Prisa - Luis Balcarce - E-Book

Prisa E-Book

Luis Balcarce

0,0

Beschreibung

En el principio existía Jesús Polanco..., pero pronto apareció Juan Luis Cebrián, y entre ambos celebraron el pacto de sangre que está en el origen de El País. Desde entonces son muchos los hitos que jalonan el devenir de Prisa y de su principal periódico: el asalto al de Polanco en el accionariado de Prisa, a comienzos de los años 80 (y su historia oculta); la realidad de la ""Operación Trevijano""; el caso Sogecable; el rescate de la bancarrota por el establishment político y empresarial español a fondo perdido, con el patrocinio de una Gobierno del PP que necesitaba El País como punta de lanza contra el golpe separatista catalán, o la batalla final entre los fondos buitres y un Cebrián que les retó a desbancarle, con una advertencia que sonó a intimidación: ""Prisa soy yo"". De todo ello se habla en este libro, una rigurosa investigación que ofrece un retrato descarnado del mayor grupo de comunicación español de la democracia, de sus días de gloria y de su decadencia.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 846

Veröffentlichungsjahr: 2018

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



foca investigación

161

Diseño interior y cubierta: RAG

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art. 270 del Código Penal, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes sin la preceptiva autorización reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte.

Nota a la edición digital:

Es posible que, por la propia naturaleza de la red, algunos de los vínculos a páginas web contenidos en el libro ya no sean accesibles en el momento de su consulta. No obstante, se mantienen las referencias por fidelidad a la edición original.

© Luis Balcarce, 2018

© del prólogo, Raúl del Pozo, 2018

© Ediciones Akal, S. A., 2018

Sector Foresta, 1

28760 Tres Cantos

Madrid - España

Tel.: 918 061 996

Fax: 918 044 028

www.akal.com

facebook.com/EdicionesAkal

@AkalEditor

ISBN: 978-84-16842-29-2

Luis Balcarce

Prisa

Liquidación de existencias

Prólogo de Raúl del Pozo

 

En el principio existía Jesús Polanco..., pero pronto apareció Juan Luis Cebrián, y entre ambos celebraron el pacto de sangre que está en el origen de El País. Desde entonces son muchos los hitos que jalonan el devenir de Prisa y de su principal periódico: el asalto de Polanco al accionariado del gran grupo mediático a comienzos de los años 80 (y su historia oculta); la realidad de la «Operación Trevijano»; el caso Sogecable; el rescate de la bancarrota por el establishment político y empresarial español a fondo perdido, con el patrocinio de una Gobierno del PP que necesitaba El País como punta de lanza contra el golpe separatista catalán, o la batalla final entre los fondos buitres y un Cebrián que les retó a desbancarle, con una advertencia que sonó a intimidación: «Prisa soy yo».

De todo ello se habla en este libro, una rigurosa investigación que ofrece un retrato descarnado del mayor grupo de comunicación español de la democracia, de sus días de gloria y de su decadencia.

«Luis Balcarce ha ideado esta historia como un detective de gabardina y bloc de notas. Pensaba el autor que en la historia del periodismo español había, metafóricamente, muchos asesinatos sin resolver y ha vuelto a los lugares del crimen.» (Raúl del Pozo)

Luis Balcarce (Buenos Aires, 1973) es periodista y jefe de redacción de Periodista Digital, uno de los periódicos digitales más leídos de España. Tertuliano de radio y televisión, es experto en la información sobre medios de comunicación. Ha sido subdirector del programa Rojo y Negro en Radio 4G, jefe de redacción del Diario Exterior.com y columnista de Libertad Digital, entre otros medios.

 

AGRADECIMIENTOS

 

A Mercedes y Constanza

Los periodistas suelen exigir transparencia a nuestras instituciones públicas, pero en su gran mayoría se niegan a aplicársela a sí mismos. Durante los dos años que duró esta investigación, en los que me he entrevistado con casi 30 colegas de profesión, han sido contados los casos en los que mis fuentes hablaron directamente de manera oficial, ante la grabadora encendida y sin el habitual off the record. Esa es la razón por la que tuve que apoyarme, en muchos casos, en entrevistas extraoficiales para construir el relato de este libro. En otros casos directamente me he encontrado con excusas disparatadas y cancelaciones de entrevistas por los motivos más ridículos que uno puede imaginar.

PRISA es una empresa que, pese a su delicada situación financiera, todavía impone miedo en la profesión. Pese a ello, este libro cuenta con los valiosísimos testimonios de decenas de periodistas y trabajadores de PRISA que desinteresadamente me han ayudado dándome claves y datos esenciales en mi investigación. A todos los que han dedicado parte de su tiempo para hablar conmigo y arrojar luz a este libro les doy las gracias.

Juan Luis Cebrián no quiso hablar y canceló en dos oportunidades la entrevista que tenía pactada conmigo. La directora de comunicación de PRISA, Bárbara Manrique de Lara Jiménez, no respondió a mis insistentes correos y llamadas. Pedro Zuazua, director de comunicación de El País, tampoco respondió a las preguntas que le envié por correo electrónico. Javier Díez Polanco también se negó a hablar conmigo. La excepción fue Augusto Del­káder, director editorial de PRISA, que sí aceptó recibirme en su despacho de la calle Gran Vía.

Este libro tiene una gran deuda con Juan Francisco Lamata, experto en hemerotecas y una ayuda esencial en los momentos de dudas y confusión. También quiero dar las gracias a mis compañeros de redacción de Periodista Digital, unos magníficos profesionales que realizaron una excepcional cobertura de la crisis de PRISA, fundamental para la elaboración de este libro. Mi agradecimiento también al director de mi periódico, Alfonso Rojo, por haberme introducido en el fascinante mundo de los medios, y a Manuel Luche, una especie de «hermano mayor» de esta profesión de quien he aprendido muchísimo. A mis amigos Graciano Palomo y Raúl del Pozo por alentarme a escribirlo y confiar en mí. A los trabajadores de la Biblioteca Nacional por su inagotable paciencia y amabilidad. A mi editor Jesús Espino y a la editorial Foca por su confianza. A todos, muchas gracias.

 

Prólogo

Juan Luis visto por El Cajetilla

Como diría Jorge Luis Borges, Luis Balcarce ha incurrido en un libro biográfico del que yo hago el prólogo. «Nadie –dice Borges– ha formulado hasta ahora una teoría del prólogo. El prólogo linda con la oratoria de sobremesa y abunda en hipérboles irresponsables, que la lectura incrédula acepta como convenciones del género». En los tablados isabelinos, el prólogo era el actor que proclamaba el tema del drama. El tema de este drama, que acaba en ruina y tragedia, es Juan Luis Cebrián, uno de los hombres más poderosos de nuestra historia reciente. En este apasionante libro, según me confiesa su autor, se ha intentado recuperar el oficio de periodista. «El de ir a las fuentes, el de esperar horas a las puertas de los despachos para pedir una entrevista, el de devorarse las hemerotecas y reconstruir los hechos con la paciencia del orfebre. No me avergüenza ser un recolector de testimonios, un indiscreto con la nariz pegada al cristal de los despachos, una mosca en la pared de los Consejos de Administración.»

Como ven, este autor desmiente el tópico del argentino fanfarrón que cuando le preguntan en la aduana por el sexo responde: «Desproporcionado». Cuando le conocí, le puse el apodo de El Cajetilla, que escuché en Buenos Aires y que se le dice al «bacán», que levanta minas sin dar bola a nadie, fino, bien maqueado, lo que aquí diríamos un pijo. Pero tampoco le cuadra el mote, porque, ahora que le conozco, me parece más un tipo serio, inteligente y gran periodista. También tengo que decir que siento una profunda admiración por los argentinos, por su talento, por su fidelidad como amigos, por la deslumbrante Buenos Aires, y sé que sólo responde a la envidia esa calumnia, según la cual, Chile es un invento de Dios para evitar que Argentina llegue al Pacífico.

