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Descubre Presiento, una novela que te llevará a un viaje emocional único. La protagonista comparte su experiencia respecto a una ruptura amorosa que desafía su resistencia y fuerza interior, sumergiéndose en la soledad y la tristeza. A través de este relato inspirador aprenderás valiosas lecciones sobre la superación de la pérdida y la depresión, obteniendo herramientas poderosas para enfrentar los desafíos emocionales.
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Seitenzahl: 76
Veröffentlichungsjahr: 2023
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PRESIENTO © 2023, Adolfo Villalón Sandoval ISBN: 9789564062181 eISBN: 9789564063058 Primera edición: Septiembre 2023 Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida ni en todo ni en parte, tampoco registrada o trasmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mediante mecanismo fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo escrito por el autor.
Trayecto Editorial Editora: Constanza Fernández Navarro Ilustración portada: Luis Naranjo Diseño portada y diagramación: David Cabrera Corrales Dr. Sótero del Río 326 of 1003, Santiago de Chilewww.trayecto.cl +56 2 2929 4925
Imprenta: Donnebaum Impreso en Chile/Printed in Chile
Queridos lectores:
Es con gran emoción que presentamos Presiento, la primera novela de Adolfo Villalón Sandoval, un talentoso psicólogo y artista chileno. En esta cautivadora obra el autor nos sumerge en las profundidades del duelo, explorando las emociones y los caminos inesperados que se presentan en el proceso de pérdida.
Adolfo Villalón Sandoval ha destacado en su carrera como docente universitario y psicoterapeuta, brindando apoyo a aquellos que atraviesan momentos difíciles. Además, su proyecto musical “Los Necesarios” ha alcanzado reconocimiento internacional durante más de tres años. La banda de género pop rock utiliza su arte para prevenir la depresión y el suicidio, demostrando así su compromiso con el bienestar emocional.
En Presiento, Galatea, una joven oriunda de Tiltil, se enfrenta a su primera y devastadora pérdida amorosa: su separación con Miguel Ángel. A lo largo de esta conmovedora historia, Galatea nos lleva de la mano a través de su viaje personal, teñido de emociones impredecibles y dudas humanas, mientras busca encontrar su camino hacia la sanación.
Agradecemos a la editorial Trayecto Comunicaciones por su valiosa contribución en la publicación de esta obra literaria. Su compromiso con la calidad y la difusión de la literatura nos ha permitido llevar esta historia a sus manos, esperando que toque sus corazones de la misma manera que lo hizo con el nuestro.
Deseamos que Presiento: entre la sombra del duelo, sea una experiencia literaria enriquecedora, que los lectores encuentren consuelo y esperanza en las páginas que les aguardan.
Acompañen a Galatea en su travesía hacia la reconstrucción emocional y descubran junto a ella las inquietantes verdades que se esconden tras sus presentimientos.
¿Sería importante decir quién soy? Me precede una historia y ¿me determina un futuro? No lo sé, entiendo que me he construido en cuanto a personalidad con el discurso de mis padres, amigos y la sociedad, con la cual me identifico y vivo. Pero ¿quién soy? Parto por lo básico, al menos para mí de eso se trata esto.
Hablar de lo básico, mis emociones.
Es primera vez que te escribo y ya tengo cariño por ti, diario, ¿sabes cuáles son las emociones básicas de un ser humano?… Creo que no, y bueno, si las sabes, permíteme recordarlas. Las emociones básicas de todo ser humano son miedo, tristeza, ira, alegría, sorpresa y asco.
Ahora bien, y siendo honesta, empecé a escribir por una de ellas, la tristeza. Es curioso que una palabra te lleve a un acto humano como el de suspirar; el solo hecho de leer esa palabra me arrastra a un sentir en el cuerpo, como algo que lo recorriera. Es loco, ¿verdad?, una emoción se puede encarnar en nuestro cuerpo o incluso en nuestra alma. Y pues para mí fue esta emoción la que me llevo a crearte.
Tu existencia, diario, es una forma de empapar mis pensamientos y emociones más profundas sin miedo a ser juzgada o rechazada.
Me gustaría entender bien lo que es el dolor, me gustaría que me hubiesen enseñado en el colegio que es importante cuidar mis sentimientos, pero no me advirtieron o yo me perdí esa clase donde te dicen que si confías en un amigo, te puede lastimar, y lo mismo se replica con cada uno de los seres que colocas en tu vida o que la vida te entregan. No me enseñaron que el amor y el dolor van de la mano… solo ahora que estoy de cara frente al dolor es cuando vengo a caer en cuenta de esta verdad.
¿Cómo puedo saber quién soy si nunca había enfrentado este sentimiento de frente? Si nacemos con estas emociones, es importante que antes de enamorarme de un otro me hubiese enamorado de mí, qué básico, fui tan tonta, hasta rabia me da conmigo, pero pienso ¿quién soy?
