Psicología para terapeutas - Cecilia Gallinger - E-Book

Psicología para terapeutas E-Book

Cecilia Gallinger

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Beschreibung

Psicología para terapeutas es una capacitación destinada a los profesionales de la salud y terapeutas en general, que directa o indirectamente trabajan con los aspectos emocionales, cognitivos, comportamentales y sociales del ser humano, es decir, su salud mental, ámbito propio de la psicología. Algunos terapeutas que se pueden ver beneficiados con estos saberes son quienes practican acupuntura, auriculoterapia, ayurveda, barras de access, biodescodificación, biomagnetismo, coaching, constelaciones familiares, counseling, EMDR, flores de Bach, hipnosis, homeopatía, kinesiología holística, medicina tradicional china (MTC), musicoterapia, naturopatía, nutrición, osteopatía, programación neurolingüística (PNL), psicología, psicopedagogía, psiquiatría, rebirthing, reflexología, registros akáshicos, reiki, sanación pránica, terapia ocupacional, terapiaregresiva, thetaHealing, yoga terapéutico, entre otros. La obra ofrece un recorrido claro, dinámico y ameno acerca de los contenidos esenciales de la psicología y de saberes complementarios, orientados exclusivamente al abordaje terapéutico, con un enfoque holístico e integrador. Estos conocimientos están dispuestos en cuatro capítulos: El proceso terapéutico, El consultante, El método y El terapeuta. Si son llevados a la práctica, permitirán que los procesos terapéuticos se desarrollen de forma efectiva del inicio al fin, con excelentes resultados. Psicología para Terapeutas es un libro que promueve el despliegue de las potencialidades de cada terapeuta para seguir creciendo como persona y profesional, haciendo aún más efectiva su calidad de atención, para ser un instrumento de cambio, un norte para sus consultantes, un promotor de la autonomía del ser humano, un referente de bienestar y desarrollo personal, y un impulsor de procesos de evolución.

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Seitenzahl: 316

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Índice de contenido
El para qué de estos conocimientos
¿Qué es y para qué sirve la Psicología?
¿A quiénes se encuentra dirigida Psicología para Terapeutas?
El eje fundamental del proceso terapéutico
Alineando criterios y terminologías…
¿Por qué los conocimientos acerca de la Psicología son tan importantes para todo tipo de terapeutas?
¿Quiénes pueden ser beneficiados por estos conocimientos?
EL PROCESO TERAPÉUTICO
Transformación real, profunda y duradera
Los ejes del proceso terapéutico
El proceso terapéutico
El consultante
El terapeuta
La relación terapéutica
Características de las relaciones terapéuticas
La importancia de establecer una alianza terapéutica positiva
¿Es lo mismo cura y sanación?
Los motivos
Las dos realidades
EL CONSULTANTE
La personalidad
Salud y enfermedad
El síntoma
Diferente, pero el mismo…
Elaborar para no repetir
El beneficio secundario del síntoma
Casos especiales
Nociones básicas de psicopatología
El “aparato psíquico”: dos grandes hipótesis de Sigmund Freud acerca de la psiquis humana
Las tres grandes estructuras psíquicas
¿Existe la “normalidad” en el terreno psíquico?
¿Para qué son importantes los conocimientos acerca de psicopatología para los terapeutas?
EL MÉTODO
Las nueve fases
1. El pedido de ayuda
La pregunta inicial
La demanda de inmediatez
La entrevista previa o de admisión (opcional)
El estigma social del terapeuta
La importancia de generar conexión desde el primer momento
2. La primera consulta: observación atenta y escucha activa
Observar atentamente
Escuchar activamente
Anamnesis
La pregunta como motor
Encuadre terapéutico
3. Evaluación
4. Hipótesis
5. Objetivos terapéuticos
6. Tratamiento propiamente dicho / despliegue de estrategias terapéuticas
a. Planificación y diseño del plan de acción (estrategias terapéuticas)
b. Ejecución de las acciones del plan propuesto
7. Reevaluación
8. Seguimiento
9. Cierre del proceso terapéutico y devolución final
Las dos instancias externas al proceso terapéutico
1. La supervisión: compromiso con la terapia y los consultantes
¿Quién debe supervisar los casos?
2. La DERIVACIÓN a otro profesional
¿Cuándo es necesario o recomendable derivar a otro profesional?
EL TERAPEUTA
El terapeuta como herramienta
Y entonces ¿qué es un terapeuta?, ¿qué lo define?
“Identidad terapéutica”: los cuatro pilares
1. El motor: los propósitos personales y profesionales
2. El saber: formación de base, actualización de conocimientos, enseñanza e investigación
3. La práctica propiamente dicha: experiencia profesional y personal
¿Por qué los terapeutas debemos hacer terapia?
4. Características terapéuticas
Acerca de la empatía…
El consultante
El terapeuta
Ejercicios prácticos para promover la empatía
Definir nuestro consultante ideal
Tipos de terapeutas
Identidad terapéutica: unión y complementariedad
¿Es inocuo mi actuar como terapeuta? Una aproximación a la bioética: Iatrogenia
Los diez mandamientos del terapeuta actual
Hacia una profesionalización de las terapias
Bibliografía

 

 

 

Gallinger, Cecilia

Psicología para terapeutas : una guía esencial para terapeutas integrativos y complementarios y profesionales de la salud / Cecilia Gallinger. - 1a ed. - Buenos Aires : SB, 2021.