Luis Balcarce ha ideado esta historia como un detective de gabardina y bloc de notas. Pensaba el autor que en la historia del periodismo español había, metafóricamente, muchos asesinatos sin resolver y ha vuelto a los lugares del crimen. El lector encontrará nuevas hipótesis sobre la toma del poder de Polanco en El País, la ascensión desenfrenada de Juan Luis Cebrián y su apoteósica quiebra y bancarrota. Yo, que apenas tengo enemigos porque se me han muerto, consideré a Juan Luis Cebrián como uno de los adversarios supervivientes. Pero ya me aburren el odio y las guerras mediáticas de este país. Tengo el honor de haber pertenecido al «sindicato del crimen» cuando enfrentarse a Cebrián era como chocar con el minotauro. Fue mi primer redactor-jefe, le critiqué con mala leche y recibí mi castigo.

Al igual que el autor de este libro, tengo que reconocer que hizo uno de los mejores periódicos de Europa, que tuvo huevos el 23F y que fue la fortaleza, el Fuero Juzgo de la democracia, hasta que la enfermedad del poder le convirtió en el cardenal laico y sectario de una nada Santa Inquisición. Marcaba pautas y mandaba. El Gobierno era parte del holding. Pero, como apunta Balcarce, supo leer los tiempos que venían, llegó a tener tanto poder que lo que no aparecía en El País no existía o era el mal.

El gallo se asocia a la arrogancia del poder. Una vez me explicó uno de los creadores de Podemos que, en realidad, el régimen empezó a derrumbarse cuando los cuatro gallos que cantaban en el basurero dejaron de emitir los quiquiriquís. Según mi confidente, los cuatro gallos –Juan Carlos, Pujol, Felipe González y Cebrián– «han hundido su prestigio y han hundido sus biografías, que las escribiremos nosotros. La ruptura tardó en llegar porque ellos hicieron imposible una salida, manteniendo un bipartidismo con la alianza de los nacionalistas catalanes». De los cuatro, el que mejor ha sobrevivido ha sido Felipe González. Ahora, Luis Balcarce, El Cajetilla, retrata a uno de esos hombres que iban a dar su nombre a un siglo y que después de la ruina van a pasar a la memoria, quizá, como el Antenor que traicionó a Troya.

Raúl del Pozo

Introducción

Caviar iraní

Yo no estoy aquí para discutir mis contradicciones contigo. Punto final.

Juan Luis Cebrián (entrevista de Jordi Évole)

«Puede usted preguntarme cuántas veces me he masturbado pero no voy a contestar sobre eso». Lo dijo apretando los dientes, conteniendo la rabia. ¿Acaso no sabían quién era él? ¿Cómo podían atreverse a preguntarle eso? Eso era su patrimonio personal. Eso eran sus relaciones con Massoud Zandi, el empresario español de origen iraní investigado por la Fiscalía española por defraudar casi 126 millones de euros a Hacienda. Eso eran las acciones por valor de seis millones de euros que le había regalado Zandi[1] de la opaca petrolera Star Petroleum. Eso era la aparición en los papeles de Panamá de su exmujer, Teresa Aranda, como apoderada de una sociedad radicada en un paraíso fiscal desde el año 2004[2]. Eso, todo eso, era algo de lo que Juan Luis Cebrián, entonces presidente del Grupo PRISA, no quería hablar ante los micrófonos de Carlos Alsina en Onda Cero aquel 12 de diciembre de 2016.

Star Petroleum es la clave de bóveda de una presunta estafa que le costó varios millones de euros a un grupo de empresarios vips españoles. La petrolera radicada en Luxemburgo está controlada de forma mayoritaria por Zandi a través de Hypersonic Limited, una sociedad creada en Samoa y trasladada después al paraíso fiscal de las Seychelles con ayuda de los bufetes Mossack Fonseca y Morgan & Morgan, conocidos por su aparición en los papeles de Panamá. El accionista principal de esa sociedad petrolera es Zandi, mientras que su íntimo amigo Juan Luis Cebrián posee el 2 por ciento, valorado inicialmente en seis millones de euros, y una opción de compra de otro 3 por ciento a cambio de casi 15 millones[3]. El iraní fue denunciado por la Fiscalía española por simular su domicilio fiscal en Dubái y ocultarse del fisco a través de un entramado de sociedades que aparecen en dichos papeles de Panamá. Además, Zandi habría usado presuntamente los servicios de Mossack Fonseca para ocultar a la Hacienda española la propiedad de la luxemburguesa Star Petroleum. En mayo de 2017 la Sección de Delitos Económicos de la Fiscalía Provincial de Madrid presentó ante el Juzgado de Instrucción Número 3 de Pozuelo de Alarcón una ampliación de su denuncia contra el empresario iraní por tres delitos contra la Hacienda Pública en relación con el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) correspondiente al periodo 2010-2013. La Fiscalía sostiene en su denuncia que la cantidad de dinero defraudado asciende a casi 126 millones de euros[4].

Zandi prometía pegar un espectacular pelotazo con el Gobierno del Sudán del Sur al negociar una autorización para iniciar labores de explotación en un yacimiento conocido como Bloque E, una mina de oro negro de 45.000 kilómetros cuadrados, de la que se calculaba que se podrían extraer unos 2.000 millones de barriles con un coste de extracción de apenas ocho dólares por unidad. Para conseguirlo fue esencial la carta que firmó Felipe González, otro amigo íntimo de Cebrián, dirigida al presidente de Sudán, Omar al Bashir: «El motivo por el que me dirijo a usted es para hacerle saber que conozco personalmente al señor Zandi, presidente y consejero delegado de Star Petroleum. Puedo asegurar que es una persona honorable, seria, trabajadora...», escribió el exlíder del PSOE al sudanés el 2 de septiembre de 2009[5]. «Fíjate, la capacidad embaucadora que tiene el personaje para hacer que un expresidente como González hiciese algo por él que no ha hecho por ninguna empresa del IBEX 35», subraya un socio del iraní a El Mundo. «A Cebrián también le pidió apoyo para que le buscase inversores y gracias a él entraron en Star Petroleum: Roberto Alcántara, el mexicano que aportó 100 millones a PRISA, Alain Minc, consejero del mismo grupo editorial, y Antonio Navalón, comisionista próximo al PSOE. Por ello, le regaló, según El Confidencial, acciones valoradas en seis millones de euros de una empresa que tenía el 89 por ciento de su capital controlado por una firma situada en el paraíso fiscal de Seychelles y que fue montada por el bufete Mossack Fonseca»[6].

En pleno boom del ladrillo, Star Petroleum, la «nueva Repsol» con la que Zandi pretendía extraer el crudo en Sudán del Sur, necesitaba dinero fresco para acometer sus millonarias inversiones en el corazón de África. Y, para conseguirlo, el iraní tiró de agenda y exprimió el bolsillo de sus amigos de la jet set española como Javier Merino, ex de Mar Flores, Alberto Cortina, Andrés Piedrahíta (el que fuera hombre de Madoff en España), Guillermo Mesonero Romanos y Jaime Malet, presidente de la Cámara de Comercio de EEUU en España, entre otros. «Era un encantador de serpientes. Tenía don de gentes, siempre iba engominado y con trajes italianos. Se esforzaba en dejarse el dinero que le prestaba su padre en rendir pleitesía a hombres influyentes. Su filosofía era invertir en millonarios a los que años después les sacaría el dinero de forma sutil. Les llamaba hermanos», recuerda un amigo[7]. Los citaba en reuniones en el lujoso hotel Villa Magna de Madrid, en el reservado del restaurante Santceloni (siempre con vino Vega Sicilia encima de la mesa) o en su mansión de La Finca de Pozuelo de Alarcón, ubicada a escasos metros de la de Cristiano Ronaldo. Las oficinas de Star Petroleum estaban ubicadas en dos plantas del número 42 del Paseo de la Castellana. Mil metros cuadrados de mármol a la caza de incautos millonarios. Zandi y Cebrián viajaron por medio mundo en busca de inversores. Viajes a todo lujo a Abu Dabi, Marruecos, EEUU e Italia, que tuvieron lugar entre marzo y mayo de 2015 y fueron pagados por cuenta de Star Petroleum.

