las respuestas y la comprensión que buscas desesperadamente con el estímulo exterior. En esta primera pregunta, tu mente se aquietara unos segundos, no identificarás ningún pensamiento por unos segundos (haz la prueba), ya que estás prestando atención, al principio puede costarte un poco mantenerla plena en tus pensamientos. No te preocupes, tu mente siempre va a estar pensando, yéndose constantemente de una situación a otra, solamente tienes que darte cuenta cuando aparezcan pensamientos y observar, observar y observar.
Si quieres hacer la prueba de cómo tus pensamientos generan emociones, simplemente imagina un escenario que te resulte agradable, placentero, de calidad. Crea algo que te gustaría vivir o estar haciendo en estos momentos, incluso ayúdate con alguna herramienta extra: si te imaginas en la playa, por ejemplo, ponte el sonido de mar de fondo, facilítate la experiencia.
Te recomiendo que leas o busques por tu cuenta información sobre la programación neurolingüística (PNL), he de decir que, aunque esta técnica no está aprobada de momento científicamente, yo la veo un poco como la luz, ¿la luz de tu casa no existe solamente porque no ves el recorrido? No trato de convencerte, mira a través de tu experiencia, luego decide por ti mismo.
