Pulque - Giorgio Samorini - E-Book

Pulque E-Book

Giorgio Samorini

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Beschreibung

La idea de este libro, publicado originalmente en italiano en 2018, nació de la constatación de la falta de un estudio del pulque elaborado e integrado desde la óptica de la historia de las drogas y la embriaguez. El pulque es producto de la fermentación de la savia de algunas especies de plantas suculentas del género agave. Desde épocas remotas ha sido la principal bebida embriagante de la población del centro de México y puede presumir de una historia fascinante y compleja profundamente arraigada en la mitología, la etnohistoria, la religión y la filosofía de la población precortesiana. De tal riqueza es su tipología, denominaciones y fines de uso que originó una autentica y propia tradición pulquera, de la que se han perdido varios elementos normativos, incluida la determinación botánica de algunos ingredientes adicionales importantes ―que potenciaban o modulaban los efectos de la bebida― o la comprensión del real significado del "quinto pulque", la transgresión del límite socialmente aceptado de embriaguez, pero que ocultaba significados más profundos que fueron enterrados junto con los centros ceremoniales y los últimos poseedores de este conocimiento.

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Seitenzahl: 218

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Pulqueo de la embriaguez sagrada

Giorgio Samorini

TraducciónWilliams Paul Castillo

PrólogoRaúl Guerrero Bustamante

Del pulque o la embriaguez sagrada

Giorgio Samorini

Nueva Tenochtitlan, México.

Primera edición, 2021

D.R. © Lunaria Ediciones, 2021

D.R. © Raúl Guerrero, 2021

D.R. © Giorgio Samorini, 2018

Il pulque. Dalle origini ai periodi coloniali

Diseño de interiores y forros / Jacinto Martínez

Traducción / Williams Paul Castillo

Cuidado de la edición / Pablo Palacios

Viñeta de portada / Chicome Itzcuintli Amatlapantli

[email protected]

Índice

Prefacio

1 Maguey y pulque

2 Los orígenes

3 Una mirada a los mayas

4 El pulque en la religión nahua

5 Modos de uso

6 Ritualidad

7 El quinto pulque

8 Los aditivos

9 El pulque en el periodo colonial

Apéndices

- Mito del origen del maguey

- La leyenda de Xóchitl

- La ebriedad de Quetzalcóatl

- La clasificación del maguey de Francisco Hernández

Bibliografía

Referencias

Alegraos/

Xon Ahuiyacan

Alegraos con las flores que embriagan, las que están en nuestras manos. Que sean puestos ya los collares de flores. Nuestras flores del tiempo de lluvia, fragantes flores, abren ya sus corolas.

Ica xon ahuiyacan ihuinti xochitli, tomac mani, aya Ma on te ya aquiloto xochicozquitl. In toquiappancaxochiuh, tla celia xochitli,cueponia xochitli.

Por allí anda el ave, parlotea y canta, viene a conocer la casa de Dios.

Oncan nemi tototl, chachalaca, tlatohua, hahaya hual on quimatli teotl ichan, ohuaya, ohuaya

Sólo con nuestros cantos perece vuestra tristeza. Oh señores, con esto vuestro disgusto de disipa. Las inventa el dador de la vida, las ha hecho descender El inventor de sí mismo, flores placenteras, con ellas vuestro disgusto se disipa.

Zaniyo in toxochiuhica ica tonahuiyacan. Zaniyo in cuicatl, aya icaon pupulihui in amotlaocol

In tepilhuan ica yehua, amelel on quiza, ohuaya, ohuaya Quiyocoya in Ipalnemohua, aya

―Nezahualcóyotl

Prefacio

La idea de escribir este libro nació a partir de la lectura integral de la obra del misionero español Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, y de constatar la necesidad de un ensayo en italiano sobre el pulque, la bebida embriagante recolectada de las plantas de agave que fue usada por los nahuas y otros pueblos precolombinos. El monumental trabajo de Sahagún, escrito en el siglo XVI, es uno de los textos más importantes del periodo de la Conquista, y se trata de la principal fuente de información de la historia, de las costumbres y de las creencias religiosas de los pueblos que habitaban territorio mexicano antes de la llegada de los españoles.

