Profecías mayas - Carlos Mesa Orrite - E-Book

Profecías mayas E-Book

Carlos Mesa Orrite

0,0

Beschreibung

"El investigador y escritor español Carlos Mesa sostiene que, hasta la fecha, no se ha encontrado ni un solo párrafo en los códices mayas traducidos en el que se cite el año 2012 como el año del fin del mundo."(Blog Águila dorada) Un concienzudo análisis de los códices mayas y de sus calendarios con el fin de aclarar cualquier duda sobre el fin del mundo. Si, con el autor, analizamos los cuatro códices mayas que se conservan "el de Dresde, el de Madrid, el de París y el de Grolier- no encontraremos en ninguno de ellos una referencia al fin del mundo en el año 2012, ninguna de las profecías mayas auspiciaba este hecho. ¿Podría ser que esté en su calendario la idea del apocalipsis? Algunos así lo han querido ver, pero Profecías mayas. Mito y realidad demuestra, con unas sencillas operaciones matemáticas, que, lejos de producirse en 2012, el fin del mundo según el calendario maya no será hasta el 4.772. No hay nada que nos lleve a pensar que los mayas profetizaron el fin del mundo en 2012, una novela de éxito creó el mito, y el interés de ciertas teorías new-age lo extendió como la pólvora. ¿Qué se esconde detrás de las profecías mayas? El arduo trabajo de Carlos Mesa va encaminado a demostrar, a diferencia de todos los que han aprovechado el fenómeno, que nada ocurrirá en diciembre de 2012. Analiza para ello la génesis del pueblo maya con el fin de comprender su calendario y su mitología, tras esto irá desmontando uno por uno todos los bulos que sustentan el fin del mundo: el famoso e inexistente Códice K, los erróneos cálculos de John Eric Thompson sobre el origen del calendario maya y las conexiones entre el apocalipsis maya y el de los indios norteamericanos hopi. Contará a su favor con un amplio conocimiento de la cultura maya y su códices y con las cuentas largas encontradas en Tikal y Palenke que sitúan el fin del calendario maya más allá del año 4000.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 194

Veröffentlichungsjahr: 2011

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Profecías mayas

Mito y realidad

Profecías mayas

Mito y realidad

CARLOS MESA

Colección: Investigación abierta

www.nowtilus.com

Título: Profecías mayas. Mito y realidad

Autor: Carlos Mesa

© 2011 Ediciones Nowtilus S. L.

Doña Juana I de Castilla 44, 3o C, 28027 Madrid

www.nowtilus.com

Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece pena de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.

ISBN 13: 978-84-9967-042-3

Fecha de publicación: Septiembre 2011

Impreso en España

ÍNDICE

Prólogo

Capítulo 1. La cultura maya

Preclásico maya

Período Clásico

Período Posclásico

El mundo religioso

La escritura

Los libros de Chilam Balam

El Popol Vuh

La cosmovisión de los mayas

Capítulo 2. Las falsas profecías mayas

Capítulo 3. El Códice K

Chilam Balam de Chumayel

El Códice K

Capítulo 4. Los distintos apocalipsis precolombinos

Aztecas

Incas

El Chilam Balam de Chumayel

Pacal Votan

El Popol Vuh

Capítulo 5. La locura del 2012

Las siete profecías mayas

Epílogo

Apéndice: El Códice Dresde

Prólogo

En el mundo del misterio, de aquellos que se adentran a investigar los cauces de lo desconocido, hay dos tipos de investigadores: los que lo hacen de forma más rigurosa y los que son menos ortodoxos. Por desgracia para muchos, de estos últimos hay bastantes; quizás por eso, a los que indagan en lo inexplorado no se les toma en serio.

Hace poco me recomendaron la lectura de un libro, de un conocido escritor inglés que se hizo popular por su trabajo de investigación sobre la muerte de Diana de Gales. Después de tragarme casi cuatrocientas páginas, sólo por ver si había algún párrafo decente, me di cuenta de que toda la obra era una bazofia. El secreto mejor guardado del que hablaba era que la humanidad estaba regida por una raza de humanoides reptilianos, que nos dirigen en todas nuestras acciones desde la Antigüedad. Pero que nadie se crea que estos seres se ocultan, todo lo contrario. Según este autor, por ponerle algún calificativo, la reina de Inglaterra y su descendencia son reptilianos que pueden transformarse en reptiles ante nuestros ojos. Y, por supuesto, ellos provocaron el accidente de la princesa Diana. Por si a alguno le sabe a poco, los templarios fueron reptilianos, así como todos los masones, los judíos, quienes gobernaron Egipto y algunos dioses milenarios. Los reptilianos existen, forman parte del Nuevo Orden Mundial, florecen unos iIluminati que nos gobiernan en la sombra; y los del Club Bilderberg son lagartos satanistas, que además realizan ritos sangrientos con pobres víctimas inocentes y cuya afición, en su tiempo libre, es sodomizar a menores.

