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Es el segundo poemario publicado de Graciela Saralegui, cuando la autora contaba con veinticuatro años. La treintena de poemas de «Potros enlazados» retoman los motivos y obsesiones de los poemarios anteriores: el mar, la vegetación, el amor apasionado…
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Seitenzahl: 26
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Graciela Saralegui
Saga
Potros enlazados
Copyright © 1949, 2021 SAGA Egmont
All rights reserved
ISBN: 9788726641585
1st ebook edition
Format: EPUB 3.0
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This work is republished as a historical document. It contains contemporary use of language.
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Saga Egmont - a part of Egmont, www.egmont.com
Eran mis potros locos que galopaban
en la selva de escarchas y de soles.
Eran mis potros locos, los que bebían
la savia de los árboles,
y ebrios de lunas y de madrugadas
se hundían en los brazos de río de mis montes.
Pero llegó una tarde, apagada en luceros,
y prendida en dolores,
que mil cuerdas de viento enlazaron mis potros,
doblegando sus cuellos de mimbres cimbreadores.
Nunca más han podido desatarse los nudos.
Los tiraron al suelo, como troncos partidos
en el medio del bosque.
Y se han quedado rígidos, torturados, sedientos,
con los ojos clavados para siempre en la noche.
(Para Alvaro Milburn Leindekar)
Vendabal de silencios
anudaron tus manos
de caricias, nacidas
para seguir viviendo. . .
Y en tus ojos de río
varonil y profundo,
se abrieron como flores
cicatrices de cielo. . .
Para ti, las distancias
más lejanas y osadas
eran dedos de bronce
que apretaban tus nervios;
y una tarde cualquiera
con la vida en las manos,
emprendiste una marcha
que no tuvo regreso. . .
Jugaste en viento verde
tu derecho a la vida,
y tu propio juguete
traicionó tu secreto,
de saberte el seguro
vencedor de imposibles,
imposibles que nacen
y que mueren a un tiempo. . .
Matorrales de cantos,
que tu pelo enredaban,
hincados en el aire
lloran porque no has vuelto
y ven morir canciones
de sol, que en tus cabellos
trataban de besarse,
levantándose al viento. . .
Hay un espacio grande
que se quedó en tinieblas,
y que nunca en la vida
tendrá luces de nuevo. . .
Muchas veces soñabas
por alcanzar estrellas,
pero nunca pensaste
que serías un lucero. . .
Y hoy ocupas un sitio
que interrumpe la noche,
grande como mi pena,
y alto como tu cielo. . .
Tus pupilas de río
empapados de luna,
achicando distancias
con la brisa partieron,
a formar una estrella
que tuviera luz propia,
y que siempre alumbrara
los caminos inciertos. . .
No te ofrezco mi llanto
porque se que las lágrimas
son pequeños cristales
que hace trizas el viento.
Pero se que en tu estrella
guardarás para siempre
la ternura infinita
que se encuentra en los rezos,
el dolor de las almas
que te quieren de vuelta,
y la cierta esperanza
de tener un encuentro. . .
Te siento por doquiera que voy.
Me invades siempre, como invaden las luces cuando