El pulque posee una historia fascinante y compleja, pues se trata de una bebida profundamente arraigada en la mitología, la etnohistoria, la religión y la filosofía de la embriaguez de la población mexicana precortesiana. De tal riqueza es en su tipología, denominaciones y fines de uso que dio origen a una auténtica y propia industria pulquera, de la que se han perdido varios elementos normativos, incluyendo la determinación botánica de algunos ingredientes adicionales importantes que potenciaban o modulaban los efectos de la bebida, y la comprensión del significado real del “quinto jarro” de pulque, que se entiende como la transgresión del límite socialmente aceptado de embriaguez, pero que ocultaba significados más profundos que fueron enterrados junto con los centros ceremoniales y los últimos poseedores de este conocimiento.

La historia del pulque es también una historia de la embriaguez y, sobre todo, es un caso ejemplar de su gestión llevada a cabo por un pueblo no occidental. Es también ejemplar el dramático desmoronamiento de dicha gestión, que llevó a la profanación del uso del pulque, con la consecuente inestabilidad social causada por las desatenciones y los abusos inquisitoriales de los conquistadores. Un choque de civilizaciones que se vio reflejado en las diferentes visiones y formas de administrar la embriaguez humana. Este ensayo, como el resto de mis estudios, se basó en la consulta directa de la documentación citada (ad fontes); un método que si bien desde hace siglos se consideró obligatorio para una exposición seria y creíble de los datos, hoy en día, no obstante, es de evidenciar con orgullo en medio de la superficialidad y el descuido que prevalece.

Giorgio SamoriniMallorca, julio 2019

Maguey y pulque

El pulque es producto de la fermentación de la savia de algunas especies de plantas suculentas del género agave, ampliamente cultivadas en distintas regiones de México.* Desde épocas remotas ha sido la principal bebida fermentada de los pueblos del México central, considerado como un regalo que los dioses le otorgaron al hombre para su felicidad y para facilitarle el contacto con lo divino. El pulque era usado como algo sagrado por los el pueblo mexica, pero con la llegada de los españoles, y la posterior conquista, éste sufrió una desacralización y su consumo profano como bebida alcohólica se ha mantenido hasta nuestros días. El nombre genérico nahua del agave era metl, el de la savia, necutli, mientras que el del pulque era octli. En el México actual, los nombres comunes son maguey para el agave y aguamiel para la savia.

Desde un enfoque evolucionista, el género agave se formó cerca de 10 millones de años atrás, pertenece a la familia de las agavaceae, de las que se cuentan entre 160 a 200 especies. Destaca que el agave produce una de las más grandes inflorescencias del reino vegetal. Además, casi todas son monocárpicas, o sea que florecen sólo una vez en la vida y después mueren.1 México es el lugar de origen y diferenciación del género agave, donde están distribuidas hasta 150 especies, de las que al menos 40 son utilizadas para la preparación de bebidas embriagantes, tanto fermentadas como destiladas.2

En el contexto de Mesoamérica, las plantas de agave eran una fuente inagotable de miel, bebidas alcohólicas, vinagre y agua, así como productos manufacturados y medicinales, a tal grado que el jesuita José de Acosta, en su Historia natural y moral de las Indias, de 1590,3 describe al maguey como el “árbol de las maravillas”. Cierto es que, como escribió Alexander von Humboldt en 1822, “la mayoría de los pueblos civilizados obtenían sus bebidas de las mismas plantas que constituían la base de su alimentación, cuyas raíces y semillas contienen el principio azucarado mezclado con la sustancia amilácea”,4 y tal fue el caso del agave en el México precolombino.