Digno del mejor guión de una serie televisiva como V, acabé por descubrir que la fiebre de los lagartos es contagiosa. Hay grupúsculos en internet que se creen a pie juntillas toda esta retahíla de sandeces, a pesar de que autores como el anterior sean incapaces de presentar una sola prueba que pueda pasar por una matriz de laboratorio. Sí, es verdad, se lo tragan todo. Y estos mismos grupos crean páginas web, con el mismo estilo oscuro de un fanzine de los años ochenta, y se atreven a divulgar sus teorías sin despeinarse. De estos he leído de todo, que si la tierra es hueca y estos reptilianos habitan en su interior, que si hay bases secretas en Marte, que si es posible desplazarse a otros planetas atravesando puertas estelares diseñadas en secreto por los Estados Unidos, que si Hitler murió en Argentina, que si los nazis siguen estando ocultos en sus bases ultrasecretas en la luna… Cualquier patraña es válida provenga de donde provenga. Lo único que vale es ver quién dice la barbaridad más grande, como si de un concurso se tratara.

Estos grupos de friquis, por ponerles un apelativo cariñoso, siempre son los mismos y cuentan con sus propios cabecillas, algunos de los cuales son capaces de lanzar algún que otro libro, cada cual más desconcertante. Los hay que poseen páginas web xenófobas, racistas y de claro carácter homófobo, que se autodenominan «la voz visible del pueblo» y son los primeros en liarla en cualquier ciclo de conferencias orientadas a lo esotérico.

De esta misma gente vi partir la idea de un 2012 apocalíptico, donde la pelota se fue haciendo cada vez más grande, alimentada por grandes películas de Hollywood. Fue por eso que, interesándome por el pueblo maya, llegué a discernir que muchas de las cosas que se les achacaban eran bulos cibernéticos creados en esta última década. No había que ser muy listo para acabar descubriendo que no existen las profecías mayas en ninguno de los códices conocidos, que no hay alineamientos planetarios ni pruebas científicas que avalen la posibilidad de una hecatombe final. Incluso los mismos que se apoyaban en el calendario maya, no sabían ni interpretarlo, pues la realidad de sus cifras daba fechas diferentes a las comentadas. Gracias a ello escribí algún que otro artículo para mi blog personal, y lejos de abrir las mentes de muchos, todavía hay quienes me seguían escribiendo preguntándome cuándo sería el final del mundo o comentándome que les provocaba angustia pensar en ese final horripilante en el 2012 por sus hijos. Pero a ver, ¿no había dejado claro ya que el apocalipsis del 2012 no iba nunca a suceder pues es todo una gran mentira? ¿Es que algunos no saben leer?

Ciertamente hay ocasiones en las que la ignorancia me aburre. El hecho de que te escriban rezando por ti o que pidan que la Virgen María abra mis ojos, sólo porque no comparto que un manto sea de naturaleza divina, me resulta soporífero. ¿Tan necesitados estamos de ángeles y vírgenes que nos encanta la idea de un apocalipsis final? ¿Será porque muchos creen que serán salvados de no sé qué, durante el juicio final?

Cuando te atreves siquiera a desvelar los hechos que aseguran que no ocurrirá nada en el 2012, puede ocurrirte, como a este servidor, que le lancen un «ah, ahora tú sabrás más que José Argüelles de estas cosas». Como si este hombre fuera una eminencia, cuando ningún experto en la comunidad maya se ha atrevido a avalar alguna de sus teorías, siendo ampliamente criticado.

Pero no se preocupe nadie, que los friquis de la conspiración ya insistirán en acreditar cualquier hipótesis de Argüelles como la única fuente fidedigna, a base de insistir e insistir en sus pseudoescritos que pululan por internet, sin ninguna prueba aportada. Pero qué más da, siempre habrá gente que se crea a pie juntillas todo lo que se lee en el ciberespacio.