180 p. ; 23 x 16 cm.

ISBN 978-987-8384-71-9

1. Psicología. 2. Terapias. I. Título.

CDD 150.1

 

© Cecilia Gallinger, 2021

© Sb editorial, 2021

Piedras 113, 4º 8 - C1070AAC - Ciu­dad Autónoma de Bue­nos Ai­res

Tel.: (+54) (11) 2153-0851

 

1ª edi­ción, agosto de 2021

introducción

El para quéde estos conocimientos

Ser terapeuta es, además de una profesión y una función laboral, una manera de ser, de vivir, de conducirnos en el mundo y de contribuir al bienestar de los demás. Si logramos comprender la complejidad del ser humano y poner en práctica los recursos y herramientas que aprendemos en las formaciones que realizamos, la vida misma se transforma en nuestra mejor maestra. Con esta capacitación, que se nutre fundamentalmente de valiosos aportes de la Psicología, seremos capaces de ampliar en nosotros mismos el horizonte de lo posible.

El interés acerca del universo psíquico ha crecido exponencialmente desde los primeros planteos y reflexiones de los filósofos griegos. Luego se vio reflejado con el reconocimiento de la Psicología como disciplina científica y en la actualidad con el actual auge y surgimiento de una multiplicidad de ramas y corrientes que enfatizan y profundizan en uno u otro aspecto de este vasto universo.

Lo psíquico ha adquirido diversas acepciones de acuerdo al momento histórico y el paradigma imperante: mente, alma, consciencia, caja negra, inconsciente, pensamiento, emoción, etc. Esta multiplicidad de conceptos ha hecho que su estudio experimente una evolución, profundización y diversificación de dimensiones extraordinarias, bajo el nombre Psicología.

Tener acceso a esos conocimientos, principalmente a aquellos orientados exclusivamente al abordaje terapéutico (que es lo que desarrollaremos en las siguientes páginas), constituirá una base sólida de sustento teórico-práctica para ejercer de forma efectiva la terapia en la que nos hayamos capacitado. Así, los saberes de la Psicología no solo no se contraponen a los de otras terapias, sino que los complementan, contribuyendo a desplegar su máximo potencial.

¿Qué es y para qué sirvela Psicología?

Si bien existen infinidad de definiciones, para alinear criterios y comprender su vasto campo de acción, podemos expresar que la Psicología1es la ciencia que estudia los procesos afectivos y cognitivos del ser humano tales como: el pensamiento, las emociones, la creatividad, la percepción, la imaginación, la memoria, el aprendizaje, los estados de ánimo, el lenguaje, la atención, los sentimientos, la inteligencia, la motivación… y cómo estos procesos, que pueden ser accesibles o no a la consciencia, condicionan –aunque no determinan– su comportamiento y sus relacionessociales.

En este sentido, el objetivo principal de la Psicología es que el ser humano goce de salud mental, que podemos definir como un estado de bienestar subjetivo (BS) en el cual las personas logran tener armonía entre lo que piensan, sienten, dicen y hacen, y se relacionan con el mundo de manera positiva y adaptativa. En el estado de salud mental la persona puede: actualizar sus potencialidades, contar con herramientas y recursos propios para afrontar las demandas de su vida cotidiana, ser autoconsciente, tener relaciones interpersonales sanas, aprender de su dolor, manejar sus pensamientos y emociones, encontrar sus propósitos personales, hacer aportes valiosos a la sociedad, sentirse autorrealizado y feliz… ¿No es éste también, en el fondo, el gran objetivo que persiguen las demás terapias, al menos en uno o varios de los puntos mencionados?

Es por esto que los contenidos referentes a la Psicología que iremos develando en nuestro recorrido servirán para iluminar el camino de aquellos terapeutas que asumen su profesión con pasión y responsabilidad. Adoptaremos como base el paradigma de la convergencia entre las diversas prácticas terapéuticas, tan enriquecedor y superador en eficacia respecto de la fragmentación, división y segmentación del ser humano, de las prácticas terapéuticas y de la concepción de salud. Es en la interacción y la unión de las terapias y de los saberes donde nos expandimos, nos nutrimos de otros conocimientos, aprendemos y ampliamos nuestro ámbito de acción, beneficiándonos unos a otros. Como consecuencia de esta visión lograremos que aumente nuestra calidad de atención y lo más importante: que nuestros consultantes sean los principales favorecidos.

¿A quiénes se encuentra dirigidaPsicología para Terapeutas?

Esta capacitación está destinada a terapeutas integrativos y complementarios (TICs) y profesionales de ciencias humanas y de la salud.

Los requisitos para que puedan verse realmente beneficiados, son:

Que directa o indirectamente trabajen en sus consultas con los aspectos emocionales, cognitivos, comportamentales y/o relacionales del ser humano (ámbito de estudio propio de la Psicología).Que deseen incrementar su calidad de atención gracias a la incorporación de conocimientos que potencien su formación de base y su práctica terapéutica.

También pueden verse favorecidos los estudiantes o noveles terapeutas que sientan la necesidad de complementar sus estudios con aquellos conocimientos de la Psicología orientados exclusivamente al trabajo terapéutico: cuidar, ayudar, aliviar, potenciar, guiar y transformar vidas.