La presencia de un influyente periodista como Cebrián en las negociaciones era la mejor carta de presentación de la que podía presumir Zandi. «La presencia del periodista y gestor de medios de comunicación sirvió para convencer a determinados inversores del golfo Pérsico para entrar en el capital de la petrolera, que supuestamente tenía unos derechos para explotar gas y crudo en Sudán del Sur. De hecho, Tabarak, un fondo de Abu Dabi, y varios hombres de confianza de Sheikh Mansour –jeque del emirato, presidente de IPIC y dueño del Manchester City– compraron o recibieron acciones de la compañía y hasta pasaron un fin de año –parejas incluidas– con Cebrián y Zandi en Dubái. Para tales contactos, se valieron hasta del embajador de España en Dubái, José Eugenio Salarich Fernández de Valderrama»[8]. El modus operandi de Massoud Zandi era pavonearse delante de los dueños de inversión, los fondos de inversión y family offices a los que ofrecía entrar en su proyecto, y demostrar que contaba con el apoyo de personalidades relevantes. «Por ello, a los encuentros en su mansión de ocho millones de La Finca, no dudaba en invitar a Felipe González para dar credibilidad a su propuesta. Según algunos de los inversores a los que trató de convencer, el español nacido en Irán también nombraba con frecuencia a Deloitte en distintas ocasiones para demostrar que la compañía contaba con una firma de consultoría de primer nivel internacional»[9]. «O estaba ante el deal [operación] de mi vida, o ante la mayor estafa de mi vida», asevera uno de esos vips a los que invitaron a dejarse la lana en la petrolera.

«Zandi montaba una parafernalia como si fuese un jeque de los que veranean en Marbella. En Dubái recogía a sus posibles socios en un Rolls Royce blanco y los llevaba a su suite en el mejor hotel del mundo, el Burj Al Arab, de siete estrellas. También usaba avión privado. ¿Cómo vas a desconfiar de alguien que lleva ese tren de vida?», se pregunta uno de sus socios que tardó en descubrir la táctica empleada durante décadas por Zandi. La verdad era que lo de Sudán jamás iba a resultar porque no tenían la pasta suficiente que se requiere para pagar el «bono» al Gobierno sudanés, acometer la sísmica y, a continuación, empezar la prospección para saber si se encuentra petróleo o no. «A Repsol llegan al cabo del año muchos supuestos negocios como este, concesiones de explotación que no valen nada, porque hay que invertir no menos de 3.000 millones de dólares para perforar y ver si sale algo. Es el timo de la estampita», afirma un inversor que conoce el sector al dedillo[10]. «Ha firmado talones falsos y no ha construido los hospitales que prometió por el bloque de petróleo», asegura otro socio.

 

Hartos de ver cómo su dinero se evaporaba sin ver ni uno de los barriles de crudo prometidos, los socios españoles timados por Zandi, encabezados por Javier Merino, se amotinaron en mayo de 2016 y consiguieron echar al iraní situando a un presidente de consenso, Carlos Kinder, exconsejero de Gas Natural y accionista de la aeronáutica GTD y también de Star Petroleum. «Antes de hacer la ampliación de capital, los accionistas reconocieron en una tasación que el valor de la compañía era de poco más de un millón de euros, cuando se había desembolsado capital por 230 millones», publicó eldiario.es[11]. Cebrián tuvo suerte: le devolvió a Zandi ese 2 por ciento que le había regalado y evitó ejercer el primer plazo de la opción de compra por el 5 por ciento del capital sabiendo que la empresa iba camino de la bancarrota. ¿Por qué Cebrián no cayó en la trampa de Star Petroleum? Porque el académi­co de la lengua conocía de primera mano la situación de la petrolera. «Primero, porque fue consejero durante 2015; y segundo, porque tiene una estrecha relación con Luis Jiménez, el auditor de Deloitte al que la petrolera encargó un análisis exhaustivo de las cuentas y de su balance.» Lo necesario para saltar del barco a tiempo. «En realidad la pretensión de Zandi y de sus socios no era otra que la de endilgar Star Petroleum a Repsol por una cifra millonaria, una idea que Cebrián hizo suya y que pregonó por los cenáculos madrileños, afirmando que Repsol iba a comprarla por 300 millones, porque así se lo había prometido Isidro Fainé, el gran capo de La Caixa y accionista de referencia de Repsol», afirma Jesús Cacho[12]. En agosto de 2017 Star Petroleum declaró la quiebra al serle negados por el Gobierno de Sudán del Sur los derechos de explotación de los bloques E1 y E2 de la cuenca del Muglad.

 

«¡Ni siquiera he pedido esta entrevista!»

Tras conseguir la nacionalidad española en 1997, Zandi entró por la puerta grande de las esferas del poder socialista de la mano de González y Juan Luis Cebrián. Se hicieron inseparables. Para arrimarse a Zapatero, montó en 2004 la Fundación Atman para el Diálogo entre Civilizaciones, un chiringuito desde donde promover el buenismo zapateril urbi et orbi. Al frente colocó como vicepresidenta a la experiodista Teresa Aranda, esposa de Cebrián, y a otros amigos suyos como Javier Merino y Joaquín Arespacochaga, hijo de un exalcalde de Madrid y detenido en 2013 por beneficiarse de unas subvenciones para reindustrializar la bahía de Cádiz. «Zandi abrió a la periodista un restaurante en La Moraleja, Plaza de la Fuente –recuerda Jesús Cacho–, un lugar decorado con mimo que aspiraba ser, al mismo tiempo, café concierto y club de jazz. Lo financió Zandi, y casi al mismo tiempo (octubre de 2004) le puso (un millón de euros) una fundación ad hoc, la Fundación Atman para el Diálogo entre Civilizaciones, para entretener su ocio como vicepresidenta, bajo la presidencia honorífica del propio Zandi. Eran los tiempos dorados de Zapatero, y nuestro hombre, muy amigo de Miguel Sebastián, jefe de la oficina económica del presidente, y de periodistas como Pedro J. Ramírez y Antonio García Ferreras, entraba en la Moncloa como Pedro por su casa»[13]. Un compendio de lo mejor de la izquierda y del mejor caviar, el iraní.

La Fundación cerró sin pena ni gloria en octubre de 2007, «debido al escaso apoyo obtenido», pero lo llamativo era que un mes y medio antes de su presentación oficial, el 30 de agosto de 2004, «el despacho Mossack Fonseca ayudó a crear la empresa Granite Corporation Inc., que nada más nacer en Seychelles dio poderes generales a Teresa Aranda, así como a Gerhard Nellinger y Laura Rey», informó El Confidencial. Aranda dijo no tener nada que ver con los tejemanejes de su exmarido y atribuyó esta compañía al entorno de Cebrián, algo que el entonces presidente de PRISA negó hasta el hartazgo con un rotundo «jamás, jamás, y cuando digo jamás, es jamás»[14].

