Primera alianza - Carlos Pitillas - E-Book

Primera alianza E-Book

Carlos Pitillas

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Beschreibung

¿Cuáles son las bases de la seguridad emocional en las relaciones padres-hijos al principio de la vida? ¿Por qué algunos padres, a pesar de su deseo de cuidar, tienen dificultades para cubrir las necesidades emocionales de sus hijos y mantenerlos protegidos? ¿Cómo podemos ayudar a los padres a entender mejor las señales de sus niños, a sentirse más motivados para cuidar y más seguros frente a la compleja tarea de ser padres? Primera Alianza es un proyecto de intervención cuyo objetivo es proteger el desarrollo infantil mediante el fortalecimiento de los vínculos tempranos en familias vulnerables. El proyecto ha atendido a más de 150 familias y ha formado a aproximadamente 400 profesionales de dentro y fuera de España. Esta obra recoge las aportaciones que se han hecho desde la teoría del apego acerca de cómo se construyen las relaciones afectivas al principio de la vida, cuáles son las fuentes de seguridad del niño o qué procesos conducen al trauma. En el libro se describen las dos metodologías que diferencian a Primera Alianza: el videofeedback y el manejo terapéutico de grupos de padres, dos estrategias específicas para evaluar y fortalecer los vínculos afectivos en la familia, así como para comprender los factores psicosociales implicados en el trauma infantil y la resiliencia.

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Seitenzahl: 406

Veröffentlichungsjahr: 2018

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© Carlos Pitilla y Ana Berástegui, 2018

© Prólogo de Jorge Barudy, 2018

Corrección: Marta Beltrán Bahón

Cubierta: Juan Pablo Venditti

Primera edición: octubre de 2018, Barcelona

Derechos reservados para todas las ediciones en castellano

© Editorial Gedisa, S.A.

Avda. Tibidabo, 12, 3º

08022 Barcelona (España)

Tel. 93 253 09 04

e-mail: [email protected]

http://www.gedisa.com

Preimpresión:

Editor Service S.L.

http://www.editorservice.net

e-ISBN: 978-84-17341-49-7

Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma.

A todas las familias que, en medio de la dificultad, luchan por encontrar el mejor modo de querer y cuidar a sus hijos.

A todas las familias y los profesionales que han puesto un poco de su confianza en nosotros.

A nuestras familias.

Índice

Agradecimientos

A quién puede servir este libro

Prólogo

Introducción

1 Las relaciones de apego al principio de la vida

1.1. ¿Qué son y en qué consisten las relaciones de apego tempranas?

1.1.1. La relación como necesidad básica

1.1.2. Dos sistemas en interacción: apego y exploración

1.1.3. El niño se adapta activamente a la relación: los patrones de apego

1.1.4. Apego y desarrollo cerebral

1.1.5. Apego y desarrollo psicosocial

1.1.6. De la interacción al modelo interno

1.2. Del niño al padre

1.2.1. Responsividad y flexibilidad

1.2.2. Reparación y perspectiva

1.2.3. La seguridad se transmite a través de las generaciones

1.2.4. La seguridad se transmite del contexto a las relaciones

1.2.5. Apego y maltrato: otro círculo vicioso

1.2.6. El modelo es estable, pero no definitivo: el camino hacia la intervención

2 Objetivos y principios de la intervención

2.1. Objetivos

2.1.1. Una mejora de la interacción

2.1.2. Una mejora de las representaciones

2.2. Principios

2.2.1. Intervención basada en fortalezas: cambiar la mirada

2.2.2. Aprendizaje basado en la experiencia: un lugar donde pasan cosas

2.2.3. Menos es más

3 Componentes y estructura de Primera Alianza

3.1. Primera Alianza a vista de pájaro

3.1.1. Quién puede beneficiarse de Primera Alianza

3.1.2. Qué se consigue

3.1.3. En qué marco se aplica

3.2. Procedimientos

3.2.1. Reclutar a las familias

3.2.3. Medir los cambios

3.2.4. El curso general de la intervención

3.3. Aumentando el zoom: la estructura de las sesiones

3.4. La teoría como plataforma para el cambio

4 El vínculo en acción: Comprender y observar los mecanismos de la (in)seguridad

4.1. Aquello que se ve: la interacción

4.1.1. Ajuste necesidad-señal-respuesta

4.1.2. Ritmo e intensidad

4.1.3. Cualidad afectiva

4.1.4. Reparación

4.2. Aquello que se piensa: las representaciones

4.2.1. Atribuciones: ¿cómo interpreta el cuidador la conducta del niño?

4.2.2. Fantasmas: ¿qué experiencias pasadas revive el cuidador?

4.2.3. Expectativas: ¿qué predice el cuidador?

4.2.4. Defensas

4.3. Cerrando el círculo: la formulación de caso

5 Ayudar con imágenes: La técnica de videofeedback en Primera Alianza

5.1. ¿Cómo ayuda el videofeedback?

5.2. Preparando el trabajo: la selección de secuencias

5.3. Herramientas para un diálogo en torno a los vídeos

5.3.1. Aproximaciones iniciales: proteger la descripción

5.3.2. Análisis centrado en la interacción

5.3.3. Análisis centrado en las representaciones

5.3.4. La perspectiva del profesional

6 Ayudar con palabras: Las intervenciones verbales en Primera Alianza

6.1. ¿Cómo sabemos que una intervención será eficaz?