Las terapias puntuales que puede ayudar a potenciar son:

AcupunturaAuriculoterapiaBiodescodificaciónBiomagnetismoCoachingConstelaciones FamiliaresCounselingEFT: Terapia de Liberación EmocionalEMDR: Terapia de Desensibilización y Reprocesamiento por medio de Movimientos OcularesFlores De BachHipnosisHomeopatíaKinesiología Holística Medicina Ayurvédica (India)MTC: Medicina Tradicional ChinaNMG: Nueva Medicina GermánicaArteterapia y/o MusicoterapiaNaturopatíaNutrición HolísticaOsteopatíaPNIE: PsiconeuroinmunoendocrinologíaPNL: Programación NeurolinguísticaPsicología, todas las corrientesPsiquiatríaReflexologíaReikiSanación PránicaTerapia de Barras de AccessTerapia AkáshicaTerapia de Renacimento o RebirthingTerapias Regresivas y TVPTheta Healing (Sanación Theta)TrofoterapiaYoga Terapéutico

Gran parte de estas terapias surgen de la integración entre Oriente y Occidente, y aunque en varios países de Occidente ya son numerosas las que se encuentran avaladas por la comunicad científica y registradas dentro de los planes de Salud Pública, en muchos países aún no lo están. Eso no significa que estas prácticas no sean importantes, efectivas o que no ayuden, pero el camino del aval científico es arduo, pues deben ser sometidas a rigurosos estudios que demuestren seguridad y eficacia.

Es por ese motivo que todos los profesionales de la salud, y más aún los terapeutas integrativos y complementarios, pueden (y deben) ayudar en este proceso, cada uno desde su lugar, elevando de nivel su calidad de atención terapéutica, profesionalizando su práctica y brindando un servicio de excelencia. Para esto es necesario capacitarse y actualizarse permanentemente acerca de los avances teóricos y técnicos, tanto de nuestra terapia como de otras complementares, y regirse en las prácticas de manera comprometida, seria y responsable, mediante un código deontológico2 que sirva de guía para el ejercicio profesional, teniendo en cuenta que lo que está en nuestras manos es algo tan valioso como la salud de nuestros consultantes.

Con estos parámetros, además de brindar un servicio de gran calidad, se estarán sentando algunas bases importantes para el reconocimiento científico y legal de las terapias que aún no lo están. De esta forma los consultantes podrán entregarse a ellas con confianza, y los terapeutas integrativos y complementarios también podrán trabajar libremente y en paz.

En la actualidad cada vez más se está demostrando científicamente la eficacia de los resultados de las TICs y diversas prácticas de Oriente, como está ocurriendo con los indudables efectos positivos de la meditación, por citar un ejemplo, o la inclusión por parte de la OMS de enfermedades y síndromes de la Medicina Tradicional China en la Clasificación Internacional de Enfermedades, CIE-11. Por esto es que no debemos desistir, y la mejor forma de hacerlo es luchar por ser mejores terapeutas, más competentes, talentosos e idóneos, cada quien, desde su lugar. Recordemos las palabras de Eduardo Galeano: “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

El eje fundamental del proceso terapéutico

A veces ocurre que nuestra atención y fundamentalmente la de nuestros formadores se centra en convertirnos en expertos de técnicas específicas según el tipo de práctica en la que nos estemos capacitando, pero suele pasarse por alto que el eje fundamental para que una terapia tenga éxito, es el terapeuta, su persona, como herramienta.

Ser eficientes en la aplicación de técnicas es importante, pero solo es una parte dentro de los numerosos aspectos significativos que todo terapeuta debe desarrollar; no basta con ser los técnicos más expertos, necesitamos mucho más que eso: pasar por todo un proceso de formación integral, entre los que se destacan:

Aprender a cultivar las habilidadesterapéuticas necesarias para nuestro ejercicio profesional, con la empatía como habilidad terapéutica por excelencia, para poder entender el trasfondo cognitivo, emocional, relacional y conductual de nuestros consultantes, así como sus necesidades y deseos más profundos y de esta manera, en primer lugar, saber generar conexión para luego poder brindarles una propuesta terapéutica estratégicamente planificada y adecuada para cada uno de ellos.Incluir el desarrollo personal como pilar fundamental para poder anclar los saberes teóricos en la experiencia personal y aprehender los conocimientos, es decir, hacerlos propios, asimilarlos y que formen parte de nosotros, y que creamos en aquello que promovemos, para poder transmitirlo con plena convicción. Asimismo, este punto debería ser condición sine qua non para el ejercicio profesional, ya que los terapeutas necesitamos haber superado conflictos, dificultades y limitaciones propias (que todo ser humano tiene por el simple hecho de ser ‘humano’), para ayudar efectivamente a otros a transitar ese camino, ese es el rol del guía. Es por esto que se suele afirmar que “nadie puede dar aquello que no tiene”. Desplegar el proceso dentro de un contexto terapéutico, para poder conocer a nuestro consultante y comprender exactamente qué recursos técnicos son acertados para esa persona en particular. Así personalizamos nuestra terapia sin estereotipar, generando mejores resultados y transformaciones más profundas y duraderas en nuestros consultantes.Estructurar el trabajo en función de una metodología de eficacia comprobada (mucho más amplio que las técnicas a ser aplicadas), un paso a paso que nos haga sentir seguros del tipo de servicio y la calidad del proceso que estamos desarrollando.Adquirir conocimientos significativos y útiles relacionados con los perfiles psicopatológicos, pues asumiendo que no existe la “normalidad” en psicología, cada consultante presentará un tipo de rasgos u otros. Saber identificarlos es muy importante, no para encasillar sino para saber hacia dónde orientar nuestro trabajo.Lograr un balance entre conocimientos teóricos y prácticos (del ejercicio terapéutico), tanto de la terapia donde nos hemos formado, como de terapias complementarias, para ser profesionales integrales, idóneos y verdaderamente efectivos en nuestro rol.