«Yo jamás he estado en los papeles de Panamá. Lo que me afecta es la difamación», dijo con enfado Cebrián. «No he venido aquí para hablar de mi patrimonio personal»; «no tengo que dar explicaciones de nada a la opinión pública»; «no he venido aquí para hablar de esto sino de mis memorias»; «no he venido aquí a hablar del señor Zandi»; «no he venido a confesar mis pecados y a someterme a un debate psiquiátrico ¡ni siquiera he pedido esta entrevista!», bramó enfurecido. Carlos Alsina ni se inmutó. El exdirector de El País atacó a los medios que sacaban las informaciones sobre sus relaciones con Zandi y tachó de «miserable» y «estúpido» que El Confidencial y La Sexta hablasen de su vinculación con los papeles de Panamá. «Nunca he estado en los papeles de Panamá. Este tema es pura invención. Y yo no voy a competir sacando historias inventadas de los dueños de esta casa [Onda Cero]. Me parece lamentable la situación en la que está cayendo el periodismo español en este punto».

Alsina le preguntó por la demanda que PRISA había interpuesto contra El Confidencial alegando competencia desleal y daños patrimoniales y morales por un importe cerca de los 8,2 millones de euros. «No voy a hablar de una demanda que está en este momento ante los tribunales», le interrumpió enfadado Cebrián. Al entrevistador le sobraba oficio para lidiar con ese toro embravecido lanzando cornadas a la desesperada. Mantuvo el temple, cogió la espada y entró a matar recordándole a Cebrián que el diario El País había hecho lo mismo de lo que acusaba a El Confidencial y La Sexta:

—Déjeme que le plantee la pregunta de otra manera. Si usted es director de un medio de comunicación y entiende que es de interés público una información que afecta a otro medio o grupo de comunicación que es de su competencia, ¿usted cree que no debe publicarla?

—Yo no he dicho que no deban publicar nada. Yo he dicho que no he venido a hablar de eso –se escabulló Cebrián.

Alsina volvió a la carga preguntándole qué interpretaba Cebrián como «la competencia desleal»:

—Si usted es director de un medio de comunicación y entiende que es de interés público una información que afecta a un ejecutivo o periodista de otro grupo de comunicación de la competencia, ¿usted no la publica?

—Yo la publico si creo que es verdad, si creo que es mentira, no. Y, desde luego pregunto a esa persona si es verdad o si es mentira.

—O sea, que si fueran verdad las informaciones que se han publicado no habría competencia desleal –le soltó Alsina como un puñetazo a la mandíbula.

—Yo no voy a hablar sobre la competencia desleal porque eso lo tienen que decidir los tribunales –balbuceó Cebrián casi besando la lona.

El entrevistador de Más de Uno siguió castigándole sin ningún tipo de misericordia:

—El diario El País, en el año 2014, publicó que Mediapro, la empresa del señor [Jaume] Roures, tenía 250 millones de euros en 150 cuentas del extranjero.

—¿Y a mí qué me cuenta de esto?

—Le pregunto si es una información de interés público o está destinada a perjudicar a un competidor.

—Pregúnteselo al que publicó la información, pero, en mi opinión, sí es de interés público. Yo no soy responsable de la publicación de esta noticia y no vengo a discutir si está bien o mal lo que hace el director de El País.

Así que cuando a Cebrián le convenía, la culpa de las malas prácticas de su periódico era responsabilidad exclusiva del director del diario El País. La información sobre las supuestas cuentas de Roures en el extranjero fueron todo un ejemplo de fake news por la que el diario de PRISA, a regañadientes y de tapadillo, un 28 de diciembre de 2017, el Día de los Santos Inocentes, tuvo que rectificar tras ser condenado por la Audiencia Provincial de Barcelona al ser «incapaz de aportar elementos» sobre la veracidad de esa noticia[15].

Al acabar la entrevista con Carlos Alsina, Cebrián se marchó con un cabreo de mil demonios de los estudios de Onda Cero, lanzando fuera de micrófono una frase que resonó como una grave amenaza: «Vamos a tener que publicar el patrimonio de la familia Lara y de Mauricio Casals a ver si os tranquilizáis». Cebrián aludía al fallecido fundador de Planeta y al presidente de La Razón, empresas vinculadas a Onda Cero. Una amenaza propia de otros tiempos, de alguien que se había quedado congelado en el pasado, que no se había enterado de que España había cambiado y que le había perdido el respeto.

Una empresa más glacial que global

Los problemas que llevaron a PRISA a su desguace, antes que financieros (su enorme y casi impagable deuda fruto de una disparatada inversión en el sector audiovisual), fueron estratégicos. PRISA es una empresa atrapada en el paleolítico tecnológico que vive de las rentas de la editorial Santillana, su aún potente división de radio y el prestigio de una cabecera poco rentable pero mundialmente conocida como el diario El País. Una reflexión extraída de una experiencia personal: una compañía global no puede permitirse el lujo de que la secretaria de un alto cargo como Ignacio Polanco responda a una solicitud para una entrevista por correo electrónico casi un mes después de ser solicitada. En plena dictadura de las redes sociales, PRISA tiene todavía costumbres del antiguo régimen. Uno ve a los directivos de Uber o Facebook y los compara con la gerontocracia que habita en PRISA y saca la conclusión de quiénes son los que marcan el paso de la nueva economía de la información y quiénes se han quedado congelados en el hielo como mamuts. Una empresa más glacial que global.

A fines de los años noventa, Polanco y Cebrián sabían que se enfrentaban a un cambio tecnológico brutal que los obligaba a acometer la reinvención de todos los medios del Grupo PRISA porque la bonanza de la que habían disfrutado a la sombra del poder político de turno no iba a durar para siempre. Pero estaban más ocupados en alargar la fiebre del oro del fútbol de pago que en prestar atención a la revolución digital que estaba naciendo. Buscaron amarrar el viento, y un huracán digital los arrastró sin contemplaciones. La PRISA de Polanco era una empresa provinciana, de ordeno y mando. Manda el patrón, ejecuta el capataz y el ganado al establo. Como presumía Polanco, tres editoriales de El País podían acabar con la carrera de un político. El País tenía una capacidad de fuego despiadada y su director mandaba tanto como un ministro. Primaba el negocio, la cuenta de resultados. La PRISA de Cebrián fue un «sálvese quien pueda, mientras yo me lo lleve calentito». Una empresa donde se valoran más las fidelidades que la eficiencia.

La revolución digital fue un indescifrable enigma que dejó a los «capos» de PRISA fuera de juego. Internet fue un misterio bíblico para Cebrián. Incluso así, le dedicó en 1998 un libro titulado La Red, plagado de lugares comunes donde presumía de su faceta de gurú tecnológico. Pero Cebrián no era Nicholas Negroponte. Y la prueba es que fue incapaz de predecir que la tierra prometida no estaba en el fútbol sino en las redes sociales y los móviles. Cuando lo descubrió, ya era demasiado tarde: «Los periódicos somos zombis. Ya nos hemos muerto. Lo que pasa es que, como buenos zombis, nos negamos a admitirlo», reconoció. «Cuando me preguntan cuándo van a morir los periódicos, les digo que ya estamos muertos». Pero esa muerte anunciada, que tuvo un coste brutal en términos de recursos humanos, traducido en despidos masivos y una enorme pérdida de credibilidad para los medios de comunicación del grupo, podría haber sido atajada si la cúpula de PRISA hubiera acometido a tiempo los cambios estructurales en lugar de llenarse los bolsillos con bonus y salarios estratosféricos mientras mendigaba dinero a los fondos buitre. Así se lo hizo saber a Cebrián su propio periódico con una letal viñeta del Roto: «El papel no tiene futuro... ¡menos el de los billetes, claro!».