¿Que se ha de distorsionar el conocimiento científico? Pues se hace, aunque creo yo que, entre tanta maraña de libros apocalípticos, iba siendo hora de algo distinto que arrojara alguna luz sobre lo que hay tras las supuestas profecías mayas.

Y de eso versa esta pequeña obra, de poner cada cosa en su sitio y de ser capaces de desgranar la paja para obtener la verdad que se oculta tras todo ello. Y que el que lo lea sepa la verdad y pueda argumentarla con seriedad.

Porque, lo siento, no soy un escéptico, creo que hay muchos misterios sin resolver en el planeta y, de hecho, suelo viajar muchísimo en busca de estos. Pero tampoco me trago todo lo que llega a mis manos, y menos sin pasar por la criba de aquello que pueda resultar más ortodoxo o que, de alguna manera, pueda ser analizado con un mínimo de decencia.

Como decía un amigo mío, para ser periodista hay que exponer los hechos, pero siempre basados en pruebas tangibles, y, luego, que sea el lector el que extraiga sus propias conclusiones. Quizás, por pertenecer a esa escuela, el que esto escribe ha pretendido, al menos, poner algo de luz sobre las supuestas profecías mayas con las que nos bombardean, a medida que se acerca la popular fecha fatídica.

Te espero el 1 de enero del 2013 tomando una cerveza, querido lector.

Capítulo 1

La cultura maya

Para entender las profecías mayas, en caso de que las hubiera, hay que conocer al pueblo que está detrás de las mismas. Y de eso nos vamos a encargar en este capítulo introductorio.

La civilización maya habitó una vasta región denominada Mesoamérica, en el territorio hoy comprendido por cinco Estados del sureste de México que son: Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán; y en América Central, en los territorios actuales de Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador.

En sus tres mil años de historia oficiales, en ese territorio se hablaron cientos de dialectos que generan hoy cerca de cuarenta y cuatro lenguas mayas diferentes, pues todavía se sigue conservando la lengua. Hablar de los antiguos mayas es referirse a la historia de una de las culturas mesoamericanas precolombinas más importantes. Contrariamente a una creencia muy generalizada, la civilización maya nunca desapareció. Por lo menos, no por completo, pues sus descendientes aún viven en la región y muchos de ellos hablan alguno de los dialectos mencionados.

La conquista española de los pueblos mayas se consumó en 1697, con la toma de Tayasal, capital de los mayas itzá; y Zacpetén, capital de los mayas Ko'woj en el Petén (actual Guatemala). El último estado maya desapareció cuando el gobierno mexicano de Porfirio Díaz ocupó en 1901 su capital, Chan Santa Cruz, dando así fin a la denominada Guerra de Castas.

Los mayas participaban en el comercio a larga distancia en Mesoamérica y, posiblemente, más allá. Entre los bienes de comercio estaban el jade, el cacao, el maíz, la sal y la obsidiana.

Hay varios períodos definidos dentro de la historia del mundo maya. Conozcamos algunos de ellos.

PRECLÁSICO MAYA

También llamado período Agrícola, donde existe un debate sobre los años de inicio y fin de este intervalo de tiempo. El más aceptado es el que da comienzo en el año 1000 a. C. y terminaría rumbo al 320 d. C. Durante este período se desarrolla el idioma maya, y el pueblo adquiere experiencia en la construcción de algunas grandes ciudades.

De una teoría basada en los estudios de cerámica encontrados se deduce que, en el período Preclásico, la costa del Pacífico (desde el este de Oaxaca hasta El Salvador) estuvo poblada por los ancestros de los mixe, zoques y popolucas actuales (uno de los cuales es del grupo de los mayas), que hacia el 1200 a. C. emigraron hacia el golfo de México y desarrollaron la civilización olmeca arqueológica. De hecho, la cerámica más antigua de esta región es de un estilo inconfundible llamado Ocós, originaria del Pacífico de Guatemala, aunque unos seiscientos años más antigua que la olmeca.