Alineando criterios y terminologías…

Si bien cada especialidad y cada terapeuta utiliza un lenguaje propio, para acordar en un lenguaje común y asumiendo que cada lector le atribuirá la palabra acorde a su preferencia, los términos frecuentes que utilizaremos aquí, son:

Terapia o consulta: es la práctica que se centra en el restablecimiento de la salud y la mejora de la calidad de vida del ser humano en todas sus dimensiones: física, emocional, cognitiva, espiritual, comportamental, social...

Es una instancia que no se define por las circunstancias, es decir, por el espacio físico en el que se desarrolla, pues puede realizarse en un consultorio, en una sala o en un espacio abierto; ni por la cantidad de integrantes, ya que puede ser grupal o individual; ni por su presencialidad o virtualidad; ni por la cantidad de tiempo que requiera cada consulta. Dentro de la gran gama de terapias existentes, todas tienen en común su propósito: la ayuda, asistencia y cuidado del ser humano doliente y/o el incremento de su bienestar.

En simples términos la terapia es un encuentro entre dos o más personas, cuyo vínculo tiene características, procesos y situaciones particulares que no se asemejan a otro tipo de relaciones como la amistad, el compañerismo, la pareja o las relaciones familiares.

Consultante: es la persona que acude a una consulta terapéutica porque necesita ayuda. Cada terapeuta tiene sus motivos para nombrarlo de una u otra forma, pero “consultante” representa un término genérico, y será utilizado como equivalente a: paciente, cliente, participante, asistente, etc. Terapeuta: es aquella persona capacitada, formada e idónea para ejercer una terapia, práctica o profesión que se centra en la atención de la salud del ser humano en alguna o varias de sus dimensiones: física, emocional, cognitiva, social, espiritual… y cuyo objetivo es el restablecimiento de la salud y/o el incremento del bienestar de sus consultantes. El terapeuta es la herramienta de ayuda, el instrumento de cambio. Es un término que usaremos aquí como equivalente a: doctor, facilitador, licenciado, terapeuta integrativo, psicoterapeuta, musicoterapeuta, terapeuta holístico, coach, nutricionista, hipnoterapeuta, reikista, reflexólogo…

Lo importante es que todos comparten el mismo sujeto de estudio: el ser humano, y el propósito: ayudarlo, asistirlo y/o cuidarlo para que logre mejorar su calidad de vida, ya sea aliviando una dolencia o enfermedad (cura) o realizando un proceso de profunda transformación (sanación).

Proceso terapéutico: es todo lo que ocurre desde el inicio, es decir, desde la solicitud de consulta o pedido de ayuda, incluyendo lo que transcurre entre consultas (pues toda terapia tiene repercusiones en la vida cotidiana de los consultantes), hasta el fin del tratamiento o cierre, que puede darse por voluntad del consultante o por el cumplimiento de los objetivos terapéuticos; lo que en medicina y otras disciplinas se denomina “dar de alta”.Vínculo terapéutico: es la relación particular, el encuentro que se da entre dos partes: una parte que se ha capacitado y brinda herramientas de ayuda (terapeuta) y otra parte que requiere y solicita la ayuda que el terapeuta está capacitado para ofrecer (consultante). Para que esta relación resulte significativa y beneficiosa para el proceso de cambio del consultante, ambos deben participar activamente y establecer una alianza basada en la confianza y el entendimiento mutuo.TICs: es la abreviación de Terapias Integrativas y Complementarias. En esta capacitación no hablaremos de terapias alternativas porque las prácticas a las que aquí nos referimos no son tomadas en lugar de los tratamientos convencionales, es decir, no son una alternativa a otros procedimientos, sino que los complementan. Cada una atiende a diversos aspectos del ser humano (físico, emocional, cognitivo, energético, espiritual, comportamental, relacional) y lo aborda desde diferentes paradigmas, bases teóricas y técnicas, y profundizan más en un área que en otras.

Las TICs no son excluyentes entre sí, sino que se complementan entre ellas y con las terapias tradicionales, logrando un abordaje holístico e integrador, y, por tanto, más efectivo.

De esta forma, el trabajo multidisciplinario es sumamente enriquecedor, tanto para los terapeutas, que aprendemos y nos nutrimos de los aportes de otras prácticas, como para los consultantes, que, cuando son abordados desde la integralidad, obtienen mayores beneficios y mejores resultados.

¿Por qué los conocimientos acerca de la Psicología son tan importantes para todo tipo de terapeutas?