Un año antes de que PRISA se entrampara hasta las cejas con más de 2.000 millones de euros para hacerse con la totalidad de Sogecable, Google se había hecho con YouTube por «sólo» 1.300 millones de euros en 2006. Mientras unos descifraban el futuro, otros seguían congelados en el tiempo. Y cuando fueron al río para buscar las pepitas de oro del fútbol de pago, se encontraron con que los bancos se habían quedado hasta con las excavadoras.

Otra historia del grupo PRISA

Ser periodista es como volver a la escena de un crimen: quizá por eso en el imaginario colectivo los periodistas y los detectives comparten gabardina, boli y bloc de notas. En la historia reciente del periodismo español había muchos «crímenes» sin resolver. Eso es lo que hacía indispensable escribir una nueva biografía del Grupo PRISA que cubriese lagunas e imperdonables olvidos de otros autores que me precedieron en esa tarea y a los que, pese a su indisimulada admiración por las figuras de Polanco y Cebrián, no hay que restarles ningún mérito[16]. Este libro les debe mucho. Este libro aspira también a ser una reflexión sobre nuestra profesión periodística, una cura de humildad como la de aquel ministro de la Transición que, cuando su secretario le avisó de que los periodistas le esperaban fuera de su despacho, dijo solemne: «Que pasen y coman».

Un retrato descarnado del mayor grupo de comunicación español de la democracia, de sus días de gloria y de su decadencia. El lector encontrará nuevas e inéditas revelaciones sobre el pacto de sangre entre Juan Luis Cebrián y Jesús Polanco en los inicios de El País; la historia oculta del asalto al poder de Polanco en el accionariado de PRISA a comienzos de los años ochenta; la verdadera historia de la «operación Trevijano» y de cómo el abogado republicano perdió su pulso contra citizen Polanco; una hipótesis sobre la auténtica identidad del «cerebro» de la cacicada mediática que se conoció como el «antenicidio» y que permitió que el PSOE de Felipe González ganara unas elecciones que tenía perdidas; descubriremos al protector político de Cebrián y Polanco en el caso Sogecable, que intercedió por ellos para que se libraran de ir a la cárcel por apropiación indebida y estafa, el papel esencial que desempeñaron el juez Baltasar Garzón, la «Tijuana Connection» y la estremecedora confesión que me hizo Gómez de Liaño: «Hubo jueces que recibieron “distracciones” por parte de Polanco»; analizaremos el 11M informativo de la cadena SER, los engaños y desengaños del Gobierno del PP y cómo los que gritaban «Aznar, asesino» delante de la sede de la calle Génova el 13M se convirtieron años después en la tercera fuerza política en el Parlamento español; analizaremos cómo PRISA fue rescatada por el establishment político y empresarial español a fondo perdido, rescate patrocinado por un Gobierno del PP que necesitaba a El País como punta de lanza contra el golpe separatista catalán; y cómo fue la batalla final entre los fondos buitre y un Juan Luis Cebrián que se atrevió a decirles a la cara: «PRISA soy yo».

En el momento de escribir estas líneas, El País publica un artícu­lo titulado «PRISA abre una nueva etapa», en el que el grupo anuncia a bombo y platillo que, gracias a su última ampliación de capital y a la venta de la portuguesa Media Capital, se conseguirá una reducción de deuda de 771 millones que dejará el endeudamiento neto de PRISA en 660 millones de euros. «PRISA despeja su horizonte financiero y gana margen para acelerar el crecimiento de sus negocios». La foto es para el consejero delegado de PRISA, Manuel Mirat, y el presidente no ejecutivo, Manuel Polanco. En el artículo apenas se hace mención a la salida de la presidencia de Juan Luis Cebrián, aparcado ahora en el organigrama como presidente de El País. «Los inversores han bendecido las operaciones y el valor en bolsa ha crecido notablemente», remata exultante el comunicado. Es un mensaje de optimismo. Y a uno, de verdad, le gustaría creérselo, de no ser por la simple constatación de que en PRISA siguen mandando los mismos de siempre, los mismos que lo condujeron a la ruina y ahora se postulan como sus milagrosos salvadores.

Madrid, 25 de febrero de 2018

[1] A. Marco, «Zandi paga a Cebrián desde Seychelles los impuestos de su “regalo” en la petrolera», El Confidencial, 28 de abril de 2016.

[2] «La periodista Teresa Aranda figura como apoderada en una sociedad offshore en las islas Seychelles», La Sexta, 25 de abril de 2016.

[3] «Un dinero que el presidente de PRISA debía desembolsar el 30 de abril de 2016, 2017 y 2018, en razón de cuatro, cinco y cinco millones, respectivamente, en una cuenta de un banco suizo propiedad de una offshore de Zandi. Nunca llegó a ejecutar esta opción de compra»; A. Marco, «La Fiscalía denuncia al socio de Cebrián por defraudar más de tres millones a Hacienda», El Confidencial, 14 de diciembre de 2016.

[4] «La Fiscalía amplía su denuncia contra Zandi y eleva su fraude a Hacienda a 126 millones», El Confidencial, 18 de mayo de 2017.

[5] C. Segovia, «Así es la petrolera de Luxemburgo que promueve Felipe González», El Mundo, 31 de mayo de 2016.

[6] J. Negre, «Los estafados millonarios del conseguidor iraní recomendado por Felipe González», El Mundo, 12 de febrero de 2017.

[7]Ibid.

[8] A. Marco, «Los viajes de lujo de Cebrián y su pareja por medio mundo a costa de Star Petroleum», El Confidencial, 23 de febrero de 2017.

[9] «El problema, según la misma fuente, es que a la hora de profundizar en las cuentas de Star Petroleum, ni Zandi ni Cebrián ofrecían un informe auditado en el que poder contrastar la información. “Con el listado de inversores que había, con varios emires incluidos, la pregunta es qué hacía yo allí, por qué me pedían a mí invertir 10 millones”, sentencia». A. Marco, «Zandi se vale del socio de Deloitte que audita PRISA para tasar Star Petroleum», El Confidencial, 10 de mayo de 2016.

[10] J. Cacho, «Zandi y el cenagal de los codiciosos», Vozpópuli, 22 de mayo de 2016.

[11] B. Carreño y R. Sánchez, «Los socios de la petrolera de Cebrián logran echar a Zandi y sanean parte de sus deudas con un millón de euros», eldiario.es, 25 de abril de 2017.

[12] La Caixa ha desmentido este extremo.

[13] J. Cacho, «Zandi y el cenagal de los codiciosos», cit.

[14] Entrevista con Jordi Évole en Salvados, La Sexta, 12 de noviembre de 2016. En los años en los que Granite Corporation estaba en funcionamiento y Teresa Aranda figuraba como apoderada, Cebrián aún estaba casado con ella.

[15] R. G. Gómez, «Roures posee 250 millones en 150 cuentas, un tercio en paraísos fiscales», El País, 13 de diciembre de 2014.

[16] M. Cruz Seoane y S. Sueiro, Una historia de El País y del Grupo PRISA, Barcelona, Plaza y Janés, 2004; y M. Cabrera, Jesús Polanco(1929-2007), Bar­celona, Galaxia Gutenberg, 2015.

capítulo i

El heredero

Si se quiere ser global hay que tener tamaño, y eso es imposible con una familia o grupos de amigos como únicos accionistas.

Juan Luis Cebrián

Los hijos de Polanco se rindieron a Cebrián sacrificando lealtades de sangre como la que tenían con su primo Javier Díez Polanco. La gran aspiración de Cebrián era ser aceptado por el establishment español y ser bendecido por la plutocracia de este país.

