Por pena crucifiqué mi corazón - Donan - E-Book

Por pena crucifiqué mi corazón E-Book

Donan

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Beschreibung

POR PENA, CRUCIFIQUÉ MI CORAZÓN es una novela en la que Donan, una joven de Benín, viviendo en Las Palmas de Gran Canaria, relata tanto las dificultades confrontadas en la realización de su primer viaje a España como las que tuvo que enfrentarse cuando el amor tocó a su puerta. Un amor surgido de la pena y la consideración. Un amor que fue consumiendo y aplastando tanto su personalidad como su bienestar como ser humano.

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Seitenzahl: 80

Veröffentlichungsjahr: 2022

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Donan

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Ana Castañeda

ISBN: 978-84-1144-341-8

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

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Lo que no te mata, te hace más fuerte.

(Proverbio español).

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Dedicatorias

A Dios por rescatarme, abrazándome el alma y seguir en la primera línea de mi vida.

Al fruto más dulce que brotó de aquel árbol amargo que un día dejé enraizarse en mi vida.

A mi padre por preguntarme aquel día la verdadera pregunta.

A mi madre por aquel reflejo translúcido de no dejarme ir tan pronto, aquel reflejo de toda madre africana cuando sus hijas abandonaban la casa familiar por culpa del amor.

A mis hermanos y hermanas del otro lado del océano atlántico que, con ilusión, esperan verme pronto.

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Agradecimientos

A la asociación AUNAR por apoyarme en lo necesario, y por darme la oportunidad de estar en un sitio donde no tenía derecho de estar.

A todas las personas que oraron pormí en secreto,a todas que un día sus ojos me miraron y sus bocas soplaron palabras de cariño y de bendición en las profundidades del silencio y que de algún modo dejaron huellas.

CAPÍTULO I: EL BEBÉ AL BIBERÓN

Aquel día del año 2016, oí mi nombre desde el micrófono del establecimiento que compuse mi examen de bachillerato, casi se me para el corazón al oír mi número de matrícula. Por lo visto habían saltado el de una amiga mía cuyo nombre se figuraba delante de mi apellido.

Me entró un escalofrío, en vez de saltar y regocijarme como toda novata de la universidad, me entró una sensación agridulce no solo por esa amiga que suspendió, sino por el entorno en que me encontraba. Saltaba y se regocijaban unos, mientras en la cara de otras se podía percibir la sombra de la muerte. Volví a casa, pero el ambiente no era nada comparable al que regresaba, mis hermanos y hermanas me abrazaban con una cara de orgullo y de alegría, mi padre era lo más, no sabía dónde ponerse, por ser tímido no bailó. En cuanto a mi madre, era todo lo contrario a mi padre, era más espontánea, rápidamente se arrodilló y como digna hija de Dios miró al cielo y dio las gracias a lo que según todo cristiano era el culpable de toda victoria y hacedor de caminos.

Era la primera hija de la familia que iba a pisar la universidad, mi padre estaba orgulloso de mí, y mi madre, aunque no entendía mucho de lo que era la universidad, bastaba que mi padre se acercase a ella, susurrando a su oído la palabra clave y ya podía empezar y se podía admirar el espectáculo de danza de la victoria como si hubiera tomado unas copitas del famoso chinchón; era como si ganase la primitiva. Bastaba ver tu estado de salud para recomendarte las hierbas medicinales adecuadas a tu estado. Era una mujer increíblemente inteligente, con una dosis de analfabetismo según la sociedad en la que vivíamos.

«Bienvenue dans la cours des grands»,me dijo mi hermano Franca, lo que significa«bienvenido en el mundo de los mayores».Era un todo veterano de la universidad, cuando iba y venía de la universidad contándonos su día, aquello daba envidia, pero a la vez coraje.

Esa palabra entró en mi mente y me daba una sensación de logro personal y de superación, me acomodé en esas palabras, como comúnmente se suele decir en francés,«après l’éffort, c’est le récomfort»,«después del esfuerzo, viene la comodidad». Aquello me resultaba ser la hija del rey, que me iban a fregar la copa, llenarlo de vino tinto llevándomela a la boca y velar a que mi cuerpo aproveche todo beneficios que se encontraba en aquel vino.