Si bien en sus comienzos, como muchas de las terapias que se practican en la actualidad, la Psicología era enormemente cuestionada y calificada de ‘pseudociencia’, ya en el año 1879 fue reconocida como ciencia por la comunidad científica, de la mano de Wilhelm Wundt y la creación del primer laboratorio de Psicología Experimental, pues en aquel momento para ser avalada, debía adaptarse al modelo de las ciencias exactas imperantes de aquella época. Desde aquel entonces, la Psicología ha experimentado un desarrollo exponencial y no ha dejado de evolucionar, expandirse y profundizar en sus conocimientos. Es por eso que una ciencia de casi 150 años de desarrollo científico ininterrumpido, sin dudas tiene informaciones valiosas para aportar, que merecen ser conocidas…

Aunque en ciertas ocasiones sea todavía común oír frases como “no creo en la Psicología”, sabemos que estos saberes no son cuestión de fe o de creencia, son ciencia. Esto significa que se acerca a la verdad, no a la verdad absoluta pero sí a una verdad consensuada, porque ha seguido y sigue el método científico, es decir, formula hipótesis, las valida, mide las variables, somete sus estudios a reproducibilidad y refutabilidad, diseña experimentos que corroboran o niegan la hipótesis que se pone a prueba, y cualquier investigador puede reproducirlas y/o someterlas a evaluación. Estas pruebas han sido ampliamente superadas por la Psicología, pero aún no por otras terapias; esto no significa que no se acerquen a la verdad o no sean efectivas, sino que aún no han sido sometidas a las pruebas científicas que se requieren para su validación o refutación.

En la presente capacitación uno de los objetivos es compartir esta metodología adaptada al abordaje terapéutico; que estos conocimientos no queden restringidos a los psicólogos, sino que sean compartidos a los demás terapeutas, y así ayudar al avance en la construcción del conocimiento y potenciar el trabajo terapéutico.

En este sentido, de la misma manera que la Filosofía es considerada, para muchos, la madre de todas las ciencias –entre ellas, la Psicología– y la Medicina la ciencia madre de aquellas que trabajan con el aspecto somático del ser humano, la Psicología puede considerarse la ciencia madre de aquellas prácticas terapéuticas que trabajan, directa o indirectamente, con los aspectos emocionales, cognitivos, comportamentales y relacionales del ser humano. En este sentido, sus fundamentos, investigaciones, aportes y saberes establecen el soporte, la base, el punto de partida y la plataforma donde sustentar y llevar a cabo procesos terapéuticos generadores de verdadera transformación.

Todo esto será explicado en las siguientes páginas, donde el lector-terapeuta encontrará una síntesis estructurada de conocimientos, tanto de pensadores que han revolucionado y evolucionado los saberes psi, (que a su vez servirán de referencia para quien desee ahondar en ellos), como de aportes propios, desde un punto de vista integrador, surgidos de mi experiencia como psicóloga clínica, coordinadora de equipo terapéutico multidisciplinar, consultante de diversas terapias y estudiante autodidacta en permanente capacitación y evolución.

Es así que los contenidos de Psicología para Terapeutas fueron estructurados en cuatro capítulos:

Capítulo 1: Haremos un recorrido por nociones básicas acerca del proceso terapéutico, la importancia de la relación terapeuta-consultante y del establecimiento de una alianza terapéutica positiva.Capítulo 2: Aprenderemos quién es nuestro sujeto de estudio: el consultante. Abordaremos qué tipo de situaciones y características se suelen presentar a las consultas y una breve referencia a las clasificaciones psicopatológicas más comunes que pueden presentar, para poder establecer un perfil psicológico, que nos sirva no para encasillar o catalogar, sino para orientar nuestro trabajo, nuestro abordaje terapéutico.Capítulo 3: Descubriremos o redescubriremos un método efectivo para llevar a cabo cualquier práctica terapéutica, del principio al fin, contextualizándola, atendiendo al proceso sin perder el foco de atención en los resultados. Esta metodología de abordaje, efectiva para todos los tipos de terapias, consta de 9 etapas; es un “paso a paso” que sirve y que funciona, independientemente de las técnicas que utilicen (éstas son una parte del proceso total). Su utilidad comprobada se inspira en el modelo que ha hecho avanzar el conocimiento científico, adaptándolo al ámbito terapéutico.Capítulo 4: Estudiaremos al terapeuta como herramienta. Este capítulo, el de mayor extensión, tiene como objetivo principal promover la autorreflexión acerca del propio actuar terapéutico, incitando a preguntarnos, entre otras cosas: ¿cómo soy como terapeuta y cómo me perciben mis consultantes? ¿qué habilidades terapéuticas tengo y cuáles necesito desarrollar para mejorar mi calidad de atención? ¿qué tipo de terapeuta deseo ser? ¿cómo proceder para potenciar al máximo mis posibilidades de ayudar a los consultantes? ¿en qué ocasiones debo reconocer la necesidad de derivar a otro profesional? ¿cómo hago para no ser ‘uno más’ y transitar el camino hacia la excelencia? ¿qué debo hacer para convertirme en un verdadero instrumento de cambio? Siendo autoconscientes acerca de cómo somos y proyectándonos como queremos ser, podremos trazar un camino, un proceso propio, siguiendo los lineamientos propuestos, que nos lleve a desarrollar al máximo nuestro potencial como terapeutas, aumentando así nuestra eficacia y generando óptimos resultados.