«Españoles, Polanco ha muerto». Es 21 de julio de 2007 y el meme con la imagen de un compungido Carlos Arias Navarro anunciando la muerte de Jesús Polanco corre como la pólvora por internet. Juan Luis Cebrián lleva un rato sin mirar el móvil. Con el rostro desencajado, el exdirector de El País entra en la capilla ardiente donde se velan los restos del presidente del grupo PRISA, el hombre con mayor poder en España en las últimas tres décadas. Polanco muere a los setenta y siete años dejando una fortuna superior a los 2.000 millones de euros, y Cebrián, consejero delegado de PRISA y fiel capataz del magnate, le da su último adiós conteniendo las lágrimas. Es el punto final a una amistad de 32 años.

En la capilla ardiente, instalada en la sede de la Fundación Santillana en la calle Méndez Núñez de Madrid, se puede improvisar un Consejo de Ministros. No falta nadie. Una muestra del temor reverencial que inspira aun muerto Jesús Polanco en la clase política española. La plana mayor del PSOE desfila consternada, solemne y con los ojos clavados en el suelo. Polanco es sinónimo de poder. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega –«siento mucho la pérdida, Ignacio»–; el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Pedro Solbes; el ministro de Cultura, César Antonio Molina –«mi amigo de muchos años»–; y el secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, bajan la mirada ante el féretro del último poder fáctico de la democracia española. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, el más ferviente polanquista del Partido Popular, apenas puede contener el llanto. El País le dedica a su fundador su portada completa del 22 de julio de 2007, titulando a cinco columnas: «Muere Jesús Polanco, líder de la comunicación en español». Los halagos se confunden con la servidumbre. Escritores y periodistas en nómina de PRISA se apresuran a cantar las proezas del editor. La personalidad grisácea del magnate los lleva a la exageración y el elogio desmedido.

Los medios rivales decretan una tregua. Le tratan con un fair play que los medios de PRISA jamás dispensaron a sus enemigos. Vicente Ferrer Molina recuerda que, cuando murió Jaime Campmany, el indiscutible maestro de la necrológica, Jesús Ceberio lo despachó con un suelto sin firma en El País. Mientras sus enemigos lo despiden con respeto, las firmas de PRISA rezuman rencor por los cuatro costados. Ni siquiera el día después de la muerte de Polanco son capaces de mirar a los demás sin sed de venganza. «Cebrián habla de la “insidiosa inquina” que le prodigaron algunos; Javier Moreno arremete contra los “jueces prevaricadores, periodistas corruptos y políticos traidores”; Javier Pradera denuncia “la injuria y la calumnia” de las que fue objeto el editor; Juan Cruz muestra su “rabia” frente a quienes “trataron de nublar, con tanta contumacia como injusticia”, su “dignidad”; Manuel Vicent subraya que el finado se lleva la “gloria” de haber sido “perseguido y vituperado”; Iñaki Gabilondo añade que se ha ido “el hombre al que más se ha insultado gratis”, víctima del “rancio españolismo”...», detalla Ferrer Molina[1]. En el diario que se jacta de haber reconciliado a los españoles, el cadáver todavía tibio del multimillonario editor brinda una ocasión exquisita para lanzar piedras a la otra España que «está en deuda» con Polanco y que «le dio mucho menos de lo que él le había entregado», según opina Juan Luis Cebrián, cobrador del frac del guerracivilismo[2].

La sucesión

El funeral de Polanco es un baile de máscaras en el que unos a otros se preguntan quién se hará con el trono del imperio PRISA: un conglomerado que agrupa a la poderosa Sogecable –la plataforma audiovisual Digital+ con más de dos millones de abonados y el canal en abierto Cuatro–; la Cadena SER, escuchada cada día por más de cuatro millones y medio de oyentes en España; la editorial Santillana, joya de la corona del reino Polanco al otro lado del Atlántico; y el diario El País, el periódico más vendido de la prensa española y el mortífero «cañón Berta», como lo llamaba con cariño Polanco, con el que imponía el terror en políticos, empresarios y todo aquel que le echara un pulso. Un holding que desde el año 2000 cotiza en bolsa y suma una capitalización de 3.500 millones de euros, con unos ingresos de explotación de 2.800 millones, un beneficio neto de 230 millones y la larga sombra de una deuda que supera los casi 5.000 millones. Las apuestas por la guerra sucesoria en el mayor grupo de comunicación español muestran dos claros favoritos: el consejero delegado Juan Luis Cebrián y Javier Díez Polanco, máximo ejecutivo de Sogecable.

Plenamente consciente de su grave enfermedad –un cáncer de médula ósea– y del escaso tiempo que le quedaba de vida, Jesús Polanco optó el 16 de noviembre de 2006 por proponer al Consejo de Administración el nombramiento de su hijo mayor, Ignacio, como vicepresidente. A su muerte, Ignacio, como en las grandes dinastías, es automáticamente designado presidente. Un dedazo mal visto al tratarse de una sociedad cotizada en bolsa como PRISA, «que adopta así decisiones sucesorias de corte dinástico sin la menor consulta a los accionistas minoritarios»[3]. La decisión conmociona al parqué porque Ignacio no estaba en las quinielas. No se sabe si es un armisticio entre las facciones o una tercera vía, un simple paréntesis, antes de que el auténtico heredero asalte el poder.

Las dudas surgen a partir de estas ambiguas palabras de Polanco al Consejo explicando el nombramiento de su hijo Ignacio: «Garantiza el futuro de la estabilidad patrimonial de la sociedad, representada por mi familia, y el apoyo continuado a la gestión del actual equipo profesional que encabeza el consejero delegado, Juan Luis Cebrián». ¿Qué significa «apoyo continuado a la gestión» del consejero delegado? Quienes saben leer entre líneas los comunicados de PRISA interpretan que en esas palabras del patriarca está escrito el destino del temeroso Ignacio: conformarse con ser un hombre de paja de Cebrián. Una jugada maestra del fundador, que, por un lado, aplaza las hostilidades latentes en el seno del grupo, permitiendo una sucesión sin sangre, y, por otro, desactiva al máximo rival de Cebrián, Javier Díez Polanco, consejero delegado del grupo Sogecable, «Polanquito» para los amigos, y un ejecutivo bien visto por los altos cargos de PRISA para suceder a su poderoso tío como heredero del mismo. «Ahí se la jugó definitivamente Cebrián. Lo logró en las largas visitas que realizó a la clínica Ruber donde estaba ingresado don Jesús, consiguiendo convencer al enfermo de la necesidad de nombrar heredero en vida a Ignacio»[4]. El hijo mayor de Polanco es un pelele en manos de Juan Luis, y su trono, cartón piedra. Cebrián sabía lo que hacía. Ignacio es un hombre de pulso débil que jamás le iba a discutir la dirección efectiva del grupo.