Como una niña ilusionada por Navidad, oyendo que los Reyes están en camino para traer los regalos, me desperté a las 6 de la mañana y me vestí para coger elzemidjan,una especie de moto taxi, que es un tipo de transporte informal que llena los vacíos del deficiente de los taxis y transporte públicos, llevaban obligatoriamente una camiseta amarilla, y algunos llevan cascos y otros no. Circulaban en todos los rincones de la ciudad de Cotonú, donde vivíamos yo y mi familia. Sin regatear me subí por nervios y me bajé a la estación de autobús para coger lo que llamamostokpa-tokpaen nuestra lengua tradicional, que son autobuses que permitían a la gente gastar poco para ir en un lugar lejano de la ciudad. Nos metíamos como si fuéramos sardinitas, era algo poco acogedor y a veces sin ventana y sin aire acondicionado, pero por lo menos hacía su trabajo.

Al llegar en la universidad, además del cambio del color de la tierra, que era rojo, me sorprendió la larga cola de la matrícula que me esperaba, era casi unos 3 kilómetros, aquello me parecía el Camino de Santiago, me entró un suspiro y me pregunté que si las últimas personas de esa cola tenían la esperanza de matricularse en ese mismo día, la pobreza tenía que empezar a recoger sus cohetes y desaparecer del continente y del mundo sin rastro porque sigue habiendo gente con esperanza sin límite.

Viendo esas colas, me sabía a locura, pero a la vez me bajaba de las nubes en que estaba curando y madurando mi mentalidad embrionaria. El mundo en que me encontraba no tenía las copas enteradas a miles de profundidades y que había que excavar bastante para cogerlos, ni agua había para que fuera posible el vino tinto que me sabía las palabras de mi hermano Franca.

Frente a este caos, en mi mirada se podía apreciar la impotencia y la desolación, mirando el principio y el fin de la cola que ni siquiera estaba muy al alcance mío, me marché de este lugar, que me inspiraba un pesimismo y fracaso.

Al día siguiente, pensando que había aprendido la lección, aparecí en el campus a las 07:30, media hora antes que abren la institución que se encargaba de la matrícula, pero el menú era lo mismo. En un momento pensé en dejar la toalla, me entraba un desánimo por cada cabeza que veía, aquello era frustrante y anormal. Y una vezmás volví a casa como un soldado que no solo había perdido la guerra y a sus amigos, sino también su alma en ella.

Al igual que resucitó Cristo Jesús el tercer día, aquel miércoles era mi día, este tercer día en el mundo de los grandes tenía que ser el día en que tenía que morir todo desánimo y pesimismo dejando sitio a la resurrección de todo lo que abarcaba el optimismo, y sobre todo la ilusión de niña que flotaba en mi cabeza cuando pensaba en la universidad.

Aquel día por comodidad y por otras cosas, me puse unos pantalones de tela, uno barato que compré en el mercado deDantokpasituado a unos 6 kilómetros de casapara resistir lo que fuera posible. Tardé casi 3 horas en la cola turnándome entre pie y glúteos, cuando las piernas enviaban el mensaje de socorro a mis neuronas, me sentaba sobre un ladrillo que había visto por suerte para aliviar el sufrimiento de las piernas había muchos ejemplares de ladrillos, este sitio al anochecer con tanto ladrillo, parecía a una tierra de la civilización antigua recientemente descubierto. El sufrimiento tanto de mi pierna como de mis glúteos no era comparable a un gimnasio, ni tampoco a una prueba de acceso a la universidad en chino.

Al fin y al cabo, conseguí matricularme, con aquel logro, me sentía como mi madre cuando bailaba de alegría al tener yo el bachillerato. Había formado en mí un cambio mental de urgencia y sobre todo una nueva personalidad dejándome claro que a los que madrugan Dios les ayuda.

Para regresar a casa, por casualidad, tropecé sobre una conversación de dos estudiantes en que la información me concernía también a mí; era una noticia de alivio para mí, ya que me pegué tres días yendo y viniendo en un autobús de desesperanza y por fin los autobuses de la universidad habían empezado a funcionar. Había que pagar tan solo 100 francos CFA para viajar del infierno al paraíso o por lo menos eso creía. Al llegar en la parada de autobuses, me fui a comprar eltickety a mi vuelta ya se alineaba cada cabeza detrás de otra con elticketa mano como los soldados del ejército con sus armas, no se oía ni siquiera ruido del motor del autobús. Aquello me sonaba a guerra, una guerra en que tenía que luchar contra mi antiguo yo, tenía que ponerme las pilas y llevar otras de recambio porque lo iba a necesitar y mucho. Me metí en la cola como todo soldado preparado para luchar y volver a casa con vida.