¿Quiénes pueden ser beneficiados por estos conocimientos?

Los terapeutas que tienen la valentía de tomar este tipo de capacitaciones suelen gozar de ciertas características, o las valoran y desean desarrollarlas. Éstas forman parte de su diferencial, pues cada quien las despliega a su manera, y eso es lo que los hace especiales y únicos:

Son buscadores: sienten el deseo constante de mejorar, de no estancarse en su zona de confort, no se conforman con lo aprendido, cuestionan y se cuestionan a sí mismos, entienden que cuanto más conocen, más les queda por conocer, y aun así sostienen la motivación por encontrar respuestas a la complejidad humana.Se reconocen como instrumentos de cambio, pues el responsable de su cambio es el consultante: cuentan con herramientas para aliviar el sufrimiento de las personas y mejorar su estado de salud y calidad de vida, pero saben que el único que tiene el poder de cambiar, es el propio consultante. Tienen la motivación para ayudar: saben que el trabajo del terapeuta, además de la satisfacción económica, brinda una satisfacción sublime, que los incentiva y funciona como motor: la maravillosa satisfacción de ayudar a otros.Tienen coherencia interna: sus sentimientos, pensamientos y acciones van en la misma dirección, se encuentran alineados; sienten y tienen la certeza de que su camino profesional/terapéutico es un tipo de entrega que está en consonancia con sus propósitos de vida.Evolucionan en paralelo en los planos profesional/laboral y personal: toman sus estudios, sus capacitaciones y su práctica terapéutica como parte de su propio crecimiento y desarrollo personal. Aprenden y aplican en sí mismos los conocimientos adquiridos. Se rigen por el principio que afirma que “para ayudar a los demás, primero debemos ayudarnos a nosotros mismos”. Es decir, su objetivo es contribuir al bienestar de los demás, pero en ese camino también se ayudan a sí mismos.Son humildes: entienden al ser humano en su complejidad, no lo fragmentan, sino que lo integran. Y frente a esa complejidad reconocen que su conocimiento de la realidad es limitado, que puede ser complementado por los conocimientos de profesionales de otras áreas para hacer más efectivo su trabajo, y por eso toma a las supervisiones como parte de sus aprendizajes, y no duda en derivar cuando la situación así lo requiere.Son valientes: si bien comprenden que aún les falta mucho por aprender y son conscientes de sus limitaciones, eso no los frena para lograr sus objetivos. No temen, lo hacen, emprenden, se arriesgan y toman sus errores como parte de su proceso de aprendizaje y evolución profesional y personal. Transitan el camino de la excelencia: no se comparan con nadie, excepto con las versiones menos evolucionadas de sí mismos. Persiguen un balance entre su vida laboral y personal, tienen un elevado nivel de consciencia; advierten que siempre hay más por conocer, y saben que cuanto más aprendan, más herramientas tendrán para ayudar y mejores instrumentos de cambio serán.Son guías: un terapeuta se convierte en guía cuando:Puede ayudar a otros –gracias a su idoneidad y experiencia– a tener una perspectiva diferente de sí mismos.Sirve de inspiración para cambiar la vida de otras personas, pues transmite con su propio ejemplo que es posible estar mejor y sentir completo bienestar.Acompaña de cerca el proceso de transformación de cada consultante, haciendo que se sienta valorado, apoyado, orientado y sostenido en su proceso.

Un terapeuta-guía es aquel que conoce el recorrido porque ya lo ha transitado, ya se ha equivocado, ha aprendido y evolucionado, que sabe cuáles son los objetivos hacia donde necesita llegar y por dónde ir para alcanzarlos. Es aquel que irradia luz en los caminos donde otros solo ven tinieblas...

Aquellos terapeutas que se identifiquen con estas características y valores tan particulares –o deseen alcanzarlos–, sean bienvenidos a Psicología para Terapeutas.

1Psyché se traduce del griego como ‘alma’ o ‘mente’ y Logía significa ‘tratado’ o ‘estudio’. La Psicología es, entonces, el estudio de la mente y el alma.

2 La Deontología es la rama de la Ética que se centra en los criterios, normas, principios, deberes y valores relativos al desempeño de una determinada actividad profesional.

capítulo 1

El proceso terapéutico

Transformación real, profunda y duradera

El objetivo principal de un proceso terapéutico efectivo es el de transformar y mejorar la vida de los consultantes, y el terapeuta es el encargado de acompañar ese camino de evolución, crecimiento, autoconsciencia y aprendizaje.

Cuando hablamos de terapia siempre nos referimos a ella como un proceso porque consta de un conjunto de fases sucesivas, que son las que posibilitan la verdadera transformación de los consultantes. Acortar estas fases, desconocerlas o suprimir alguna de ellas implica una disminución notable en la efectividad de nuestra terapia. Sepamos entonces qué es, cómo es, en qué consiste, qué tener en cuenta y cómo abordar un proceso terapéutico del inicio al fin…

El conjunto de fases que componen el proceso psicoterapéutico no deberían ser planteadas en términos estáticos o inmutables, pues si consideramos al consultante como un sujeto único e individual, con una historia, una carga genética y unas circunstancias particulares, tanto el tiempo de duración del proceso terapéutico como hasta dónde será capaz de llegar el consultante con nuestra ayuda no serán posibles de prever o controlar de antemano.