El maguey fue usado como fuente de agua, en particular en algunas áreas áridas de México central, y hasta finales de 1800 era la única fuente hídrica en ciertas regiones. Durante el siglo XVII, algunos pueblos mexicanos se negaron a pagar el impuesto sobre el maguey y el pulque decretado por el gobierno colonial, dando como sólido argumento el hecho de que ahí las plantas de maguey eran utilizadas como única fuente de agua y no para la producción de pulque.5

Otro uso de importancia histórica del maguey es como fuente de sacarina, ya que al dejar evaporar su savia se obtiene en una sustancia dulzona, de tono oscuro, conocida como miel de maguey, muy utilizada en la época precortesiana. Algunas especies poseen una concentración de azúcares que se equipara a la de la caña, pero su extracción nunca alcanzó el valor económico de esta última, ni en la época colonial ni en las posteriores, debido al arraigado uso del maguey para la preparación de pulque.

Entre las bebidas de agave se encuentra el tesgüino,* un fermentado del Agave bovicornuta gentry preparado por los rarámuri, los wixrartari y otros pueblos del México septentrional; por su parte, entre los destilados a base de agave, los más conocidos son el mezcal, el tequila, el bacanora, la tusca y el comiteco.7

Fig. 1 Especie de agave, de la familia de las Agavaceae.

La población nahua utilizaba todas las partes de la planta para diversos propósitos manufactureros: además de ser empleada como buen combustible, de las hojas se obtenía papel, de sus rígidas fibras se obtenía un hilo ―ixtle conocido en Europa con el nombre de pita― con el que se hacían mecates, cuerdas y telas para vestir; las espinas eran usadas como agujas, alfileres y clavos; la raíz cocida es un alimento nutritivo y de la savia, además del pulque y miel, se obtenía aceite y con él se elaboraban ciertos panes dulces.8 En cuanto a sus propiedades medicinales, como informaron los primeros cronistas europeos, tanto partes de la planta como la savia y el pulque se utilizaban para el tratamiento de un considerable número de enfermedades. Bernardino de Sahagún señaló la existencia de una especie de maguey llamada teometl (maguey divino), caracterizado por tener amarillos los bordes de las hojas, cuyo jugo servía para preparar un medicamento útil para los que sufrían dolencias. También reportó la aplicación tópica del jugo de la hoja asada de maguey joven para sanar las llagas, y para calmar el dolor se aplicaba la hoja seca y molida, mezclada con resina de pino, sobre las partes afectadas.9 También Francisco Hernández, el naturista y protomédico que en el siglo XVI estudió los usos tradicionales de las plantas mexicanas, reportó que las hojas cocidas y su aplicación tópica favorecían la sanación de las heridas, curaban las convulsiones y calmaban los dolores físicos, mientras que la savia del maguey “favorece la regla, calma dolores de vientre, favorece la orina, limpia los riñones y la vejiga, rompe cálculos y lava las vías urinarias”. En 1541, fray Toribio Motolinía informó que la hoja:

Es muy saludable para una cuchillada o para una llaga fresca, tomada una penca y echada en las brasas, y sacar el zumo así caliente es muy bueno. Para la mordedura de la víbora han de tomar de estos magueyes chiquitos, del tamaño de un palmo y la raíz que es tierna y blanca, y sacar el zumo, y mezclado con zumo de ajenjos de los de esta tierra, y lavar la mordedura, luego sana; esto ya lo he visto experimentar y ser verdadera medicina; esto se entiende siendo fresca la mordedura.10

Sin embargo, el uso medicinal de la savia del maguey más difundido entre los pueblos mexicanos consistía en el tratamiento de las afecciones gástricas, renales y de la vejiga.11 El pulque era muy usado como líquido madre donde se disolvían medicamentos. Sahagún informó que “el maguey de esta tierra, especialmente aquel llamado tlacametl,* es muy medicinal debido a su savia, cuyo pulque se mezcla con muchos medicamentos para tomar por vía oral”. Motolinía escribió que “se les da a los enfermos todas las medicinas bebidas mezcladas con este vino; se vacía en su taza o copa el medicamento que aplican para el cuidado y la salud del enfermo”.12 El desconocido autor indígena del Libellus de medicinalibus indorum herbis, de 1552,** ―de quien sólo se tiene el nombre que adoptó en el momento de su conversión al cristianismo, Martín de la Cruz― informó que los diversos medicamentos útiles para el tratamiento de los piojos se vertían en el pulque y era usado también como lactogogo,*** mientras que para facilitar el parto existía la siguiente receta: la parturienta “puede beber un preparado de pulque con estiércol de halcón y pato molido, y un pedazo de cola de tlacuatzin [marsupial pequeño]. El pulque debe ser dulce”.