Según otra teoría complementaria a la anterior, los descendientes de los olmecas emigraron a la zona del Petén guatemalteco, donde posteriormente se mezclaron con la gente del lugar originando a los protomayas. Existen algunos fragmentos del Chilam Balam de Chumayel en los que se afirma que estos provenían de una migración que se produjo en el núcleo original maya, que ciertos arqueólogos han encontrado en la zona de Guatemala conocida como el Petén, cuando en el Preclásico medio se comenzaron a desarrollar ciudades monumentales en la Cuenca del Mirador, como Nakbé, del 1000 a. C.; El Mirador, del 600 a. C.; Cival, del 450 a. C.; y San Bartolo, del 400 a. C., con sus ahora famosos murales del Preclásico, los más finos y antiguos del área maya. Estas grandes ciudades ya contaban con todas las características que hicieron famosos a los mayas del período Clásico.

Posteriormente, en el Posclásico, algunos grupos emigraron del Petén rumbo al norte (península de Yucatán) y otros se quedaron ahí. Sólo así se explica el origen de las diferentes tribus mayas (itzaes, xiús, cocomes, tzotziles, tzeltales, lacandones, entre otras), en la que cada una de ellas conservaba rasgos comunes, sólo variando los distintos dialectos. Cuando se realizó la conquista española, cada uno de estos grupos se fue adaptando al mestizaje cultural y se fue haciendo único y autónomo en sus tradiciones.

Con el paso del tiempo la gran civilización maya floreció y alcanzó un gran auge en la zona norte del Petén, en la Cuenca del Mirador, en el corazón de la selva tropical. Algunos especulan que el pueblo maya tomó como ejemplo muchos estilos de vida de la cultura olmeca, aunque los recientes hallazgos en las ciudades del Petén, como El Mirador, Cival, y otras, contradicen esta teoría. De esta época data el urbanismo y la organización estatal que se fueron desarrollando en un ambiente estable y prolongado; adaptándose al medio ambiente en que vivían y sabiendo convivir con la naturaleza.

Se estima que la selva del Petén se encontraba deshabitada al inicio del tercer milenio antes de Cristo, cuando los primeros agricultores construyeron sus chozas a orillas del río La Pasión y Cuenca del Mirador, demostrado por las muestras de polen de maíz que datan del 2750 a. C. en los lagos de la Cuenca del Mirador.

Hacia el año 1000 a. C. la población en expansión se extendió por toda esta zona central, iniciándose el proceso de urbanización, el empleo de sistemas agrícolas más complejos y una organización política más avanzada capaz de controlar la creciente población y con una jerarquización interna en la que nobles y sacerdotes iban ocupando los puestos de autoridad. Se inicia una división del trabajo con la diversificación de ocupaciones: agricultura, caza, pesca, recolección, alfarería, industria lítica, industria textil, comercio y culto religioso.

El trabajo de la tierra dio prioridad al cultivo del maíz, el frijol, el cacao y la calabaza, en tanto la caza, la pesca y la recolección quedaron como actividades complementarias; por eso a este período se le conoce también como Agrícola. En él se va desarrollando una religión sencilla con la creencia en una vida ultraterrena y el culto a los muertos.

La evidencia arqueológica muestra que los mayas comenzaron a edificar una arquitectura ceremonial hace unos tres mil años. Hay un desacuerdo entre lo que marcan los límites y las diferencias entre los mayas antiguos y una civilización mesoamericana preclásica vecina, la cultura olmeca.

Los olmecas y los antiguos mayas parecen haberse influenciado entre sí. Los monumentos más antiguos consisten en simples montículos de tumbas, los precursores de las pirámides que se erigieron más tarde.

De modo gradual, la influencia de la cultura olmeca decreció en comparación con la del período Preclásico medio. Hacia el siglo III a. C. había cesado definitivamente. Sin embargo, muchos pueblos de toda el área mesoamericana habían absorbido algunos de sus rasgos principales (el culto a los muertos, la arquitectura y la escultura monumentales, y el culto a las divinidades del agua y el fuego). Para el Preclásico tardío, en toda Mesoamérica surgieron tradiciones culturales regionales, que fueron construidas sobre la base del legado olmeca. Los mayas tomaron de ese pueblo la escritura, el sistema de numeración, la cuenta larga, y muchas otras cosas. La cultura maya, propiamente dicha, no surgió sino hasta el primer siglo de la era cristiana, más o menos contemporánea al desarrollo de Teotihuacán.