En este sentido, cada tipo de terapia y cada consultante requieren de tiempos propios que no pueden ser previstos de antemano. Si atendemos a los movimientos afectivos, cognitivos y comportamentales que va experimentando el consultante, nos damos cuenta de que estas fases son dinámicas, cambiantes y multidimensionales. Por tanto, podemos afirmar que la velocidad del proceso terapéutico es directamente proporcional a la velocidad de los cambios que va experimentando el consultante.

Tanto la velocidad para realizar los cambios que necesita para sanar, resolver sus motivos de consulta y/o mejorar su calidad de vida (según los objetivos terapéuticos planteados), como la profundidad hasta donde el consultante sea capaz de llegar se encontrarán en función de las siguientes variables:

El nivel de conciencia con el que cuenta el consultante al inicio del proceso, es decir, qué sabe él mismo acerca de lo que le ocurre, es decir, de su motivo de consulta.Su capacidad o facilidad para reflexionar, hacer introspecciones, tener insights y confrontar con sus propias contradicciones. Esto se relaciona con su desarrollo cognitivo y emocional.El tipo e intensidad de desequilibrio que presente o la gravedad de la situación que necesite o desee resolver, pero fundamentalmente de los conflictos subyacentes, que muchas veces son percibidos por el terapeuta desde la primera sesión, pero es necesario ser prudentes para que el consultante sea capaz de descubrirlos y reconocerlos (lo que hará con nuestra ayuda), pues no portamos la verdad absoluta, podemos equivocarnos y nuestra imprudencia disfrazada de ayuda puede resultar contraproducente. En tal caso, si una confrontación de este tipo forma parte de nuestra terapia (lo cual como psicóloga desaconsejo), necesitamos asegurarnos previamente que el consultante esté preparado, con apertura y predisposición para escucharnos y entendernos.La fuerza de las resistencias que se oponen a su avance y su capacidad de ir venciéndolas y profundizando cada vez más.Su motivación, disposición y deseo profundo de cambiar, modificarse o transformarse a sí mismo, es decir, su grado de compromiso y participación en su propio proceso terapéutico.El tiempo que hace que busca una solución y sus intentos previos con otras terapias o terapeutas, así como los prejuicios o preconceptos que pueda tener acerca de las terapias en general, de nuestra terapia en particular y de los terapeutas.Los preconceptos y expectativas que tiene respecto de la terapia que practicamos y de nosotros como terapeutas.Sus estrategiasde afrontamiento: no son las situaciones en sí las que provocan una reacción emocional, sino la interpretación que realizan las personas de tales emociones. Por tanto, cada persona desarrolla esfuerzos cognitivos y conductuales para manejar las demandas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo (es decir, estresantes) (Lazarus, R. S. y Folkman, 1984); a estos esfuerzos se les denominan “estrategias de afrontamiento”.La conexión que se genere entre consultante y terapeuta es fundamental, tanto la rapidez con que se genere la conexión, como la profundización que esa conexión posibilite.

Solo después de evaluar todas estas variables, sumadas al tipo de terapia que practicamos, a nuestra idoneidad y a nuestras experiencias con otros consultantes, podremos estimar y aproximarnos al tiempo que pueda llevar el proceso terapéutico total (velocidad) y hasta dónde podremos llegar con nuestra ayuda con cada consultante en particular (profundidad). De todas formas, ni siquiera dicha estimación es fiable, pues cualquier consultante nos puede sorprender y responder de modos inesperados.

Es por esto necesario que adquiramos una de las habilidades terapéuticas más importantes: la de ser flexibles e ir adaptando y adecuando nuestra terapia a cada consultante, respetando sus propios tiempos. Esto no significa que la terapia sea un laissez faire, es decir, que se vaya dando sola, sin rumbo. Para que el consultante pueda transitar su proceso adecuadamente, es necesaria la dirección y guía de un terapeuta idóneo, comprometido y empático que promueva los cambios y vaya conduciendo estratégicamente el proceso en función del consultante y sus variables particulares.

Por tanto, el proceso terapéutico no es simple ni lineal, sino que presenta una complejidad y variedad de factores, entre ellos debemos atender a:

El proceso, sus fases o momentos y sus variables: diseño de los procesos terapéuticos desde el inicio hasta el fin, con estrategias eficaces de tratamiento y resultados perceptibles por el consultante a corto, mediano y largo plazo, según sus características particulares.Las herramientas, técn;as específicas y habilidades terapéuticas necesarias para el trabajo concreto en el que cada terapeuta se ha formado, y la actualización constante de saberes.El conocimiento acerca de nociones básicas respecto de lo que el consultante puede presentar en consulta (personalidad, cuadros psicopatológicos posibles, de qué manera abordar los síntomas, etc.)Una metodología científica en la cual respaldar y estructurar el “paso a paso” de nuestra terapia.El desarrollo personal del terapeuta como condición sine qua non, es decir, los procesos terapéuticos propios que debe y necesita transitar cada terapeuta en lo personal para tener integridad profesional.

Atendiendo a estos factores sin dudas será posible, junto con el compromiso y esfuerzo de los consultantes en su mejoría, propiciar transformaciones reales, profundas y duraderas, convirtiéndonos así en terapeutas de excelencia.