Cuando en PRISA vieron la jugada del patriarca, no tuvieron dudas de quién estaba detrás: «A Javier Díez Polanco se lo “cargó” Cebrián, con los hermanos Ignacio y Manuel Polanco mirando hacia otra parte como en una tragedia de Shakespeare. Ignacio Polanco, con sus limitaciones intelectuales, fue víctima de un padre castrador y poderoso, y de un hermano mayor tiránico representado en la figura de Juan Luis Cebrián», explica un exveterano de la casa Polanco a quien apodaremos El Botones. «Ignacio y Manuel sirven para lo que sirven. Ignacio, que es una persona entrañable, no sirve para la gestión. Y además era tartamudo y siempre tuvo pánico de hablar en público. Eso le hizo retraído y le alejó de los focos. Lugar que supo ocupar Juan Luis, el hijo que a Jesús Polanco le hubiera gustado tener. Habla idiomas, cosmopolita, listo, buen relaciones públicas. El que le conecta con el poder político, el que organiza cenas con Rato, Aznar, Rubalcaba, etc. Todo eso que a Jesús le costaba por su nula sofisticación», me cuenta El Botones. «Ignacio es un hombre reservado y de back office, casi no se deja ver en actos públicos. Manuel, que se prodiga algo más, es exquisito en el trato, siempre accesible. Son bellísimas personas, pero en esto han sido un poco huevones. O será que siempre lo han tenido todo muy fácil, la situación de la compañía les ha venido grande y se han puesto en manos de Cebrián», reflexiona otra alto ejecutivo de PRISA[5]. «La única de los hermanos Polanco que tenía cojones era Isabel», dice mi confidente. Era muy parecida a su padre, tenía madera de heredera, pero un cáncer (que ocultaron a su padre) truncó su vida y murió al año siguiente de fallecer Polanco[6]. Jesús desconfiaba de Ignacio hasta el desprecio. En una reunión informal en el despacho de Cebrián afirmó que «los hijos han de heredar el patrimonio pero no la gestión». Almorzando en Buenos Aires con su primogénito, Ignacio, Jesús Polanco le recriminó por una comanda excesiva: «Tú lo único que sabes es comer», dijo delante del corresponsal de El País José Luis Martín Prieto y su esposa. «Los hijos, afrentados y sin grandes cualidades, se aliaron con Cebrián, y ya no sé si por la separación de la Barreiros[7] (que le afectó mucho), por su desconfianza hacia el negocio televisivo (fue un hombre de imprenta) o por los largos prolegómenos no detectados de su enfermedad, Jesús se desmayó en brazos de su consejero delegado», relata El Botones.

El hombre de paja

El 23 de julio de 2007, dos días después de la muerte de su padre, Ignacio Polanco Moreno es nombrado presidente de PRISA con cincuenta y dos años de edad. Es vicepresidente de Timón, la sociedad instrumental que aglutina la fortuna de los Polanco, fundada por su padre y su socio, el hispano-argentino Francisco Pancho Pérez González. Timón, de forma directa o a través de su posición en Promotora de Publicaciones (PROPU), controla el 63 por ciento del capital de PRISA y está valorada en 1.825 millones de euros. PROPU es el primer accionista del grupo, con un 44,53 por ciento de sus acciones y Timón posee el 18,47 por ciento[8]. La segunda gran fuente de patrimonio de Polanco son sus tres sicavs, presididas por Ignacio y cogestionadas por Banco Urquijo y BBVA, y donde se atesoran 483 millones de euros. Si se suma esto a los 1.825 millones de PRISA, el resultado supera los 2.300 millones[9].

Pero Ignacio es consciente de que lo que acaba de heredar no es un imperio sino una bomba de relojería y que él no es precisamente un TEDAX. La deuda que ahoga a PRISA tras el lanzamiento de una oferta pública de adquisición (opa) para controlar la totalidad de Sogecable en 2007, en plena borrachera financiera y a las puertas de una recesión brutal, es un billete en primera clase al infierno. Juan Luis Cebrián cifra la deuda consolidada del grupo en alrededor de 4.800 millones de euros, fruto de la fusión de las dos plataformas de televisión en 2003 (Vía Digital y Canal Satélite Digital), de un crédito sindicado de PRISA procedente de la primera opa sobre Sogecable y de la oferta de compra sobre la portuguesa Media Capital por 640 millones de euros. El resto de la deuda correspondía a un crédito puente de 1.950 millones de euros concedido por seis bancos, cuya refinanciación lo dejaba virtualmente a merced de la banca. «A todos los niveles siempre hay un trato de favor de los bancos hacia los grupos mediáticos, por muy delicada que sea su situación. ¿Miedo? Más bien es la evidencia de que ante una situación límite suya van a recurrir a ellos a través de las Administraciones Públicas. Hay un grado muy fuerte de vinculación a través de la publicidad que pueda ayudarles a salir del agujero», afirma un veterano consultor financiero. Si fuera una constructora, ya estaría en concurso de acreedores. Si PRISA no ha quebrado todavía es gracias a su influencia política y su poder de fuego.

Descenso a los infiernos

«Durante los primeros seis meses como presidente de PRISA, Ignacio lo pasó fatal, tenía una especie de nebulizador en su despacho porque se ahogaba por la presión, no podía ni respirar. La situación le superaba», recuerda El Botones. Cebrián le envió un mensaje entre líneas al primogénito desde la web de El País, publicado apenas horas después del fallecimiento de Jesús Polanco: «Así se lo expliqué una vez a Ignacio Polanco, que me apuntaba lo peculiar y admirable de la amistad entre su padre y yo. Es muy fácil, le dije, se llama lealtad mutua. Él me permitió hacer el periódico que yo quería y lo defendió ante los numerosos ataques que recibíamos. Sin él, El País no habría existido, no como lo conocemos»[10]. Es la forma en que Juan Luis advierte a Ignacio de que debe respetar el «pacto de sangre» que existía entre su padre y él. Esa es la garantía que le ofrece de que «sus enemigos y los míos, que pugnaron repetidas veces por romper los lazos que nos hermanaron en tantas cosas», tampoco ahora conseguirán «generar entre nosotros la más mínima grieta»[11]. Ignacio acusa recibo y se rinde sin pelear. Prefiere estar a la sombra del capataz. Y el 5 de diciembre de 2008 decide dar todos los poderes ejecutivos a Juan Luis Cebrián, firmando su capitulación. PRISA comunica a la CNMV que Cebrián asume la presidencia de la Comisión Ejecutiva. Con ello, Ignacio se encomienda a una Comisión Ejecutiva formada por la antigua y fiel corte de su padre y de Cebrián: Matías Cortés Domínguez, Diego Hidalgo Schnur, Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, Agnes Noguera Borel y Adolfo Valero Cascante, con Miguel Satrústegui, como secretario. Son la particular guardia de cosacos de Juan Luis, el auténtico zar de PRISA. ¿Por qué Ignacio no eligió otro CEO teniendo el poder para hacerlo y que es lo que todo hijo de vecino hubiera hecho? «Porque temía a Cebrián. Juan Luis sabe que el poder real es el miedo. Y a Juan Luis le temen. Su poder se basa en tenerlos callados cobrando sumas escandalosas de dinero a cambio de decir “sí, señor”», me responde con desgana El Botones. La rendición del heredero llevará a la ruina al clan Polanco. PRISA es víctima de esa maldición de tantos imperios familiares en los que colocan en primera fila a bellísimas personas sin ninguna capacidad profesional. El día de su aclamación como presidente, las acciones de PRISA se movían en torno a los 16 euros. Cuando abandone el cargo, sólo cinco años después, la misma acción no valdrá ni una barra de pan: 0,22 euros. «En román paladino, los hermanos le sirven en bandeja todo el poder y comenzaba un proceso de demolición que en abril de 2011 vivía su momento más simbólico: Ignacio, todavía presidente de PRISA, desaparecía de la mancheta de El País para dejar paso a Cebrián, que pasaba a presidir el rotativo que dirigió»[12].

Jesús ya había quitado a Ignacio Polanco de la editorial Santillana porque se dio cuenta de que no tenía capacidad para dirigir. «Por sus dificultades para hablar en público, Ignacio no quiere ningún tipo de responsabilidad. La primera vez que va a ver a Zapatero, al regresar le dice a Cebrián que no quiere ir más. A partir de ahí Cebrián se convierte en el interlocutor de PRISA con el poder. Ni Ignacio ni Manuel estaban en el día a día en PRISA», me recuerda El Botones. «Hubo un momento en el que Pancho, el socio de Polanco, forzó la máquina para poner de segundo a Manuel para que frenase a Cebrián. Pancho solía decir que Manuel era el único que podía plantarle cara, pero Cebrián fue más listo y, a las primeras de cambio, mandó a Manuel a la otra punta del organigrama para que no estorbara», cuenta El Botones soltando una carcajada.