Del período Preclásico tardío se han detectado numerosos asentamientos humanos entre los que se encuentran Santa Marta (Chiapas), donde se constata una temprana ocupación en labores de cerámica y cultivo de maíz, fechada en el año 1320 a. C.; Chiapa de Corzo, Tonalá, Padre Piedra e Izapa, con influencia olmeca; Edzná, Xicalango, Tixchel y Santa Rosa Xtampak (Campeche); Yaxuná, Acanceh, Dzibilchaltún (Yucatán); El Trapiche, Casa Blanca, Laguna Cuzcachapa, Las Victorias y Bolinas (Chalchuapa); Kaminaljuyú en el sur de Guatemala. Los pobladores de este último asentamiento controlaron las relaciones comerciales de la zona con el resto de Mesoamérica hasta que fueron invadidos hacia el año 400 d. C. por guerreros provenientes del centro de México, desde la poderosa ciudad de Teotihuacan, cuya influencia militar y cultural se dejó sentir desde entonces en todo el ámbito maya.

Las dimensiones que alcanzan las pirámides mayas pueden llegar a tener 70 metros, como para dominar mejor la selva.

PERÍODO CLÁSICO

También llamado período Teocrático, abarca desde los años 320 al 987 d. C. aproximadamente. Recibe este nombre porque en un principio se creyó que fue el grupo sacerdotal el que ejerció el poder político y que toda la vida económica, social y cultural se desarrollaron en torno a la religión.

Los grupos sacerdotales tuvieron gran importancia en el gobierno de los estados mayas del Clásico; a pesar de eso, nunca fueron dirigentes. Existía una clase noble y, en todo caso, eran los guerreros quienes concentraban todo el poder. La imagen de los mayas como una sociedad gobernada por sacerdotes fue derribada cuando se descubrió que las ciudades estaban en permanente guerra unas con otras.

Se incrementó notablemente la agricultura como actividad económica básica, practicada por grandes contingentes de labradores, propiciando una compleja división del trabajo y, en consecuencia, una fuerte estratificación social.

Las zonas arqueológicas más conocidas de este período son: Tikal, Uaxactún, Piedras Negras, Cancuén, Caracol, Yaxhá, Naranjo, Xultún, Río Azul, Naachtún, Dos Pilas, Machaquilá, Aguateca, Comalcalco, Palenque, Yaxchilán, Kankí, Bonampak, Quiriguá , Tulum, Edzná, Oxkintok, Ceibal, Xamantún, Copán, San Andrés, Yaaxcanah, Cobá, El Cedral, Ichpaatún, Kantunilkín, Kuc (Chancah), Kucican, Tazumal, Las Moras, Mario Ancona, Muyil, Oxlakmul, Oxtancah, Oxhindzonot, Pasión de Cristo, Río Indio, San Antonio III, Nohkuo Punta Pájaros, San Manuel, San Miguel, Punta Molas, Tamalcab, Templo de las Higueras, Tupack, Xlahpak, Tzibanché y Kohunlich.

La superposición constituye así un sistema de crecimiento arquitectónico propio de los precolombinos. Permite a los arqueólogos encontrar, debajo de una construcción en ruinas, otra más antigua, en ocasiones perfectamente conservada.

Ni la madera ni la piedra faltan nunca en las zonas ocupadas por los mayas. La gran selva pluvial proporciona la caoba y el zapote, empleadas para fabricar los dinteles de las puertas y las esculturas que revisten el interior de los templos construidos en lo alto de las pirámides.

La arquitectura maya, en esta perspectiva, se convierte en instrumento de la gloria individual: vincula estrechamente a las divinidades con el rey que les ha consagrado altares, plataformas o pirámides.

Hay plataformas que miden 150-200 metros de largo, por 100-150 metros de ancho y 8-10 metros de alto, lo cual representa un volumen de 200.000-250.000 metros cúbicos.

Es en Tikal donde lo colosal de la arquitectura maya clásica se manifiesta más libremente. En esta inmensa metrópoli que, en su apogeo, tuvo que albergar a decenas de miles de habitantes y absorber la producción de todo Petén, la concentración del poder político y religioso obligó a dedicar enormes esfuerzos a la edificación de un conjunto de monumentos grandiosos, cuya función sagrada se conjugaba con el ceremonial.

La colosal pirámide del templo IV de Tikal (70 metros de alto por una base de unos 60 x 50, o sea, 75.000 metros cúbicos) que data del siglo VII.