Los ejes del proceso terapéutico

Todo proceso terapéutico está compuesto por 4 pilares principales:

El consultante: la persona que busca ayuda para resolver aquellos problemas que no puede con sus recursos propios y que desea mejorar su calidad de vida. Para ayudarlo, primero debemos conocerlo, saber qué tipo de situaciones se pueden presentar en nuestra consulta y cuáles son los mejores modos de actuar que debemos tener los terapeutas frente a la diversidad de circunstancias que se nos plantea en la consulta.El terapeuta: el instrumento de cambio, la persona que se capacitó ampliamente y posee las habilidades y herramientas necesarias para brindar ayuda, siendo un guía en el proceso de evolución de sus consultantes. La relación terapéutica entre ambos: el encuentro entre consultante y terapeuta mediante la construcción conjunta de una relación de confianza, apertura y aceptación. Necesitamos promover un vínculo positivo que propicie, motive e impulse al consultante a realizar los cambios que necesita. Un método terapéutico: un modo estructurado de establecer relaciones entre hechos, de proceder para llegar a un resultado determinado (cumplir con los objetivos terapéuticos propuestos). Sirve para organizar y ordenar el tratamiento del inicio al fin, orientar nuestro abordaje y contextualizar las técnicas y estrategias terapéuticas que utilizamos, potenciando la efectividad de nuestro trabajo.

El proceso terapéutico

En toda terapia los dos polos, que son consultante y terapeuta, van atravesando por diversas fases, que como dijimos, no son estáticas ni lineales, pues dependen de gran cantidad de variables. Ambos polos atraviesan el proceso de manera diferente, pues sus roles son totalmente diferentes: mientras el consultante va vivenciando en sí mismo sus movimientos internos, sus cambios y transformaciones, el terapeuta va proponiendo caminos posibles, pasos a seguir, herramientas, habilidades, estrategias, lo va ayudando a transitar su proceso, se presenta como guía… Veamos el recorrido que necesitan hacer ambos polos del proceso terapéutico:

El consultante

Si bien la combinación de variables que presenta cada consultante es única y cada proceso terapéutico es singular, todos los procesos terapéuticos experimentan avances, mesetas, retrocesos o recaídas, reformulaciones y nuevos avances.

Muchas veces podemos percibir que el consultante avanza tres pasos y luego retrocede dos, para luego permanecer por un tiempo allí “estancado”, hasta que nuevamente algo se despierta, el consultante se “destraba” y puede avanzar nuevamente, incluso con más fuerzas, con mayor impulso. Y es así como todo proceso avanza, no es rectilíneo, no es uniforme, no es constante, pero es la forma en que el ser humano transita sus procesos. Entender esto hará que estemos preparados para acompañar a nuestros consultantes en todos esos momentos y que ellos sientan que estancarse o retroceder también es parte del proceso, mientras no se pierdan de vista los objetivos terapéuticos, la meta hacia donde queremos llegar con la terapia.

Ir cumpliendo los objetivos terapéuticos, que el consultante vaya logrando resultados, aunque pequeños, es lo que lo mantendrá motivado en el proceso. Los objetivos terapéuticos pueden ser de lo más variados, por ejemplo: vivir con mejores condiciones de salud, aprender a reconocer, entender y manejar las emociones y pensamientos nocivos, construir relaciones interpersonales sanas, adquirir mayor autoconfianza y seguridad, superar los miedos que no permiten avanzar, conectarse con el sentido de su vida, etc.

Si pudiésemos graficar de manera simple el proceso terapéutico que atraviesa el consultante, resultaría más o menos de la siguiente forma:

Si bien el ritmo, velocidad, capacidad de superar obstáculos y continuar avanzando es particular de cada consultante, existen ciertas constantes si el proceso es estratégica y metodológicamente apropiadamente guiado por el terapeuta:

FASE DE AVANCE INICIAL: En el inicio el consultante comienza en su punto cero, cargando consigo todo su bagaje de preocupaciones y situaciones a resolver; este comienzo es un momento de gran confusión. Muchas veces, por primera vez, logra exteriorizar sus emociones y pensamientos y trabajarlos a niveles profundos, por lo que rápidamente comienza a sentir que se le abren nuevas puertas y posibilidades para darle cauce a sus emociones, comprenderse a sí mismo de una forma amorosa, comenzar a percibir cambios en el pensar, el sentir y el actuar, es decir, comienza a percibir los primeros resultados. Esta es una fase de gran entusiasmo y descubrimientos. FASE DE MESETA O RETROCESO: Luego de un tiempo y de algunas conquistas, es posible que comience a percibir que ya ha avanzado lo suficiente (aunque sepa que su objetivo aún está lejos) y tiene momentos donde parece que se detiene su progreso, que son los momentos de meseta, totalmente naturales dentro del proceso. Pero esto hace decaer la motivación y puede comenzar a sentir que incluso empiezan a decaer los avances que había logrado. Muchos consultantes proyectan su sensación de estancamiento en el proceso mismo de la terapia y afirman que hacer terapia ya no les sirve, pues se sienten igual, o hasta peor que cuando comenzaron.

En Psicología solemos ver esta la parte del proceso de meseta, o incluso de recaída como aquella crisis de curación