Todavía hoy el pulque se utiliza de forma tradicional con fines curativos. El investigador Raúl Guerrero divulgó que “en algunos barrios Ixmiquilpan, en el norte de Hidalgo, vi cómo a una persona picada por araña capulina, le dieron a beber pulque con excremento humano disuelto, lo cual le provocó un gran vómito, asegurando los familiares que con ello arrojaba el veneno del arácnido”.13

En náhuatl, las plantas de agave eran llamadas por el nombre genérico metl, mientras que la palabra “maguey” parece ser originaria de las Antillas, una consideración ya presente en las crónicas del periodo de la Conquista: Motolinía reportó que “metl es un árbol o cardo que en el idioma de las islas se llama maguey”. Hernán Cortés relató que había visto en venta, en el mercado de Temixtlán (Tenochtitlan), “miel derivada de ciertas plantas que en las otras islas llaman maguey”.14 Es muy probable que el término maguey deriva de meguey o magheih, que en taíno, una de las lenguas habladas en las Antillas,15 designan a las plantas de agave.

En lo que respecta a la etimología de la palabra pulque, ésta ha sido objeto de controversias debido a un error de inversión cronológica por parte de algunos escritores, lo que fue aclarado por Cecilio Robelo16 y discutido nuevamente por Lima.17 Clavijero18 notó que el término “pulque” también se encontraba presente en el araucano, lengua de los mapuches chilenos, que designa una bebida hecha con manzanas, por lo que asume que se originó en América del Sur, aunque no pudo explicar cómo habría llegado a la población nahua de México. En realidad, fueron los españoles quienes llevaron este término de México a Sudamérica.

Lo más probable es que la palabra “pulque” sea un barbarismo de los propios españoles, derivado del término náhuatl “poliuhqui”, que designaba la bebida en su estado descompuesto. El pulque, llamado genéricamente por los nahuas octli, se conserva poco tiempo y empieza a descomponerse tras 24-36 horas, cuando se vuelve poliuhqui. Los primeros españoles, que escuchaban este término con frecuencia, probablemente lo hayan considerado, de manera errónea, como la palabra náhuatl para designar a la bebida, transformándose con el tiempo en el barbarismo “pulque”.

La preparación del pulque

Las especies de maguey son numerosas y no todas sirven para preparar pulque, aunque Francisco Hernández reportó hasta 18 especies productoras. El área de cultivo del maguey pulquero se extiende sobre el altiplano central mexicano, donde el suelo es principalmente arcilloso, duro y con poca humedad. Aunque también se le cultiva en lugares húmedos y crece exuberante, la bebida que se obtiene de estos magueyes es de menor calidad y se le llama “tlachique”.

La planta de maguey debe tener por lo menos entre 6 y 10 años de edad (esto depende de la especie y de cómo se cultiva) para producir cantidades suficientes de savia, y con una concentración de azúcar del 10%. Cuando alcanza la madurez fisiológica, la planta produce la parte sexual: desde su centro se yergue un largo tallo con la flor en la punta que puede alcanzar una altura de 6 a 8 metros; este escapo floral se llama bohordo o quiote.

Fig. 2 - Plantas de agave con su largo tallo floral (quiote).