En Tikal la pendiente alcanza ahora la inclinación vertiginosa de 70 grados, con una fenomenal rampa de escalinatas cuyos peldaños son dos veces más estrechos que altos. Unas superficies tan inclinadas, que caracterizan esta fantástica montaña artificial que totaliza 150.000 toneladas, se deben evidentemente al desmoronamiento natural de los materiales acumulados.

Los canteros mayas hacían muros de piedra tallada y con verdaderas bóvedas abocinadas de piedra.

Los elementos ornamentales, situados sobre las superficies inclinadas de las pirámides, están hechos con la ayuda de motivos de estuco en altorrelieve, como ocurre con los enormes mascarones de divinidades que cubren el zócalo de una serie de edificios que se remontan a la época preclásica.

Los dos principales centros de la zona del Petén son Uaxactún y Tikal:

• Uaxactún (600 a. C. - 889 d. C.), localizado a veinticinco kilómetros al norte de Tikal (Guatemala), tiene el templo maya más antiguo que se conoce en la región, y es el primer lugar en donde se observó la existencia de la bóveda falsa.

• Tikal (800 a. C. - 869 d. C.), enclavado en el corazón de la selva, muestra una gran influencia teotihuacana y llegó a poseer cien mil habitantes en su momento culminante, siendo la ciudad más grande de América en el Clásico tardío. Este centro dependía de una complicada red comercial y se encontraba enclavado en un lugar estratégico, entre dos sistemas fluviales que iban al golfo de México y al mar Caribe.

Copán, en Honduras, cuyo esplendor se dio hacia el año 736 d. C., fue el centro científico del mundo maya, en donde la astronomía se perfeccionó hasta el punto de determinar la duración del año tropical, de crear las tablas de eclipses y de idear una fórmula para ajustar el calendario más exacta que la usada en la actualidad. Sobre su arte, Eric Wolf en la obra Pueblos y culturas de Mesoamérica menciona:

Al mismo tiempo, se dieron a conocer expresiones artísticas nuevas, nuevos símbolos de poder que provenían del exterior de la zona maya, y se extendieron en toda esta región; como los tocados ceremoniales guarnecidos, las sandalias orladas, los brazaletes, y las plumas ensartadas. En Copán se encuentran numerosas representaciones del Tláloc mexicano. ¿Se trataría de un movimiento de consolidación política que tuvo su origen fuera de la zona maya aun cuando hecho uso de las formas mayas tradicionales?

La ciudad de Comalcalco en el Estado de Tabasco es la ciudad maya más occidental, y su característica principal es que a falta de piedras en la región, sus habitantes construyeron los edificios a base de ladrillo cocido, pegados con una mezcla de estuco hecho con concha de ostión. La región fue la principal productora de cacao, cuya semilla fue utilizada como moneda por las diferentes culturas mesoamericanas. En Comalcalco se han encontrado diversos mascarones, estelas y hasta una tumba con restos humanos.

De este período datan también las ciudades de Calakmul en Campeche, donde se han encontrado más de cien estelas, y Cobá en Quintana Roo, que floreció en el 623 d. C. y constituye el centro teocrático más antiguo al noreste de la península de Yucatán.

Los mayas fueron capaces de transportar volúmenes de material tan considerables como este para construir terrazas y acrópolis, como ocurre en Copán.

Cobá, situada a las orillas de cinco lagos, entre los que destacan Cobá y Macanxoc, se desarrolló a principios de nuestra era. Constituía un asentamiento humano pequeño, con una organización social de tipo aldeano y cuya actividad principal era la agricultura. Conforme la población fue creciendo, entre los años 400 y 1000 de nuestra era, Cobá aumentó su poder económico y político, llegando a convertirse en un importante centro ceremonial.

Comalcalco (del náhuatl: ‘Casa de los comales’) es un sitio arqueológico de la civilización maya que se localiza en el municipio de Comalcalco; en el estado mexicano de Tabasco.

Respecto a la piedra, las estructuras cársticas de Yucatán ofrecen una hermosa caliza, blanca, rosa o gris, muy apropiada para el trabajo de tallado y escultura. En las regiones que tienen relieve montañoso y volcánico, se recurre a la traquita, al basalto o a la toba para levantar muros con un aparejo uniforme.

El templo está formado por unas minúsculas estancias, que comunican entre sí, cubiertas por falsas bóvedas de hormigón cuya forma reproduce el espacio interno de la tradicional choza hecha con adobe y caña.