6.2. Intervenciones orientadas al apego: el profesional como refugio seguro

6.2.1. Validar emociones y significados

6.2.2. Ofrecer consuelo

6.2.3. Proteger en el grupo

6.2.4. Ofrecer orientación evolutiva

6.2.5. Ofrecer consejos/guía

6.3. Intervenciones orientadas a la exploración: el profesional como base segura

6.3.1. Modelar la función reflexiva

6.3.2. Volver al foco

6.3.3. Explorar y trabajar con el sentido

6.3.4. Trabajar con la memoria amable

6.3.5. Promover la continuidad narrativa

7 Ayudar con otros: El manejo terapéutico del grupo en Primera Alianza

7.1. Intervenciones orientadas al apego: el grupo como refugio seguro

7.1.1. Fomentar la experiencia grupal y la cohesión

7.1.2. Fomentar dinámicas de encuentro e identificación

7.1.3. Facilitar la ayuda mutua

7.2. Intervenciones orientadas a la exploración: el grupo como base segura

7.2.1. Usar al grupo para activar la curiosidad

7.2.2. Usar al grupo para activar la perspectiva

7.2.3. Usar al grupo para confrontar y pensar alternativas

7.2.4. Recapitular y celebrar logros en el grupo

7.3. El último eslabón de las cadenas de seguridad: la supervisión reflexiva

Conclusiones

El alcance de Primera Alianza…

… y sus límites

Cuestiones abiertas

De la díada al triángulo

Finales abiertos

Qué funciona para quién

Referencias

Agradecimientos

Primera Alianza nació en 2012 con la vocación de proteger el desarrollo de niños y niñas que crecen en contextos de vulnerabilidad, a través del trabajo con sus cuidadores primarios y, específicamente, mediante el fortalecimiento del vínculo afectivo entre estos cuidadores y sus niños. Este libro recoge los resultados más importantes de un período de siete años de investigación e intervención familiar. La filosofía y los contenidos de nuestro proyecto son, en su mayor parte, el fruto de una herencia que procede de los autores y profesores que nos han inspirado, las instituciones que nos han apoyado o que han colaborado con nosotros, los profesionales a los que hemos formado y, fundamentalmente, las familias que han participado en nuestro proyecto.

Para ellas es nuestro primer agradecimiento. Niños, madres y padres nos han mostrado, a lo largo de este tiempo, el rostro y el impacto real de las relaciones al principio de la vida, lo que significa sentirse seguro en el vínculo con otros como antídoto frente a la adversidad. Gracias a la generosidad de estas familias, hemos ido aprendiendo lo que podemos hacer los profesionales por ayudarlas. Ellas nos recuerdan que la conexión humana es un fenómeno fuerte y flexible al mismo tiempo.

Nuestro trabajo se hizo posible gracias al apoyo discreto pero imprescindible de instituciones que confiaron en nuestro proyecto, lo respaldaron durante sus años de constitución y colaboraron con nosotros para hacerlo consistente. Asimismo, algunas entidades de acción social que atienden cotidianamente a familias vulnerables nos abrieron sus puertas y colaboraron con el programa. El número de estas instituciones es demasiado grande para que quepan en estos agradecimientos. Todas ellas son, desde hace años, un importantísimo interlocutor de nuestro proyecto y una pieza fundamental en el sistema de protección para los menores en riesgo que hay en España.

Primera Alianza camina a hombros de gigantes. Lo que se contiene en este libro acerca del papel de las primeras relaciones en el desarrollo humano nos llega de grandes teóricos e investigadores, que consagraron una parte importante de sus vidas a pensar en la psicología del niño y en lo que éste necesita. La teoría del apego, alumbrada por John Bowlby y Mary Ainsworth a finales de los años 1960, y consolidada por autores que han desarrollado su trabajo hasta el día de hoy, hace posible que existan programas de intervención centrados en el niño y centrados en el vínculo, tales como Primera Alianza. Nuestro agradecimiento se extiende a los formadores internacionales que nos visitaron desde que existe el programa y que estimularon buena parte de nuestras reflexiones. El programa americano Circle of Security tuvo un papel especialmente importante al comienzo de nuestra andadura, y orientó la construcción de los primeros contenidos de Primera Alianza.

El Instituto Universitario de la Familia, perteneciente a la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), es un equipo interdisciplinar de profesores e investigadores preocupados por la familia y la infancia. Primera Alianza se desarrolla en el seno de este equipo, del que se nutre y con el que explora nuevos modos de apoyar a las familias, sobre todo a las más frágiles. Dos personas de este Instituto merecen un agradecimiento particular. Fernando Vidal, su director, confió incondicionalmente en el potencial del proyecto cuando éste era poco más que la convicción de dos psicólogos acerca de la importancia de trabajar con los vínculos. La generosidad y el buen hacer de Amaia Halty, miembro del equipo Primera Alianza, ha hecho que con los años este proyecto sea más amplio, más fuerte y mejor.

Finalmente, nada de esto hubiera pasado si no hubiéramos sabido en primera persona que estar conectado con seguridad a otros es el principal motor del crecimiento humano. Queremos agradecer a nuestras familias de origen y a nuestras familias escogidas el regalo de este conocimiento esencial que nos acompaña a diario.

A quién puede servir este libro

Cada vez son más los profesionales de la intervención familiar e infantil preocupados por la mejora del vínculo en las familias. Muchos de estos profesionales son conscientes de que una de las vías más adecuadas para proteger al menor y estimular su desarrollo consiste en fortalecer los lazos afectivos entre padres e hijos, o en reparar estos lazos cuando se han roto. El presente libro puede ayudar fundamentalmente a los profesionales interesados por esta perspectiva de intervención centrada en el vínculo. Entre ellos hay psicólogos, psicoterapeutas infanto-juveniles y familiares, profesionales de la intervención social, profesionales de la salud y de la educación. Para ellos, este texto puede ser valioso en dos sentidos.

Por un lado, aportando estrategias para mirar y evaluar la calidad de los vínculos tempranos entre padres (u otros cuidadores primarios) e hijos. El libro trata de responder a preguntas tales como: ¿de qué forma gestiona el cuidador las necesidades del niño?; ¿cómo comunica el niño dichas necesidades?; ¿cómo es el mundo interno del cuidador, y cómo afecta a la relación?; ¿cuánta seguridad existe en este vínculo?; etc.

Por otro lado, este libro puede aportar a los profesionales estrategias para fortalecer el vínculo entre cuidadores y niños. Así, el libro trata de responder a éstas y otras preguntas: ¿cómo podemos ayudar a los padres a ser más sensibles frente a las necesidades del niño?; ¿cómo podemos frenar la transmisión del trauma de padres a hijos?; ¿cómo podemos promover que los cuidadores se sientan más cerca de sus hijos, más motivados para cuidar y proteger?; ¿o a que se sientan más seguros frente a la tarea (no siempre sencilla) de ser padres?; ¿cómo podemos hablar con los padres para que comprendan la influencia de su historia sobre su manera actual de cuidar?; etc.

Las estrategias que definen Primera Alianza se mueven en estas dos dimensiones: la evaluación y la intervención. Estas estrategias pueden ser implementadas tal y como están descritas aquí, o bien seleccionadas, adaptadas e incorporadas por cada profesional a su práctica específica.