Cuando me pregunto “¿quién soy?”, es súper complejo dar con una respuesta de buenas a primeras. Es curioso pensarlo, pero ¿por qué no tuvimos voz y voto a la hora de ser traídos a este mundo? Nos quedamos evaluando la familia, el país y el momento justo en el que nacimos. Pues si este es el caso, la primera respuesta sobre ¿quién soy?, es que soy hija, profesora, mamá gatuna y perruna. En cada uno de esos títulos están puestas las emociones, qué complejo,
Soy hija de don Eleazar Palacios y doña Noemí Pérez, dos personas que, como todos, combaten con sus propios fantasmas internos día a día, pero debo decir que siempre han estado a mi lado, en las buenas y en las malas. Sin embargo, soy yo quien se aleja de ellos cuando he estado combatiendo con la pena, pero no me adelantaré. Sin duda lo mejor de ser su hija es que les estaré eternamente agradecida por haberme regalado la vida y por haberme criado para ser la mujer de hoy.
Cada vez que pienso en el recuerdo de mi padre, un calor se extiende por todo mi cuerpo. Siempre fue el ser de luz más sensible de mi vida y, como a mí, le costaba expresarse con palabras. Pero eso nunca me impidió admirarle desde mi primer recuerdo. Su sonrisa podía iluminar una habitación y llenar mi alma de alegría. Incluso hoy, cuando enseño a mis niños y hablamos de las emociones, lo recuerdo. Por otro lado, es difícil olvidar los recuerdos que tengo con mi madre Noemí. Siempre ha sido una persona especial en mi vida, pero no siempre ha sido fácil. Su constante preocupación por sus propias necesidades ha dejado a veces poco espacio para los demás. Sin embargo, su naturaleza perfeccionista y su sentido de la responsabilidad son rasgos que admiro. A pesar de las dificultades, aprecio los recuerdos que hemos tenido juntas y las lecciones que me ha enseñado a lo largo del camino.
Entonces, ser hija me ha llevado a contar mi historia, y para ello debo partir por lo básico. Mi nombre. Soy Galatea Palacios y tengo treinta años. Vivo en Tiltil, una pequeña ciudad a las afueras de Santiago. Es un lugar precioso y la gente siempre me pregunta dónde está. A veces siento que vivo en un mundo secreto. Comparto mi hogar con mis compañeros peludos, un perro y dos gatos, que han estado conmigo en todo. Me conocen mejor que nadie.
Cuando no estoy trabajando con mis niños, me encanta bailar y escuchar música. También soy una gran cinéfila. Pero a pesar de mi personalidad extrovertida, me cuesta ser vulnerable y expresarme. A veces tengo la sensación de que las palabras se me atascan en la garganta, por eso pongo todo mi corazón en mi trabajo, porque es donde realmente puedo ser yo misma.
Estudié pedagogía y me gusta mi trabajo, pero mi pasión era, o es… la verdad, no lo sé; la danza. Siempre me ha gustado bailar. Cuando era niña, mis padres me decían La Perinola. ¿Sabes qué es eso? La verdad, yo no; me lo imagino como algo que da vueltas sin parar.
Siempre me ha gustado vivir, me considero una mujer alegre, con pocos amigos, pero buena. Sin embargo, últimamente he estado luchando con mi autoestima. Es como si todas esas cosas que antes me encantaban de mí misma ya no importaran. Pero escribirlo me hace darme cuenta de que amarme a mí misma todavía es posible, incluso con todos los cambios en mi cuerpo. Es un trabajo en curso, pero sé que al final lo conseguiré.
A decir verdad, tú, diario, me estás permitiendo ordenar mis emociones. Me estás ayudado a ordenar el caos de mi cabeza. Podría contarte sobre mis luchas con el peso, mis inseguridades sobre mi aspecto físico y cómo me sentía como un conejo come lechugas en el gimnasio. Pero a una cosa nunca le doy importancia, mi tristeza.
Durante mucho tiempo pensé que solo era yo la que estaba triste. No fue hasta mucho después cuando me di cuenta que era mucho más serio que eso. La depresión es una bestia que puede consumirte durante meses o incluso años.
No es sólo la falta de energía, sino el sentimiento de desesperanza que la acompaña. He pasado por momentos en que he sentido que no hay salida, que no hay forma de volver a sentirse bien.
La vida se vuelve más lenta y apagada, en la que incluso respirar es un dolor que atraviesa tu cuerpo. Cuando trago, siento la saliva bajar por mi garganta y anudarse en un sector de mi cuerpo que no se va. Es como si los días pasaran y yo estuviera parada en medio de todo mientras otros sonríen, saludan; yo también lo hago, pero en ocasiones siento que es una respuesta reflejo.
En algún minuto de mi existencia, dejé de ser la luz que ilumina el rostro de mi madre, dejé de ser esa por la que mi papá sonreía, y los hice llorar, les he dado grandes problemas, preocupaciones.