Cuando la planta está por florecer, las grandes hojas lanceoladas, que hasta ese momento estaban inclinadas, se juntan, se elevan y pierden las espinas, mientras que la parte central de la planta se hincha y adquiere un tono verde claro.19 Este es el momento preciso para castrar a la planta con el fin de extraer la savia que será pulque (fig. 3). La operación es llevada a cabo por una persona experta, que corta las espinas laterales de las hojas cercanas al “corazón” (mexollotl), el cual se retira con una especie de cuchara afilada, como uña (íztetl). A la parte cortada se le llama “huevo” y se usa como alimento, cocido o guisado de diferentes maneras, pues tiene un sabor agradable y ligeramente amargo. Una vez que el maguey está castrado se comienzan a raspar las paredes del hueco hecho en el centro para que brote el aguamiel, que se extrae con la ayuda de una especie de calabaza alargada (acocote), a través de la cual se succiona (fig. 4). Una vez que se extrae la savia, se continúa raspando la parte inferior del tronco con un objeto de metal, con lo que se obtiene el material fibroso (carnaza) que sirve de forraje para los cerdos.20

Los ciclos lunares fueron y siguen siendo importantes para la colección del aguamiel, pues la planta suele ser castrada en luna creciente y el flujo del derrame de líquido varía según las fases lunares. Existe una hipótesis en la que el recolector de aguamiel (llamado tlachiquero, voz náhuatl provienete de tlaxiki, “raspar el maguey”), al succionar con el acocote, contamina la savia con su saliva, lo que induce una fermentación alcohólica de tipo salival; en realidad, si se observa detenidamente el proceso de succión, el acocote tiene una forma ligeramente hinchada en el lado de la ventosa que evita que los labios toquen la savia. Tradicionalmente, la calabaza utilizada para la extracción se pone a secar y se le perforan dos agujeros en ambos extremos; sobre laparte más ancha descansan los labios del tlachiquero, mientras que en la más delgada se coloca un cuerno de res perforado, el que se inserta en el orificio que se realizó a la planta.21

Fig. 3 - Izq. - Planta de agave “castrada”, con el hueco evidente (cajete), del que brota el aguamiel. Foto cortesía de Raúl Guerrero.

Fig. 4 - Der. - Recolección del aguamiel, el que se succiona mediante un acocote. “El extractor de pulque”, Claudio Linati, 1828.

Fig. 5 - Abajo - La planta de acocotli representada por Hernández en su Historia natural de Nueva España.

Según el informe de Francisco Hernández, además de las calabazas, para extraer el aguamiel también se usaba el tallo hueco de una planta llamada acocotli o xalacotli, de difícil determinación botánica. El naturalista español propuso un diseño (fig. 5) e informó que “con sus entrenudos, los indios extraen el vino del metl de las cavidades practicadas en el tronco y en donde destila”.22

Una vez extraído el aguamiel, el tlachiquero cubre con una piedra o con hojas de la misma planta el orificio practicado en el centro ―llamado picazón o cajete― para evitar que algún animal se introduzca a beber la savia. La planta continúa produciendo aguamiel por hasta seis meses, de 3 a 4 litros por día, cantidad que es recogida de manera periódica. En la práctica, toda la savia que la planta destinaría para hacer crecer el enorme tallo florífero es lo que se acumula en la cavidad.

Al pulque que empieza a fermentar, espumoso, se le llama itzli. Ya fermentado se llama pulque blanco, en náhuatl tiçauctli o iztacoctli. En promedio, el aguamiel es recolectado dos veces al día, por la mañana y por la tarde, y según lo informado por Humboldt, en algunos casos se hacen hasta tres recolecciones diarias: “normalmente, cada planta puede producir hasta cuatro decímetros cúbicos de savia diariamente, lo que equivale a 8 cuartillos,* tres al amanecer, dos al mediodía y tres al atardecer”.23 Tal abundancia de líquido, producido por una planta que crece en ambientes muy áridos y a menudo rocosos, y donde el agua es escasa, debe haber parecido a las antiguas poblaciones realmente algo extraordinario.

La savia es llevada al sitio de fermentación, llamado “tinacal”, donde se deposita en ollas de barro, tinas de madera (fig. 6) o en característicos contenedores de cuero de buey montados sobre un soporte de madera, llamados “toros”. En estos recipientes se le agrega una pequeña cantidad de pulque viejo, llamado pie, madre o semilla de pulque (en náhuatl xinaxtli), que facilita el inicio de la fermentación alcohólica. En poco tiempo se forma un pulque suave, dulce, pero conforme avanza la fermentación la bebida adquiere un mayor contenido de alcohol, convirtiéndose en un pulque fuerte. El contenido de alcohol del pulque puede variar de los 3 a los 8 grados.*

Fig. 6 - Tinacal, con tina de madera donde se evidencia la espuma blanca producida por la fermentación (fotografía de Hernández Palomo, 1979).