El presente libro puede aportar también a estudiantes y profesores universitarios una visión útil sobre el desarrollo de las relaciones afectivas al principio de la vida, su importante papel en el crecimiento infantil, los efectos negativos de la ausencia de seguridad en los vínculos, y un marco general de principios para el acompañamiento a familias congruente con la teoría y la evidencia empírica.

Finalmente, aunque éste es un libro con un importante componente técnico, es probable que enriquezca la visión de muchas personas en el público general acerca del desarrollo infantil y del importante papel de la seguridad en las relaciones tempranas.

Para todos ellos, deseamos que éste sea un recorrido estimulante y valioso.

Prólogo

Cuando los autores de esta obra, Primera Alianza: mejorando los vínculos tempranos, me solicitaron escribir su prólogo, me sentí honrado y reconocido, pero también agradecido, porque me abrían las puertas a sus conocimientos y experiencias clínicas, que son el resultado de sus prácticas profesionales rigurosas acompañadas de una reflexión científica permanente.

Esta invitación me permitió cotejar los contenidos de este magnífico libro, con mis conocimientos, mis investigaciones y mis prácticas terapéuticas en sus dos vertientes. La de apoyar y aportar recursos a padres y madres que no tuvieron la oportunidad de desarrollar competencias parentales para proporcionar los cuidados, afecto, educación y socialización que sus hijos e hijas requieren. Junto con esto, ofrecer junto a mi esposa y colaboradora, Maryorie Dantagnan, atención terapéutica a hijos e hijas de estos padres y madres a través de nuestra metodología, que llamamos trauma-terapia infanto-juvenil sistémica.

Leí este libro con mucho interés y su contenido me proporcionó un gran placer, porque me sentí en total consonancia con lo que los autores exponen, pero además con nuevas ideas para nutrir nuestras intervenciones con padres y madres tanto a nivel de la prevención de las dificultades de criar a sus hijos e hijas, como para reforzar nuestras intervenciones reparadoras precoces, para evitar que los niños y niñas sufran traumas tempranos, traumas complejos y acumulativos. Encontrécoincidencias y sobre todo nuevos aprendizajes, tanto en las bases teóricas que fundamentan el programa de trabajo con las familias que proponen, como en la metodología de la intervención.

En relación a los fundamentos teóricos, aprecié la manera profunda y esclarecedora con la que explican el carácter fundamental de las relaciones de apego para los niños y las niñas al principio de sus vidas. De una manera didáctica, muestran que la buena calidad de las respuestas de las madres, los padres u otras cuidadoras o cuidadores a las necesidades de apego de la infancia es una garantía para promover un desarrollo sano, la salud mental y las bases de la resiliencia primaria.

En relación a su metodología de trabajo con las familias, ésta ocupa de una forma sistematizada un conjunto de capítulos donde dan a conocer con gran generosidad y rigor: los fundamentos, contenidos e instrucciones para desarrollar el programa que ellos llaman PrimeraAlianza.Programa destinado apromover y apoyar lascapacidadesdelospadresparavincularse sanamente consushijos e hijas, reactivando o reparando suscapacidades para mejorar los vínculos tempranos con ellos.

Ofrecer a los padres y a las madres un programa como el que se propone en este libro es trabajar por y con la infancia, pero también contribuir a reparar la injusticia que afecta a muchas madres y padres de no haber tenido las oportunidades familiares, institucionales y sociales para desarrollar las competencias parentales necesarias para criar adecuadamente a sus hijos e hijas. Es una manera solidaria de reparar lo que a menudo hemos escuchado de la boca de niños y niñas que sufren por las acciones de sus madres y padres: «nuestros padres cometen errores o nos hacen daño porque nadie les entregó cariño, ni les enseñaron a ser mamás o papás».

Con mucho rigor, los autores proporcionan argumentos para demostrar que los niveles altos de responsividad parental a las necesidades, aportando los cuidados que sus hijos e hijas requieren, tienen como consecuencia que el niño y la niña desarrollen una vivencia de seguridad sólida y permanente. Éste es el propósito de las intervenciones propuestas en su programa.

El término de responsividad parental, tal como está planteado por los autores, pone de relieve la capacidad que caracteriza a los animales sociales, como los mamíferos y por supuesto los seres humanos, que en entornos provistos de los nutrientes necesarios hacen lo necesario para brindarles a sus crías los cuidados que necesitan, lo que corresponde a la capacidad de amar. Como queda plasmado a lo largo de toda esta obra, la finalidad fundamental de su programa tiene que ver con lo anterior, que se resume en lo escrito por los autores en: «si aumentamos la responsividad mediante los intervenciones familiares, crece la seguridad en los niños».

Éste es el fundamento de este programa que se propone sostener las relaciones tempranas para promover la seguridad en la infancia —considerado éste como un atributo fundamental de la personalidad infantil— para hacer frente al desafío del crecimiento, del neurodesarrollo y la adaptación sana al entorno.

La otra fuente de satisfacción de haber podido leer este libro para escribir su prólogo es el placer de constatar el cúmulo de concepciones que compartimos con los autores, tanto en lo que se refiere a las tareas que componen el desafío de ser madre o padre englobadas en lo que nosotros llamamos «competencias parentales», como sus déficits o «incompetencias parentales». Tanto los autores de esta obra como nosotros, ponemos el acento en las capacidades presentes o latentes, así como en una visión esperanzadora, al proponer programas específicos para apoyar, promover o rehabilitar estas competencias. Los autores ponen el acento en lo que denominan los aspectos del funcionamiento parental que inciden sobre la seguridad en el niño y la niña, a saber: responsividad, flexibilidad, reparación perspectiva.

Nuestro modelo es complementario al suyo, al proponer intervenir en los tres niveles que componen la parentalidad: en primer lugar, las capacidades parentales fundamentales, con lo que nos referirnos a las respuestas a las necesidades de apego de los hijos e hijas, a la empatía y a la mentalización; en un segundo nivel, las habilidades parentales para referirnos a los modelos de crianza y las habilidades para interactuar en redes sociales; como tercer nivel, la plasticidad parental como la capacidad para adaptar sus modelos de crianza en función de los cambios inherentes al desarrollo de sus hijos e hijas.1

Sobre todo, compartimos la visión esperanzadora que ilumina cada una de las intervenciones con padres y niños propuestas en este libro. Que sea esperanzadora no significa que no se reconozcan las dificultades reales de los padres, sus sufrimientos, así como el de sus hijos e hijas.