«Polanquito»

Javier Díez Polanco rozó la sucesión con la punta de los dedos hasta que se la arrebató Cebrián, el único dentro de PRISA con quien competía en ambición, inteligencia y audacia. La sucesión era cosa de dos. No había bandos. Javier llamaba la atención por el parecido físico con su tío. Huérfano de padre de forma temprana, Jesús no sólo se hizo cargo de sus gastos, sino que de alguna manera le adoptó. Don Jesús le encargó ocuparse de Santillana en Sudamérica, por lo que pasó cuatro años en Buenos Aires, dirigiendo la editorial en Argentina y Chile. Cuando Javier acabó Económicas, su tío le mandó a Chile para controlar la «Santillana del Pacífico», presidida por Patricio Rojas, exministro del Interior de Eduardo Frei. Era una plaza importante y complicada. Cuando la inflación arrasó la Argentina de Raúl Alfonsín en los años ochenta, Polanco le mandó a Buenos Aires para que se curtiera en aquel infierno hiperinflacionario. Ejecutivos de medio mundo caían sobre la capital porteña para estudiar una inflación que se acercaba a la de Weimar. «Estaba claro que Jesús le estaba preparando para más altos destinos», recuerda El Botones señalando el techo con las dos manos.

En 1988 Polanco le ofrece convertirse en director internacional de Santillana, con sede en Madrid, y, cuando preparaba su vuelta a España, «tras comprarse una casa en la calle Juan Bravo, recibió una llamada de su tío cambiando la oferta: había pensado nombrarle director general de PRISA»[13], escribe la exministra socialista Mercedes Cabrera, hagiógrafa de Polanco. Desde el momento en que aceptó, Javier se convirtió en una seria amenaza para los planes de Cebrián. Antes de ser nombrado consejero delegado de Sogecable, «Polanquito» fue director general de los diarios del grupo, El País, As y Cinco Días. Fue también consejero delegado de la SER cuando Felipe González entregó a Polanco la emisora más crítica con su Gobierno, Antena 3 Radio, acabando de un plumazo con una radio que era un dolor de muelas para el régimen felipista. «Polanquito llegó a mimetizarse con su tío sustituyendo el Díez por una D. en su papelería personal para que “sonara” como Javier de Polanco. Pisaba fuerte y pecaba de altivez juvenil, pero no le reconozco como histérico, desabrido o maleducado. Al frente de Sogecable, núcleo duro de la televisión de PRISA, chocó con Cebrián sabiéndose el hereu. “Aquí estamos, opándonos todos los días a nosotros mismos”, decía a sus íntimos mascando la frustración de ver cómo su cortijo se desmoronaba tras la opa a Sogecable impulsada por Cebrián», me apunta El Botones, con cierta tristeza en sus ojos. «No te voy a comentar nada específico, pero básicamente lo que ocurrió es que Cebrián no tenía ni idea del tema audiovisual. La gente de Sogecable –con Javier Díez Polanco al frente– sí sabía lo que estaba haciendo, pero Cebrián siguió aplicando la estrategia que fuera. Sin tener ni idea tira adelante y se carga la empresa», comenta un exalto cargo de Sogecable.

Cebrián convenció a los hermanos Polanco de que su primo se había convertido «en el tapón que impide la búsqueda de una salida de esa crisis terminal, salida que pasa por la venta de la plataforma digital»[14]. En uno de los tantos pulsos que le echa Díez Polanco a Cebrián, el primero redacta un informe sobre las desventajas que acarrea una fusión de Sogecable con otras cadenas de televisión, cometiendo el error de enviarlo a todos los miembros del Consejo de Administración de Sogecable pero sin poner en copia a Cebrián, que era vicepresidente del motor audiovisual de PRISA. Ese pequeño despiste será el último clavo en el ataúd de «Polanquito». Cebrián reúne al Consejo de Administración de PRISA (donde están sus monaguillos, que le protegen como si fuera el Santo Grial) un viernes y les dice: «O él o yo». «Y ahí –El Botones se pone de pie para narrarlo como si recitara una tragedia griega– Ignacio y Manuel se hacen los locos y, en lugar de defender a su primo Javier, no le hablan durante todo un fin de semana y el lunes siguiente lo destituyen. La salida de «Polanquito» no pudo haber sido más cruel», acaba diciendo con la mirada perdida. «Cebrián culpó de todos los males de Sogecable a Javier Díez Polanco hasta convertirle en un apestado. Díez Polanco se opuso con uñas y dientes a la opa de Sogecable, y a partir de ahí fue una china en el zapato para Juan Luis, que se dedicó a culparle de todo. Y el resto de los consejeros, incluidos sus primos, se alían con Cebrián, porque saben que, si no lo hacen, son los próximos en salir catapultados desde la sexta planta de Gran Vía, la planta noble de PRISA. ¡Pero si es Manuel el que se queda con el puesto de Javier!», exclama El Botones llevándose las manos a la cabeza.

Sacrificar a «Polanquito» sirvió para que los hermanos Polanco conservaran sus pescuezos (y sus bonus). En mayo de 2009, Javier Díez Polanco dimitió de sus cargos en el área audiovisual de PRISA (director) y Sogecable (consejero delegado), y se marchó de PRISA «por voluntad propia» para «iniciar una nueva etapa profesional», según el comunicado oficial del grupo, que debió haber redactado el propio Cebrián entre carcajadas. Una sutil forma de no decir que le había echado a patadas. Un mes después de la salida de Díez Polanco, en la Junta de Accionistas de 2009, Cebrián le despide con elogios: «Le ahorraré a Javier, según ambos hemos acordado, el sonrojo de los elogios a su gestión, bien merecidos por otra parte, toda vez que él mismo continúa siendo vocal del Consejo de Administración y seguirá colaborando profesionalmente en las tareas de PRISA. Espero que la parvedad de esta mención sirva precisamente para poner mayor énfasis en la inmensa gratitud y el reconocimiento que nuestra empresa le debe, y yo muy particularmente». Nada personal. Business as usual.

La despolanquización de PRISA

Con la salida de «Polanquito» en 2009, todo lo que huela a Polanco será desterrado de PRISA. Jaime Polanco Soutullo, presidente del Área Internacional y consejero delegado de Gran Vía Musical, el holding de empresas que reunía las actividades de PRISA en el sector de la música[15], cogió sus bártulos el 30 de septiembre de 2009 y fundó Latin Boost Group, una consultora con la que se propuso hacer las Américas en Colombia. Allí fundó un diario digital y montó diversos negocios de turismo gracias a la infinidad de contactos y relaciones que había hecho en 15 años de trabajo pateando despachos de ejecutivos latinoamericanos para PRISA. «La salida de Jaime Polanco fue especialmente llamativa y terminó en los tribunales. El consejero delegado le ajustició tras un acontecimiento puramente privado, después de que los fastos de su boda con Fiona Ferrer coparan en julio de 2009 el papel cuché. “El grupo ni puede ni debe intervenir en la vida privada de sus directivos, pero aspira a que estos, en la medida que ostenten la representación pública de la empresa, sean capaces de personificar también sus valores profesionales, estéticos, morales y culturales”, apuntó en una carta a los sindicatos. Lo que no dijo Cebrián en la misiva es que Jaime Polanco discrepaba abiertamente de su gestión, que ha llevado a la familia a perder la mayoría de la compañía»[16]. Quienes conocen a Jaime afirman que «de frívolo no tiene nada» y que es un profesional como la copa de un pino. «Como no podían cuestionar el aspecto profesional, porque su labor en PRISA había sido impecable y fundamental en la expansión internacional del grupo en todos los sectores, le acusaron de frívolo por organizar un enlace mediático»[17].

La implacable