La planta del maguey que ha sido castrada para la recolección de savia está destinada a morir, y sus partes secas son utilizadas sobre todo como material para el fuego. Antes de morir de sus raíces germinan numerosas plántulas (llamadas mecuate o mesontetl) que son recolectados por los productores y trasplantadas en lugares y a distancias adecuadas para cultivar nuevas plantas. Ruiz de Alarcón (1629) escribió sobre una forma “supersticiosa” de trasplantar las plántulas de maguey de áreas no cultivables a campos de cultivo. Los nativos se fortalecían con tabaco, que usaban de manera ritual, y al que encomendaban la tarea que estaban a punto de realizar; luego agarraban un palo puntiagudo con el que tomaban los pequeños magueyes, mientras dirigían la siguiente oración al palo:

Ea, que ya es tiempo, espiritado, cuya dicha está en las aguas, vamos que habemos de arrancar y levantar la estimable mujer, la de ocho en orden que he de ir a plantarla, tengo de ponerla en lugar muy a propósito y muy fértil que le he limpiado, allí le tengo de poner donde esté muy a su gusto como que la brinda con la mejoria del nuevo asiento.24

La planta de maguey era llamada la “estimable mujer” en referencia a Mayahuel, la diosa del maguey, de la cual según la cosmovisión nahua se originó esta planta; Alarcón consideraba la disposición en ocho como una forma de organizar el campo cultivado en hileras de ocho plantas, aunque esta interpretación es discutible.

Con la llegada de los españoles y sus técnicas de destilación a México, se comenzó a destilar del pulque un aguardiente de maguey llamado mezcal. En realidad, para la producción de este licor se utilizan diferentes tipos de agave a los utilizados para la de pulque. A la combinación de mezcal con aguamiel se le llama “chinguirito”, preparación consumida particularmente en la región del Mezquital, que abarca los estados de Durango y Zacatecas.

En las plantas de maguey viven algunos animales inferiores, incluidos larvas y gusanos. En particular, hay dos gusanos, uno rojo (actualmente llamado chinicuil) y el otro blanco o dorado (antes llamado meocuili), usado como acompañantes para beber mezcal, más que nada con fines folclóricos, especialmente en el estado de Oaxaca, principal centro de producción de este licor. En tiempos modernos, a estos gusanos se les han atribuido propiedades afrodisíacas, que sin embargo no han sido científicamente confirmadas. Estos pequeños animales se conocen desde épocas prehispánicas, según lo informado por Sahagún y Motolinía.25 En aquellos tiempos se acostumbraba asarlos, agregarles sal y comerlos, práctica que se mantiene hasta el día de hoy en algunas regiones del altiplano central. En un informe de 1791, el naturalista guatemalteco Antonio Pineda habló sobre el consumo de gusanos de maguey llamados tecolio, que serían de color carne, que eran asados, hechos polvo y mezclados con pulque (tristemente, en el informe no se especifica ni el motivo ni el área geográfica de esta práctica).26

* * *

He mencionado a Francisco Hernández y a Bernardino de Sahagún, dos importantes autores del siglo XVI que citaremos en varias ocasiones en este documento, y por ello resulta oportuna una breve presentación.