En este sentido, un aporte teórico remarcable de este libro es la insistencia sobre cómo el impacto de los traumas no resueltos de las madres y de los padres afecta los modelos de apego que los hijos y lashijas desarrollan. Esto lo relacionan con latransmisión delaseguridadeinseguridad a sus crías,sin desconocer el impacto de los contextos sociales en que los progenitores viven o sobreviven. A lo largo de toda la obra se desprende esta idea fundamental de que el proceso de convertirse en madre, padre o cuidador se da siempre en un contexto que influye en la relación, y en el caso particular que trata este libro, en la relación temprana o primera alianza.

Es muy reconfortante ver cómo los autores insisten en la importancia de los contextos sociales, económicos y culturales en que las madres y padres ejercen la crianza de sus hijos. En este libro se denuncia claramente que los contextos de estrés social, la pobreza, la marginalidad y la exclusión social son obstáculos severos para que las madres y los padrespuedan ofrecer una relación sana y cuidadora a sus hijos e hijas.

En relación al impacto de las historias de vida de las madres y los padres en la forma que se relacionan con sus hijos, y siguiendo a diferentes autores, incluyen los trastornos relacionales severos, que se refieren a las relaciones caracterizadas por el maltrato físico oemocional,lanegligenciauotrasdinámicas que provocan en los niños y niñas niveles intolerables de malestar y miedo. Los más severos son los que afectan a los bebés que no tienen ninguna posibilidad de escapar, produciendo lo que hoy se denomina «los trastornos traumáticos generalizados del neurodesarrollo». Estos trastornos traumáticos tempranos se transforman en complejos y acumulativos si a los bebés y a los niños o niñas afectados desde su infancia temprana no se les detecta el daño provocado desde su entorno y no se les ofrece a los padres y sus hijos una ayuda necesaria como la propuesta en este libro.

A esto se refieren los autores cuando hablan de la aparición del estilo desorganizado del apego infantil. Fue la detección de este modelo de apego en los niños y niñas que acompañaban lo que les permitió observar de una forma sistemática las conductas de las madres y padres de estos niños, confirmando el valor de la observación participante como método de investigación.2 Esta metodología les permitió constatar que los padres y las madres de niños o niñas conapegodesorganizado reaccionan frente a ellos con temor o les atemorizan. Por esto las relaciones que les ofrecen a sus pequeños incluyen respuestas intrusivas, tales como invadir sus cuerpos con movimientos disruptivos, a menudo brutales o amenazantes, como asustarles, o comunicar a través de palabras sus temores o —la mayoría de las veces— con gestos, rechazándoles o culpabilizándoles de sus cansancios o malestares. Los autores insisten también a este respecto en otra forma de respuesta resultado de sus trastornos disociativos, que son los responsables de una ausencia de mímica, siendo las más atemorizantes las expresiones rígidas inescrutables.

A lo largo de la parte teórica de este libro, las lectoras y lectores que trabajan o lo harán en el futuro con niños pequeños, hijos o hijas de padres con diferentes niveles de incompetencias parentales, encontrarán una valiosa información que da un sentido a lo ya observado, por ejemplo, la dificultad que los cuidadores tienen para hacerse cargo de las emociones negativas de sus crías y ofrecerles una respuesta para ayudarles a regularse. Cuando los niños muestran con sus llantos malestar, responden a menudo con burlas, o se muestran indefensos o suplicantes, lo que es una clara muestra de una inversión de roles. Como queda descrito en el libro, es una de las consecuencias más dramáticas del impacto que en los propios padres tuvieron sus historias de malos tratos infantiles, donde ellos como hijas o hijos conocieron esto mismo. Con el agravante de que nadie les ayudó ni les ofreció una medida de protección precoz y coherente desde los sistemas sociales de protección.

Lo anterior explica también mi entusiasmo en escribir este prólogo, en la medida en que su metodología es sin ninguna duda un intento coherente y riguroso de ofrecer a las madres y padres también una reparación de esta terrible injusticia.

Los autores insisten con firmeza y claridad, basándose en análisis de muchos otros investigadores, en que la crianza de los hijos e hijas despierta en muchos de ellos dolorosas y a veces horripilantes reviviscencias de sus gravísimos traumas infantiles noresueltos. De ahí la importancia de proporcionar apoyo y ayuda precoz de calidad a estos cuidadores, tal como se propone en la metodología del programa Primera Alianza, para evitar que el contacto con sus hijos e hijas pueda provocar la reviviscencia desustraumasinfantiles. Como traumas, se remontan a edades tempranas de los padres y no dejan rastros en la memoria explícita, es decir, no hay recuerdos que podrían permitirles una narrativa que les ayude a conectar las dificultades relacionales con sus hijos con esas experiencias traumáticas de sus infancias tempranas. Sin embargo, como explica de una forma extraordinaria el Dr. Bessel van der Kolk —uno de los pioneros en las investigaciones sobre el impacto del trauma en las personas— en su libro El cuerpo lleva la cuenta,3 el sufrimiento traumático está en la memoria implícita, y por ello contamina todas las relaciones, en particular con los hijos e hijas.

Me permito considerar este libro que prologo como una forma de resistencia a los modelos descriptivos de los trastornos infantiles, que los fanáticos seguidores de los DSM4 reducen a un diagnóstico que no sólo estigmatiza a los niños afectados sino, lo que nos parece más grave, impide toda intervención del contexto familiar y social donde a menudo se encuentra la causa de estos trastornos.

Es evidente el empeño de la autora y el autor de este libro —personas buenas y reconocidos profesionales en el ámbito académico— en poner de relieve y sensibilizar a muchos profesionales sobre la importancia de las relaciones tempranas, para prevenir el riesgo de los traumas tempranos y, cuando están presentes, ofrecerles una intervención precoz y coherente. Estos traumas son los que afectan a la infancia en su vida intrauterina y en los primeros años de vida. El dolor, el sufrimiento y el estrés que las crías humanas sufren en el comienzo de sus vidas, a causa de las incompetencias de sus cuidadores directos y de los profesionales de la infancia que por ignorancia, indolencia o cobardía no actúan, producen daños en la organización y funcionamiento de sus mentes. Muchas veces estos daños son irreparables cuando sus consecuencias son la atrofia cerebral. Estamos hablando por ejemplo del impacto del consumo de alcohol o drogas durante el embarazo o la transmisión del estrés de la madre por la violencia machista de su cónyuge, resultado del traspaso de altas concentraciones de cortisol por vía placentaria o por la deglución del líquido amniótico contaminado, que daña sus redes neuronales.

La segunda parte de este libro despertó en mí el mismo entusiasmo que la primera parte, pero éste se enriqueció rápidamente al constatar la coherencia de la propuesta de intervención. De una forma resumida espero transmitir a las y los lectores el contenido de mi entusiasmo.

Lo primero es la afirmación de que el modelo interno desde el que cada padre ejerce su parentalidad «es estable, pero no definitivo»; la metáfora, que es un camino, me conecta a ese verso maravilloso de Antonio Machado: «caminante no hay camino se hace camino al andar».

Rápidamente los lectores podrán darse cuenta de que el fundamento del trabajo con familias que estos autores proponen, y en particular en lo referido al apoyo terapéutico de las madres y de los padres,pone el acento en detectar y apoyar sus competencias, que tienen el mérito de haber desarrollado a pesar de lo difícil que han sido sus historias de vida. Esto explica la convicción que expresan los autores: en general, los padres —y yo me atrevería a decir sobre todo las madres— quieren lo mejor para sus hijos e hijas, pero al mismo tiempo reconocen, como decíamos anteriormente, que esto puede truncarse dramáticamente debido a contextos de exclusión social o traumas tempranos no resueltos de las historias infantiles de estos padres.

Sin ninguna duda los y las lectoras de este libro se asombrarán como yo del rigor y de la creatividad de los autores para proponer un programa donde se propone intervenir de una manera precoz y coherente para facilitar relaciones tempranas que sean un antídoto a la existencia de los traumas tempranos.

Esta obra busca transmitir que, pese a que puedan maltratar o haber maltratado a sus hijos e hijas, fruto de las adversidades y el sufrimiento que inundaron sus infancias, las dificultades en sus vidas presentes y sus propios errores, esto no tiene por qué ser un cerrojo definitivoque impida que sus hijos conozcan una experiencia diferente. Por esta razón, la lectura de este libro es convincente en la medida en que este programa es una oportunidad para que estas madres y padres puedan ofrecer nuevas maneras de tratar a sus hijos. Sus convicciones se fundamentan de una manera sencilla pero contundente, al considerar que los sistemas de apego son flexibles, por tanto accesibles a nuevas experiencias relacionales. Si estas madres y padres evolucionan, sus hijos e hijas podrán adaptarse a las nuevas habilidades adquiridas por estas nuevas experiencias.

Lo que transmiten a los padres y madres en el programa es que éste no está destinadoa conseguir la perfección, sino la fiabilidad. De esta manera, el programa apoya el segundo componente de funcionamiento parental, la reparación, transmitiendo la importancia de los ciclos de fallo y reparación, que como sostienen los autores, constituye otro de los ladrillos básicos con los cuales se construye el niño o la niña. A su vez estos ciclos permiten que aprendan que sus cuidadores son, aunque no perfectos, fiables. Para los padres, estos ciclos dejan una sensación de eficacia, de conocer a sus hijos y de ser capaces de hacerlo bien.

Para los profesionales que apoyan a las familias, las afirmaciones insistentes de los autores —que para los niños y las niñas las cosas importantes suceden en los pequeños momentos— es algo a tener siempre en cuenta. Esto lo ilustran y lo ejemplifican mostrando el impacto que producen en los miembros de la familia los intercambios entre ellos, que se facilitan durante las sesiones y que pueden repetirse en la vida cotidiana. Lo más importante es que estas experiencias refuerzan el querer seguir conectado al otro en la familia.

El considerar que la seguridad en los niños se transmite a través de las generaciones es también un aporte fundamental de estos autores. Al reconocer que existe un círculo de influencias mutuas entre las representaciones de los padres acerca de sí mismos y de sus hijos y las conductas concretas con las que responden y les cuidan —es decir, lo que los padres piensan condiciona su modo de actuar, y a su vez aquello que ocurre en la interacción con sus hijos— consigue alterar lo que los padres piensan de sí mismos; es lo que permite intervenir en casos de dificultades, ofreciendo una evaluación detallada de estos ciclos en cada familia atendida, lo que ellos llaman «los puertos» por donde pueden entrar para intervenir sobre la relación. Es la razón por la que proponen dos puertos de entrada: el primero, mejorar las interacciones reales entre los hijos y sus padres con la finalidad de que las representaciones de los padres puedan transformarse, y la segunda vía, conseguir la corrección de las representaciones para permitir a los padres cuidar y responder con más flexibilidad y eficacia a las necesidades de sus hijos.

El reconocimiento de que el modo de relación que se tiene con los hijos e hijas es también el resultado de modos de relación aprendidos, y que éstos se transforman en automatismos que tienden a la estabilidad, es otro los principios que explican que el modelo de intervención propuesto sea coherente para una alternativa real de cambio.

Para apoyar este cambio proponen estos dos caminos que mencionábamos, el primero es ofrecer nuevas experiencias relacionales, que por su contenido pueden tener un efecto corrector. Por esta razón, el programa Primera Alianza propone experiencias repetidas de relaciones seguras, tanto a nivel individual como grupal, donde se combina la aceptación, lo que ellos llaman el cuidado de sus necesidades de apego, y el respeto por la necesidad de exploración. El otro camino propuesto, y que explica mi admiración por su coherencia, es la revisión de las narrativas que apoyan los modelos operativos internos con que los padres y las madres se relacionan con sus hijos.