Francisco Hernández nació en Puebla de Montalbán, Toledo (España), entre 1514 y 1517. Estudió medicina en la Universidad de Alcalá y se especializó en botánica y ornitología, siguiendo la línea general de formación múltiple entre los naturalistas de aquella época. Hacia el final de la década de los años sesenta del siglo XVI acometió la traducción al castellano de Naturalis Historia, obra de Plinio el Viejo. Al terminar su carrera se convirtió en médico de la corte de Felipe II y en 1570 fue nombrado protomédico de los territorios americanos conquistados por España. Por orden del rey dirigió una expedición científica de 1571 a 1576 enfocada principalmente al estudio de animales y plantas del Nuevo Mundo. También se interesó en la geología y la arqueología. Recopiló una enorme cantidad de datos sobre los usos medicinales de las plantas entre las poblaciones mexicanas, y produjo un trabajo de varias docenas de volúmenes, ricos en imágenes y notas. No obstante, la historia de su producción literaria fue desafortunada, pues no pudo verla publicada en vida, ya que murió en Madrid en 1587. Felipe II le encargó al doctor napolitano Nardi Antonio Recchi que publicara una versión abreviada de la obra, hecho que milagrosamente rescató del total olvido parte del trabajo del protomédico, ya que la mayoría de sus manuscritos originales, escritos en latín, que se conservaban en la biblioteca El Escorial (Madrid), fueron destruidos en un incendio. Durante los siglos posteriores se publicaron diferentes ediciones de lo que quedó de su obra distribuido entre las bibliotecas italianas y españolas. La edición romana de 1648, titulada Rerum Medicarum Novae Hispaniae Thesaurus, seu Plantarum, Animalium, Mineralium Mexicanorum Historia cum notis Joannis Terentii Lineaei, fue la fuente principal de las ediciones posteriores. En 1959, la Universidad Nacional de México publicó una edición titulada Historia Natural de la Nueva España, que fue consultada para el presente estudio.

Bernardino de Sahagún (1499-1590) nació en España, estudió en la Universidad de Salamanca y se unió a la orden religiosa de los franciscanos. En 1529 viajó a México, donde vivió el resto de su larga vida. Después de ostentar el papel de guardián del convento durante algunos años, probablemente de Tlalmanalco y de Xochimilco, en 1536 se trasladó a Tlatelolco para desempeñar el papel de profesor en el Colegio de Santa Cruz, que había sido fundado con el objetivo de educar a los jóvenes nobles indígenas. Esto le permitió iniciar un proyecto de recopilar las creencias y costumbres de las poblaciones nativas, mientras aún vivían las personas mayores que nacieron en la época precolombina. En el transcurso de dos años, y utilizando su vasto conocimiento del idioma náhuatl, llevó a cabo la primera fase de esta investigación en Tepeapulco, para lo cual se basó en informes de una docena de ancianos y cuatro jóvenes que sabían latín. Le siguió una segunda fase de un año en Tlatelolco, cuando el franciscano se apoyó en el conocimiento de otra decena de ancianos y cinco jóvenes estudiantes universitarios que conocían los tres idiomas: náhuatl, latín y castellano. Una tercera fase de procesamiento de los datos adquiridos tuvo lugar en el convento de San Francisco, en la ciudad de México, que duró tres años. Los primeros textos fueron escritos en náhuatl, y posteriormente el mismo Sahagún se encargó de traducirlos al castellano. En los archivos mexicanos y europeos se conservan diferentes manuscritos de su autoría, algunos en náhuatl, uno bilingüe (Códice Florentino) y uno íntegramente en castellano, intitulado Historia general de las cosas de Nueva España. El destino de su monumental obra sufrió de la censura eclesiástica, debido principalmente al temor de que tal construcción de la memoria pagana pudiese conducir a la persistencia de la idolatría indígena. Se tuvo que esperar hasta principios del siglo XX para ver publicadas las primeras ediciones integrales de su trabajo.27 La obra aquí consultada se refiere a la traducción de la versión náhuatl hecha por el eminente sacerdote mexicano Ángel María Garibay.

El método de investigación que siguió Sahagún fue tan elaborado y de tal profundidad que muchos estudios lo consideran el primer antropólogo de la historia occidental. La selección de informantes, elegidos entre los eruditos y los ancianos del periodo precortesiano, la capacidad de comunicarse en el idioma nativo (el náhuatl), prerrogativa de sólo unos cuantos misioneros, la precaución de hacer exactamente las mismas preguntas a distintos informantes y la forma de llevar un control cualitativo de los datos etnográficos adquiridos, son en realidad métodos únicos en el escenario del siglo XVI. También es cierto, como señaló Alfredo López Austin,28