Aunque los autores son conscientes que parte de los modelos internos es relativamente inmune al cambio de las narrativas que le constituyen, sus prácticas ilustradas con ejemplos muestran que las personas pueden mejorar la comprensión de sí mismos y de los demás si se les ofrecen nuevas oportunidades de relación, cuya calidad les permita explorar las narrativas de sus experiencias traumáticas, que a menudo les conduce a definirse como culpables, cuando en realidad son afectados. No es difícil apoyar esta idea, ya que son numerosos los casos de nuestras prácticas donde lo hemos constatado, es decir, una experiencia relacional segura, con los atributos del apego seguro, puede permitir una resignificación de las narrativas para lograr una «reintegración resiliente» de los contenidos traumáticos de las historias infantiles.5

En los capítulos correspondientes a la presentación de su programa, detallan los protocolos que utilizan para evaluar la calidad de los vínculos entre las madres, los padres u otros cuidadores con los niños y niñas, de donde sale un programa personalizado para cada familia. La metodología propuesta estimula aún más mi entusiasmo, porque la síntesis de cada caso propone comprensión de las fortalezas y las dificultades de cada familia, lo que fundamenta la propuesta de los objetivos de una intervención individualizada. En relación a las herramientas propuestas, los lectores y las lectoras encontrarán una descripción detallada de la herramientametodológicafundamental del programa Primera Alianza:el videofeedback. Esta técnica consiste en grabar en vídeo las interacciones de padres, madres u otros cuidadores con el niño, revisando luego con ellos las secuencias más significativas de las interacciones. Los ejemplos que presentan muestran cómo a través de la autobservación que promueven permiten que sean conscientes de interacciones que antes no veían, y a partir de ahí se abre la posibilidad de ensayar nuevas formas de hacer. El grupo juega un papel importante para acompañar este proceso, pero el animador o animadora terapeuta garantiza la visualización de aspectos que el grupo no puede detectar, así como también aporta correcciones a lecturaserróneasypotencialmentedañinas que miembros del grupo pueden hacer acerca de lo que el niño o la niña está comunicando sobre lo que quiere o necesita.

Junto con el uso de esta técnica se insiste sobre el ofrecimiento de una experiencia de seguridad a los padres que puedan hacer suya y trasladar luego a sus hijos. Para esto, el profesional trata de ser una figura de apego que a través de su actitud y sus respuestas invite a los padres a reflexionar y revisar sus representaciones, pensando en la posibilidad de corregir sus modos de relacionarse con sus hijos.

Otro aspecto que produjo mi entusiasmo por la coincidencia con nuestra metodología, en lo que se refiere al trabajar grupalmente, son las intervenciones que el libro describe para promover la capacidad del grupo, de cara a generar sentimientos de pertenecía, el cual sería el fundamento principal para generar dinámicas de apoyo y ayuda mutua para contener las emociones difícilesyaportarconsuelo. Estas intervenciones buscan sostener el apego, y cuando promuevenelautoconocimiento y la formulación de nuevas alternativas de relación, los autores las consideran como apoyo a la exploración.

El prologar este libro ha sido gratificante y satisfactorio por la hermandad simbólica que se desprende del compartir con la autora, AnaBerásteguiPedro-Viejo, y el autor, CarlosPitillasSalvá, la finalidad fundamental de nuestros empeños: contribuir a mejorar las condiciones de vida de la infancia, que es el bien comunitario más preciado de la humanidad. Éste el objetivo primordial para un activista social como mi persona, que desde siempre se ha sumado al trabajo de cientos de profesionales para defender los derechos de la infancia, insistiendo en que los buenos tratos a los niños y niñas por parte del mundo adulto son un metaderecho, es decir, el derecho fundamental de los niños y niñas de ser amadas, cuidadas, protegidas y respetadas por los adultos. El contenido de este libro es un aporte para todos los profesionales de la infancia que militamos para que un día, no muy lejano, todos los adultos, y especialmente los que manejan los hilos del poder, asuman el compromiso valiente y activo de ofrecer a todos los niños y niñas un mundo relacional que les asegure los buenos tratos familiares, institucionales y sociales, necesarios para garantizarles unneurodesarrollo sano, para que lleguen a ser adultos sanos, felices y socialmente altruistas.

JORGEBARUDY,neuropsiquiatra, psiquiatra infantil, trauma-terapeuta

Notas:

1. Barudy, J.; Dantagnan, M., Los desafíos invisibles de ser madre o padre: manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental, Gedisa, Barcelona, 2010.

2. Cyrulnik, B., (prefacio) Hijas e hijos de madres resilientes: traumas infantiles en situaciones extremas, violencia de género, guerra, genocidio, persecución y exilio, de Barudy, J.; Marquebreucq, A.P., Gedisa, Barcelona, 2006.

3. Van der Kolk, B., El cuerpo lleva la cuenta, cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma, Eleftheria, Barcelona, 2015.

4. American Psychiatric Association, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 2013, 2017.

5. Esto es uno de los objetivos del tercer bloque del método de la Trauma terapia Sistémica que hemos desarrollado y que esperamos publicar cuando las condiciones nos lo permitan.

Cruza el río conmigo. Aunque sus aguasno replieguen su cauce ante nosotrosesta vez. Aunque Dios no nos asistay una nube de flechas acribillenuestras espaldas. Aunque no haya río

Luis Alberto de Cuenca

Introducción

El mundo humano es un mundo esencialmente social. Ser persona significa, entre otras cosas, existir dentro de un entramado de relaciones. En el seno de dichas relaciones desarrollamos un sentido de lo que somos, de lo que podemos llegar a ser. Las relaciones son fundamentales. De alguna forma, y parafraseando a Shakespeare, son la materia de la que estamos hechos.

Esta preeminencia de lo relacional cobra especial importancia durante los primeros años de vida. Para el bebé y el niño pequeño, la relación de apego con sus cuidadores principales (los padres, con frecuencia, o cualquier otra figura que funcione como referencia para el niño y se haga responsable de su salud y su bienestar durante períodos prolongados de tiempo), funciona como uno de los cimientos que sostienen sus funciones fisiológicas básicas, su crecimiento físico o su desarrollo psicológico. Los profesionales de la intervención psicológica saben muy bien que el curso de estas primeras relaciones define en buena medida al adulto en que se convertirá el niño. Esta constatación ha motivado el desarrollo de una diversidad de programas para la protección de las relaciones de apego tempranas. Primera Alianza es uno de ellos.

Gran parte de las ideas, los principios y las estrategias presentes en este libro están inspiradas en la teoría del apego. Alumbrada por John Bowlby a finales de los años 1960 (Bowlby, 1969), esta teoría se ha convertido en uno de los paradigmas científicos más consolidados para el estudio del desarrollo infantil, la motivación, las relaciones interpersonales a lo largo de la vida, la psicopatología o el tratamiento de la misma, entre otros. Basándose en el estudio de la conducta animal y las observaciones sobre el desarrollo de niños y jóvenes en situación de abandono, Bowlby postuló que en el centro de las motivaciones humanas está la necesidad de establecer relaciones de apego al principio de la vida, y de mantenerlas. Según Bowlby, el cachorro humano necesita establecer apegos estables con otros miembros de su especie que puedan cuidarlo y garantizar su supervivencia. Estas relaciones tempranas no sólo incrementan las probabilidades de sobrevivir, sino que además funcionan para el niño como un potente motor del desarrollo psicológico y social. Algunas de las facultades que nos definen como animales sociales, capaces de aprender y de habitar una cultura compleja, se aprenden en el escenario de la relación de apego: la capacidad para explorar y procesar información nueva; la seguridad para moverse en espacios físicos y sociales diversos; lacomprensión de las claves sociales y la capacidad de comunicarse con otros eficazmente; la empatía o el altruismo; entre otras. Desde el nacimiento, comenzamos a adquirir estas habilidades en el intercambio con adultos que nos protegen, por un lado, y estimulan nuestra exploración, por el otro. El desarrollo saludable de estos primeros vínculos nos ayuda a convertirnos en personas capaces de comprender al otro, de sentir con él y de ayudarlo. En este sentido, las relaciones de apego funcionan en cadena: la seguridad experimentada al principio de la vida se convertirá, con los años, en una de las condiciones que permiten al adulto convertirse en un cuidador sensible y capaz. Los buenos tratos tienden a heredarse. Estas cadenas de seguridad son el foco de interés de muchos profesionales de la intervención, y ocupan el centro del modelo que aquí presentamos.

Con los años, al trabajo pionero de Bowlby se añadió el de una larga serie de investigadores y clínicos, cuyo resultado es un corpus extenso de conocimiento acerca de los factores que promueven la seguridad en las relaciones de apego, los procesos que pueden complicarlas, sus consecuencias a largo plazo o las formas de medir la calidad de estos vínculos (véase Hazan y Shaver, 2016). Sobre la base de estos trabajos, otros autores han desarrollado principios para proteger aquellas relaciones que dan sus primeros pasos en contextos de riesgo y tienen dificultades para alcanzar la seguridad, o para curar las relaciones de apego marcadas por el trauma, donde dicha seguridad ha sido sustituida por el miedo o la indefensión.

El trauma temprano tiende a transmitirse entre generaciones. Una proporción significativa de padres que maltratan, abusan o desatienden a sus hijos fueron, de niños, víctimas de daños semejantes (véase Widom y Wilson, 2015). Algo que también sucede con la pobreza y la exclusión social: a pesar de los recursos y las oportunidades de superación que se les presentan, algunos niños y jóvenes que nacen en contextos de pobreza desarrollan dificultades para superar la adversidad semejantes a las de sus padres. Estos niños tienen padres pobres que tuvieron padres pobres, en una secuencia caracterizada, de nuevo, por la repetición. Estos dos fenómenos (la exclusión social y el trauma) están presentes en la vida de algunos niños, y frecuentemente aparecen juntos: crecer en un entorno de pobreza incrementa significativamente las probabilidades de ser testigo o víctima de la violencia, la negligencia o el abuso, entre otros (Kiser, 2007).

Frente a estos riesgos, las relaciones de apego al principio de la vida pueden marcar una diferencia fundamental. Para los niños nacidos en entornos vulnerables, el desarrollo de relaciones de apego seguras con sus padres tiene un efecto protector: los niños criados con sensibilidad crecen dando muestras de un funcionamiento psicosocial análogo al de niños que han vivido siempre en entornos protegidos. Esta capacidad de las relaciones tempranas saludables para estimular la resiliencia (véase Barudy y Dantagnan, 2005; Cyrulnick, 2010) se hace especialmente relevante para el caso en que los niños son hijos de padres traumatizados. De estos padres, aquellos que consiguen cierta habilidad a la hora de «leer» las necesidades y afectos de sus niños y de responder a ellas tienen hijos cuyo desarrollo será esencialmente saludable (Fonagy, 2003). Esto nos demuestra que, a pesar de las profundas heridas de algunos padres y de la tendencia de dichas heridas a transmitirse de una generación a la siguiente, el trauma no tiene la última palabra.Las relaciones de apego, sí.

Por desgracia, el riesgo derivado del trauma de los padres o de la adversidad alcanza de hecho a algunos niños. Aquí, las relaciones tempranas ejercen de nuevo un papel muy importante: funcionan como la correa de transmisión del trauma que afectó a los padres cuando eran pequeños, o de los riesgos asociados a la pobreza y la exclusión. Así, el niño hereda el daño de sus padres a través de las formas coercitivas, violentas o indiferentes en que los padres, movidos por su propio sufrimiento, crían a su hijo. Del mismo modo, el niño «comprende» el significado de la pobreza en la medida en la que ésta hace que sus cuidadores no se hagan disponibles cuando él los necesita, se muestren desbordados por el estrés, sean duros y sobreexigentes, etc. Durante los primeros años de vida, la relación de apego es el escenario a través del cual el riesgo puede hacerse tangible para el niño e impactar sobre él.

Así pues, las relaciones afectivas al principio de la vida pueden funcionar como escudo de protección frente al riesgo o como correa potencial de transmisión del mismo. Esto hace que el trabajo centrado en el vínculo sea una de las estrategias principales de protección del menor con las que contamos.

Muchos padres saben que la infancia es un período fundamental de la vida del niño, y que las relaciones afectivas cumplen un papel esencial en la gestión de las necesidades de éste y en su futuro crecimiento. Además, la mayoría de los padres desean hacerlo bien y establecer un vínculo equilibrado, saludable y protector con sus hijos. Sin embargo, una proporción de estos padres, a pesar de conocer la importancia de estas relaciones y de su deseo por cuidarlas, no saben cómo hacerlo, o se sienten incapaces. Las situaciones de adversidad, el estrés acumulado, la falta de apoyos, el aislamiento, las relaciones tempranas basadas en la carencia o el trauma, entre otros, son factores que pueden obstaculizar la capacidad de los padres para vincularse a sus niños, para comprender lo que estos necesitan o para dar respuestas adecuadas.

Primera Alianza es un programa de intervención con familias, cuyo objetivo es (re)activar las capacidades de los padres para la vinculación con sus hijos y fortalecer dichas capacidades a pesar de los factores adversos que hemos señalado. Trabajamos con grupos de padres, en un encuadre de intervención breve y focalizado. Haciendo uso del potencial transformador de los grupos y de una serie de herramientas metodológicas innovadoras, Primera Alianza trata de generar cambios en las formas en que los padres se relacionan con sus hijos y dan significado a dicha relación.

¿Cómo se consigue esto? Las páginas que siguen tratan de aportar una respuesta a esta pregunta, respuesta que construimos sobre una combinación de los datos que nos ofrece la psicología del apego, las aportaciones de otros programas de intervención familiar, nuestra propuesta y, fundamentalmente, las experiencias que hemos ido acumulando a lo largo de algunos años de trabajo con familias.

Adelantamos aquí dos de las convicciones que definen a Primera Alianza y lo diferencian de otros modelos de intervención familiar.

Primera convicción: Las experiencias significativas facilitan el cambio. En términos de intervención familiar, esto significa que los mejores aprendizajes que podemos ofrecer a los padres son aquellos que incluyen una experiencia emocional importante, un cambio de mirada sobre sí mismos y sobre sus hijos, algo relevante que sucede en el curso de la intervención. Frente a algunos abordajes clásicos, centrados en el cambio mediante la transmisión de teoría o el entrenamiento de habilidades concretas, Primera Alianza trata de promover el cambio sobre la base de dos experiencias significativas construidas a lo largo de la intervención: por un lado, una experiencia de seguridad y cuidados obtenida en el marco del trabajo en grupo; por otro, la oportunidad de pararse y pensar.

En primer lugar, tratamos de que la intervención sea para los padres un espacio seguro, basado en el reconocimiento y el cuidado de sus necesidades y afectos. Especialmente, entendemos la intervención como un lugar donde una serie de emociones difíciles pueden ser expresadas por los padres y reguladas en el grupo o por el profesional. La repetición de estos ciclos de expresión-regulación, combinada con el apoyo que ofrecemos, la validación de las experiencias de los padres o de su papel como cuidadores, etc., genera experiencias de seguridad. En muchos casos, los padres podrán llevarse consigo dicha seguridad adquirida y trasladarla a la relación con sus hijos.

En segundo lugar, cuando intervenimos con familias, tratamos de ofrecer acompañamiento y ayuda para pensar. Nuestros principios y herramientas no se orientan a la pedagogía de la parentalidad, sino a acompañar a los participantes en la reflexión sobre sus modos particulares de relacionarse con sus hijos, y en la transformación de los mismos. Específicamente, fomentamos que los padres piensen:

• Acerca de lo que sus hijos necesitan.• Acerca de los modos particulares mediante los que sus hijos expresan estas necesidades.• Acerca de las formas en que interpretan y dan significado a la conducta de sus hijos. • Acerca de sus maneras de responder a sus hijos.• Acerca de la imagen que tienen de sí mismos como padres.• Acerca de su historia, y de la influencia que tiene ésta sobre su manera actual de ser padres.

Un trabajo que se desarrolla en estas coordenadas tiende a generar en los padres un aumento de la curiosidad, un deseo por comprender mejor lo que sucede en la relación con sus hijos, por revisar y corregir sus interpretaciones, o por reconciliarse con los aspectos dañinos de su historia que influyen sobre su modo actual de ser padres. Fundamentalmente, cuando la intervención activa estos procesos reflexivos, promueve que los padres los adquieran y hagan suyos, y puedan usarlos fuera del programa.

Segunda convicción: frecuentemente, la mejor forma de reducir los conflictos consiste en detectar y potenciar los recursos. Esta segunda premisa de trabajo nos lleva a privilegiar un trabajo basado en señalar y fortalecer los aspectos saludables de la familia, sus habilidades, por encima de una atención especialmente centrada en lo negativo. Algunos modelos de la intervención se han esforzado por evaluar exhaustivamente los déficits en la relación temprana, señalarlos y corregirlos. A pesar de la indudable legitimidad de estas aproximaciones, para muchos padres, ser evaluado, diagnosticado y corregido supone una confirmación del miedo a no ser cuidadores adecuados, suficientemente buenos. Esto puede provocar sentimientos de ineficacia, dudas acerca de la propia legitimidad como padres o el abandono de la intervención.

A lo largo de todas las sesiones de nuestro programa, ponemos en práctica un cambio de mirada que busca rescatar las fortalezas y las potencialidades de los padres. El objetivo final es que los participantes, al verse mirados con otros ojos, cambien su imagen de sí mismos como cuidadores. Como consecuencia, aumenta su motivación para recibir ayuda y para cambiar. Incluso en las sesiones en las que dedicamos más atención a los conflictos de la relación padres-hijos, conservamos siempre una mirada capaz de detectar y extraer el sentido y las posibilidades de crecimiento que encierran dichos conflictos.

El presente libro recoge los elementos que definen a Primera Alianza: su fundamentación teórica, sus principios, su estructura y fases, su modelo de evaluación del vínculo y sus estrategias de intervención. El libro se divide en seis capítulos.

En el primer capítulo (Las relaciones de apego al principio de la vida) revisamos algunos de los postulados de la teoría del apego que tienen implicaciones importantes para la intervención familiar, describimos los diferentes estilos de apego que desarrollan los niños en respuesta a las condiciones relacionales en las que crecen, y revisamos algunos de los factores más importantes que condicionan la seguridad o inseguridad en las relaciones al principio de la vida.

En el segundo capítulo (Principios y estrategias de intervención) presentamos nuestra filosofía particular de trabajo con familias. Esta filosofía tiene en su centro el objetivo de mejorar las relaciones tempranas de apego a través de dos caminos de cambio: mejorar la interacción cuidadores-niño y transformar el mundo interno del cuidador (cambiar las representaciones). Desarrollamos algunos principios que guían nuestro trabajo con familias (por ejemplo, la intervención centrada en fortalezas) y detallamos las implicaciones técnicas de dichos principios.

En el tercer capítulo (Componentes y estructura de Primera Alianza